Thor estaba sentado en las escaleras de la entrada a la cabaña. Había dejado a Loki a solas después de darse cuenta que lo había incomodado al mirarlo tan fijamente. Realmente se había esforzado por no mirarlo demasiado, pero no es como si todos los días se pudiera ver algo hermoso y más viniendo de un lugar como Jotunheim.

Tomó una pequeña piedra para tirarla a donde fuera, a modo de distracción. Realmente estaba decepcionado de sí mismo, ya que hasta ese momento no había logrado enmendar las cosas del pasado con el pelinegro como tampoco había logrado que estuviera cómodo. Y Thor no sabía cómo llevarlo ante su padre y pedirle que pudiera vivir junto a ellos como un invitado. En su mente Thor podía ver cómo ambos se hacían amigos, salían a escondidas a otros mundos y se divertían en fiestas. Pero toda imaginación se borraba al caer en la realidad, Loki era un jotun y a pesar de ser diferente, no se alejaba de las características de estos: silencioso y un monstruo para los demás.

Recordó las ilustraciones en los libros de su madre sobre los jötnar, y luego verlo en las batallas, Loki era el único que se alejaba de la descripción tan salvaje que le habían dado todos. Loki era único. Eso podría desviarle del rechazo de los aesir.

Un ruido a lo lejos le hizo girarse pero al estar rodeado de un sinfín de árboles no podía ver nada y pensó que sería algún animal rondando ahí. El ruido se convirtió en ramas y hojas secas siendo aplastadas, pisadas, causando un crujido cada vez más cerca. Thor se puso de pie buscando la dirección correcta de dónde provenían las pisadas y la vio. La silueta de su amiga estaba no muy lejos de llegar a él.

Solo pudo correr de vuelta hacia Loki y asegurarse que si Sif no lo viera.

Loki se estremeció al verlo entrar precipitadamente, y no hubo tiempo para preguntarle algo ante las palabras de Thor, lleno de miedo.

—Solo por ahora debes esconderte.

Thor se sintió aliviado al ver que Loki se ponía de pie esperando indicaciones pero a ambos los alertó escuchar la voz de Sif.

—¿Thor? —llamó. —¿Estás ahí?

Sif no esperaría una invitación para entrar, y Thor lo sabía.

—Tal vez debas esconderte en el armario —le dijo Thor a Loki en voz baja al sentir cómo Sif se acercaba cada vez más.

Loki lo miraba con el ceño fruncido, como si no estuviera comprendiendo del todo pero no había tiempo para preguntas y menos cuando Thor dejó caer el collar que Loki había llevado puesto hasta que las sanadoras tuvieron que desnudarlo para curarlo.

—Eso es mío —le acusó Loki, una vez se tocó el cuello sin encontrar en él esa joya.

Thor se lo devolvió mientras le pedía que guardara silencio, y solo esos segundos bastaron para sentir los pasos de Sif cada vez más cerca. Thor no pudo decir nada, y salió de ahí antes de que su amiga pudiera entrar al cuarto y descubrir a Loki.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Thor, muy seriamente –o eso trató-, preparando millones de respuestas en su mente.

—Quiero hablar contigo. Al menos de lo que pasó en Jotunheim. —Sif echó una mirada superficial alrededor, sin realmente esperar encontrar algo. Hasta que sintió como la voz de Thor abrazaba el nerviosismo.

—¿Puede ser en otro momento? Realmente ahora pensaba ir a cazar algo…

Sif miró detrás de Thor, la puerta que recientemente apenas la había cerrado. Si Sif era una de las mejores guerreras era porque nada podía escapar de sus sentidos como la casi imperceptible sombra debajo de la puerta.

—Está bien. Yo te espero aquí.

—No… no pienso volver aquí. Yo iré al palacio una vez…

Mientras Thor trataba de explicarse, Sif logró empujarlo para abrir la puerta que el rubio tenia detrás. Una vez vio lo que había adentro, Sif miró con horror hacia Thor. Era el mismo jotun por el que ambos asgardianos estaban peleados. Volvió a ver a Loki, quien estaba más que asustado, parecía reconocerla y una mezcla de ira atravesó los ojos del jotun. Sif pestañeó varias veces, esperando que fuera una ilusión.

—¿Él… quién es? —preguntó después de evitar los ojos de Loki, esperando que Thor negara que era el mismo jotun.

—Nadie —contestó el rubio, rodeándola para no dejarla escapar e ir con sus chismes. —De hecho, ya se iba.

Loki miró hacia Thor, confundido. ¿Irse? No tenía dónde ir, ni siquiera sabría qué dirección tomar para regresar a Jotunheim, ni sabía qué tan lejos estaba. ¿Podría acaso llegar caminando? Y lo más importante, ¿estaba dispuesto a regresar con su padre?

—¿Alguien más sabe de él?

Thor negó, mintiendo.

—Odín no solo se molestará contigo cuando se entere —dijo Sif sin poder hacer nada cuando Loki caminó hacia ellos sin amenazarlos con nada, simplemente saliendo de la cabaña.

—Si no se entera por ti, no se molestará —Thor trató de amenazarla pero sin éxito, su amiga sabía que él no podía hacerles daño a ninguno de sus amigos por muy molesto que estuviera. —Por favor, no se lo digas a nadie—. Y seguido salió detrás de Loki.

No se atrevió a detenerlo porque Loki se detuvo a unos pasos para observar a su alrededor, buscando algo. Thor carraspeó pero el jotun no se dio la vuelta en ningún instante.

—No le dirá a nadie —dijo Thor, con calma —. Ella es mi… mi amiga. — dijo lo último a regañadientes, aún estaba enojada con ella.

—¿A dónde iré? —dijo Loki, con la voz débil.

—Te quedarás conmigo, Loki.

Solo eso pudo decirle, rindiéndose otra vez, ante el jotun. A pesar de que Loki no hablaba mucho, una sola palabra le daba millones de preguntas a Thor que solo lo torturaban más. Además estaba el hecho de desear obtener respuestas del jotun, y Thor estaba poniendo en práctica toda la paciencia y respeto a la vida ajena que sus padres tanto le pidieron.

Sin embargo, Sif no pensaba igual que él y estaba dispuesta a acercarse ante Loki y obligarlo a hablar. Temiendo que Loki pudiera matarla o que Sif lo hiciera, Thor la empujó a un lado sin reparar luego en lo que acababa de hacer.

—¿Qué crees que estás haciendo? —soltó Sif, enfadada e incrédula de que Thor se hubiese atrevido a tocarla.

—Lo sien… ¿tú qué crees que haces?

Sif esbozó una sonrisa triste, mirando con algo de dolor a Thor, como si le diera más lástima él que Loki. Y como estaban las cosas, entendió que Thor no la dejaría acercarse al jotun, y eso no podría detenerla al menos a hablar aunque en voz alta.

—Lamento mucho lo que le hice. Yo solo hacía mi trabajo.

Y ambos asgardianos vieron cómo los hombros de Loki se sacudían débilmente sin aún darse la vuelta, a mirarlos. Sif trato de acercarse dándose cuenta que Loki estaba llorando pero Thor la detuvo otra vez, y solo su mirada bastó para comprender que su visita inesperada no estaba ayudando en nada.

Sin oponerse, Sif se marchó mirando de vez en cuando atrás.

.

.

Odín recibió visitas repentinas de Nornheim. Eran dos doncellas, mensajeras. Por casi tres horas, Odín estuvo sentado, observando a las doncellas siendo bien atendidas y alimentadas, por dentro ansioso por saber el mensaje.

Cuando Odín las recibió, ellas le dijeron que esperarían tres horas para darle el mensaje. Y Odín no puso ninguna objeción teniendo en cuenta al reino de Nornheim, gobernada por un elfo, y guiada por las mismas nornas del destino, y si debía esperar lo haría porque para ellos el tiempo era sagrado, y se debía seguir tal cual el destino lo exigía.

—Mis disculpas a las nornas por mi ausencia en su reino—dijo Odín, una vez vio que las mensajeras caminaron delante de él, listas para decir el mensaje—, ¿están ellas bien?

Se nos prohibió dar respuestas —contestaron al unísono.

Odín solo se enderezó en su lugar. Hasta que empezaron a hablar a medias una y la otra terminando la frase.

—Rey Odín

—Padre de Todo

—Protector de los nueve mundos.

Somos mensajeras del reino de Nornheim.

—En siete días, llegará

—Una visita al palacio de Asgard.

—Hasta la llega no condene

—A nadie, tampoco

—Llene las mazmorras.

—En especial,

—No abra el Bifrost,

—O se desatará una tragedia.

Cualquier otro tal vez se habría confundido ante las voces de ambas mensajeras, pero no Odín, que no tardó en hacerles una pregunta sabiendo las normas.

—¿Quién vendrá en siete días?

Se nos prohibió dar respuestas. —Contestaron.

—Deben darme más información —pidió Odín.

Las dos doncellas se miraron y volvieron a repetir el mismo mensaje.

—¿Y qué pasará con los delincuentes que atrapen mis guardias?

Se nos prohibió dar respuestas —contestaron otra vez.

Nunca antes había recibido un mensaje así, dejándolo con la confusión y el miedo. Regularmente un mensaje de Nornheim era para ayudarlo a resolver futuros problemas, no como en ese momento le habían enviado más que una advertencia un dilema. Y consciente de la única respuesta que obtendría de ellas, Odín las dejó marcharse.

Ya después intentó mandar llamar a Heimdall, convencido de que el guardián sabía lo que celosamente las doncellas no le dijeron. Pero luego pensó que lo mejor era esperar los siete días, no romper el destino que las nornas tejían. Además, si algo intentaba amenazar a Asgard, Heimdall se lo informaría.

—¿Tomarán los guardias esos siete días como vacaciones? —preguntó Frigga, una vez su esposo le contó el mensaje de las doncellas.

—No puedo permitirlo —dijo Odín, sentándose en su sillón favorito. —Duplicaré la guardia sólo por estos siete días para mantener el orden y evitemos a los bandidos porque no sabré cómo solucionar sus acciones cuando no puedo encerrar a nadie en las mazmorras.

—Thor estará decepcionado cuando se entere del mensaje de Nornheim, tengo entendido que en tres días debía ir a Vanaheim a participar de un torneo amistoso. Ya sabes cómo es.

Odín se llevó una mano a la frente para masajearse, diciéndose mentalmente que Thor era un buen muchacho, que ese torneo no lo haría ver como inmaduro. Si tan solo alguien lo pusiera en su lugar, pensó, ¿quién confunde visita breve al príncipe de Vanaheim con un torneo amistoso con los aesir de ahí?

—¿Y dónde está Thor que no lo vi en el almuerzo?

—Dijo que estaría de cacería.

Odín aprobó esa ausencia de su hijo, pues estando Thor en los bosques, no causaría algún pleito en el palacio.

.

.

Loki estaba de vuelta en el cuarto con Thor a su lado. Estaba un poco relajado ahora que Sif no estaba ahí. De todos modos, estaba molesto y nervioso. Thor le dijo que debían, al menos Loki, estar en el cuarto para no ser descubiertos por otras personas. Poco le importó, estaba acostumbrado a estar encerrado, escondido de todos por su apariencia, ¿y qué diferencia haría en Asgard?

Se sentó en el banquito que estaba cerca a la ventana. Ahora ya un poco mejor, pudo ver mucho mejor a su alrededor sin un dolor que lo distrajera. Todo lleno de colores, otros brillantes gracias a la luz del sol. Rescató el color verde como su favorito por los árboles que le rodeaban, ya que en Jotunheim no había nada de eso, y las escasas plantas que habían se veían grises u oscuras por el clima frió y la falta de luz.

Si no tuviera tantas preocupaciones en la cabeza, ya habría caminado de aquí por allá, mirando más de cerca, tocando cada cosa desde la más pequeña hasta la más grande. Pero la vida que tuvo lo había hecho madurar a tiempo, evitando hacer mucho ruido que pudiera molestar, hablando cuando le era permitido, cuidarse de sí mismo, en todos esos años esa soledad le asfixió tanto que no pudo negar que Laufey tenía razón; era un completo inútil.

Y el pensar en él hizo que la culpa volviera, no podía solo ignorar cómo le había gritado. Se suponía que un hijo no gritaba a su padre, y solo por eso Loki pensaba regresar a Jotunheim a pedirle perdón a su padre.

—Loki, ¿algo que te gustaría comer? —le preguntó Thor, sentándose a su a lado para ver cómo se escondía el sol.

—¿Cómo sabes mi nombre? —Loki se giró a mirarlo fijamente.

Thor pareció enmudecer por unos minutos, y Loki no podía mantenerle la mirada por más tiempo.

—Asgard tiene un guardián que todo lo ve, que todo lo oye sin importar la distancia. Él me lo dijo, cuando se lo pregunté.

—¿Si el rey le ordena confesar de este secreto, qué pasará conmigo?

—No te encontrarán —dijo Thor, orgulloso pero pronto cambió su semblante al notar que Loki no parecía contento. —Si lo hacen, te protegeré. No permitiré que te lastimen.

—¿Por qué lo harías? ¿Tan culpable te sientes del desastre que ocasionaste en mi mundo? —por la expresión afectada que puso Thor, Loki se apresuró a añadir—: Lo siento. Yo…

—No, yo lo siento. Si me permites…

—Me gustaría tomar algo —le interrumpió Loki, al sentir que sus ojos ardían por un deseo repentino de querer llorar al ver que Thor estaba por pedir su perdón. No permitiría que lo hiciera, ya que nada cambiaría.

—Preparé té…

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En Jotunheim las cosas no parecían marchar tan bien como se esperaría. Raze fue cuestionado por Laufey, de preguntas que deseaba fueran otras. Ninguna preguntando por Loki. Tuvo que mentir de manera descarada al decir que vio cómo Thor raptaba a Loki, pero a Laufey le interesaba otra cosa.

—¿Y vino solo? —ante la pregunta, Raze ya estaba al borde de la exasperación.

—Sí —afirmó—, él solo, y se llevó a príncipe, mi rey. A su hijo. —Volvió a repetir.

Laufey soltó una risita con malicia.

—Su muerte nos será útil —dijo Laufey, sorprendiendo a Raze. —Morirá en cualquier momento, y cuando suceda, nos levantaremos con Asgard. Acusándolos de secuestro y asesinato.