Si alguno de ustedes me preguntara, «Rachel, ¿es este el POV de JingYi?», la respuesta sería, de hecho, tal vez.

Par ser total y absolutamente honesta, no lo sé. Intenté cavar dentro de mi niño tanto como pude, diciéndome a mí misma «el sexo también puede ser introspectivo», y quiero creer desde el fondo de mi corazón que pude lograrlo, pero solo para estar total y absolutamente satisfecha hice de esto un oneshot con un epílogo. Yo de verdad, de verdad, amo a Lan JingYi, lo adoro, y escribirlo se siente tan bien que iba por once mil palabras y no podía parar, no quería parar. Creo que es difícil hacerlo ooc a él, pero, ya saben, siempre existe esa pequeña duda en mi mente, así que también espero haberlo logrado, aunque sea un poco, especialmente con esos aspectos de su vida de los que, canónicamente, solo conocemos detalles muy efímeros, los cuales, por supuesto, tuve que raspar y pulir para amoldarlo a mi au moderno. Fue sumamente divertido, y me encantaría hacerlo otra vez, porque yo soy de la creencia de que, siempre y cuando se mantenga la esencia de los personajes, uno puede hacer lo que sea con ellos, múltiples veces y de múltiples maneras, que para eso el fanfic.

Bueno, a lo que vamos. A estas alturas, no sé cuánto de «independiente» se puede leer los fanfics de esta serie, comenzando porque, incluso si contiene smut, esto no es un pwp. ¡He escrito porno por plot! Y el plot tiene menciones de algunas situaciones anteriores, nada inentendible, pero puede que al leerlo sin contexto quede en el aire. Si algo, recomendaría leer I just want some milk, It's your birthday (now make a wish) y I can't stop me para entender este mejor, porque hace muuuuucho que esto dejó de ser un oneshot único para convertirse en una especie de universo completo. Increíble.

Eso es todo. ¡Ah! Ahorita mismo, tengo un montón de comentarios sin responder a los que les debo una enorme disculpa. ¡No duden ni por un segundo que no los leo todos! Es solo que, al leerlos, quedo incapacitada para entender cómo es posible que les guste tanto. Me llena muchísimo, más de lo que nunca seré capaz de expresar con palabras, porque es un sentimiento que se parece a como si me apretaran el corazón, pero no feo, sino todo lo contrario. Jamás terminaré de agradecerles el tiempo que se toman en leer y comentar cosas tan lindas, porque nunca me esperé semejante respuesta; cuando comencé a escribir esto, era solamente mis ganas de yo misma leer una historia de mis juniors juntos, siendo que hay tan pocas. Que no solo haya gente allá afuera que piensa lo mismo, sino que decidió darle una oportunidad a lo que hice… guau. De verdad, un millón de gracias.

¡Perdón por los errores! Intenté editar lo que pude, pero son las 12:43 a.m. y me duelen los ojos. ¡Mañana lo arreglo!

Disclaimer. MDZS y sus personajes pertenecen a MXTX.


You'll be begging for more (cause you can't get enough)

Seguramente, ZiZhen diría que había calculado muy bien la situación.

Pero hombre. Sí que era malo en matemáticas.

Matemáticas—JingYi lo estuvo escuchando hablar sobre una tarea de estadísticas desde hace tres meses atrás. Ni siquiera era estadísticas; tenía que hacer unas gráficas y sacar unos porcentajes pequeños respecto a equis tema del cual JingYi realmente no tenía idea, pero no podría ser tan difícil si le dieron tres meses de tiempo para entregar. Si algo, JingYi sería la última persona en la Tierra en declararse responsable, quizás justo detrás del Mayor Wei; lo sabía desde el fondo de su corazón, lo había aceptado enteramente, porque, bueno, no todos los Lan estaban sacados del mismo molde—al menos, no él. ¿Pero eso qué tenía que ver con la tarea de ZiZhen? Nada. Y aun así, aquí estaban.

Tres meses era bastante tiempo para hacer una cosa, incluso si no querías ni tenías ganas de hacerla. JingYi era un experto en dejar las cosas para uno o dos días antes de la fecha límite, a veces lloriqueando y quejándose, pero siempre terminaba haciéndolas a regañadientes, demasiado acostumbrado a ello gracias a una vida entera de estudios en la Profundidad de las Nubes. Sumado a la reprimenda pública y, a decir verdad, sumamente humillante que solía recitarle el señor Qiren cuando JingYi se rendía a mitad de lo que sea, prefiriendo abandonarlo, la decepción de sus padres también era algo que lo impulsaba cuando se sentía severamente desmotivado o ahogado en el tedio corriente de hacer tareas. ¿Acaso su mamá o su papá se merecían otro reporte de parte de sus profesores, solo porque su hijo era un total y auténtico tonto? Quizás podía soportar los sermones del señor Qiren —estaba entrenado como un perro para hacerlo—, pero la mirada triste de su padre era un total y completo no-no.

Como sea, la universidad era un tema diferente; cada quien era el dueño de su propio tiempo y estudios. Viviendo, literalmente, a kilómetros de distancia de sus padres, y sin la supervisión de ambos ni la presión constante para llenar todas y cada una de sus expectativas —que no eran muchas, realmente, solo que fuera la mejor versión de sí mismo que pudiera ser, y mantuviera la cabeza y el apellido Lan bien arriba—, JingYi se encontraba más veces que menos haraganeando, dejando pasar las fechas, estirándolas hasta lo imposible y luego colapsando bajo el peso de su propia estupidez, incapaz de pedirle ayuda a SiZhui porque ambos estaban en clases diferentes y, bueno, la Clase B también estaba repleta de imbéciles; Xiaoqian y Suyin tenían la cabeza llena de aserrín, si fueran inteligentes serían parte de la Clase A.

¿Qué podía hacer? Quejarse, lloriquear, renunciar más veces de lo que nadie consideraría saludable, y luego terminar la estúpida tarea, porque antes saltaba a las vías del metro que escuchar decir a alguien que Lan JingYi era un perdedor. Podía llorar durante el camino, pero abandonar no era una de sus opciones.

Aun así—tres meses. Tres meses era un montón de tiempo, incluso para alguien como él, e iniciando, ZiZhen no era un irresponsable. Si bien era cierto, a veces perdía tiempo con sus animes, o hecho un lío entre el manejo de sus responsabilidades y su pasatiempo-barra-trabajo informal de artista digital en internet, siempre se las ingeniaba para mantener su vida real más o menos equilibrada. Sí, se le olvidaba donde dejaba las cosas, y más de una vez JingYi había echado a lavar su ropa solo para luego oírlo berrear de que uno de sus mangas estaba envuelto entre sus chaquetas, quedando hecho una sopa, pero en general, ZiZhen estaba más del lado de SiZhui en eso de ser una persona funcional que del suyo. Jin Ling era el intermedio, ni demasiado bueno ni demasiado malo, pero todos estaban de acuerdo con que JingYi era un desastre.

Ese domingo había llovido hasta el punto en que el mismo aire sabía a humedad. JingYi, de hecho, estuvo durmiendo gran parte de la tarde, acostándose a las una y despertando pasadas las seis, bajando las escaleras para encontrarse la sala de estar vacía y la luz de la cocina en su nivel más tenue. La vista hacia la ciudad era un borrón negro brillante detrás de la cortina de agua que era el aguacero, un montón de puntos de luz blanca, amarilla y otros colores como formas sin bordes. Con la mente embotada, pensando en las musarañas, JingYi abrió el congelador de la nevera y sacó lo último que quedaba de su helado de chocoalmendras, buscando una cuchara en las gavetas de la isla y regresando otra vez a la planta alta.

Se llevó una cucharada a la boca, arrastrando los pies por el pasillo, evitando pensar que ya pronto serían las ocho y tendría que sacar el violín para practicar con SiZhui esa noche. ¿Por qué los Lan tenían que ser una familia de músicos?, ¿por qué instrumentos de cuerda, además? JingYi tenía callos en los callos, y sí, amaba la música, amaba el sonido del guqin y la pipa y el violín, incluso podía acostumbrarse al clavicordio si le preguntaban —Suyin era su amiga sin importar qué clase de sonido horrible produjera el instrumento que tocaba—, pero Jesús, por qué lo castigaban teniendo que practicar. JingYi era un perezoso, ¿acaso no lo había dicho el señor Qiren muchas veces? Indisciplinado, el Lan menos Lan de toda la larga, larguísima línea de Lan nacidos en toda China, pero oiga, practicar diariamente el mínimo de una hora era agotador. ¡Era tiempo que podía invertir en muchas cosas! Comer. Dormir. Si no tuviera que practicar, JingYi hasta podría intentar cocinar algo fresco.

Cheetos con wonton de camarones fritos. Algo.

Pensando en ello, JingYi se asomó a la habitación de Jin Ling, reventando una almendra con los dientes antes de tocar una sola vez, empujando la puerta. A veces realmente quería creer que nadie podía tener tanta mala suerte pero, alas, la luz blanca e intensa de las lámparas del techo lo dejó ciego momentáneamente, teniendo que tomarse unos segundos antes de encontrarse cara a cara con SiZhui, que echó un vistazo en su dirección, frunciendo el entrecejo como si hubiera leído todos y cada uno de sus pensamientos.

—A-Yi —dijo, sonando como un saludo, antes de volver su atención al frente.

El frente, JingYi se dio cuenta luego del shock inicial, donde SiZhui, Jin Ling y ZiZhen estaban todos sentados en el suelo, rodeados de libretas de apuntes, un par de libros, y la laptop de ZiZhen, perfectamente colocada sobre el regazo de Jin Ling. ZiZhen tenía los hombros hundidos, luciendo total y absolutamente apaleado, mirando entre una libreta y otra como si fuera incapaz de entender los caracteres escritos en ellas.

—Uh. ¿Ocupados haciendo tarea? —preguntó, alejándose del marco de la puerta para ir a sentarse al escritorio de Jin Ling, girando sobre la silla hasta quedar frente a los tres.

Jin Ling resopló, bajo, pero no dijo nada. Curioso, el resoplido no parecía dirigido a él, sino más bien como el bufido de alguien que estaba severamente estresado y necesitaba ventilarlo de alguna forma.

—La de ZiZhen, sí —explicó SiZhui, arrancándole la libreta al aludido de las manos y subrayando algo con un marcador fluorescente.

ZiZhen se hundió aún más, encogiéndose como si quisiera hacerse pequeño en su suéter viejo de Kuromi.

—Perdón, perdón —lloriqueó, sonando como si no fuera la primera vez que decía eso—. Lo olvidé, perdón, prometo que no vuelve a pasar. Soy tan malo en matemáticas.

Jin Ling hizo un gesto, echándole un vistazo antes de volver a fijar su atención en el documento de Excel.

—¡Hmph!

—Solo son unas gráficas —suspiró SiZhui, también sonando como si no fuera la primera vez que lo decía— y, A-Zhen, te dieron tres meses.

JingYi se llevó otra cucharada de helado a la boca, impulsándose ligeramente sobre la punta de sus pies para hacer girar la silla.

—Umm.

—Yuan'er —graznó ZiZhen, dejando caer la cabeza contra su hombro.

SiZhui sonrió un poco, la esquina de su boca elevándose apenas un poco, antes de sacudírselo gentilmente de encima.

—Incluso yo que estudio música podría hacer una gráfica si me dan tres meses de plazo —agregó SiZhui, sin demasiado filo en su voz.

—Incluso JingYi podría sacar una gráfica si le dieran tres meses de plazo —dijo, cómo no, Jin Ling, sin siquiera alzar los ojos de la pantalla.

JingYi estuvo a punto de acercarse y darle una patada en la espalda, pero el chillido lastimoso de ZiZhen lo detuvo. De verdad, lucía como si estuviera en el pozo más hondo de la miseria.

—Perdón —balbuceó, arrastrando la "e" hasta lo imposible—. LingLing es un novio increíble por ayudarme con esto.

SiZhui se rio, y Jin Ling hizo otra mueca, pero JingYi pudo ver perfectamente el tinte rosa pintando la parte alta de sus pómulos.

Soy un novio increíble, ¿está bien? Que mi carrera necesite que haga gráficas incluso hasta durmiendo no tiene nada qué ver.

ZiZhen asintió varias veces, repentinamente lleno de energía, y JingYi sintió ganas de burlarse de ambos en voz alta, pero se contuvo por los pelos.

Continuó comiendo su helado, una cucharada a la vez, lentamente, mirando cómo los tres trabajaban. ZiZhen se encargaba de buscar los apuntes correctos de entre el millón de libretas revueltas a su alrededor, pasándoselo a SiZhui, que lo subrayaba con diferentes marcadores de colores y luego se lo entregaba a Jin Ling, que lo ingresaba la información en la gráfica digital. Por un rato, la habitación se llenó del sonido de las teclas y el runrún de las páginas, empujadas de un lado a otro cada vez que ZiZhen comparaba una libreta y otra, hasta que de repente se rendía y simplemente señalaba un texto que bien podría haber sido escogido al azar, antes de entregárselo a SiZhui.

JingYi dio vueltas en la silla, mirando las cortinas doradas de Jin Ling del otro lado de la habitación. A decir verdad, a JingYi no le gustaba mucho el helado de chocoalmendra. Si algo, su favorito era, de hecho, el helado de chocomenta, pero como Jin Ling decía que sabía a basura —a papel higiénico mojado, para ser exactos— siempre terminaban peleando, por lo que SiZhui decidió que de plano dejaran de comprarlo. Gracias a ello, ahora estaban atascados comiendo helado sabor chocoalmendras, el favorito de ZiZhen, o a veces amaretto de cerezas, el favorito de SiZhui, pero nada de chocomenta ni tampoco vainilla, que era el favorito de Jin Ling.

Una pequeña victoria sobre una derrota. Nada mal.

(A Jin Ling le gustaba vainilla. Por Dios, a nadie le gustaba vainilla).

A veces, en momentos como este, JingYi se encontraba preguntándose seriamente cómo es que había terminado en esta clase de situación, como, específicamente, una batalla silenciosa por ver quién se rendía primero para entonces comer el helado favorito del otro sin quejarse ni refunfuñar. Él no sería el primero en ceder, no importaba el tiempo que pudiera tomar, porque sabía que Jin Ling era más propenso a hartarse de todo y sacar su lado idiota, ese que lo impulsaba a llamarlo
Joven Señorita porque, eso, actuaba como una chiquilla mimada y tonta, aunque la verdadera desventaja era que, al mismo tiempo, podía ser un testarudo y cabeza dura, tragándose su orgullo y aguantando por semanas.

JingYi estaba pensando en helados. En peleas ocasionadas por helados y cómo ganarlas porque, bueno, ¿no era de eso de lo que iban las relaciones?

Habían otras veces, no demasiadas, en las que también se preguntaba cómo es que tuvo tanta suerte, cómo se las ingenió para tener todo esto, esto, estas tres personas sentadas en el suelo en medio de un montón de libretas y poder decir —pensar libremente, cuántos los amaba. ¿No era él acaso el Lan menos Lan de todos?, ¿Lan JingYi, el niño mala suerte? ¿Al que todo le salía torcido porque no se esforzaba suficiente, no se aplicaba suficiente?

Viéndolos ahí, tan cerca, al alcance de su mano, no podía evitar pensar que de mala suerte él no tenía nada.

Siendo justos, también, JingYi mentiría si dijera que no se lo esperó, que una parte de él no supo desde el principio que terminaría así, no así específicamente, en una habitación elegante de un penthouse en Taipéi una noche lluviosa, sino así, juntos. Antes de conocer a ZiZhen pensaba que serían ellos tres, como de costumbre, como venían haciéndolo desde que eran mocosos, pero luego de verlo por primera vez, JingYi estuvo seguro de que siempre permanecerían juntos, como una rueda perfecta, imparable. Él era eso que les faltaba, lo que los hacía finalmente completos.

Y pues, nada. Ahí estaban, juntos, apretujándose dentro de su corazón como si fuera la primera vez que se dio cuenta, como si todavía estuviera en ese día luego de clases, cuando se quedaron en casa de SiZhui a jugar con los conejos, hablar con el Mayor Wei y atascarse de la comida chatarra más irresponsable del mundo, que, bueno, le gustaban sus amigos. Una suerte, al menos, que fueran ellos, porque JingYi sería malísimo intentando conectar con cualquier otra persona si se tratara de coquetear. ¿Con ellos? Podían comer Cheetos naranjas mezclado con helado y su corazón aun así se aceleraría, por lo que estaban bien.

Además, sus padres los conocían y los aprobaban. ¿Qué más necesitaban?

JingYi nunca les había dicho que estaba en una relación con ellos per se, pero no eran estúpidos. No hacía falta hacerlo.

En realidad, JingYi tampoco les había dicho directamente «mamá, papá, soy gay» porque, bueno, no lo consideraba tan absolutamente necesario. Cuando tenía quince, notando su total y completo desinterés hacia las chicas de falda corta y risa aguda que pululaban en los sitios en los que iban a perder tiempo cuando tenían días libres, JingYi interrumpió a su papá a mitad de su lectura matutina del periódico, sobre la mesa del desayuno, y le dijo «papá, creo que me gustan los chicos». Así, sin orden ni ceremonia, porque, siendo honesto, para él no era la gran cosa. ¿Qué era lo peor que le podía pasar? Su papá no era un monstruo, y su mamá estaba de viaje en Changsha, por lo que no podía hablarlo con ella.

(—¿No nos gustan a todos? —inquirió su papá, echándole un vistazo por encima del borde del periódico antes de doblarlo. Le dio un sorbo a su café y, viendo que JingYi no respondía nada, agregó—: los chicos, me refiero.

JingYi se encogió de hombros, dándole una mordida a su panecillo relleno de rábano.

No sé. ¿Es así? Por eso te pregunto.

Su papá lo imitó, encogiéndose de hombros, tomando un bocado de su bollo al vapor antes de responder.

Xiao Yi, ¿qué estás tratando de decirme? Pensé que a todos nos gustaban los chicos. No hay necesidad de decirlo o algo.

JingYi graznó, robándose un trozo de raíz de loto del plato de su padre, metiéndoselo a la boca antes de que pudiera decirle nada.

Creo que me gustan mis amigos. Como, gustar-gustar, ¿ya sabes? —balbuceó, su cuello llenándose de manchas rojas como un semáforo—. A veces los veo y, aiyah, no sé. ¿Me quedo mirándolos mucho? Y cuando sonríen yo… ay, papá, ¿en serio tengo que decirlo? Mi estómago se siente como si estuviera lleno de, uh…

¿Mariposas? —ofreció su padre.

Sí —chilló entre dientes, sofocándose.

Ah —suspiró su papá, echándose para atrás en la silla. Una sonrisa tranquila tiró de sus labios—. Xiao Yi, todos nos sentimos así. Es normal. Cuando estaba en la universidad, mi compañero de dormitorio tenía la sonrisa más linda que haya visto, justo después de tu mamá. Creía que el corazón iba a salírseme del pecho cada vez que lo veía.

JingYi miró directamente a su padre, dejando de comer enteramente.

Papá. ¿Te gustaba tu compañero de dormitorio?

Su papá se encogió de hombros.

Pues claro. ¿No ves que te digo que es normal? Deja de preocuparte tanto. Come, llegarás tarde a la academia).

Así fue como JingYi supo que, en realidad, no tenía problemas con respecto a cómo se sentía. Y también de que su papá probablemente era bisexual, pero eso era una charla para otro día. Más tarde habló con su madre, luego de que ella regresó de su viaje, y la conversación fluyó de manera un poco más normal, sin tener que decirlo en palabras exactas, pero ella lo entendió al tiro, y ninguno de los dos se mostraron molestos o decepcionados al respecto, nunca. Un día de estos definitivamente les diría, con todas sus letras, que era gay, pero por ahora estaban bien.

Porque JingYi era gay. Gay, gay, muy gay. Igual que Jin Ling, del tipo que nunca había besado a una chica ni estaba atraído por las mujeres en lo más mínimo, ni siquiera de Xiaoqian que era, a grandes rasgos, una versión femenina del mismo Jin Ling, con la personalidad odiosa y la ropa cara. JingYi podía mirarla y encontrar el encanto, por supuesto que sí—era gay, no ciego—, en sus clavículas huesudas cuando usaba blusas vaporosas o croptops, porque la muy tonta parecía una muñeca de exhibición con su cabello largo y negro, pero eso era todo. Desde una perspectiva amplia, ella lucía suave, frágil, un extremo totalmente opuesto a lo que a él le gustaba, y bueno.

Una vez incluso le preguntó a ZiZhen, curioso por saber cómo era, algo tan extraño como sentirse atraído por una mujer.

(—Pues a mí nunca me ha gustado nadie, no directamente, excepto ustedes —le respondió el ZiZhen de entonces, dejando caer la cabeza en el regazo de JingYi y olvidándose momentáneamente de lo que sea que estuviera haciendo en su iPad—. Las chicas son… lindas.

JingYi abrió la boca.

Ah.

ZiZhen se retorció, ruborizándose un bonito tono de rosa, cubriéndose el rostro con las manos.

Sabes que, ay, me gustan más los hombres que las mujeres —masculló por debajo de sus dedos—. Pero aun así, las chicas son tan lindas. Lindas. Ah. No necesariamente suaves, pero sí más suaves que tú, o Yuan'er, o LingLing. Huelen bien, diferente, y su champú usualmente está hecho a base de flores o frutas y no como el de nosotros que solo es champú y ya. Pueden hacer varias cosas, pensar en diferentes cosas, al mismo tiempo, y conversar contigo sin esperar nada a cambio, solo que las trates tan bien como ellas te tratan y-

Está bien, está bien —chilló JingYi, pellizcándole la nariz—. Creo que ya entendí).

No realmente, pero algo.

Quince minutos viéndolos trabajar, JingYi se acabó su helado y ellos seguían sin terminar, aunque parecían estar cerca, la pila de libretas descartadas más alta que las que faltaban por revisar. Se puso de pie, negando con la cabeza cuando Jin Ling alzó los ojos en su dirección, las cejas enarcadas, como una pregunta muda, indicándole a través de señas que solo iba y volvía. Jin Ling asintió, regresando su atención a lo que sea que estuviera escribiendo en la laptop, y JingYi aprovechó ese momento para deslizarse fuera de la habitación y recorrer en pasillo rápidamente, bajando las escaleras, otra vez a la cocina. Afuera, la ciudad seguía cubierta con una capa de lluvia tan gruesa como para lavar la pintura de todos los edificios, las nubes oscuras y grises en el cielo color negro cerrándose como una lona. JingYi abrió la llave del fregador, lavando el envase y dejándolo en el escurridor de platos, junto con otra montaña de cachivaches que tenía alrededor de una semana acumulándose. Echó un vistazo rápido al refrigerador, solo por hacer algo, asegurándose de que no hubiera nada más a qué echarle mano, y luego de confirmarlo, cerró la puerta con un bufido, apagando las luces de la cocina y volviendo sobre sus pasos, de vuelta a la planta alta.

Todos los días, todos los días, JingYi se prometía que le escribiría a la mamá de Jin Ling, pidiéndole que le mandara alguna de sus recetas más básicas escritas detalle a detalle, porque su hijo lo tenía viviendo en un penthouse de lujo pero comiendo como un vagabundo, pero siempre se le olvidaba antes de pararse de la cama. Aun si podía sobrevivir comiendo nada más que gelatina y papas Principito, era una existencia cansada. Se sentía como si fueran plantas.

—Uff.

JingYi volvió sobre sus pasos, regresando a la habitación de Jin Ling, encontrándose ahora con SiZhui apoyado sobre sus manos, hacia atrás, y a Jin Ling echado en el suelo, sobre su espalda. ZiZhen estaba de pie, moviendo la laptop y las libretas de en medio, recogiendo los libros y dejándolos sobre el escritorio, dándole espacio a JingYi cuando este hizo el amago de sentarse otra vez en la única silla.

—¿Terminaron? —inquirió, solo por decir algo.

Jin Ling hizo un ruido, echando el brazo derecho sobre su rostro.

—Sí —chilló ZiZhen, agudo, apenas contenido. La sonrisa que partía su rostro era como un faro—. Creí que no acabaríamos.

—¿Cuántas horas tienen desde que comenzaron?

—¿Tres? —respondió SiZhui, suspirando—. Más o menos.

—Ah.

ZiZhen continuó moviéndose, recogiendo lo último de sus libretas y juntándolas en un grupo, dejándolas caer desordenadamente sobre la cama de Jin Ling como si ni siquiera le importara demasiado dónde estuvieran o no.

—¡Creí que no terminaríamos! —repitió de nuevo, arrodillándose sobre el suelo antes de sentarse al lado de SiZhui, prácticamente apoyándose contra él—. Dios, odio las matemáticas. ¿Por qué siguen apareciendo si ya estoy en la universidad? Si hubiera escogido ingeniería lo entiendo, pero Periodismo…

—Eran unas gráficas, A-Zhen —comentó SiZhui, como un regaño, pero no había filo real en su voz.

JingYi giró sobre la silla, impulsándose con la planta de sus pies, dando tres vueltas antes de volver a su posición original. ZiZhen tiró un brazo por encima de los hombros de SiZhui, apretándolo, un gesto que no era un abrazo del todo pero se entendía que tenía la intención de serlo.

—Bueno —replicó, sin dejar de sonreír—, eso ya no importa. Gracias a Yuan'er y LingLing-gege por ayudarme.

El alivio emanaba de ZiZhen como una ola, y era lindo, precioso verlo así, pero JingYi solo podía pensar que, caray, SiZhui pronto se levantaría de su sitio y lo arrastraría hasta su habitación, diciéndole que ya eran las ocho, o las nueve, no importa, pero había llegado el momento de practicar. De solo pensarlo ya le dolía todo, desde la espalda hasta el hombro y también los dedos, pesados y acalambrados con la idea de sostener el arco por el tiempo mínimo de una hora.

—ZiZhen —dijo Jin Ling, lentamente, quitándose el brazo del rostro y reacomodándose hasta quedar sentado otra vez—. ¿Qué acabas de decir?

ZiZhen lo miró, parpadeando, sin despegarse de SiZhui, frunciendo las cejas.

—¿LingLing… gege? —preguntó, examinando la expresión de Jin Ling como si buscara algo—. LingLing-gege.

JingYi dio otra vuelta en la silla, pensando en sus diferencias de edades, en cómo Jin Ling era el más joven de todos ellos. Se apoyó sobre sus pies, deteniendo el movimiento, quedando de frente a los tres, con una sensación extraña en el estómago.

No, no extraña. Conocida.

—Dilo de nuevo —murmuró Jin Ling, prácticamente una orden.

SiZhui se movió, echando un vistazo en dirección a JingYi, como si quisiera saber su opinión respecto a algo, a esto, pero JingYi solo se encogió de hombros, apoyando la mejilla izquierda en la mano. SiZhui se alejó de ZiZhen, un poco, lo suficiente para envolver sus brazos alrededor de ambas rodillas y empujarlas contra su pecho, reposando la barbilla encima.

—LingLing-gege.

Cuando Jin Ling se impulsó hacia adelante, casi saltando sobre ZiZhen y comiéndole la boca en un beso, JingYi supo inmediatamente qué era eso que estaba sintiendo, justo en el fondo de su estómago, algo extraño pero al mismo tiempo conocido.

Estaban coqueteando. Como tontos.

Sus ojos siguieron el movimiento de las manos de Jin Ling, apretándose en el cabello de ZiZhen y apresándolo en su sitio, obligándolo a quedarse quieto y besado hasta quedar estúpido, su boca rápida y exigente tan brusca como un castigo. JingYi miró cómo ZiZhen gemía, sus labios temblorosos, derramándose apenas en la boca del otro, sus dedos repentinamente torpes buscando algo de qué sostenerse, tirando de su suéter hasta que el mismo Jin Ling se vio en la necesidad de atraer sus manos a su pecho, y bueno. ¿Cómo podía nadie coquetear con su novio de manera tan ridícula?, él sería el último en decir que necesitaba demasiadas excusas para querer un beso de parte de uno o de otro, pero la manera en que pasaban de cero a cien solo por un par de palabras…

—LingLing-gege —suspiró ZiZhen, aferrándose duramente a la tela suelta de su suéter antes de volver a besarlo.

Gege. JingYi contuvo las ganas de resoplar, conformándose con escuchar a Jin Ling gruñir bajo, desde el fondo de su pecho, antes de morderle los labios al otro.

SiZhui volvió a mirarlo, luciendo casi aburrido, su cabeza ligeramente ladeada en su dirección, y JingYi simplemente se encogió de hombros otra vez, reconociendo ahora qué significaba la mirada anterior. Jin Ling acunó el rostro de ZiZhen, besándolo concienzudamente, pasando la lengua entre sus labios entreabiertos un momento antes de volverlo a besar, acariciando el pulgar en la mejilla del otro. ZiZhen jadeó, un poquito, apenas un ruidito agudo comparado con su respiración, y otra vez, Jin Ling jaló su cabello en un puño y jaló, con fuerza, forzándolo a echar la cabeza para atrás.

—Por qué estás tan desesperado tan rápido —espetó Jin Ling, repartiendo besos húmedos por su mandíbula, tranquilo, con una serenidad que JingYi no le compraba ni le creería ni en un millón de años—. Apenas te besé un poquito.

JingYi hizo una mueca y SiZhui negó con la cabeza, pero ninguno de los dos dijo nada.

—LingLing —balbuceó ZiZhen torpemente, inclinándose hacia adelante en busca de sus labios.

Jin Ling negó, mordiéndolo en el hueco entre el hombro y el cuello, riéndose entre dientes cuando ZiZhen se sacudió.

—Es gege para ti.

ZiZhen asintió, dos veces, antes de también enterrar los dedos en el cabello de Jin Ling y tirar un poco, ligeramente.

—LingLing-ge.

—¿Estabas pensando en esto mientras hacíamos tu tarea?, ¿esta es tu forma de pagarme? —Jin Ling inclinó la cabeza, sonriendo, una mezcla entre autocomplacencia y eso otro, esa total y absoluta incredulidad que raspaba bajo la superficie, como si, en el fondo, todavía no pudiera creer que alguien pudiera quererlo tanto como él los quería de vuelta. Un rubor rosado, delicado como un suspiro, cubrió la parte alta de sus pómulos, e incluso cuando quiso ocultarlo, JingYi lo notó—. Ven aquí.

Jin Ling se alejó apenas, dándole espacio a ZiZhen para que se reacomodara, permitiéndole que se montara sobre su regazo y lo encerrara en el círculo apretado de sus rodillas, una a cada lado de su cadera. ZiZhen farfulló algo, suave como el ronroneo de un gato, y otra vez, Jin Ling lo estaba besando, menos brusco, sus manos todavía ancladas en un puño en el cabello de ZiZhen pero sus labios derritiéndose a cada contacto, como si quisiera impregnarse en él.

JingYi los miró por un rato, dando vueltas en su silla y mordiéndose los callos de los dedos, esperando el momento en que SiZhui finalmente se pusiera de pie y le dijera que lo acompañara, su mente ocupada pensando en las musarañas. Eran agradable verlos besarse. Era… más que agradable. Jalaba algo, algo dentro suyo, algo a lo que no sabía ponerle nombre pero era una amalgama de afecto, excitación, tranquilidad, y quizás hasta un poco de envidia. JingYi sabía exactamente cómo se sentía la boca de Jin Ling, cómo se sentían sus dientes cuando tiraban de su labio inferior de la misma manera en que lo estaba haciendo a ZiZhen. Sabía cómo los dedos de ZiZhen comenzaban a temblar cuando chupaban su lengua, cómo su pecho vibraba bajo y profundo cuando gemía y cuando le jalaban el cabello, desmoronándose poquito a poquito, como si quitaran metódicamente las piezas de un rompecabezas bien hecho.

Era como mirar dentro de un espejo, más o menos, un espejo múltiple, habiendo estado en todos los extremos de lo que estaba viendo. Tal vez por eso le gustaba tanto, porque era como soñar despierto, pero mejor, un millón de veces mejor.

SiZhui se removió en su sitio, suspirando quedamente, abrazando sus rodillas un poco más fuerte. JingYi le echó un vistazo rápido, alejando sus ojos solo un segundo de ZiZhen y Jin Ling, pero SiZhui solo negó con la cabeza, sin despegar su atención de los otros dos. JingYi se encogió de hombros, un escalofrío recorriéndole la espalda cuando ZiZhen jadeó ahogadamente, empujando su rostro lejos de Jin Ling un momento, tratando de tragar un poco de aire, sus manos cerrándose apretadamente en la tela sobre sus hombros. Jin Ling sonrió, otra vez, esbozando esa mueca autosuficiente y complacida que JingYi siempre sentía ganas de arrancarle con los dientes, echándose de espaldas sobre el suelo y llevándose a ZiZhen con él.

—Llámame gege —ordenó, impulsando sus caderas hacia arriba.

ZiZhen gimió, arqueando la espalda, persiguiendo el movimiento con algo que rayaba en la desesperación.

—LingLing-gege —lloriqueó—. Lingling-gege.

Jin Ling lo atrajo hacia abajo, besándolo nuevamente, los pequeños y cortos destellos de su lengua rosada correteando la de ZiZhen atrayendo su atención y fijándola ahí. JingYi se mordió el callo del pulgar, ese que hacía demasiados años ya no reventaba cuando tocaba las cuerdas del qin o sostenía una nota en el violín, casi insensible a estas alturas de su vida, pero el aguijonazo de dolor que envió a través de su cuerpo fue suficiente para decirle que se detuviera, ahora.

Sacudiendo la cabeza, JingYi hizo el amago de ponerse de pie.

—A-Yi —susurró SiZhui, sin mirarlo, negando con la cabeza—. No.

JingYi se dejó caer nuevamente en su asiento, suelto como una marioneta al que le cortaron las cuerdas.

Bueno.

Regresó su atención al frente, ligeramente mareado, atrapando por los bordes los eventos tomando lugar frente a él. ZiZhen estaba balbuceando algo, algo parecido a una retalía de tonterías que sonaban como la palabra gege más el nombre de Jin Ling, mientras este último repartía besos húmedos por todo su rostro, su mandíbula, su cuello y luego más abajo, en el espacio entre el hueco de su suéter y su clavícula. ZiZhen se inclinó, escupiendo un jadeo bajo cuando los dedos de Jin Ling abandonaron su asidero implacable en su cabello y se clavaban en su cadera, por debajo del dobladillo del suéter, hundiéndose en la carne dura y tensa ahí abajo. Como si compartieran un mismo pensamiento, ambos acompasaron el movimiento de sus caderas a la vez, frotándose por encima del pantalón, el ritmo ni acelerado ni tranquilo, sino un poco de los dos. JingYi esperó, conociéndolos lo suficiente para saber que aquello no duraría demasiado, y antes de terminar de hilar el pensamiento, sucedió.

Jin Ling se movió, cambiando de posición, empujando a ZiZhen de espaldas hasta quedar al lado de SiZhui, a menos de un palmo de distancia. ZiZhen se tragó una exclamación, retorciéndose cuando la boca de Jin Ling se apoderó de la suya y sus manos apresaron ambas de sus manos por encima de su cabeza, manteniéndolo quieto en su sitio, como si existiera algún motivo lo suficientemente grande en el mundo por el cual ZiZhen huiría. Sus dientes se clavaron en la suave y sonrosada piel de su mejilla, dejando una marca dos tonos más oscuros que el rubor original. ZiZhen suspiró, temblando, enredando sus piernas alrededor de la cintura de Jin Ling e instándolo hacia abajo.

—LingLing-gege —musitó, suplicante.

Jin Ling le pellizcó la mejilla, sujetando sus muñecas con una sola de sus manos, confiado como solo la experiencia podía lograrlo en que ZiZhen no se soltaría, y era la verdad.

JingYi, todos ellos sabían de la fuerza escondida debajo de esas muñecas, y el hecho de que ZiZhen eligiera voluntariamente rendirse tan fácilmente debajo de ellos… era una sensación que enviaba chispas a través de su columna, como una corriente eléctrica, haciéndolo temblar de los pies a la cabeza.

SiZhui también se removió, encogiéndose más en sí mismo, apoyando la mejilla pesadamente en una de sus rodillas y respirando pesadamente, sin dejar de mirar.

—¿Qué quieres? —inquirió Jin Ling, deteniéndose del todo, dejando de moverse. ZiZhen forcejeó, intentando instarlo a continuar, pero no sirvió de nada—. Habla.

ZiZhen sacudió la cabeza, y SiZhui se mordió los labios, sus dientes blancos como perlas hundiéndose en la carne suave. JingYi pensó en estirarse, poner su pulgar ahí y tirar, obligándolo a que dejara de morderse y pusiera su boca en mejor uso. Contra la suya, para ser exactos.

De repente, el chasquido de piel contra piel lo trajo de vuelta de sus pensamientos. ZiZhen arqueó la espalda, jadeando ruidosamente, su rostro enrojecido y sus ojos brillantes, oscuros, dilatados, clavados en Jin Ling.

Jin Ling lo había abofeteado.

Ahí, JingYi sintió la envidia estallar debajo de su piel como una llamarada.

—Habla —repitió, inclinándose un momento para dejar un beso sobre el golpe en su mejilla.

ZiZhen se lamió los labios, respirando irregularmente.

—Ge. Gege. LingLing-gege. Por favor —sus palabras estaban cortadas entre un jadeo y otro—. Tócame. Por favor. Por favor.

Jin Ling sonrió otra vez, esa sonrisa que decía que su ego probablemente estaba por las nubes, y su boca voló hasta la de ZiZhen, besándolo como si no pudiera tener suficiente, como si no pudiera dejar de besarlo. ZiZhen se retorció ansiosamente, persiguiendo los labios de Jin Ling como si se le fuera la vida en ello, suspirando con algo parecido al alivio cuando Jin Ling comenzó a frotarse contra él otra vez, los talones de sus pies descalzos clavándose duramente en la parte trasera de su espalda baja. JingYi se abrazó a sí mismo, tragando ásperamente, su boca demasiado seca para que no fuera incómodo. Sus ojos siguieron las ondulaciones de las caderas de ambos, sintiendo ese jalón en la parte baja de sus tripas nuevamente, el conocimiento intrínseco de ambos extremos profundamente grabado en sus huesos, hasta que, otra vez, el ritmo cambió.

Jin Ling se despegó abruptamente de ZiZhen, alejándose de sus manos y desenredándose de sus piernas en un movimiento limpio, calculado, conocido. ZiZhen lloriqueó, inclinando su rostro ávidamente cuando los nudillos de SiZhui acariciaron apenas su pómulo derecho, un toque tan ligero como el aleteo de una mariposa. Sus ojos se alejaron un segundo de Jin Ling, mirando el rostro de SiZhui anhelante, pero SiZhui negó con la cabeza, quitando su mano. JingYi se perdió gran parte de la interacción, concentrándose en las acciones de Jin Ling, bajándole los pantalones y la ropa interior a ZiZhen de un solo tirón y abriendo sus piernas, arrodillándose en el medio. Usualmente, a JingYi le gustaba la mordedura áspera e incómoda del suelo en su piel, clavándose en su cuerpo como un recuerdo igual de nítido que el resto de lo que hacían, pero eso era solo él. En general, el resto prefería follar en la cama, o en cualquier otra superficie cómoda, pero bueno, aparentemente, hoy sería la excepción.

Jin Ling ni siquiera se tomó su tiempo, actuando de un segundo al otro, escupiendo en su mano y llevándola inmediatamente a la polla ya dura de ZiZhen, acariciándolo hasta que el otro sacudió la cabeza, trayendo toda su atención de vuelta a él y solo él. JingYi siguió el movimiento de su mano, subiendo y bajando rítmicamente, arrastrando el pulgar sobre la punta húmeda y brillante, repartiendo el pre semen por toda la longitud. ZiZhen empujó sus caderas, ajustándose al ritmo de Jin Ling, mordiéndose los labios y gimiendo quedamente, apenas en el fondo de su garganta, su mirada negra y excitaba quemando sobre el rostro de Jin Ling.

—LingLing-ge…

—¿Así?, ¿querías que te tocara de esta manera? —inquirió, creando un círculo con el pulgar y dedo índice en la base del falo, llevando su mano libre a las bolas de ZiZhen y sopesándolas. ZiZhen asintió rápidamente—. Habla.

ZiZhen sacudió la cabeza, otra vez, asintiendo, embistiendo contra el anillo que eran los dedos de Jin Ling, pero este quitó la mano. Se inclinó, recostándose en el suelo, su mejilla en la piel suave y sensible de la cadera de ZiZhen y la boca a centímetros de su verga. Lamió, apenas, tentativamente, y roce de lengua breve conectando con la cabeza gorda, riéndose entre dientes cuando ZiZhen se retorció.

—Habla.

—A-Ling —dijo SiZhui, en voz alta, frunciendo el ceño. Su voz era cada centímetro de una advertencia.

Jin Ling lo miró, sus ojos negros quedándose anclados con los de SiZhui cuando tomó la polla de ZiZhen en la boca, chupando lentamente, una vez, deteniéndose en la punta.

El gemido hondo y lloroso de ZiZhen reverberó en las paredes, apuñalando a JingYi como una cuchillada.

—Habla —repitió, dándole un beso que era todo labios y mucha lengua al falo hinchado—. ¿Querías que tu gege te tocara así?

ZiZhen enterró las uñas en sus propios antebrazos, asintiendo, tomando una respiración superficial antes de farfullar.

—Sí, gege.

Jin Ling volvió a reírse, sincero, encantando, como si se estuviera ahogando en el sentimiento que le provocaba ser llamado gege, y su boca se deslizó rápida, expertamente sobre la verga de ZiZhen, tragándolo ansiosamente, dejando ver cuán desesperado estaba debajo de la superficie. JingYi dejó ir una exhalación, percatándose de la fuerza con la que estaba clavando las uñas en su muslo izquierdo y obligando su mano a soltarse, lenta, metódicamente. Respiró pausadamente, ligeramente mareado, la habitación dando vueltas, concentrándose en cada pequeño e insignificante detalle a su alrededor en lugar del sube y baja de los labios de Jin Ling en el falo, en los gemidos suaves y lastimosos de ZiZhen, en la piel sedosa, brillante de su verga cada vez que escapaba de la boca del otro, su color rojo, furioso en la punta, contrastando hermosamente con los labios hinchados que lo aprisionaban.

Solo—necesitaba concentrarse en otra cosa.

Se fijó en la pila de libros sobre la cama, guiando sus pensamientos al futuro viaje a China para las vacaciones de invierno, a finales de enero. Eran solo alrededor de quince días, e irían tanto a Beijing como a Shanghái, la primera para ver a la familia de Jin Ling, incluido su papá, antes de ir a casa. Sería poco tiempo, apenas unos diez días, para ir y corretear por todos esos sitios que conocía de memoria, para comer la comida casera de su madre, explicarle cuidadosamente las diferencias entre su mandarín y el de Taiwán a su padre, para ponerse al día con el Mayor Wei, y simplemente volver a ser Lan JingYi, en su casa, rodeado de caras conocidas, personas conocidas. No es como si los rostros de Xiaoqian y el resto de las chicas no fueran familiares a estas alturas, pero era diferente, un tipo de familiar que tenía menos que ver con, de hecho, familia, y más con costumbre, asentándose en él con la tranquilidad de la repetición y rutina.

De repente, el chillido alto y ahogado de ZiZhen lo trato de vuelta a la realidad, arrancándolo de la fantasía de su antigua cama y la comida muy, muy picante de Wei WuXian.

—Rápido —farfulló Jin Ling, lamiéndose los labios.

JingYi miró a ZiZhen asentir, prestando atención al sube y baja de su pecho, al dobladillo de su suéter arrugado, empujado hasta su pecho, dejando expuesto su vientre tembloroso y las líneas blancas de su corrida, enfriándose sobre su piel ardiente.

—… ¿se corrió? —preguntó JingYi, estúpidamente, a la nada, solo para estar seguro de que era verdad.

Se fijó en su polla, ligeramente más suave que antes pero todavía erecta, derramando penosamente los últimos restos de semen cuando Jin Ling arrastró la lengua sobre la punta.

—Pues qué no ves —gruñó Jin Ling, haciendo una mueca, antes de tragarse el falo nuevamente.

ZiZhen se retorció duramente, peleando con la hipersensibilidad, intentando alejarse de los labios de Jin Ling sin demasiado éxito.

—Perdón.

—No —intervino SiZhui inmediatamente, sin moverse, sin quitar sus ojos ni un centímetro de la boca de Jin Ling, amamantándose de la verga de ZiZhen como si fuera una paleta—. No te disculpes. Lo hiciste bien —las comisuras de su boca se elevaron un poco, su rostro dulce, precioso, ese que JingYi conocía incluso mejor que el suyo iluminándose como un faro—. Buen chico.

ZiZhen pareció absorber el cumplido como una esponja, echando la cabeza para atrás y jadeando, empujando contra la boca de Jin Ling bruscamente. Jin Ling cerró los ojos, un ruido parecido a un gruñido, grave y rasposo, quedándose atorado en su boca llena, sus cejas curvándose hacia adentro en una expresión de placer cruda. JingYi vio cómo se frotaba contra el suelo, una, dos veces, lo suficiente para quitarse el filo de la urgencia, y pensó cuánto le costaría levantarse de su silla y ponerse ahí, bajarle los pantalones y chuparle solo un poquito, lo suficiente para que ese filo de excitación encontrara un sitio en el cual desahogarse.

El recuerdo nítido de la polla de Jin Ling, su peso en la lengua, se sintió tan claro como si ya estuviera haciéndolo, y le costó casi toda su voluntad no ponerse pie y poner en acción sus pensamientos. Si tan solo no se sintiera tan cómodo ahí donde estaba, mirándolo todo desde una perspectiva amplia.

—Hmph —bufó Jin Ling, alejándose de la verga de ZiZhen, dejándola ir enteramente, provocándole lo que sonó como un suspiro de resignación mezclado con alivio. Sus labios rojos y abusados se curvaron en un puchero estúpido, del tipo que JingYi no estaba tranquilo hasta quitárselo a mordiscos—. Como sea.

Despegándose de su cadera, Jin Ling empujó aún más ampliamente las piernas de ZiZhen, doblándolo, obligándolo a sujetar la parte trasera de sus rodillas para mantenerlas en el aire. Así, expuesto a la vista de ambos, de todos, de Jin Ling y SiZhui y la suya, ZiZhen curvó los dedos de los pies, tensándose en anticipación, vibrando como un resorte cuando Jin Ling tocó el borde de su agujero con la punta de los dedos. JingYi se lamió los labios, secos, pensando, imaginando, antes de que Jin Ling leyera sus pensamientos y se inclinara, lamiendo una larga franja de piel, deteniéndose en la hendidura rosada y fruncida.

Usualmente, a quien más le gustaba hacer eso era a JingYi, y quien más disfrutaba recibirlo era Jin Ling. SiZhui era indiferente de ambos lados, ni le encantaba ni lo odiaba, pero ZiZhen.

ZiZhen era diferente.

—¡Oh, Dios! —gritó, sus piernas temblando, los dedos de sus manos enterrándose ferozmente en la piel de sus muslos—. ¡LingLing!

ZiZhen se desmoronaba.

Jin Ling se rio, una carcajada en toda regla, y bueno, JingYi le siguió, también, porque quería y porque podía. Sus ojos permanecieron fijos en la lengua de Jin Ling, deslizándose suave, rítmicamente contra la abertura palpitante, persuadiéndolo a relajarse. ZiZhen gimió, alto, profundamente, un ruido tortuoso y sollozante, desbordándose en los bordes, pero JingYi apenas lo registró. Su atención se concentró enteramente en las acciones de Jin Ling, besando, lamiendo cuidadosamente el agujero, aplastando la lengua, plana contra el orificio, hasta que el cuerpo de ZiZhen dio un salto, una de sus piernas saliéndose del agarre débil de sus manos y cayendo en el hombro de Jin Ling.

Ignorando el cambio de posición, Jin Ling lamió uno de sus dedos, arrastrándolo nuevamente alrededor del agujero, ligeramente menos tenso ahora, hundiéndolo hasta el primer falange antes de retirarlo, esbozando una sonrisilla orgullosa cuando el gemido de ZiZhen se convirtió en un sollozo.

—¿Umm? —murmuró, echando un vistazo al cuerpo tembloroso de ZiZhen, a su suéter arrugado, empujado por encima de sus pezones duros y olvidados, a la corrida fría y pegajosa en su estómago.

ZiZhen le sostuvo la mirada como pudo, sus ojos dilatados persiguiendo el movimiento de la mano de Jin Ling cuando se arrastró entre sus piernas, recogiendo parte del semen en sus dedos y llevándolo de vuelta a su agujero.

—¡Ah!

Por supuesto, el chillido que escapó de sus labios fue tal y como JingYi se esperaba.

Dejándose caer contra el respaldar de la silla, cruzando las piernas, ignorando deliberada y expresamente la excitación dura y palpitante en su entrepierna, JingYi se dedicó a mirar cómo Jin Ling hundía los dedos en el agujero de ZiZhen, forzando primero uno a través de la grieta y luego el otro, alternando entre ellos y su lengua, usando ambos de vez en cuando. Se dedicó a perderse en el temblor delicioso de los músculos del vientre de ZiZhen, en sus manos apartando todavía más la tela del suéter de su camino y apretando sus propios pezones, pellizcándolos severamente, sin darse ni el más pequeño margen de recuperación. Estaba tan metido en ellos, tan ensimismado en el momento en que el orificio de ZiZhen cedía y finalmente tragaba ansiosamente ambos dedos dentro de su caverna, pulsando rítmicamente cuando la boca de Jin Ling se ocupaba primero con una de sus bolas, chupándola un par de veces, antes de dirigirse a la polla rígida y llorosa, tragándola en un solo movimiento, que casi no prestó atención a SiZhui, que se había dado la vuelta, en dirección a la mesita de noche, buscando algo.

—LingLing-ge —sollozó ZiZhen, dejando caer pesadamente la pierna, su pie aterrizando plano contra el suelo—. No puedo.

—No puedes qué —inquirió Jin Ling, sorbiendo una larga y gorda gota de pre semen—. No puedes qué.

—A-Ling —dijo SiZhui, su voz sonando dura y afilada, otra advertencia.

Jin Ling levantó la cabeza, mirándolo, un hilo de saliva todavía conectando su boca a la verga de ZiZhen. SiZhui le sostuvo la mirada, colocando suavemente el tubo de lubricante junto a la cadera de ZiZhen, antes de echarse para atrás y volver a su posición, sentado a un palmo de distancia del rostro caliente y sonrojado de ZiZhen, sus rodillas firmemente abrazadas contra su pecho y su barbilla apoyada encima. Jin Ling pestañeó, regresando a su tarea, chupando el falo casi distraídamente, sus dedos entrando y saliendo lentamente del agujero de ZiZhen, como si estuviera pensando en algo. JingYi estuvo a punto de abrir la boca y llamarlo idiota, que si le hacían falta neuronas para hacer sinapsis y entenderlo, pero de repente Jin Ling retiró sus dedos, rápido, un solo tirón, abandonando la polla de ZiZhen todo al mismo tiempo.

—No —chilló ZiZhen, apoyándose sobre sus codos para mirar hacia abajo—. No, no, no, no. LingLing. Ge. LingLing-gege —balbuceó, tropezándose con las palabras. Su cara era un auténtico poema, dividido entre la necesidad y desesperación—. Ge. No, por favor…

—Cálmate —dijo SiZhui, estirando la mano y delineando con los dedos su rostro, desde su nariz, sus labios, el rubor espolvoreado por sus pómulos y sus mejillas, antes de chasquearlo frente a sus ojos—. ¿No eres un buen chico?

ZiZhen tomó una respiración profunda, acompasada, y JingYi tuvo que morderse la lengua para no responder él mismo, la frase como una reacción pavloviana estremeciéndole el cuerpo.

—Soy un buen chico —musitó ZiZhen.

SiZhui sonrió, retrayendo la mano.

JingYi no perdió dato de las acciones de Jin Ling, rápidas, metódicas, abriendo la tapa del lubricante y untándolo en sus dedos, tres de ellos, usando su mano libre para palmear su erección por encima de la tela antes de volver a su posición original. Ahora, engullendo la polla de ZiZhen entre sus labios, deslizándose acompasadamente, estableciendo un ritmo constante, cuando hundió sus dedos en el orificio vacío y hambriento, curvándolos expertamente, fue algo total y absolutamente intencional. JingYi sabía exactamente lo que estaba buscando, lo que estaba haciendo, habiendo estado en ambos extremos, entre las piernas de ZiZhen, haciendo exactamente lo mismo, arrancándole exactamente el mismo gemido, y también al final de los dedos de Jin Ling, arqueándose cuando las yemas apuñalaban en su próstata, enviando fuego a través de sus terminaciones nerviosas, haciéndole sentir que su piel le quedaba chica.

ZiZhen se sacudió, estirando las manos por encima de su cabeza y aferrándose a los tobillos de SiZhui, e incluso si no fuera obvio, JingYi sabría que se estaba corriendo por la manera en que Jin Ling frunció el ceño, cerrando los ojos, gimiendo ahogadamente alrededor de la verga llenando y estirando su boca, como si esperara que eso fuera suficiente para que no fuera demasiado evidente cuánto le gustaba.

JingYi se estremeció, apretando los puños tan fuerte como era posible, cruzando y descruzando las piernas, reajustando su posición, concentrándose en los dedos largos, hermosos de SiZhui envolviéndose alrededor de ambas muñecas de ZiZhen, apartándolas de sus tobillos y sosteniendo sus manos juntas, y no en la excitación dolorosa acumulada en su verga, palpitando ansiosamente. Incluso la tela de su ropa interior se sentía increíble en su piel caliente e hipersensible, pero prefirió olvidarse de ello y fijar la vista en Jin Ling.

Jin Ling, dejando ir el falo en sus labios y sentándose sobre sus talones, jalando a ZiZhen del codo y prácticamente arrancándolo de SiZhui.

—¿Gege? —balbuceó, sus ojos demasiado oscuros para reflejar cualquier otra cosa que no fuera deseo crudo.

Jin Ling le sujetó de la mandíbula, clavándole los dedos con demasiada fuerza en la carne suave de su rostro, obligándolo abrir la boca. Antes de que JingYi pudiera terminar de hilar los puntos, de conectar que, obviamente, Jin Ling haría algo como eso, el otro ya estaba forzando a ZiZhen en un beso, su manzana de Adán subiendo y bajando, haciéndolo tragar su propia corrida. ZiZhen jadeó, mitad sorprendido mitad excitado, aferrándose a los hombros de Jin Ling como si se le fuera la vida y abriendo la boca más ampliamente, persiguiendo sus labios ávidamente cuando el otro se alejó de su rostro.

—¿Cómo puedes decir que no eres un pervertido, cuando te gusta todo esto? —espetó, enterrando los dedos de su otra mano en su cabello y jalando. Se inclinó, mordiéndole la boca, duro, haciéndolo gemir roncamente, alejándose apenas lo suficiente para escupirle la cara—. Voy a follarte tanto que no vas a poder caminar mañana.

ZiZhen asintió, una, dos, tres veces, dando un respingo cuando sintió el cuerpo duro y fuerte de SiZhui pegándosele a la espalda.

A decir verdad, JingYi había estado demasiado ocupado envidiando a ZiZhen para siquiera notar a SiZhui moviéndose.

—Lo dices como si no lo hicieras siempre —comentó SiZhui, usando esa voz dura y acerada que le ponía los nervios a flor de piel, tan distinta de su tono amable y controlado de siempre. Sus brazos se enredaron en la cintura de ZiZhen, acariciando distraídamente la polla flácida y gastada, acunada casi artísticamente contra su muslo, ignorando enteramente la sacudida de la persona entre sus brazos—. ¿Sabes qué sería bonito? Que A-Zhen te follara así, otra vez, como la noche de tu cumpleaños —sus labios dejaron un beso tranquilo sobre el caracol de oreja de ZiZhen, una caricia apenas real—. Oh, A-Ling. Te veías tan lindo ahí, saltando sobre su polla, ahogándote con la mía.

JingYi lo recordaba. Un poco, apenas, un montón de destellos borrosos entremezclados de risas, besos con sabor a alcohol, susurros, y la sensación inequívoca de piel contra piel, del jadeo caliente de alguien, de uno de ellos, en su boca, la realidad demasiado distorsionada y revuelta para estar seguro quién era quién. Recordaba el colchón suave en sus manos, las luces tenues, el vaivén controlado y prácticamente coreografiado de ZiZhen y SiZhui, moviéndose a ambos extremos del cuerpo de Jin Ling, llenándolo total y enteramente. Recordaba la manera en que su cuerpo había temblado, abriéndose como el cascarón de un huevo crudo, desbordándose como si sus poros estuvieran a punto de colapsarse. Recordaba haber lamido sus lágrimas, torpemente, besándole el rostro un montón de veces antes de dejar caer la cabeza sobre su bajo vientre, su mente embotada y borracha sopesando la posibilidad de chuparle la polla, rindiéndose cuando consideró que, si algo, Jin Ling no era propenso a correrse más de una vez, y ya estaba en camino a la segunda.

Igual, eso no impidió que lo masturbara, de todas maneras, empujándolo hasta el límite de la sobreestimulación.

Jin Ling chasqueó la lengua, coloreándose un profundo tono rosa por encima de su ya sonrosada cara.

—Como sea —graznó atropelladamente, torpe, jaloneando a ZiZhen del cabello para dejarle un beso que era más una mordida en la mejilla—. Esto es ahora. ¿Quieres que te folle ya, o vamos a seguir hablando?

ZiZhen negó con la cabeza, aun si él no había dicho ni una sola palabra, abriendo sumisamente su boca cuando Jin Ling lo atrapó en un beso real. SiZhui no dijo nada, repartiendo besos suaves en el cuello de ZiZhen, todavía acariciando su polla, que se sacudía penosamente en su palma, luchando por ponerse dura de nuevo.

JingYi estiró las piernas y cruzó los tobillos, mirando. Esperando.

Cuando ZiZhen comenzaba a retorcerse, otra vez, probablemente sobrecogido por toda la estimulación que estaba recibiendo al mismo tiempo, SiZhui se echó para atrás, quitándose de en medio, dándole espacio a Jin Ling para que lo empujara, otra vez, de espaldas sobre el suelo y abriera sus piernas. Los ojos de ZiZhen estaban empañados, vidriosos, su rostro un desastre de manchas rojas, mordiscos y saliva, sus labios demasiado hinchados y bien besados para indicar otra cosa que no fuera satisfacción, completa y sin reservas. Aun así, se apoyó nuevamente sobre sus codos, mirando atentamente cuando Jin Ling arrastraba sus pantalones hacia abajo, a mitad de muslo, apenas lo necesario para dejar libre su dura, enojada polla, jalándose ligeramente antes de cubrirla en una capa de lubricante. Él, también, tenía los ojos oscuros, concentrado en nada más que la hendidura suave y relajada entre las piernas de ZiZhen, y JingYi se mordió los labios al mismo tiempo que él, clavando las uñas en sus antebrazos para poder controlarse.

—A-Zhen.

ZiZhen miró hacia el otro lado, hacia arriba, arrastrando su atención con él, perdiéndose el momento en que Jin Ling se hundía profunda y firmemente dentro de su agujero y encontrándose con la visión de SiZhui, que se había deshecho de su pantalón y sus bóxers y estaba acariciando lentamente su erección, llena y hermosa, entrando y saliendo de su puño suelto con facilidad.

—Ahí tienes —murmuró tranquilamente, por encima del gemido lastimoso que se derramó de los labios de ZiZhen—. Buen chico.

ZiZhen asintió y luego se detuvo, quedándose a mitad del movimiento cuando Jin Ling empujó contra él, dura y castigadoramente. Un sollozo ridículo surgió de entre sus labios, ahogado y desbordante, repitiéndose nuevamente cuando Jin Ling hizo lo mismo otra vez, y otra, y otra, embistiéndolo sistemáticamente, como una cadena de eslabone construyéndose uno detrás del otro.

—Ven aquí —dijo SiZhui, aunque fue él quien se acercó. Lo sostuvo con cuidado, sin moverlo demasiado, viendo cómo sus dedos se flexionaban cuando el fugaz cambio de ángulo hacía algo en sus entrañas, reacomodándose para que ahora sus hombros estuvieran reposando en la parte interna de su muslo y no en el suelo—. Abre la boca.

ZiZhen obedeció, echando un vistazo a su rostro, sus ojos grandes y llorosos cerrándose pesadamente cuando SiZhui deslizó la verga entre sus labios, entrando y saliendo un par de veces antes de detenerse. Jin Ling gruñó, un ruido casi animal, embistiéndolo más duramente y echándose hacia adelante, apoyando el rostro sobre el pecho tembloroso de ZiZhen. Una de sus manos buscó frenéticamente la del otro, enredando sus dedos fuertemente con los de ZiZhen, apretándolos cuando un gemido tortuoso y ahogado nació y murió en el fondo de su boca llena.

ZiZhen intentó moverse, arrastrar sus labios arriba y abajo, pero SiZhui lo detuvo, poniendo una mano en su mejilla abultada.

—No chupes —ordenó, suave, tan casualmente que, si JingYi no lo conociera por tantos años, quizás se habría perdido el tono duro y autoritario en su voz—. Quédate quieto. Mantenme caliente.

Jin Ling jadeó, en voz alta, como si aquellas palabras provocaran algo en su mente. ZiZhen asintió, como pudo, un movimiento apenas perceptible, respirando irregular y superficialmente por la nariz, ahogándose cuando Jin Ling comenzó a follarlo en serio, duro, implacable. Sus ojos giraron hasta quedar blancos, volviendo a cerrarse, lágrimas delgadas escurriéndose de la esquina de sus ojos y cayendo todo el camino por sus sienes. SiZhui también se mordió el labio inferior, el rubor moteando su cara preciosa como una película de tinta rosada, subiéndole todo el camino hasta el borde de los ojos y las orejas. Una de sus manos se enterró en el cabello de ZiZhen, ni tirando ni acariciándolo, solo manteniéndolo quieto, forzándolo a detener cualquier intento de moverse.

—A-Ling —llamó en voz baja. Jin Ling mordió uno de los pezones de ZiZhen, tirando de él entre sus dientes, ignorando enteramente a SiZhui—. A-Ling.

Jin Ling gruñó, alzando los ojos, el ceño fruncido, sus caderas golpeando duro y sin pausas contra ZiZhen.

—Qué —ladró, pellizcando el otro pezón de ZiZhen hasta el punto de hacerlo echarse para atrás, huyendo de su toque.

SiZhui se lamió los labios, pasando lentamente su otra mano alrededor de los labios estirados de ZiZhen.

—Dame tu mano.

Jin Ling sacudió la cabeza en un intento de concentrarse, desenredando sus dedos de los de ZiZhen y entregándosela a SiZhui, que le dio un beso en los nudillos antes de dejarla caer lenta y intencionalmente sobre la garganta de ZiZhen.

—Aprieta —ordenó, sin dejar espacio para negativas.

Jin Ling apretó, experimentalmente, mirando con atención a ZiZhen, y cuando su rostro se quebró en una expresión de placer crudo, inalterado y sin filtros, tan animal que rayaba en lo primitivo, JingYi supo inmediatamente que aquello no duraría mucho, ya no. Jin Ling volvió a apretar, empujando sus caderas al mismo tiempo, llenando su agujero a un ritmo brutal, de esos que definitivamente sentiría no uno ni dos días después, sino quizás hasta una semana. Los párpados de ZiZhen aletearon, bailando sobre sus ojos y creando sombras, sus pestañas húmedas y pesadas a causa de las lágrimas. JingYi vio como sus ojos volvían a girar, sus manos aferrándose con tanta fuerza a la espalda del suéter de Jin Ling que era realmente un milagro que no lo hubiera desgarrado todavía. SiZhui dio un ligero tirón a su cabello, nada ni de lejos tan violento como a lo que estaba acostumbrado, y ZiZhen sacudió la cabeza de un lado a otro, como si quisiera escapar.

—¿Demasiado? —preguntó SiZhui, tranquilo, aflojando su agarre.

ZiZhen volvió a sacudir la cabeza, un gemido de negación interrumpido en el fondo de su garganta, y SiZhui se lamió los labios, sonriendo.

—Buen chico —lo felicitó—. ¿Te vas a correr?

ZiZhen asintió, ese cabeceo torpe e imperceptible, deteniéndose a mitad de camino cuando Jin Ling apretó su cuello.

—¿Otra vez? —las palabras salieron rasposas, arrastradas de entre los labios de Jin Ling, enredándose en sus dientes—. Te has venido dos veces ya. ¿Cómo tienes tanta energía?

ZiZhen lloriqueó, arqueando la espalda, aplastándose contra su cuerpo, y JingYi tomó un gran, enorme vistazo de todo eso, de ZiZhen atrapado entre ambos, su boca estirada hasta el límite alrededor de la verga de SiZhui mientras era follado por Jin Ling, su rostro lloroso y contorsionado por el placer una cosa realmente patética. Sus pómulos estaban tan brillantes que bien podría fingir que tenía fiebre, el rubor extendiéndose por todo su cuello y perdiéndose más abajo, allá donde cubría el suéter. Quería ver su polla, ver cuán duro estaba, consumirse por un instante en la visión de su longitud gruesa y húmeda, en cómo se sentiría acunada en su lengua, pero no estaba seguro de que siquiera Ouyang ZiZhen fuera capaz de soportar tanto.

Así que, considerando sus opciones, dejó de clavarse las uñas y descruzó sus tobillos.

—Ling, ¿estás cerca? —preguntó y, guau, su voz sonaba como si fuera él quien tuviera una verga en la garganta, y no ZiZhen, ronca y áspera y ligeramente estrangulada.

Jin Ling giró la cabeza en su dirección, mirándolo confundido por lo que dura un latido, demasiado perdido dentro de sí mismo para pensar, antes de volver a sus cabales.

—Sí.

—Espera. No vayas a terminar.

JingYi se puso de pie, sus piernas temblando vergonzosamente, apenas logrando arrastrarse un par de pasos en dirección a la puerta.

—¿JingYi? —oyó que SiZhui llamaba, pero simplemente negó con la cabeza.

Se apresuró en salir, decidido a no mirar hacia atrás, recargándose sobre la pared y remolcándose los tres metros necesarios entre su habitación y la otra, temiendo que si se soltaba acabaría cayendo de bruces contra el suelo.

Cuando estaba en el parvulario de la Profundidad de las Nubes, a JingYi solían llamarle pato, al menos por alrededor de un mes, porque caminaba como uno. En su defensa, JingYi decía que su mamá seguía poniéndole pañal debajo de los pantalones, aunque ya tuviera cuatro años, con miedo a que JingYi se orinara encima por pena de avisarle a su maestro lo cual, de hecho, era cierto. Aun si ahora veía la lógica práctica de ello, JingYi todavía recordaba el terrible sentimiento de agravio que tuvo durante esa época, empujado a usar pañales cuando ya era un niño grande, no un bebé, un niño que ya sostenía bastante bien los palillos solo, iba al prescolar y usaba bacinilla. Por suerte, al año siguiente, cuando SiZhui se integró al grupo, recién adoptado por HanGuang-Jun y el Mayor Wei, esa etapa de su vida había quedado atrás, pero ahora le hacía gracia.

Quién diría que a sus veinte años volvería a ser el niño pato.

JingYi se rio de su propio pensamiento, tirando de la puerta de su habitación abierta y apresurándose de rodillas al lado de la cama, buscando la estúpida caja que había recibido de Amazon hacía un par de días, forrada con papel de regalo como si fuera una cosa bonita. Bufó, rompiendo el envoltorio a tiras, arrancando la cinta adhesiva y quitando el papel burbujas de en medio, como si algo de ahí se pudiera romper. Bufó otra vez, maldiciendo y felicitando al JingYi de la semana pasada a partes iguales, rebuscando entre las bolsas justo lo que necesitaba.

Antes, cuando la aplicación de mensajería le avisó que su paquete llegó a la puerta de su casa, JingYi sintió una ráfaga de pánico, casi rodando escaleras abajo en su afán por esconderlo, agradeciendo a todas las deidades por permitirle estar en casa y no en clases el día de la entrega. Subió corriendo, estrellando la puerta, y mirando la factura, asegurándose que todo estuviera ahí, antes de ahogarse en su propia vergüenza y lanzar la caja debajo de su cama, decidido a ignorarlo, convenciéndose de que si no lo veía no era real.

Ahora, en su mano, el plug anal se veía muy, muy real.

Era un set de tres piezas, cada una más grande que la otra. Pequeño, plateado, con una joya en forma de corazón color celeste cielo —¡ja!— en el extremo y una argolla, de la cual colgaban dos pequeños cascabeles, también celestes. Venían con una cadena larga, de cuarenta y nueve centímetros, la cual se podía colgar de la argolla, y JingYi sería un total y absoluto tonto, un verdadero imbécil, si creyera al menos por un segundo, que a ambos, a Jin Ling y a ZiZhen, no les encantaría eso. Qué dice, incluso SiZhui lo amaría.

Riéndose, sacudiendo la cabeza, JingYi guardó los otros dos, quedándose con el mediano, poniéndose de pie torpemente y caminando otra vez cuando estuvo seguro de que definitivamente no se caería.

Regresó casi corriendo a la habitación de Jin Ling, deteniéndose solo un segundo en el marco para aclimatarse nuevamente a la situación, tratando de absorber lo que se había perdido pero, en general, seguían exactamente igual a como los dejó. ZiZhen continuaba atrapado en medio de ambos, su boca estirada con la polla de SiZhui, su agujero lleno con la verga de Jin Ling, sus ojos cerrados y su respiración irregular, superficial y vacía. Jin Ling se había despegado lo suficiente de su cuerpo para permitirle echar un vistazo a su polla, acunada contra su vientre, rígida y furiosa, incapaz de tocarse gracias a SiZhui, que le sujetaba de ambas muñecas con menos brusquedad que Jin Ling, pero sí la misma firmeza.

Este último miró en su dirección, entrando y saliendo lentamente de la suave y cálida caverna del culo de ZiZhen y frunciendo las cejas, su expresión para nada amenazante, no con ese rubor intenso y sus labios bien follados.

—¿Te corriste? —quiso saber JingYi, alzando la barbilla.

—No.

—Bien.

JingYi avanzó dos pasos, cayendo de rodillas al lado de Jin Ling, mitad intencionalmente mitad no tanto, atrayendo su rostro hacia él y besándolo. Jin Ling prácticamente rugió, gruñendo en su boca, acercándolo, hundiéndose de cabeza en ello y lamiendo su lengua. JingYi lo aceptó, besando con igual o más fuerza de vuelta, todas las sensaciones reprimidas apenas debajo de su piel levantándose como un tsunami, barriendo el escaso autocontrol que le quedaba a su paso. Buscó torpemente su mano, tanteando a ciegas hasta encontrarla, depositando el plug ahí y alejándose, dándole tiempo a Jin Ling de entender la situación.

—JingYi, ¿tú…? —balbuceó, mirando el objeto brillante.

—Aiyah, ¿tengo que explicártelo con manzanas y peras? —susurró, robándole otro beso rápido—. Córrete y úsalo.

Un segundo pasó, y JingYi casi tuvo miedo de que el otro fuera a negar, solo por ese instante, como un pensamiento terrible y ominoso, pero rápidamente Jin Ling asintió.

JingYi se echó para atrás, apartándose, encontrando la mirada curiosa y aguda de SiZhui. Acunó su rostro entre sus manos, besándolo antes de que pudiera decirle cualquier cosa, pero, por supuesto, a diferencia suya, SiZhui no era estúpido. Le devolvió el beso, arrastrando sus labios lenta y cuidadosamente, como si deseara saborearlo, antes de alejarse firmemente y mirarlo a los ojos.

—¿Eso es lo que creo que es? —preguntó.

JingYi se encogió de hombros.

—Mira por ti mismo.

SiZhui lo besó otra vez antes de moverse, deslizándose fuera de la boca de ZiZhen con un movimiento llano y fluido, sin errores. ZiZhen jadeó, tragando una bocanada de aire desesperadamente pero, por supuesto, Jin Ling ni siquiera le permitió eso. ZiZhen se ahogó a mitad de camino, su cuerpo arqueándose como una cuerda tensa, recibiendo los embistes de Jin Ling a mitad de camino entre uno y otro. JingYi observó sus labios, rojos y abusados de sostener la verga de SiZhui por tanto tiempo, brillantes de saliva, sintiendo el impulso tremendo de inclinarse y besarlo, pero no tenía en él suficiente fuerza o neuronas funcionales en el momento para hacer la conexión entre desear eso y ejecutarlo. Si algo, apenas pudo pasar la mano sobre su polla, tocándose por encima de sus pantalones, sopesando cuánto más podría aguantar así antes de correrse.

—LingLing, por favor, por favor, no puedo, no puedo —farfulló ZiZhen, moliéndose contra la verga de Jin Ling. Sus manos se clavaron en los muslos de JingYi y, bueno, ahora sí estaba seguro que ya no podía aguantar nada—. Déjame correrme, por favor, he sido un buen chico. Por favor. Por favor. A-Yuan, dile…

A estas alturas ZiZhen estaba balbuceando.

Jin Ling giró la cabeza, manoteando a ciegas hasta alcanzar el cabello de SiZhui, acercándolo a él y besándolo. Sus hombros temblaron, todo su cuerpo se estremeció, y JingYi supo lo que estaba haciendo, tratando de callar los ruidos de su garganta en la boca del otro, pero fue inútil. Incluso él pudo escuchar claramente su gemido, roto y áspero, cuando se corrió, vaciándose dentro de ZiZhen. ZiZhen también se sacudió, jadeando una última vez en voz alta, con la boca abierta, un sonido húmedo y vulgar, corriéndose una última vez, en seco, su polla dura y exhausta incapaz de eyacular ni un poquito más.

JingYi se tocó más duro, sintiendo el parche húmedo de pre semen en el algodón, empujando sus pantalones hacia abajo a tirones.

—Oh, A-Zhen —escuchó que decía SiZhui, la sonrisa prácticamente audible en su voz—. Lo hiciste tan bien. Buen chico.

ZiZhen cabeceó, el movimiento de su cabeza torpe y pesado.

—LingLing, él…

—Sí, él también lo hizo bien.

JingYi sentía como si pudiera morir, como si fuera a estallar. Envolvió su verga en un puño, escuchando el sonido característico de besos y palabras susurradas entre Jin Ling y SiZhui, ignorándolo todo para concentrarse enterrar sus dedos en el cabello de ZiZhen y guiarlo hasta su polla, sin advertirle siquiera antes de hacerlo. ZiZhen hizo un ruidito de sorpresa, abriendo la boca inmediatamente, permitiendo que JingYi follara su garganta como quisiera. Apenas registró el runrún de movimiento junto a su oreja, a Jin Ling saliéndose de ZiZhen y siendo reemplazado por SiZhui, que se deslizó dentro fácilmente, con una sola estocada.

Jin Ling se dejó caer al lado de ZiZhen, apoyando la cabeza en su hombro izquierdo, pasando los dedos suavemente por su garganta abultada antes de darle un beso en la mejilla.

—Te amo —susurró, lleno de adoración—. Los amo.

JingYi tuvo que morderse la lengua, el orgasmo tomándolo tan desprevenido que se sintió como una puñalada en el estómago. Se corrió con fuerza, derramándose en la boca de ZiZhen, que tragó ávidamente, que hizo un ruidito como si no pudiera tener suficiente, como si fuera la mejor experiencia del mundo. Era como si no pudiera para de correrse, los músculos de su cuerpo tensándose y relajándose espasmódicamente, dejándolo con una sensación como si sus huesos estuvieran hechos de esponja, o de mantequilla, líquidos y disueltos.

Salió de la boca de ZiZhen, que le dio una última lamida a la cabeza de su pene antes de que JingYi se dejara caer hacia atrás, resollando duramente mientras descansaba en el suelo duro, sobre su espalda. Sus ojos parpadearon pesadamente, empañados, viendo como si mirara a través de una pantalla cuando SiZhui se mordía los labios, gimiendo bajito, también corriéndose, eyaculando dentro de ZiZhen, deslizándose fuera rápidamente y cambiando su verga por el plug. ZiZhen escupió un pequeño y patético «oh», sorprendido por la sensación de estar total y absolutamente lleno, y por mucho que JingYi quisiera ver cómo lucía la punta en forma de corazón acunada entre sus nalgas, ni siquiera en un millón de años creyó que encontraría la fuerza para moverse.

Estaba frito.

JingYi miró el techo de Jin Ling, esperando a que su corazón dejara de latir como si quisiera salirse de su pecho y su respiración regresara a la normalidad. Con toda honestidad, en el fondo, a JingYi realmente le gustaba la decoración ostentosa, elegante y ridículamente cara de Jin Ling, con su candelabro de cristales y ornamentales de diseñador. Era, de hecho, muy al estilo suyo, muy Jin, en armonía con el resto de la habitación, todo colores dorados y marfil y peonías. Le recordaba un poquito a su casa en Beijing, a la casa de su papá, y no necesitaba preguntarle ni tampoco hacía falta que Jin Ling lo dijera, pero era evidente que fue hecho con esa intención. La suya también era igual, pintada y decorada para parecer un pedacito de casa, con sus paredes azul cielo y los motivos de nubes, toques de blanco, bastante sobrio en comparación con el desfile de lujos que era esta, pero ¿acaso era una sorpresa? Así eran ellos. Cualquier otra cosa sería lo verdaderamente extraño.

Estaba pensando en eso, en cuánto tiempo habrá tomado para quienquiera que se encargara de pintar y organizar sus habitaciones encontrar las referencias exactas para las cuatro, logrando ese aire especial incluso entre la suya y la de SiZhui, tan parecidas y diferentes al mismo tiempo, cuando escuchó cómo ZiZhen se echaba a reír.

—Guau —escupió entre dientes, entre una risa y otra.

JingYi se estiró en su sitio, sintiendo su cuerpo como si estuviera hecho de goma, y supo exactamente a qué se refería.

—A-Zhen, ¿estás bien? —preguntó SiZhui, con calma, las palabras rodando de sus labios sin prisas—. ¿Quieres un vaso de agua?

ZiZhen se sacudió, negando con la cabeza, y si no fuera porque JingYi realmente sentía como si le hubiera caído a palos, el leve y tímido tintineo de cascabeles que vino con su movimiento lo hubiera llevado inmediatamente de cero a cien.

—No —contestó, tranquilo. Ahora que la bruma de excitación y sexo se había dispersado un poco, lo suficiente para darle paso a esa languidez tibia y post orgásmica, JingYi pudo escuchar lo total y absolutamente dañada que sonaba su voz. Como si hubiera pasado un montón de tiempo con una verga en la garganta, que es exactamente lo que ocurrió—, estoy bien.

—¿Seguro? Eyaculaste mucho, dos veces.

ZiZhen volvió a negar con la cabeza, y Jin Ling chistó la lengua, rompiendo el relativo silencio con su chasquido.

—Claro que está bien —ladró—. Sabes que eso no es ni siquiera lo peor que puede soportar.

Bueno, por una vez, Jin Ling tenía razón.

ZiZhen se echó a reír otra vez, un sonido extraño, ronco y alegre, como un gañido, algo que con su voz regular sería totalmente diferente. JingYi pudo imaginar a SiZhui frunciendo los labios, negando con la cabeza, pero no pudo forzarse a mirar y averiguar por sí mismo si era verdad.

—Si no te esforzaras tanto por empujarlo más allá de ese límite quizás entonces yo no me preocuparía tanto por preguntar —espetó SiZhui, duro como un regaño.

Jin Ling balbuceó algo ininteligible, probablemente referente a que no era cosa suya solamente, sino de todos, que siempre terminaban follando como si fuera el último día de la humanidad como la conocemos y tuvieran que hacerlo hasta quedar exhaustos—o al menos, eso pensó JingYi. No lo dijo en voz alta, claro, evitando atraer la atención de SiZhui en su dirección, pero quizás en otra oportunidad lo haría.

Lo que sí hizo, en cambio, fue preguntar:

—¿Podemos movernos a la cama? Me duele la espalda.

Jin Ling, cómo no, bufó inmediatamente, jalándole del tobillo por encima de la cintura de ZiZhen.

—Por qué estás cansado, literalmente no hiciste nada.

—Pues perdón por no ser como ustedes, que pueden joder por horas —eso era una mentira, y todos ellos lo sabían por experiencia propia. Si lo dejaban, entre un descanso y otro, JingYi podía durar muchísimo, especialmente si lo hacía con ZiZhen.

—A-Yi, mentir está prohibido.

JingYi sintió sus mejillas calentarse, manchas rojas subiéndole todo el camino hasta las orejas.

—La verdad, sí me gustaría cambiarme —intervino ZiZhen, ignorando sus payasadas—. Un poco más y siento que mis huesos comenzarán a gritar.

—Gracias —dijo JingYi.

Girándose, reacomodándose los pantalones de vuelta en su sitio, JingYi gruñó, arrastrándose primero de rodillas y luego con pies inestables al borde de la cama. Su columna suspiró de alivio, prácticamente rogándole que se dejara caer de espaldas, pero prefirió esperar un momento para ver cómo Jin Ling se desenredaba de ZiZhen, rápido, maniobrando hasta tirarse sobre la colcha como un peso muerto, hundiéndose y gimiendo de gusto, aunque fue el primero en hablar en contra.

JingYi le apartó un mechón de cabello del rostro, solo por hacer algo.

—Ling, eres un idiota.

—Cállate. Aquí el único idiota eres tú.

—¿Puedes levantarte? —oyó que preguntaba SiZhui, pululando alrededor de ZiZhen con los brazos extendidos.

El aludido se sentó con cuidado, el movimiento provocando ese suave y misterioso tintineo de cascabeles, y, guau, JingYi de verdad que quiso felicitarse, darle una palmadita al él de hace una semana y decirle que cada centavo invertido en esa compra apurada y llena de vergüenza sería dinero bien gastado, probablemente el mejor desde que comenzó su vida adulta. ZiZhen cerró los ojos, un momento, como acostumbrándose a la sensación de un objeto extraño llenándolo, ladeando la cabeza.

—Vamos a ver.

Se impulsó, levantándose hasta, ciertamente, ponerse de pie, pero sus piernas temblaban tanto que SiZhui ni siquiera esperó a que pidiera su ayuda, simplemente fue lo sostuvo entre sus brazos, evitando que se cayera, aunque fuera resultaba bastante improbable. Avanzó, dándole un beso detrás de la oreja mientras lo guiaba depositándolo al lado de Jin Ling con cuidado, como sí, guau, como si ZiZhen se pudiera romper.

—Buen chico —lo alabó.

ZiZhen sonrió, amplio, sus dientes blancos brillando, acostándose de cara contra el colchón, y bueno, JingYi hizo lo mismo, por fin, dejándose caer hacia atrás. Su mano rozó la pila de libros, empujándolos hacia las almohadas, aun si la cama de Jin Ling era una cosa enorme, lo suficientemente grande para abarcarlos a ellos, cuatro hombres adultos, de manera cómoda, y seguramente, si se esforzaban, podrían meter hasta a dos personas más.

—Te ves precioso así —comentó SiZhui, acariciando la curvatura del trasero de ZiZhen—. ¿Te puedo tomar una foto?

ZiZhen asintió con la cabeza levemente.

—Claro —musitó, doblando las rodillas y curvando la espalda. El tintineo de los cascabeles resultaba casi hipnotizante.

SiZhui le dio un beso en una de las nalgas antes de rodear la cama, recoger teléfono de donde estaba, descansando al lado del de Jin Ling en el escritorio, y volver.

JingYi oyó el click de la cámara rompiendo la ligera quietud que colgaba sobre ellos, chasqueando varias veces en sucesión, como una ráfaga.

—A ver —exigió Jin Ling inmediatamente, una vez SiZhui se sentó en la cama.

SiZhui miró atentamente la pantalla de su teléfono, examinando la foto, la punta de su lengua asomándose rápidamente para lamer la comisura de su boca, antes de asentir pasárselo al otro. Jin Ling lo tomó, creando círculos inconscientemente en una de las sienes de ZiZhen, su boca colgando levemente cuando sus ojos atraparon la foto. JingYi echó un vistazo, también, por supuesto, deleitándose con la vista de las nalgas redondas de ZiZhen, firmes, la depresión de su espalda curvada y las marcas rosadas de dedos en su cadera. El detalle que lo hacía excepcional, que le daba la vuelta todo, era el pequeño corazón celeste cielo en forma de joya, perfectamente acunado ahí donde debería estar agujero fruncido, la argolla plateada y los cascabeles fundiéndose en la toma, pasando casi desapercibidos. Si prestaba atención, podía ver también un pequeño destello de sus bolas y su polla, colgando suavemente entre sus muslos, pero incluso eso era suficiente.

JingYi estiró las manos, tratando de robarle el teléfono, pero Jin Ling lo apartó de un manotazo.

—No.

—Aiyah. Ling, eres horrible.

SiZhui esbozó una risilla tranquila, arrebatándole el teléfono a Jin Ling de entre los dedos antes de que se diera cuenta, acomodándose en una de las almohadas.

—No hay foto para ninguno —declaró, bloqueando el dispositivo y dejándolo en la mesita de noche.

Jin Ling se agitó, haciendo el amago de ir a buscarlo, pero ZiZhen tiró un brazo alrededor de su cintura, deteniéndolo.

—¿Me la podrías enviar? —pidió, JingYi, girando sobre su estómago y encarando a SiZhui, usando sus mejores ojos de cachorros, que usualmente no servían de mucho pero siempre valía la pena intentar—. Por favor.

SiZhui lo miró, estirando los brazos por encima de la cabeza, frunciendo los labios.

—Tal vez. ¿Estás listo para ir a practicar? Hace mucho que ya son las ocho.

JingYi gimió, enterrando el rostro en la colcha.

—A-Yuan —berreó—. HanGuang-Jun jamás me trataría así.

SiZhui se echó a reír, alto y fuerte, más fuerte de lo que JingYi lo había escuchado reír en mucho tiempo, y no pudo evitar echarse a reír también, sintiéndose contagiado por su alegría.

—Envíamela a mí —intervino Jin Ling, y de repente la cama volvió sacudirse, con si hubiera dado un salto—. Ah, ZiZhen. ¿Qué pasaría si por accidente SiZhui acabara enviándole la foto a la persona equivocada? A, no sé, digamos, ¿sus padres?

—Eso no pasará —dijo SiZhui tranquilo, sin espacio para dudas.

—LingLing —farfulló ZiZhen, un toque ligeramente agrio en su voz—, por favor, no hables de los padres de Yuan'er cuando todavía tengo su corrida en mi culo, ¿está bien? Ni de los tuyos si vamos al caso.

JingYi volvió a girarse, quedando sobre su espalda, dándole un manotazo a Jin Ling en el hombro.

—Eres un estúpido.

Por supuesto, Jin Ling le regresó el golpe enseguida.

—¡Tú eres el estúpido!

Quizás, ambos eran unos estúpidos.


Título del OS salió de la canción More&More de Twice, su versión en inglés.