Advertencia de posibles errors. Pidoperdón.


(Sunny side up!) It's easier say tan done

Xiaoqian, 10:23 p.m.:

Yi-ge, es fácil!

En internet puedes conseguir de todo!

Mi daddy y yo lo hacemos todo el tiempo :D

Yo, 10:27 p.m.:

aiyah Xiaoqian

xq crees q me interesa la vida sexual de mi amiga

hetero!

cuando aquí todos somos gay!

bueno no pero tú entiendes

Xiaoqian, 10:29 p.m.:

:C

Yi-gege es un estúpido!

Estoy tratando de ayudarte!

Solo has lo que te digo!

JingYi miró la pantalla de su laptop, mordisqueando la esquina de uno de sus dumplings y bebiendo un largo trago de soda.

Toda la vida, desde su mamá hasta su papá, sus profesores, algunos compañeros de la Profundidad de las Nubes, el señor Qiren e incluso ZeWu-Jun, todos le habían dicho a JingYi que beber soda no era bueno para él, menos después de las seis de la tarde. Él mismo lo sabía, que la soda siempre lo ponía inquieto, como si le dieran una inyección de adrenalina o algo, acababa vibrando como un chihuahua enojado durante horas, hasta que entonces esa misma energía lo agotaba y caía en la primera superficie horizontal que encontraba, muerto como una papa frita tiesa. La mayor parte del tiempo les hacía caso, especialmente porque, en realidad, detestaba el sentimiento de total desgaste que dejaba el subidón de azúcar en su cuerpo una vez se iba, pero hoy se sentía como una de esas noches para ser indulgente.

… Mentira.

JingYi miró a la pantalla, a la página principal de Amazon, mordiendo un pedazo de dumpling y ahogándose en el camino. Tosió, maldiciendo, tomándose otro sorbo de soda. Era dumplings de cajeta, de esos que vendían fríos en el 7Eleven, listos para cocinar al vapor por unos diez minutos y luego comerlos. Jin Ling los trajo con él esa noche, de regreso de la universidad, diciendo algo de cómo Seungmin le había comentado que todavía no podía creer cómo ellos vivían de pedir desayuno a domicilio todos los días, sobreviviendo a base de aire y agua. Sonaba a exageración pero, siendo justos, si habría el refrigerador ahora mismo, JingYi solo encontraría un cartón de huevos, algunas verduras que seguramente ya estaban pasadas, un tazón de ramen picante que SiZhui intentó comer hace algunos días, aludiendo que extrañaba la comida de su papá, y bueno, la bolsa de dumplings. Todo lo demás era, de hecho, agua y aire.

Ahora que pensaba en ello, si había alguien que nunca le dijo que no bebiera soda demasiado tarde, sino todo lo contrario, incluso le ofrecía cuando estaba en su casa, ese era Wei WuXian. ¿Tenía eso algo qué ver con el pensamiento anterior? Claro que no. Pero JingYi era consciente de que estaba divagando.

Divagando, perdiendo el tiempo, mirando a la página principal de Amazon tarde en la noche, luego de un largo día en la universidad, en lugar de irse a dormir. Mañana tenía clases, y Li Suyin lo regañaría de aquí al infinito si lo veía lleno de ojeras, o si se quedaba medio dormido a mitad de su dueto lo que, de hecho, tendría menos qué ver con haber dormido poco y más con que JingYi detestaba el sonido del clavicordio con todo su corazón.

Con todo, encontraba gracioso cómo era posible tenerle tanto miedo a una chica como Suyin, de un metro cuarenta y nueve, el cabello teñido de rubio, hoyuelos en su cara redonda y eternamente vestida con motivos de flores, oscilando entre el color rosa, amarillo y verde, como una eterna primavera. De hecho, JingYi encontraba muy gracioso, y curioso, también, por qué no, cómo terminó siendo el único hombre en un grupo de chicas. Por supuesto, tenía mucho que ver con que la Clase B solo tenía cinco chicos en ella, el resto empujados en la Clase A junto con SiZhui, pero también con que, de alguna manera, se las había ingeniado para quedar emparejado con cada una de ellas durante un examen u otro, ya fuera como duetos o conciertos, y de ahí las cosas simplemente corrieron. Ahora tenía cinco amigas que lo llamaban gege, a pesar de que tres de ellas eran mayores, cuando toda la vida JingYi había sido el tipo de tener poco o nada de interés por las chicas.

Quizás era su oportunidad de dejar de ser Lan JingYi, el Lan desastre, y comenzar a ser Lan JingYi, el amigo gay de las mujeres.

Pensando en ello, desconectó su teléfono del cargador, ignorando la pantalla de su computadora a duras penas, abriendo WeChat. Echó un vistazo al hilo de mensajes en el grupo, donde Meiqi, Su Qiao y Ruolan estuvieron hablando de ir a comprar cuerdas mañana después de clases. JingYi no tenía intención de contestar, pero se aseguró de anclar los mensajes al inicio de la bandeja para no olvidarlo.

Cerrando la aplicación, saltó directo a Oasis, donde la primera publicación que le saltó fue una foto recientemente subida en la cuenta de HanGuang-Jun, seguida inmediatamente, cómo no, por ZeWu-Jun. En la primera, como de costumbre, ni siquiera aparecía el rostro de HanGuang-Jun, sino solamente tres de sus conejos, dos color beige y uno blanco. El pie de foto solo era un emoji de conejo seguido de sus nombres, Algodón, Galleta y Destructor. JingYi le dio me gusta, leyendo el comentario del Mayor Wei —«¡Destructor se comió la esquina de uno de los exámenes que estaba revisando justo después de tomarle esta foto! ¡No le crean nada a su cara tierna!»—, dejando uno él mismo que era solo un montón de corazones y estrellitas.

La de ZeWu-Jun solo era él en lo que parecía una cafetería, o quizás el restaurante de un hotel, con sus luces color ocre, acompañado del tío de Jin Ling y otra persona, de espaldas a la cámara, mirando algo hacia una de las ventanas, tomando una taza de café. Hacían un trío de lo más curioso, especialmente con sus diferencias de tamaño, como una escalera, comenzando con el hombre de espaldas, ZeWu-Jun en el medio, y por supuesto, el tío de Jin Ling, que era del tamaño de un botón. De cualquier manera, ZeWu-Jun se veía sumamente feliz, prácticamente brillando en la foto, su ropa blanca opacada en comparación con su sonrisa.

JingYi le dio me gusta a la foto, por qué no, siempre era bueno ver feliz a ZeWu-Jun.

Hablando de personas, específicamente, familiares de Jin Ling, JingYi se tomó un momento para lamentar profundamente que Jiang WanYin no usara Oasis. Ni Oasis, o Instagram, ni nada parecido. De milagro tenía Weibo, y eso que solamente lo usaba de vez en cuando, tan poco que, realmente, era como un evento de temporada, sucediendo una vez cada invierno. De hecho, hace poco posteó una foto, su rostro, siempre adornado con una expresión severa, iluminado por lo que parecía luz de sol entrando por una ventana, acentuando su nariz recta y el corte de su mandíbula. Casi se rompe el pulgar yendo a dejar me gusta, solo para escuchar a Jin Ling ladrar algo sobre dejar a su tío en paz, pero JingYi era un hombre sencillo; veía alguna oportunidad de expresar su eterno e inagotable respeto, admiración y, por qué no, amor platónico por Jiang WanYin, e iba a por ello.

Pero, otra vez, estaba divagando.

Gruñendo, dejó caer el teléfono otra vez en el escritorio, mirando la pantalla, los dedos flotando por encima de las teclas. Estaba decidido.

Eso solo—era tan terriblemente vergonzoso.

Gracias a los cielos y a todas las deidades estaba solo en su habitación. Desde que Xiaoqian mencionó aquello en chat cualquiera, desde que él mismo cometió la tremenda estupidez de comentarlo hace algunos días, la idea se mantuvo dando vueltas y vueltas en su cabeza, echando raíces, imposible de erradicar. A estas alturas, JingYi estaba convencido de que la única manera de encontrar paz era, de hecho, haciéndolo, comprando la maldita cosa y, bueno, simplemente ver qué ocurría. Nadie saldría herido. Para eso existía el navegador de incógnito.

Estaría bien.

Suspirando, tragándose un chillido, JingYi clickeó la barra del buscador, escribiendo dos simples palabras.

Juguetes sexuales.


¡Espero les haya gustado! Título del epílogo sacado de la canción Sunny side up de Red Velvet.

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