Descargo de Responsabilidad: Desgraciadamente, los personajes de INUYÂSHA pertenecen a la maravillosa Rumiko-sensei. Sino, por mí parte, Sesshômaru hubiese terminado con Kagome hace mucho, mucho tiempo a la manera más explosiva y original jamás vista y que remito, sin embargo, como triunfal protestante, que tan solo puede ofrecernos el maravilloso mundo del Fan-art o Fan-Fiction.


1.- Introducción:

No podía hacer más que solo sentir su áurea y pesada mirada sobre mí y, tal como en otras ocasiones, el peso de su atención resultaba tan embriagador e impactante que casi debía forzarme a seguir en lo mío, a apuntar hacía lo que estaba haciendo con una fuerza de voluntad casi cuadrada, deteniendo fijo cualquiera de mis dispersos pensamientos. Puede que quizás, en razón de ello (mitad culpa de mí torpeza, mitad llana distracción), él se creyera muy listo a fin de cuentas, muy omnipotente, sapiente, todo poderoso y fuera de ello, sigiloso en sus acciones frente a la sacerdotisa del pueblito, pero la realidad era un tanto distinta: Siempre lo notaba. Aunque no quisiera, siempre sabía que él estaba ahí.

Sesshômaru era un demonio poderoso y poseedor de grandes atributos y parajes, alguien con renombre aún entre los suyos: esa constante estaba tan enteramente clara y cristalina como el agua, de ello pues, no me cabían dudas. Nunca había sido mi intención, después de todo, el subestimarlo o incluso minimizar sus dotes, —nadie con cinco dedos de frente y que temiera por su vida habría de hacerlo— pero había ocasiones, momentos en los cuales de alguna forma él se esforzaba tanto en cubrir cualquier rastro de sí mismo que todo terminaba siendo incluso burdo hacia mi inteligencia y contando con cualquier otro acote descriptivo, obvio.

La energía espiritual natural de las cosas en el ambiente no podían simplemente desvanecerse de la noche a la mañana, después de todo: había algo que la suprimía, algo que la ocultaba y ese algo resultaba ser aquel demonio, así de simple, sin tantas dilataciones.

Para mí, Kagome Higurâshi, antigua sacerdotisa de la perla de los cuatro espíritus, la energía de Sesshômaru siempre se mostraba clara y efervescente por sobre cualquiera de mis sentidos, resplandeciendo a lo largo de cualquier tramo de distancia tal como una fogata o incluso luces de Neón, manifestándose arrebatadoramente —sí buscamos más adjetivos—. Siendo la poderosa sacerdotisa que todos dicen soy —y dejando cualquier deje hipotéticamente narcisista de lado— la aldea se había convertido en mí nuevo hogar tras haberse sellado el pozo luego de la lucha contra Naraku y posteriormente, su partida de éste mundo; por lo que en suposición, todo el asunto resultaba hasta relativamente comprensible si le dábamos suficiente cabeza.

No obstante, una cosa era decirlo ya que aunque así pintara la cosa, no entendía el proceder de aquel demonio. Las acciones de Sesshômaru carecían de cualquier sentido: ¿Por qué dejar a Rin con Inuyâsha, los chicos y conmigo sí experimentaba tanta desconfianza hacia nosotros? ¿Por qué imponerse éste estilo de vida tan taciturno y vigilante siendo él un señor feudal tan aclamado y acaudalado según su protegida y terceros?, ¿Por qué asechar en medio de las sombras y no simplemente tomar cartas en el asunto si algo le inquietaba? ¿Se había vuelto el espiarnos —o a su hermano— alguna clase de pasatiempo enfermizo?

Continuamente, Inuyâsha solía murmurar entre dientes cuando se irritaba que los humanos éramos en cualquier tela de juicio unos insensatos complicados, seres que nos mostrábamos demasiado volubles e impredecibles como para poder tomar verdaderamente en serio nuestras acciones u opiniones momentáneas, y puede que en principio, tuviera sus buenas razones y fundamentos lógicos como para describirnos de esa manera pero, ¿Cómo habría de ser la mente de un ser inmortal? ¿Cómo habría de ser la mente de un individuo en ciernes de dicha condición atemporal? ¿Qué habría de pasar por sus pensamientos? ¿Cuál ha de ser su motivación? Y planteándomelo así, ¿Alguna vez lo sabría? ¿Mis preguntas hallarían un buen cauce y la ansiadas respuestas?

La nulas probabilidades tal vez fueron la razón por la que hacía poco lo dejé, dejé todo el asunto, dejé toda la obsesión y conspiración ridícula y me relajé, soltando esos pensamientos inauditos. Notando como poco a poco, Sesshômaru y su sombra parecieron desaparecer poco después como por arte de magia.

Tal vez, solo fueron unos días pero lo noté. Su presencia se desvaneció como niebla en la noche, dejando tan solo en su lugar a aquel bribón verduzco y malhablado mascullando boberías racistas, quejándose de su amo con Rin (o con quién se le atravesara y tuviera oídos, si a esa vamos) y al mismo tiempo alabándole de una forma morbosa e increíble. Era bastante curioso que la magnitud de su fanatismo por el demonio de cabellera plateada fuese hasta ese extremo, Rin básicamente lo amaba y él no parecía casi ni determinar su presencia dos veces de forma tácita.

Él parecía ser el tipo de hablar más con sus puños y gestos que con sus palabras y al mismo tiempo, perseguir un objetivo tan brumoso como sus intenciones con la pequeña: a decir verdad, ella me preocupaba de sobremanera pero no tenía, al mismo tiempo, que entrometerme con alguien que parecía ser tratada como propiedad de forma voluntaria.

Era casi imposible, un completo caso perdido hacerla caer en cuenta de mis preocupaciones.

¿Y quién era a fin de cuentas para interferir?, la respuesta flotaba en el aire: Nadie. Entonces, sí a Rin le daba alegría tener un amo así de peculiar ¿Quién era para entrometerme? Solo tenía que soltar su sombra, cerrar el capítulo con el demonio.