¡Hola! Luego de recibir varios comentarios de que el shot era extremadamente largo, me tomé la libertad de hacer una versión long-fic para que lo disfruten de mejor manera. :D También quiero decirles que este primer capítulo no es obligatorio leerlo (pues son mis personajes propios), pero le da sentido al último capítulo. Sin más, los dejo y nos leemos la próxima. ;3
Capítulo 1: Un cuento para dormir
Hola a todos, la verdad, no creía volverlos a ver. Sin embargo, se ha presentado la ocasión perfecta para volver a presentarme ante ustedes. Sí, soy un ser benévolo y tengo un nombre: soy Rike. Mi esposa y yo hemos tenido un hijo y es nuestro deber criarlo como es debido; una linda y hermosa manera de hacerlo es por medio de cuentos, historias llenas de amor, creatividad y, lo más importante, enseñanza. Así que, por favor, acompáñenme a esta linda historia donde el odio no lleva a ningún lado y que el único camino que es real para sentirse bien con nosotros mismos es el perdón.
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Rike, un joven de aparentemente 18 años, iba caminando hacia el cuarto de su hijo, Rabel. Aunque en el camino se topó con una linda mujer castaña, cuya cabellera le llegaba por debajo de la espalda. Ambos se sonrieron y se dieron un beso, se tomaron de las manos.
—¿Qué vas a contarle hoy? —cuestionó con una dulce voz.
—Sabes que estamos adiestrados bajo la palabra, así que quiero enseñarle la importancia del perdón. Porque se nos fue enseñado que debemos perdonar hasta 70 veces siete, incluso a nuestros enemigos, porque el perdón es tan poderoso que hace desaparecer la ira y el odio del corazón.
—Pero, perdonar no es fácil. ¿Crees que él aprenda a perdonar a todos?
—Cielo, nadie merece el perdón, pero, justo por eso mismo, es grato y reconfortante el darlo; das aquello que no todos son capaces de dar por la influencia que el mundo tiene sobre ellos.
—¿Sabías que tu modo de hablar es hermoso? —comentó mientras se recargaba en su hombro.
—Pocas veces me lo han dicho —sonrió con alegría. Maby y Rike fueron entonces al cuarto de su hijo; sin embargo, unos murmuros les hicieron detenerse. Rike tomó la delantera y abrió la puerta con lentitud. Se asomó con cautela, procurando no interrumpir lo que ocurría.
—¡¿Y al final que pasó, tío?! —preguntó el niño de 5 años acerca del relato que su pariente, un ente oscuro de ojos rojizos cuyo ceño era fruncido, le contaba con gran detalle y una pizca de emoción.
—Todo concluyó en que no pudieron conseguir el equilibrio existencial que necesitaba su Universo, llevándolo inevitablemente a su autodestrucción: terminando con sus vidas, todo porque fueron cegados por su propia ambición —cerró su relato con una grata sonrisa en su rostro, el cual no mostraba más que despecho y burla.
—¡No es cierto! —con una expresión de asombro e incredulidad, el chico terminó cruzándose de brazos. Luego bufó—. No me gustó ese final —repuso con una cierta molestia.
—No todos los finales son siempre felices, aunque eso me lleva a pensar que tu padre aún no tiene la valentía para decirte aquella verdad —miró con firmeza a la rendija de luz que se asomaba a través de la puerta, observando el ojo intruso de su hermano gemelo. Se levantó y se dirigió a la puerta y la abrió por completo, mostrando siempre esa sonrisa tan característica de él; siempre se mostraba seguro de sí mismo y una gran soberbia envuelta en un ego inmedible no hacían más que molestar y hacer de sus gestos una burla constante ante la inferioridad de todos los que le rodeaban.
—¿Qué haces aquí, hermano? —cuestionó Rike, quien nunca se sintió intimidado por aquel ser tan despreciable e imponente; siempre trataba de verse grande y hacer menos a los que se posaban frente suya, pero eso nunca funcionó con su hermano gemelo, quizá porque ambos tenían capacidades similares. Por otro lado, Maby mostraba una mirada llena de fiereza, aunque en el fondo siempre se sentía algo aterrada, temiendo que fuera hacerle algo a su familia.
—¿No puedo visitar a mi sobrino? —comentó con una sonrisa irónica—. Creí que éramos familia —se acercó al niño y lo cargó.
—Sí, papi. Somos familia —lo abrazó con gran intensidad, el niño no tenía miedo de su familiar. Rike miró a Maby y esta sólo negó con la cabeza. Posteriormente, el joven entró al cuarto y encaró al ser.
—No puedes venir a mi casa sin avisar, sabes cómo es Maby al respecto. Le aterra que le hagas algo a nuestro hijo, tiene miedo de que lo mal influencies.
—Por favor, no seas ridículo. Desde que nació tu hijo he cambiado bastante, tú sabes que ya no soy el mismo de antes, lo sabes muy bien —extendió su brazo hacia su hermano, este, como siempre, cedió ante la amabilidad y se acercó a él, dándole un cálido abrazo.
—De acuerdo, hermano. Te creo —lo miró a los ojos, a pesar de todo, en el fondo de su naturaleza incambiable, seguía siendo el mismo—, entonces, ¿quieres contarle un cuento a mi hijo?
—No, quiero que juntos le contemos un cuento a tu hijo, pero no cualquier cuento. ¿Quieres que aprenda la realidad? ¿Quieres que tu hijo discierna las cosas que son verdaderas? Entonces no juegues con él y se franco en todas tus acciones y palabras. Está bien que le enseñes a ser bueno y que nunca se atreva a realizar una de las acciones que yo he cometido a lo largo de mi existencia, pero también debes mostrarle que no todo siempre es color de rosa y que habrá cosas que no podrá manejar, ni siquiera las podrá tocar por mucho que quisiera.
—¿Eso qué significa, papá? —el chico, curioso, miró a su padre a los ojos. De verdad que era tierno cuando se lo proponía.
—Significa que no importa que tantos dones podamos poseer —pausó por un momento. Miró a su hijo con un poco de aflicción y una clara angustia—, nosotros no tenemos la capacidad de ayudar a todo el Multiverso.
—¿Y por qué no? —el ente oscuro contestó.
—Porque debes saber, sobrino mío, que hay Universos que no nos corresponden y, por ende, no importa cuánto queramos, no podremos intervenir.
—Pero, ¿no se supone que por eso eres el Guardián del Multiverso? ¿Acaso no era yo tu heredero? ¿No era yo el más capaz de todos nosotros, justo para alcanzar sitios que ustedes no eran capaces? —cuestionó con una clara muestra de aflicción, además de tristeza. Rike miró a su hijo con una gran angustia, los ojos de su niño brillaban con intensidad, denotaban unas inmensas ganas de exprimir lágrimas. Maby sabía cómo se sentía su marido, así que se acercó a él y lo abrazó, mientras el Destructor se sentaba junto a su sobrino.
—Es hora de que sepas la verdad, sobrino mío. No hacemos más que crear Universos Alternativos, creyendo que salvamos Universos Originales provenientes del verdadero Universo Original; no podemos, es triste, lo sé, sobre todo para ti que se supone que salvaguardas a los indefensos, que curas a los heridos, que guías a los perdidos, que ayudas a los esclavos; es complicado para ti averiguar que no importa cuán grande seas… siempre estaremos limitados a lo que nos rodea.
Rabel trataba todavía de comprender las palabras de su tío, eran un choque directo a su visión. Sentía que su propósito carecía de todo sentido, sentía que su existencia era mediocre, sentía que no valía para nada.
—Si ese es el caso —emitió un leve suspiro—…, entonces, ¿para qué existo?
El Destructor sonrió ampliamente.
—Tal vez no seamos reales y, tal vez, no importa lo que hagamos, pero sí te puedo decir una cosa. Aquellos que nos observan, aquellos que nos leen, aquellos a quienes llegamos, somos una influencia para ellos. Al igual que cualquier dibujo, al igual que cualquier poema, al igual que cualquier representación artística…, todo representa al ser que lo emite; su contenido, su esencia, su creatividad, todo eso representa al artista, al escritor, al cantante, al pianista, al pintor, entre muchos otros. Sí, seremos inexistentes, pero eso no significa que no tengamos vida, porque siempre que alguien nos vea, que alguien nos lea…, entonces seremos reales.
Rike, al escuchar tales palabras de su gemelo, sonrió.
—Sí que has cambiado.
—Te lo dije…
Rabel lloró un poco, se sentía insuficiente, pero tras oír a su tío, sintió que su existencia sí valía la pena después de todo. Si él podía ser una chispa de esperanza para el mundo, si él podía enseñarle al mundo que puede mejorar, que pueden ser más que ellos mismos, que pueden prestar al mundo grandes obras que representen lo mejor de sí mismos sin contaminar la moral, entonces estaría satisfecho; estaría satisfecho que aquellos a quienes llegó a influenciar, harían de la humanidad algo mejor, día tras día, año tras año…
—Papá, tío, ¿podrían relatarme un cuento?
Ambos se miraron entre sí y asintieron.
—Claro que sí.
El Destructor quedó pensativo, recordando algo.
—¿Y si le contamos de ese Universo?
Rike al principio no le captó, pero tras recordar algunos acontecimientos pasados, reaccionó.
—¿Estás seguro? ¿No sería mucho para él?
—Querías enseñarle sobre el perdón, ¿no es cierto? ¿Qué mejor ejemplo que ese?
—Pero dejaste secuelas y casi se extingue por tu culpa.
—Aun así, está vivo, ¿no?
—Bueno…, es cierto.
—Entonces, venga, no temas en contárselo.
—Sí, padre, ¡cuéntame!
—Está bien…, te contaremos…
Rike acobijó a su hijo antes de comenzar su relato.
