Capítulo 2: El problema
Hace algunos años, mi hermano, o eso creía yo, invadió un Universo en particular. En esos tiempos, el odio abundaba en sus hijos y querían desatarlo sobre un Universo, el cual era tranquilo y no sufría de muchas imperfecciones; sin embargo, lo alteraron tanto que casi se destruye a sí mismo a causa de la grave alteración de su propósito. Era un Universo Alternativo, muy cercano al Universo Original de The Loud House.
El Sol apenas salía, iniciando un nuevo día. Los árboles se meneaban con la brisa de la mañana y los gallos se preparaban para dar su canto de buenos días. Algunos caninos salían a buscar su desayuno por las calles, algunos atletas madrugaban para iniciar su entrenamiento. Uno de aquellos atletas era mujer, y salía temprano de su casa porque, últimamente, se había presentado una esencia muy pesada dentro de su casa. Específicamente, dos integrantes de su familia cargaban con una repulsión y un odio mutuo bastante pesado, era asfixiante la presencia de cada uno y mucho más cuando estaban los dos juntos. Eso la frustraba un poco, porque ella conocía a esas dos personas, las había tratado a lo largo de toda su vida, no eran así; no debían ser así. Ella aún recordaba cuando eran felices, cuando denotaban una inmensa alegría al mundo; daban esa luz de esperanza que parecía inexistente en el resto de las personas. Eran importantes para ella, aunque a veces tuvieran sus defectos, eso no quitaba que eran muy especiales, siempre ayudaban sin pensarlo, siempre abrían su corazón, siempre regalaban sonrisas y siempre que necesitabas ayuda…, ellos nunca te la negaban; quizá a veces ni sabían lo que hacían porque solían ser algo exigentes con la ayuda, pero sin importar nada, siempre estaban ahí. Era algo magnífico e inclusive, cuando trabajaban juntos, todo resultaba muchísimo más grandioso y grato…, pero…, el tiempo hizo que todo fuese cambiando lentamente; extraños sucesos hicieron cambiar a esas dos personas tan excepcionales, extrañaba sus antiguas actitudes, quería hallar una manera de ayudarles, pero ahora eran tan distantes que incluso daba algo de temor acercárseles.
—¿Qué les pasó…? —susurró Lynn con cierta melancolía mientras corría por la avenida Franklin—. ¿Qué pasó con su sonrisa? ¿Qué pasó con su energía? ¿Qué pasó con esa luz tan brillante que ambos irradiaban de sus ojos? —pensó estas preguntas, tratando de hallarles respuestas, pero no concebía nada dentro de sí misma; continuó pensando—. ¿Se hicieron daño? ¿Se lastimaron? Pero…, ¿cómo? Son las personas más compasivas que conozco, siempre terminan perdonando todo…, ¿qué les sucedió? ¿Cómo fue que se cansaron de perdonar? ¿Cuáles fueron las cosas de las que no me percaté? —mientras más preguntas se hacía, más rápido iba por la acera.
Sentía una clara frustración, sentía como un hoyo crecía incesantemente dentro de su familia; probablemente a alguien como a ella no le importaría demasiado, era una atleta que se satisfacía a sí misma con trofeos y campeonatos, además de primeros lugares (a pesar de que a veces no siempre era así). Sin embargo, algo era diferente: ya no sentía el mismo apoyo que antes, y eso, eso hacía que su rendimiento bajase un poco. Desde entonces se enfocó más en averiguar que era aquello que le faltaba, y era esa persona con la que contaba para hacerla crecer y mejorar. Era cierto, y aquella fue la razón por la cual se había preocupado. De esta manera, Lynn Loud jr., poco a poco fue dándose cuenta del ambiente que se presentaba en su hogar. Incluso fue a hablar con aquella persona y ni siquiera se inmutó en contestarle, también le gritó porque ella pensaba que no merecía ser ignorada, pero luego de algunos insultos muy dolorosos, le dejó en paz. Sin duda, quedó dolida, pero se le hizo muy raro; no era común que fuese así.
Mientras continuaba corriendo por la Avenida Franklin, recordó un día en que decidió investigar a esa persona de lejos, se daba cuenta que incluso caminaba más despacio, como si tuviera una energía inmensa cargando sobre sus hombros. Sus pisadas eran fuertes y retumbantes. Su mirada estaba llena de ira contra el mundo, era alguien totalmente diferente y eso era sumamente aterrador; sin embargo, esa no era la peor parte, la situación se ponía mucho más tensa cuando salía la otra persona…, ahí era cuando todo se ponía sombrío y todo se tornaba oscuro. Salió de su habitación y ambos se miraron a los ojos, podías visualizar perfectamente esos ojos llenos de rabia, llenos de resentimiento; comparándolos a cómo eran apenas unos meses, Lynn podía decir perfectamente que no quedó ni el mínimo vestigio de lo que eran antes, apretaban sus puños con mucha fuerza, podría incluso decir que estaban disponibles a pelear sólo porque sí. Eso hizo estremecer a la deportista, dándole un escalofrío que recorrió toda su espalda, entonces una de esas personas giró su cabeza y clavó su mirada contra ella. Sintió pavor por primera vez en su vida, y no era porque sentía que no podría vencerle si le hubiese comenzado a dar de golpes, sino porque, justamente, era la primera vez que se daba cuenta que había perdido a un ser amado, tal vez, para siempre; temía enormemente que, si eso pudo pasarles a los dos más buenos de esta familia, entonces no quería ni saber qué podría pasarle a ella. Cerró la puerta de su habitación rápidamente, ocultándose de lo que antes pensó que podría llamar familia.
—Mierda —musitó mientras sentía esa sensación de miedo posarse en su corazón. Sentía nuevamente esa mirada, viéndola fijamente. Esos ojos eran la esencia misma del odio, sino que del mal encarnado. Nunca llegaría a pensar que podrían llegar a cometer actos crueles, pero bien sabía que el simple hecho de que no llegaran a ayudar a alguien o que fuesen indiferentes ante las situaciones más deprimentes podría significar que, sí, en el fondo eran crueles y viles que ya no les interesaba nada…, ni nadie—…, ¿así seré yo cuando sólo pienso en mí? ¿Habré tenido esas mismas miradas alguna vez en mi vida? ¿Habré sido…, cruel y despiadada? —recuerdos…, recuerdos lejanos comenzaban a llegar. Sin embargo, simplemente decidió ignorar aquellos recuerdos tan horrorosos e innombrables; recuerdos donde podía llamarse a sí misma una villana, sino que un demonio insensato y con hambre de victoria. Por unos momentos, se sintió muy mal consigo misma, pero ya de nada servía…, seguro que en parte ella influyó para que esas personas se volviesen tal cual son ahora y eso…, eso hizo que Lynn se repudiara así misma.
Por la calle, mientras seguía su rutina matutina, un chico le alcanzó. Lynn lo ignoró al principio, estaba tan enfrascada en sí misma acerca de su familia y esas dos personas tan especiales para ella que ni siquiera se inmutó en mirarle. Tenía la mirada gacha, no quería saber nada, bastante tenía con la culpa que ella creía tener consigo misma, sintiéndose culpable de que su familia estuviera colapsando.
—He oído que correr es bueno para el cuerpo —dijo el muchacho de repente. Lynn lo seguía ignorando. Se iría al otro lado de la acera sólo para estar sola, no quería charlar, de verdad que no—, pero también oí que era bueno para refrescar la mente y tratar de olvidar las penas que nos acogen —eso último captó su atención. Lynn por fin volteó a verlo. Era un chico pelinegro, quien mostraba una sonrisa entristecida. Su apariencia era fresca y portaba una playera sin mangas y un short café, junto a sus tenis blancos.
—¿También sufres? —cuestionó en voz baja.
—Podría decirse que sí, sufro mucho. Las cosas han cambiado demasiado en mi casa: mi padre ha cambiado tanto que ya ni siquiera quiero acercármele. Me ha decepcionado grandemente, por suerte, mis hermanos y yo estamos planeando algo.
—Así que tienes hermanos también, ¿huh? —sin darse cuenta, habían comenzado a entablar una conversación.
—Sí. Tengo cuatro hermanos y una hermana; aunque de todos, sólo tres de nosotros estamos en desacuerdo con lo que nuestro padre hizo. Botó nuestro esfuerzo a la basura, deshizo todos los logros que habíamos alcanzado, desechó cada gota de sudor que dimos por él; simplemente dejó todo atrás sin importarle nosotros —comentó con rabia.
—¿Los abandonó? —los ojos de Lynn se mostraron asombrados, pero el muchacho negó con la cabeza, calmando levemente a la deportista.
—Créeme que hubiera preferido eso; mis hermanos y yo estamos conscientes de que podemos cuidarnos solos. Sin embargo, uno de ellos decidió aislarse en uno de los bosques y, por ahora, sólo estoy con mi otro hermano, quien de verdad dudo esté de acuerdo conmigo.
—¿Por qué lo dices?
—Es demasiado inteligente. No sé cómo le hace, pero siempre sabe lo que va a pasar, pero, sobre todo, casi siempre está, incluso, detrás de los detalles más pequeños. Debo admitir que mi hermano es alguien de temer, nunca sabes lo que tendrá escondido entre manos porque oculta muy bien sus secretos. Hoy fue un día más, mi padre sólo me miró con desaprobación; estaba reacio a comprenderme de nuevo, ya no era el de antes, ahora me doblega ante sus nuevas normas, pero no me voy a dejar.
—Creí que era la única que tenía familia que cambiaba repentinamente… —suspiró—…, dos miembros de mi gran familia han demostrado ser muy diferentes a cómo eran antes, igual que tu padre, ellos cambiaron radicalmente. Extraño como eran, de verdad que sí…, la peor parte es que siento que es mi culpa…
El chico le miró con suspicacia y entonces le dijo.
—¿Tu culpa? ¿Por qué sería tu culpa?
—¿Eh? Pues, porque—su nerviosismo se dio a notar—…, te-tengo que irme.
—¡Espera! —antes de que saliera corriendo, el chico tomó su mano. Lynn se sorprendió en gran manera—. No quise decir que me explicaras tu culpa, sólo quería decir que las personas pueden cambiar sin que necesariamente tenga que ver contigo.
—Dices…, ¿dices que los actos atroces que alguna vez pude cometerles en el pasado no influyeron?
—De haber sido así, entonces habrían cambiado desde mucho antes…, ¿no crees?
—Uh… —Lynn quedó pensativa. Era cierto, aquellos actos que había cometido tenían ya un tiempo, el comportamiento de ambos había acontecido ya meses después. No tendrían por qué relacionarse…, ¿o sí? —. N-no lo sé…, no me convence…
—Hey, tranquila —le guiñó el ojo—. Hay algo que yo puedo hacer por ti.
—¿Qué podrías hacer por mí? —soltó su mano con cierta desesperanza.
—Puedo darte…, lo que has perdido.
—¿A mi familia? —preguntó con un poco de extrañeza.
—No…, apoyo —volvió a extender su mano y le regaló una sonrisa. Lynn quedó en duda, apenas y conocía a este chico, aunque, a decir verdad, pocas eran las personas que se interesaban por ella y, ahora que por fin apareció alguien nuevo en su vida y que sin conocerla estaría dispuesto a ayudarle, pensó que no debía desaprovechar aquella oportunidad, oportunidad que en vez de darle lo que necesitaba, le daba al muchacho lo que él necesitaba: olvido.
—¿De verdad me darías apoyo? Pero…, apenas nos conocimos…
—Las mejores amistades comienzan con la casualidad de la vida y el destino, no todos los días encuentras a alguien correr a estas horas, ¿cierto? —la castaña seguía sin creerlo, pero la muestra estaba ahí y lo iba a tomar.
—Tienes razón…, a todo esto, ¿cuál es tu nombre?
—Me llamo…, Hans —y sonrió.
Posteriormente, Lynn jr. y Hans siguieron trotando mientras desenvolvían una nueva conversación amena, en la que la deportista podría dejar ir a esas dos personas, pues ahora contaba con alguien nuevo en su vida…
