Capítulo 4: Recuerdos...
Afuera de aquel cuarto, una mujer salía de entre las habitaciones. La hermana mayor de todos cerró con cuidado la puerta, pues no quería despertar a su hermana. Una brisa fría se desplazó por todo el pasillo, cubriéndola. Frotó sus brazos para darse algo de calor y, posteriormente, se dirigió al baño. En pleno día de descanso despertaría hasta las nueve de la mañana, pero por ciertas razones optó por hacerlo más temprano ese día. Eran las siete y media de la mañana en la casa Loud cuando ella se levantó de su cama.
Ingresó al baño y se vio en el espejo, una parte de ella se sintió mal. La verdad, es que el cambio repentino de sus hermanos hizo que algo en su interior se quebrantara, sobre todo, porque uno de ellos era especial para ella. Suspiró mientras posaba su mano en su frente y negaba con la cabeza.
—¿Por qué? ¿Cómo acumularon tanto odio ustedes dos…, en especial tú? —pensó mientras se miraba en el espejo—. ¿Acaso te fallé como hermana? ¿Te fallé como amiga? ¿Cómo pasó? ¡¿Cómo?! —se inclinó y recargó sus codos en el lavamanos, mientras posaba su cabeza en sus manos—. ¿Cuándo empezó todo…? —apretó sus ojos con fuerza, pero de pronto, un recuerdo llegó a su memoria—. Espera…, tú… —se quedó callada por unos momentos. Su cuerpo se estremeció mientras retrocedía del lavamanos y se veía nuevamente en el espejo. Lori recordaba su infancia, había algo de aquella época que la dejó marcada de por vida, y no porque algo malo le hubiese sucedido a ella, sino más bien, le sucedió a su mejor compañía de ese entonces.
Se aterró al pensar que estaría reviviendo esos tiempos: tenía la misma actitud, el mismo rostro, el mismo caminar, los mismos ojos…, era el mismo monstruo que había estado presenciando estos días…, y todo fue a partir de los eventos especiales del viernes pasado. Nuevamente podía sentir esa sensación que la atormentó varias semanas en su infancia, ella había vuelto a convertirse en esa versión estrafalaria y malévola de sí misma, algo tan impropio de ella que incluso parecía ser alguien más…, como si estuviere poseída. Lori se preocupó demasiado al respecto, sinceramente, no quería tener que volver a sufrir las mismas cosas que acontecieron en su niñez; ella había sido demasiado cruel y distante, ella con quien compartía sus sueños y sus esperanzas en el porvenir, le daba la espalda y la miraba con esa misma rabia y furia que tenía cuando eran apenas niñas. ¿Cómo un alma tan pequeña e inocente podría tener esa percepción tan oscura y desalentadora acerca del mundo?
La rubia miraba horrorizada el espejo, pensaba que el cristal le mostraba a la verdadera culpable; tan sólo intentaba recordar cómo es que ella se había convertido en algo tan siniestro y perturbador, pero simplemente no tenía idea alguna. Tal vez por eso se culpaba, por no prestarle la misma atención que ella le daba; Lori recordaba todas las veces que ambas se apoyaron mutuamente y también recordó las discusiones sin sentido que se llegaban a desarrollar entre ambas, pero que al final todo resultaba como una tontería y simplemente se daban un abrazo, sellando aquella fase tan ridícula sobre sus peleas…, aunque un día ella llegó y discutieron por algo y, esa vez, ella no le perdonó y simplemente procedió a quedarse encerrada en su habitación. Aquella ocasión fue el inicio de los peores meses de su infancia; algunos problemas se le habían venido encima y por más que le pedía ayuda a su hermana esta se negaba y siempre se mostraba distante y molesta, incluso recordó que una vez le cerró la puerta en su cara mientras le advertía que no la volviese a molestar. Jamás supo por qué ella se había vuelto así, y por eso mismo se culpaba.
—¿Por qué no hablaste conmigo? —se cuestionaba con aflicción en el espejo—. ¿Por qué nunca me contaste nada? ¿Por qué nunca me aclaraste lo que en verdad te pasó? —apretó sus puños con fuerza, al igual que sus dientes—. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué, Leni?! ¡¿Por qué?! —de pronto, calló y tapó su boca con ambas manos. Había alzado tanto la voz que temía haberla despertado—. Carajo… —musitó en sus pensamientos. El terror la invadió, un pavor indescriptible se colocó en su ser; honestamente, no quería observarla, no quería ver esos ojos que asesinaban con la mirada, pero lo había arruinado. Ella seguro saldría y para Lori significaba la desgracia.
Se colocó de espaldas contra la puerta mientras esperaba su destino, de hecho, quería evitarlo a toda costa. Sin embargo, escuchó como una puerta fue cerrada con fuerza. El nervio inundó a Lori y sintió como su piel se erizaba con cada pisada que se dirigía a su posición; se estremeció por unos momentos y esperó a que todo terminara. La perilla estaba girando con lentitud, ella vio como la puerta se fue abriendo lentamente y, poco a poco, el cuerpo que se hallaba ahora frente suya se iba revelando. Se quedó paralizada.
—Hazte a un lado —pasó empujándola levemente con su hombro porque estaba justo al paso. Leni se quedó en el lavamanos mientras Lori se quedaba quieta, sin decir ninguna palabra—. ¿Qué esperas? Sal de aquí—ordenó con una voz firme y seca.
—Le-Leni, yo…
—¡Sal del baño, Lori! —y ahí estaba esa mirada…, Lori sintió una fuerte punzada en su alma cuando la vio. Esos ojos que irradiaban ira y odio; era escalofriante y también aterrador.
—Pe-pero, Leni, quie… —Leni entonces se acercó a ella.
—No quiero escucharte, ¿no entiendes? Bastante tengo con tus gritos, ahora déjame usar el baño —la movió con fuerza del marco de la puerta y cerró. Lori se quedó quieta en el lugar. Nunca había sentido tanto miedo de su hermanita…, de ella…, nunca creyó que volvería a suceder.
Unas gotas humedecieron el suelo, ella estaba llorando, no lo podía tolerar una vez más, no de nuevo. ¿Quién tenía la culpa de todo esto? Desearía culpar a Lincoln, pues desde aquel viernes que todo se deshizo; pero, por otro lado, tampoco podía culparlo, Leni también hizo de aquel día el más horrible de todos los tiempos y, algo dentro de ella, se despertó de nuevo. Eso la hizo entrar en un conflicto interno que conllevaba a relacionar todos los eventos que pudieron pasar para que todo se repitiera una vez más.
—Lo siento…, Le-leni…, te fallé…, te fallé… —susurró para que no la oyese, pues sabía cómo se ponía cuando lloraba y ella la veía o escuchaba; tristemente recordó de nuevo todas esas veces tan deprimentes de su infancia que la marcaron por no recibir ayuda de su hermanita…, y si ahora todo retornaba, temía entonces que conflictos aún mayores se presentaran. Tenía miedo de no contar con su ayuda otra vez, pero al menos tenía a más gente…, aunque…, no, sería mejor para ella no pensar así. Bastante tenía con Leni…
Volteó para dirigirse a la cocina, necesitaba lavarse la cara sin que ella la viera. Al dirigirse a las escaleras, vio como una de las puertas de las habitaciones se había cerrado con cautela y velocidad, fue la puerta de Lynn y Lucy. Antes de irse a lavar fue a dicha puerta. Tocó varias veces, pero nadie le abrió.
—¿Lucy? —no recibió ninguna respuesta. Quizá entendería que no querría salir, pero ella tenía más suerte…, ella no dormía con la modista. Quiso insistir un poco más, pero escuchó como la puerta del baño se iba a abrir. Entonces decidió bajar a la cocina, olvidándose por completo de Lucy.
