Capítulo 5: Incomprensión

El repentino azote de la puerta hizo despertar a Luna. Se levantó algo asustada, pues no esperaba un sonido tan espontáneo y fuerte en plena mañana. Casi se lastimaba en la cabeza contra el techo, por fortuna pudo detener su reacción a tiempo. Odiaba despertar tan de pronto y por sorpresa, bastante tenía con las bromas pesadas de Luan que le hacían despertar de la peor manera posible (sobre todo cuando era primero de abril). Sobó su cabeza, sintió una punzada dentro de sí y eso le generó un ligero estrés. Suspiró. Volvió a acostarse, no sabía bien la hora que era, pero era muy temprano; trató de cerrar los ojos y dormir de nuevo, pero unas voces provenientes del pasillo se lo impidieron. Lori y Leni estaban fuera de su cuarto y la última denotaba una voz enojada. Prestó atención a lo que escuchaba y, tras oír el grito de su hermana, un portazo resonó de nuevo. Luna bajó de la litera, primero vio a Luan: estaba aún dormida, aunque se movía demasiado. Parecía que la casa Loud ya se había acostumbrado a los ruidos fuertes.

Entonces…, le dije…, que había comido una paleta payaso…, ja, ja…, ¿entiendes? —habló Luan entre sueños.

Luna rodó los ojos y la dejó en paz. Asomó su oreja en la puerta, para seguir escuchando. La lamentación de la rubia mayor fue perceptible para sus oídos, algo que la dejó bastante entristecida. La rockera no entendía, al igual que la mayoría, el cambio radical de sus hermanos. Posteriormente, se oyó como Lori se alejaba de la puerta y se dirigía a la habitación de al lado. Llamó a Lucy, pero como ella hablaba tan bajito, no sabía con exactitud si le respondió o no; Lori salió presurosa de allí, bajando por las escaleras. La castaña seguía tratando de escuchar algo.

Una vez más…, una vez más…, ya no quiero…, no quiero —desconcertada, Luna se apegó más a la puerta—…, me cansé de ser así…, ¿por qué lo oculté tantos años…? —una larga pausa se presentó. Llena de curiosidad, Luna esperaba a que Leni dijese algo más, pero lo último que sus oídos recibieron fueron las pisadas de la rubia yendo a su propio cuarto nuevamente. Derrotada, se despegó de la puerta. Se dirigió al guardarropa de su hermana, aquel que tiene un espejo. Se sentó en un banquito que había en la habitación y recargó sus brazos en el mueble. Su reflejo la miraba con confusión y un poco de molestia; además de que su corazón se sentía oprimido. Algo ansiosa, comenzó a golpetear con la yema de sus dedos. Movía su pierna sin cesar y sus ojos no paraban de observar su propio reflejo. Se encontraba en un mal estado, ¿y cómo no estarlo? Esos días ocupaba ayuda, justo esos días. Tenía un concierto, pero no pudo obtener la inspiración suficiente para crear música, el ambiente en el hogar resultaba en una gran distracción para ella; no entendía exactamente cómo es que todo había culminado de una manera tan desastrosa. Conocía muy bien a sus hermanos…, conocía las dos partes bastante bien. Trató a Lincoln desde que él nació y también sufrió la fase que Leni tuvo en su infancia, aunque claro, Lori fue la que salió más afectada con ese suceso.

Recordó su niñez, de cuando ella tenía 6 años: Leni pasaba por una etapa bastante sombría en su vida y, al igual que Lori, no tenía ni la más remota idea acerca de la causa que originó la parte más oscura de la chica. Temblaba un poco al recordar esa actitud tan pesada y horrible, incluso Luan llegaba llorar por culpa de ella y la castaña, con la poca valentía que tenía en esa edad, la llegó a confrontar…, pero lo último que recordaba era el puño amenazante de su hermana alzándose por los aires, pero que al final detenía por el milagro de la vida…, por el milagro de que el tierno bebé de esos tiempos aparecía con una muy grata sonrisa en su rostro. Por alguna extraña razón, la presencia de Lincoln calmaba a Leni y hasta la hacía cambiar radicalmente, incluso sospechaba que era gracias a Lincoln que Leni había vuelto a la normalidad…, sí, claro…, "normalidad".

Luna negó con la cabeza, tratando de dejar esos recuerdos sombríos en donde debían estar: el pasado. Por supuesto, olvidar era mucho más sencillo que recordar y afrontar el problema; si nadie tenía la habilidad para transformar a las personas en ese tiempo, ¿qué oportunidad tenían ahora que su única esperanza parecía haber heredado ese horrible actuar de su hermana? Pensándolo todo así, la verdad es que ya todo estaba perdido. Asimilando que Leni se calmó con Lincoln de bebé, podrían intentar lo mismo con Lily. Quizá los infantes inocentes tenían esa magia, ese don que los mayores no llegaban a comprender del todo…, o quizás Lincoln, simplemente, fue algo único y especial, algo irrepetible; algo tuvo él que Leni vio y, por ello, se calmó. Luna pensaba y pensaba en soluciones, pero nada se le ocurría…, ¿quizá hacerla cambiar a la fuerza? Tampoco, dudaba que eso funcionara, al contrario, podría empeorar la situación. Hablar con ellos resultaba inútil, apenas y podías dirigirles la mirada.

¿De plano dejamos de importarles? —comentó al espejo mientras esa duda destructiva se colocaba en su ser. La rockera quedó en silencio, como queriendo escuchar una respuesta proveniente de alguien, pero no recibió nada.

—…, Se debe…, a que son…, de sangre fría…, ¿entiendes? —Luan rio entre sueños nuevamente. Quiso pensar que lo que dijo podía llegar a tener sentido, como una señal enviada desde el mundo onírico, pero era absurdo pensar eso.

Sus hermanos jamás habían sido fríos en toda su vida, sino al contrario, eran seres llenos de calidez y amor; a este punto ya no era necesario repetir el por qué lo eran, sin embargo, en el caso de Luna, ella sentía que algo descuadraba completamente. Carecía de total sentido, no había razones que justificaran sus acciones…, ¿verdad? Nunca les faltó amor, nunca les faltó compañía, nunca les faltó sustento…, entonces, ¿qué pasó?

Lincoln, Leni —pensó—, no es posible. No lo es, es como si hubiesen sido poseídos por demonios o si hubiesen sido hechizados. Tal vez. ¿Qué pasó el viernes exactamente? Accidentes, casualidades, destrozos…, el peor día de sus vidas en el que se suponía que debía ser el mejor. Pero…, les dimos nuestro apoyo, les dimos nuestra mano…, todos lo hicimos, ¿no es cierto? —quedó un rato mirando su reflejo, su pierna seguía en constante movimiento, demostrando la ansiedad que contenía su alma.

Resultó ser…, una tragedia…, oculta en una comedia…, ¿entiendes? —Luan rio entre sueños nuevamente.

Luna la miró con cierta extrañeza. Luan se acomodó en la cama, volteando su cuerpo y dejando caer su cabello en la orilla del colchón. Sintiendo que sus comentarios sonámbulos eran un verdadero chiste desagradable el cual efectuaba su subconsciencia sin percatarse, Luna frunció el ceño y bufó.

Qué tontería —dijo para sí misma. Luego pasó por su mente las palabras de su hermana mayor: "Ya no quiero ser así", "Me cansé de ser así" —, ¿por qué dijo eso? —y entonces, las palabras de Luan cobraron un sentido bastante retorcido.

La castaña negó con la cabeza mientras se levantaba. Quería creer que era una estupidez, ¿qué clase de persona finge ser alguien que no es por años? ¡Años! No era posible, simplemente no. Leni siempre fue amable y considerada con ella, le ayudaba con sus vestuarios para sus conciertos, ¡eran hermosos y de calidad pura! Siempre que le hacía uno, veía esa sonrisa sincera en su rostro…, ¿cómo finges una sonrisa tan honesta como las que ella hacía? ¿Cómo? Eso era totalmente imposible. Luna estaba a punto de volverse loca con la situación, se sentía engañada, estafada…, pero otra parte de ella se negaba rotundamente a aceptarlo. ¡Es que no tenía sentido! ¡Ni ahora ni antes! ¡No cuadraba! No cuadraba…

No —se dijo así misma—… ¡No! —golpeó con fuerza el guardarropa. Luan escuchó el sonido y, finalmente, se despertó. Frotó sus ojos y bostezó, luego miró a Luna con una media sonrisa.

Hola, Luna —se percató de su expresión, denotaba frustración, enojo…, demostraba desesperación e incertidumbre—. ¿Te encuentras bien?

Luna creyó que la pregunta era una broma, así que expulsó una carcajada ligera. La comediante ladeó su cabeza, tratando de comprender el motivo de su risa ante la cuestión más cotidiana que existía.

SÍ —contestó forzando una sonrisa—. Estoy bien, Luan.

Me alegro, Luny. Ahora, si no te importa, veré los chistes que dije mientras dormía —se levantó de la cama y se dirigió hacia donde estaba su cámara, mas Luna tomó su mano, deteniéndola.

Creo que no deberías ver este video…

¿Por qué no? —Luna la miró con dureza, para entonces suspirar y, triste, le contestó de forma convincente.

Créeme, te escuché al dormir y no era un material muy bueno.

¿Estás segura? Usualmente digo buenos chistes al dormir —insistió. Luna desvió su mirada, chasqueó su lengua y la miró de nuevo.

Tus chistes estaban incompletos y…, y…, no lo sé, sin ofender, no me parecieron tan graciosos.

Hummm… —Luan cerró los ojos, pensativa. Los volvió a abrir para emitir un suspiro de pesadez—, vale, te creo. Igual esta semana ha sido algo dura y no quiero pensar los chistes que digo al dormir…, tienes razón, seguro que ni tienen gracia —retiró su cámara y salió de la habitación tomando dirección al baño.

Luna se sintió un poco mal, pero no quería escuchar ninguna de esas frases de nuevo, en especial la última que dijo. Tomó la cámara y, para impedir que Luan le echase un vistazo, aunque fuera de curiosidad, eliminó el video, pero la frase final resonó como una advertencia, dejándola con un sabor de boca muy amargo.

"Resultó ser una tragedia oculta en una comedia"

Luna entonces aventó la cámara hacia la cama, enfadada. Tan sólo quería que sus hermanos volvieran a ser quienes eran y lo haría, pero, ¿cómo? ¿Cómo lo haría? Para ello necesitaba ayuda…, y más información, toda la que pudiera reunir…, y así, tres hermanas Loud estaban dispuestas a velar por el retorno de sus hermanos. Por otro lado, Lynn creía que ese problema ya no le correspondía y ya no le daría la importancia necesaria; algo que quizá pudiera perjudicar los resultados de un rescate exitoso.