Caítulo 6: Desesperación

Lori había llegado a la cocina, encontrándose a Lynn consumiendo su clásico submarino, sonriente; la rubia no permitió que la deportista la viese. Abrió el grifo y se mojó las manos, para entonces remojarse la cara. Entonces suspiró. Lynn no quiso hablar con ella, pero Lori no pudo evitar verla tan calmada y, raramente, alegre. Extrañada de su actitud (sabiendo que ella había visto a Lynn distante y herida esa semana) quiso preguntarle.

¿Y esa sonrisa? —se secó con un trapo que había cerca. Lynn alzó su ceja, mostrando clara confusión ante la pregunta. Tragó el bocado que tenía y contestó.

¿No puedo estar feliz? —comió de nuevo. Lori parpadeó, algo incrédula. Carraspeó su garganta y se dirigió al refrigerador para sacar algo de leche. Tomó el cereal de la alacena y se detuvo con la caja en mano. No tenía sentido…

Pe-pero, ¿cómo? —volteó a verla aún con esa expresión de extrañeza. Lynn se empezó a sentir algo incómoda con la situación. Pasó el bocado nuevamente y su voz se notaba nerviosa.

¿Có-cómo que cómo? Pues…, si-simplemente soy feliz, ¿está bien? ¿No puedo serlo? ¿Eso me dices? —Lynn tomó una posición defensiva bastante agresiva. Lori no supo cómo reaccionar al instante. Dejó todo en silencio—…, ¿quieres decirme que no merezco ser feliz? ¿Qué esto es mi culpa? —su mirada se ensombreció y su tristeza salió de nuevo. Lori, asustada y arrepentida, contestó de inmediato.

¡Por supuesto que no, Lynn! No quise decir eso, lo siento —apretó los dientes contra sus labios.

Lori se sintió tonta por un momento, pero decidió calmarse. Debía mostrarse segura ahora que había un desequilibrio total en la casa, y lo intentaba muy a fondo. Desde hacía unos días que le había pedido tiempo a Bobby para procesar la situación actual…, era inevitable no recordar su niñez y eso hacía que el miedo la invadiera totalmente; pero era una época diferente, ya era más grande y no podía dejarse llevar por los recuerdos de su pasado, debía ser firme esta vez y tomar cartas en el asunto. Con estos pensamientos en mente, inspiró hondo y le habló a Lynn de nuevo, pero antes, se sirvió su cereal y su leche, agarrando también una cuchara; alzó su plato y miró a su hermana con confianza.

Perdóname —inició—, no quise sonar así. Sabes que a toda la familia le ha pesado el cambio de Lincoln y de Leni; sólo te había hecho esa pregunta porque no creí que te sintieras bien luego de lo que pasó con…, ya sabes, Lincoln.

Lynn suspiró y se fue al comedor, Lori la siguió y ambas tomaron asiento. Antes de contestar, siguió comiendo de su submarino; honestamente no tenía ganas de conversar respecto a ese tema, no luego de que su nuevo amigo consiguió calmarla y dejarle en claro algo que ella estaría dispuesta a decirle a Lori.

Sí, lo sé —le restó importancia—. ¿Sabes algo…? Siento que no debería importarnos —sus palabras resultaron crudas y un fuerte golpe para la mayor.

¿Qué? —soltó la cuchara por la sorpresa. Lynn había pronunciado cada una de esas palabras con un frialdad inconcebible, además de una indiferencia bastante notable. Se sentía atrapada en una jaula la cual no hacía más que hacerse pequeña y más pequeña al punto de estrujarla. Sin saber qué otra cosa sentir que no fuera enojo, Lori dejó que su atrevida hermana diera sus respectivos argumentos para tales palabras tan desinteresadas.

Sí…, ¿por qué nos afecta tanto? Digo, sí, son nuestra familia, pero ellos tienen sus propios problemas y nosotros los nuestros, ¿no es así? Seguro están pasando por una fase o qué sé yo…, pero no tiene por qué importarme: ellos decidieron estar así y si no está en ellos el volver en sí, entonces no nos incumbe en lo absoluto…, a menos, claro, que seas dependiente de ellos —y habiendo dicho eso, decidió levantarse de la mesa. Iba a irse, pero Lori estaba muy sentida con cada palabra que había dicho la deportista. Así que se levantó colocando ambas manos sobre la mesa con gran fervor y arrugó el mantel de la mesa con toda la ira que estaba sintiendo en ese momento y entonces miró hacia al frente.

¡¿Acaso no te importan, malagradecida?! —trataba de respirar, pero las circunstancias la tenían harta y saber que no contaba con el apoyo de su hermana terminó por sacarla de quicio.

Lynn quedó estática al escuchar sus palabras. ¿Acaso la había llamado malagradecida? Rio levemente.

¿Malagradecida yo? ¡Por favor! He ayudado mucho a Lincoln también y no se diga de Leni, los idiotas que luego estaban detrás de ella me huían despavoridos… —la miró con intensidad.

Eso no se compara con todo lo que han hecho ellos por todos nosotros. No puedes compararlo, eso es todo, además, ¡estamos hablando de familia, Lynn! ¡Somos Loud y nos apoyamos! ¿Cuándo dejaste de creer eso?

Lo hice el día en que me percaté que no siempre puedes contar con tu familia…, así es la vida Lori, ¿no lo has captado? No siempre tendrás finales felices, ¿qué tal si Leni y Lincoln se quedan como están el resto de sus vidas? ¿Qué tal si después de todos tus esfuerzos no logras nada? —dejó una pausa—…, ¿por qué ayudarías a alguien que te ha abandonado? —dijo esto último pensando en Lincoln, pero Lori, asustada, creyó que se refería a Leni.

¡¿Có-cómo lo sabes?! —aterrada, Lori se sumió en su asiento. Creía que ninguna de sus hermanas recordaba esa época de su niñez, si Lynn tenía en ese entonces 4 años, ¡4 años! ¿Acaso tenía buena memoria? ¿Pero cómo?

¿Saber qué? —cuestionó confundida. Lori se quedó tensa ante la situación, eso significaba que entonces no lo sabía…, más bien, que no lo recordaba. Suspiró aliviada.

Nada, Lynn…, nada… —desvió su mirar.

Dime, Lori, ¿a qué te referías?

Nada, Lynn…, no insistas…, mejor recapacita…, nuestros hermanos nos necesitan, no puedes quedarte sin hacer nada justificándote de una manera tan egoísta —recogió su plato.

No, Lori…, por favor, entiéndeme…, ellos cambiaron, pero no fue nuestra culpa. Ellos se volvieron así por sí mismos porque no pudieron superar la estupidez de un día. Deberán dejarlo pasar con el tiempo, de mí te vas a acordar.

Cállate, Lynn…, no dirías lo mismo si ese viernes hubieras tenido la final de un campeonato, el cual te daría el pase a las ligas mayores…, no digas tus tonterías porque no estás poniéndote en sus zapatos…, como dije, eres egoísta. Así que mejor recapacítalo…, pero…, de ti no me sorprendería que te valiera un bledo —terminó Lori de forma cortante mientras dejaba a Lynn con un sentimiento repleto de confusión y culpabilidad.

Apretó su submarino con fuerza, deformándolo. Oprimió sus ojos y gritó a sus adentros. Maldijo la madurez de Lori y procedió a sentarse en el sillón de la sala, se sobó las sienes.

Maldita sea, Hans…, Lori tiene razón…, ¿por qué demonios soy tan egoísta? —negó con la cabeza. Lynn había tenido una larga conversación con Hans, quien sólo le incitaba a olvidar la situación, que no le correspondía, que ella podía valerse por sí misma, que él podía ayudarla para olvidar todo—…, sí, quizá sí…, quizá…, sólo deba olvidarlo todo… —pero no pudo convencerse a sí misma. Lori había sido muy directa con lo dicho y eso atormentaría a la deportista por unas horas. Por ahora, decidió distraerse, así que tomo el control de la televisión y la prendió; el canal de noticias estaba puesto.

Fuertes terremotos azotan en Japón, en China y toda África… —Lynn cambió el canal, más noticias—. El huracán "Paolo" ha destrozado miles de casas y ha cobrado muchas vidas en Centroamérica —cambió de nuevo, las noticias abundaban—. Se han recabado datos acerca del aumento de la temperatura global, si la humanidad no reacciona a tie… —cambió de canal una vez más—. Una rara enfermedad comenzó a esparcirse por Europa, temen que sea mortal; el gobierno decidió tomar medidas radicales para evitar que se repitiera lo de…

Qué aburrido —Lynn cambió de canal una última vez y por fin pudo visualizar los deportes.