Pt 2: "Posiciones"

P.O.V Sesshômaru:

El sonido de los volátiles pasos del mitad bestia eran más que notables, la Luna alumbraba en lo alto marcando el trayecto que debía seguir para llegar a mí destino cuando su presencia y olor se hizo presente. Como una mancha carmesí en medio de la infinita noche, sé plantó en medio del claro. Ah-un relinchó y exhaló fuego en alerta permanente.

— ¿Has decidido importunar mi noche, hermanito? –No pude evitar decir con burla, el mitad bestia frunció el ceño ante mis palabras. Sus orejas moviéndose inefablemente en razón de cada simple sonido, cada movimiento. Preparado ante cualquier novedad, según él.

— No estoy para tus juegos, bastardo. –Fue su respuesta mientras sacaba su espada lentamente, una sonrisa de burla casi tiró de mis labios. —Vengo a qué me digas que diablos es lo que sucede, que diablos es lo que quieres con Kagome. – Gritó enardecido en medio de la noche. La seriedad se volcó sobre mi como un balde de agua fría, como una pequeña muestra de temperamento y su espada, al contrario y al igual que su dueño, no lo advirtió y se abalanzó contra mi en medio del semi estado de aturdimiento. Un tirar de mí muñeca bastó para sacar la mía y detener su ataque.

Estaba sorprendido, alcé los ojos y vislumbré sus pupilas y por un momento lo ví, decisión. Lo sabía, ¿Cómo es que lo sabía? Un paso hacia atrás y otro hacía adelante, la espada del mestizo cortaba el viento tal como mí Bakusâiga.

— Este Sesshômaru no tiene porque darte explicaciones. – Ataqué, pude ver cómo Inuyâsha retrocedía ante mi, como fruncía el ceño en breve y luego colocaba su otra mano en la espada.

— Estás en problemas ¿No es así? Por eso quieres llevarte a Rin, ella está en peligro. – Agitó su espada y fruncí el ceño, molesto.

¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atrevía a recordarmelo? ¿A echar mis fallas en mí rostro? A entrometerse. Gruñí bestialmente.

— No me digas que ahora te preocupa, es mí problema no tuyo, imbécil. — Señalé y ataqué con mí espada reiteradamente viendo cómo Inuyâsha retrocedía una vez más ante mi.

— Ella me importa, a Kagome también. ¡Si está en peligro la protegeremos!. – Gritó en medio de la noche y yo alcé mí puño y lo extrellé contra su rostro en respuesta.

— ¡Es más de lo que tú insulsa mente puede cavilar, Hanyô estúpido!. No te enfrentas solo a alguna peste cualquiera como Naraku si decides tomar esa posición, te enfrentas a la misma sociedad Yôkai: deberás tomar tu título. – Señalé casi escupiendo. —Y ya has dejado en claro tu decisión. ¡Entonces, no te metas!. – le planteé otro puñetazo y me separé.

Fue casi un momento, pero lo perdí de vista. Estaba tan nublado, tan fúrico que no lo ví venir: su puño se extrelló contra mi rostro y si no lo hubiera evitado su espada me habría cortado el pecho.

— ¿Crees que no lo sé? ¡Entiendo tu maldita sociedad! ¡Por algo estoy aquí! –Gritó y tomó con fuerza su espada mientras éste Sesshômaru permanecía estático. —No has hecho nada por mí bastardo, ¡pero te ayudaré!. Rin me importa y Kagome es casi mi vida, ella me ha enseñado a ser así.

Aturdido como estaba Inuyâsha no titubeó, movió su espada y atacó. Toda la noche blandimos nuestras armas, resonando en cada embestida su providencia, resonando en mí mente confusa el Te ayudaré del mitad bestia.