Pt 3: "La virtud en proteger."
P.O.V Kagome:
¡Oh Kamisama, cuida de nosotros! Danos luz para deleitarnos, para sonreír al ver el sol naciente. Sonaba en mi cabeza la dulce voz de mí madre mientras caminaba al lado de un mal herido Inuyâsha, casi perdiéndome en mis propios pensamientos. Alcé mis ojos y detallé su figura alta.Hace tan solo unos días él se había ido en silencio, al igual que Shippô, sin decirme nada. Por un momento pensé que se habían fugado juntos —ellos solían llevarse como perros y gatos pero a la hora de la verdad, eran capaces de hacer un buen equipo— pero saltó a la vista que no era así.
Entonces, ¿Por qué lo habían hecho? ¿Y a dónde se habían dirigido? No lo supe y tampoco tuve pistas de ello luego de que Miroku se había acercado la mañana de aquel mismo día y evidenciado la falta, diciendo que Inuyâsha tenía 'asuntos propios que resolver' y que Shippô había 'decidido volver a entrenar': lo de Shippô era comprensible, pero¿Desde cuándo Inuyâsha tenía asuntos que resolver que yo desconozca?
Esos pensamientos me asediaron hasta que un par de días transcurrieron y al tercero, Inuyâsha volvió. Lleno de hematomas, algunos huesos rotos y marcas evidentes de garras y quemaduras con veneno en su piel. La respuesta estaba clara, casi resplandecía en el aire con luces de Neón: Inuyâsha había luchado contra Sesshômaru, ¿Por qué?
Casi quise correr hacia Sango e interrogarla pero al mismo tiempo de la desaparición de Inuyâsha ella me había estado evitando y Miroku no hacía más que soltar frases sugerentes y completamente retóricas mientras esquivaba mis interrogantes, por lo que ese mismo día tenía planeado emboscar a mi amiga justo cuando Inuyâsha pidió que saliéramos a caminar, llegando a la actual situación. Quizás él se abriría y sería honesto.
Fue un momento, tan solo un ápice de instante pero la torpeza hizo mella y me tropecé yendo a acabar en los brazos de Inuyâsha. —Te tengo, tonta. –Aún herido me sustuvo, él sonrió y también lo hice. Su rostro me llenó de recuerdos.
— No soy tonta, solo me distraje. –Murmuré mientras me incorporaba tozudamente y él me soltaba burlón. — ¿Estás seguro que estás bien con esta caminata? Es breve y me fío de tu particular consistencia pero esas heridas lucían realmente mal esta mañana. –Señalé.
— Estoy bien Kagome, caí agotado a tu puerta más bien por el cansancio en sí, no por las heridas. –Habló serio mientras en sus ambarinos y brillantes ojos asomaba un matiz pensativo. — ¿Tu cómo estás?
— Tan bien como se puede estarlo, Inuyâsha, aunque preguntándome con una curiosidad casi exigente qué hacías haciendo gala de violencia contra tu hermano. – Pronuncié y por un momento él se quedó frío ante mí acusación implícita. —Oh, no me digas que pensabas que realmente no me iba a dar cuenta y que la sosa excusa que dejaste con Miroku de "resolver asuntos" iba a acallar el tema
— ¡Nunca le dije algo así al monje, Kagome! ¡Sabes que yo no hablo así ni aunque quiera! –Se volvió un manojo de ademanes mientras ponía caras chistosas al tratar de explicarse. — ¿Cómo te diste cuenta que fui a verlo?
— Las garras en tu piel, aunque lo que realmente deshizo cualquier duda fue el olor: el veneno de Sesshômaru tiene un olor bastante conciso incluso para mis sentidos. –Su rostro se relajó y de un salto nos subió a una rama de un sauce. — Aún no has respondido.
— Quería saber sobre lo de Rin y sus intenciones contigo, Kagome. –Volteó su rostro a otro lado. —Su olor siempre está cerca, no lo había notado hasta que Sango lo evidenció. Incluso cuando estuvo lejos su olor permaneció en la naturaleza.
Estaba sorprendida, pensé que él tan solo se había dejado influenciar por la percepción de Sango sobre la situación. —Creía que su atención era solo sobre la mocosa, pero eso también es un poco inquietante. Ella está bien, y aún así, si el no se fiara, no creo que permanecería tanto tiempo rondando, tanto tiempo fuera de sus Tierras.
Su rostro se afiló. — Entonces me di cuenta de que había algo más, estuve tratando de obviarlo, aunque le di rienda suelta al escuchar sin querer lo de Sango.
— Entiendo su preocupación pero no hay porqué tomarse esas molestias, su atención no es de alguna forma ofensiva o atacante… – Inuyâsha me interrumpió.
— Kagome, Sesshômaru es un bastardo calculador, que no te engañe: todo sobre él debe ser tomado con cautela. – Me cerró la boca. — En parte tenía razón, él está en problemas y de alguna u otra manera, le preocupa Rin. Ella está en peligro y sí ella lo está, tu también y nosotros en cuestión.
— ¿Por qué Rin peligra? – Mí boca supo a ácido. —Debemos hacer algo, Inuyâsha. –Me urgió decir.
— Y lo haré, prometí protegerte. Llegué a un acuerdo con él antes de que viniera –Soltó seriamente. — No puedo darte todos los detalles pero están amenazando su gobierno y necesita un frente sólido, necesita alguien poderoso en quien confiar y yo aunque lo quiera o no, tengo su sangre.
—Me había mantenido a un lado porque no me interesa un estilo de vida tan estúpido, la burocracia no es lo mío: tu deberías saber que tengo una gran boca y para ello hay que ser más que reservado, no quiero ser así. – Él suspiró mientras que veía el cielo, su expresión estaba afligida. Casi infinitamente preocupada.
— Pero es el legado de mí padre, y aunque él no se lo merezca, mí padre me dió a colmillo, protegió a mí madre y murió por mí. Se lo debo, y esté donde esté lo haré sentir orgulloso, apoyaré a Sesshômaru para que tenga la estabilidad en su gobierno tanto como pueda. No sé muy bien en qué esté metido pero lo hare. –Dijo al viento antes de girarse y tomar una de mis manos, la sorpresa golpeó en mí rostro. — Haría lo que sea por los chicos y por tí, tu me salvaste y me ayudaste cuando nadie más lo hizo incluso cuando sucedió lo de Kikyô, y aún no pierdo las esperanzas de que pueda hallar a alguien nuevo y hacer mí propia familia. – Susurró con nostalgia y sentí como mis ojos ardían.
— Inuyâsha sabes que te quiero demasiado pero también entiendes las razones de que lo que sucedió entre tu y yo esté en el pasado, no quiero que condenes tu vida por mi o por alguien más, mereces ser feliz. Todo tu lo merece. –Susurré mientras colocaba mis manos en su rostro y lo obligaba a verme. —Mereces ser feliz Inuyâsha, no mereces tomar una decisión que no quieras.
— Tu me haces feliz, Kagome. Y claro que lo entiendo, amaría que las cosas se hubiesen dado de otra forma pero lo de nosotros no se dió. Pero tú también mereces ser feliz y no lo estarás en peligro, no lo estarás con Rin allá afuera en riesgo. Por eso, ven conmigo al Shiro de Sesshômaru, ven conmigo y ayúdame a protegerte de frente y a Rin, sé que Sesshômaru vendrá, te pedirá lo mismo. Que protejas a la niña y seas parte de ese frente pero no voy a dejar que caigas en sus redes egoístas, entiendo sus razones pero no lo harás. Si tú estás conmigo podré protegerte, no me fío de dejarte aquí y esperar a que corras en busca de Rin.
— Inuyâsha… – Susurré con asombro y él me dió una sonrisa triste. Los niños, la aldea..
— Tal vez nunca tendremos una vida normal, Kagome. Me he dado cuenta de ello, tu por tu condición de Sacerdotisa y yo por mi mestizaje, siempre estaremos peleando, luchando, pero quiero que estés a mí lado una vez más, dónde pueda protegerte.
