Capítulo 10: El día "perfecto": Leni
Leni
Leni Loud dormía con tranquilidad. Era temprano todavía, siendo las 7:40 a.m. específicamente. La rubia se movía con cierta intranquilidad, algo interrumpía su reposo y era una voz que no dejaba de recordarle momentos tan sombríos acerca de su pasado.
—…, esa es la verdad, Leni…
—…, siempre fue así y nunca te diste cuenta…
—…, un buen corazón nunca prosperará en un mundo lleno de egoísmo y malicia, serás aplastada, desechada y a nadie le importará todo lo que has hecho…, porque así funciona este mundo…
—Lo único que has ganado…, ha sido el despecho.
—Ni amigos ni familia…
—Nadie…
—Estás condenada…
Leni abrió los ojos con miedo. Esa voz…, esa voz que la marcó de por vida había reaparecido. Sinceramente, en un día tan especial como ese, temía que sucediera. Su pulso era acelerado y el sudor se presentó en su cuerpo. Negó con la cabeza y suspiró, para entonces posar ambas manos en su rostro y soltar un bufido de desesperación. Se sentó en la cama, colocando sus pies sobre el piso; miró a Lori por unos momentos, continuaba dormida.
—Luego de tantos años…, y sigues atormentándome —pensó abrazándose a sí misma. Agachó la mirada con cierta melancolía—. ¿Cómo es que tuviste razón? —cerró sus ojos y los apretó—. ¿Cómo es que pudiste haber tenido tanta razón? —una lágrima emergió de ella y recorría su mejilla con lentitud—. Yo…, de verdad lo intento. Sigo siendo fiel, sigo siendo leal…, por él…, porque sentía que no merecía una mala compañía…, nadie la merecía…, pero… —más lágrimas salían de pronto—, ¡no lo soporto más! Han pasado años, ¡años! Pero…, lo ha valido… —se calmó, relajando su cuerpo—, lo ha valido…, de verdad que lo ha valido —una pequeña sonrisa se asomó en ella, recuperando su brillo. Suspiró—. Recuerda por qué haces esto, recuérdalo. No te dejes atormentar, hoy sería un día maravilloso. Hoy todo saldrá perfecto…, nuestras vidas cambiarán y entonces todo mi empeño habrá valido la pena —abrió sus ojos y miró a Lori nuevamente—. Lo siento, hermana. Te prometo que a partir de hoy todo volverá a ser como antes…, igual que en la época de nuestra infancia… todo… será igual a cómo era antes de… aquello —se levantó de la cama y se acercó a Lori. Sonrió aún más y acarició su cabellera. Finalmente, optó por dejarla en paz y retirarse del cuarto.
En el pasillo, se recargó un momento sobre su puerta. Pensaba en su vida y en cómo ese día tan relevante todo pudiere cambiar finalmente. Un alivio indescriptible hacía presencia en el alma de la rubia, haciéndola sonreír internamente mientras cerraba sus ojos e imaginaba su futuro; un futuro donde descubriría que, a pesar de la adversidad y las dificultades, ser como era no era tan malo, sino lo contrario, solamente un don que no cualquiera podía poseer. Admitía que en ocasiones su pasado se revelaba, llevándola a cometer actos degradantes que llegaban a afectar a su familia, pero no lo podía evitar…, sobre todo tenía bien presente la vez que no quería que Lori se fuera a la universidad. Aquello hizo que su sonrisa decayera una vez más. Abrió los ojos y denotó un semblante bastante entristecido. La modista necesitaba despejar un momento todos sus pensamientos, así que fue al baño y lo primero que hizo fue echarse un poco de agua en el rostro. Entonces se miró en el espejo y una leve frustración se presentó en su cuerpo, frunció el ceño con cierta molestia.
—¿Cómo pudiste? —se señaló a ella misma a través del espejo—. Sacas lo peor de mí en los peores momentos. Lo más triste de todo es que yo la abandoné primero y luego me quejé de que ella me quería abandonar, ¿qué clase de hipocresía es esa? —se miraba a sí misma con cierta indignación—. Lo único que quiero es que todos sean felices, quiero ayudar a que todos sean felices…, pero… —una voz de un recuerdo lejano llegó a su memoria.
"Leni, buscas la felicidad de los demás creyendo que te hará feliz…, vas a provocar que termines sintiendo que algo te faltará y ante el mínimo cambio que te afecte…, verás que la felicidad de los demás no era en verdad tu felicidad"
—¿Cómo siendo un niño de 7 años eras tan sabio y, a la vez…, tan frío y cortante? —con una cara incrédula, Leni no podía evitar recordar a ese chico que marcó un antes y un después en su vida; el chico no hizo nada malo, sólo le dijo lo que pensaba y, posteriormente, desapareció de su vida. Era un amigo muy cercano a ella, pero ese día todo cambió; aún recordaba todas esas frases que le decía, frases sabias que no parecían de un niño, sino de alguien que ya sabía sobre la vida—. Joel, ¿cómo sabías tanto? Incluso sabías que mi forma de ser no me llevaría a ningún lado…, y con el paso de los años, cada cosa que decías, tomaba sentido —suspiró—, pero no más, Joel. Voy a demostrarte que te equivocas, voy a demostrarte que a pesar del inmenso odio que llegué a sentir por tu culpa, puedo recuperarme, así que —abrió el grifo del agua y nuevamente se enjuagó el rostro. Entonces se miró al espejo con determinación—…, vamos…, otro día más…, sólo hazlo por él, te lo prometiste a ti misma —y firme en su convicción, abrió la puerta, encontrándose con Lincoln, haciendo que su corazón diera un vuelco momentáneo. Sin embargo, para no levantar ninguna sospecha, optó por saludarlo normalmente, sólo esperaba que no estuviera escuchando todo lo que había dicho en el baño, para su suerte, quien saludó primero fue él.
Acontecido aquel encuentro, Leni trató de calmarse. Inhaló hondo y exhaló. Para evitar otro malentendido, optó por esperar unos minutos para ver si alguien salía, pero nadie lo hacía. Un poco más aliviada, bajó por las escaleras, yendo a la sala.
—Oh, Dios mío —pegó su mano en la frente y negó con la cabeza—, qué tonta soy…, ¿me habrá escuchado todo el rato? De por sí ya es incómodo saber que la privacidad en esta casa es casi nula —suspiró.
Decidió sentarse un momento en la sala y observar la ventana. Recargó su brazo en el extremo derecho del sillón y fijó su vista en el cielo azulado, donde algunas palomas hacían un viaje hacia otra ciudad. La rubia mantenía su atención en ellos.
—Que increíble sería volar —comentó para sí misma, sonriendo—. Sentir el aire en tu cuerpo, sentir que estás en la cima del mundo, saber que nadie te juzgará ni te dirá nada; sentir que eres libre, con los brazos extendidos, mientras recorres los confines del Mundo —apartó su brazo del sillón y se inclinó un poco más al frente para observar a aquellos seres con mayor detenimiento—. Ser tú misma en un lugar donde nadie va a poder alcanzarte y el único obstáculo eres tú —cerró los ojos e imaginaba que ella volaba por los aires, como una de esas palomas que surcaban los cielos con tranquilidad y armonía—. Qué bello sería… —y recargando su mentón en sus manos, se perdió en su imaginación.
Leni siempre trataba de distraerse con lo que pudiere, aunque fuese algo tan insignificante. Lo único que ella quería era soltarse de los recuerdos abrumadores que la acechaban desde pequeña, sentía una fuerte presión contra sí misma, algo que la entristecía en las noches; sin embargo, a pesar de la adversidad, trataba de mantenerse optimista y alegre. La rubia había pensado que tal vez recibiría su recompensa algún día y que el destino sería grato con ella después de tanto empeño, tenía pensado que ese día fuese hoy: el cambio que necesitaba en su vida para volver a convertirse en aquella niña que perdió todas sus esperanzas cuando el mundo se reveló como en verdad era. El hecho principal era que su ingenuidad era inmensa, porque seguía enfrascada en que los actos bondadosos traerían recompensas bondadosas, seguía fiel a aquella creencia, sentía que aquello era su esencia, su persona; no decayó e instruyó a otro a que siguiera sus pasos, otra persona por la cual también decidió mantenerse firme y fiel a sí misma. Leni Loud era un revoltijo de ideas, pero estaba firme en sus convicciones y creencias, además de que nada impediría que consiguiera su más grande sueño; aunque tal vez su mente tan distraída le pueda hacer una mala jugada.
La modista abrió los ojos y sonrió, sin duda sabía que podía perderse todo el día en su interior, pero no podía perder más el tiempo: debía seguir moviéndose para estar lista en su día. Se dirigió a la cocina, iba a prepararse un smoothie rápidamente para tener algo en el estómago. Agarró unos cuantos ingredientes y los introdujo en la licuadora, mientras esperaba se puso a platicar consigo misma.
—Hoy será un día increíble, Lincoln irá a su convención y ganará, estoy seguro de que lo hará —movió sus manos con emoción—. Yo también iré al concurso organizado por la empresa y obtendré el empleo, estoy segura de que sí. Nada va a impedírmelo, nadie va a quitármelo —cuando terminó de decir aquello, incrementó la velocidad de la licuadora—. Voy a ser como aquellas palomas —sonrió ampliamente y, al fin, detuvo el aparato. Tomó un vaso y se sirvió. Se recargó y miró a un lado de ella, se sintió observada de repente—. ¿Qué es eso? —entrecerró los ojos y visualizó una lente: se trataba de una cámara—…, Hummm…, como que ya no hay privacidad aquí —ignoró la cámara por unos momentos y, tras tomarse su smoothie, lo empezó a lavar—. En fin, hoy habrá un gran cambio.
Mientras Leni lavaba el vaso y la licuadora de paso, imaginaba la noche tan tranquila que tendría. No tenía miedo, estaba segura de que ganaría, estaba decidida a salir victoriosa; pero un recuerdo resonó en sus memorias, un recuerdo sombrío que la dejó helada de momento.
"¿Entonces te irás?"
"Sí..., sólo he desperdigado mi tiempo"
"¿Y por qué estabas conmigo, entonces?"
"Porque me diste lástima"
"¿Cómo? No lo entiendo"
"Leni…, no espero que lo entiendas. Eres tan ingenua que no me sorprendería que incluso ante una circunstancia que te beneficiaría de por vida lo terminaras saboteando tú misma […]"
—… —Leni dejó los trastos a un lado por unos momentos. Apretó los puños con ligereza y frunció el ceño mientras cerraba sus ojos con intensidad—… te odio… —soltó entre dientes, mientras intentaba calmarse. Llegó a frustrarse en su totalidad, sintiendo que el pasado se le venía encima. Se recargó en el lavaplatos y suspiró derrotada, luego pensó—, no entiendo por qué…, no lo entiendo… —miró hacia el costado nuevamente, viendo la cámara escondida. Algo molesta, se acercó a ella y trató de desactivarla, aunque fuera intentó descomponerla o algo, no toleraba que la vieran en ese estado.
Luego de haber hecho aquello, negó con la cabeza y se soltó consigo misma, trataba de calmarse y de animarse; inspiró hondo y habló desahogándose, hasta que Lincoln la interrumpió, dándole un susto en el proceso.
Después de despedirse de él y recibir un susto por parte de Luan, ingresó a su cuarto. Estaba algo molesta con la comediante por sus bromas de mal gusto; ignoró lo que hizo para que su ánimo no decayese, y procedió a abrir su armario, en el cual tenía dos hermosos vestidos de color rosa y azul, perfectos para sus hermanas quienes serían sus modelos. No tenía miedo de presentarlo ante el público, estaba muy segura de que aquellos vestidos serían idóneos para una diseñadora que se dedicaba a la ropa fina y de altos estándares. Sus vestidos contaban con un diseño único, teniendo ligeros decorados en la parte inferior, pensados para que quien lo usase sintiese que flotaba, tal cual ella imaginaba; igualmente, había escogido una tela suave para los mismos, algo que los volvía frágiles, pero atrayentes para la vista. Sonrió ante sus magníficas creaciones y justo cuando las seguía contemplando, Lori despertó.
Estirándose y despabilándose un momento, la rubia mayor volteó a verla.
—Buenos días, Lori —sonrió. Leni la miró correspondiendo su sonrisa, así mismo se acercó a ella y le dio un abrazo lleno de emoción, acción que tomó desprevenida a la mayor—. Hoy será un día genial, ¿no lo crees?
—Sí, ya lo creo —correspondió su abrazo y se soltaron—. ¿Estás preparándote para el concurso?
—No, sólo veía mis vestidos, por cierto, ya que has despertado, ¿podrías decirle a Lana y a Lola que vengan? —se apartó de ella para sacar los vestidos del armario y extenderlos en su cama.
—¿Por qué no vas tú? —comentó algo adormilada.
—Porque quiero realizar unos últimos detalles antes de que vengan, sé que no irás inmediatamente con ellas —de entre sus cosas sacó un alfiler e hilo.
—Vale…, pero creí que tus vestidos ya estaban listos —mencionó con cierta duda.
—Sí, ya lo están, pero nunca dije que eso sería para los vestidos que hice para el concurso.
—¿Entonces de qué hablas? —cuestionó curiosa.
—De…, una sorpresa —sonrió—, es una sorpresa secreta, así que no le digas a nadie, ¿vale? —abrió un cajón de la cajonera de enfrente. Lori trató de mirar, pero ella lo ocultó entre sus brazos—. No quiero que se entere —sonrió. Lori se limitó a sonreír y la dejó en paz, saliendo de la habitación para dirigirse al baño, primeramente.
Estando sola, Leni colocó seguro a la puerta y se sentó en el sillón azul que estaba en la esquina de su recámara. Sacó lo que traía oculto, siendo un fragmento de tela el cual le había bordado unas hermosas palabras, ella estaba muy contenta con lo que había hecho y lo último que haría sería ponerle las iniciales de la persona a quien se la daría: en la esquina puso dos letras L.
—Para que sepas lo mucho que me importas —sonriente, guardó su regalo nuevamente en la cajonera, aunque no alcanzó a guardar su alfiler: Lola y Lana tocaron la puerta.
—Leni, ya estamos aquí —habló Lola. Leni se acercó a la puerta, abriéndoles—. Bien, espero que ese vestido sea digno de mí —comentó con cierta vanidad—, aunque me gustaría darme un baño primero, ¿podría?
—Por supuesto, mientras empiezo con Lana —la princesa se retiró de allí.
—Vaya, Leni, ¿esos son los vestidos? —se acercó a los mencionados, viéndolos con asombro—. Vaya, ¿estás segura de que quieres que yo sea tu modelo? ¿No te basta con Lola? Siento que esto es demasiado para mí —se sobó el brazo con cierta pena.
—Lana, pero si tú eres una niña muy linda, sólo que no te has dado el tiempo de arreglarte —confesó con una sonrisa mientras se acercaba a ella—. ¿Por qué no te lo pruebas y ves cómo te queda? Lo hice especialmente para ti porque se verá bastante llamativo cuando lo muestres al público.
—Bu-bueno, lo intentaré —Lana estaba nerviosa, sabía lo que implicaba ser quien mostraba la ropa. Esperaba al menos que no hubiese tanta gente en el concurso, lo haría por su hermana.
Lana se cambió y se colocó el vestido. Leni miraba aquello con mucha emoción y cuando finalizaron, Lana quedó maravillada, recordó la vez en que había suplantado a Lola en aquel otro concurso. Lori entró interrumpiendo el momento, haciendo que Lana se quedara algo apenada mientras que su hermana mayor la veía con alegría.
—Wow, ¡Lana! Sí que te queda bien el vestido, solamente… —Lori se acercó y le quitó el sombrero. Igualmente estaba algo sucia del cabello—, bueno, un baño no te sentaría mal; no puedes irte así —Lana rio nerviosa.
—Lo siento, es que ayer me la pasé jugando con Brincos.
—No pasa nada, tranquila. Lo importante es que el vestido te queda perfecto, ahora sólo falta probar con Lola.
—¿Alguien me habló? —Lola entró al cuarto ya limpia. La niña se quedó estupefacta al ver a su hermana—. ¡Santo cielo, Lana! Te ves… —quedó sin palabras, aunque su orgullo hizo que recuperara su postura—, bueno, te ves muy bonita, pero yo soy más hermosa, claramente —hizo un ademán con su mano mientras ingresaba a la habitación con ímpetu.
De esta manera, Leni probaba nuevamente (porque ya lo había hecho antes) que los vestidos fueran perfectos y eliminar cualquier detalle que pudiera afectarle, pero ya estaba todo hecho; los vestidos eran idóneos para presentarse, no tenía duda alguna de ello. Mientras todo esto acontecía, los halagos y alientos de ánimo estaban muy presentes, ahora sólo faltaba un pequeño detalle.
—¡Perfecto! —Leni juntó sus dos manos con alegría—. Ahora debemos guardar estos vestidos en un lugar seguro, Lola, ¿aún tendrás la caja que me mencionaste en tu habitación? —Leni centró su atención en la pequeña.
—Por supuesto, está debajo de mi cama.
—¿Quieres que vaya por ella, Leni? —cuestionó la otra gemela.
—No, Lana, yo voy —se ofreció ella misma.
Caminó por el pasillo y vio como algo cayó a un lado suyo, espantándola. Abrió sus manos, soltando el alfiler que traía desde hacía rato, no se había percatado de que lo llevaba cargando desde que sus hermanas llegaron al cuarto. Volteó a ver lo que había sido y se trataba del muñeco de Luan. Aparentemente se había caído de una mesita que se encontraba en el pasillo y ahora la miraba con una tonalidad burlesca. Leni negó con la cabeza, ignorándolo por completo y sin prestarle la más mínima atención. Llegó al cuarto de las gemelas y se puso a buscar la caja.
—¿Dónde está? —preguntó después de haberse agachado debajo de la cama y toparse con la sorpresa de que no había ningún objeto allí—. Seguro se equivocó y colocó la caja en otra parte —Leni continuó buscando en el resto de la habitación—. No puede ser que la caja no esté ningún lado —siguió su búsqueda, pero no halló nada. Algo frustrada, salió de la habitación, topándose con Luan en el camino. La comediante pudo observar la aflicción de su hermana.
—Hey, Leni, ¿todo bien? —le sonrió.
—No, Luan. No encuentro la caja que Lola tenía para llevarnos los vestidos del concurso.
—¿Y qué no tienes cajas tú?
—Sí, pero, verás, están todas ocupadas y reacomodar el contenido me llevaría un rato. Lola me había dicho desde antier que ella tenía una caja donde ella solía guardar sus cosas importantes, pero la había dejado de usar; no sé si me habrá tomado el pelo o alguien haya tomado su caja sin querer.
—Oh, entiendo —Luan quedó pensativa, para entonces reaccionar—, mira, yo tengo una caja que me regalaron cuando compré a mi nuevo compañero —guiñó el ojo alzando al muñeco que estaba postrado en el suelo—, a veces me resulta extraño este muñeco porque juraría que lo dejo en un sitio y a veces aparece en otro, pero eso no quita que sea escalofriante como el de la película. Me gusta mucho el diseño y su precio fue bastante accesible, diez dólares, ¿tú crees? —rio—, pero, en fin, me dieron una caja con el muñeco. A mi parecer es muy segura y puedes guardar allí tus vestidos si así lo deseas —Leni pensó la oferta de su hermana. De la misma manera, pensó que podría ser una compensación de todas las malas pasadas que le hizo sufrir en el pasado.
—Me parece una buena idea, Luan, gracias, ¡y qué suerte! Es una bonita coincidencia que te hayan dado una caja, ¿no?
—¡Apuéstalo que sí! —respondió con entusiasmo mientras entraba a su cuarto y, pasados unos segundos, salió para darle una caja, la cual lucía idéntica a la caja de Lincoln.
—¡Muchas gracias, Luan! —reaccionó la modista retirándose a su habitación.
—¿Y tú qué opinas mi siniestro amigo? —miró al títere y este no hizo ningún movimiento—. Opino que fue una muy buena oportunidad para redimirte con tu hermana —fingió una voz gruesa—. Sí, ya sé, pero aún quedan muchas bromas por desatar —finalizó con una risa siniestra, algo que la dejó desconcertada, fue que creyó haber escuchado al muñeco reír con ella por un segundo. Lo miró por unos momentos, pero tras inspeccionarlo un poco, terminó por pensar que había sido su imaginación.
Leni regresó a la habitación con la caja entre sus manos. Lola se extrañó de verla con otra caja que no era la suya.
—¿Y esa caja de dónde salió, Leni? —cuestionó con curiosidad, Leni le tomó poca importancia al asunto.
—Es que no encontré la caja que me decías y me topé a Luan en el pasillo, le dije que no daba con la caja que me habías mencionado y ella me dio esta a cambio.
—Bastante conveniente, me parece extraño que no hayas visto mi caja —se dirigió a su habitación—. Estoy muy segura de que la había dejado debajo de mi cama.
—Yo no tengo inconveniente con ello, sólo asegúrate de que no tenga nada oculto dentro —comentó Lana señalando la caja.
—¿Por qué lo dices?
—Te la dio Luan, no me sorprendería que tuviera una broma explosiva adentro.
—Ugh…, tienes razón, como que ella se pasa con las bromas a veces —destapó la caja, pero por fortuna no había nada adentro de ella. Suspirando de alivio, calmó a su hermana diciendo que no contenía nada peligroso.
—Menos mal, Leni —comentó Lori levantándose de su cama, había estado texteando. Dirigió su vista a la pequeña—. Bueno, Lana, ve a bañarte. Igual no tardas mucho y de ahí váyanse a desayunar. Les digo porque no les dará tiempo de irse —dicho aquello se retiró de la habitación. Lana acató lo que dijo Lori y fue al baño mientras Leni se quedó en el cuarto sola.
—Bueno, será mejor que guarde los vestidos —comentó para sí misma, realizando lo que había mencionado. Ya con los vestidos dentro de la caja, la alzó y salió al pasillo, donde vio a Luan nuevamente haciéndole una inspección detallada a su títere.
—Me pregunto si hay algo en tu interior…, tienes un aroma muy peculiar.
—Luan —la rubia se acercó a ella, la comediante volteó.
—¿Sí, Leni?
—Gracias por no quererme hacer una broma con la caja, y también gracias por prestármela —sonrió con mucha alegría. La castaña quedó algo estupefacta ante lo que había mencionado.
—Bueno, no todo el tiempo se trata de bromas, ¿sabes? Yo también ayudo a mi familia —desvió la mirada al muñeco—, ¿no crees?
—Claro que lo creo —puso su mano en su hombro—, sólo que a veces…, como que pensamos que tus bromas suelen ser algo hirientes y sueles hacerlas muy seguido.
—Vaya, parece que no les agradan mis bromas, ¿cierto?
—Bueno, ya te hemos dicho que sólo no queremos que nos lastimes —rio nerviosa.
—Procuraré no lastimarlos, entonces —guiñó el ojo mientras entraba a su habitación, donde Luna aún seguía dormida: se había desvelado la noche anterior. Leni siguió su camino, pensaba en dejar la caja en su lugar, pero se vio interrumpida por Lola.
—Maldición, Leni…, tenías razón. Mi caja no está en ningún lado. Seguro una de las mascotas de mi sucia hermana la tomó como casa y ahora para saber dónde está —un escalofrío la recorrió—, y ya tampoco me suena muy bien la idea de querer recuperarla en ese caso.
—Está bien, Lola. Era una caja nada más, ¿por qué no vamos a desayunar? Lincoln nos hizo el desayuno, le pedí el favor hace un rato.
—Qué bueno, muero de hambre, ¡apresurémonos! Que de seguro el desayuno está ya enfriándose.
Lola se apresuró en bajar las escaleras. Leni, llevada por el momento, siguió a Lola con el mismo ritmo a la planta inferior. Miró a la sala y pudo ver a Lincoln y Lucy conviviendo, algo que le pareció agradable, pues la gótica no suele convivir mucho con ellos; estaban muy concentrados los dos. Los dejó pasar y se dirigió a la cocina, aunque antes decidió dejar la caja en la mesa del comedor; se percató de que allí se encontraba una caja igual a la de ella
—Oh…, muy bien, Leni. Sólo recuerda que es la de la izquierda —pensó dejando la caja en la mesa.
Ya en la cocina, Lola estaba sentada comiendo muy a gusto. Leni ya tenía algo en el estómago, por lo que no estaba muy preocupada por ello. En eso, pensó en Lincoln. Le había encargado el desayuno para ellas, pero él no había hecho nada para él, por lo que, para regresarle el favor, se puso a preparar un smoothie especial para él. Se puso a buscar algo de chocolate para que se fuera con buenos ánimos, pero no hallaba ni una pizca en ninguna parte; quizá la obsesión por aquel dulce en esta familia resultaba contraproducente.
—Rayos…, Lola, ¿no tenemos nada de chocolate? —hizo un puchero.
—Bueno… —desvió la mirada hacia los lados y luego la miró a ella nuevamente—, hay un poco en el lado derecho del microondas, justo atrás, ahí vi que Lana escondió una barra de chocolate.
—¿Hace cuánto? —preguntó dirigiéndose hacia el objeto.
—Tranquila, eso fue antier, pero no lo consiguió en un basurero. Si no, no te habría dicho —continuó comiendo. Leni, tranquila de haber oído aquello, tomó la barra y fue a la licuadora. Entre tanto y tanto, Lana llegó a la cocina.
—Leni, me debes un gran favor, sabes que no me baño mucho —se sentó en la mesa.
—Sí, Lana, está bien —rio.
—Por cierto, ¿sabes cómo será el concurso? ¿Deberemos caminar como esas modelos de la televisión? ¿O como Lola luego le hace?
—No, Lana, tranquila, serás más como…, uhmm…
—Maniquíes, prácticamente, un desperdicio para mis finos movimientos, pero qué se le hace —hizo un ademán con la mano.
—Oh, entiendo, pero, ¿estaremos en una posición específica? No sé, ¿cómo hasta la derecha o a la izquierda del escenario?
—Yo creo que nos dirán allá, Lana.
—Francamente yo espero que estemos en el lado derecho, hace que mi lado bueno reluzca —realizó una pose.
—Trataré de que así sea Lola.
—¿Estás segura, Lola? Y…, ¿cuál es mi lado bueno? ¿La derecha o la izquierda?
—¿Eso importa, Lana? Creí que no te interesaban esos temas.
—Bueno, fue mera curiosidad, no lo tomes a mal.
—En ese caso diría que tu parte derecha.
—¿Quiere decir que debería estar a la izquierda?
—No, de hecho, deberías estar también de mi lado.
Leni comenzaba a confundirse, su mente estaba desordenándose al escuchar a las gemelas, por lo que las dejó hablando mientras ella se concentraba en preparar el smoothie. Pasados unos minutos, su preparado estaba listo para ser servido, así que agarró uno de los vasos y los sirvió. Entonces tomó un post-it pequeño para escribir el nombre de Lincoln en él, pero no tenía una pluma a la mano. Así pues, Leni procedió a buscar y en esos momentos Luan entraba a la cocina con una expresión de fastidio. Fue al refrigerador y agarró un tupper en el cual había comida del día anterior, una de las muchas delicias creadas por el Sr. Lynn; lo abrió y agarró un cubierto sin importarle que estuviera frío el contenido de su recipiente. Leni notó la presencia de la comediante y asimismo percibió su actitud.
—¿Estás bien, Luan? —volteó a verla. Luan soltó un resoplido.
—Nada grave, sólo que Luna despertó y vio a mi títere. Aún no se recupera de la broma de hace unas semanas.
—Debes admitir que te pasaste esa vez.
—Bueno, quizá tienes razón; la verdad no sé qué me ocurrió ese día —rio nerviosa—. Mis bromas fueron más pesadas que de costumbre, pero se los compensaré el próximo año.
—¡¿No harás día de las bromas?! —cuestionaron ambas gemelas con una emoción incomparable.
—Claro que lo haré, sólo seré mucho más suave de lo usual.
Ambas, de inmediato, dejaron de lado a Luan.
—Sí…, seguro serás tan suave como una almohada —comentó Lola siguiendo con su desayuno.
—Bueno, podría ser —se encogió de hombros—, aunque ya es tema del próximo año —continuó comiendo. Miró a Leni—, ¿y ese smoothie para quién es? —preguntó con curiosidad.
—Es para Lincoln, fue por hacernos el desayuno.
—Oh, que agradable, ¿y el post-it?
—Se supone que ahí grabaría su nombre, pero no sé dónde hay una pluma.
—Yo sé dónde hay una —abrió uno de los cajones y sacó una pluma de su interior—. Aquí tienes, la usé la otra vez para anotar unas cosas —se la entregó. Leni la recibió gustosa.
—Gracias, Luan.
—No hay de qué, en fin, me retiro chicas —finalizó y lavó su trasto antes de irse—. Suerte —antes de que pudiera cruzar la cocina, Lynn interrumpió su andar.
—¡Buenos días, chicas! —y con su balón debajo de su hombro, salió por la puerta de la cocina. La dejaron pasar para proseguir sus acciones, Luan se encogió de hombros y, tomando el títere que había dejado en la mesa del comedor, se retiró. Por su parte, Leni escribió el nombre de Lincoln en el post-it y lo pegó en el vaso. Ya hecho aquello, se dirigió con las gemelas.
—¿Ya terminaron, chicas?
—Sí, ya vamos a arreglarnos para irnos —dijo Lola limpiándose con una servilleta y levantándose.
—¿Nos ponemos los vestidos de una vez?
—No, Lana, no vayan a ensuciarse. Mejor se cambian allá, ¿vale?
—Me parece bien, Leni. Venga, Lana, a preparase porque hoy Leni ganará gracias a mi estilo —dicho aquello, las gemelas se retiraron de la cocina y, junto a ellas, Leni les siguió por detrás, pero se detuvo para tomar su caja.
—Es la de la izquierda —se dijo a sí misma con una sonrisa, tomando dicha caja para llevársela a su recámara.
El tiempo prosiguió con normalidad, todas estaban en sus respectivas actividades con la excepción de que Leni, Lola y Lana se estaban preparando para irse al tan ansiado concurso. La mayor de las tres fue al sanitario a darse un baño para estar radiante y, de paso, relajar sus nervios.
Abrió la llave del agua y esta comenzó a salir, fluyendo sobre su cuerpo. La rubia dejó sacar un aire lleno de pesadez, estaba dejando atrás todas sus ansiedades y preocupaciones. Todas esas palabras que habían marcado su alma estaban finalmente yéndose junto al agua que estaba paseando sobre su ser. Sin embargo, algo dentro suyo parecía reacio a querer abandonar su espíritu: era una inquietud, un mal presentimiento…, un escalofrío la recorrió y su cuerpo tembló, vibrando a sobremanera. No supo a qué se debió, pero sintió miedo; un miedo acechante y macabro, dispuesto a masacrar toda pizca de su esperanza. Leni entristeció y lloró, dejando que el agua llevase sus lágrimas: tenía miedo, tenía miedo de no poder lograrlo, pero ella estaba dispuesta a darlo todo, no podía perder…, no debía perder. Entonces frunció el ceño y con rabia se deshizo de todas aquellas emociones tan asfixiantes.
—No voy a perder —dijo desatando toda su euforia y determinación, para entonces enfocarse en lavar cada parte de su cuerpo.
Terminado su baño, salió y fue a vestirse. Dejó atrás todas sus preocupaciones y miedos y simplemente se dio a la tarea de lograrlo o, si no, morir en el intento (ella lo pensó así debido a que había escuchado la frase muchas veces, no tenía pensado morir realmente). De esta manera, marcando las 11:20 a. m., salió de su habitación con la caja entre sus manos, luciendo un vestido bastante atractivo de color turquesa, el cual había sido hecho por ella misma y se dirigió a la planta baja, donde sus otras dos hermanas estaban esperando junto a su mamá.
—Bueno, hija, ¿estás lista? —Rita y Leni habían hablado del asunto unos días antes y le pidió el favor, ella habló con su jefe para que le diese permiso y, afortunadamente, se lo otorgó, por lo que estaría disponible para llevarla junto a las niñas. Lori lo habría hecho, pero ese día saldría con Bobby.
—Estoy más que lista —sonrió con orgullo. Rita correspondió su sonrisa.
—Esa es la actitud, vámonos entonces.
—Ya era hora, tardaste un poco —habló Lola mostrando un poco de disgusto.
—Lo siento —rio nerviosa. Todas ya se iban, pero Lucy detuvo a Leni un instante para decirle lo que Lincoln le había encomendado.
—Lincoln me pidió que te dijera que te deseaba la mayor de la suertes…, suspiro.
—Gracias, Lucy. Espero que también le vaya bien —tomó una bocanada de aire y exhaló—. Es hora —y, ahora sí, tomaron rumbo al automóvil.
Estando todas dentro, se acomodaron y se abrocharon sus cinturones.
—Oye, hija —Rita llamó la atención de Leni un momento—, ¿puedo ver los vestidos? —pidió alegremente encendiendo el auto y poniéndolo en movimiento.
—Claro, mamá, aunque se verían mejores en Lola y Lana.
—Tranquila, sólo quiero echarles un vistazo, estoy tan emocionada como tú —soltó un leve chillido de emoción. Leni, dejándose llevar, cedió a la petición de su madre y abrió la caja, haciendo que ambas se llevaran una muy mala sorpresa—. ¿Qué acaso ese no es un cómic? —ante tal pregunta, hasta las gemelas se asomaron desconcertadas.
—¡El cómic de Lincoln! Pe-pero ¿cómo? —Leni se sobresaltó muy asustada, juró haber tomado la caja correcta, ¡ella la había dejado a la izquierda y agarró la de la izquierda! Algo andaba mal, muy mal…, mas el problema actual ahora era devolverle el cómic a su hermano y recuperar sus vestidos.
—¡¿Y ahora qué hacemos?! —preguntó Lana algo acongojada.
—¡No tenemos tiempo que perder! ¡Vamos a la con-cómic! —reaccionó Lola de inmediato. Rita, tan rápido como sus pies y manos se lo permitieron, dio vuelta de dirección y se dirigió velozmente a la ubicación dicha. Uniéndose a la acción del momento, Leni también decidió tomar cartas en el asunto. Sacó su teléfono y buscó el número de Lincoln. Llamó.
—Vamos, contesta…
—Buzón de voz, la llamada se cobrará… —Leni colgó e intentó de nuevo—. Buzón de…
—Oh, diablos. Linky, contesta —con una desesperación bastante notable, la modista marcaba sin parar.
En menos de 10 minutos consiguieron llegar y, de inmediato, todas bajaron.
—Disculpe, ¿ha visto un chico de cabello blanco? —preguntaban a la gente, desafortunadamente, muchos respondían con una negación.
—Disculpe, ¿ha visto a mi hermanito? Tiene cabello blanco y es como de este tamaño —Leni preguntó a un hombre que estaba en la entrada, poniendo su mano un poco por encima de su oreja.
—Sí, salió corriendo en dirección al parque —señaló lo mencionado y Leni miró hacia allí. Miró la caja que traía en sus manos y la regresó hacia el parque.
—¡Muchas gracias, señor! —salió corriendo hacia allá también. Sus hermanas y madre tardaron en percatarse de que Leni había desaparecido de allí, para, veinte minutos después, toparse con el mismo sujeto y les dijera que la rubia corrió apresurada hacia el parque.
