Capítulo 11: Odio acumulado
En el parque, Leni buscaba con la mirada a su hermano sin dejar de estar en movimiento. Se topó con unas cuantas personas que pasaban el día tranquilamente allí y les cuestionó acerca del paradero de Lincoln, algunos le contestaron que habían visto a un chico correr como un rayo hacia el otro extremo del parque y otros no sabían a quien se refería. Quedándose con la primera respuesta, Leni llegó al centro de aquel sitio: había una fuente que era agradable para la vista y también era un adorno hermoso para el parque en el cual yacía. Acercándose a la fuente, ya exhausta, pudo percibir algo que se escondía detrás de ella. Afinando su vista, al mismo tiempo que se aproximaba más, pudo discernir que se trataba de su hermano.
—¿Lincoln? —al mencionar su nombre, lo que Leni había visto se escondió desde un punto de la fuente en el cual no lo podía ver—. Lincoln…, ¿qué pasa? ¿Por qué no contestaste mi llamada?
—¿Qué le voy a decir? —Lincoln, quien después de presenciar la destrucción de la creación de su hermana, había desistido de regresar o de moverse. No tenía ningún plan, no tenía ni palabras para explicar lo que había acontecido, solamente podía resguardar aquella caja entre sus brazos con los vestidos hecho añicos. No quería ni mirarla, no quería ni oírla, se sentía fatal.
Leni tomó asiento en la fuente junto a él, tratando de comprender la situación. Posó la caja a un lado de ella y puso su mano en el hombro de Lincoln.
—No pude… yo… lo arruiné…, lo siento… —Lincoln se expresó entre susurros mientras seguía escondiendo su rostro entre sus brazos y mantenía la caja bien resguardada.
—¿De qué hablas? —trató de tomar la caja, pero Lincoln se rehusó.
—No…, no la tomes… —sollozó.
—Lincoln, tranquilo. Aquí traigo tu comic —tomó la mejilla de su hermano—. Mírame, no pasa nada, está bien —sonrió. Lincoln, intentando sacar fuerza y valentía de su ser, volteó a verla—. Eso es, dime qué paso —el peliblanco soltó un suspiro bastante pesado.
—No quieres saberlo…, no te lo quiero decir…, y mucho menos mostrar —apartó la caja para que a Leni no se le ocurriese tomarla, pero eso provocó una mayor curiosidad por parte de ella.
—¿Qué sucedió, Lincoln? Ya sé que te llevaste mis vestidos por accidente, pero no entiendo por qué no me los quieres dar.
—Es porque —corrigió su postura para que la caja fuera más visible. Se veía sucia y llena de tierra. Leni inspeccionó a Lincoln y se impactó al ver que tenía un moretón en su frente, causa de la caída que tuvo anteriormente—… ya no hay mucho que ver aquí dentro… —sin haber prestado atención a lo último, Leni tomó el rostro de su hermano.
—¡Li-Lincoln! ¡Estás herido! Hay que llevarte con mamá ahora —se levantó y tomó el brazo de su hermano, mas este se negó.
—No, Leni…, estoy bien, no me voy a mover de aquí.
—¿De qué hablas? Vente ya —intentó de nuevo, pero Lincoln otra vez se negó.
—No, Leni, suéltame —volvió a sentarse y abrazó la caja otra vez. Leni se enfadó levemente.
—Lincoln, ¡no tenemos tiempo! ¡¿Qué pasó con lo de que hoy sería el mejor día de nuestras vidas?! ¡Venga! ¡No te desanimes! Lo podemos resolver todavía —cansado, agobiado y hasta harto de que la actitud de Leni no cambiase, decidió soltar la verdad de una vez.
—¡Arruiné tus vestidos, Leni! ¡Ya no hay solución! ¡Se acabó! ¡Lo eché a perder! —abrió la caja, se la extendió, casi empujándola, y se la soltó para luego sentarse en la fuente y sollozar—. Lo siento mucho, yo no quise hacerlo, quise llevártelos de vuelta, pe-pero…
Leni aún procesaba todo lo dicho por su hermano. Se sentó junto a él y vio la caja que le había dado, encontrándose con que sus vestidos estaban descoloridos, deshechos, rasgados…, destruidos. Un profundo vacío se presentó en el corazón de Leni, provocando que soltara el objeto y este retumbara en el suelo. Horas de esfuerzo y dedicación se habían perdido en ese momento; lo peor de todo era que aquello implicaba mucho más de lo que cualquiera podía imaginar, esos vestidos eran un pase para un futuro lleno de posibilidades y un cambio radical para su persona, aquello era un símbolo para entender que la vida podía ser bondadosa con aquellos que lo merecían, era la única oportunidad para demostrarse a sí misma que todo lo que había hecho había valido la pena y que por fin podría darse cuenta de que todo lo que había hecho fue recompensado…, sin embargo, la vida le demostró lo contrario, destrozando su sueño y su esperanza, deshaciendo cada esfuerzo de cada mañana en la que se levantaba, burlándose de ella una vez más. Leni pudo sentir como algo resurgía de su ser, algo enterrado y dejado atrás hace muchos años.
Por su parte, Lincoln seguía sufriendo; sinceramente, ya ni siquiera quería saber sobre su cómic o, tal vez, sí, después de todo, era casi tan invaluable como los vestidos de Leni. Volteó su mirada hacia la otra caja que estaba al lado de Leni y pudo percatarse, finalmente, de que se trataba de la misma caja: muchas teorías comenzaron a formarse dentro de su cabeza. Trató de acercarse a su caja para tomarla, pero Leni se interpuso en su acción haciendo un movimiento repentino con sus manos, lo hizo de tal manera que terminó tirando la caja adentro de la fuente.
—El cómic —musitó Lincoln levantándose con rapidez para tomar la caja que se había sumergido al fondo de la fuente. Estirándose, consiguió tomar la caja—. Menos mal, está… —sin embargo, un detalle bastante inquietante alarmó al chico. La caja estaba expulsando agua a través de un agujero que había en la parte inferior de la caja. Aquello llevó a que destapara la caja, se sintió aliviado nuevamente al ver que el comic estaba dentro de la bolsa, mas toda esperanza se desvaneció en cuanto sintió la bolsa y percibió que esta estaba llena de agua en su interior, agua que también se fue yendo a través de un agujero que se encontraba en la bolsa. Se sentó en la fuente y unas emociones similares a las de Leni se presentaron en su ser.
—Ahora sabes cómo se siente… —Leni se levantó, aquello dejó atónito a Lincoln, provocándole, a su vez, una ligera molestia.
—¿A qué te refieres con eso? —tras analizarlo, se asombró y se enfureció—. ¡Sabías que la caja y la bolsa estaban agujereadas y tiraste al caja a la fuente a propósito! —y, arriesgándose a más, acusó—. Tú lo hiciste…, ¿no?
Cegada por su pasado y un odio inmenso que resurgía de entre las cenizas de su infancia, Leni miró a su hermano con dureza.
—¡Eso no importa! ¡Tú arruinaste mi oportunidad, arruinaste mis sueños y arruinaste todo por lo que yo había trabajo por años!
—¡¿De qué hablas?! ¡Estos vestidos son apenas de la semana pasada!
—Es obvio que no lo entiendes y no lo entenderás jamás porque a ti siempre te tienen que salir las cosas bien…, tú siempre has recibido lo bueno al hacer lo bueno, ¿y yo? Yo siempre soy la tonta y descuidada —sus ojos se cristalizaron, pero no iba a llorar…, no esta vez. Apretó sus ojos con fuerza y lo miró con frialdad—. Sí, piensa que arruiné tus cómics a propósito…, la verdad es que ya no me importa.
—¿Qué? —Lincoln estaba realmente impactado—. Seguro nada de esto habría pasado si no hubieres tomado la caja equivocada, ¡es evidente que la culpable aquí eres tú! —estaba tan confundido que ya no procesaba ni lo que sentía ni lo que decía.
Muchos sentimientos se encontraron dentro de la modista, causando que ella liberase toda clase de ofensas sin titubear.
—¿Sabes algo, Lincoln? —se acercó a él imponiendo su autoridad como hermana mayor; sin embargo, la energía que cargaba consigo hacía que el peliblanco tragara gordo, aunque, de todas formas, él también seguía firme—. Tengo que admitir una cosa…, y es que estoy harta de fingir —desvió la mirada un momento y la regresó a él, su ceño se frunció un poco más y soltó un bufido de enojo—. ¡Siempre he mostrado una sonrisa en los peores momentos y siempre he tratado de ayudar a todos los que puedo! ¡Nunca esperé nada a cambio, pero al menos quería saber que todo aquello que hacía tenía valor alguno! ¡Quería ver que mi vida también podía trascender! —pausó y le dio la espalda, apretó sus puños con fiereza y azotó su pie contra el suelo—. ¡Pero no! La vida quería verme rendida y postrada a sus pies y se lo permití por mucho tiempo…, pero hoy no se lo voy a permitir y, ¿sabes una cosa? —nuevamente lo miró y se acercó amenazante—. Siempre creí que podía confiar en ti, siempre creí que tú eras esa esperanza que había dejado por perdida hace años…, pensé que tú eras alguien por quien valía la pena resguardar todo este peligro que representaba mi persona…, y ahora…, ya no sé qué pensar —puso sus manos sobre los hombros de Lincoln y lo apretó con fuerza—, estoy…, llena de tanta ira y odio, tanta repulsión que había conservado por años, ¡por ti! Porque sabía que Lincoln Loud podía ser un buen chico si había alguien que le ayudase a pasar por tanto y que aprendiera que ser buena persona podía servir, que podía hacerte trascender…, pero no es así —lo empujó, aventándolo hacia la fuente. Lincoln pudo sostenerse para no caer al agua que esta emanaba—. Finalmente llega la oportunidad de mi vida que lograría cambiar todo y tú lo arruinas, no sabes lo confundida que me hace sentir eso, pero no puedo reprimir estos sentimientos, no esta vez…, y simplemente no puedo dejar de desatar mi rabia contra ti porque estoy…, estoy…, ¡Agghh! ¡Estoy furiosa! —todo su cuerpo estaba estresado y era evidente con los movimientos que ella realizaba.
Lincoln se encontraba perplejo y trataba de entender todo lo que había dicho Leni. Enojo, tristeza, confusión, ansiedad…, todo eso invadió al chico quien sostenía la mirada hacia su hermana. Quería comprender lo que estaba diciendo.
—¿Qué me quieres decir, Leni? No lo concibo.
—¡El punto es que todos son unos idiotas! —soltó de forma espontánea, espantando al chico—. Sí, lo dije y punto. Estoy harta de fingir que no y estoy harta de pensar de que siempre tuvo razón…, estoy harta de curar esta herida tan profunda que me dejó marcada. Estoy cansada de todo y todos y ahora tú —lo agarró con sus manos—, tú te has unido a este mundo sin corazón.
—Pero, Leni, ¡fue un accidente! ¡No lo hice a propósito!
—No lo dije por el vestido…, lo dije porque me acusaste de algo de lo cual ni sabes si precisamente fue mi culpa, pero ¿sabes una cosa? Sí, lo hice yo. Yo hice el agujero y metí tu cómic al agua para que se deshiciera todo y perdieras esta oportunidad única, ¿cómo ves eso? ¿Eh?
—Tú no eres Leni…, eres un monstruo —confesó Lincoln, quien ahora estaba siendo dominado por el miedo y la frustración.
—No, soy Leni. Solamente que nunca dejé que vieran este lado de mi persona.
—Pero ¿qué ocurrió contigo?
—Eso es otro tema, por ahora quiero que te alejes de mí, no quiero saber nada de ti ni de nadie.
—Eres una hipócrita, Leni —reprendió Lincoln—, siempre creí que eras una buena persona y que no te importaba nada en lo absoluto. Pensé que trataba con alguien buena y confiable, además de bondadosa y dulce, ¿dónde quedaron todos esos recuerdos que formamos?
—Tú mismo lo has dicho…, soy una hipócrita. Nunca pude ser plenamente feliz, pero siempre ponía mi cara de amistad e inocencia para que creyeran que era quien ustedes creían que era; la verdad, siendo honesta, Lincoln, de no haber sido por ti, quizá esa Leni se hubiera quedado para siempre…, pero ahora todo ha vuelto a desmoronarse.
—¡Deja de echarme la culpa! ¡Bastante tengo que cargar con este desastre! ¡Tú también eres responsable de esto! Si tan sólo lo admitieras, pero no dejas de mostrarme que no eres más que una persona detestable, ojalá fueras auténtica como nuestras hermanas.
Y tras escuchar la última oración que había mencionado su hermano, Leni no pudo contener más su paciencia.
—¿Por qué querría ser como ellas? Siempre tan oportunistas, en la mayoría de los casos. Al menos yo siempre te ayudé de buena fe, pero ellas siempre lo hicieron tomando en cuenta que todos éramos familia y, por ende, el día en que ellas necesitasen ayuda, entonces tú podrías auxiliarnos…, fue poco a poco que fuiste perdiendo cada segundo de tu tiempo y antes de que te dieras cuenta…, todo tu tiempo se convirtió en nuestro tiempo… ¿o acaso me vas a negar que a penas y pudiste terminar tu cómic? No creas que no me enteraba que te la pasabas desvelándote todas las noches con el único motivo de terminarlo, porque nosotras no te dejábamos libre ni un minuto del día
Lincoln quedó pensativo al escuchar la declaración de su hermana, ciertamente sacrificó muchas horas de sueño con el propósito de poder avanzar en su proyecto, a veces y sentía que apenas y podía rendir para ayudar a sus hermanas el día siguiente para nuevamente sacrificar más horas de sueño; sin embargo, contaba con muchas tazas de café para sobrevivir.
—Sí, pero…, ¡no puedes decirlo de esa manera! Porque incluso ellas empezaron a darse cuenta y me dejaron un día libre.
—Sí, pero mientras tanto eras el sirviente de cada una de ellas y tras verte tan agotado creo que hubiera sido un total descaro seguirte utilizando, ¿no lo crees? Es porque al menos tienen consciencia de tu persona; además, tan sólo piénsalo, pocas veces son las ocasiones en las que hacemos algo que a ti te guste y son más las cosas que nos gustan y tú haces con nosotras: ¿quieres que ahora te lo explique con manzanas? Porque siento que es muy claro —Lincoln estaba empezando a hartarse de la situación.
—¡No soy el sirviente de nadie! Sólo soy un buen hermano, es lo que se supone que haga, ¡es lo que tú me has enseñado a ser! ¡A ser alguien bueno! —y entonces Lincoln procesó toda la información anterior.
—No sé muy bien lo que piensas, pero no quiero que te quedes con la idea de que volverte así fue con ese fin; ya te lo había explicado.
—¿Cómo puedes ser tan cruel diciéndome todas estas cosas?
—No soy cruel, sólo digo lo que es evidente y está claro que estás destinado a ser la sombra de nuestra familia.
—¡Deja de decir esas tonterías! Yo también he resaltado.
—Bueno, dime una cosa que resulte verdaderamente reconocible en frente de este mundo —y Lincoln no pudo decir nada—. Eso fue lo que pensé.
—No sabes lo que dices, Leni, ¡sólo estás dolida por la situación! Yo de verdad estoy tratando de controlarme, pero me lo estás poniendo muy difícil.
Leni negó con la cabeza y se acercó una última vez a su hermano.
—Lincoln, esto no fue totalmente tu culpa…
—Hasta que lo admites —sonrió ya un poco más calmado.
—Ah, no…, no me malentiendas, esta situación es definitivamente tu culpa, pero mi forma de ser es en parte a que viví algo que marcó mi vida para siempre; desde entonces sentía que este mundo carecía de muchas cosas y que era necesario acoplarse a la complejidad que la vida nos presenta.
—¿Complejidad? ¿Acoplarse? ¿De cuándo acá hablas así?
—Desde siempre, pero era necesario mantener un perfil bajo y mediocre…, además de que también me servía a mí ser así: tan distraída y olvidadiza…, hacía que mi pasado desapareciera, mas ahora está más presente que nunca y todo es por tu culpa.
—¡Suficiente! No voy a seguir soportando tus malditas acusaciones.
—Tú vas a terminar cediendo, siempre cedes a nosotras, no me lo niegues…, siempre terminas pidiendo perdón, aunque a veces no se traten de tus fallos —Lincoln quedó enmudecido ante su verdad, estaba dominado por su propia familia.
El joven peliblanco tuvo un encuentro de emociones y sentimientos: había enojo que estaba próximo a convertirse en ira y estaba generando algo tan pesado y negativo dentro de su alma que lo comenzaba a carcomer por dentro, era algo tan siniestro y despiadado…, era odio.
—¡Ya basta! —movió su brazo derecho con fuerza, mostraba mucha impaciencia y fastidio—. ¡No sigas!
—Debes abrir los ojos, porque en este mundo siempre habrá gente que te quiera pisotear y se aproveche de todo lo bueno que haces. Siempre va a haber amigos y hasta familiares que no les importarás, sólo cuidan de que estés ahí para que les ayudes y seas su respaldo…, a veces la realidad suele ser bastante cruel y despiadada, tan decepcionante —apartó la mirada y se alejó de ahí—. Tanto tú como yo no somos nada, y nunca seremos algo por tu causa.
Esa última frase, que se había repetido tantas veces, lo agotó y simplemente se desató.
—¡Qué no es mi culpa! ¡Deja de insistir, Leni! ¡No sólo se trata de ti!
—¡Lo sé! ¡También se trata de ti! ¡Hoy los dos perdimos todo! —se volteó y lo miró con rudeza.
—¡Pero tu ira desenfrenada fue la que me echó a perder a mí!
—¡Tú me provocaste! ¡Tú lo hiciste todo mal!
—¡Yo no te provoqué nada! ¡¿Qué pretendes hacer con tanta discusión?!
—¡Qué sientas lo mismo que yo! ¡Qué veas que las cosas también pueden salirte mal!
—¡Eso no es justo! ¡Eso es lo más egoísta que haya visto de ti! ¡¿Por qué destrozar mis sueños?!
—¡Porque tú destrozaste los míos!
—¡Te odio, Leni! —y el silencio se hizo presente en el parque. Desde que iniciaron los gritos iniciales, nadie se había atrevido a siquiera acercarse a ese perímetro que no dejaba de irradiar negatividad. Leni no pudo concebir ningún sentimiento o emoción, todo lo que hubo se petrificó. La modista tan sólo se volteó y comenzó a caminar hacia la salida del parque—. ¡¿A dónde vas?! ¡Vuelve aquí! —Lincoln corrió tras ella y la tomó del hombro, pero la rubia le quitó la mano de un manotazo.
—También te odio, Lincoln —y él, en cambio, si sintió esas palabras cerniéndose en el fondo de su alma, haciendo un efecto final el cual congeló todo su interior. Resentido, lo único que pudo expresar fue el cariño que le tenía.
—Tú eras mi hermana favorita… —desvió la mirada. Leni, aunque levemente sorprendida, volteó para decirle lo mismo, pues ella en verdad lo sentía así.
—Y tú eras mi favorito de la familia —y dicho aquello, se marchó.
Lola, Lana y Rita finalmente llegaban a la fuente del parque, en donde se podía apreciar a Lincoln viendo como su hermana se iba. Las tres se acercaron a él.
—Hijo, ¿qué sucedió? —Rita se acercó a su pequeño junto a las gemelas.
—¿Estás bien? —preguntaron ambas, pero Lincoln, recordando cada palabra de su hermana mayor, se quitó a las tres de encima y se fue caminando también.
—No —contestó con pesadez—, pero quiero que me dejen en paz —y, así mismo, se marchó.
Rita, al ser su madre, no se daría por vencida, así que fue con él; Lincoln no sentía resentimiento por su madre, así que sólo dejó que lo acompañara sin decir ninguna palabra en todo el camino. Por su parte, Lola y Lana vieron las cajas y ambas quedaron impactadas, pudieron deducir varias cosas y de ahí pensarían que tanto Lincoln como Leni se habían estropeado lo que hubiera sido el mejor día de sus vidas. La princesa, toda decepcionada, se limitó a retirarse junto a su madre y hermano, aunque Lana, siendo Lana, recogió todo pensando que podría darle una utilidad en el futuro. Inspeccionó ambas cajas, las cuales eran del mismo color, siendo este el blanco. Estaban hechos de un material metálico, aunque no tan resistente; asimismo pudo percibir que la caja en donde se contenían los vestidos tenía la tapa floja, no se apretaba como debía, quizá se debió a algún percance o accidente o pudiera ser que ya venía así desde el principio, no lo sabía y no le tomó la debida importancia. Tomó todo y se lo llevo.
