Capítulo 13: Joel
10 años atrás…
La felicidad era algo rutinario para la pequeña Leni Loud. Siempre se dedicó a seguir los consejos de su madre, quien la había instruido a ayudar aquellos que necesitasen de alguien. Leni se inspiró, además, en el hecho de que su madre era enfermera (aunque en verdad fuera ayudante de un dentista) y eso la motivó al ver sonrisas y alegrías como fruto de la compasión y la bondad. Leni estaba dispuesta a servir y a alegrar a los demás. Ella regalaba abrazos y cariño a su familia, además de una mano cada vez que se necesitara. Con quien más se llevaba era con su hermana mayor, pues después de todo eran las más grandes y las más cercanas; eran como mejores amigas, no podían estar la una sin la otra y se compartían cada secreto y cada anécdota de lo que les sucedía a ellas todos los días. Sin embargo, esto no es el punto en el que queremos indagar, sino en el presunto cambio que llevó a esta pequeña tan inocente y pura a convertirse en todo lo contrario…, y es que todo comenzó el primer día de clases.
Tenía 6 años y la primaría iba a ser una nueva experiencia dentro de la vida de Leni Loud. Estaba muy emocionada de estar en la misma escuela que Lori, eso a pesar de que no iban a compartir el mismo salón por el simple hecho de pertenecer a grados diferentes. Lo único que ella no esperaba era que la vida podía ser bastante cruel e hiriente y que las personas equivocadas dentro de tu vida podían afectarte de tal manera que podían plantar cosas indeseadas dentro de tu alma. Es aquí donde entra Joel, su único amigo de verdad…, o eso creía.
—¿Estás lista para el primer día, mi cielo? —preguntó Lynn Sr. a la pequeña rubia dentro de Vanzilla.
—¡Sí! Estoy muy emocionada.
—Será increíble, Leni. Conocerás nuevos amigos, podremos estar juntas en el recreo y, ¡muchas otras cosas!
—¡Ay, no puedo esperar! —Leni se mostraba ansiosa de llegar. El padre estaba bastante contento de que sus hijas estuvieran felices, así que no demoró mucho y las dejó en la escuela primaria de Royal Woods.
El Sr. Lynn se despidió de ambas, deseándoles un buen día. Leni tomó la mano de Lori y ambas ingresaron a la escuela. Leni le pidió ayuda a Lori para ubicar su salón y ella le dio indicaciones para arribar. Teniendo la información recibida, Lori la dejó porque las clases ya iban a iniciar. Leni caminaba con su mochila de forma campante, mostrando una sonrisa reluciente, muchos la veían y se alegraban al notar su presencia. En medio del camino, se topó a una niña que se mostraba perdida. Leni pudo sentir como ella miraba a todos lados, pero no iba a ningún lado.
—Oye, ¿estás bien?
—¿Huh? S-sí —se mostró tímida—. Bueno, la verdad e-es que no sé dónde está mi salón.
—Oh, yo igual soy nueva por aquí. ¿Cuál es tu salón?
—Primero C.
—¡Qué coincidencia! El mío también, puedo ayudarte, ¡sígueme! —Leni jaló su brazo y juntas emprendieron su camino hacia el salón.
Después de llegar, la chica se mostró agradecida. Ese día, como era costumbre en cualquier primer día, todos se presentaron. Incluso Joel estaba en ese mismo salón. Pasaron las horas y Leni pudo conocer mejor a la niña que había ayudado, de hecho, se trataría de su primera amiga dentro de la escuela, su nombre era Marta. El tiempo pasó y la amistad entre ambas se fortaleció grandemente. Había días en que Leni veía a niños o a niñas que estaban dentro de la escuela y necesitaban de su ayuda: a veces no cargaban con dinero o comida y ella estaba dispuesta a compartir de lo suyo para ayudarles, Leni también ayudó a niños que no podían hacer algunas manualidades dentro de la escuela y ella se animó a ayudarles, ella era feliz sirviendo y ayudando a todos en todo lo que podía.
Un día del segundo mes después de haber ingresado dentro de la escuela, Leni recibió un golpe fuerte hacia sus creencias e ideales. Ella pensaba que todos aquellos a quienes ayudó eran sus amigos, pues ella les brindó algo especial y que, a veces, la mayoría de la gente no es capaz de dar. Todo aconteció en un recreo, el cual comenzaba de forma normal, no había nada inusual, o así pensaba hasta que se oyeron los pedidos de auxilio de un chico de primer grado siendo atacado por unos de tercero. Leni, al haberse percatado de la situación, tomó cartas en el asunto y fue directamente hacia donde se estaba originando el conflicto y es aquí donde todo empezó, el día en que Joel y Leni se conocieron, aunque por desgracia sería el principio del fin de la rubia.
—No creas que no te he visto husmeando, pequeño. Tú no le dirás a nadie lo que viste, ¿okey? —mencionó el más grande de ellos.
—Pe-pero lo que hicieron no estuvo bien, ese niño só-sólo…
—Oh, como eres necio —habló otro de ellos. Se acercó y estuvo a punto de asestar un golpe al pobre niño el cual se limitó a encogerse para suavizar el impacto. Sin embargo, Leni intervino en ese momento.
—¡Déjenlo en paz! —se molestó un poco por el trato que le estaban dando.
—Leni, ¿qué haces? —preguntó su amiga algo asustada—. Nos van a…
—Oh, ¿quién eres tú? ¿Su noviecita? —otro de los chicos la jaló hacia donde estaban todos.
—¡No! Pero déjenlo en paz, él no les ha hecho nada.
—Tú no te metas donde no te llaman —repuso el mayor—. Deja un rato a este, ahorita nos encargamos de él, primero enseñémosle a esta chiquilla a no meter su nariz en donde no le corresponde —soltando al otro, quien no desaprovechó ni la más mínima oportunidad para salir corriendo de allí, se enfocaron en Leni—. A ver, superheroína, vamos a ver de qué estás hecha.
—¿Qué hacen? —asustada, Leni vio como los chicos se acercaban amenazantes a ellos—. Ma-Marta, ¡ayúdame! —mas su amiga estaba tan asustada que se escondió—. ¡Ayuda! —gritó de repente. Todos los chicos del mismo grado no se atrevían a ayudarla porque tenían miedo de ellos, y los demás no estaban interesados en ayudarle. Lori, por su parte, se encontraba en otra parte con otra de sus amigas, se suponía que estaría con Leni, pero su amiga le había pedido un favor y Leni no se molestó en dejarla ir…, aquello le costaría mucho.
—Nadie vendrá a ayudarte —dijo el mayor riéndose. Leni, asustada y arrepintiéndose de haberse metido con ellos, fue tratando de alejarse. Para su fortuna, alguien fue lo suficientemente valiente para encararlos…, o bueno, mejor dicho, alguien iba entrando en escena.
Un chico pelinegro de 7 años se acercó a ellos, era nada más y nada menos que Joel.
—¿De verdad han caído tan bajo? —el chico rio a sus adentros, no tenía miedo y su expresión no denotaba más que burla.
—Miren a quien tenemos aquí, al retrasado mental —el grupo rio.
—Cállate, John, tengo más cerebro del que crees —sonrió confiado. El mayor lo miró estupefacto.
—¿Quién te dijo mi nombre, tarado?
—Nadie tiene que decírmelo. Cuando llevas un año aquí te enteras de muchas cosas y más cuando no te concentras en los estudios, sino en conocer a la gente que reside en esta escuela y conocer sus más infames secretos.
—Pfft…, tonterías. No eres más que el primer niño en recursar el primer grado de primaria —el grupo se burló a carcajadas—. Por favor, ¿quién reprueba el primer año?
—Ríete todo lo que quieras John, pero al menos tendré más estancia que tú en esta escuela si el director no se entera de la vez que por diversión quisiste envenenar a toda la primaria con tu "bromita" en la cafetería —John se quedó pálido. Recordó de inmediato que el año pasado, por su ignorancia, vació un detergente que había en la cocina dentro de uno de los recipientes de la cafetería. Tragó gordo, creyó que nadie lo había visto y por su culpa alguien fue internado en un hospital. Nunca se halló al culpable, por lo que nadie pudo recibir el castigo.
—¿Cuándo…?
—Deja en paz a la niña y, mira, yo… —hizo un ademán con su mano indicando que se quedaría callado. John, viendo que hablaba en serio, decidió no intervenir más.
—Me las pagarás, niño raro —y dicho aquello, indicó a sus amigos que se fueran. Viendo que se encontraban fuera de peligro, Leni se acercó a su salvador.
—Gracias —susurró. Levantó la mirada y se percató de que era levemente más alto que ella. El muchacho la miró de reojo, como si no le importara mucho—. ¿Cómo te llamas?
—Joel —contestó de inmediato. Se volteó para retirarse, algo que la rubia no permitió. Tomó su brazo.
—Espera, Joel. No te vayas. Mi nombre es Leni. Muchas gracias por sacarme de ese problema —Joel reintegró su atención en la niña.
—¿Cómo te metiste en él para empezar? —se cruzó de brazos. Leni suspiró.
—Bueno, yo quería ayudar a un pobre chico que estaba siendo maltratado por esos brabucones y… —Joel la interrumpió.
—No me digas, ¿terminaste reemplazando su lugar? Qué desdicha, es por eso por lo que debes dejar que algunos problemas se solucionen por sí solos, a pesar de que no tengan un lindo final —desvió su mirada al cielo y retornó a ella—. En serio, Leni, ¿qué esperabas entrometiéndote?
—Yo, uhm… —se avergonzó un poco—, no lo sé. No me quería quedar de brazos cruzados nada más mientras el pobre necesitaba ayuda.
—En ese caso, ya sabes lo que pasará si decides ayudar a alguien en esas situaciones, la próxima vez mantente al margen como la mayoría de los cobardes de aquí —señaló el panorama, viendo como poco a poco, los niños comenzaban a salir al verse fuera de peligro. Leni suspiró.
—Cuando me enfrenté a ellos, yo creí que me iban a ayudar mis compañeros —se sobó el brazo con tristeza.
—¿Y por qué harían eso? Sería un acto tonto y quizá fue por eso mismo que no quisieron hacerlo —se cruzó de brazos, explicándole a Leni la lógica del asunto.
—Pero yo les he ayudado a la mayoría de ellos, hubiera esperado al menos unas palabras de aliento por parte de alguien, pero hasta mi amiga más cercana me dejó sola —Joel negó con la cabeza mostrando decepción.
—No porque ayudes a la gente significa que ellos te van a ayudar a ti. Este mundo te va a enseñar que, cuando menos te lo esperas, estarás sola en las peores circunstancia de tu vida y, mira, ya te acaba de mostrar un escenario. Eso, Leni, fue una advertencia. Deja de ayudar a estos ingratos, pocos son los de buen corazón que de verdad te devolverán el favor…
—¿Cómo puedes decir eso? Mi mamá me ha dicho que ayudar es…
—Déjame decirte algo, Leni, tu mamá puede llenarte de ideas sobre la amistad y la esperanza y de que todo siempre saldrá bien; de seguro te dirá que las buenas personas reciben cosas buenas y serán recompensadas si se portan bien y que los niños malos sólo reciben castigos…, pero déjame aclararte la situación: ¿viste a John? Ese niño vil que acaba de molestarte —asintió—. Mira, él ha hecho mil travesuras y ha molestado a muchos niños y nadie es capaz de ponerlo en su lugar. Él hace lo que quiere, obtiene lo que quiere y nunca tiene que pagar el precio, ¿acaso eso no contradice lo que tu mami dice?
Leni, ofuscada de tanta palabra, no pudo distinguir con claridad. Joel pudo captarlo y se sobó las sienes.
—El punto es que ser bueno no siempre significa que tendrás cosas buenas. Los malos también reciben cosas buenas y ellos, en la mayoría de los casos, no afrontan la justicia. Si entiendes qué es la justicia , ¿no?
—Es como que lo que se merece cada uno, ¿no?
—Así es, poniéndolo así, hay niños malos que no reciben lo que merecen, que sería un castigo, sino lo contrario.
—Pero eso no puede ser…
—Pues ya ves que sí.
—Joel, ¿cómo sabes todo eso? —preguntó con curiosidad.
—Digamos… que soy un niño de calle —Leni llegó a sentir tristeza por él, haciendo que se acercara y le diera un abrazo.
—No sabía que vivías en la calle —Joel rio.
—No, Leni. No vivo en la calle.
—Ah, ¿no?
—No. Me refería a que suelo pasar más tiempo en las calles que en mi casa y estando en las calles aprendes muchas cosas que no deberías aprender.
—¿Cómo que cosas?
—Como las cosas que yo te estoy diciendo. En fin, Leni, al recreo no le queda mucho tiempo, debo irme.
—Está bien, Joel. Gracias otra vez…, tú…, ¿si eres mi amigo? —preguntó con timidez. Joel, sonriendo, acarició la cabellera de la rubia.
—Más que un amigo, podría decirse que ahora soy quien te cuida la espalda.
—¿Cómo un guardaespaldas? —preguntó emocionada.
—Algo así.
—¡¿Entonces te importaría si mañana nos quedamos de ver aquí, a la misma hora?! —cerró los ojos y dio saltitos de emoción.
—Sí, claro…, como quieras.
—¡Genial! Ahora volveré con mi amiga —la pequeña estaba a punto de retirarse, pero Joel la detuvo de repente.
—Espera, espera…, ¿me estás diciendo que tienes una amiga y no te ayudo con estos… chicos? —resguardó para sí la grosería que iba a decir. Leni negó con la cabeza, algo confundida.
—No, pero lo entiendo. Estaba asustada y…
—Escucha, Leni…, esto es lo que pasará ahora —Leni, curiosa, se concentró en lo que Joel diría—. Irás con tu amiga y ella te dirá que lo siente mucho, que tenía mucho miedo de los chicos porque eran mayores que ella y entonces comenzará a reclamarte el porqué te metiste con ellos, ¿ya sabes cómo reaccionar?
—No creo que me reclame, ella sabe que a mí me gusta ayudar a la gente. ¡Lo entenderá! —sonrió.
—Ay, Leni…, tú eres de las que no entiende hasta que no se topa de bruces contra el suelo —negó con la cabeza.
—¿Cómo?
—Ya lo entenderás. Cuídate, Leni. Nos estaremos viendo —y así fue el comienzo de la relación entre Leni y Joel. Por su parte, Leni fue con su amiga.
—Cielos, Leni, perdóname por no ayudarte. Esos chicos me dieron muy mala espina y me aterré —la chica se mostró insegura.
—Tranquila, no pasa nada. Lo bueno es que todo salió bien.
—Sí, para la próxima no deberías hacerlo. No vaya a ser que esta vez termines herida.
—¿Qué dices? Si el niño necesitaba mi ayuda.
—Pero, Leni, nosotras somos unas niñitas y ellos unos monstruos, ¿qué podríamos hacer contra ellos? Mejor dejémoslos en paz si no queremos problemas.
—Pe-pero, Marta, él…
—No, Leni, no quiero que nos lastimen por tu culpa… —Leni se sintió.
—Tenía razón…, creí que podía contar contigo —y, dolida, se separó de su amiga para salir corriendo hacia el salón.
Durante las clases finales del día, Leni no podía parar de pensar en que las palabras de Joel hubiesen resultado ciertas. Veía a su amiga con algo de decepción y, al mismo tiempo, ojeó a todos sus compañeros. La mayoría de ellos se encontraba en la hora del recreo y a ellos mismos les llegó a ayudar cuando necesitaban de algo, y ninguno fue capaz de ayudarla, excepto Joel, con quien no había tenido contacto sino a hasta ese día. Suspiró con pesadez y dejó que terminara el día.
Ya afuera de la escuela, Leni esperaba a Lori. Marta llegó junto a ella.
—Leni, no te molestes. Sólo quiero cuidar de ti, ¡lo que hiciste fue peligroso!
—No podía dejarlo ahí, es que no…, no se lo merecía…
—Leni…, no sé qué más decirte… —su amiga emitió un suspiro de derrota y se retiró de allí. Minutos después, Lori alcanzó a su hermana.
—¡¿Estás bien?! Me enteré de lo que ocurrió en el recreo y me preocupé por ti. Sabía que debía dejar el proyecto de Jenny para cuando acabasen la clases —hizo un gesto de molestia con su mano. Leni sonrió por sus palabras, al menos sabía que podía contar con su hermana.
—Sí, Lori. Estoy bien. Trataba de ayudar a ese niño.
—Eres muy valiente, Leni. Aunque para la próxima será mejor que me esperes para que no te quedes sola, por cierto, ¿cómo saliste de esa? —preguntó arqueando una ceja.
—Pues, podría decirse que hice un nuevo amigo.
—¿En serio? ¿De quién se trata? —la rubia mayor tomó a Leni de la mano para dirigirse a la acera y esperar a su mamá.
Leni procedió a contarle sobre Joel y el cómo la salvó. Pasado un rato, su madre llegó por ellas, finalizando su día escolar.
Al día siguiente, todo inició a tornarse oscuro. Llegaron a la escuela y Lori, como de costumbre, dejó a Leni a unos cuantos pasillos de su salón, pues debía dirigirse al suyo; se despidieron y así emprendió Leni su trayectoria a su salón. Era la primera vez que Marta no la acompañaba hacia el salón, aparte de que Leni tampoco se sentía muy animada de verla de nuevo; en cambio, se topó al mismo chico de ayer cargando unos cuantos libros. Uno de los chicos de tercer grado le interpuso el pie, provocando que cayera. Se fue de ahí con una risa burlona. Leni no se demoró mucho y fue a auxiliarlo.
—¿Estás bien? —preguntó mientras le ayudaba a cargar sus libros.
—Sí. Gracias…, adiós —era tan tímido y miedoso, que no le dio la oportunidad a Leni de hablar con él, pues salió velozmente de allí dirigiéndose a su salón. Leni suspiró con tristeza.
—¿Por qué te esfuerzas tanto? —reconociendo la voz, Leni volteó a ver a su salvador.
—¡Joel! Qué alegría verte —abrazó al muchacho de improviso. Joel se asombró y se limitó a darle unas palmaditas en la espalda.
—También es grato verte —declaró con un notable sarcasmo, aunque Leni no lo reconoció.
—Awww, gracias —juntó sus manos con felicidad. Joel negó con la cabeza posicionando su mano en la frente.
—No hay de qué —la miró de nuevo. Retomó el tema—. Vi como ayudaste a ese niño, parece que no le importó tu ayuda —señaló donde ocurrió la escena.
—No, sí le importó. Me dio las gracias —sonrió.
—Todos podemos decir gracias y eso no necesariamente significa que nos haya importado la ayuda; puedo decirte que hasta hay que gente que ni siquiera quieren que les ayuden. Prefieren estar solos y que nadie los moleste, alguien como el niño que se acaba de ir corriendo, dejándote con la palabra en la boca —se cruzó de brazos, mostrando una expresión seria. La pequeña Leni reflexionó lo que dijo Joel.
—¿Qué clase de persona no quiere ser ayudada? ¿Qué acaso no sería mejor si todos fuéramos amigos y pudiéramos ayudarnos entre nosotros? —Joel tomó el hombro de Leni.
—Sería un mundo perfecto y, por desgracia, este mundo no es así, Leni —la soltó y caminó al final del pasillo. Le hizo una seña a Leni para que lo siguiera. La chica acató la indicación y se fue caminando con él—. Esto debería decírtelo tu padre o tu madre, es esencial para sobrevivir a la vida —volteó a verla—. Habrá personas que querrán…, cómo te lo explico para que me entiendas… —Joel se quedó en silencio, meditando. Leni estaba expectante de lo que diría—, querrán tu ayuda todo el tiempo…
—¡Pues yo con gusto los voy a ayudar! —comentó alegremente.
—Déjame acabar, pequeña tontuela —sonrió. Leni hizo un mohín, pero al ver la expresión de Joel, vio que no lo había dicho con intensión de ofender, sino como un apodo cariñoso.
—No me digas tontuela —sonrió de lado mientras lo veía.
—Está bien, Leni. Como quieras…, tontuela —rio y Leni le dio un leve empujón con su mano izquierda para terminar uniéndose a su inocente risilla.
—De acuerdo, lo dejaré pasar esta vez…, cabeza hueca.
—¡Hey! —y esta vez rieron los dos.
—¿Entonces qué me estabas queriendo decir sobre lo de ayudar a la gente? —Leni retomó el tema. Joel asintió y prosiguió.
—Te decía que a veces habrá personas que querrán que la ayudes todo el tiempo, pero que cuando tú necesites de su ayuda…, no contarás con ellos.
—¿Quieres decir que habrá personas malas que van a querer mi ayuda?
—Más o menos, pero el punto es que debes aprender a brindar tu ayuda. Hay gente que no la merece.
—¿Y cómo voy a saberlo?
—Esa es la peor parte, a veces la única de manera de averiguarlo es…, ayudándoles primero —y dicho eso, llegaron al salón.
El día prosiguió con tranquilidad. Leni vio a su amiga y se entristeció de que se separaran. Tal vez, tomando en cuenta lo que dijo Joel, podría reconsiderar lo de no ayudar a todo el mundo…, sin embargo, se negó a hacerlo. Seguía creyendo que todos merecían su ayuda, porque su mamá le había enseñado que ayudar a la gente es algo que da buenos frutos a futuro y es símbolo de que es alguien dispuesta y servicial. Estando en una de las clases, Leni volteó a ver a Joel y este sólo negó con su cabeza, como si estuviera decepcionado. Llegó la hora del receso y Leni salió a buscar a su hermana, pero Marta se atravesó en su camino.
—Leni, intentémoslo una vez más, ¿quieres? Eres una muy buena amiga y quiero que sigamos juntas —se sobó el brazo. Leni suspiró.
—¿Pero la próxima vez si me vas a apoyar? —la chica silenció, sin saber exactamente qué decir—. Bueno, intentémoslo de nuevo. Igual dudo que se repita, Joel me puede ayudar.
—¿Quién es Joel?
—Mi nuevo amigo, lo conocí ayer.
—Oh, creo que ya sé a quién te refieres: es el que está recursando con nosotras, ¿no?
—Sí, ¿tiene algo de malo? —puso su dedo en el labio, demostrando confusión.
—No, no…, sólo que se me hace un chico extraño.
—Yo lo veo bien, no entiendo por qué lo juzgan tanto por estar en primer grado de nuevo.
—Tienes razón, no importa. En fin, ¿nos vamos?
—Claro —juntas salieron al patio de nuevo.
Leni, estando ya afuera, esperaba a que Joel llegase para invitarlo a comer con ella y su hermana, aunque el chico no hizo aparición en todo el rato. Lori se percató de ello y se acercó a su hermanita.
—¿A quién esperas?
—A Joel, creí que habíamos acordado encontrarnos a la misma hora en este mismo sitio.
—Quizá tuvo un compromiso con alguien más, ¿por qué no vienes a almorzar y después vemos dónde está?
—¿Y si está en peligro? —Leni se mostró preocupada—. ¿Qué pasa si los niños malos de ayer lo encontraron? Tengo que buscarlo —corrió en su búsqueda.
—¡Leni, espera! —Lori vio cómo se fue. Queriendo que no se metiera en problemas, fue detrás de ella.
De entre uno de los pasillos, Leni consiguió encontrar a Joel. Estaba recargado en uno de los casilleros de la escuela, comiendo un emparedado.
—¡Joel! Aquí estás, me tenías preocupada. ¿Por qué no viniste?
—Es sólo que no me gusta estar rodeado de tanta gente, Leni.
—Me lo hubieras dicho antes, hubiéramos acordado otro sitio —sonrió.
—Bueno, no se me ocurrió decirte —de pronto, Joel se asomó al pasillo—. Alguien viene —se despegó del casillero y caminó a un punto ciego de otro pasillo.
—Joel, no te vayas —el chico la miró, pero siguió su andar. En eso, Lori vio a Leni.
—¡Leni! No corras así, a veces hay chicos de cuarto por aquí.
—Lo siento, Lori. No lo volveré a hacer.
—Y, bueno, ¿encontraste a Joel?
—Sí, pero ya no está…, uhmm…, ¿podrías dejarme a solas? Es que no le gusta que haya más personas.
—¿Estás segura?
—Sí, Joel es un buen amigo. Confío en él.
—En ese caso, está bien. Te veré en la salida entonces —le sonrió y regresó al patio.
—Es bueno saber que tu hermana es considerada —Joel salió de nuevo al ver que ya no había nadie.
—¿No dejarás que mi hermana te conozca? Yo creo que se llevarían muy bien.
—No suelo tener muchos amigos, de hecho, eres la única persona con la que me he relacionado desde que comenzaron las clases.
—¡No puede ser! Eso es muy triste, pero yo siempre seré tu amiga —le dio un abrazo.
—Ay, Leni…, de verdad que eres una pequeña tontuela.
—Y tú un cabeza hueca —ambos sonrieron.
—No entiendo por qué confías en mí.
—Porque me salvaste.
—Creo que hay muchas cosas que debo de enseñarte. Ven, tengo que charlar contigo —así mismo, Joel y Leni caminaron en los pasillos solitarios de la escuela, casi todos los niños preferían estar en el patio y otros se resguardaban en el salón; Joel era de los pocos que rondaba entre los pasillos y sabía con exactitud como no toparse con otros en su andar.
—¿De qué me vas a hablar ahora? —atenta, Leni se dispuso a escuchar a su nuevo amigo.
—Te voy a hablar acerca de la desconfianza…
