Capítulo 14: Los golpes de la vida
Joel y Leni eran una mala combinación, pero bien dice el dicho que "Polos opuestos, se atraen". Los días pasaban, convirtiéndose en meses. Leni se había hecho tan cercana a Joel que este mismo ya ni podía quitársela de encima. Ambos platicaban todo el tiempo e, inclusive, llegaron a verse en las vacaciones de invierno. En todo ese proceso, varios problemas descendieron sobre la rubia, y recibía ayuda de vez en cuando de su hermana, de su amiga y de Joel…, mas eran los únicos que hacían algo por ella. Cabe destacar que Lori jamás conoció a Joel en persona, sólo sabía de él por medio de Leni y que su amiga Marta tampoco era consciente acerca de la relación acérrima entre Joel y Leni; sin embargo, si llegó a darse cuenta de que Leni, a veces, dejaba de estar con ella para irse a otros lados.
Joel, por su parte, seguía instruyendo a Leni para cambiar su forma de actuar, pero siempre se mostró terca e inmutable, algo que el muchacho ya tenía presente que pasaría; dejó pasar el tiempo, esperando la oportunidad perfecta para que Leni pudiese comprender el mundo de una vez por todas…, y ese día, desafortunadamente, llegó en marzo, en específico, el 20 de marzo.
Si Leni hubiera sabido que ese día sería el peor de toda su vida entera, habría decidido mentirle a su mamá por primera vez para quedarse en casa y no asistir a la escuela; sin embargo, todo se dio a la perfección para que, a partir de ese día, algo dentro de Leni se quebrase, cambiándola para el resto de su existencia.
Leni y Lori subieron a Vanzilla, aunque esta vez, la mayor tenía un proyecto en sus brazos: se trataba de una maqueta.
—Oye, Leni, ¿te importa si esta vez no te acompaño? Tengo que encargarme de esta cosa.
—¡Yo te podría ayudar, Lori!
—Pero no alcanzarás a llegar a tu salón. No te preocupes, yo me haré cargo junto a Jenny.
—¿Segura?
—Sí, estoy muy segura.
—Será raro que no me acompañes esta vez, ¡siempre vas conmigo!
—Tranquila, cielo. Ya conoces bien la escuela, ¿no? —habló el Sr. Lynn quien conducía y las veía por el retrovisor.
—Sí, papá.
—Entonces estarás bien, hija. Deja a Lori con su proyecto, sólo será por esta vez, ¿okey? —asintió—. Así me gusta —sonrió.
Llegaron a la escuela y cada una de las dos tomó su propio camino. Leni inhaló hondo y entró a la escuela. Recordando los pasillos por los que Lori siempre pasaba, trataba de abrirse camino; sin embargo, notó algo diferente ese día y era que Lori, al pasar por cierto sitios, la jalaba con fuerza y se debía a que en las partes principales se atascaba de gente. Pasaban chicos de grados mayores a su lado y, sin querer, la empujaban o la hacían a un lado. Entre todo el alboroto, se perdió y ya no supo a donde ir. Así que comenzó a pedir ayuda.
—Oye —llamó la atención de un chico, pero la ignoró por completo—. Oye —le habló a otro, pero siguió su camino—. Disculpa —esta vez dirigió su llamado a una chica, ella volteó.
—¿Sí, dime?
—Al fin, gracias…, este…, ¿sabes dónde quedan los salones de primer grado? Es que mi hermana siempre me ayuda a cruzar esta parte y entre tanta gente me he extraviado —juntó sus dedos en símbolo de vergüenza.
—Oh, tranquila, me ha pasado también…, aunque temo decirte que no recuerdo donde quedan. Lo siento, chica, pero no podré ayudarte —le regaló una sonrisa compasiva y se retiró de allí.
Leni sentía que sus esperanzas se perdían, intentó llamar la atención de alguien más, pero todos estaban enfrascados en sus propios asuntos. Pasaron diez minutos y la cantidad de alumnos descendió considerablemente. Posteriormente, la campana sonó indicando que las clases habían comenzado.
—¡Oh, no! No llegaré a tiempo —Leni miró a todos lados asustada.
—¿Perdida? —preguntó alguien de forma monótona. Leni volteó y se alegró mucho.
—¡Joel! Otra vez me has venido a salvar —suspiró aliviada.
—Soy muy oportuno, ya sabes —se dirigió con la pequeña rubia—. ¿Nadie te auxilió?
—No, todos estaban dispersos y la mayoría me ignoró.
—¿Y qué haces por acá? —preguntó extrañado.
—Es que tomé el camino por el cual Lori siempre me llevaba para irnos a nuestros salones.
—Oh, ya sé lo que pasó —se paró en medio del sitio—. Tengo entendido que Lori siempre te trajo al pasillo equivocado, aquí pasa la mayoría de los grupos de tercer grado para arriba, pero su salón le queda más cerca. Debiste tomar el otro pasillo donde los niños de nuestra edad abundan.
—Eso explica bastante…, espera, ¿cómo sabes dónde queda el salón de mi hermana?
—Me quedé un año entero aquí, sé mucho de la escuela y sus residentes.
—Eso tiene sentido, en fin, ¡vámonos! Que llegamos tarde a clases —Leni jaló del brazo a Joel mientras este se rehusaba a seguirle el paso—. ¿Qué esperas? ¡Vamos!
—Igual ya tocaron, Leni. No importa si perdemos la primera clase porque…
—¡No me rendiré, Joel! Al menos dime el camino.
—Bueno, ya que insistes… —ambos tomaron dirección hacia su salón y, al llegar, tocó la puerta. La maestra los recibió.
—Leni Loud, ¿por qué llegas tan tarde?
—Lo siento, maestra. Me perdí… —se sobó el brazo derecho. La maestra pudo ver que Joel iba con ella.
—Debo suponer que la trajiste.
—¿Sino quien más?
—Pueden pasar, pero les dejaré tarea extra.
—¡Gracias, maestra! —Leni pasó aliviada.
—Y harán equipo ustedes dos, porque todas los demás ya formaron sus equipos —entraron al salón y vieron que la mayoría de los grupitos estaban conformados d personas.
—Maestra, ellos son muchos y nosotros somos 2, ¿no resulta injusto?
—¿Qué les parece si en vez de la tarea extra les dejo a cargo este proyecto de clase entre los dos?
—Por mí está bien, maestra. No me gusta llevar tarea extra a mi casa —respondió Leni con amabilidad.
—Está dicho, entonces. Vayan a sentarse.
Ambos fueron a sus pupitres y cuando el salón entero los vio a ambos juntos no pudieron evitar burlarse del chico que recursaba el primer grado mientras otros decían que Leni ya había reprobado el proyecto por el simple hecho de hacerlo con él. Joel los ignoraba por completo, por otro lado, Leni se sentía incómoda porque no le agradaba el trato que le estaban dando. Observó a su amiga y ella se escondió para no sentirse involucrada, algo que decepcionó a Leni en sobremanera.
El proyecto se realizó con dificultades, aunque para suerte de Leni, Joel ya sabía exactamente de lo que trataba. Tenían que hacer una pequeña edificación con materiales dados por la maestra: palitos, algunas barritas de plastilina, hojas de colores, entre otras cosas. Leni, siendo experta con su creatividad y el manejo de los diseños (habilidad que recién estaría descubriendo gracias a ese tipo de trabajos) junto con Joel, quien se mostraba muy dispuesto en la construcción de su pequeña creación, terminaron haciendo un trabajo realmente espléndido. Prácticamente, Joel hizo la edificación con mucha eficacia y Leni se encargó de decorarla y dejarla espléndida conforme a su estética. Todo culminó en una pequeña casita de diversos colores y figurillas que rondaban en la misma, y la forma que le dio Joel había sido como la de una casa real. Pudieron terminar en el tiempo establecido de dos horas, pues Joel fue muy rápido, no perdió ni el más mínimo segundo y Leni ya había tenido lista la decoración cuando el pelinegro acabó la construcción. De esta forma, el momento de presentar los proyectos se dio y, a pesar de que los demás equipos estaban conformados de más personas, el proyecto más sobresaliente fue el de ellos.
—Vaya, Dagger, esta vez me sorprendió. Creí que tras su desinterés del último año usted volvería a fracasar, pero me acabo de dar cuenta que lo único que necesitaba era una buena compañía.
—Posiblemente, maestra —sonrió y vio a Leni, quien le correspondió su sonrisa.
—Tienen una A más, ahora niños, quiero que feliciten a sus compañeros.
Todos aplaudieron y hasta halagaron la maravillosa manualidad que ambos niños habían realizado. Tocó la campana para el recreo y, fugazmente, salieron corriendo tras la puerta; aunque uno que otro se detuvo para darle ánimos a Joel al decirle que lo habían subestimado. La maestra los volvió a felicitar y se retiró de allí. Leni se mostraba muy contenta, pero Joel se quedó serio.
—Así son siempre —comentó de repente—. No es más que un juego para ellos, para el mundo —fue hacia la ventana y se quedó admirando las afueras.
—¿Qué cosas dices, Joel? ¡Fuimos el mejor del grupo! Pudimos callarles la boca a todos ellos, ¡hasta te felicitaron! —repuso entusiasmada.
—¿Pero sí te diste cuenta de lo que sucedió ahí? —Leni se mostró escéptica.
—¿Qué sucedió? —Joel se acercó a ella.
—Es otra cosa que quiero que entiendas. Esto no fue una victoria, Leni, sino algo hipócrita por parte de nuestros compañeros.
—¿Qué es hipócrita?
—Es cuando una persona se muestra de una manera y luego se muestra de otra, para que al final de todo, terminen siendo como eran al principio. Fingen para quedar bien, pero cuando no los ves, piensan y hablan diferente a como tú los viste.
—¿Y eso qué significa entonces?
—Significa que nuestros compañeros nos juzgaron y no fue que les demostramos lo contrario que cambiaron de opinión; sin embargo, seguirán pensando mal de mí, aunque ya les haya demostrado un poco de mi verdadera esencia.
—Pero si les demostramos lo contrario, ¿no deberían pensar ellos ahora que no somos como ellos creen?
—Al mundo no le basta que se lo demuestres…, el mundo quiere que se lo recuerdes constantemente porque una vez que te haya atrapado con un juicio, no te lo quitará de encima hasta que des un paso firme y trascendente.
—¿Qué es trascendente?
—Que se quedará para siempre, gracias a su importancia.
—Joel… —se acercó a él y tomó su mano. El chico regresó a verla—, ¿la calle te ha hecho cosas tan malas como para pensar de esta manera?
—Tal vez, Leni…, tal vez. Deberíamos irnos, o nos quedaremos con hambre —soltó su mano y se dirigió hacia la puerta. Leni le siguió por detrás—. Ahora sabes que este mundo es superficial y siento que pronto te estamparás con situaciones más dolorosas.
—¿Por qué lo dices?
—Una corazonada… —Joel salió del salón. Leni también y vio como este se alejaba por uno de los pasillos. Por lo que acababa de ocurrir, pensó que probablemente querría estar solo. Así que regresó al salón, tomó su almuerzo y se dirigió al patio para encontrarse con su amiga.
Afuera, se percató de que Marta estaba sentada junto a otro grupo de niñas. Extrañada, Leni se acercó a ella.
—Hola, Marta, ¿qué tal todo?
—Miren quién es, es la niña que construyó la casa arcoíris —comentó una de las niñas.
—Sí, estaba muy bonito, ¿verdad? —respondió Leni con ternura, sin embargo, otra de las pequeñas le contestó.
—El nuestro estaba mejor, la verdad no sé qué le vio la maestra a su casa que la nuestra no tuviera.
—Exacto, nosotras hasta le pusimos una resbaladilla y todo. No puedo creer que hayan tenido la mejor —se cruzó de brazos. En ese instante, Leni recordó las palabras de Joel.
—Siendo honesta, Leni, creo que te llevas mejor con Joel que conmigo. Ya casi ni estamos juntas —se quejó Marta, viéndola con desgane.
—¡Eso no es cierto! Si yo procuro estar contigo cuando llegamos a la escuela, en las clases, en el recreo y todo. A Joel lo veo más en las salidas y en el final de los recesos, ¿cómo puedes decirme eso?
—Así era antes, pero también te mostraste más distante conmigo. Quizá lo mejor es que dejemos de ser amigas, Leni…, también estuve pensando en los líos en los que nos hemos metido por tu persistencia de ayudar a los demás y no quiero seguir con eso…
—Marta… yo creía que…
—Ya la oíste, será mejor que te vayas de aquí —mencionó una de ellas con agresividad. Leni, sintiéndose muy triste, salió corriendo de ahí con lágrimas en los ojos.
Corrió a uno de los pasillos, donde terminó encontrándose a Joel.
—¿¡Qué hiciste, Joel?! —preguntó con dolor y una profunda tristeza.
—¿Yo? No he hecho nada.
—¿Entonces cómo sabías que algo malo ocurriría? ¿Me estás ocultando algo?
—¿Por qué no me cuentas lo que pasó? —se mostró abierto, a pesar de la furia de la pequeña.
—Marta quiso dejar de ser mi amiga y te mencionó en el proceso…, dice que paso más tiempo contigo que con ella y…
—Wow, wow. Espera un momento, Leni —puso su mano sobre su hombro—. Tienes que entender una cosa —Leni lo miró mientras continuaba derramando sus lágrimas—, ella no te dejó por mí, te dejó porque esa fue su decisión. Siendo franco contigo, siempre esperé eso de ella. Sí, puede que quizá al principio se viera como una niña tímida, pero creo que sólo le bastó adaptarse para darse cuenta de que ella tenía gustos diferentes a los tuyos. No es mi culpa si lo piensas un poco —Leni abrazó a Joel en ese instante.
—No puedo creer que haya sido mi amiga…, fue una hipócrita conmigo… —sollozó.
—Creo que ya entiendes bien el concepto de la palabra.
—Al menos puedo contar contigo, ¿verdad? —Joel hizo que se separará de él y la vio a los ojos.
—Yo no puedo hacerte promesas que no puedo cumplir.
—¿Aunque sea seguiré contando contigo?
—No importa si soy frío y a veces algo cruel…, ya ves, por todo lo que te he dicho y porque a veces no soy tan afectivo; pero puedo decirte que contarás conmigo en la peor parte de tu vida.
—Esta es una parte muy fea de ella, ¿podrías ayudarme entonces?
—Tu vida apenas está iniciando. Vendrán circunstancias peores que esta, créemelo. En la peor de todas ellas, estaré ahí cuando menos te lo esperes.
—Eso es una alivio —lo intentó abrazar de nuevo, pero Joel se negó.
—Pero yo te decía lo de la corazonada por otra cosa…, pero…, aún no es tiempo para revelártelo —Leni, intrigada, se quedó viéndolo.
—¿Y qué es? —Joel se apartó de ella.
—Lo sabrás en la salida, siento que todo va a cambiar muy pronto —y habiendo dicho eso, se retiró, dejando a una Leni confundida y aún lastimada por lo acontecido con su mejor amiga.
Un sentimiento que Leni no podía reconocer del todo inició a generarse dentro de su interior, aparte de toda la tristeza y la aflicción que la agobiaba por lo sucedido. También se sintió muy molesta y enfadada porque Marta resultó ser una persona indeseable y para nada condescendiente.
Las clases finales transcurrieron con normalidad, aunque la nueva compañía de Marta no dejaba de hablar acerca de Leni, insinuando que incluso era tonta por el hecho de ayudar a otros y salir mal en los peores casos. Eso no hizo más que empeorar la situación, haciendo que Leni, aparte de notar lo contradictoria que era su antigua "amiga", también se percatara de que era traicionera. Los rumores de la falta de inteligencia de Leni se esparcieron rápidamente y ahora todos en el salón tenían la idea de que era ingenua. Leni se sumió en su asiento, pidiendo que el día ya se terminase, pero el mal presagio que Joel le había advertido hacía rato, no hacía más que tenerla inquieta.
Terminaron las clases y, por fin, Leni pudo liberarse de aquella prisión. Agarró su mochila y se dirigió a la salida con un semblante decaído. En el trayecto, había muchos grupos de amigos que se divertían y platicaban. En eso pensó en su hermana Lori, deseaba que estuviera con ella, pero lo más seguro es que ella se encontraba guardando su maqueta junto con la maestra, pues los proyectos escolares suelen conservarse como el suyo que hizo con Joel. Mientras avanzaba en su camino, pudo darse cuenta de lo vacío que se estaban haciendo los pasillos y un escalofrío la invadió de pronto. Sentía que alguien la observaba, por lo que volteó para asegurarse de estar a salvo. No había nadie, así que suspiró con alivio, pero para su mala fortuna, al dirigir su mirada de nuevo hacia donde se estaba dirigiendo, se topó con los mismos chicos de tercer grado de hace meses.
—Parece que tu suerte se termina hoy —John se acercó a Leni, mostrándose algo furioso—. Desde hace tiempo que me quedé molesto porque no pude enseñarte tu lección —sonrió con malicia, mientras realizaba un ademán con su mano para que sus amigos se acercaran—, pero siempre estabas acompañada de alguien y nosotros no queríamos testigos; además de que tu amigo el retrasado me tenía amenazado, pero él no anda por aquí, así que nadie va a enterarse de lo que pasará aquí.
Un profundo miedo invadió a la pequeña rubia, retrocediendo para correr. Desafortunadamente, uno de los chicos estaba detrás de ella y le impidió el paso. Leni empezó a temblar.
—¿Por qué haces esto? —miró al chico con temor.
—Porque nadie debe meterse conmigo y mis asuntos. ¿O crees que no me he enterado de que muchas veces volviste a meterte en peleas de este tipo? Muchos de mis amigos me comentaban que Joel no dejaba de amenazarlos con información personal y estoy aquí para que entiendas de una vez por todas que nuestros asuntos no son tus problemas.
—¡Yo sólo quería ayudar! ¡Lo que ustedes hacen es injusto y malvado! —la niña trataba de justificarse, pero ellos ni siquiera se tomaron la molestia de hacerle caso.
—Ya saben qué hacer, muchachos.
Y en ese instante, le quitaron su mochila y empezaron a deshacer su material, maltrataron su cabello y la insultaban de diferentes formas. En todo ese proceso, Leni pedía ayuda, pero nadie estaba cerca para auxiliarla y eso no hacía más que hacerla sentir más frustrada, además de recordar cada palabra que Joel decía; el sentimiento que se había concebido desde el recreo se incrementó, sin saber todavía lo que aquello significaba, la tristeza se hizo más profunda junto con su aflicción. Luego de una tortura que lucía interminable, su único amigo hizo aparición.
—Pensé habértelo advertido —Joel puso sus manos detrás de la espalda. John y su compañía se voltearon a verlo.
—Llegas muy tarde, Joel, el trabajo ya está hecho.
—Y el mío también —el director estaba detrás de Joel, observando lo que había acontecido. El grupito de chicos se asustó.
—¡¿Có-cómo?!
—¡Silencio! —repuso el director Huggins—. Ustedes, a mi oficina en este momento —señaló con suma molestia lo mencionado. John vio a Joel con algo de sospecha y temor, puesto a que se quedaría con la duda del cómo sabía lo que hacían en ese instante y en dónde se encontraban.
Estando solos, Joel vio a Leni, quien estaba llorando en el suelo abrazándose a sí misma. El pelinegro se sentó a su lado y la abrazó, rodeándola por el hombro. La rubia se apegó a él con fuerza mientras continuaba en llanto.
—¿Por qué, Joel? —preguntó con una profunda depresión cerniéndose sobre su alma.
—Tarde o temprano iba a pasar. Te lo había advertido muchas veces, pero tú insistías en continuar —la niña no dijo nada, se limitó a seguirlo abrazando, desahogando todo su pesar en él—. Otra vez tuve que sacarte del apuro. Para tu suerte, John no volverá a pisar esta escuela nunca más y sus amigos recibirán su merecido.
—Gracias, Joel… —su nariz moqueaba un poco por lo mucho que estaba llorando, pero se lo quitaba inhalando por su nariz. Joel estaba serio y no denotaba ninguna emoción, pues estaba listo para culminar con esto de una vez por todas.
—No, Leni…, no me agradezcas —se levantó despegándose de ella.
Leni, sin saber lo que acontecería a continuación, observó a Joel. El chico le ayudó a levantarse como el último acto caritativo que haría por ella, pues ahora vendría el golpe final.
—Leni, es hora de que sea honesto contigo —colocó sus manos por detrás de su espalda y, con una actitud fría, se abrió con Leni—. Este es mi último día dentro de la escuela.
—¡¿Qué?! —impactada por la noticia, comenzó a inquietarse, moviéndose por todas partes sin parar—. ¿Po-por qué no me lo dijiste antes?
—Porque sabía que reaccionarías así y estaba consciente de que tratarías de pasar mucho más tiempo conmigo que con tu otra amiga, haciendo, tal vez, que lo que sucedió hoy sucediera antes y entonces, en esa circunstancia, yo sí tendría la culpa —Leni se alejó de él, trataba de manejar todo lo que sentía en esos instantes, mas resultaba imposible por toda la tormenta de sucesos que la habían acechado.
—¿Entonces te irás? —preguntó con una aflicción indescriptible.
—Así es, Leni. Me voy para no regresar a esta escuela.
—Pero aún te podré seguir viendo, ¿no? Dijiste que estarías conmigo en la peor parte de mi vida y sin duda alguna estoy segura de que este ha sido el peor día de toda mi vida. Primero Marta, luego nuestros compañeros, después estos brabucones y ahora…, tú también…
—Es un hecho fatídico el que todo esto ocurriese en un mismo día, pero creí haber sido claro contigo muchas veces. No puedes confiar en nadie, ni siquiera en tus héroes —dijo aquello último refiriéndose a sí mismo, pues Leni lo consideraba así. Por otro lado, Leni lo veía con molestia.
—¿Entonces en quién puedo confiar?
—Pues en mí no puedes confiar —se volteó y sonrió. Sabía que era el momento, la tenía en una red de confusión y martirio; era ahora o nunca y, a pesar de que tal vez sería una de las cosas más crueles que habría hecho, sabría que dejaría en ella una lección para el resto de su existencia.
—¿Por qué?
—¿Recuerdas que te dije que nunca fui tu amigo, sino alguien que te cuidaba las espaldas? —la miró con dureza.
—¿Cómo? Pero si yo te dije amigo muchas veces y nunca lo negaste… no entiendo el punto.
—Tampoco lo afirmé. La honestidad es algo fundamental en esta vida, Leni, y es tiempo de hablarte con ella —la rubia lo miraba con expectación—. Sí…, sólo he desperdigado mi tiempo. Desperdicié mucho tiempo a tu lado, siempre protegiéndote de las tonterías que hacías y yo siempre traté de hacerte entrar en razón, pero seguías y seguías y seguías… —negó con la cabeza—, pero como te dije alguna vez, tú no eres de las que entiende hasta que se da de bruces contra el suelo —acercándose más a ella, puso su mano sobre su hombro—. Leni…, no fui tu amigo en todo este tiempo, sólo te cuidaba de ti misma.
Un vacío interno abordó a la rubia, quien trataba de procesar la información. Aquel sentimiento que se volvía pesado y realmente asfixiante, se expandió lentamente en cada rincón de su alma, generando algo nuevo en su corazón: ira.
—¿Y por qué estabas conmigo, entonces? —frunciendo el ceño, lo empujó viéndolo directamente a los ojos.
—Porque me diste lástima —confesó. Leni se ofuscó.
—¿Cómo? No lo entiendo
—Leni…, no espero que lo entiendas. Eres tan ingenua que no me sorprendería que incluso ante una circunstancia que te beneficiaría de por vida lo terminaras saboteando tú misma.
—¿Ingenua? ¿También tú? —apretó sus puños con fuerza. El sentimiento profundizaba más en su interior, echando raíces arraigadas dentro de ella. Joel negó con la cabeza y rio—. ¿Qué es gracioso?
—Leni, Leni, Leni…, ¿cuántas veces no te dije que ayudar a la gente no siempre termina en algo bueno? ¿Cuántas veces no te dije que te mantuvieras al margen? Y mira como has terminado.
—A-al menos toda esa gente está bien —hizo un intento en refutar lo que decía.
—No te engañes a ti misma, creo que este día la vida te ha dicho muchas cosas.
—Pe-pero… —Joel la interrumpió.
—Esa es la verdad, Leni…, siempre fue así y nunca te diste cuenta. Un buen corazón nunca prosperará en un mundo lleno de egoísmo y malicia, serás aplastada, desechada y a nadie le importará todo lo que has hecho…, porque así funciona este mundo…
—¡No! No puedes quitarme también eso, Joel…, no puedes quitarme todo lo que he creído…
—No te lo quitaré, sólo quiero que lo reflexiones, dime, ¿qué has ganado ayudando a esta gente? —Leni silenció—. Lo único que has ganado…, ha sido el despecho y ni amigos ni familia… nadie…, nunca valorarán las cosas buenas que hiciste, porque con que hagas una cosa mal, entonces te lo echarán en cara cada vez que se pueda. Porque, te repito, así funciona este mundo.
—¡¿Entonces qué se supone que haga?!
—¡Deja de actuar como tonta y concéntrate en ti misma! —Leni, oyendo que Joel la había insultado y esta vez había sido con toda la intención de ofenderla, no pudo contenerse más y le dio un golpe. Joel soltó una carcajada—. ¡Sí, justo así!
—¡No! No se supone que lo recibieras de esta manera, ¿cómo te atreves, Joel? —las lágrimas no tardaron en salir nuevamente.
—Estás condenada si sigues este camino, Leni. ¿Acaso no puedes verlo ya?
Leni sintió como todo lo bueno de su ser la abandonaba, sólo para que el sentimiento que había consumido por completo su espíritu tuviera el control de ella. La rubia tomó al chico de su playera.
—Entonces supongo que tendré que cambiar para ya no estar condenada, ¿no es así? —y con una sonrisa, Joel asintió—, pero esta conversación no quita el hecho de que me has herido profundamente, dejándome aquí sola… —lo soltó, empujándolo en el proceso.
—Leni, como te dije, me provocaste lástima. No valía la pena una verdadera amistad con alguien como tú.
—¿Entonces qué era para ti?
—Eras un lienzo en blanco que tenía que preparar para la crueldad y la frialdad de este mundo…, y mira qué obra más perfecta me ha salido…
—¡¿Estabas jugando conmigo?! —cuestionó con mucha furia.
—Quien diría que además de un cambio de actitud, también adquirirías un poco más de inteligencia gracias a mí —se señaló mientras sonreía burlesco. Leni, más enfadada todavía, se acercó a él, exclamándole.
—¡Yo…, no sé lo que siento por ti en este instante! —hacía ademanes con las manos, tratando de comprender—. Es como que mucho enojo combinado con decepción y tristeza, haciéndome sentir como que ya no te quiero ver ni siquiera en pintura —hizo un gesto de enojo—. ¡¿Qué es esto?!
—Se llama odio y será mejor que lo tengas bien presente, pues en este mundo será lo único que te haga salir adelante. Ya lo has visto con todos los de aquí, nadie es dispuesto y no dejarás de encontrarte con personas que sólo quieran tu ayuda y nada más.
—¿Odio? —Leni se quedó estática en el sitio, mientras comprendía el sentimiento—. Odio…
—Así es, Leni. Ahora debo irme y dejarte…
—Te odio, Joel —musitó en lo bajo.
—Lo sé, Leni. Incluso yo me odiaría a mí mismo si me hubiera enterado de que siempre pensé estar con alguien que fingía ser mi amigo.
—Sigo sin creer que de verdad me hayas hecho esto…
—Sólo te abrí los ojos a la realidad. Nadie de este mundo se fijará en tus buenas obras, lo único que el mundo quiere es ver tus resultados —Joel se volteó y comenzó a dirigirse hacia la puerta de la salida.
—Joel…, tampoco entiendo cómo es que no sientes el mismo odio que yo si has vivido por las mismas cosas que yo —lo miró con repudio y furia. Joel, captando lo que trataba de decir, sonrió.
—Una vez que te adaptas al odio, puedes transformarlo en frialdad y crueldad, justo como soy ahora. Así que sí, llegué a sentir el mismo odio que tú sientes ahora, pero conseguí trascender —Leni, intrigada, pero sin dejar de sentir el inmenso odio que ahora apoderaba su alma, se limitó a también irse.
—Espero no volverte a ver nunca más.
—Te hice una promesa…, y ahí voy a estar…
Dicho lo último, cada uno se fue por su camino. En el trayecto, Leni mostraba una expresión seria y fría, irradiando ese odio que los demás podían percibir. Su caminar se había vuelto lento y su mirada era totalmente agresiva. Leni volvió a toparse con el grupo de Marta.
—Miren, la ingenua —muchas se burlaron, pero esta vez, Leni no se dejó.
—Me llamarán ingenua, pero ustedes son unas inútiles que no pueden hacer las cosas mejores que yo y siempre se tendrán que conformar en quedarse en segundo lugar porque lo único que saben hacer bien es burlarse, ¿o me lo van a negar? —el grupito se quedó callado— Y tú, ¿sabes algo? Ya no te necesito, igual eres una basura como tus nuevas amigas, así que espero y disfrutes del mal olor —y habiendo soltado esas palabras que denotaban el odio de Leni, las chicas no se atrevieron a molestarla de nuevo, pues se sintieron y hasta se quedaron dolidas.
Estando afuera de la escuela, Leni se puso en la acera donde esperaba a su madre. En eso llegó Lori cargando la maqueta.
—Hola, Leni. Perdón si tardé mucho, lo que pasa es que la maestra estaba guardando los proyectos, pero el mío ya no cupo, así que tuve que traérmelo de vuelta y perdí mucho tiempo allá. ¿Crees que puedas ayudarme?
—Siempre me pides ayuda para tus cosas, pero cuando más te necesito, tú no estás. Así que no, no te voy a ayudar —comentó sin siquiera voltearla a ver. Lori, sorprendida de la nueva actitud de Leni, se acercó a ella.
—¿Pasó algo, hermanita?
—Nada que te importe, al parecer tu proyecto es mucho más importante que mi seguridad.
—Pero no lo entiendo, Leni. ¿Qué te hice yo?
—Los chicos de tercero me hallaron sola e hicieron de las suyas —y cuando Leni dijo eso, pudo ver que su hermana, al inspeccionarla con detenimiento, se hallaba algo lastimada y con el pelo alborotado.
—¡No puede ser! ¡¿Qué te hicieron esos brabucones?! ¡Dímelo e iremos con el director ahora mismo!
—Eso ya no importa, el director se dio cuenta y ya se hizo cargo de ellos —contestó sin mucha importancia—. El asunto es que no estuviste en ese momento para protegerme.
—Pero, Leni, ¿cómo te iba a proteger si me hallaba lejos?
—No lo sé, pero no estabas.
—¿Y qué hay de tu amiga?
—Me dejó por otras, parece que no le gustó mi estilo de vida, pero no es algo de lo que quiera hablar. Estoy molesta contigo —Lori, sintiéndose ya culpable y fatigada, trataba de refutar lo que decía.
—¡No me culpes a mí! ¿Qué hacías tú sola para empezar?
—¡Si hubieras estado conmigo en vez de estarte preocupando en la exposición de tu maquetita, quizá lo habrías sabido!
—¡Pero es mi calificación! ¿Cómo no quieres que me preocupe?
—Eres tan egoísta como todos los demás —le quitó la mirada de encima y la dejó en paz.
—Tú eres la egoísta —también le quitó la mirada.
Rita llegó por sus hijas. Esta era una de las pocas ocasiones en que el pequeño Lincoln estaba presente en el coche, estaba sentado en una sillita para bebés, Lori lo saludó con cariñito, pero Leni se mantuvo al margen.
—Hija, ¿por qué no saludas a tu hermanito? —preguntó. Leni, para no verse tan sospechosa, se acercó a Lincoln.
—Hola —saludó a secas y se volvió a sentar. A pesar de la forma tan cortante en la que Leni saludó, Lincoln rio y sonrió de que Leni le haya prestado atención, algo que hizo sentir extraña a la rubia.
—¿Estás bien, hija? —preguntó Rita a Leni al ver su actitud.
—Sí… —dejó una pausa para guardar silencio. Su madre esperaba algo más, pero al ya no recibir respuesta decidió no perder más el tiempo y arrancar el auto.
En todo el camino a casa se presentó un silencio abrumador. La madre intentó conversar con sus hijas; sin embargo, ninguna contestaba y llegó a deducir que estaban enfadadas, algo que no le preocupó, pues bien sabía que sus hijas siempre resolvían sus diferencias. Aunque incluso trató de preguntar el cómo les fue en la escuela, pero la única que habló fue Lori, Leni quiso reservarse su día y, para que no se metiese en problemas, Lori omitió lo de los chicos de tercero.
Estando ya en casa, su madre les indicó que ahora iría por las más pequeñas al preescolar. De este modo, las dejó a ambas en la casa y se retiró, no sin antes colocarle el seguro a la puerta. Las pesadillas de Lori surgirían este día y también se daría cuenta de lo importante que era Leni para ella. Fueron a sus respectivos cuartos, mas Leni había azotado la puerta con fuerza, asustando a Lori.
La rubia mayor reflexionó todo lo que había sucedido y decidió pedirle disculpas a su hermana, pues se sentía mal en una parte y también estaba cansada de estar peleada con ella. Fue a la habitación de su hermanita y tocó, pero nadie respondió. Lori, confundida, intentó hablar en voz alta.
—Leni, por favor, ábreme la puerta. Me siento mal por lo que sucedió en la escuela y quería pedirte disculpas.
—¿Para qué? —contestó ella—. Lo más seguro es que si te perdono pueda volver a suceder…, ya ni siquiera puedo confiar en ti.
—No volverá a pasar, Leni, en serio. Confía en mí —colocó sus manos sobre la puerta, esperanzada de que abriera la puerta; pero lo que recibió fue algo desalentador.
—No…, no te perdono y déjame sola. No tengo ganas de hablar con nadie y no quiero saber de nada ni de nadie —pregonó con voz firme y seria. Lori, sorprendida de la respuesta de su hermana, se limitó a despegarse de la puerta y dirigirse a su habitación, pues nada podía hacer ya ante la negativa constante de su hermana.
Los minutos pasaron y la casa Loud se llenó de niños. La madre dejó al pequeño Lincoln viendo la televisión dentro de una cuna que se hallaba en la sala. Luna y Luan jugaban juntas y se divertían en su cuarto, mientras Leni y Lori seguían encerrados en los suyos. Luego de un rato, Rita les llamó para comer y así bajaron todas, incluso Leni.
Ese día la mesa de los Loud estaba con un aire tenso y Rita pudo notarlo. Había algo inusual en el ambiente y estaba dispuesta a averiguar lo que era. Les preguntó a sus hijas el cómo les fue en su día, todas contestaron con dicha y alegría relatando sus aventuras en el kínder y Lori contó el cómo le fue con su proyecto; incluso Lincoln participó, aunque fuera a partir de puros balbuceos. Llegó el turno de Leni y ella permaneció en silencio.
—Leni, ¿por qué no contestas? ¿Sucedió algo malo? —mostrando preocupación, Rita le prestó más atención de lo normal.
—No…, de hecho, hice una casita en la clase como un proyecto de clase y fue la mejor de todas —omitió por completo a Joel, pues no quería siquiera pensar él.
—Vaya, ¿entonces por qué no te muestras contenta? —preguntó extrañada. Leni, por su parte, emitió un suspiro de pesadez.
—Porque hablé con alguien y me hizo sentir que tenía razón…, nuestros compañeros nos habían felicitado, pero ellos seguían creyendo cosas diferentes acerca de nosotros.
—¿Cómo qué tipo de cosas? —Leni desvió su mirar hacia Lori, quien también le despegó la mirada porque aún se sentía dolida por haberla ignorado. La pequeña rubia miró su plato y movió el tenedor con monotonía y se dispuso a contestar lo primero que se le vino a la mente.
—Como que éramos ingenuos.
—¿Y por qué pensarían eso?
—No lo sé, mamá. Al menos pudimos demostrarles que se equivocaban… —luego susurró—, tarados.
—Me alegra que les hayas cerrado el pico, hija —sonrió—; pero no debes sentirte mal por eso, ¿está bien? —le regaló una mirada compasiva, pero Leni sólo asintió. Con eso, Rita creía que el ambiente podría calmarse, pero seguía igual.
Ya era tarde y las hermanas se encontraban en la sala. Lori jugaba con el pequeño Lincoln y Lynn, quienes se dirigieron al comedor, dejando a Luna, Luan y Leni en la sala. Luan le pedía y le insistía a Leni a que jugara con ella, pues solían jugar las tres juntas con los bloques y Luna ambientaba con el xilófono de juguete, le gustaba hacer ruido, aunque sus notas no tuvieran mucho sentido (también se animaba a jugar con los bloques de vez en cuando). Sin embargo, Leni estaba irritándose de la petición de Luan, pues honestamente no estaba de humor para jugar.
—Leni, Leni, Leni…, ¡juega conmigo y Luny! —jalaba su ropa para que le hiciera caso y, ya cansada del asunto, Leni se levantó.
—¡No quiero jugar! —Luan, al recibir tremendo grito, comenzó a llorar. Luna se dio cuenta de esto y miró a Leni con molestia.
—¿Qué te pasa, Leni? Hiciste llorar a Luan —la observó con desaprobación, pero Leni no mostró ni una pizca de interés en el asunto, al contrario, sólo se enfadó más.
—Pues es culpa de Luan al no dejarme de insistir. ¡Yo no quería jugar!
—Pero no tenías que gritarle así.
—¡Pues no parecía entender de otra forma!
—Deja a mi hermana en paz, Leni. Nos iremos a jugar a otra parte.
—Váyanse, estoy mejor sola.
—Oye, ¿qué te sucede?
Lori se dio cuenta del asunto y se asomó a ver por el marco de la entrada al comedor. Lincoln, sin entender, sólo se fue acercando sin que su hermana mayor lo notara.
—¿Qué les sucede a ustedes? ¿Qué no pueden dejarme en paz y ya?
—¡Pero no tienes que tratarnos así!
—¡Ay! —enfurecida, Leni alzó su puño para golpear a Luna, ella, por su parte, al ver lo que se aproximaba, se ensimismó muy asustada. Afortunadamente, el pequeño Lincoln se entrometió en el camino.
Lincoln se expresó con unos cuantos balbuceos al ver el puño de su hermana, a pesar de no entender lo que pasaba, creía que se trataría de algo divertido. Leni vio a su hermano y lo primero que pensó fue que era un bebé. Leni se olvidó de todo por un momento.
—Él no tiene la culpa de nada…, él no tiene por qué ver esto… —pensó dentro de sí y fue quitando el puño del aire. Posteriormente, confundida respecto a sus emociones y sentimientos, corrió directamente a su habitación…
