Pt 3: Verdades y sandeces.
P.O.V Kagome:
— ¿Dices entonces que había una media luna en el estandarte de tu sueño? – Rememoró Sango con cautela y asentí en silencio, mientras el agua me cubría hasta el pecho, y los vapores bailaban a mi alrededor.Observé con detenimiento la espalda de ella, destilaba toda clase de húmedas y desordenadas hileras, pequeñas gotas que surcaban una tras otra su propio camino. Su propio destino. —No hay muchos señores ni humanos, ni yôkai que usen ese emblema.
Señaló la cazadora también con cautela y un escalofrío cándido me recorrió al permitirme recordar todo. Cerré los ojos.
De tripas: corazón, me dije. Debía cerrar mis emociones al respecto por un momento, debía dejar un poco mis pensamientos y todo aquello de lado.
Eso haría, Kagome se dijo. Dejaría de pensar. Dejaría a Inuyâsha, Sesshômaru, Rin y el sueño de lado. ¿Cuándo había empezado a ser así? ¿Cuándo había empezado a contarlos a todos como suyos? No lo sabía, pero la pena de perderlos no era algo que quería vislumbrar, ni siquiera en posibilidad.
El calor y el vapor del agua seguían invadiéndome con suavidad, subiendo hacia todo mi cuerpo y sumergiendo mis pesares entre la cristalina agua agitada. Inuyâsha había dado con estas aguas termales hace poco y nos lo había dicho a Sango y a mi orgulloso, sabía cuánto nos gustaba un buen baño caliente. Rin había decidido quedarse por hoy atrás, Yumi la había invitado a pasar la noche con su familia en despedida, pero antes se había dedicado muy pronto a la comida con fundamento y entereza.
De alguna manera, la dulce niña tenía la esperanza de dejar algunos de sus sentimientos en sus atenciones para con todos, especialmente Sango y Miroku, quienes se quedarían atrás. Había dado un gritillo extasiado en cuanto le había dicho que la acompañaría. No sin antes hablar con Sesshômaru, por supuesto, pero se las apañaría para convencerlo. Para preguntarle acerca de todo y obtener una buena respuesta.
— Entonces fácilmente podemos decir que se trataba tal como lo piensas del alto shiro del Oeste, sin duda. Mi padre me habló mucho de él, es la fortaleza del Señor del Oeste, actualmente, Lord Sesshômaru, pero mucho antes perteneció a Inô no Taisho, el Gran Perro Demonio, padre de Inuyâsha. – Manifestó Sango tras cavilarlo un rato, posteriormente hizo una agria mueca que no le dió mucha luz esperanzadora a Kagome sobre sus próximos comentarios.
— Por supuesto, todo pudo haber cambiado desde entonces. Nada permanece impune tanto. A pesar de que nuestro ciclo de vida para ellos es nada, dicen que el lugar se modifica por completo cada que el sucesor en la línea real asciende, cada que cambia de dueño. No sabemos cuándo lo hizo lord Sesshômaru específicamente. – Señaló con practicidad la exterminadora, tomó su cabello con ambas manos y la miró con seriedad en sus cobrizos ojos. Le hablaba la guerrera, la mujer que había luchado contra Naraku y había sobrevivido.
— Pero tu sueño también tiene extrañamente demasiado sentido, tal vez sea alguna especie de premonición. Tal vez de cosas así hablaba Kaede. – Me ahogué con mi propia saliva de lleno y temblé estática en mi sitio. Aunque por supuesto, era una actitud muy de niña. Ya lo había pensando, lo veía venir.
La cara llena de arrugas de Kaede y su frente perlada de preocupación volvió a mi mente. Fruncí el ceño y apreté los labios.
Recordé de golpe la horrible muerte de Sesshômaru, los fanáticos, el cómo no podía intervenir del todo a pesar de estarlo viviendo. Otra sacudida en frío me recorrió entera muy a pesar de estar rodeada de vapor. Podría ser una hoguera andante, una antorcha humana y seguiría temblando de miedo.
¿Una premonición, verdaderamente? Volví a preguntarme. Ese no podía ser el futuro, debía ser eludible. Cambiable.
Yo no era una pitonisa, no había sido sobre mi puesta ninguna promesa a ningún kami, era una sacerdotisa pero tampoco se me había dado muchos dotes de luz, ningún prospecto profético o una señalación especial, pero si era casi palpable lo que había visto, y de lo que estaba enteramente segura era del que futuro no era una línea recta sin desvíos. Pendía de las decisiones individuales de cada quién, también de diversos aspectos y convergencias. No era experta, pero debía poder cambiarlo, debía poder hacer algo. Nada era terminal, tan solo la muerte.
Que importaba si había grandes posibilidades de que eso sucediera, de que nos estuviéramos dirigiendo a ello. Ella, Kagome Higurashi, definitivamente no iba a permitirlo, prestaría todos sus esfuerzos en ello.
Tal vez si alguien elevado le había dado aquel privilegio, le había permitido dar un paso adelante y vislumbrarlo, sí alguien le había dado la oportunidad de echar un vistazo al futuro de quienes le importan, era por algo. Tal vez podría hacer todo diferente.
Tenía la esperanza, aún estaba a la expectativa de que todo fuera distinto. Tal vez se trataba de una tarea suya, tan solo suya y lo asumiría. Entrenaría por su parte hasta el desmayo si era necesario.
La determinación se implantó con peso en mi boca y mis pensamientos. En mis palabras, aún sujeta a bases de humo y luces. — Tal vez solo es un sueño, Sango. Tal vez es algo remediable. Es Sesshômaru de quién hablamos, es poderoso y no puede morir, y aún si hubiera la oportunidad, yo no lo permitiría.
El cuerpo de la exterminadora se tensó como un arco ante mis palabras, entornando su mirada hacía mi me vislumbró con sospecha por unos segundos. Un quieto y solemne silencio instado entre las dos, no me quebré. Nada lo haría, nada fatigaría mi espíritu. Esa era una virtud propia. — ¿Desde cuándo eres tan protectora con ese demonio, Kagome? Si él no está es mejor, no debería importarte. – Recordó con simpleza. Situando todo, soltando a ver qué decía. Casi sonreí, esta era la primera pared.
Las femeninas manos de Sango recorrieron su propio cuerpo con experiencia mientras por mi parte apartaba un poco la mirada de su silueta. No me gustaba quedármele viendo fijamente, quizás era un estúpido decoro. Un mal y tonto hábito. — Inuyâsha lo dijo, Sango, partiremos pronto con él. Él protege a Rin, ¿Por qué no debería hacerlo entonces? –Reflexioné y fuera de todo era cierto, no solo convencimiento.
Seguí hablando. — El comparte alguno de mis objetivos, espero ser aliados sinceramente: la protección de Rin es algo que está sobre la mesa de juego. Si él acepta que también quiero ayudar, por supuesto. – Tomé un segundo para sospesar mis próximas palabras, para saborearlas.
—Haré todo lo posible para que un futuro tan oscuro como el de mi sueño o 'premonición' no avance sobre nosotros, incluyéndolo. – Expliqué resuelta, midiendo cada palabra y ella asintió.
Parecía entenderme, estar convencida, pero de cierto modo los valores de asesina seguían arraigados. La desconfianza sobre todo. Es la época, recordé.
Cada quien debe cuidarse, cuidar sus espaldas y lo que quiere, por eso la lealtad era tan importante. Le estaba ofreciendo eso a Sesshômaru también, meditó y valoró.
— No debes confiarte de él, Kagome. – Brotó de Sango consecuentemente, con firmeza. Sus manos se cerraron en puños.
Ahí está, Kagome pensó y sus manos palparon el pasto a sus espaldas en busca de una mullida, vieja y roída toalla traída del futuro hace muchos años con la que fue a secarse.
Ella había tomado una decisión por sobre todo. Era una mujer, una adulta y tenía su propia ética, pensamientos y valores, y aunque Sango y ella fueran tan cercanas y tan amigas, esto quizás iba más allá. Mucho más allá.
Las prioridades de Kagome estaban dispuestas y nadie la haría salir de ahí, ella había decidido proteger a todos, no mantenerlos felices. Habría tiempo después para disculpas. Y como dice el dicho 'es mejor pedir disculpas que permiso' y hablábamos de la vida de alguien, no iba desestimar algo como aquello.
— No lo haré. –Murmuró con franqueza de otro mundo. Y en parte era cierto, no lo haría aún.
Fijó sus ojos castaños en los de la otra mujer de cabello largo, justo antes de salir del agua con sus dedos tan arrugados como pasas.
Un suspiro se escapó de Sango incluso cuando Kagome corría atrás de un gigantesco árbol. La exterminadora sabía cuándo su mejor amiga le mentía, incluso cuando la mentira era lo suficiente creíble para ella misma.
Nota: He vuelto a leer los dos capítulos anteriores: ¡Que desastre! Lo lamento mucho, pero bueno, se transmitió la idea y es lo importante supongo, pero ¡acepto correcciones!.
Estoy abierta a críticas constructivas, y sinceramente, amo sus comentarios. Aún cuando quieran matarme por los horrores que cometo.
A veces, por dónde escribo antes de pasarlo a o Wtt—en dónde también está la historia, pueden buscarla si gustan — no guarda algunas correcciones que hago. Así que si ven alguna falta ortográfica, de redacción o de cualquier tipo, digánmelo. Amo escribir y honestamente, me encantaría mejorar.
Así que; 1ero: estaré editando los capítulos con los que estoy insatisfecha, y trataré de transmitir mejor mis ideas en los próximos, es decir, todo va a tener mejores correcciones.
2do: Sé que prometí estar aquí antes, y presentarles este capítulo mucho mucho antes, pero he estado teniendo problemas.
Mi móvil se ha dañado, y hace mucho que mi PC pasó a mejor vida. Es por ello que he tardado, estoy escribiendo desde uno prestado, y trataré en la medida de lo posible de hacerles llegar la historia. No sé preocupen.
Tarde, pero seguro. ¡Hasta la próxima! Nos leemos
