Capítulo 15: Entre el odio y el perdón...
—Nunca volví a ver a Joel desde ese día y, con el tiempo, pasaron cosas similares, pero el odio dentro de mí no me dejaba estar en paz. Creía que todos eran crueles y fríos en el fondo, pero al ver a mi hermano…, ¿cómo puede un bebé ser así? No podía crecer con una hermana así, eso me abrumó por unos días. Así que por él decidí excluir mi odio y disfrazarlo de amor para que pudiera crecer con tranquilidad… —suspiró—, pero la verdad de las cosas es que nunca dejé de sentirme así: vacía y utilizada. Lo peor es que el mundo me trataba así. Le di una oportunidad más a mi personalidad caritativa y bondadosa y mira cómo terminó todo.
Lynn por fin comprendía todo y eso la entristeció en sobremanera. No pudo hacer más que emitir un suspiro y observar a Leni a los ojos.
—Sí, ahora lo entiendes…, pero no por eso quiero que te vuelvas como yo. Yo no soy como Joel, sólo sé tú misma…, de igual forma, parece que te ha ido muy bien por cómo has llevado las cosas —comentó con seriedad mientras se levantaba—. Y tienes razón, estoy dándole mucho problema a esta familia; es tiempo de aclarar las cosas de una vez.
—¿Qué harás? —vio como la rubia se dirigió hacia la puerta.
—Tú encárgate de lo que tengas qué hacer, ¿o por qué cargas con el títere de Luan? —preguntó finalmente. Lynn vio al muñeco y este le guiñó el ojo. Leni, sin importarle lo que fuera a hacer, salió de la habitación.
—Deberías hacerle caso. Vámonos ya, antes de que las cosas se pongan tensas —aconsejó el títere. Lynn suspiró.
—Qué daño le has hecho a mi familia, bastardo…
—Lo hecho, hecho está. Ahora vámonos —de esta manera, Lynn y el títere se dirigieron a la tienda donde Luan compró su muñeco.
Mientras tanto, Lori terminaba de relatar el comportamiento de Leni en los meses subsecuentes a cuando había iniciado todo, concluyendo que la modista había estado regresando a la normalidad con la ayuda de su pequeño hermano. Lincoln quedó consternado por la historia, pero más que nada quedó confundido y hasta intrigado, ¿qué tanto pudo haber hecho ese tal Joel para que Leni terminase como terminó? Para la desdicha de todos, ahora sería algo que únicamente sabrían Leni y Lynn. Aunque, ya dejando el tema de lado, Lincoln pudo comprenderlo todo por fin.
—No hice más que convertirme en una copia descarada de mi hermana —declaró con tristeza mientras observaba a las demás—. Lo siento mucho, chicas…, no me detuve a pensar en ustedes y, por lo que veo, también han sufrido bastante por todo esto.
Finalmente, Lincoln se estaba deshaciendo de toda la negatividad que había sido plantado a causa de la rubia. Todas se acercaron y le dieron un abrazo inmenso.
—Te queremos, Lincoln, por favor, no vuelvas a convertirte en algo así —suplicaron con una inmensa tristeza combinada con alegría, pues su hermano estaba volviendo a la normalidad.
—Suspiro, incluso hasta yo he tenido pesadillas. Menos mal que por fin pudimos erradicar este mal que nos acechaba a todos.
—¿De verdad, Lucy? —su hermano se compadeció de ella y le regaló un abrazo—. Lo siento mucho, nunca contemplé el daño que les estaba haciendo a todas. Todo por culpa de Leni…
—Lincoln —habló Luna de repente—, no puedes echarle la culpa a Leni. También debes admitir que te dejaste llevar por tus emociones —suspiró—. Y debes de tener en cuenta que jamás podrás estar en paz contigo mismo hasta que perdones a Leni.
—¿Por qué perdonaría a un monstruo como ella? —cuestionó con repulsión, pero las demás hermanas estaban entendiendo la situación.
—Es lo mismo que con Joel, que, por lo que he entendido por parte de Lori, Leni ha de estar cegada por su culpa y ella piensa que el único responsable es él sin tomarse en cuenta a sí misma —rectificó Luan.
—Basa su comportamiento en la experiencia de alguien más sin analizarse a sí misma para determinar su comportamiento según su esencia —explicó Lisa. Todas la miraron confundida.
—¿Y eso qué significa? —preguntó Lori.
—Sí lo que dices es verdad, entonces el día en que Joel se fue acontecieron hechos que trascendieron en la causa final para que el impacto de Joel fuese lo suficientemente relevante como para marcarla de por vida.
—Eso quiere decir que el cambio de Leni tampoco fue totalmente su culpa —razonó Lincoln—. Chicas, no sé si tiene la suficiente justificación, sigo sin comprender por qué debería perdonarla.
—Es sencillo —habló Lola—, yo ya he pasado por esto antes porque llegaba a odiar a mi competencia en las pasarelas, pero sentir ese odio por alguien más hace que te oscurezcas a ti mismo —suspiró—. Eso impide que no puedas estar en paz y sólo pienses en que quieres que le vaya mal a esa persona para que entonces tú estés bien.
—Es cierto, Lincoln —habló Lori—. Si no perdonas a Leni no vas a poder estar en paz contigo mismo.
—¿Incluso si no merece mi perdón?
—A veces perdonar a alguien no significa que estás permitiendo que esa persona continué afectándote, sino es , más bien, una liberación mutua que les permite seguir con sus vidas sin tener que seguir distrayéndose con el tema; además de que, al perdonar, estás soltando esa carga que podrías llevarte por el resto de tu vida —describió Luna con tristeza.
—¿Cómo sabes eso?
—Soy rockera, you know, conozco algunas historias de unos cuantos artistas.
—Bueno, tiene sentido en todo caso —suspiró—. No vale la pena andar cargando con este odio si nos va a estar perjudicando a todos.
—¿Entonces lo harás?
—Sí…, voy con Leni —todas lo miraron apoyando la moción.
—Iremos contigo —Lana tomó la mano de Lincoln.
—Gracias, las voy a necesitar para esto.
Lincoln inhaló hondo y salió de la habitación. Todas sus hermanas, excepto Lynn y Lily (pues no estaban con ellos), lo siguieron por detrás. El destino y la coincidencia orquestó todo para que el encuentro se diese en el pasillo. Leni se detuvo justo donde comenzaban las escaleras. La energía del pasillo ya era menos pesada y, al contrario, resultaba más tranquila y relajada. Leni observaba a todos con indiferencia y a Lincoln lo miró con atención. Se acercó lentamente para la confrontación final.
—Parece que no fui la única que tuvo una charla —comentó de repente.
—¿Con quién hablaste? —preguntó Lincoln.
—Bueno, creo que es fácil de deducir, ¿no lo crees? —ignoró la cuestión por completo—. Lo que importa ahora es saber por qué están todos aquí —fijó su atención en el peliblanco—. O, mejor dicho, creo que todo recae sobre ti —se cruzó de brazos.
—Tienes razón —desvió la mirada por un instante. Estaba preparándose para lo que iba a decir. Emitió un ligero suspiro y se acercó a ella con determinación—. Quiero decirte que te perdono… —Leni quedó ofuscada en ese mismo instante.
—¿Perdón? ¿De qué me estás perdonando?
—Sé que tú no fuiste quien arruinó mi comic. Sé que dijiste todo lo que dijiste el viernes por algo que pasó en tu pasado, aunque eso no justifique al cien por ciento tu comportamiento, pero… siento que es algo con lo que no deberíamos cargar los dos. Una culpa que rebota entre los dos de manera injustificada por un hecho que podría no importar al final de todo si afecta a nuestra familia —hizo un ademán con su mano para después señalar a sus hermanas.
Leni meditó lo que dijo, pero eso no la hizo cambiar de opinión respecto a su convicción.
—Está bien. Tienes razón, Lincoln. Esta familia no merece cargar con algo que no tuvo nada que ver con ellos —separó sus brazos para mostrarse más abierta—, pero eso no significa que yo te vaya a perdonar a ti.
Ante la declaración de Leni, todos quedaron impactados. El primero en decir algo fue Lincoln.
—¿Por qué? No tiene sentido con lo que acabas de decir, si…
—Yo sé lo que digo, Lincoln —lo interrumpió en seco—. Esto no lo vas a cargar tú, lo voy a cargar yo; pero yo no voy a perdonarte.
—¿Qué le tienes que perdonar? —se metió Luna defendiendo a su hermano.
—Mis vestidos…, mi oportunidad. No importa como hayan pasado las cosas, tienes que admitir que el resultado final fue completamente tu culpa —Lincoln, tras analizar todos los hechos, pudo discernir que sí: él fue quien cargaba sus vestidos y, por azares del destino, terminó por hacerlos añicos. El semblante de Lincoln decayó y ninguna de sus hermanas pudo contrarrestar el argumento de su hermana—. No puedo perdonarte por lo que pasó…, pero lo que sí puedo hacer es dejar atrás este asunto para que ya no nos perturbe más. Lo he pensado y ustedes no merecen mi comportamiento, pero eso no significa que vaya a regresar a la "normalidad" —enfatizó las comillas—. Su tonta y tierna Leni se les acabó —y dicho aquello, bajó por las escaleras.
—¡¿A dónde vas?! —exclamó Lincoln, no queriendo que se fuera todavía.
—Necesito descansar de esta casa y sus paredes…, además de que ya resolvimos las cosas y… quiero tomarme un respiro caminando por las calles.
Leni no dijo más y se fue por la puerta principal. En ese instante, los padres de la familia se levantaron y salieron a la sala de estar. Vieron a todos los chicos reunidos en la planta de arriba.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó el Sr. Lynn.
—Una larga historia, papá —contestó Lana por todos.
15 años después…
Los acontecimientos de ese día resultaron trascendentes para la familia Loud. Luego de 15 largos años, cada uno hizo su propia vida y de vez en cuando la familia se reunía; sin embargo, Leni nunca hacía presencia, pues estaba demasiado ocupada con su profesión. La vida de los Loud pudo regularse de una mejor manera llevando las cosas en paz, ciertamente todo era normal, sólo que Leni ya no resultaba tan distraída y mostraba una actitud distante y fría. Aunque regresando a este punto, todos estaban tranquilos y gozando de una vida plena, todos excepto Lincoln.
Lincoln estaba viviendo en una buena casa, pero aún no contaba con familia. No se había dado la oportunidad de encontrar pareja todavía porque sentía que tenía que resolver primero un asunto pendiente que lo tenía mal durante todo ese tiempo. Al menos era alguien muy exitoso y la evidencia se mostraba cuando se sentó en el sillón de su casa y encendió el televisor. El tema principal de "The Loud House" fue lo primero que se escuchó. Al lado de Lincoln había una mesita donde se encontraban muchos cómics de la afamada serie televisiva que resultaba afable para todo aquel que lo viera; nunca hubiera esperado tener tantos admiradores, pero resultó que basar una serie en su familia era una idea millonaria. Sobre la mesa también se hallaban muchas revistas, en donde era apreciable una mujer bastante atractiva de cabello rubio y expresión seria, además de algunos periódicos (aunque ya algo obsoletos para ese tiempo, pero seguían circulando) con encabezados llamativos: "La reina de la moda arrasa de nuevo", "El mundo está bajo sus pies, no hay detalle que se le escape", "Leni Loud, la diseñadora más bestial jamás vista". Lincoln tomó una de las revistas y suspiró.
—¿Desde cuándo te convertiste en esto? Yo en verdad te quería, Leni…, tú eras mi hermana favorita…, Luna terminó conviviendo más conmigo desde tu cambio radical. Ella y yo ahora somos muy cercanos, de hecho, me felicitó por el éxito de mi serie y los cómics —suspiró y tomó uno de los tomos de sus escritos—. Al menos…, puedo conservarte en cómo eras antes de todo esto, aunque eso signifique sacrificar admiradores —sacó su teléfono y vio algunos foros acerca de su invención.
"La chica rubia es muy bonita y es la mejor Loud!"
"No, es muy repetitiva. Le falta desarrollo, es como si el creador estuviera ciego, ¿qué no ve que a ella le pasan mil cosas y sigue igual?"
"Es alguien muy ingenua, sin duda, concuerdo"
"Bueno, cada uno sus gustos"
"Aunque sea la deportista también tuvo un desarrollo de personaje"
Lincoln guardó el teléfono y suspiró.
—No me importa mucho, siempre y cuando pueda verte con esa sonrisa tan pura e inocente que tenías…, cuando aún creías que el mundo podía en verdad ser bueno… —Lincoln abrazó el cómic con fuerza, añorando que aquellos días regresaran.
Así mismo, de uno de sus bolsillos sacó lo que era para él su reliquia más preciada. Era un pedazo de tela que estaba doblado dos veces, era de color naranja. Tomó uno de los extremos y lo fue desenvolviendo lentamente. Al tenerlo completamente extendido, pudo apreciar unas letras bordadas de color blanco en cursiva, hechas con amor y esfuerzo. Lincoln lo leyó en voz alta:
—Hayamos perdido o ganado, yo sé que eres grande. Aún cuando todo resulte perdido, tú lo haces posible. Para mi hermano favorito, L. L. —Lincoln suspiró y colocó la tela en su pecho, justo donde se posicionaba su corazón.
Fue entonces que su teléfono sonó. Un número desconocido se asomaba en él y, curioso, contestó.
—¿Bueno…? —y quedó impactado al saber de quien se trataba—. ¿Leni…?
—Y así es como termina esta historia —culminó el Destructor viendo a su sobrino con los ojos bien abiertos.
—¡No, no! ¡Espera! ¡No puede acabar así! ¿Qué pasó con Lynn y con Leni ese día? ¿Qué le dijo Leni al llamarle a Lincoln? ¡No me puedes dejar con esas dudas existenciales! —el Destructor rio de forma macabra.
—Esas cosas ya te corresponden a ti averiguarlas.
—Además, lo importante no son ellos, sino el mensaje de esta historia. El perdonar libera y aquellos a quienes no puedes perdonar, a veces los dejas enclaustrados en un abismo del cual luego no pueden salir —aclaró Rike acariciando su cabello.
Rabel suspiró. Sin embargo, una idea cruzó por sus pensamientos.
—Muy bien, pequeño. Fue una historia demasiado larga, es hora de que te vayas a dormir.
—Sí, mamá.
—Es hora de irnos, me voy hermano —el Destructor le dio un abrazo a su hermano y se dirigió a la puerta—. Me lo cuidas, Maby —la castaña rodó los ojos, pero sonrió. Los padres de Rabel concentraron su atención en él.
—Descansa, hijo mío. Hasta mañana —Rike le dio un beso en su frente.
—Hasta mañana, papá.
—Buenas noches, Rabel —Maby realizó la misma acción, para después tomar la mano de Rike y salir por la puerta, apagando la luz de la recámara.
Rabel, viendo que ya se habían ido, se levantó de la cama.
—A mí nadie me deja con dudas existenciales —dibujó un círculo con su dedo sobre el aire, abriendo un portal que le permitiera tener acceso al Universo donde aconteció la historia—. Vamos a ver qué pasó…
