Capítulo 16: Reuniones y encuentros...

Aquí estamos —Rabel se volvió invisible y se escabulló entre las sombras de la casa de Lincoln.

¿Leni…?

Sí, Lincoln. Soy yo. Necesitaba hablar contigo…

¿Sobre qué? —Rabel veía con emoción; sin embargo, la conversación fue yendo al revés.

Sí, Lincoln. Soy yo. Necesitaba hablar contigo…

¿Leni…?

¿Qué sucede? —y retrocedió en el tiempo, 15 años atrás para ser exactos.

Rabel se confundió y vio a todas partes, estaba en la casa Loud. Era casi mediodía. De pronto, una mano se posó en su hombro, era su padre.

¿Creíste que no te vería? —rio. Rabel suspiró enfadado.

Ahora nunca sabré lo que le dijo —Rike sonrió compasivo.

Hijo, hay algunos finales que deben quedar sin saberse.

¿Por qué? Eso es injusto para todos nosotros —señaló a la audiencia.

Tienes razón, pero todo tiene una explicación y lo comprenderás si indagas primero por aquí. Confío en que no volverás a intentarlo hasta darte cuenta primero de lo que intento decirte —mencionado eso, se desvaneció.

Rabel hizo caso a su padre y decidió embarcarse en la casa, primeramente. Escuchó ruido que provenía del cuarto de las hermanas mayores, así que se acercó y entró sin que nadie lo viera, flotando entre todos. Todos los hermanos estaban reunidos allí, menos Lily, pues les dijeron a sus padres que tenían que hablar de un asunto serio entre ellos. Hablando de los padres, se alegraban de que finalmente pudieran resolver la disputa que Lincoln y Leni se traían desde hace una semana.

¿Para qué hicimos esto? —preguntó Leni frívolamente, cruzada de piernas y de brazos.

Para hablar entre nosotros, Leni. Es necesario después de lo que ocurrió —habló Lori dirigiéndose al centro de la habitación—. Todas queremos expresarles a ambos cómo nos sentimos por su ausencia —Lincoln observaba todo con tristeza, volteaba a ver a Leni para ver su reacción, pero ella permanecía inmutable. La modista lo observó y Lincoln rápidamente apartó su mirada.

Yo quisiera empezar —Lynn parecía bastante afligida al respecto, algo extraño en ella. Rabel pudo percibir que ella sabía algo que los demás no—. Luego de todo lo que sucedió, después de todo lo que pude escuchar y también de lo que descubrí…, quiero decirles a todos que los quiero mucho. Pude comprender que hay algo externo que nos llega a hacer vivir cosas bastante trágicas —vio a Leni en ese momento—, y que también el destino puede ser manipulado para cometer desgracias—observó a Lincoln al recordar su accidente con la podadora y los vestidos—, pero que depende de nosotros el cómo reaccionamos a estas adversidades. Desafortunadamente, Leni no pudo tener el apoyo que ella hubiera deseado para ese entonces, pero…, al menos le podemos brindar ahora nuestro apoyo incondicional con esta familia tan grande, ¿no creen? —suspiró—. Me he dado cuenta de lo egoísta que he sido y que no vale la pena ser así, ustedes dos me enseñaron una valiosa lección con la caída que pasó durante su ausencia. Yo… —miró hacia el techo, pensativa—, sólo quiero disculparme con ustedes por haberme comportado de una forma tan grosera —se sobó el brazo derecho. Sus hermanas sonrieron por la honestidad de Lynn. Querían ir a abrazarla, pero Lori las detuvo.

Chicas, sé que nos vamos a querer abrazar con cada uno que pase, porque sinceramente esto fue muy duro para todos. Así que el abrazo va a ser al final, ¿entendido? —todas asintieron.

Eso es todo de mi parte —Lynn se sentó. Lincoln se arrimó a ella.

Me alegra que lo notaras —le sonrió y Lynn le correspondió.

Brother, Sisters —Luna se animó a pasar también—. Ustedes me hicieron ver lo importante que es la familia y que estando juntos podemos resolver hasta las peores situaciones. Me di cuenta de lo frágil que somos cuando nuestro eslabón se quebranta y que nuestro éxito, el de cada uno de nosotros, siempre se ha visto elaborado con el apoyo de todos. Aunque a veces lo neguemos, nos necesitamos para salir adelante, para sentir que no estamos solos, que en las adversidades seremos invencibles y si uno de los nuestros cae, los demás nos uniremos y podremos traerlo de regreso. Gracias por ser mi familia, porque ustedes son únicos en verdad —conmovidos, aceptaron el discurso de Luna.

Suspiro…, no suelo hablarles mucho, pero —Lucy se levantó y miró a todos—, ustedes son importantes para mí. Sobre todo, Lincoln, Lynn y Leni, ellos siempre estaban dispuestos a escucharme y a apoyarme en lo que hiciera falta. Sin embargo —miró a Luna—, esta ausencia hizo que me diera cuenta de que también puedo formar lazos con otros integrantes de la familia y me encantaría poder llevarme bien con cada una de ustedes. Lincoln, gracias por ser mi confidente y por ayudarme en mis poemas y en soportarme cuando no me gusta estar sola en algunas ocasiones. Leni —la miró. Ella permanecía seria—, a pesar de que ya declaraste que te quedarás así, quería darte las gracias por las veces en que necesitaba ayuda y por los hermosos vestidos que me diseñabas, los aprecio bastante —dejó de verla y miró a su compañera de cuarto—, y Lynn. Tú en verdad me hiciste falta, te distanciaste mucho por lo que sucedió y eso me hizo reafirmar que eres con quien mejor me llevo en esta familia —la castaña sonrió—. Gracias a todas porque hemos pasado muchas aventuras juntos y no quisiera que se acabaran nunca —finalizó yéndose a sentar junto a Lynn, quien la abrazó por unos segundos.

Ahora quiero ir yo —Lori juntó sus dos manos y vio a Lincoln y a Leni, quedándose con la mirada en esta última—. Leni, quiero decirte que en verdad siento mucho no haber podido estar ahí para ti en ese día tan fatídico. Si pudiera volver el tiempo atrás, dejaría mi maqueta a un lado e iría corriendo a donde estabas para salvarte de esos oportunistas y…, sobre Joel…, no lo sé. Sólo puedo decirte que hubiera suavizado las cosas si yo hubiera estado ahí… —suspiró—, en verdad lo siento.

Lynn tiene razón —contestó Leni—, fue el destino y la coincidencia. No quiero que cargues con esto Lori —cerró los ojos y suspiró. Se levantó y se dirigió con ella—, no tuvo nada que ver contigo.

¿Me perdonas? —tomó su mano.

No tengo nada que perdonarte si no eres culpable de nada.

Gracias, Leni.

Sí, está bien —manteniendo su actitud seria, regresó a sentarse.

Perdónenme, chicos. Es que era un asunto que me tenía mal desde hace años y tenía que hacer las paces conmigo misma también.

Lo entendemos, Lori —respondió Lincoln con una sonrisa.

Gracias, Lincoln. También te extrañé a ti y tus planes —el cuarto se alumbró.

Así mismo, cada una de las hermanas fue pasando y declarando su sentir conforme a la falta de ambos en sus vidas, recalcando la importancia de una familia, hasta que fue el turno de Lincoln y de Leni; sin embargo, esta última se rehusó a participar, dejando su mirada perdida. De este modo, fue el peliblanco quien se colocó al centro.

Chicas, ustedes son muy buenas hermanas y estoy muy agradecido de tenerlas en mi vida. No sé qué sería de mí sin ustedes, me hubiera perdido en mi mal sentir y estaría alejado de ustedes de no ser porque trabajaron juntas para solucionarlo. Sinceramente, no podría pedir una mejor familia y es todo un gusto para mí estar para ustedes, así como ustedes están para mí —miró a cada una y les sonrió ampliamente—. Yo digo que somos fuertes, pero como dijo Luna, juntos somos invencibles. Estando juntos saldremos siempre adelante y les digo esto de nuevo porque quiero hacer una promesa —extendió sus brazos—. Prometamos que no volveremos a distanciarnos de esta manera y que siempre trataremos de estar juntos, pase lo que pase —enternecidas por lo que dijo, todas corrieron a abrazarlo. Todas, menos Leni.

Lo prometemos, Lincoln —dijeron todas mientras Lincoln sentía todo el amor de ellas cerniéndose sobre su ser. Sin embargo, al abrir los ojos, pudo ver que Leni seguía sentada, viendo la escena. Todas se fijaron en ella y le hicieron señas para que se uniera. La modista se levantó y se acercó, pero no para abrazarlos.

No voy a prometer cosas que no puedo cumplir, pero sí te puedo prometer que un día voy a hablar seriamente contigo…

¿Haremos las paces? —cuestionó esperanzado.

Será una charla…, interesante —y dicho eso, salió por la puerta sin importarle nada más. Lincoln suspiró con pesadez.

Déjala, Lincoln —habló Luna para calmarlo—. Nos tienes a nosotras.

Lo sé…, gracias, chicas —y de esta manera, siguieron abrazados un rato más; aunque Luan interrumpió de momento.

Por cierto, chicos…, ¿alguien ha visto a mi títere? Juraría que estaba en mi cuarto esta mañana—Lynn contestó.

No importa ahora, Luan. Luego aparecerá —Luan se encogió de hombros y siguió el momento emotivo.

Rabel, por su parte, infirió que tanto Lynn como Leni se toparon con algo mientras estaban en la calle, por lo que decidió indagar más. Retrocedió un poco más en el tiempo, enfocándose en Leni. La siguió mientras ella caminaba con intranquilidad y emociones encontradas.

Una y otra vez…, siempre acechante…, agh…, de veras que… —el caminar de Leni se vio interrumpido por dos muchachos que se cruzaron en su camino y se detuvieron al verla. La rubia se desconcertó y se paró.

Hola, Leni. Qué bueno es verte de nuevo —el hombre pelinegro extendió su mano para que la estrechasen. Leni lo observó con detenimiento y un shock se presentó en su cuerpo, haciendo que su mente realizara una regresión en su memoria para recordar justamente de quién se trataba.

Joel… —un fuerte impacto atravesó su alma, sin saber cómo responder. El mencionado, al ver que no iba a corresponder su saludo, regresó su mano para sí.

Han pasado años, pero he venido a cumplir lo que te he prometido —la miró con seriedad. Leni retrocedió, todavía tratando de procesar lo que estaba sucediendo.

No…, ¡no puedes ser tú! —se negaba a creer que aquel a quien se atrevió a llamar amigo, estuviera de pie ahora frente a ella.

Tranquila, sé que es difícil de entender, pero te hice una promesa y estoy listo para formar una amistad verdadera contigo.

¡Cállate! No quiero saber de ti, ni de tu hermano —señaló al muchacho que estaba junto a él, quien se veía de la edad de Lynn.

Hey, no te precipites. Quiero ayudarte, cuidarte la espalda una vez más —extendió su mano a Hans para que este le diera algo. El muchacho le entregó un papel enrollado y Joel se lo mostró a Leni—. ¿Quién crees que se encargó de organizar el concurso para contratar a la nueva diseñadora de nuestra empresa? —Joel extendió el papel y era un anuncio del concurso—. Te vi registrada en las listas, pero nunca te presentaste. ¿Qué sucedió? —Leni ahora estaba ensimismada, creyendo que todo era una broma.

Esto es un chiste, ¿verdad? Tú no puedes ser dueño de esta empresa ni…

Tranquila, Leni —guardó el papel en uno de sus bolsillos—. La situación es complicada y tú y yo no acabamos en buenos términos. Sin embargo, quiero enmendarlo dándote esta nueva oportunidad.

No puedo confiar en ti, no desde lo que pasó la última vez —se abrazó a sí misma, tratando de ignorarlo.

Algo que me sorprende es que estés igual a cómo te dejé —Joel llevó sus brazos a la espalda y la vio con interés—. Mi hermano Hans pudo localizarte después de un tiempo porque yo le había contado de ti, es un muchacho curioso, ¿sabes? —hizo una pausa mientras palmeaba la cabeza del jovencito—. Y me enteré de muchas cosas, y me alegra saber que una de ellas es que por fin decidiste aceptar el mundo como es en verdad: desdichado, interesado, frío, cruel y abominable —hizo un ademán con la mano.

Sí, ¿y eso qué?

Lo interesante estuvo en que tuviste que caer de nuevo para volverlo a entender, ¿o me equivoco? —Leni se mostró enfadada por lo que dijo—. Lo volviste a intentar, regresaste a tu burbujita fantasiosa creyendo que todo saldría bien, hasta que… ¡Pop! La vida te rompió la burbuja una vez más —Joel imitó el sonido de la burbuja y se acercó a Leni—. Pero ya no más, ¿verdad? Te cansaste, te frustraste y tomaste al toro por los cuernos —alzó sus dos manos como simulara agarrar algo—. Decidiste que lo mejor era imponerse en este mundo y eso, Leni, fue la señal definitiva para hacerme ver que ya estabas lista —sonrió—. Así que sí, la vida te dará los frutos de que por fin te percataste de cómo debes tratarla —sacó un contrato—. Serás la nueva diseñadora de mi empresa con un buen sueldo, además de muchos beneficios exclusivos. Algo que hago por una vieja…, compañera y una nueva amiga —sacó una pluma y se la entregó.

Pero ¿qué hay del concurso? ¿Ninguna ganó?

Sí, hubo una ganadora, pero no nos satisfizo su trabajo. Nosotros queríamos ver algo más creativo, más innovador, más…, tuyo —tomó el hombro de Leni—. Cuando te vi en las listas sabía que ibas a ganar, por Dios, Leni, ¡sólo recuerda la casita que hicimos juntos! Tú y yo somos un equipo perfecto. Con mi ingenio y tu diseño arrasaremos este mundo, ¿qué dices? —insistió con el contrato. Leni lo meditó un poco.

No lo sé, Joel. No puedo confiar en ti —negó con la cabeza.

Eso temía que dijeras, así que también estaba dispuesto a darte un adelanto para retomar nuestra confianza —miró a su hermano y le hizo una seña con los ojos, Hans sacó un fajo de billetes de uno de sus bolsillos para entregárselo a Leni—, y hay más de donde vino eso. Además, sé lo mucho que anhelas un espacio para ti misma. Estar libre para hacer volar tu imaginación —miró al cielo, donde unas palomas volaban con tranquilidad—, como aquellas aves que van por allá —Leni volteó y se asombró de la coincidencia.

¿Cómo lo sabes, Joel? —lo miró con un sentimiento encontrado.

Leni, conviví contigo bastante. Siempre fuiste una persona…, extravagante —sonrió ampliamente—. Así que…, ¿aceptas? —extendió el contrato una vez más.

La modista creía que todo era un fraude montado por él, sólo para verla rendida una vez más; sin embargo, cambió de parecer cuando vio que la propuesta iba en serio con el adelanto del dinero. Leni tomó el dinero y lo inspeccionó con detenimiento, el dinero era real y a simple vista parecían ser mil dólares. Ver tanto dinero la dejó realmente impactada, pues eso demostraba la fidelidad de lo que pedía Joel. Se mostró insegura una última vez, pero tomó la pluma que Joel le había dado y agarró el contrato con su otra mano.

¿Y si no soy lo que esperan? —preguntó con algo de desesperanza, todavía poniendo desconfianza en el asunto.

Pues ya sabes, como en cualquier trabajo, te pondremos a prueba.

¿No importa si sigo teniendo 16?

Ya vas a cumplir 17, además, hay jóvenes que ya trabajan a esta edad. Lo único que yo estoy haciendo es que empieces desde un poco más arriba, no puedes dejar pasar esta oportunidad, Leni.

Sólo quiero saber una última cosa antes de aceptar —lo miró atentamente a los ojos—. ¿Por qué me trataste tan mal el día en que te fuiste? ¿No pudiste mentirme y reservarte todo ese dolor sabiendo todo por lo que había pasado? —había desaprobación en sus ojos.

Joel suspiró dándole la espalda. Se quedó así por unos momentos y nuevamente la miró.

Si no hubiese sido honesto contigo, te hubieras quedado con la esperanza de que regresaría pronto. Era mejor decirte la verdad y revelarte que mi propósito contigo era demostrarte que la gente de este mundo no te merece; honestamente, yo siempre te dije que debías cuidar muy bien a quien ayudabas, pero tú seguías incluso ayudando a la misma gente —se acercó y la tomó de ambos brazos con delicadez—. Sólo quería que entendieras, Leni; es lo mismo que te dije antes de irme —Leni despegó su mirada de él y también se quitó sus manos de encima—. Y ahora que lo has entendido, puedo sentirme seguro de que harás las cosas bien sin la interrupción de nadie más.

¿Desde cuándo tenías planeado darme esto? —preguntó al entender lo que dijo.

Desde hace un tiempo, sólo que estaba esperando el momento oportuno y fue cuando se me ocurrió hacer el concurso. También debía dejarte crecer un poco y tu edad ya es ideal.

Leni miró el contrato y vio como en la parte final venía su nombre escrito, listo para firmar sobre la línea que había encima.

Incluso el contrato era exclusivo para mí… —quería sonreír, pero no pudo concebir la felicidad.

Entonces, espero que aceptes mi propuesta —el pelinegro sonrió. Leni lo observó y le hizo una pregunta más.

¿Cómo puede sonreír una persona como tú?

Es lo mismo que te dije hace años. Cuando te acostumbras al sentimiento…, el desplegar otros ya es sencillo de hacer…, aunque eso no signifique que lo sientas al cien por ciento.

Supongo que deberé adaptarme rápido —Joel rio y Leni sólo rechistó. Sin más preámbulos, la modista firmó el contrato y Joel lo guardó dentro de su saco. En seguida, le dio la señal a Hans para que se acercara.

Muy bien, Leni. Ya que aceptaste, y no te arrepentirás —le guiñó el ojo—, es hora de darte un…, beneficio preferencial —Hans extendió su mano hacia Leni.

¿Qué? ¿Saludar a tu hermano es un beneficio preferencial? —declaró con burla. Sin embargo, Joel le señaló la mano de Hans nuevamente. Leni, rodando los ojos, estrechó su mano con Hans; sin embargo, algo intenso ocurrió en ese instante.

Una chispa de energía recorrió todo el cuerpo de la modista, sintiendo cosquillas en todo su ser, una sensación que terminó segundos después. Leni se quedó en duda acerca de lo que había acontecido.

Antes de que preguntes —habló Hans—, lo que te hice no hará más que…, facilitar las cosas para todos —le guiñó el ojo.

Se sintió raro, pero eso no me dice mucho sobre lo que me acabas de hacer.

Como él dijo, facilitará nuestro progreso hacia el éxito —se acercó a Leni y la abrazó por el hombro. Comenzaron a caminar en dirección a la casa de la rubia—. Hay un favor que debo pedirte antes de iniciar nuestra carrera profesional juntos —la modista lo volteó a ver.

¿Qué sería?

Dime, ¿cómo fue que te volviste hacer…, así? —preguntó haciendo referencia a su actitud.

Por mi hermano, Lincoln…

Supongo que andas mal con él. Justo como tú y yo cuando me fui —suspiró—. Mira, quiero que le prometas algo, ¿está bien?

No haré las paces con él, Joel. Dudo hacerlo algún día.

No te estoy pidiendo que hagan las paces, sólo quiero que tengas una conversación con él en el futuro.

¿Para qué? —preguntó intrigada.

Este mundo recibirá una gran sacudida, Leni Loud. Sólo que aún no sabe lo que le depara.

Quiero pensar que lo dices por nosotros.

Sí, Leni. Totalmente.

¿Y qué se supone que hablaré con él para entonces?

Será algo interesante…, muy interesante —y dicho aquello, Joel y Leni comenzaron a hablar sobre cómo sería su trabajo y cómo funcionaría todo para que saliese correctamente.

Rabel vio cómo se alejaron lentamente y él observó de donde vinieron los dos muchachos.

Joel es un nombre muy ingenioso, primo —comentó viajando por las calles de Royal Woods, llegando hasta la tienda de títeres y muñecos de donde habían salido—. Así que todo lo planearon desde aquí —entró por la puerta de la tienda y había vitrinas con mucha variedad de muñecas, muñecos, títeres y demás. Todo se veía realmente fino y excéntrico—. La situación se puso sumamente turbia, ahora voy comprendiendo por qué mi padre no quería que escuchara esa conversación, pero…, ¿qué habrá pasado en esa conversación? Es algo que aún debo averiguar —retrocedió el tiempo y vio como mucha gente pasaba por el local, aunque caminaban al revés. Joel y Hans llegaron al local en la regresión, pero Rabel tenía en mente a alguien más, por lo que dejó que el tiempo siguiera retrocediendo hasta que por fin llegó a quien esperaba ver.

Lynn Jr. caminaba en dirección a la tienda con el muñeco de Luan en manos. Al ver el local, se quedó quieta por unos segundos.

Sí, es aquí —afirmó el títere. Lynn negó con la cabeza y entró al local, donde su disque amigo atendía recargado sobre una de las vitrinas.

La deportista entró y colocó seguro a la puerta. Le aventó el muñeco a Hans y de inmediato lo encaró.

¡¿Cómo te atreviste, hijo de…?!

¡Tranquila, Lynn! —exclamó el chico saliendo del lado del mostrador. Estando de frente, iniciaron la disputa.

¡¿Cómo quieres que me tranquilice después de lo que le hiciste a mi familia?! —apretó su puño y con toda la intención le dirigió un golpe directo en la cara; sin embargo, Hans la detuvo con facilidad y se la quitó de encima.

Aclaremos la situación, ¿quieres? Yo ni siquiera sé de lo que me hablas.

No te hagas el inocente conmigo —lo señaló furiosa con el dedo.

No me hago el inocente. Hablemos como gente normal: con palabras no con puños —tomó el muñeco—. A ver, ¿qué tiene que ver esto para que lo hayas traído? —se lo entregó.

Pues que, evidentemente —agarró al muñeco con fuerza de lo enojada que estaba y abrió el compartimento de su espalda, mostrando un mecanismo tecnológico bastante avanzado—, alguien ha estado controlando esta cosa y tú mismo me dijiste que se trataba de ti —Hans la observó con incredulidad.

Eso no es posible, yo no tengo modo de controlarlo a tan larga distancia. Ven, te mostraré todo el local para que veas que no miento —le hizo señas para que lo siguiera. Lynn dejó el títere en el mostrador y lo siguió.

Pasaron por todos los pequeños cuartos (3 en total) y por toda la tienda. Lynn inspeccionaba cada parte de ella viendo si no había algo oculto de casualidad, pero no había ningún indicio de que Hans escondiera algo para empezar. Habiendo recorrido toda la ubicación, Lynn se sintió frustrada.

¡No lo entiendo! No tiene sentido, el muñeco sabía tu nombre, sabía dónde estabas y —y, de repente, pensó en alguien más—…, ¿Luan? —miró hacia las afueras del local, algo impactada—. Pe-pero no tiene sentido, ella no sabe de estas cosas y ella estaba con Lincoln y las demás mientras yo estaba con el muñeco…, no lo entiendo —miró a Hans una vez más—. No, no estoy dispuesta a creer que fue ella, ¡dame tu teléfono! —extendió su mano.

¿Para qué?

¡Dámelo y desbloqueado!

Ah, ya sé que sospechas. Claro, aquí tienes —Hans sacó un teléfono móvil de su bolsillo y marcó un patrón en él. Posteriormente, se lo entregó.

Lynn ahondó en su teléfono, buscó aplicaciones, archivos, descargas recientes, últimas búsquedas, ¡lo que fuera para no tener en mente que su hermana era la culpable! Sin embargo, no halló nada. Rendida, le pasó su teléfono a Hans y emitió un suspiro de derrota.

Te lo dije, no fui yo —guardó su teléfono de nuevo en el bolsillo.

Me di cuenta, Hans…, perdóname por tratarte así. Aun así, conserva el muñeco, creo que no quería quedárselo después de todo.

Está bien, Lynn. Sé cómo se siente, también he culpado a personas por algo que no hicieron —rio nervioso—. En fin, fue un gusto verte de nuevo en este mismo día.

Igualmente, Hans —se dirigió hacia la puerta del local—. Por cierto, no sabía que trabajabas aquí, ¿tus hermanos te respaldan algún turno?

No, igual sólo abrimos de siete a cuatro —comentó con tranquilidad.

Vaya, qué aburrido. De acuerdo…, entonces me voy, ¿te veo mañana?

Dalo por hecho —guiñó el ojo y dejó que se fuera. Luego puso un tono serio—. Ya puedes dejar de fingir.

Ya era hora —el muñeco se levantó y dio un brinco al suelo mientras incrementaba su tamaño, aquello provocó que hiciera ruido tras el impacto.

¡Hey! Ten cuidado, pudo haberte escuchado.

No lo hizo —mintió mientras se dirigía a él.

Lynn, al salir de la tienda, creyó que en su familia había otro ser despreciable además de Leni; pero su idea cambió cuando escuchó la estampada que se originó en el local. La castaña regresó su mirada y se acercó a la ventana, procurando no ser vista.

Sí, claro. Y debo confiar en ti porque lo sabes todo… —el muñeco lo silenció y le susurró algo en el oído—, ¿por qué?

Tú mismo lo has dicho —se acomodó su vestimenta y abrió su espalda—. Tener esto encima resulta incómodo con el tiempo.

Tú fuiste quien decidió andarlo cargando por un mes.

Era para que todo saliera conforme a lo planeado —sacó el mecanismo que tenía y lo colocó en el mostrador. Lynn observaba todo con asombro e incredulidad—. Manipular todo ha sido realmente sencillo.

¿Es necesario que sepa esto? —se cruzó de brazos.

Igual lo olvidará, tú te harás cargo de eso —cerró su espalda y se estiró—. Intenta no moverte por un mes.

Ni loco que lo intento —repuso chasqueando los dedos. Hans se convirtió en un hombre de cabellera blanca bastante alto. Sacó un peine para arreglar su cabello—. Tú finge ser un niño de 13 años, volver a la infancia no es algo de mi agrado —bufó.

Todavía tienes que soportar el papel de hermano menor —rio mientras recargaba su brazo en la vitrina.

Como digas, "Joel" —resaltó las comillas.

¿Qué mierda…? —Lynn musitó a sus adentros.

Bueno, creo que ya fue suficiente.

¿Estás seguro?

Sí, necesito hablar un tema serio contigo.

Muy bien…, James, yo también tengo que hablar contigo porque no estoy muy contento, a decir verdad —se fue acercando a la ventana exterior del local—. Aunque primero ocupamos privacidad.

Lynn, escuchando aquello, salió corriendo de allí. Hans chasqueó sus dedos: Lynn quedó meramente aturdida, tomó su cabeza sintiendo una ligera punzada en ella. Miró confundida a todos lados, no conseguía recordar nada de lo que vio en el local, pero en sus memorias conservaba todo lo que había escuchado, haciéndole entender que dos personas fueron capaces de destruir a su familia; no entendía el cómo lo hicieron, pero estaba consciente de que eran, sin duda alguna, muy peligrosos. Siguió caminando, reflexionando la situación y procesando el cómo se expresaría la situación con su familia.