Capitulo final: La importancia del perdón...

Rabel dejó de flotar y entró al local, todavía sin ser visto. Se quedó viendo a Hans y a James por unos instantes. El último por fin inició una conversación.

—Muy bien, Hans, ¿qué quieres decirme?

—Como si no supieras —comentó con mucha molestia—, ¡¿qué acaso esto es un juego para ti?! ¡JA! —negó con la cabeza—. Debí saberlo, nunca te tomas a tu familia en serio —recargó su mano en la vitrina.

—Claro que me lo tomo en serio —se acercó a él—. Que tu no hayas visto más allá de este presente es muy diferente —sonrió con malicia.

—¿Qué dices? —preguntó con enfado, pero de pronto surgieron ideas de su cabeza—. ¡Maldito engendro! —lo tomó del cuello, ahorcándolo. Sin embargo, el títere no hacía más que reírse en su cara—. ¡Me utilizaste! ¡Me hiciste creer que esto era para enseñarle a nuestro padre! ¡Y en cambio no dejas de pensar en ti! —lo soltó estrellándolo contra el suelo, pues sabía que matarlo no haría más que hacerle sentir extasiado. James se levantó entre carcajadas.

—A veces me sorprende lo idiota que llegas a ser —se limpió el polvo de la ropa—. Esto no lo hice por mí…, bueno, en una parte sí —rio—; pero hablando en serio —su tono se hizo más grave—, esto lo hice por los tres.

—¿Los tres? Zacarías ni siquiera está aquí, ¿cómo lo puedes involucrar? —preguntó confuso.

—El dilema reside en que no nos queda mucho tiempo —colocó sus brazos detrás de la espalda—. Sé cosas que nadie sabe, sé lo que ocurrirá y lo que ocurrió, sé cuándo hay que actuar y cuándo hay que dejar las cosas ser —lo miró fijamente a los ojos—. Es por eso por lo que yo soy el miembro más peligroso de esta familia —sonrió con malicia—, porque el conocimiento es poder, y conocer todo me hace tener el poder sobre todos —rio levemente—; pero ese no es el punto. Lo que ocurre aquí es algo sumamente diferente.

—¡Pues habla ya!

—No puedo revelarte lo que pasará, porque harás que suceda antes de lo que se supone que tiene que pasar y yo aún tengo que dejar mi legado antes de nuestra partida.

—Eso no hace más que rectificar tu egoísmo —frunció el ceño—, ¡será mejor que me digas o destruyo este maldito mundo! —alzó su mano con el dedo índice y pulgar juntos.

—¿Y si te dijera que también es nuestro legado? —le dio la espalda por un momento—. Lo que pasará será inevitable, Hans. Sin embargo, puedo asegurar nuestra estancia en el Multiverso en lo que volvemos —intrigado, Hans bajó su mano.

—Te escucho.

—¿Crees que a mí no me enfada la decisión que tomó nuestro padre? Por supuesto que estoy molesto. Sin embargo, cuando sabes que nuestro destino está sellado por el simple hecho de habernos rebelado, no queda más que recurrir a un plan más elaborado e ingenioso —sonrió—. Además, todo lo que acaba de acontecer aquí, fue justamente para definir nuestro retorno…, pero no te puedo asegurar que seremos los mismos de antes…, es por eso por lo que debemos dejar nuestro legado antes de irnos —concluyó mirándolo a los ojos de nuevo.

—A ver, no te capté muy bien del todo. Empecemos por algo sencillo…, ¿para qué me hiciste hacer todo esto? ¿Para qué destruir a estos Loud? ¿Qué ganábamos con esto? Yo no veo nada que tenga que ver con nuestro padre, me siento estafado, ¿sabes? Sobre todo, porque todo terminó mal —sobó sus sienes—. Me haces creer que no estás conmigo…,

—Oye, pero si estoy contigo, técnicamente —sonrió.

—No me refería a eso —bufó—. Olvídalo.

—Ya te lo expliqué —hizo un ademán con las manos—. Tenía que hacerlo, era necesario. Lo más importante de todo lo que hicimos aquí, fue enseñar una lección —James volteó su mirar hacia la dirección de la puerta del local, donde Rabel se hallaba observando. Hans, por su parte, estalló en cólera.

—¡¿Enseñar una lección?! ¡¿Tú?! ¡¿Un ser tan malévolo y descarado, tan maléfico y capaz de torturar a las almas más inocentes?! ¡¿Tú?! —el peliblanco ardía en furia.

—Sí, es difícil de creer; pero, repito, era necesario —suspiró y se quedó viendo al vacío.

—¡Eres grandioso! —comentó con sarcasmo—. Desperdicié tiempo, del cual me dices ahora que ya no tenemos mucho, y también agoté energías…, ¡¿sólo para enseñar una tonta y maldita lección?! —sin saber exactamente como expresar su enojo, se limitó a agarrar a James y alzarlo en el aire nuevamente, mientras le asestaba un golpe directo en la cara. James salió volando, estampándose contra la pared. James reía.

—¿Qué harás? ¿Matarme? Adelante —extendió sus brazos.

—Maldito bastardo —lo ignoró—. ¿Por qué carajos lo hiciste? ¿A quién querías enseñarle una lección? —lo miró con mucha desaprobación.

—A un niño… —Hans quedó estupefacto.

—¿A un niño? ¡¿A un niño?! ¡¿A qué niño?! El único niño de aquí ha sido Lincoln y él ni siquiera nos importa, ¡no es relevante! Lo puedo hacer bolita y triturarlo con tan sólo quererlo, ¿y tú vas por ahí haciendo un desastre Universal para enseñarle una lección? —negó con la cabeza—. James, sabía que estabas chiflado, pero no a niveles catastróficos.

—Tengo que admitirlo, Hans —se acercó a él—. Sí sorprende tu falta de confianza. ¿Crees que sería tan ingenuo como para enseñarle una lección a un ser tan irrelevante? Por supuesto que la lección no era para él.

—¡¿Entonces para quién era?! —Hans se mostraba más fastidiado que antes. James, tomando con calma, miró el reloj que había en el local.

—Ya casi es hora, Hans. Debemos irnos preparando —deformó su cuerpo para transformarse en un joven de 17 años, pelinegro, bastante alto—. Sino el plan no resultará.

—No lo haré, James…, ¡no seguiré esta farsa!

—Escúchame bien —tomó a Hans de los hombros, pero este se zafó de inmediato. "Joel" rodó los ojos—. De acuerdo, pero escúchame. Si no hacemos esto, nuestro legado no existirá y no tenemos mucho tiempo que perder.

—Yo no quiero un legado, ¡quiero perdurar!

—Pero eso no será posible —miró hacia la puerta de nuevo—. Hans, no podemos hacer nada contra lo que se nos viene, pero sí podemos dejar nuestra huella.

—James, aún sigo procesando el asunto de que hicimos todo este teatro por un niño —se sobó las sienes de nuevo, mostrando estrés.

—Es que no es cualquier niño. Hans, confía en mí. Cuando ese niño crezca, nuestros problemas se resolverán y podremos regresar.

—¿Y qué niño sería capaz de eso? —lo miró con incredulidad.

—Lo sabrás, Hans. Lo sabrás —le extendió su mano—. Tú sabes que lo sé todo, ¿confiarás en mí?

—¿Cómo sé que no está en tus planes el traicionarme?

—Si te hubiera querido traicionar, ni siquiera estaríamos en este lugar —Hans abrió los ojos en grande, pues bien sabía que esas palabas eran totalmente ciertas. Así que estrechó su mano con él en símbolo de fraternidad.

—Bueno…, confío en ti —Hans chasqueó los dedos y se transformó en el niño de 13 años. Antes de partir hacia la calle, Hans miró a James a los ojos.

—Sé lo que quieres preguntar, pero pregúntame.

—Al menos dime qué lección querías enseñarle a este dichoso niño.

—Quería enseñarle que es posible perdonar hasta a los imperdonables, no por el hecho de que sea merecido, sino por el hecho de liberar las cargas ajenas.

—¿Y cómo carajos aprende este niño esta lección si ni siquiera estuvo aquí para presenciarlo?

—Porque ese niño no tiene que estar aquí. Nosotros originamos una historia con un propósito, un propósito que te oculté, ciertamente, pero que era completamente necesario. Al originar nuestro relato, se convierte en un cuento, un cuento es escrito por alguien más, y al atravesarnos en el Universo ajeno de alguien más lo hemos alterado —miró a Hans con profundidad—, entonces ciertamente habríamos alterado su cuento. Ese cuento va viajando y viajando, un cuento que iría yendo a voces diferentes y a mentes diferentes…, sin embargo, cuando se trata de alguien que simplemente está consciente de estos Universos —se encogió de hombros—, la situación resulta mucho más sencilla.

—Los únicos que podrían saber eso, es nuestra familia —lo miró con curiosidad.

—Así es Hans, lo curioso es que este niño aún no ha nacido —miró una vez más a la posición de Rabel—, pero ese niño está presente en nuestro futuro.

—¿De quién es el niño?

—Esa ya es otra cuestión…, pero debemos irnos moviendo.

Ambos se encaminaron a la salida del local, donde Hans abrió primero y salió, no sin antes hacerle un último cuestionamiento.

—¿Y para que quisieras que le enseñaran eso?

James, viendo el interior una última vez, específicamente en el punto donde Rabel se encontraba, sintió un inmenso vacío. James sabía lo que le esperaba, sabía que no tendría escapatoria. Estaba consciente de que el cambio final llegaría a ellos y entonces debería renunciar a todo lo que había construido hasta ese momento. Así mismo, también sabía que luego llegaría su reemplazo; sin embargo, esa tristeza se cernía sobre él. Era extraño para James sentir la tristeza, pero era cierto que el destino podía ser cruel y frívolo la mayor parte del tiempo. De este modo, sólo pudo limitarse a esperar y a seguir trabajando para llevar a cabo su plan maestro y dejar su legado para el tiempo venidero, así que, con un tono que demostraba congoja, James le contestó a su hermano.

—Para que me perdone a mí —y habiendo terminado la frase, cerró la puerta.

Rabel vio todo con claridad y ahora sabía perfectamente lo que acontecería, fue entonces que decidió no regresar a ver la llamada entre Lincoln y Leni. Optó por regresar a su hogar mientras tenía la consciencia acerca de lo que su destino significaba para la familia.