Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Abbi Glines.
CAPÍTULO 1: NUEVA ORLEANS
POV PAGAN
Me detengo frente a la vidriera de un local de Nueva Orleans junto a mi madre. Veo esa muñeca de cabello negro y vestido negro sosteniendo un muñequito vudú y me enamoré de ella. Sé que a mi madre no le gustan estas cosas, dice que no quiere que me involucre demasiado con esto hasta que no tenga edad suficiente para saber lo que eso significa.
Sin embargo, aunque mi padre y mi abuela practican vudú y piensan igual, son más permisivos que mi madre, con frecuencia mi padre me lleva a visitar a su madre en la tienda o en su casa del bosque y la otra que tiene en la ciudad y me dejan ver las cosas que ellos suelen usar, la regla de oro para ellos, es que no toque nada sin consultarles primero, sobre todo si se trata de objetos frágiles con contenidos desconocidos.
Pero esto es una simple y adorable muñeca, de una tienda comercial que, según mi padre, los dueños son comerciantes y ni uno solo de los objetos tiene poder alguno. Mi abuela, por otro lado, dice que son para engañar a los turistas ocasionales. El vudú real es el practica mi abuela en su segunda casa del bosque. Podría intentar pedirle a mi madre que me compre la muñeca, o dejarle claro que me gusta, para luego me la regale. Sin embargo, cuando se lo digo, ella dice que ahora no se puede.
−¿No quieres comprármela? ¿Por qué es así?
−Jamás dije eso, hija. No creo que tener una te mate, pero estamos con el tiempo justo, debes ir a la escuela y si te la compro ahora querrás tenerla contigo y tal vez la pierdas. Volveremos a la salida por ella ¿te parece?
Asiento, y vencida, acepto su propuesta.
La escuela no queda demasiado lejos y no es nada atrayente, ni ostentosa. Es un edificio que ocupa toda la manzana y parte de la otra, paredes grises simples, incluso el nombre de la escuela primaria está tallado. Nueva Orleans tiene ese algo especial al resto de las ciudades, al ser parte de una antigua colonia francesa, sus edificios tratan de conservar su estado original desde hace décadas o siglos. Se valora mucho este tipo de arquitectura aquí, y esa es la razón por la que también es tan visitada, sobre todo por extranjeros que desean conocer distintos puntos del país. Pero eso es solo por el exterior… la fachada de la escuela es la que sigue igual. Sin embargo, por dentro es una escuela normal, incluso con sus salas de computación y las audiovisuales.
Sé que hay almas a mi alrededor y trato de ignorarlas, me han enseñado a hacer eso, porque desde siempre si les prestó atención por siquiera unos segundos, empiezan acosarme y otros niños me miran raro, todos menos uno.
Uno que aparece y desaparece a su antojo y nadie lo nota cuando no está. El niño misterioso de cabello rubio y ojos azules. Espero que venga hoy a la escuela, no quiero sentirme sola, Miranda y Wyatt no han estado viniendo a la escuela últimamente, por las consecuencias de una vacuna que nos colocaron y varios niños aún sufren de dolores musculares y fiebre alta, algo que les imposibilita salir de sus camas. Para sorpresa de toda mi familia, a mí no me afectó, el único síntoma que sufrí fue una leve fiebre que me trataron con pastillas, luego de tres días me repuse rápidamente.
Mi madre se detiene en la puerta y me entrega la lonchera y se despide de mí con un beso.
−Pórtate bien, cariño. Vendremos a buscarte con tu padre en el auto.
Cuando entro al aula, veo que la mesa que habitualmente comparto con Miranda está ocupada. Un silbido hace me gire en la dirección contraria y lo encuentro a él. Unos asientos más atrás.
−Viniste –digo a modo de saludo.
Sé que no es normal, no es humano; pero no me importa, me alegra que este aquí. Mi abuela siempre dice que, aunque debo ser precavida con las almas y seres distintos de los humanos, puedo confiar en él.
−Podría haber faltado, pero no quería dejarte sola –mira en dirección a las chicas que ocuparon mi puesto y el de Miranda–. ¿Quieres sentarte conmigo? Wyatt no va a venir, sigue enfermo. También él me ha dejado solo.
Sin contestar me siento a su lado.
−¿Pueden verte?
−Por supuesto. ¿Qué te hace pensar que no?
−No sé, antes me consideraban loca por hablarle a la nada y se burlaban –murmuro en voz baja.
Hace algunos años atrás él era algo así, como mi amigo invisible, y solo mi abuela era capaz de verlo. Cuando Leif notó cuando me afectaba que nadie más pudiera verlo, empezó a adoptar una forma física, pero cada tanto él prefiere ser invisible ante el resto. Nunca lo sé con certeza, porque yo no noto mayor diferencia entre una forma u otra.
Leif se ríe.
−Estoy en mi forma humana, Peggy. Relájate. Desde que mi madre me matriculó en la escuela, no tengo necesidad de esconderme.
Él está viviendo con su madre, en la tierra. Pero casi nunca está en su casa, Leif se la pasa con sus amigos y conmigo. Dice que no le gusta estar mucho con su madre, porque siempre trae hombres a la casa.
−¿Quieres venir a casa después de la escuela? –propongo.
−¿Algún motivo en especial?
−No exactamente.
−¿Qué más da? Está bien, no tengo ningún plan, excepto estar solo en casa.
−¿Solo?
−Mi madre dijo que hoy es ese día especial del mes y que no vendrá a casa hasta mañana por la mañana.
−Nunca me dijiste que hace tu madre, pero no es justo que te deje solo un día entero.
−Sería más injusto que mi madre deje abandonadas a todas esas personas que necesitan de ella para seguir viviendo. Está bien por mí, lo entiendo. Sé que ella está muy ocupada hoy.
−¿Eres consciente de que no entiendo de que hablas?
−No tienes por qué entenderlo ahora. Es muy pronto. Aparte, tus padres me lo prohibieron. Quieren que sepas lo justo y necesario, por el momento. Trato de adaptarme a ello.
−Mis padres…
Sé que ellos me están ocultando muchas cosas porque creen que con diez años no tengo edad suficiente para comprender el mundo de la familia.
−Conozco esa mirada. ¿Tanto te molesta que no te digan ciertas cosas? Ellos están protegiéndote, quieren que seas una chica humana, lo más normal posible, yo también quiero eso.
−¿Cuál es el sentido? Nunca fui normal.
Desde muy pequeña experimenté cosas que niños de mi edad no deberían vivir nunca, se supone que mi abuela paterna es una Reina Vudú, todos la llaman así. Pero ¿qué es realmente eso? Hacer medicinas y ritos de sanación; comunicarse con los muertos, ver almas perdidas, unir parejas. Mi abuela hace todo tipo de cosas, ninguna mala; ella no es ese tipo de practicante vudú que le hace daño a las personas; por el contrario, las ayuda, sus clientes siempre vuelven a ella una y otra vez cuando necesitan auxilio.
Pero siento que me pierdo algo. Hay secretos que nadie quiere revelarme.
−Mantener tu inocencia, supongo –responde él–. Cuando seas más grande prometo en ser el primero en contártelo. Pero la única regla que debo acatar por respeto a tu familia, es mantener todo en secreto. Mientras tanto, disfruta de esta relativa normalidad.
Como Leif se da cuenta que no lo miro, apoya sus manos en mi rostro y me obliga mirarlo. Mi corazón responde al contacto, cada vez que él me mira a los ojos de esa forma tan dulce y preocupada algo se remueve en mi interior.
−Yo estaré contigo cada vez que me necesites, Pagan Moore –promete y mis mejillas se calientan, mientras él me sonríe.
Algunos se detienen a mirarnos y podría no importarme, si no fuera la cara de desprecio que me dedican todas las niñas que están interesadas en Leif. No puedo culparlas, él es muy atractivo.
−¿Podrías soltarme? Hay un par de niñas que desean matarme. Tus admiradoras.
−Ellas no me importan y no te matarán, porque no lo permitiré –responde.
De todas formas, él me suelta.
−¿Veo que trajiste tu propia comida ¿no piensas ir al comedor hoy?
−Sabes que no me gusta estar sola en el comedor. Pensaba almorzar en el patio.
−Te acompañaré. Tengo algo que podría hacerte feliz, solo que no quiero dártelo frente a todos.
Siempre tan misterioso.
−De acuerdo –acepto.
