Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Abbi Glines.


CAPÍTULO 3: LUZ Y SOMBRA

POV PAGAN

A la salida, Leif toma mi mano y ambos nos dirigimos a la entrada de la escuela. Mis padres no han llegado por lo que nos toca esperar en las escaleras. Sigo con la rosa negra en mi mano, Aunque viéndola en detalle no es tan negra es como un gris, tirando a oscuro, acaricio sus pétalos aterciopelados y se siente relajante. La muñeca está guardada en mi mochila no quiero que una de esas niñitas de mi clase que están alrededor de nosotros dos, me la pidan prestada, es solo mía. La mantendré en casa, jugaré y dormiré con ella.

−¿Le dirás a tus papás? –pregunta mientras yo mantengo apoyada mi cabeza en su hombro.

−No sé, tal vez mañana, van a pensar raro de nosotros.

−¿Pensar qué? ¿Qué nos escapamos de la escuela o algo similar?

−Es una posibilidad. Por eso, les diré mañana.

−Bien, será nuestro secreto.

−Por favor. También, les pediré que te dejen quedarte esta noche. Incluso siendo... ya sabes... no es justo que te quedes solo.

−Suena mejor que quedarme con el nuevo novio de mamá –reconoce.

−¿Es humano?

−Sí, pero solo llevan unos días juntos, la relación entre ambos es bastante tensa aún. Igual trato de nunca acostumbrarme a nadie, porque mamá se aburre con rapidez de sus novios y los dejo de ver. Supongo que mi única constante eres tú.

Levanto la cabeza apenada, a pesar de que no lo dice que para que sienta pena de su situación. Vive con su madre, su padre sigue en no sé dónde, pero ninguno de los dos se hace cargo realmente de él. Y el hecho de que su madre cambie de pareja con la velocidad de un rayo, no ayuda en nada.

Beso su mejilla y lo noto sonrojarse, al igual que yo. ¿Por qué lo hice? Igual mis manos no se detienen y coloco la rosa en su mano.

−Toma, para ti.

−¿Por qué?

−No tengo nada más para darte ahora. La necesitas más que yo. Dijiste, que la puso el vendedor ¿no? Es mía, y quiero regalártela.

Él mira alternativamente entre la rosa y yo. Los niños a nuestro alrededor nos miran raro. Si bien, él tiene varias admiradoras, otros siempre nos miran como si fuéramos bichos raros y rara vez se acercan a nosotros. Somos la niña de los amigos invisibles y el chico raro que siempre está con ella y la defiende cuando la molestan.

−Gracias, eres tierna –responde.

−No lo soy –lo contradigo.

−Sí, lo eres. Eres tierna y al mismo tiempo, valiente. Me gusta eso de ti. También eres algo terca, a veces. ¿Podrías dejar ponerte en peligro algún día? Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que te rescaté cuando te subes a los árboles.

−Suena a que te quieres librar de mí.

−Para nada. Solo que me sentiría más aliviado al saber que cuando no estoy a tu lado estás a salvo; en lugar de pensar todo el tiempo en si te metiste en problemas o no. Eres un caso especial, Pagan.

−Entonces, si no fuera rebelde, nunca vendrías a verme.

−¿Estás reconociendo que lo haces a propósito?

−Un poco.

En un comienzo, Leif solo se aparecía ante mí cuando notaba que estaba pasando por algún peligro. Entonces, descubrí que una forma de obtener su atención era llamándolo con mis acciones de riesgo. Lo tomé como una especie de medio para que el niño misterioso dejara de aparecer y desaparecer y se quedara de forma más permanente, y también porque quería descubrir que era realmente, me generaba curiosidad que fuera la única alma con la que pudiera conversar. Luego, descubrí que era una especie de espíritu y que no era una persona muerta como creí. Le pedí que dejara de jugar a las escondidas conmigo, porque estaba empezando a creer que me estaba volviendo loca y me imaginaba los encuentros y él propuso que fuéramos amigos y prometió que vendría a verme con regularidad. Mis "accidentes" disminuyeron en gran medida, luego de eso.

−Eres muy malvada ¿lo sabes?

−Miren quien habla.

−¡Hey! No soy tan malo –se queja.

Justo en ese momento mi padre, un hombre de treinta años de cabello oscuro y ojos oscuros, se acerca a nosotros. No se sorprende al ver a Leif, le sonríe y le pregunta directamente si vendrá con nosotros, yo me adelanto y le digo que sí. Él nos toma de la mano a ambos y nos dirigimos al auto donde mamá está esperando. Nos sentamos atrás y nos colocamos los cinturones de seguridad.

Mamá me dice que pasaron por el local de esta mañana para conseguir la muñeca, pero ya estaba cerrado, yo digo que no importa, que podemos ir otro día, ocultando el hecho de que Leif la compró por mí, solo hasta mañana.

Mis papás nos preparan una merienda y cuando nos sentamos en la mesa baja del living a tomar nuestros chocolates calientes y comer galletas, no puedo evitar notar también que así como ese hombre le entregaba flores a las mujeres, papá también le regaló a mamá una gran cantidad de dalias, de distintos colores que mamá se encargó de esparcir en floreros en todos los salones de la casa. Leif aprovecha que está el florero para colocar la rosa negra y que no se marchite del todo. Hace contraste con los tonos coloridos de las dalias blancas, rosas y violetas. Pero ya ha estado toda la mañana en una bolsa o en nuestras manos y necesita agua. Mi amigo dice que aunque se siente halagado, quiere que me la dejé yo. Sonrío.

Nos ponemos a hacer las tareas del día. Me gusta trabajar con él, es muy inteligente y aprende rápido. Asíque, a diferencia de Miranda, que es distraída y solo se interesa en niños; la presencia y participación de él es útil y nunca retrasa. Incluso cuando no iba a la escuela, le gustaba leer a la par de mí y ayudarme con mis trabajos y proyectos. Y él reconoció que varios de los suyos tienden a ser educados y autodidactas. Aprenden a leer desde pequeños y debido a su contacto con los humanos se ven obligados a aprender nuestros idiomas. Por lo que demostró ser excelente en inglés, español y francés en la escuela. Cuando terminamos las tareas correspondientes nos quedamos recostados en el sofá viendo la televisión. Con Leif vemos esos programas de suspenso que no podría ver cuando vienen Miranda y Wyatt, porque Miranda es muy miedosa. Leif no me dice nada ya, sabe que nunca fui una niña normal.

Luego de un rato nos ponemos a jugar Santori. Santori, originalmente es una pequeña isla griega y el juego de está inspirado en ella. Nos repartimos dos constructores para cada uno, armamos la base la estructura de la isla y separamos ordenamos las piezas de construcción de las torres. El juego es simple hay treinta cartas diferentes, se deben mezcla y se reparte una para cada jugador, esas cartas te dan una habilidad que puedes usar en cualquier momento del juego, puede ser la habilidad de construir de determinada forma, o mover al constructor a más distancia. Sin embargo, por cada movimiento, o jugada debes construir, desde la base o agregando los dos pisos siguientes y la cúpula. El objetivo en parte es llegar a colocar las cúpulas azules de modo tal que el constructor no tenga lugar de escape, si quedan atrapados tus dos constructores pierdes. En algunas ocasiones, debido a las cartas que nos han tocado, sale más beneficiado uno que otro, por lo que en cada jugada gana uno, y en la siguiente gana el otro. Jugamos hasta cansarnos y luego yo busco unos caramelos que tenía en el bolsillo exterior de mi mochila y los comparto con él.

Papá viene a llamarnos en la noche para cenar y rápidamente escondemos los caramelos y dejamos de masticar los tenemos en la boca.

−Papá, ¿Leif se puede quedar esta noche? –pregunto mientras cenamos.

−No creo que haya problema. ¿No, querida?

−Por supuesto que no. ¿Tu madre no está en casa, Leif?

−No, dijo que se va a ausentar toda la noche.

−En ese caso, puedes quedarte por hoy. No vamos a dejar que te quedes solo.

Leif lo agradece y luego al terminar de cenar nos manda a lavarnos los dientes, cambiarnos e ir a la cama. Él se cambia la camisa y el pantalón de vestir del uniforme por la remera y el pantalón de gimnasia que llevaba en su mochila. Mamá trae sabanas y una almohada extra para la parte inferior cama doble tipo nido y nos deja solos, diciéndonos que, si necesitamos cualquier otra cosa, la llamemos. Yo ocupo mi puesto habitual en la cama alta y él en la baja.

Él apaga la luz, pero prendo una lámpara que proyecta estrellas de todos los colores y e ilumina toda la habitación. Leif se sorprende y yo le explico que es nueva y que ya la amo. Él solo sonríe y se sienta sobre su colchón. Me bajo y me siento a su lado.

−¿No piensas dormir?

−Te puedo preguntar lo mismo.

−Sabes que no necesito descansar tanto como tú. Aparte disfruto verte dormir, a veces hablas, es entretenido.

−Espero no decir cosas vergonzosas.

−Si decir mi nombre te parece vergonzoso...

−¡¿Qué?!

−Es broma, Pagan. Relájate. Hablas muy pocas veces a decir verdad, no tienes nada de qué preocuparte. Pero deberías dormir, mañana tenemos que ir a la escuela.

−No tengo sueño y deja de jugar conmigo –le recrimino.

−Lo siento, es que tus reacciones son –al ver mi mirada molesta, se detiene–. No lo puedo evitar.

−Te perdonaré si me cuentas una historia.

−De acuerdo, pero te acostarás en tu cama.

Acepto y vuelvo arriba. Busco la muñeca que me regaló Leif y la abrazo, llevándola a mi pecho. Siento que él se sienta a mi lado y yo lo enfrento, me observa sonriendo, mientras acaricia mi rostro. Contrario a lo que debería sentir, siempre estoy en calma cuando lo tengo cerca, incluso mis enojos con él no duran demasiado, más bien son rabietas pasajeras porque él de vez en cuando me hace bromas. Pero, en este momento, deja eso de lado y solo trata de consentirme. Los cuentos que él me cuenta casi siempre se relacionan con magia, supongo que es lo que más le han leído.

Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.

El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus cincuenta más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y eso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".

−Espera... ¿Sombra estaba enamorado del hada?

−Es posible. Pero también se sentía responsable por la seguridad de todos. Sabía que conseguir la Piedra de Cristal era esencial para ello. Pero, también quería estar con esa hada para protegerla.

−Continúa.

Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...

La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro.

Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.

Me quedo mirándolo unos segundos y me encuentro tomando su mano.

Es una historia bastante triste.

¿Lo crees?

Bueno, se separaron y no se volvieron a encontrar, eso no es muy alentador ¿verdad?

Pero una parte de él siempre se quedó con ella. Cada que vez esa hada viera las sombras o fuera de noche se sentiría acompañada y protegida, porque le recordarían a él, su fiel y amada Sombra.

−¿Tú nunca me dejarás?

−No sería capaz. Siempre estaré contigo del mismo modo que ahora, a no ser que te canses de mí.

−Yo misma te pedí que te quedaras a mi lado, ¿por qué me cansaría?

−¿Quién sabe? El futuro es impredecible. Pero ten por seguro que no importa que pase, siempre estaré para ti cuando lo necesites.

Leif se inclina y besa mi frente, sus hermosos ojos azules, que si los miras a detalle te das cuenta que no los podría tener un humano normal, se encuentran con los míos.

−Ahora, duerme, pequeña princesa. Prometo que yo haré lo mismo –él se baja en su cama y se recuesta bajo las mantas, yo me coloco de costado bastante cerca del borde solo para poderlo ver un poco más, Leif me mira divertido.

−¿Qué sucede ahora?

−Solo quería decirte que lo que dijiste no tiene ningún sentido, no me importa lo que pase, simplemente no dejaré que te vayas.

−Perfecto, porque no me gustaría tener que hacerlo –contesta con una sonrisa.

En la piel de su rostro y cuello se reflejan algunas estrellas de colores.

−¿Te molesta? ¿Quieres que apague la lámpara?

−No, déjala.

−Buenas noches, Leif.

−Buenas noches, Pagan.

Me aferro a la muñeca y cierro los ojos para dormir, con la seguridad que esta noche estoy a salvo, porque Leif es mi propia Sombra y no dejará que nada malo me pase.