Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Abbi Glines.


CAPÍTULO 4: CAFETERÍA

POV PAGAN

Estoy sentada frente al espejo, preparándome para ir a clases cuando el teléfono suena. Leif me manda un mensaje avisándome que vendrá por mí pronto. De nuevo ese chico, pudo conseguir su licencia de conducir antes que yo y le está sacando jugo a la situación, mientras yo tendré que probar el próximo año. Suspiro, en algún punto lo envidio. Sin embargo, lo convencí de que me enseñara a manejar y no puedo quejarme demasiado con él.

Me lleva a zonas solitarias, seguras y alejadas de la ciudad donde no pueda dañarme, ni dañar a otros mientras aprendo. Más de una vez lo hice entrar en pánico, porque si bien él no puede morir, yo sí. Sin embargo, es paciente y atento. Trata de enseñarme todo lo que sabe, poco a poco; y me obligo a aprender todo el contenido de los libros que le entregaron en la escuela de manejo, cuando no estoy con él.

Me peino y me termino de maquillar con rapidez. Mientras busco en el cofre de maquillaje, hago un mal movimiento y la muñeca con vestido y cabello negro se cae del borde. Debería colocarla en otro lugar. Papá dice que me conseguirá una nueva librería con puertas de vidrio para mis libros y material escolar porque ya en el antiguo no me entra más y tengo todo lo más nuevo esparcido en el escritorio o en cajas. Tal vez pueda ubicar segura la muñeca ahí, desde el día que me regaló Leif siempre la mantengo a la vista, a Miranda le da algo de miedo, mientras Wyatt lo toma con humor y juega con ella, a veces, solo para hacer rabiar a su novia. Claro, ninguno de los sabe lo que hace mi familia, como tampoco saben que su otro amigo no es humano. Leif y yo mantenemos los secretos del otro a salvo.

A medida que fui creciendo mi abuela confió en mi madurez mental y me ha enseñado algunas cosas, como preparar medicinas naturales, alguna poción para curaciones y hechizos básicos, mientras me cuenta un poco de la religión y como nunca debo desviarme, de asegurarme que cualquier cosa que haga tenga un fin bueno y no sé busque hacer el mal a alguien. Lentamente las piezas van encajando y comprendo más el mundo que me rodea. Leif, por otra parte, se va atreviendo a contarme más cosas sobre él, no más de lo que pueda comprender con lo poco que sé.

Coloco la muñeca apoyada en el espejo, luego de darle un vistazo sonriendo. Guardo el maquillaje en su lugar y busco una campera rápidamente, cuando siento el ruido de una bocina que suena dos veces. Esas dos veces se traducen a un "estoy aquí" de Leif. Tomo el teléfono móvil y la campera negra con rapidez antes de bajar las escaleras.

Mis padres están en la cocina desayunando y me preguntan si voy a comer aquí con mi amigo o si quiero que me preparen algo para llevar. Acepto el segundo ofrecimiento y mamá coloca rápidamente unas porciones de tartas frutales que acaba de hornear en un taper, huelen deliciosas.

Leif está esperándome en el porche de la casa tranquilo medio sentado en el barandal cruzado de brazos. Me saluda con un beso en la frente. A veces él puede ser tan tierno.

−¿Estás lista?

−Sí, mamá hizo tarta –le muestro lo que me entregó y ríe.

−Me encantara probarla, seguro está deliciosa como siempre.

−Sí, cuando tiene tiempo para hornear y no está escribiendo, deberíamos aprovechar.

−Tienes razón, eso no se da todos los días –coincide feliz.

Como tengo las dos manos ocupadas, simplemente me toma de los hombros y me guía hasta el auto, me abre la puerta del copiloto.

−Adelante, señorita –dice en tono cortes.

−Muchas gracias, caballero –bromeo.

Y me meto rápidamente porque temo que vaya a llover en cualquier momento.

Nos detenemos de camino a la escuela secundaria en una cafetería.

−¿Seguro? ¿Tenemos tiempo?

−Falta una hora para entrar a clases, una media hora de descanso no nos matara.

Un chico se acerca a tomarnos los pedidos.

−Un café expresso y un café latte con vainilla, por favor. En vasos grandes –se adelanta Leif a pedir lo de siempre. El segundo es mi favorito.

−¿Y para acompañar?

−Dejaré que ella elija –contesta Leif.

−¿Qué desea señorita? –el mozo me mira expectante y me apresuro a elegir algún combo para dos personas del menú.

−El combo número tres, con tostadas y donas.

−Les traigo su pedido en breve –anota nuestros pedidos y luego de tomar los pedidos de la mesa de al lado, se va a mostrador y les tiende unas hojas arrancadas a los cajeros, quienes rápidamente empiezan a trabajar.

−Te ves linda –interrumpe Leif y me centro en él.

−Es por el maquillaje –respondo.

−Nunca subestimes tu belleza, Pagan. Ya te lo he dicho. Pero, si quieres hablar sobre el tema, cada vez te maquillas mejor.

Me sonrojo y siento que mi corazón se sale de mi pecho, sé que él lo nota por como sonríe. Siento que mis sentimientos por él van cambiando, se vuelven más intensos y no lo puedo evitar.

Hormonas adolescentes, supongo. ¿Qué espero de todas formas? Ya estoy en mis quince años y mi "amigo" no solo es atractivo como los dioses, si no también es un chico que siempre estuvo conmigo y me dio cariño y protección. Debo estar confundida.

Pero ¿y si no me quiere de la misma forma? Actualmente lo rondan chicas diez mil veces más atractivas que yo, es un rompecorazones, sin pretenderlo. Le digo rompecorazones, no porque salga con las chicas de la escuela, sino porque las rechaza a todas y ellas quedan con la dignidad y la estima por los suelos, luego de eso. Siempre me dice que solo tiene ojos para una persona y que podría aparecerse su actriz estadounidense favorita, proponiéndole una vida juntos y aún así la rechazaría. Cuando habla de esa forma, siento punzadas de celos hacia chica de la que está enamorado. Desearía ser yo. Definitivamente, esa chica es muy afortunada, porque a pesar de no tener nada con ella, la quiere bien.

−¿Tú irás, Pagan?

−¿Eh?

Leif me mira con el ceño fruncido.

−No escuchaste nada ¿verdad? Te noto muy distraída últimamente.

Porque creo que me estoy enamorando. El amor hace tonta a la gente.

−Perdón, estaba pensando. ¿Qué decías?

−¿No quieres hablar de lo que preocupa?

−No es nada, en serio –miento.

−Lo dejaré pasar por ahora, no obstante, debes recordar que te conozco más que a mí mismo. Algo te sucede –afirma.

−No quiero hablar de eso ahora. ¿A dónde debo ir?

No sigue insistiendo y cambia de tema.

−El viernes será la final del torneo, quería saber si irías y preguntarte si deseas acompañarme a la fiesta que hará un amigo después de eso.

−No me perdería tu juego; aunque, sobre lo otro, sabes que odio ese tipo de fiestas, Leif.

−Y tú sabes que yo no suelo ir a esas fiestas, pero es un día especial y quiero compartirlo contigo, Wyatt y Miranda. ¿Lo considerarás? No dejaré que te suceda nada.

−De acuerdo, haré una excepción por ti.

Es su primer final como mariscal de campo, Leif es un gran líder del equipo ofensivo. Recientemente ascendió a ese puesto y está muy entusiasmado. Eso también provocó que su popularidad con las estudiantes aumentara, pero a él no parece importarle. Aún así ver como se le insinúan casi todas, hace que una parte de mí sienta una punzada de dolor y enojo, que no desaparece hasta que él vuelve a mi lado y me rodea con sus brazos. Pero incluso en esos momentos recurro a frases sarcásticas para ocultar mis emociones.

−Gracias –dice.

Leif estira su mano y la coloca sobre la mía. Parece que quiere decir algo más, pero se calla y se limita a sonreírme. Nos traen nuestros desayunos y comemos con calma, porque tenemos tiempo, la escuela solo queda a cinco minutos en auto desde aquí.