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Hinata se despertó bruscamente cuando Sasuke la levantó en sus brazos. Su garganta se sentía irritada y sus ojos picaban cuando los abrió en un parpadeo. Vio que estaba oscuro afuera, aunque había asumido que llegarían en su destino a media tarde. Por encima, vio las nubes negras, empañando el cielo. Por un momento, pensó que algo estaba mal. ¿Por qué estaba tan oscuro? Pero luego escuchó a Sasuke murmurarle

- Hemos llegado a Velraxa, mujer. No quise despertarte.

Hinata trató de sacudir la niebla que rodeaba su cerebro adormecido pero Hinata sintió que su cuerpo se relajó aún más ante la voz de Sasuke. Por una vez, no se preguntó por qué reaccionó así con él. No sabía por qué su presencia era un consuelo, como una cálida manta en un día nevado de invierno. En cambio, lo acepto, aunque sólo sea por un rato. Estaba demasiado cansada para luchar contra eso. Lo percibió caminando, sintió la vibración de su fuerte zancada detrás de ella. Estaba acunada en sus brazos y apoyó su frente contra su pecho.

Hacía frío, se dio cuenta con retraso pero su cuerpo estaba caliente. Había cubierto un pelaje pesado sobre ella y se acurrucó más profundamente en el interior, dejando que sus ojos revolotearan cerrados. Entró y salió del sueño, solo medio despierta, soñando brevemente. Se estiro antes de volver a reaparecer.

De repente, escuchó un crujido, como una pesada puerta de roble que se abre, sus bisagras oxidadas. Cuando abrió los ojos, vio que no era una puerta de roble, sino una de piedra. Sasuke la abrió con los hombros y luego la empujó para cerrarla cuando dieron un paso a través del umbral.

Estaba oscuro, dondequiera que estuvieran. El aire se sentía quieto, como si les hubiera estado esperando. Sasuke jugó con algo en la entrada y luego un suave brillo dorado iluminó la habitación. Hinata entrecerró los ojos ante la luz, pero vio que estaban en una casa.

¿La casa de Sasuke? Debe ser, decidió, los párpados volviendo a bajar. La casa olía como él y no pudo evitar tomar una gran bocanada de aire. Olía tan maravilloso que la mareaba.

Empezó a caminar de nuevo. Si bien todavía hacía frío dentro de la casa, era mucho, mucho más cálido que el exterior.

- ¿Es aquí donde vives? - Se encontró a sí misma susurrando, atrapada una vez más entre el sueño y la realidad.

- Tev - fue la respuesta que recibió.

- ¿Vives aquí solo?

Una ligera pausa, antes de que dijera:

- Tev.

- Lo sabía - murmuró de vuelta.

- ¿Por qué? - Preguntó suavemente, más suavemente de lo que había escuchado su voz.

- Porque es demasiado silencioso.

No le dijo nada a eso y se deslizó hacia abajo por un breve momento. Se despertó de nuevo cuando Sasuke bajó su cuerpo a una cómoda plataforma forrada de piel en el suelo de lo que solo podía asumir era un dormitorio. Y, extrañamente, una vez más, no se sentía amenazada. Lo sintió en su pecho. que no le haría nada a ella. Era enloquecedor pero lo sentía físicamente, la verdad de ello. Una extraña sensación...

- Frixavir - le dijo, con voz ronca ahora, sintió su ancha palma callosa acariciar su frente una vez - Descansa, Hinata - tradujo como si Sasuke controlara su cuerpo, hizo lo que le ordenó.

Sasuke se sentó en el borde de su plataforma para dormir, con las rodillas contra su pecho, observando el sueño de su luxiva, su compañera predestinada. Nada se había sentido nunca más correcto. Nada se había sentido nunca tan natural. Sin embargo, no podía tocarla. No en la forma en que quería. Seria solamente para protegerla y sanar, hasta que fuera devuelta a salvo a la Ciudad Dorada. Aquí, dormía en su plataforma del sueño, su cabello oscuro contra las suaves pieles de las bestias que se había cazado para sí mismo, su olor se mezclaba con el suyo, su instinto al borde de la locura y solo podía mirarla desde la distancia.

Quizás no fue tan natural después de todo. Quizás este era la más antinatural cosa que alguna vez había experimentado.

Le había hablado cuando la había llevado a sus aposentos. Dijo que era tranquilo, que debía vivir solo. No sabía por qué esas palabras golpeaban algo en él. Nunca había pensado demasiado en su mayoritariamente vida solitaria, interrumpida solo por parejas de placer, batallas, largos viajes hacia y desde la ciudad dorada.

Sí, su morada siempre le había parecido tranquila. Pensó que no la tenía dispuesta pero tener a su luxiva en su hogar, su hogar, era... algo indescriptible. Era algo que creía que nunca experimentaría. Era una… plenitud, una respuesta a una pregunta formulada desde hace mucho tiempo.

A pesar de que Sasuke deseaba cuidarla mientras dormía, sabía que tenía asuntos que atender, como informar a Obito que había regresado a Velraxa.

También había prometido contactar a Privanax. Dejaría descansar a su luxiva por ahora, pero más tarde esa noche, viajarían al Rillirax, las piscinas sagradas de las tierras del norte para comenzar su limpieza.

Cuanto antes, mejor, pensó, tocando su frente una vez más, parecía cálida, muy caliente. Con pesar, apartó las pieles de ella, odiando que sintiera el frío amargo que se filtraba en la vivienda. Pero su cuerpo estaba sobrecalentado. No podía arriesgarse, era más difícil de lo que esperaba dejar su lado y lo hizo con rechazo con los dientes apretados y su instinto furioso. Pero tenía un deber... y nunca había odiado ese deber más ferozmente que en este momento.

Primero, informó a los habitantes de Velraxa que había regresado a través de los Coms. Cuando los soles se alzaron en el siguiente tramo, celebraría un consejo para cualquier Konahano que deseaba expresar un problema o inquietud, lo que hacía cada mitad de su ciclo lunar. Si bien ningún Konahano podía molestarlo en su morada sin invitación, al menos su puesto de avanzada sabría que estaba en su residencia una vez más. Según las órdenes de Obito, tenía la intención de mantener en secreto la presencia de Hinata. Todos los puestos de avanzada ya sabían de la compañera predestinada de los humanos de Obito. Hubo disturbios en algunos puestos avanzados, en su mayoría por guerreros, viejos y jóvenes, que no creían que debería contaminar la fuerte sangre Konahana.

Los disturbios habían sido resueltos rápidamente, pero Sasuke temía que la animosidad todavía se mantuviera entre unos pocos. La otra preocupación era que los Konahanos desesperados, tratarían de forzar una unión predestinada. Las hembras Konahanas, las que sobrevivieron a la plaga, ya no podía quedar embarazadas. Su especie se encontraba en medio de unos tiempos precarios en su larga historia. Muchos machos, incluido Sasuke, habían abandonado el pensar en tener hijos. A menos que sus investigadores encuentren una cura la infertilidad de sus hembras, ningún Konahano de pura sangre nacería de nuevo.

Muchos lucharon con este hecho, evidenciado por las pequeñas rebeliones que Obito ya había tenido que aplastar. Las rebeliones no cambiarían su nueva realidad.

Los Konahanos tendrían que adaptarse, para continuar su especie con otra especie o morirían. Era simple. No por primera vez, Sasuke se imaginó un hijo. Los niños eran una posibilidad ahora, un pensamiento insondable. Nix, se reprendió de nuevo. No debes albergar esperanzas que dependan de muchos resultados. Tener un hijo con su compañera era un sueño lejano, una fantasía.

Todavía podía elegir dejar Konaha, después de todo, una vez que se curara. Con un gruñido, Sasuke caminó por el suelo junto a su pozo de fuego. Cuando se sintió tranquilo de nuevo, cuando desterró el temor de que su luxiva no lo aceptara, contacto con Obito y Privanax, informándoles de su viaje exitoso y sus planes para Hinata. Posteriormente, contactó con el pequeño consejo de Velraxa para cualquier actualización mientras estuvo ausente.

Además de una pequeña pelea sobre un pelaje más caro en el bazar, tampoco nada había pasado, lo que fue un alivio. Su prioridad era la salud de Hinata y ahora podría dedicarle más tiempo a ella si Velraxa estuviera funcionando fluidamente.

Fuera de su morada, a lo largo del fuerte estridente de los vientos, oyó al débil zumbido de un aerodeslizador aterrizando en la terraza.

Vrax, maldijo en silencio, caminando hacia la puerta. Si era quien pensaba que era, había una posibilidad de que su luxiva fuera descubierta. Sakura lo estaba esperando cuando forzó la puerta para abrirla, sintiendo un corte del viento al golpearle la cara. Sakura lo rozó antes de que Sasuke pudiera rechazarla.

- No te entretendré - dijo Sasuke en Konahan en voz baja, sintiendo la molestia cuando le arañó el pecho. No es un sentimiento desconocido cuando Sakura estaba involucrada pero por lo general se ahogaba por la lujuria de apareamiento.

- ¿Por qué no? - Preguntó Sakura, inclinando la cabeza hacia un lado. Era hermosa, una de las ochenta hembras de Konahan restantes dentro de la edad de apareamiento. Mientras Sasuke siempre le había dicho que un vínculo de acoplamiento estaba fuera de discusión, todavía habían disfrutado de la compañía del otro la mayoría de las veces. Sakura no se ponía celosa por las otras compañeras de placer de Sasuke, que habían funcionado bien para su ordenado arreglo.

En lugar de la habitual intriga y chispa de atracción que sentía por ella, todo lo que sentía ahora era una leve enfermedad, un temor. Su instinto rechazando físicamente el olor de otra hembra.

El destino, pensó, sacudiendo la cabeza. Esta es mi realidad ahora. La única mujer en su vida era la humana durmiendo a poca distancia. Incapaz de ayudarse a sí mismo, la mirada de Sasuke parpadeó hacia el pasillo que conducía a sus cuartos de dormir. Sakura captó la mirada antes de que pudiera desviar la vista.

- ¿Ya tienes una mujer calentando tus pieles? - Preguntó Sakura.

La mandíbula de Sasuke palpitó. Lo tomó completamente desprevenido y no estaba seguro de cómo manejar esta situación. Debería haber anticipado que al menos una de sus compañeras de placer vendría a buscarlo. Nunca había rechazado a una mujer antes, después de todo. Pero sus pensamientos habían estado completamente en su recién descubierta luxiva que no había pensado en otra cosa, que era tan diferente a él. Era su deber como general de guerra pensar en todos los resultados posibles.

Sakura era una mujer honorable, a quien había conocido por muchas, muchas rotaciones Confiaba en ella, a pesar de que habían tenido sus diferencias. Incluso si sabía que no expondría a Hinata si le pedía que no lo hiciera, Sasuke sabía que no quería arriesgarse.

- Tienes que irte - murmuró - Me disculpo, pero no puedes estar aquí - La cara de Sakura se transformó en sorpresa.

- ¿Es esto una broma?

- No.

- ¿Qué es esto, Sasuke? - Preguntó ella, levantando la voz - ¿Me vas a dar la espalda por otra hembra que tienes en tus pieles? Nos hemos conocido el uno al otro por mucho tiempo. Esto es un insulto.

Si Sakura sabía que la hembra que calentaba sus pieles era de hecho su predestinada mujer, no sería tan descarada. Incluso las hembras de Konaha sabían que no había competición con una luxiva. Las hembras honraban sus costumbres, tanto como los machos lo hacían.

La impaciencia lo recorrió. Le preocupaba que Sakura pudiera despertar a Hinata si continuaba así. Y su hembra necesitaba descansar antes que comenzara el proceso de limpieza.

- Baja tu voz, mujer - dijo bruscamente, su instinto erizado. Sakura lo miró por un breve momento, pero luego su mirada se hundió en el revestimiento de su entrepierna. Cuando vio su pene endurecido, que estaba erecto solo por su luxiva y no para la mujer Konahana de pie frente a él, su comportamiento cambió por completo. Se acercó a él.

- ¿Es este otro de tus juegos? - Murmuró ella, su voz terminando con un suave ronroneo que habría tenido su semen masculino en las cubiertas de sus piernas - Traje Tevvax específicamente para su regreso a Velraxa. Pensé que podríamos participar juntos, pero te compartiré con la otra hembra si quieres. Hemos hecho eso antes.

Llevaba un grueso abrigo de piel que la había protegido en el viaje pero Sasuke vio que estaba desnuda debajo cuando se la quitó de los hombros. Cayó pesada en el piso de su vivienda. Su aroma de apareamiento, que siempre lo había excitado antes, solo sirvió para enfermarlo. Sin mencionar los celos que se arremolinaron ante la mención de él compartiendo a su hembra. Nunca la compartiría con nadie jamás. Tampoco estaría con otra mujer en toda su vida.

La duración de su vida, incluso si Hinata lo rechazaba. Ninguna mujer volvería a despertarlo a excepción de ella. Era la manera Konahana, el decreto de los destinos.

- Cúbrete, mujer - exigió Sasuke, agachándose para recogerle la piel. Sus pesados pechos se balancearon cuando se acercó a él, presionándose contra su cuerpo. Cuando su mano acarició su pene a través de las cubiertas de sus piernas, maldijo, sintiendo un charco de repulsión en su barriga, no de placer. Tan gentilmente como pudo, trató de separarla de él sin lastimarla.

- Detente, Sakura¡Para! – Gruñó - Quise decir lo que dije. Quiero que te vayas.

Pero justo cuando Sakura finalmente comenzó a entender que estaba completamente en serio, oyó movimiento desde el pasillo. Su estómago se sacudió y su cuello giró alrededor, temiendo lo que pudiera ver antes de que la viera.

Hinata se quedó allí, con su delgada túnica y sus pies descalzos vulnerables. Estaba mirándolos, con los ojos bien abiertos, el shock evidente en sus extraños y hermosos rasgos. Incluso desde la distancia, Sasuke observó mientras observaba la escena ante ella: una mujer desnuda de Konaha, cuya mano estaba sobre su miembro. Incluso sabía lo que parecía.

Cuando Sakura vio a Hinata, la hembra se calmó y luego se puso rígida, inusualmente tranquila. Sus ojos eran tan grandes como los de su mujer y sabía que era la primera vez que veía a un humano. Hinata fue la primera en hablar, tartamudeando una disculpa mientras sus manos revoloteaban a su alrededor.

- Yo... Yo... lo siento. Acabo de escuchar, no importa. Yo, uh, yo... - Sus palabras rotas se apagaron en un extraño jadeo y inmediatamente giró sobre sus talones, retirándose de nuevo a sus dormitorios.

- Vrax - Sasuke maldijo, incapaz de mantener la palabra en silencio. Ya, estaba jodiéndolo todo.

Sakura se quedó atónita en silencio, tan tranquila como nunca la había escuchado. Las ganas de ir a su mujer, para explicarle que no le había sido infiel, que todo era un malentendido, lo humillo ¿Pero lo entendería? Ni siquiera sabía con certeza si los humanos eran monógamos o no. Quizás a ella no le importe... Pero ese pensamiento picó más profundamente de lo que pensó que lo haría. La deseaba siendo tan posesiva con él como lo era con ella. Cerró los ojos con fuerza, plagado de emociones conflictivas, antes de que temblara él mismo. Volviéndose hacia Sakura, colocó su abrigo de piel alrededor de sus hombros, protegiendo su desnudez.

- Tienes que irte - murmuró en voz baja - Debo atenderla.

- Ella... Ella es una... - Sakura parecía incapaz de decirlo.

- Es humana, sí - dijo Sasuke. En voz baja, le dijo - No debes decirle a otro Konahano que está aquí. Nuestro primer líder desea que sea protegida -suavemente, agregó - Quiero que esté protegida - Sakura inhaló bruscamente por la nariz y apartó la mirada del pasillo hacia él.

- ¿Ella?

Sasuke mantuvo su mandíbula apretada, pero inclinó la cabeza.

- Es por eso que hueles diferente - dijo Sakura en voz baja - Otro hombre Konahano perdido en las garras de otro extraño.

Incluso Sasuke pudo ver cómo el pensamiento la cortó. Sakura, lo sabia. Quería una unidad familiar, había querido tener descendencia, un compañero dedicado. Con la perdida de su fertilidad, esos deseos eran solo sueños. Todavía podría encontrar un compañero pero lo quería todo, no se conformaría con nada menos. Aún así, la palabra en Konahano para – otro - era despectiva y su columna vertebral recta cuando lo oyó caer de sus labios

- No hablarás de esto, Sakura. Si se corre la voz, sabré de quién vino y te encontraré - Sus ojos se estrecharon y tiró de su pelaje hacia arriba alrededor de su cuello.

- ¿Amenazas con lastimar a una mujer? Quizás eres más como tu hermano de sangre de lo pensaba.

Su corazón se detuvo en su pecho, hielo infundiéndose en sus venas.

- Nunca lastimaría a un mujer, no - dijo con voz ronca - Pero la ley es la ley. No desobedecerás un a un embajador, especialmente cuando mis órdenes son del Primer Líder. Incluso una mujer no puede escapar a esa consecuencia.

Lo miró por un largo rato y luego pareció desinflarse. Su cabeza se inclinó y murmuró:

- Perdóname. No quise decir... sé que no eres como tu hermano, Sasuke. Has sido mi amigo por muchas rotaciones, ahora hablé con rabia y la conmoción, siento vergüenza.

- Estás perdonada, Sakura - suspiró Sasuke - Ojalá... tu sabes, solo deseo lo mejor para ti - Los ojos de Sakura parpadearon una vez más en la entrada del pasillo y retrocedió lejos.

- Me iré.

Sasuke no dijo nada y abrió la puerta de su vivienda para ella. Cuando se dio la vuelta, preguntó en voz baja:

- ¿Me dejas conocerla? ¿Una vez que esté asentada?

- No sé si eso es sabio - dijo Sasuke con sinceridad.

- Piénsalo. Podría necesitar una compañera - Sasuke sacudió la cabeza en un gesto de asentimiento, aunque solo fuera por acelerar su partida. Picaba hablar con su luxiva.

- Voy a pensar en ello.

Sakura dio un paso atrás, inclinó la cabeza y luego se volvió para acercarse a su aerodeslizador. Sasuke esperó hasta que saliera con seguridad de su terraza y luego cerró la puerta con los hombros, la cerró e inmediatamente giró para acercarse a sus habitaciones para dormir... no está seguro de qué esperar.