¡Sostente!
Recordar es Vivir
El sábado, acepto la oferta de Sai para tener una cita doble. De la manera en que lo veo, esta cosa de las citas es algo así como pescar. Cuanto más sedal lances, mayor es la probabilidad que atrapes algo que sea comestible. Cuando tienes hambre, y definitivamente tengo hambre, incluso una trucha maltratada se ve apetecible.
Y la amiga de Tayuya Patterson, una colega en Emblem & Glock, no es definitivamente una trucha. Es linda. Corto cabello negro; cuerpo atlético, tonificado y alto, mencionó que es una tenista entusiasta, y por el aspecto de su culo, no me tomaba el pelo. Resultó ser una noche agradable, pero no una no-puedo-esperar-a-meterme-en-tus-pantalones-follemos-en-el-callejón-detrásdel-bar tipo de excitante.
Los cuatro nos reunimos en un lugar local, comimos bocadillos, y tomamos un par de jarras de cerveza. Ya que teníamos la misma carrera profesional, lidiábamos con los mismos jueces y fiscales, y teníamos jefes estrictos parecidos, en su mayoría hablamos de trabajo. En cierto modo se sintió como una reunión de negocios relajada e informal, y antes de separarnos en la acera fuera del bar, todos estuvimos de acuerdo en reunirnos otra vez el próximo fin de semana.
Para la cita, al parecer, crucial número dos. Y si tengo suerte, tal vez tendré mi polla húmeda antes de fin de mes.
Excelente.
Cuando llego a casa, no puedo evitar que mis pensamientos vayan de largos y duros a una tía joven de cabello oscuro. Con énfasis en la palabra duros. Era energética, eso me gustó. De mente fuerte, pero... definitivamente suave en esa manera femenina y atractiva.
También estaba jodidamente en su propio mundo. Me pregunto cómo manejó a Log después de que me fui, ¿castigó al pequeño sabelotodo? ¿Lo hizo hacer tareas extras, tal vez, como cortar la yerba del jardín o cortar el césped? Puedo decir por experiencia, que el trabajo manual deja una jodida marca hasta en el más obstinado vándalo. Y su césped era inmenso.
Agarrando mi portátil, busco en internet al hermano de Hinata, Neji, por razones que no puedo explicar. Pero la fuerza de la información a mi alcance literalmente es demasiado fuerte como para resistirla.
La mayoría de los representantes eran carroñeros. Negociadores aduladores y engreídos quienes se encuentran ebrios por su poder sobre los poderosos, no muy diferente a los oficinistas quienes dirigen el Departamento de Tránsito.
Pero, como le dije a su hermana, Neji Hyûga tenía fama de ser sincero y franco. Un buen tipo que en realidad se preocupaba por la causa que se le pagó para ganar.
Hay una gran cantidad de información de su carrera y muerte. Se hallaba en una cena benéfica con su novia de la universidad quien se convirtió en su esposa por diecisiete años, Karui. De camino a casa, un camionero se quedó dormido al volante y se desvió hacia su carril, demasiado rápido para evitar una colisión de frente.
El obituario enumera los logros profesionales y sus sobrevivientes: seis hijos, Chõchõ, Log, Mitsuki, Namida, Hima, y Ronan, así como una hermana, Hinata, de Berkeley, Suna. Hay fotos, un par de los niños a través de los años, con sus padres atractivos en varios eventos para toda la familia en Konoha capital. Y una de Hinata, con la cabeza inclinada, un vestido negro y grandes gafas oscuras, junto a una tumba doble. Viéndose trágicamente hermosa.
Y demasiado sola.
Sintiéndome como un maldito acosador, terminé cerrando la portátil y yendo a la cama. Como dije antes, soy un fanático de la rutina. Administración estricta del tiempo y un calendario impenetrable. Pasé la mañana del domingo en casa de Sakura y Sasuke, desayunando café y deliciosas bolas de queso brasileña que prepara muy bien. Sai bromeó sobre quitarle la virginidad a mi cita y relata nuestra tarde, recíprocamente, sin sexo. Sasuke menciona que la próxima semana Sarada tiene unos días de vacaciones y volverá del internado.
Es justo después de mediodía cuando salgo de su casa de ciudad y me dirijo directamente al asilo Brookside, como lo hago todos los domingos. ¿Debido a que el viejo juez cascarrabias quien sacó del fuego a mi trasero de quince años, quien literalmente salvó mi vida, me enderezó, y me hizo creer que en realidad podría ser un hombre importante? Se encontraba allí.
No me gusta estar en deuda con otra persona. No tengo muchas deudas. Pero las pocas que tengo, las pago con mucho gusto.
—Buenas tardes, Naruto.
—Hola, Mildred.
—Hola, Uzumaki.
—¿Cómo te va, Jimmy?
Es importante mantenerte en buenos términos con el personal inferior de cualquier centro, ya sea un hospital, despacho de abogados, universidad o casa de retiro. Son los que hacen el trabajo real, y si pasa algo malo, son los únicos que revelan el secreto, mientras el propietario y funcionarios administrativos de rango superior se centran en el control de daños.
Con el personal de Brookside nos tratábamos por el nombre de pila. Firmo en la recepción y saludo a las enfermeras y enfermeros que pasan por el pasillo, algunos llevando bandejas de medicamentos a las habitaciones privadas, otros empujando sillas de ruedas con ancianos y llevándolos a sus terapias físicas, clases de arte, o juegos de bingo diarios por la tarde.
He jugado bingo con estas personas mayores. Se toman esa mierda en serio. Podrían ser viejos, pero ¿si consigues la I-22 cuando esperaban la B-6? Te romperán las malditas piernas tan rápido como cualquier corredor de apuestas ilegal, sin una pizca de remordimiento.
Brookside es un centro privado, lo mejor de lo mejor. Las habitaciones son elegantes, cómodas e iguales, como una cadena de hoteles. Los empleados son educados y bien compensados, por lo que tratan a los clientes con respeto, cuidado y la dignidad que se merecen. Otros lugares, para aquellos en la asistencia pública, esos que no tienen pensiones o familiares con los fondos como para pagar, son... bueno... simplemente digamos que no hay nada dorado acerca de pasar tus "años dorados" en un maldito almacén.
Entro a la habitación del juez iluminada por luz solar. Se encuentra en un sillón de cuero cerca de la ventana, vestido con pantalones marrones y un suéter de color borgoña, mocasines marrones en los pies. Su espeso cabello blanco se halla limpio y peinado prolijamente.
Se llama Jiraya Sannin, pero para mí, es el Juez. No siempre fue de la forma en que es hoy. Hace diez años, tenía un aspecto imponente, alto y fuerte para sus setenta años, y activo, con ojos oscuros que parecían ver directo a tu alma. Era un detector de mentiras viviente con una mente legal brillante e intimidante.
Y era mi héroe.
Todo lo que quería ser. Todo lo que mi verdadero padre nunca fue. Pero a veces, la vida era una perra. Hace seis años, fue diagnosticado con Alzheimer avanzado. Hizo un trabajo impecable al cubrir los primeros signos.
Pequeños trucos, notas y recordatorios escondidos, así nadie podía decir que no sabía qué día era. Algunas veces caminaba a casa desde el juzgado, pero solo porque no podía recordar dónde estacionó el auto. Entonces, más tarde, pasaba horas en una cafetería porque olvidó su dirección.
En ese entonces me encontraba ocupado, prácticamente fuera de la escuela de derecho, ganándome una reputación. Debería haber visto que algo se encontraba mal, pero no. Así que, con el tiempo, cuando no tuvo otra opción y me contó lo que pasaba, se sintió como si las cosas se fueron cuesta abajo muy rápido.
Y el terco que conocía, el hombre al que temía en el mejor sentido de la palabra, simplemente... Se desvaneció, de la noche a la mañana.
El Juez era un soltero empedernido. Casado con su trabajo, respetado y estimado por amigos y enemigos por igual. Sin hijos, solo una fila de «amigas», algunas más jóvenes que otras, algunas más inteligentes que otras, pero todas preciosas. Y todas casuales. Un buen rato.
Las amigas casuales no suelen estar interesadas en visitar a un hombre que ya no las reconoce, quien ya no puede mantenerlas entretenidas con un hermoso rostro, un ingenio agudo, e historias divertidas. Así que soy el único invitado habitual del juez. Lo cual significa que venir es un infierno, marea alta, temperaturas sofocantes, o tormentas de nieve monstruosas, estoy aquí, cada semana.
Le leo el diario, lo mantengo al tanto de la intriga y ridiculez de Konoha Capital A veces le hablo de mis casos, los malditos maleantes que mantengo fuera de la cárcel. La mayor parte del tiempo simplemente escucha, asiente, me dice cuán interesante suena la historia sin ninguna comprensión real.
Pero de vez en cuando, hay una chispa, un destello de reconocimiento en los ojos; a veces dura un minuto, otras diez, pero por ese breve tiempo, es el mismo de nuevo. Me recuerda. Es bueno saber que incluso en el peor de los días, se encuentra allí, en alguna parte.
Hoy se gira desde su posición viendo por la ventana cuando entro y me observa mientras muevo una silla por el cuarto y me siento.
—Buenas tardes, juez. ¿Cómo va?
—Muy bien, gracias. ¿Cómo está? —Su tono es vacilante y educado. De la manera en que le hablas a un extraño, y en ese momento, eso es lo que soy para él.
—Bien. —Despliego el periódico que tenía debajo del brazo—. La Corte Suprema escuchó los argumentos orales el jueves para ese caso de atención sanitaria. Hablamos de él la semana pasada, ¿recuerda?.
Entrecierra los ojos y su dedo se presiona contra las líneas que rodean sus labios, su mano temblando ligeramente.
—No, no lo recuerdo. ¿Cuál caso era?
Abro la página principal.
—Se lo leeré. Es un buen artículo. Lo explica todo.
Se inclina hacia adelante con atención, y comienzo a leer.
Después del periódico, nos relajamos y vemos el partido de baloncesto. El juez creció en el lado sur, por lo que es un fanático acérrimo de los Shinobis o solía serlo. A medida que el juego se acerca a su fin, hablo de mi semana, Iwabe Bradley y el fracaso épico de cena con Ameno. Y entonces le cuento de Log Hyûga.
—Cuando llega a mitad de la cuadra, me mira directo a los ojos, y me levanta el dedo. —Río, porque parece mucho más divertido ahora—. Pequeño bastardo.
Juez sonríe.
—Conocí a un chico como ese una vez.
Mi risa se tranquiliza y mi sonrisa se desvanece.
—¿Lo hizo?
Todo su rostro se ilumina.
—¡Oh, sí! Era un encantador. Inteligente y tenaz, un verdadero hueso duro de roer, con los ojos azules como el cielo que nos arropa. Se metió en algunos problemas, y ese joven se paró frente a mi mesa de trabajo con la frente en alto, desafiándome a echarlo. Como si estuviese listo para escupirle en la cara al diablo. Pero pude ver, en el fondo, que se encontraba aterrorizado.
Y lo estuve. Por primera vez en mi vida, sabía qué sabor tenía el miedo.
—Había algo especial en él, un diamante en bruto. Así que lo tuve cumpliendo su libertad condicional bajo mi supervisión. Por tres años, tuve a ese chico.
Sí, tres largos años.
—Tuve que enseñarle a controlar su temperamento. Tenía un fusible corto. Así que comencé con el césped. Cada vez que terminaba de cortarlo, caliente y sudoroso, salía a inspeccionar su trabajo. —Menea un dedo—. Y siempre encontraba lugares que pasaba por alto. Entonces hacía que.. —comienza a cacarear, el hijo de puta—. Lo hacía repasar todo el césped con... con...
—Tijeras de jardín —digo por él.
—¡Sí! Tijeras de jardín. —Se ríe en voz alta—. Oh, me odió esos primeros meses. Es probable que pensara en diez maneras diferentes de matarme.
Fueron casi veinte.
—Después del trabajo de patio, le enseñé cómo organizar y reparar cosas alrededor de la casa. Fue bueno para él, canalizar toda esa energía. E incluso aunque era un trabajador duro, siempre diría: Hazlo bien o no te molestes. Entonces comencé a enseñarle del trabajo que hacía. Cómo investigar, cómo leer los estatutos. Luego de que terminó su libertad condicional, le ofrecí un trabajo. Un puesto de practicante pagado. —El juez toca su barbilla y sacude la cabeza—. Podía mirar una página una vez y recordar cada palabra. Instintos tan intuitivos y geniales. —Suspira.
Entonces me cubre la mano con su mano vieja y manchada.
—¿Crees... crees que podrías encontrarlo por mí? —Y no respiro por el nudo que me obstruye la garganta—. Me gustaría asegurarme que ese chico se encuentra bien. Ver si necesita algo. —Sus ojos oscuros miran seriamente los míos.
Me aclaro la garganta ruidosamente.
—Eh... yo, ah... lo encontré por usted. Lo chequeé. Le va muy bien, no tiene que preocuparse. Se encuentra de camino a ser un colega. Y él... me pidió que le digiera lo agradecido que está, por todo lo que hizo por él. Todas las cosas que le enseñó. —Parpadeo alejando las lágrimas—. Espera... quiere que se sienta orgulloso.
El juez me sonríe de manera pacífica y aliviada.
—Estoy seguro que estaría orgulloso. Siempre fue un buen chico.
Ambos nos quedamos en silencio, viendo el juego. Hasta que hay un golpe en la puerta abierta. Y Marietta, una de las voluntarias, entra con una sonrisa y una bandeja con la cena de Juez.
—Buenas tardes, señor Jiraya y Naruto. ¿Cómo les va esta noche?
Marietta es originaria de Jamaica, con grandes ojos medianoche, piel oscura, y pelo largo y negro que le cae en una cascada de trenzas por la espalda. Hace tiempo su padre fue un residente aquí, y luego de que murió hace unos años, comenzó a ser voluntaria.
—Hola, Marietta.
Pone la bandeja de comida sobre una mesa con ruedas en la esquina y la deja entre nosotros.
—¿Cómo fue su semana? —le pregunto en voz baja, la atención del juez
todavía en la televisión.
—No tan mal —me cuenta—. Estuvo agitado el miércoles y jueves por la
noche, no podía calmarse lo suficiente para dormir. Así que el médico le cambió la medicación de la noche. Bien desde entonces.
Asiento y agarro su hombro.
—Juez. —Se gira hacia mí y señalo la comida—. Es hora de cenar.
Mira la comida y hace una mueca.
—No tengo hambre.
Niego con la cabeza.
—No me rompas las pelotas, viejo. Necesitas comer. —Mezclo el estofado de carne en el plato—. Sé que no es de restaurante, pero huele bien. —Lo empujo más cerca de él—. Empieza a comer.
Su mano tiembla mientras lentamente recoge la cuchara y saca un bocado de carne de res y zanahoria. Mientras mastica, mira la bandeja, observando un plato de pastel de chocolate cubierto de espesa crema batida bajo la envoltura de plástico.
—Quiero eso. —Lo señala.
—Puedes tener el pastel después de terminar tu cena —digo automáticamente.
Cuando lleva otra cuchara temblorosa a su boca, un poco de guiso se queda en su labio inferior y mentón. Agarro una servilleta y con suavidad limpio su rostro antes que gotee en su ropa.
—Es muy bueno para él que vengas aquí, que pases tiempo con él —me dice Marietta, sonriendo—. Significa mucho.
Me encojo de hombros.
—No es gran cosa. Solo soy yo... trabajando por una vida de favores que nunca seré capaz de devolver. —Juez me sonríe y le devuelvo la sonrisa—. Además —le digo—, no tiene a nadie.
Pone su mano en mi hombro y le da un apretón.
—Por supuesto que sí. Te tiene a ti.
El miércoles es un día lento. Me recuesto en la silla de mi escritorio y observo por la ventana la calle irradiada de sol abajo. Un frustrado paseador de perros forcejea con tres clientes de cuatro patas mientras estos enredan las correas, luchando por el liderato.
Un autobús turístico de dos pisos pasa retumbando, dejando una nube de escape negro a su paso. Un padre corredor empuja un cochecito naranja; casi pasa a llevar uno de los perros ladrando, pero se mueve hacia el pasto en el último segundo.
Tal vez sea el bebé en el cochecito, quizás son los perros de pelo largo y que parecen alfombras, tal vez es el hecho que no he dormido nada en casi tres semanas, pero la imagen atractiva de Hinata Hyûga se desliza en mi mente.
De nuevo.
Es la única imagen que veo cada vez que me masturbo, lo cual es patéticamente a menudo.
Esos impresionantes ojos gris malva; los labios rosa de sonrisa rápida; su cuello largo y pálido, que ruega por ser lamido; sus extremidades agiles, las cuales simplemente apuesto a que son muy flexibles; y lo más importante, sus firmes tetas de tamaño perfecto. Mentalmente me pateo por no pedirle su número.
Es demasiado mayor, demasiado caliente, para ser virgen a los veintiséis, pero había algo en ella que parecía puro. Intacto. Desconocido. Y esa es una trayectoria que me gustaría trazar.
Me froto los ojos. Tengo que echar un polvo. Esta mierda de llegar a conocer a una mujer primero está volviéndose una molestia más grande de lo que esperaba. ¿Arriesgarse a contraer una ETS de verdad es tan importante? Y entonces recuerdo cómo se sintió esperar los resultados de las pruebas. El terror agudo y frío de tener que cargar con una enfermedad posiblemente de por vida. O, aún más aterrador, con una que podría reducir mi vida útil. Demonios sí, es importante.
No follar sin importar lo espectacular que sea vale la pena. Ese debería ser el lema de todas las campañas de sexo seguro en la escuela secundaria.
Mi secretaria abre la puerta de mi oficina, y me encuentro agradecido por la distracción, hasta que me informa que un cliente no programado se encuentra aquí, pidiendo verme. Al recordar cómo terminó esto la última vez, me hallo apunto de decirle a la señorita Higgens que les diga que se vayan a la mierda.
Hasta que agrega—: Es la señorita Hinata Hyûga, Naruto. Y tiene a toda una camada de pequeños con ella.
Mi sonrisa es grande, lenta y completamente satisfecha. Si creyera en las señales, esta sería una grande y parpadeante de neón.
Enderezo mi corbata.
—Déjelos entrar, señorita Higgens.
La Sra. Higgens sale de la oficina y unos momentos después, Hinata y su manada de inquietos y ruidosos sobrinos y sobrinas entran a mi oficina. Ella lleva un atuendo casual, definitivamente "ropa de mamá pero que en ese cuerpo grita sexy.
Un suéter verde oscuro que resalta el oscuro de su cabello. Vaqueros ajustados metidos dentro de unas altas botas marrones acentúan esas piernas infinitas, y su culo redondo y apretado. Esa es una agradable sorpresa, no noté su culo la primera vez que nos vimos, pero es jodidamente hermoso.
Ajusta su agarre en el cargador de bebé y su sonrisa es forzada.
—Hola, Sr. Uzumaki.
Me levanto detrás de mi escritorio.
—Hinata, es bueno verte de nuevo. ¿Qué te trae...?
Mis ojos escanean cada uno de los rostros que se apiñan en mi oficina, y me doy cuenta de que falta uno.
—¿En dónde está Log?
Hinata suspira. Antes de que pueda hablar, la malhumorada adolescente de trece años, Chõchõ, responde por ella.
—El idiota fue arrestado. Se robó un auto.
—¿Un auto?
En una semana, la pequeña mierda fue de asaltar a gran ladrón de autos. Eso escalaba rápidamente.
La pequeña de cabello marron, Namida, continúa. —Y luego lo estrelló. La de dos años nos suministra con efectos de sonido. —Brooocshhh. El listo, Mitsuki, añade—: Y no solo cualquier auto, sino un Ferrari 458 Italia Edición Limitada. El precio inicial está alrededor de los novecientos mil dólares.
Miro a Hinata, quien asiente.
—Sí, esa es más o menos toda la historia. Está en detención juvenil, en serios problemas esta vez.
Esta vez implica que ha habido otras veces, a pesar de mi casi robo.
Jesucristo, niño.
Hinata explica con voz tensa—: Mi hermano tenía docenas de abogados en su lista de contactos, pero ninguno de ellos es abogado de defensa. Tenía tu tarjeta...y te veías como un buen abogado.
Lleno de curiosidad, pregunto—: ¿Qué te hace pensar que soy bueno?
Eleva su barbilla y encuentra mi mirada.
—Te ves como un hombre que sabe cómo ganar una pelea. Eso es lo que necesito, lo que Log necesita.
Me tomo unos momentos para pensar, para planear. Hinata debe interpretar mi silencio como un rechazo, porque su voz se vuelve casi una súplica.
—No sé cuál es tu anticipo típico, pero puedo permitirme...
Mi dedo levantado la detiene.
—No creo que eso vaya a ser necesario. Espera aquí. —Luego apunto a Mitsuki—. Ven conmigo. —Y a la chica mayor—.Tú también, Sonrisas.
Mientras me siguen a la puerta, la adolescente melancólica me corrige.
— Mi nombre es Chõchõ.
—Lo sé. Pero voy a llamarte Sonrisas.
—¿Por qué? —pregunta, como si fuera la cosa más estúpida y vil que hubiera escuchado.
Sonrío.
—Porque no lo eres.
Deja que el rodar de ojos comience.
Los dirijo hacia la oficina de al lado. La cabeza de Sakura está inclinada sobre su escritorio, sus manos con manicura perfecta garabateando notas velozmente en un documento. Levanta la mirada cuando entramos.
—Hola, Sakura. —Apunto con mi pulgar a la hosca chica detrás de mí—. Ella es Sonrisas Hyûga, su tía es una clienta nueva y tenemos que dirigirnos al centro de la ciudad por unas horas. ¿Está bien si pasa el rato contigo?
La hija de Sakura, Sarada, tiene trece. Imagino que si alguien es adepto a lidiar con una adolescente, es Sakura.
—Seguro. Estaré aquí toda la tarde.
Chõchõ se mueve a mi lado.
—Mi nombre es Chõchõ.
Sakura sonríe.
—Hola, Chõchõ. —Luego apunta a una silla en la esquina, junto a un tomacorriente—. El cargador del teléfono está por allá.
Chõchõ casi sonríe. Casi. —El botín.
Me giro hacia el compañero de oficina de Sakura, que está mirando imágenes en su laptop.
—Sai, este es Mitsuki. Mitsuki, Sai. ¿Puedes mantenerlo fuera de problemas por unas horas?
Sai asiente. Luego, con la emoción de un chico que tiene permitido ver su primera película de terror, le pregunta a Mitsuki—: ¿Quieres ver fotos de salpicaduras de sangre?
El chico da un paso adelante.
—¿Es tan genial como suena?
—Muuucho más genial.
—¡Claro!
Y mi trabajo aquí está hecho.
Asomo mi cabeza en mi oficina y curvo mi dedo hacia Namida. Ella mira a su tía, quien le da permiso, y camina para unirse a mí frente al escritorio de la Sra. Higgens.
—Sra. Higgens, ella es Namida. ¿Puede cuidarla por un rato mientras su tía y yo vamos al juzgado?
Namida baja la mirada tímidamente, y la Sra. Higgens jala una silla a su lado.
—Por supuesto. Tengo una nieta de tu edad, Namida. Mantengo libros para colorear justo aquí para cuando ella me visita. ¿Te gustaría colorear?
Namida asiente ansiosamente, subiéndose a la silla.
Camino de vuelta a mi oficina, donde Hinata y las dos ratitas más jóvenes esperan. Apunto hacia ellos.
—Ustedes parecen los verdaderos alborotadores del grupo, así que vienen con nosotros.
—¡Hola! —responde la de dos años con una sonrisa engañosamente dulce.
—Oh, no, no vas a atraparme con eso de nuevo.
Tomo el cargador de bebé de las manos de Hinata, y casi dejo caer la cosa.
—Guau —digo, bajando la mirada—. Eres más pesado de lo que pareces.
—Él gorgotea hacia mí con la boca llena de saliva.
Me giro hacia Hinata.
—Tú agarra a la Cosa Uno. Vamos.
Su voz me detiene. Es un susurro, bajo e inquisitivo.
—¿Naruto?
Es la primera vez que dice mi nombre. Una pequeña sílaba que hace que mis entrañas se aprieten. Eso me hace querer escucharla decirlo de nuevo; en un gemido, un jadeo. En un grito de placer.
—¿Puedo preguntarte algo antes de que nos vayamos?
—Seguro.
Examina mi rostro con una honesta curiosidad que podría perforar una armadura corporal.
—Si no es el dinero... ¿por qué estás ayudándonos?
Es una pregunta interesante. No soy del tipo noble. Soy más un fan de "cada hombre para sí mismo". Entonces, ¿por qué demonios estoyayudándolos?. Porque quiero entrar en sus pantalones, por supuesto. Hacerle un favor a Hinata es la ruta más directa para hacérselo. Realmente no es tan complicado.
Me encojo de hombros.
—Soy un idiota por una causa perdida.
Y porque no puedo resistir ni un minuto más, extiendo una mano y acaricio suavemente la piel de marfil de su mejilla. Es más suave de lo que pude haber imaginado.
—Y por una linda cara.
Caminamos al estacionamiento y mientras Hinata amarra a los niños en sus asientos, reviso su camioneta. Su camioneta azul oscuro gigantemente larga.
Ella se da cuenta de mi mirada y comenta—: Es la camioneta de mi hermano.
Levanto una ceja.
—¿Tu hermano, el cabildero ambiental, manejaba una Yukon XL con alto consumo de combustible?
Ella se sube al asiento del conductor.
—Con seis niños, una bicicleta no funcionaría.
Le doy las indicaciones hacia el Juzgado de Moultrie, donde llevaron a Log después de su arresto esta mañana. No tengo mucha experiencia en una corte familiar, pero estoy lo suficientemente familiarizado con el proceso para instruirla.
—Log será asignado a un oficial de libertad condicional que revisará los cargos y su historial, y hará una recomendación a la OFG. El oficial de libertad condicional decide si es liberado hoy o si tiene que permanecer en el Centro de Servicios Juveniles hasta el juicio. También son con quienes voy a hablar para hacer un acuerdo con la fiscalía.
La buena noticia es, que conozco a uno de los oficiales de libertad condicional íntimamente. Solíamos engancharnos frecuentemente hasta que ella se comprometió. Nuestros términos de despedida fueron amistosos.
Una suave V se forma en la frente de Hinata.
—¿La OFG?
—Oficina del Fiscal General. Es él quien procesará su caso, pero no te preocupes, no llegará tan lejos.
Los casos juveniles son muy diferentes a los casos de adultos. Su sistema todavía tiene esperanza para los delincuentes, todo es sobre rehabilitación y redención. Salvarlos antes de que vayan demasiado lejos por ese oscuro y equivocado camino hacia ninguna parte. En las cortes criminales, la pregunta principal es: ¿lo hiciste? En una corte familiar, es todo acerca de por qué lo hiciste.
Un huérfano de nueve años lidiando con la muerte de sus padres al robar un auto ganará mucha más indulgencia que un chico de dieciocho años impulsando un viaje de placer.
El Juzgado de Moultrie es un intimidante edificio de concreto con un laberinto de pasillos cavernosos. Después de pasar por la seguridad, nos hicieron entrar a una sala de espera con una docena de mesas y sillas indeterminadas dispersas alrededor y máquinas expendedoras a lo largo de una pared. Algunos otros visitantes ocupan la sala, sus cabezas gachas, hablando en susurros.
Hinata y yo nos sentamos en una mesa vacía. Pongo el cargador del infante con su carga durmiente sobre la mesa, y la pequeña Hima de cabello oscuro se retuerce en su regazo. Un guardia abre una puerta al otro lado de la habitación y entra con Log, quien todavía lleva su uniforme escolar: pantalones marrones, una camisa blanca de botones, y una chaqueta azul marina.
Sus labios jóvenes forman un duro ceño, sus ojos dorados tan llenos De resentimiento que podías prácticamente escuchar los pensamientos de "jódete".
Esta no es la cara de una pequeña alma triste que sabe que está en problemas; esta es la cara de un furioso querubín, intentando desesperadamente de verse como un tipo duro, quien preferiría arder en llamas antes de admitir que está equivocado.
Por un segundo, reconsidero ayudarlo; algunos días en detención juvenil podrían ser lo que ordenó el doctor. Pero luego Hinata envuelve un brazo alrededor de él y besa su frente, viéndose exaltada con alivio y a la vez como si quisiera estrangularlo.
— ¡Gracias a Dios que estás bien! Todo va a estar bien, Log, no te asustes. ¿En qué demonios estabas pensando? ¿Un auto? Nuncadejarás tu cuarto otra vez, ¡nunca!
Me inclino hacia atrás en mi silla, solo observando.
Él la aleja con un brusco empujón.
—Quítate. Estoy bien. No es gran cosa.
—¿No es gran cosa? —Hace una mueca, y veo el parpadeo de sentimientos heridos, también—. Podrías haberte matado, o a alguien más.
—Bueno, no lo hice, ¿de acuerdo? Así que deja de enloquecer.
He visto suficiente.
—Hinata, ve a conseguirle a Hima una soda o un jugo. —Saco un par de billetes de mi billetera y se los paso. Ella duda. Inclino mi cabeza hacia Log—.Danos un minuto.
Todavía pareciendo insegura, coloca a la niña de dos años sobre sus pies y se aleja.
Una vez que estamos solos, Log se sienta.
—¿Qué estás haciendo aquí?.
—Tu tía quería un buen abogado. Por suerte para ti, soy el mejor, y resulta que tenía la tarde libre.
—Lo que sea.
Lo clavo con una mirada evaluativa.
—Estás en mierda profunda, niño.
Tan seguro de que lo sabe todo, se burla—: Tengo nueve. ¿Qué es lo peor que pueden hacerme?
—Mantenerte aquí por los próximos nueve años. Por lo menos —le digo simplemente.
Por primera vez desde que entró a la habitación, su confianza disminuye. Sus mejillas se colorean con un rubor nervioso y su voz se eleva media octava cuando dice—: No es tan malo aquí.
Es una pequeña grieta en la fachada, pero aun así una grieta.
No pierdo tiempo diciéndole que está lleno de mierda. Me inclino hacia adelante y explico—: Esto es lo que va a pasar. Voy a llamar a tu tía para que vuelva, y vas a disculparte por la forma en que le hablaste.
Él no esperaba eso.
—¿Por qué?
—Porque no se lo merece.
Baja la vista, casi avergonzado. Tal vez todavía haya esperanza para él.
—Luego vas a sentarte ahí —apunto hacia él—, y la dejarás abrazarte y besarte y todo lo que quiera.
Su barbilla se eleva, sin estar listo para rendirse de dar pelea.
—¿Y qué si no lo hago?
Lo miro directo a los ojos.
—Entonces te dejaré pudrirte aquí. Y lo haré.
No se ve feliz, no le gusta ser acorralado en una esquina. Quiere salir moviéndose, para hacer lo contrario de lo que le estoy ordenando, simplemente porque es una orden. Sé lo que siente. Conozco a este chico hasta la médula.
Necesita una salida, una manera de rendirse sin sentir que perdió la guerra. Así que le doy una.
—No tienes que mostrarme lo rudo que eres, Log, puedo verlo. Era muy parecido a ti cuando tenía tu edad; un rudo y cabreado pequeño idiota. La diferencia es, que fui lo suficientemente inteligente para no joder a las personas que se preocupaban por mí. —Levanto las cejas—. ¿Y tú?.
Me observa. Mira profundamente con ese sexto sentido que todos los niños tienen, para ver si estoy siendo directo con él o solo protector. Después de un momento, da el más breve de los asentimientos y dice con una vocecita
— De acuerdo. Me disculparé con la tía Hinata. Y la dejaré besarme y abrazarme si eso la hace feliz.
Sonrío.
—Bien. Inteligente y duro. Ya me agradas más, chico.
Dejo a Hinata con los niños y me dirijo escaleras arriba hacia la oficina del oficial de libertad condicional. Toco la puerta de Fûka DiMaggio, aunque se encuentra abierta. Ella gira en su silla de oficina, su largo cabello cobrizo cayendo en abanico detrás de ella.
—Naruto Uzumaki. —Se levanta, dándome una vista perfecta de sus bronceadas y tonificadas piernas por debajo de su falda negra, y me abraza. Separarse en términos amistosos definitivamente tiene sus beneficios—. ¿Qué estás haciendo en mi rincón del bosque? —pregunta, retrocediendo con una sonrisa—. ¿O es una llamada social?
—Estoy aquí por un cliente.
—¿Desde cuándo juegas en una corte familiar?
—Es una larga historia. —Me encojo de hombros—. Y su nombre es Log Hyûga.
—Ah. —Recupera un archivo de su escritorio—. Mi ladrón de autos. Tomé su entrada esta mañana. Dijo que tomó el auto porque, y cito "quería ver si conducir era tan fácil como en Mario Kart". —Sacude la cabeza—. Los niños de estos días.
Me inclino contra la pared.
—No es por eso que tomó el auto. Hay circunstancias atenuantes.
—Ilumíname. No he tenido la oportunidad de interrogar a sus padres todavía.
—Los padres están muertos —le digo—. Neji y Karui Hyûga murieron en un horrendo accidente hace dos meses, dejando a Log y a sus cinco hermanos al cuidado de su tía, su único pariente vivo.
Se sienta en su silla.
—Jesús.
—El chico ha estado lidiando con una mano de mierda y no está tratando bien con eso. Habla con su trabajadora social; apostaría mi testículo izquierdo a que era un santo hasta que sus padres murieron.
—Eso es realmente decir algo, sé cuán preciados son tus testículos para ti.
Asiento.
—Desafortunadamente —Fûka suspira—, Log escogió robar el auto de la persona equivocada. —Nombra a un granjero malhumorado e influyente con esperanzas de ser presidente—. Y él quiere colgar el culo del chico.
—Al diablo con eso —gruño—. Además, un servidor público no tiene por qué tener un auto como ese.
No sé si es porque tengo una erección por su tía o porque él me recuerda tanto a mí mismo, pero si alguien quiere una pieza de ese chico tendrá que pasar primero a través de mí.
—De acuerdo —dice Fûka—. Entonces, ¿qué ofreces?
—Terapia bajo el mandato de la corte, una vez por semana. Con reportes del progreso mensual.
—Dos veces a la semana —contesta ella—. Y quiero escoger al terapeuta. No se permiten charlatanes.
—Hecho.
La mirada de Fûka viaja sobre mí, dirigida a mi entrepierna.
—Me sorprendes, Naruto. No te recuerdo siendo tan...suave.
Me muevo hacia adelante, colocando mis manos en los brazos de su silla, atrapándola.
—"Suave" no está en mi vocabulario. Todavía soy tan duro como vienen. —Sonrío—. Y después.
Sus ojos se fijan en mi boca.
—Es bueno escucharlo. Particularmente desde que Ted y yo rompimos. —Eleva su mano izquierda sin anillo.
Fûka definitivamente cae bajo la categoría de "conocidas", lo que significa sin la incómoda conversación de la primera cita, sin las veinte malditas preguntas que no quiero hacer, menos aún responder. No, iríamos directamente a la follada.
Excelente.
—Es una larga historia —dice—. La cual estoy segura que no tienes interés en oír.
Sí, Fûka me conoce bien.
—¿Todavía te gusta el tequila? —pregunto.
—Por supuesto. ¿Todavía tienes mi número?
—Así es.
Su sonrisa es lenta y llena de promesas.
—Bien. Úsalo.
Me levanto y camino hacia la puerta.
—Lo haré.
—Y comenzaré con el papeleo.
Unas horas después, después de la aprobación de los servicios infantiles y una rápida y obligatoria aparición ante un juez indiferente, Log sale del juzgado con nosotros. Nos dirigimos de regreso a mi oficina para reunir a sus muchos hermanos.
Todos parecen felices de verlo, si los afectuosos "estúpido idiota" y sus preguntas ansiosas sobre su estadía en la "cárcel" son alguna indicación. El cielo se encuentra oscuro para el momento en que escolto a Hinata y sus cargas de vuelta a su auto. Espero junto a la puerta del conductor mientras ella los sube y los abrocha.
Luego rodea el auto y se detiene delante de mí, toda ojos cálidos y suave gratitud. Y soy golpeado de nuevo por la suave impecabilidad de su piel bajo el brillo de las luces de la calle.
Malditamente hermosa.
Estando tan cerca, noto las adorables pecas a través del puente de esa insolente nariz y me pregunto si las tiene en cualquier otro sitio. Tomaría una lenta y exhaustiva búsqueda para saberlo. Y justo soy el hombre para el trabajo.
Empuja su cabello detrás de su oreja.
—Gracias, Naruto, muchas gracias. No sé Lo que habría hecho si...
—¡Tía Hinata, tengo hambre!
—¿Podemos ir a McDonald's?
—¿Saben lo que ponen en McDonald's? Ni siquiera los insectos se lo comerían.
—¡Cállate, Mitsuki! ¡No me arruines la comida rápida!
—¡Tú cállate!
—¡No, tú cállate!
—¡Tía Hinata!
—¡Holaaaaa!
No puedo evitar reírme. Y preguntarme si ella tiene tapones para los oídos.
Hinata deja escapar un suspiro a través de esos perfectos labios sonrientes.
—Debería irme antes de que empiecen a comerse entre ellos.
—Tal vez eso no sería algo malo. Hay suficientes de ellos de repuesto.
Sacude la cabeza y se sube a la camioneta, luego baja la ventana para decir —: Gracias de nuevo. Te lo debo, Naruto.
Palmeo el costado de la camioneta mientras acelera lentamente.
—Sí, lo haces.
Y es una deuda que no puedo esperar para cobrar. Pronto.
Continuará...
