¡Sostente!
Agua Fria
Labios ardientes chupan la piel a lo largo de mi cuello, dientes mordisqueando, succiones con la lengua. Uñas arañan mis abdominales, a través de mi pecho, encendiendo un fuerte rastro de necesidad que se dirige directo a mi polla. Dedos hábiles trabajan los botones de mi camisa y sangre caliente se acumula en mi pelvis.
Ha pasado tanto... tanto tiempo... pero el embrujo de sequía termina hoy.
Jodidamente al fin.
Acuno su cara en mis manos y muevo mi boca sobre la suya con rudeza. Mi lengua se sumerge y se arremolina, saboreando tequila. Tan bueno. El viernes por la tarde, me decidí a llamar a Fûka DiMaggio. Debido a que aprendo de mis errores, le pregunté sobre su ruptura con Ted, y no fue debido a un engaño. Entonces le pregunté si se hizo exámenes recientemente. Milagrosamente lo hizo, y estaba limpia. Fue como si el universo estuviera diciéndome—: Has sufrido bastante, pobre hombre.
Hicimos planes para ir a su casa el viernes por la noche, y traje una botella de Patrón para Fûka y otra de vino para mí que terminó quedándose en el auto.
Fûka abre mi camisa, corriendo sus palmas sobre mis pectorales y sobre mis hombros.
—Dios, tus tatuajes. —Gime apreciativamente, trazando la tinta primero con sus manos, luego con sus labios—. Estos son jodidamente calientes. Son mi parte favorita.
Trabajo en su lóbulo, golpeándolo con mi lengua como si fuera un clítoris. Y me río entre dientes.
—Pensé que mi polla era tu favorita.
Suelta una risita contra mi piel.
—Supongo que necesito que mi memoria sea refrescada.
Funciona para mí.
Estoy por empezar a hacer algo de desabrochar por mi cuenta cuando las luces de mi teléfono se encienden, vibrando en la mesa de centro cerca del sofá en el que estamos sentados. Echo un vistazo a la pantalla pero no reconozco el número y dejo que se vaya al buzón de voz.
Palmeo su teta sobre su blusa. Su cabello cobrizo se desliza sobre sus hombros mientras Fûka arquea su espalda, gimiendo. Y el teléfono vuelve a sonar. Mismo número.
¿Qué jodida mierda?
Me retiro.
—Debería contestar eso.
Fûka se encoge de hombros y se sirve otro chupito de tequila, lamiendo su mano y salpicándola con sal mientras me pongo de pie y llevo mi teléfono a mi oreja.
—Uzumaki.
—¡Oye, Uzumaki! Soy Sora Noblecky, ¿cómo andas?
Andaba un infierno mejor hace dos minutos.
—Estoy en medio de algo. —Mis ojos se enfocan en los bien torneados muslos de Fûka debajo de su vestido negro, es ahí en medio donde en realidad quisiera estar—. Date prisa. ¿Qué necesitas, Sora?
—Bueno, irrumpimos una fiesta cervecera afuera en Konoha esta noche. Una cosa de preparatoria, los padres no estaban. Unos cuantos chicos se encontraban bastante bebidos así que los trajimos a la estación para que se desintoxicaran y llamar a sus padres. Una de las chicas, no nos dará su nombre, sólo tu tarjeta de presentación. Dice que tú eres su abogado, Uzumaki.
Mis ojos se giran para cerrarse. Y simplemente lo sé.
—Déjame adivinar, ¿cabello liso castaño, piel morena, cerca de uno sesenta, ojos dorados, actitud de mierda?
Noblecky suelta una risita.
—Esa es ella.
Froto mi frente, sintiendo llegar una migraña, porque lo más probable es que las bolas azules hayan viajado a mi cerebro.
—Su nombre es Chõchõ. Su tía es su tutora. —Recito de un tirón el número de teléfono de Hinata, el cual me dio el miércoles.
—Gracias, Uzumaki... llamaré a la tía, haré que venga por la niña.
Es tarde, después de medianoche. Pero no voy a pensar en cómo Hinata tendrá que sacar a todos los otros niños de la cama, incluyendo al bebé y a la pequeña de dos años. Ponerles sus abrigos, abrocharlos en el auto. En la oscuridad.
Todo ella sola.
Ese no es mi jodido problema. Mi problema es la polla dura como roca entre mis piernas que probablemente me estrangulará mientras duermo si no le consigo algo de acción pronto.
Cuelgo el teléfono y me inclino de vuelta en el sofá al lado de Fûka. Ella sonríe, ligeramente mareada.
—¿Cosas del trabajo?
—Ajá... nada importante.
Palmea mi cosa.
—No como esto... esto es realmente importante.
Me empujo contra su mano y me inclino.
—Sí me gusta una mujer que tiene sus prioridades en orden.
Luego nos estamos besando de nuevo. Y es agradable.
Pero... todavía no me puedo sacudir la imagen de Hinata y los niños. El pequeño calvito con los enormes ojos grises, Mitsuki haciendo bizcos con cansancio mientras se pone sus lentes. Los imagino en el barrio federal, no es la zona más segura para estar, especialmente después de medianoche. Los imagino en camino, Hinata bostezando, posiblemente sin notar un auto que se aproxima a su carril, no hasta que...
—¡Mierda! —me retiro, respirando con dificultad—. Me tengo que ir.
—¿Qué? —se queja Fûka—. No... no, quédate. Cosas importantes, ¿recuerdas? Todas las jodidamente fabulosas que íbamos a hacer. Importantes.
—Lo sé. Lo siento. —Y quiero decir en verdad, en verdad jodidamente lo siento—. Hay una cosa y tengo que encargarme yo mismo.
Fûka se desploma hacia atrás, descansando su cabeza en el reposa brazos del sofá, todavía encendida y molesta.
—Me estás matando, Uzumaki.
Me pongo de pie, volviendo a abotonar mi camisa. Y mi polla está furiosa.
—¿Me das un cupón?
—Claro. —Fûka suspira. Luego sonríe con suficiencia—. Al menos me pusiste toda caliente para el señor Pink. Estaré pensando en tus preciosos tatuajes cuando juegue con él.
—¿Señor Pink?
—Es mi vibrador preferido.
Gimo con la imagen mental.
—Ahora tú estás matándome.
Guiña.
—Ese era mi plan malvado. —Luego se estira y besa mi mejilla—. Llámame.
—Lo haré.
Fuera del apartamento de Fûka, saco mi teléfono mientras camino hacia mi auto y marco el número de Hinata.
Responde al primer timbre.
—¿Hola?
—Hinata, soy Naruto.
—Hola. —Su voz está tranquila pero alerta, y deduzco que los chicos todavía están durmiendo, y en algún lugar cercano.
—¿El Oficial Noblecky te llamó por Chõchõ?
—Sí. Sólo le estoy dando un biberón a Ronan, luego voy a levantar a los chicos, ponerlos en el auto y...
—No te molestes. Estoy en mi camino hacia allá ahora. Me dejarán firmar la salida de Chõchõ como su abogado.
Durante un instante, la única respuesta en el otro extremo es el suave sonido de la respiración de Hinata. Cristo... incluso su respiración es sexy. Si no estuviera duro todavía, seguro como la mierda que lo estaría ahora.
—No tienes que hacer eso, Naruto.
—Sí, sé que no tengo, pero lo haré —digo con rudeza... con más de la que tenía intención—. Así que sólo di gracias y cuelga el teléfono.
—De... acuerdo. Bueno... gracias. Y aunque respondiste mal sin ninguna razón, lo voy a dejar pasar debido a que me estás haciendo un favor gigantesco.
Suelto una risita.
—Ha sido una... noche frustrante.
—Ah... ahora, me puede identificar con eso.
Apuesto a que puede.
—Te veré pronto, Hinata.
—De acuerdo. Conduce con cuidado.
Llego al precinto, firmo algo de papeleo rápido, y espero en recepción a que traigan a Chõchõ. Noblecky está ahí, hace unos pocos comentarios estúpidos acerca de mi carrera de niñera, y en realidad no escucho.
Pero sus bromas me ponen a pensar. ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? No voy por lo complicado, evito distracciones, y hasta este punto, esa estrategia me ha funcionado bien. Hinata Hyûga es una fina pieza de culo, pero sus sobrinos y sobrinas están resultando ser más distractores de lo que ella vale.
Chõchõ es escoltada desde la habitación posterior. A pesar del color de su piel está tan blanca como un fantasma e inestable en sus pies. Su cabello está esponjado, mojado, y vagamente me pregunto si tiene vómito en él. Manchas oscuras de rímel ensombrecen ojos inyectados en sangre. Sujeta una botella de Gatorade y una bolsa de papel para vómito como esas que tan consideradamente meten en los respaldos de los asientos en los aviones.
—Hola —habla con voz ronca—. Gracias por venir por mí. Las primeras sensaciones de lástima hacen eco en mi pecho. No sólo recuerdo cómo se siente estar enfermo por beber, fácilmente la más miserable experiencia, sino que también recuerdo cómo era tener trece.
Apestaba.
—Vamos, Sonrisas, en marcha.
Ni si quiera tiene la energía para ponerme los ojos en blanco. La guío hacia el auto, advirtiéndola justo antes de cerrar la puerta.
—Vomitas en mi auto, y estarás caminando a casa.
Me deslizo en el lado del conductor y el motor ruge. Chõchõ cierra sus ojos con fuerza, como si las vibraciones del auto le estuvieran dando náuseas.
—¿Por qué no les diste el número de tu tía? —le pregunto para distraerla.
—La tía Hinata ya tiene mucho con qué lidiar. No quería molestarla.
Pero era simplemente magnífico molestarme como el infierno a mí.
Salgo del estacionamiento.
—¿Qué estuviste tomando?
—Jägermeister. —Se queja, acercando más la bolsa.
Y me cago de risa.
—Espero que lo hayas disfrutado, la probabilidad es que no lo vuelvas a beber otra vez.
Cuando se reduce a leve envenenamiento por alcohol, el cuerpo puede perdonarte pero el estómago nunca, jamás olvida.
Se mantiene firme contra la urgencia de vomitar, respirando lenta y profundamente.
—¿Es aquí cuando me sermoneas sobre los peligros de beber sin tener la edad legal?
Me detengo en una luz roja.
—Nop. Ya sabes que fuiste estúpida, no necesitas que te lo diga. Sin embargo, estoy curioso... ¿qué te llevó a la repentina borrachera?
Sus palabras son lentas y cuidadosas, como si tuviera miedo de que si habla demasiado alto inclinará el delicado equilibrio que está evitando que vomite.
—Shinki Applegate hizo una fiesta. Me dijo al respecto hoy en la escuela. Es de último año. Es precioso y perfecto y parecía interesado en mí.
Furia se enciende, como la llama de un fósforo, porque no tengo duda de que el pequeño cabrón se encontraba interesado en una parte de ella.
—Pero cuando llegué a la fiesta —susurra—, estaba interesado en otra.
—Voy a arriesgarme y decir que aquella chica tiene una reputación por abrirse de piernas. ¿Tetas grandes, cara bonita... probablemente una porrista?
Chõchõ asiente.
—Fue la reina de la bienvenida.
Oh hombre.
—¿Y fue ahí donde te hiciste amiga de Jäger?
Limpia sus mejillas.
—Me hizo sentir feliz. No me importaba Shinki o mi... no me importaba nada.
Soplo una larga respiración y decido repartir algo de consejo.
—Chõchõ, los chicos de tu edad... de verdad que no valen tu tiempo. Son egoístas y estúpidos. No es su culpa; simplemente están programados de esa forma, pero aun así son una causa perdida. Creo que deberías alejarte de todos ellos hasta que tengas al menos... veinticinco. O... ¿has considerado ser una lesbiana?
Me mira sin expresión.
—Eso es tan ofensivo.
Levanto una mano.
—Sólo intento ser de ayuda.
Chõchõ se da la vuelta para mirar por la ventana. Después de unos pocos minutos su barbilla se estremece y sus hombros tiemblan.
—Aquí está el asunto, no tengo mucha experiencia con mujeres llorando. He hecho un concentrado esfuerzo en evitar cualquier situación que me involucre a mí, una mujer, y lágrimas. En caso de que no lo hayas notado, la empatía no es mi punto fuerte. ¿Y adolescentes llorosas? Esto se siente un poco como un encuentro con pie grande, he escuchado al respecto en la TV, leído al respecto en los diarios... pero esta es la primera vez que de hecho he visto una de cerca.
Limpia su cara con la manga de su suéter.
—Extraño a mis padres.
Y mi pecho se siente cargado. Pesado. Por ella.
—Sé que lo haces.
—Desearía que estuvieran aquí. —Resopla.
—¿Qué les dirías si estuvieran? —Me estaciono en la entrada Hyûga y detengo el auto.
Chõchõ piensa en mi pregunta y luego la esquina de su boca se estira.
—Les preguntaría cómo es que no le gusto a Shinki. Siempre fueron muy honestos con nosotros, ¿sabes? Me dirían la verdad.
La miro a la cara. Es una chica bonita, incluso cansada y en duelo. Pero hay una llama en ella, una fiereza, que le servirá cuando crezca. La he visto en mujeres con las que he trabajado... mujeres como Sakura. Un día, Chõchõ Hyûga será una fuerza a tomar en cuenta.
—Yo puedo decirte la verdad al respecto, —digo con un encogimiento de hombros.
Se gira hacia mí. Con amabilidad, limpio una lágrima de su mejilla.
—Es porque Shinki es un idiota.
Hinata abre la puerta antes de que la golpeemos. Luciendo como recién follada y hermosa, con su cabello despeinado por la cama, y la marca de anteojos en su rostro. Está usando una camiseta negra sin mangas y unos pantalones de pijama de seda roja. Mi pene todavía se encuentra bastante enojado, pero la visión de sus pechos asomándose por encima de la camiseta le hace a él considerar hablar conmigo de nuevo. Eventualmente.
—De verdad necesitamos parar de encontrarnos de esta forma —dice, sus labios carnosos deslizándose en una sonrisa familiar.
Chõchõ abraza a su tía con fuerza.
—Lo siento tía Hinata.
Ella pasa su mano por la parte de atrás del cabello de Chõchõ.
—Lo sé. — Luego gira su cabeza con disgusto—. ¿Vomitaste en tu cabello?
—Sí —gime Chõchõ, sonando miserable.
Hinata sostiene su mejilla.
—Vamos a meterte en la cama, mañana hablaremos de esto. Habrá castigo en tu futuro.
Inclina su cabeza hacia la sala de la familia.
—Naruto, vamos entra. Bajaré en unos minutos.
Y no tiene que decírmelo dos veces.
Cerca de unos veinte minutos después, Hinata entra de nuevo en la sala de estar.
—Estaba un poco frío, así que encendí un fuego. —Hice un gesto hacia las flamas vacilantes que brillaban dentro de la chimenea de ladrillo. El calor se filtra en la habitación como una niebla, el crujido y el olor de un reconfortante fuego vivo—. Espero que no te importe.
Se queda mirando el fuego como una mujer observando una torta de chocolate el día antes de abandonar su dieta.
—No me importa en absoluto, gracias. Me tendrás que enseñar lo que tienes bajo la manga...
Bajo la manga, bajo mis pantalones. Le mostraré lo que sea que desee ver.
—... No he sido capaz de hacerla funcionar, los troncos arden pero en verdad no se queman para mí. —Las llamas naranjas bailan en sus ojos mientras se gira hacia mí, burlándose—. Fui una terrible chica Scout.
—¿Te gustaría una copa de vino? —Señalo la botella de Merlot descansando sobre la parte superior de la mesa de piedra de la esquina.
Luce confundida.
—Neji y Karui no guardan nada de alcohol en la casa.
—Lo tenía en mi auto.
Una sonrisa aparece de a poco en sus labios.
—Vaya. Vino, un fuego, eres como la seducción sobre ruedas. ¿Guardas velas en la camioneta?.
—Solo imaginé que podrías disfrutar una bebida, tal vez un poco de conversación.
Tengo la sensación de que Hinata no ha tenido una conversación con un adulto en mucho tiempo.
—Disfrutaré eso más de lo que podría decir. —Suspira—. Iré a agarrar las copas. —Hinata camina hacia la puerta que conduce a la cocina, pero se detiene antes de salir. Mirando por encima de su hombro de regreso hacia mí, su cabello oscuro brillante como con estrellas a la media noche, levanta una ceja—. Entonces... ¿no estás tratando de seducirme?
Encuentro su mirada. Y le hago un guiño.
—No dije eso.
—Es bueno saberlo.
Luego se da vuelta con un tirón de su cabello y entra en la cocina con un giro adicional de ese culo hermoso. Después, añado otro leño al fuego y los dos estamos comenzando nuestra copa número dos. Las piernas largas de Hinata se encuentran metidas cómodamente debajo de ella; una mano sostiene su copa y la otra tiene el codo apoyado contra la parte de atrás del sofá, su cabeza descansando en su mano.
La posición expone la suave extensión de su cuello, y estoy fascinado por el pulso que late bajo su piel. Me hace sentir como un vampiro, quiero colocar mi boca justo allí, quiero probarla y sentir ese espacio palpitando contra mi lengua.
Le pregunté en qué estaba haciendo su maestría, y la jodida cosa loca es que en verdad estoy interesado en lo que va a salir de su boca, no solo fantaseo con lo que me gustaría colocar allí dentro.
—Mi especialidad es en Historia del Arte.
Resoplo.
—Entonces ¿pagaste miles de dólares en matrícula para mirar unos cuadros bonitos?
—No, señor Cínico. Hay mucho más que eso. El arte nos habla sobre cultura, lo que fue importante para las personas de ese tiempo. Las cosas que valoraban, las cosas que odiaban o a las que les temían, su imagen de lo que era hermoso.
Frunzo el ceño.
—Suenas como una filósofa.
Frunce el ceño en respuesta.
—Y tú suenas como que no respetas a la filosofía mucho.
—Todas las preguntas filosóficas pueden ser contestadas con una sola declaración concisa.
Hinata vuelve a llenar su copa.
—¿La cuál es?
—¿A quién le importa una mierda?
Se ríe, y es un sonido maravilloso.
—¿Haces... arte... por tu cuenta, o solo estudias el trabajo de otras personas?
Sus mejillas se ruborizan.
—En realidad, hago bosquejos.
Mis ojos inmediatamente son atraídos por el dibujo a lápiz enmarcado a la derecha de la chimenea. Es una imagen increíblemente realista de la joven Chõchõ, sosteniendo a unos bebés gemelos en su regazo. La noté cuando entré por primera vez, prácticamente puedes escuchar la voz infantil y sonriente.
—¿Ese es uno de los tuyos? —señalo.
Hinata asiente, todavía tímida.
—Eres buena. —No hago cumplidos a la ligera.
Más tarde, habla de su hermano.
—Neji era quince años mayor que yo. Fui la hija de la crisis de mediana edad de mis padres. Mi papá tuvo un ataque al corazón cuando tenía la edad de Chõchõ. Mi mamá falleció un año después cuando me encontraba en la secundaria. —Bebe un sorbo de su vino, un brillo travieso en sus ojos—. Fui algo así como una niña salvaje después de eso.
Levanto mi copa.
—¿No lo fuimos todos? —Bebo el Merlot—. Entonces, ¿viviste con tu hermano después de que tus padres murieran?
Asiente.
—Sin embargo, aquí no. Estábamos en un lugar más pequeño en las afueras. Entonces solo éramos Chõchõ y los chicos, y yo, Neji y Karui.
—Entonces ¿tú y los niños como que crecieron juntos?
—Sí. Karui fue como una hermana mayor y una segunda madre, todo en uno. Era increíble. —Y hay una nota triste en su voz. Entonces parpadea, iluminándose. —Ella fue quien en verdad me empujó a que viajara. A estudiar en el extranjero. Pasé un semestre en Roma, veranos en Paris... —Sus ojos caen en los míos tímidamente—. Dios, sueno tan malcriada. Pobre chica rica ¿cierto?
Niego con mi cabeza.
—No. Hay una diferencia entre privilegiada y malcriada.
Y Hinata Hyûga no tiene ni un hueso de malcriada en su cuerpo. Sabe que es afortunada, y aprecia cada bendición.
—Me encantaría un día llevar a los niños a Europa. Mostrarles lo grande que en verdad es el mundo.
Me echo a reír, pensando en una película de Liam Neeson. Si algún idiota criminal intentara llevarse a uno de los niños Hyûga, pasaría una hora, como mucho, antes de que estuviera rogando para enviarlos de regreso. Continuamos hablando, bebiendo, pierdo tiempo admirando la forma en la que su piel brilla ante la luz del fuego. Y antes de que lo sepa, son casi las cuatro de la maldita mañana. Hinata coloca su copa vacía sobre la mesita de noche y bosteza.
—Debería irme —digo, a pesar de que no quiero hacerlo—. Te he mantenido despierta más allá de tu hora de dormir. ¿Por lo general el despertador humano cuándo se levanta?
—Ronan se levanta alrededor de las seis. Pero... —Sus ojos se arrastran por mi rostro, bajan por mi pecho y más abajo—. Pero por esto valió la pena perderme la hora de dormir. Gracias por el vino, la conversación. De verdad pasé un rato genial, Naruto.
No tiene idea del tipo de rato genial del que soy capaz de darle. Pero esta noche no.
—Yo también. —Me levanto y Hinata me acompaña hacia el vestíbulo. Al lado de la puerta, nos quedamos de pie de cara al otro. Y hay una atracción, como un jodido imán, arrastrándome más cerca.
—Hinata... — susurro, sin tener idea de qué estoy a punto de decir.
Solo me gusta el sabor de su nombre en mis labios. Mi corazón martillea... y me inclino hacia adelante... ella levanta su rostro y cierra sus ojos y...
—¡Tía Hinata!
La voz de la duendecilla castaña nos llega desde arriba de las escaleras, como una ducha de agua fría.
Maldita sea.
—¡Tuve una pesadilla! ¿Te acostarías conmigo?
Hinata da un paso hacia atrás con un gruñido de resignación, y siento su dolor. Literalmente.
—Namida subiré en un segundo. —Se encoge de hombros en forma de disculpa—. El deber llama.
Junto mis labios, frotándolos, haciendo un sonido de golpeteo frustrado.
— Sí.
Coloca su mano sobre mi pecho; es cálido y electrizante.
—Gracias de nuevo. Ahora en verdad te debo una. Múltiples.
Y solo no puedo resistirlo.
—Esa es mi línea.
Hinata se ríe.
—Buenas noches Naruto.
—Adiós.
Salgo por la puerta y me dirijo a casa.
Continuará...
