¡Sostente!


La Cita


A las seis de la tarde, la noche del sábado, estoy parado en el vestíbulo de Hinata, usando pantalones negros, una camisa gris abotonada y una chaqueta negra. Hinata aun esta escaleras arriba vistiéndose. Yo no fui a mi baile de fin de curso, pero si lo hubiera hecho, me imagino que se habría sentido parecido a esto.

Hambrienta emoción. Inquietantes posibilidades. Es una nueva y rara clase de emoción y como que me gusta. Cuando un golpe viene de afuera, abro la puerta, y ahí, enfrente de mí, está la encantadora de niños. Por suerte, ella era buena con los avisos cortos.

—Hola, mamá.

Mi madre es una mujer delgada, metro y medio, cincuenta kilos, exóticos ojos gris-violeta que veían a través de cualquier tipo de mierda, y una cara atractiva sin importar el paso del tiempo. Lo que le faltaba en estatura física ella lo reponía muy por encima con personalidad. Se lanza hacia mí, brazos alrededor de mi cuello.

—¡Osito! ¡Te he extrañado!

Por la esquina de mi ojo veo a Log y Mitsuki, dos caras de la misma risueña moneda. Mitsuki codea a su hermano.

—¿Osito?

Internamente suspiro. Esto puede ponerse feo.

Detrás de mi madre, Minato, su novio a largo plazo, entra, cargando bolsas muy llenas de compras en ambas manos. Minato está en sus cincuenta, muchos me preguntan si es mi padre, ya que somos dos gotas de agua, pero no, mi verdadero de padre era una es un infierno de tipo, paciente, amable, trabajador, y ha adorado el suelo sobre el que camina mi madre desde el día que se conocieron.

Pone una bolsa en el suelo y estrecha mi mano.

—Es bueno verte Naruto.

— ¡Oh! —exclama mi madre, con el acento —. Tengo que sacar las otras dos bolsas del carro...no podemos olvidarlas.

Minato golpea el aire con su mano.

—Las tengo K. Tómalo con calma.

Los niños, menos Ronan, están alineados en la entrada de la sala de estar. Chõchõ sostiene a hima en su cadera.

—¿Son ellos? —me pregunta mi madre, señalándolos con la barbilla.

—Esos son.

Se aproxima a ellos lentamente, analizándolos uno por uno.

—Hola ahí, niños. Soy la mamá de Naruto y su niñera por esta noche. Pueden llamarme Kushina. — Señala con el pulgar por encima de su hombro—. Y ese es Minato.

—¿Qué hay en las bolsas? —pregunta Namida.

—Bueno, no eres una cosa adorable. —Mi madre se agacha para quedar al nivel de sus ojos—. En las bolsas está lo que haremos esta noche. Ingredientes para toda clase de galletas. Chispas de chocolate, azúcar, bendita mantequilla de maní, y algunas que ni siquiera han sido inventadas.

Dos de los cinco se chupan los labios.

Mi madre se endereza y se dirige a Chõchõ.

—¿Tú eres Chõchõ?

—Uh-huh.

— ¿Alguna alergia en este montón de la que deba estar al tanto?

—No, Kushina, no tenemos ninguna alergia.

— ¡Perfecto! —Camina por la línea y se detiene enfrente de Log. Su boca está cerrada y sus ojos se estrechan sospechosamente—. ¿Tú eres Log?

—Sí.

—Escuche que tú eres el difícil.

—Escuchaste bien.

Ella cruza los brazos.

—¿Has escuchado de envenenamiento por salmonella Log?

Él piensa por un momento.

—La obtienes de huevos pasados o así ¿correcto?

—Eso es correcto. ¿Sabes que lleva la masa para galletas?

—¿Huevos? —pregunta Log, aun sonando como un sabelotodo con una respuesta corta.

—Sip. Así que tal vez puesto que eres tan difícil, podrías jugar ruleta rusa con la salmonella y ser nuestro catador de masa. ¿Qué piensas?

Y él sonríe.

—Seguro.

— ¡Todo bien entonces! Cada uno agarre una bolsa y muéstrenme donde está la cocina.

Hacen lo que se les dice y siguen a mi madre con sus bolsas de galletas como si fuera el flautista de Hamelin. Todos a excepción de Namida, que se queda conmigo en el vestíbulo. Me muevo al pie de las escaleras, un brazo apoyado en el barandal de roble. Esperando.

Entonces Hinata aparece en el rellano. Y es — boom— instantánea cámara lenta. Como cada cursi jodida película adolescente de los ochentas que nunca he visto. Su vestido rayas azul con blanco se mueve mientras desciende, dando bromistas vistazos de sus cremosos muslos. La suave tela se pega a su cintura, su cabello liso y brillante rebota con cada paso...y también sus bubis.

La pequeña cabeza castaña de Namida gira de su tía a mí.

—¿Vas a besarla?—pregunta con curiosidad.

Mis ojos continúan su recorrido. Y exhalo—: Oh, sí.

Namida arruga la nariz como un conejo que se comió una zanahoria mala.

—Eso es asqueroso, Naruto.

Después de recordarles a los niños no ser idiotas con mi madre, llevo a Hinata al Prime Rib un club lujoso y pequeño en el corazón de Konoha Capital. Tiene un aspecto elegante como de la vieja escuela mesas iluminadas por velas, paredes de paneles oscuros, excelente vino tinto, y un DJ amenizando la habitación con los suaves tonos de un pianista cantando versiones blues de canciones clásicas.

Me paro enfrente del anfitrión y yo mismo saco la silla para ella. Después de recitar los especiales, va a traer la botella de Cabernet Sauvognon que ordené mientras revisamos los menús. Por un segundo, un horrible pensamiento se me ocurre.

—¿No eres vegetariana, o si?

—No —bufa Hinata, mirando de nuevo las opciones con anticipación—.Amo una buena pieza de carne.

—Me alegra escuchar eso. —Detecta la sonrisa en mi tono y encuentra mis ojos por encima del menú con una risa juguetona.

Después de ordenar, bebemos nuestro vino...y no puedo dejar de verla. Es tan jodidamente preciosa. Toma un sorbo de vino y una gota carmesí brilla en su labio superior. Ella la recoge con la punta de su lengua y anhelo lamerla con la mía.

Chupar esos labios. Beber vino de ese hueco en su garganta. Me ajusto por debajo de la mesa mientras tomo un trago de mi propio vaso.

Cristo, esta va a ser una larga noche. Todo lo que hace, todo lo que dice, me hace pensar en una sudorosa, lenta, profunda follada.

—Tu mamá no es para nada como la imaginé.

Excepto eso.

—¿Qué imaginabas?

—Bueno...una mujer mas alta, creo. Como sobrevivió a ti, debes haber sido un bebe enorme. Y... luce tan joven. —Hinata apunta con su dedo—. Eso significa que tienes buenos genes, deberías agradecérselo.

—Mi padre era un tipo grande; saque de él el cuerpo. Y mi madre luce joven porque es joven. Me tuvo cuando tenía dieciséis.

—¿Dieciséis? —repite Hinata, probablemente pensando. Eso es solo dos años más grande que Chõchõ. Jodidamente muy joven.

Asiento, sorbiendo mi vino.

—Así que ¿tus padres están divorciados? —Su tono es vacilante, no quiere entrar en terreno incómodo.

—Sí. —Me encojo de hombros—. Él se fue...cuando yo tenía ocho.

Su cara se tensa con simpatía.

—Lo lamento.

—No tienes que. —Y no podría ser más honesto—. Fue la cosa más amable que alguna vez hizo por mí.

Nuestra comida llega. Hinata mira con ojos enormes su entrada, porque es más grande que su cabeza.

—Ahora, esa es una gran pieza de carne.

Y lo dice tan inocente, que no hay manera de que lo deje pasar.

—La mía es más grande.

Ella ladea la cabeza y hay exasperación en su risa.

— ¿Qué? —Me rio, gesticulando hacia mi plato—. Es más grande. ¿A menos que creyeras que me refería a algo más?

Su respuesta es un adorable rubor rosado.

—Sucia, sucia mente.

Hinata levanta su cuchillo y tenedor y comienza a trabajar en su carne.

Tengo un depravado tipo de disfrute viendo su tenedor deslizarse entre sus labios, en como cierra los ojos y gime con cada grasiento bocado. Antes de que le falte un cuarto para terminar, estoy reajustando mi polla de nuevo, intentando hacer espacio en los siempre-apretados confines de mi pantalón.

—¿Creciste en Konoha? —pregunta Hinata entre bocados.

Tomo la botella de vino, rellenando el vaso.

—Nos mudamos un montón cuando era más joven. Después de que mi padre se fue, mi madre no tuvo muchas opciones. Tenía veinticuatro, un niño, ni siquiera tenía su diploma de preparatoria. Así que se unió al ejército.

—Guau. Es difícil imaginarla en el ejército.

Sacudo la cabeza, cortando mi carne.

—Créeme, es más dura de lo que parece. Obtuvo su diploma en casa y se volvió mecánica militar. Vivimos en unas cuantas bases militares diferentes cuando era niño. Nunca fue desplegada, pero nos movían alrededor cuando necesitaban una mano extra.

—¿Así que eras un niño mimado del ejército?

—Algo así. —Creerías que los niños del ejército serían disciplinados, bien educados, pero ese no es siempre el caso. Siempre era el niño nuevo, en lugares donde la fuerza era respetada por encima de todo lo demas. "Mata o te matan" era un gran tema. Donde el camino más rápido para probar tu valor era pisotear a todos los demás a tu alrededor—. Después de que fue liberada, nos establecimos en Konoha.

Hinata asiente, tomando otra bebida.

—¿Y así tu mamá conoció a Minato?.

—Sí. Él también es un mecánico, tiene su propio local. Lo manejan juntos ahora. —Sonrío—. Se conocieron cuando me metí en una pelea con un par de niños afuera de su casa. Él nos separó, llamó a mi madre, una cosa llevó a la otra, han estado juntos desde entonces. Minato es una buena persona.

Hinata se centra en un detalle de mi explicación.

—¿Te metiste en una pelea con un par de niños?

—Era un niño grande, uno a uno no era en realidad un desafío.

Sonríe.

—Suena como que eras un problemático como Log.

—Problemático es una subestimación. Log es un jodido santo comparado conmigo.

—¿Uzumaki?

Me volteo ante el sonido de mi nombre y Gaara No Sabaku se aproxima a nuestra mesa, sonriendo. Gaara es un joven, de ojos brillantes y cabello pelirrojo, pero hambriento fiscal con los abogados de la oficina de los Estados Unidos. Uno verdadero apegado al procedimiento, puritano, mojigato, ese tipo de chico.

También es el fiscal de mi siguiente juicio de agresión en contra del senador Holten.

—Fiscal. —Asiento, sacudiendo su mano extendida.

—Pensé que eras tú. ¿Cómo te va?

Las interacciones entre fiscales y abogados defensores son extrañas. Dentro de la corte, hacemos lo mejor para destripar al otro. Fuera de ella, todo es amistoso y sacudidas de manos y juegos de la liga de softball los fines de semana. No se supone que tomemos nada personal porque en realidad no es nada personal. Solo negocios parte del juego.

—Bastante bien —respondo vagamente—. ¿Y a ti?

—Estoy bien. Estoy aquí con mis padres. Mostrándoles los alrededores de Konoha. —Su mirada voltea hacia Hinata, y se ilumina con interés. Probablemente piensa que no me doy cuenta, pero jodidamente lo hago.

La etiqueta dice que debería presentarlos. Y la etiqueta puede besar mi pequeño trasero blanco, un inútil puñado de reglas que no me importan. Pero como dije, Gaara no es del tipo que deja mucho pasar en su camino.

Levanta la mano hacia Hinata.

—Hola, soy Gaara No Sabaku.

Ella sacude su mano.

—Hinata.

—¿Eres una cliente de Uzumaki?

Ella sonríe.

—No. Sin embargo, el representa a unos cuantos miembros de mi familia.

—Están en buenas manos. Uzumaki es un buen defensor.

—Y tu vida sería mucho más fácil si yo apestara —le digo.

Él bufa.

—Es verdad. —Gaara mira hacia la entrada—. Bueno, debería irme. Disfruten su cena. Fue adorable conocerte, Hinata. —Palmea mi hombro —. Naruto, te veré en la corte.

—Ten una buena noche, Gaara.

Mientras se aleja, Hinata me pregunta—: ¿Es un amigo tuyo?

Niego con la cabeza. —No particularmente.

Terminamos nuestra cena y una rebanada de pastel de queso como postre, pero no café, ninguno de nosotros quiere eliminar el placentero zumbido de un buen vino. Hay más gemidos, más infructuosos intentos de ajustarme mientras Hinata traga lentamente un bocado de la poción blanca y cremosa. Joder, y yo la acusé de tener una mente sucia. Mi polla pulsa contra la tela de mis pantalones de la forma en que un recluso se pega a las barras de su celda, rogando ser liberado.

El rostro de Hinata irradia el rubor y alegre brillo del alcohol. Sus ojos están caídos y felices pero ocultan sus pensamientos, haciéndola más difícil de leer que de costumbre. Se recuesta en su silla, alejándose de mí, pasando su dedo por el borde de su vaso.

—Así que si comenzaste con una juventud tan problemática, ¿Cómo te convertiste —Gesticula hacia mí— en esto? Exitoso. Honorable. Respetable.

Vacío lo último de vino de mi vaso.

—"Respetable" probablemente es presionar un poco...pero la historia va así: tenía quince, corriendo alrededor con algunas verdaderas mierdas. Chicos mayores. Una noche pensamos que sería brillante irrumpir en la tienda de artículos deportivos, porque ese es el tipo de perdedores que éramos, solo que no sabía que uno de ellos estaba armado. Termino disparándole al guardia en la pierna.

Hinata jadea un poco.

Y mi polla se retuerce mucho.

—Huimos, justo a los brazos de una patrulla esperándonos. —Niego con la cabeza ante lo idiota que era—. El fiscal quería acusarme como adulto, enviarme lejos por mucho tiempo, y pudo haberlo hecho. No tenía un historial limpio, y aparte de mi madre, pensaba que todo el jodido mundo era mi enemigo.

Hinata se inclina hacia adelante, completamente cautivada.

—¿Y qué pasó?

—El honorable Jiraya Sannin pasó. Era el juez juvenil en mi caso, un malvado, terrorífico hijo de perra. Y él... pienso que vio algo de valor en mí. Así que me dejó en la correccional juvenil, me dio servicio comunitario y un periodo de prueba, para ser supervisado por él mismo. —Me reí—. Al momento, pensé que el juez me estaba haciendo un favor, poniéndomelo fácil.

—¿No lo estaba?

—Depende de tu definición de "fácil". Por los siguientes años corté el pasto con unas jodidas tijeras de podar. Cargué piedras, limpié pisos, reconstruí el jodido techo, toda la cosa del señor Miyagi, el tipo de mierda encerar arriba, encerar abajo.

Agotó mi trasero, nada era lo suficientemente bueno. Me hizo desear hacer todo mejor, solo para jodidamente escupirle al bastardo. Y entonces... me puso a hacer investigación.

Estudiar casos de leyes, reportes escritos, analizar opiniones, era fascinante para mí. Cuando mi periodo de prueba terminó, el juez me ofreció un trabajo. Para entonces había sacado la cabeza de mi trasero y estaba de hecho sacando calificaciones decentes en la preparatoria. Con su recomendación y un montón de préstamos escolares, pasé por la universidad, entonces la escuela de leyes...y eso es todo lo que escribió.

—Creo que es asombroso —dice suavemente, viéndome.

—Sí... el juez es un hombre bastante asombroso.

Sus labios se deslizan a una sonrisa gentil y algo como asombro brilla en sus ojos.

—Hablaba de ti.

Raramente me tomaban fuera de guardia. Sorprendido. Pero este comentario asombroso de una mujer hizo exactamente eso.

Hinata voltea su cabeza hacia la música de piano flotando desde el otro cuarto.

—Amo esta canción.

Era un versión de Van Morrison..."Crazy Love".

Lanzo mi servilleta a la mesa y me muevo para pararme junto a ella, ofreciéndole mi mano.

—¿Quieres bailar? —Y podía decir que también la sorprendí. El simple deleite en su rostro cuando su mano se desliza en la mía me hace desear hacerlo de nuevo.

Caminamos al borde de la pista de baile. Envuelvo mi brazo en su espalda baja, sosteniéndola apretada y ajustada en mi contra. Una de las manos de Hinata descansa en mi hombro, jugando con el cabello en mi nuca. La otra está atrapada en la mía justo sobre mi corazón. Nos balanceamos, solo mirándonos por un rato.

—Iba a pedirte que bailáramos —me dice—. Pero no pareces del tipo que habría dicho que sí.

—No lo soy... —le respondo, mirando su exuberante boca—. Solo usaba una excusa para estar más cerca de ti.

Ella me da amor, amor, amor, amor, loco amor.

Suspira, prácticamente derritiéndose en mis brazos. La cabeza de Hinata encaja en mi cuerpo como si hubiera sido hecha para estar ahí. Mi barbilla descansa en su cabello, y huelo limpia y dulce vainilla.

—¿Oye Naruto?

—¿Si?

Hinata levanta su cabeza de mi pecho.

—No necesitas una excusa. Agacho la cabeza al mismo tiempo que ella la levanta para alcanzarme. Y sus labios —joder— son cálidos, suaves, y se mueven con inocente atrevimiento, estoy prácticamente temblando. ¿Fue solo la noche anterior la primera vez que la besé? Parece hace mucho más tiempo. Acuno su mejilla, acariciando su piel con mi pulgar, besándola más profundamente, saboreando el vino y el gemido con el que había estado obsesionándome toda la noche.

¿Y la parte absolutamente más loca de todo? No había conseguido un polvo en tres jodidas semanas, pero si esto es todo lo que hacemos, besarnos, con ella presionada en mi contra, mis brazos a su alrededor, estaré sonriendo en la mañana como un chico que se folló a una asociación estudiantil completa llena de porristas.

Estoy esperando más. Quiero todo todos los secretos, las partes más dulces de ella ¿Pero si esto es todo lo que consigo hoy?. Es suficiente.

Ella me da amor, amor, amor, amor, loco amor...

Con Hinata en el interior, cierro la puerta del pasajero del Mustang y le doy propina al aparcacoches. Luego me deslizo detrás del volante y me alejo del restaurante.

Momento de la verdad.

—Ubiqué a mi mamá y Minato en la habitación de invitados de arriba, así no tienen que conducir de vuelta a su casa esta noche.

—De acuerdo. —Asiente.

Apoyo la palma de la mano en el volante.

—Eso significa que podríamos ir a mi casa o dirigirn...

—Tu casa está bien —dice de una forma apresurada que me hace sonreír. —Entonces, mi casa será.

Durante el trayecto, pienso en lo que pasará. No quiero ser demasiado entusiasta, no puedo saltarle encima en el momento en que pasemos por la puerta. No importa cuán jodidamente quiera hacerlo.

Tendré que avanzar lento, ser suave. Enamorarla. Ofrecerle una bebida, darle un recorrido por la casa. No es que no haya hecho esto antes, pero se siente diferente esta vez. Debido a que la conozco.

Porque en realidad... me gusta, no importa lo ridículamente inadecuado que suene.

Entro delante de Hinata, presiono el interruptor sobre la pared que enciende la luz baja de la lámpara de mesa de la esquina, iluminando los sofás de cuero negro, pisos de madera y paredes desnudas. No soy mucho de decorar.

Hinata cierra la puerta detrás de nosotros, y lanzo las llaves sobre la mesa.

Me doy la vuelta para mirarla, preguntando—: Te gustaría alg...

Pero nunca termino la frase.

Se estrella contra mí, con los brazos alrededor de mi cuello, casi arrastrándose sobre mi torso, jalándome hacia abajo y pegando nuestros labios. Es totalmente inesperado, joder.

Y jodidamente me enciende.

Sus senos se aprietan contra mi pecho, sus caderas giran contra mí, proveyendo una gloriosa fricción contra la erección presionada entre nosotros. Y su boca, Dios, me chupa la lengua, me muerde el labio, lo atrapa entre los dientes y tira, sobrepasando un poquito el dolor que amenaza con enloquecerme.

Cuando lleva la mano hasta la parte inferior de mi camisa y roza el contorno de mi polla cubierta de tela, gimo.

—Jesús, disminuye la velocidad.

Se echa hacia atrás, jadeando.

—No quiero ir más despacio.

Y suena tan segura, confiada y sollozantemente necesitada al mismo tiempo, que mi corazón comienza a acelerarse en mi pecho.

—Bueno.

Mis manos se zambullen bajo su vestido, agarrando muslos firmes y calientes, justo debajo de su culo, y la levanto, envolviendo esas piernas perfectas alrededor de mi cintura. Entierra los dedos en mi cabello mientras inclino la cabeza, cubriendo su boca con la mía.

Cuando regreso el favor, chupando y mordiendo, rozando esos labios carnosos con los dientes, como he soñado durante semanas, un sonido agudo intenso vibra en su garganta y, juro por Cristo, casi me vengo en ese mismo momento.

Se mueve de arriba y abajo, retorciéndose contra mi estómago, mientras voy tropezando como borracho hacia el dormitorio.

—Ropa —digo entre besos—. Demasiada ropa.

Asiente, riendo, intentando sacarme la chaqueta por los brazos mientras éstos la sostienen, lo que termina inmovilizando mis codos a los costados, como si fuera un jugador de hockey a punto que le pateen el culo una pelea.

Por último, llegamos a la habitación. Los dedos de Hinata alcanzan mi mandíbula mientras me besa, quitando sus piernas de mí, deslizándose deliciosamente por mi parte frontal hasta ponerse de pie.

Me termino de quitar la chaqueta, luego respiro profundo, intentando recuperar, al menos, algo de delicadeza. Deslizo las manos por sus brazos, cubriendo con los labios ese punto de pulso perfecto en su cuello, y un gemido hace eco en la habitación.

No puedo decir si es mío o de ella.

Saboreo su piel con la lengua, lamiendo y chupando; es cálida, tan jodidamente dulce. Sin mirar, me las arreglo para abrir la cremallera en la parte trasera de su vestido. Baja los brazos, dejando caer el vestido a sus pies. Y entonces la miro.

Doy un paso atrás, deleitándome con los ojos. Toda esa piel suave anhelando ser tocada, me atrae; interrumpida solamente por trozos de encaje negro transparente. Joder, puedo verle los pezones a través del sujetador, puntos duros, rosados y coquetos.

Su cintura es plana y estrecha, puedo abarcar la circunferencia con las manos, con un toque de músculo tonificado por debajo de la piel suave. Sus piernas, Cristo; largas, delgadas y suaves, como sabía que serían. Y en la unión de sus muslos, el más pequeño vistazo de una franja oscura se burla a través del encaje de sus bragas.

Quiero frotar mi rostro contra esa suavidad, rasgar ese encaje con los dientes y follarla con la lengua hasta que mi nombre sea la única palabra que recuerde.

—Eres perfecta. —Mi voz es baja y entrecortada.

Encuentra mis ojos; los suyos son impacientes.

—Y tú te encuentras demasiado vestido.

Mi boca se retuerce en una sonrisa, y sostengo su mirada mientras, poco a poco, me desabrocho la camisa. Sus ojos van de hielo a fuego gris a medida que me saco la camisa de los brazos y la dejo caer al suelo.

Se queda mirando mis tatuajes; el tamaño de mis bíceps y se moja los labios con esa sabrosa lengua rosada. Todavía sonriendo, me desabrocho los pantalones y bajo la cremallera. Mi polla salta libre de sus confines, rígida, balanceándose un poco y, un momento después, los pantalones y calzoncillos bóxer negros se amontonan en el piso también.

Me paro ante Hinata desnudo y más consumido con lujuria que nunca antes en toda mi jodida vida. Su mirada sigue vagando y se siente intensa.

Como una mano acariciándome el cuello tenso, el pecho, los abdominales marcados, y bajando por el caminito de la felicidad. Cuando sus ojos llegan a mi polla, sobresaliendo gruesa y lista, se abren.

Y entonces... se ríe.

No es exactamente la reacción que esperaba.

—¿Algo gracioso?

Su sonrojo se profundiza hasta que sus mejillas son carmesí, y se ríe de nuevo.

—Hieres mi ego, Hinata.

—No, no es... —Toma un respiro—. Realmente tienes manos grandes.

Frunzo el ceño en confusión.

—¿Y?

—Y... pensaba que... lo que dicen acerca de chicos con grandes manos es, sin duda... cierto.

He oído elogios similares antes. ¿Qué puedo decir? Cuando Dios estaba repartiendo polla, me dio una muy grande.

Pero suena casi nerviosa cuando dice—: Es que... ha pasado un tiempo para mí, Naruto.

—¿Cuánto tiempo?

—Un año.

Eso es mucho tiempo. Y, como el bastardo enfermo que soy, lo primero que se me viene a la cabeza es lo increíblemente apretada que se va a sentir a mi alrededor.

Aparto esos pensamientos y me centro en Hinata.

—Entonces esto es lo que vamos a hacer. Voy a acostarte en mi enorme cama y haré que te vengas con la boca y los dedos. —Empiezo a acariciarme la polla mientras hablo. Porque se siente bien y porque me está mirando—. Luego vamos a ir muy despacio... centímetro a centímetro... hasta que me ruegues que ya no vaya despacio. ¿Suena bien?

Su pecho sube y baja rápidamente.

—Sí. Me gusta como suena.

—Bien. —Y siento como si en realidad pudiera morir si no pongo mi boca sobre ella en este momento—. Ven aquí. —Me encuentra a medio camino, levantando los labios para dar la bienvenida a mi boca. El beso es más lento ahora, pero profundo y rítmico. No la dejo hasta que siento que sus hombros se relajan.

Entonces, me muevo de nuevo a su exquisito cuello. Le paso la nariz a lo largo de la clavícula, dejando un sendero de besos húmedos desde su pulso hasta debajo de su oreja y repito el proceso. Inclina la cabeza y gime mi nombre. Le bajo la correa del sujetador por el hombro, siguiéndolo con el roce de mis dientes. Mis dedos hábiles trabajan el broche en la parte de atrás y el sujetador cae lejos, dejando nada entre mi boca y sus tetas pálidas y absolutamente perfectas.

Bajo la cabeza y tomo un pezón puntiagudo en la boca, saboreándolo con la lengua, haciéndola retorcerse y frotarse contra mi muslo. Luego la levanto, envolviéndole las piernas a mí alrededor otra vez, antes de acostarla lentamente en el centro de la cama. Me guía sobre sí, entre sus piernas, nos besamos y frotamos, gemimos y rozamos. Es jodidamente fantástico. Palabrotas rápidas salen en jadeos de sus labios, y es tan condenadamente sexy porque trata de contenerlas y simplemente no puede.

Me deslizo abajo por su cuerpo retorciéndose, besando y lamiendo mientras lo hago. Mordisqueo alrededor de su ombligo, haciéndola contraer el estómago. Y justo cuando me encuentro a punto de sumergirse en el cielo que es su coño, susurra mi nombre.

—Naruto.

Sólo que... no es una buena clase de susurro, no del tipo "Naruto, fóllame ahora".

Tiene más un tipo de tono de "espera".

Levanto la mirada, encuentro sus ojos y pregunto sobre su piel—: ¿Qué pasa?

Hay vulnerabilidad en sus ojos y hace ese movimiento que hacen las mujeres con la mano.

—Tienes que saber que... no suelo... llegar de esta manera.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir, a veces puedo tardar mucho tiempo para correrme cuando un chico...

—¿Te come el coño? —termino por ella.

Y juro que todo su cuerpo se sonroja.

—Sí.

Considero esta información mientras mordisqueo la piel justo debajo del hueso de su cadera. Es suculenta.

—¿Quieres que me detenga?

Por favor, di que no; por favor, di no; por favor, di no...

—No, está bien...

Jodidas gracias.

—. .simplemente no quiero que te decepciones.

Me río un poco, porque no es lo más absurdo que he oído; pero se encuentra cerca de serlo.

—Eso es... realmente imposible.

Pero ahora me encuentro intrigado. Me deslizo hacia arriba de nuevo, hasta que puedo besarla en la boca y sus tetas se presionan fuertemente contra mi pecho de manera deliciosa. Entonces muevo las caderas, frotando nuestras mitades inferiores. Hinata gime y chupa mi cuello, metiéndose en esto.

—¿Por qué crees que no puedes venirte con mi cara entre tus piernas? —le pregunto al oído.

—¿Realmente necesitamos hablar de esto ahora?

—Soy abogado. Hacer preguntas me excita. Que las respondan es demasiado caliente, también.

—Solo... —jadea—. Parece que no puedo relajarme lo suficiente nunca, ¿sabes? Mi mente siempre se va a la deriva. Siempre preocupada. Le trazo la oreja con la lengua, soplando suavemente.

—¿Preocupada por qué?

Pasa las uñas por mi espalda.

—Ya sabes... los sonidos que hago, a que... huelo... que sabor tengo...

¿Bromea? No hay manera en el infierno que vaya a dejar pasar esto.

—Cierra los ojos, Hinata.

Lo hace. Y envuelvo su mano alrededor de mi longitud; acariciando lentamente.

Tan jodidamente bueno.

—Ahora di mi nombre.

—Naruto.

Cristo.

—Una vez más —gruño—. Gímelo.

—Naaaaruto.

Me pongo más duro, más caliente; en su mano. Froto su pulgar en el líquido pre seminal que se escapa de la punta, extendiéndolo alrededor de la cabeza.

—¿Sientes eso? —Jadeo rudamente.

—Sí —jadea—. Sí.

—Eso es lo que tus sonidos me hacen sentir.

Mantiene la mano sobre mi polla mientras la mía roza su estómago y se mete en sus bragas. Se encuentra suave e hinchada; y tan jodidamente empapada que tengo que morderme los labios para no gemir. Deslizo los dedos por sus labios vaginales, donde se halla cálida y húmeda.

Y entonces levanto los dedos y se los paso por el labio superior.

—¿A qué hueles?

Respira tan fuerte con la boca abierta, que le toma un momento responder.

—Yo... huele a limpio... caliente. Oh, Dios, huele a que te deseo demasiado.

Qué gran respuesta.

Zambullo mis dedos de nuevo, rodeando su abertura, burlándome de ambos. Entonces los paso sobre sus labios, untándola con su propio deseo.

Entiende lo que hago y pasa la lengua sin tener que decírselo.

—¿A qué sabes, Hinata?

—Dulce... —jadea—. Cálida... espesa... como la miel.

Y no puedo contenerme un segundo más. Mi boca se estrella en la suya, chupando toda la dulzura de sus labios. Lamiendo cada gota. Cuando finalmente me aparto, le prometo—: Ahora voy a hacer que te vengas. Y va a ser tan jodidamente bueno para mí como para ti. Probablemente mejor.

La necesidad me abruma. Tiro de las bragas por sus piernas y la abro más ampliamente. Y luego mis labios se encuentran sobre ella como un beso con la boca abierta, lamiendo y chupando, arponeándola con mi lengua.

Su espalda se arquea y sus caderas se sacuden contra mí. La agarro y la sujeto, metiendo la lengua profundamente, saboreando el cielo. Empujo más fuerte, cubriéndola con mi rostro, jodidamente ahogándome. Y es sublime. La devoro como si fuera la última comida en la tierra, la devoro como la exquisitez que es.

Mi lengua frota fuertes y pequeños círculos sobre su clítoris y deslizo dos dedos en su interior. Su musculo se tensa mientras bombeo la mano y gimo.

Y entonces se viene, duro y largo; latiendo alrededor de mis dedos, contra mi boca. Me arrastro hacia arriba, limpiándome la boca con el brazo, sin darle tiempo a recuperarse. Sin ser capaz de esperar.

Toma mi cara en sus manos y trae mi boca a la suya. Agarro mi polla con firmeza, arrastrando la cabeza a través de su coño, burlando en su abertura.

Y luego, poco a poco, empujo dentro. Sólo la cabeza.

Joder, está apretada. Cierro los ojos con fuerza mientras su coño se cierra alrededor de la punta de mi polla, sus músculos se contraen, empujándome más profundamente.

Espera, grita mi cerebro. Espera, espera, espera...

Me levanto apoyado en los codos, mi cuerpo y mi mente batallan por cordura. Por algún tipo de maldita compostura. Porque necesito alejarme. Necesito conseguir un condón.

Y es como si pudiera leerme la mente.

—Estoy en control de natalidad —jadea, sonando con tan poco aliento y alterada como me siento—. Uso el método del parche. Yo... me he hecho los exámenes, en la escuela clínica. Me encuentro limpia. No ha habido... No hago esto. Nunca. Pero quiero que sea realmente bueno para ti...

Ya ha superado cualquier otra experiencia pasada, y ni siquiera me he venido todavía.

—Y...

Acaricia mi cara, suave y tiernamente. Miro esos hermosos ojos grises.

—... y confío en ti, Naruto.

No es inteligente, en realidad; es muy estúpido, especialmente para mí. Especialmente después de todo lo que pasó y de las últimas tres semanas de infierno. Pero sentirla desnuda. Deslizarme en su interior sin nada entre nosotros... ¿cómo puedo decir que no a eso?. De verdad debo de haber perdido la cabeza.

Porque no me niego.

—Puedes... —lo juro—. Puedes confiar en mí. No te lastimaré.

Asiente, con los ojos fijos en los míos. Y eso es todo lo que necesito. Mis caderas se mueven hacia adelante, empujando lentamente, centímetro a tortuoso centímetro. Es el infierno y el cielo, todo en uno. Agónica y enloquecedoramente lento.

La siento estirarse a mí alrededor. Haciendo espacio. Se encuentra apretada, tan cómoda y caliente que bordea el dolor. El mejor tipo de dolor.

Un gemido brota de sus labios y casi enloquezco.

—¿Te encuentras bien? —jadeo desesperadamente—. ¿Se siente bien? Se arquea para besarme, gimiendo contra mis labios.

—Sí... muy bien. Me deslizo hacia atrás, sólo un centímetro, entonces me flexiono hacia delante de nuevo. Tiro y empujo, deslizándome por ese maldito canal apretado hasta que me hallo completamente adentro. Hasta que mis bolas descansan contra su culo. Tan profundo. Tan mojado.

Cierro los ojos y los ruedo; y soy consumido por la sensación de Hinata envuelta alrededor de mí. Su olor, sus gemidos, el sabor de sus labios, el agarre de sus manos sobre mi espalda, en mi culo; me abruma. Todo lo demás se desvanece, y me pierdo en este perfecto momento, centrado exclusivamente en donde me hallo enterrado profundamente en su interior.

Con casi un matiz de arrepentimiento, me retiro. Sólo para gemir cuando me vuelvo a deslizar en su interior. Esto no es follar. O joder. Esto es algo diferente, algo más, algo que no tiene nombre.

—Naruto... Oh, Dios... Más rápido.

Sus caderas se levantan a mi encuentro y pierdo la noción del tiempo. Todo lo que existe es el rozar y jadear, besar y susurrar, golpear y pulsar. Más duro, más profundo y mucho más. El placer va más allá de lo que he conocido.

El calor eléctrico abrasa mi espalda. Siento los músculos de Hinata palpitando a mí alrededor, apretando mientras jadea debajo de mí. Y cuando me empiezo a venir, la única palabra en mi mente es su nombre.

—Hinata... Hinata...

Me lo imagino; empujando, latiendo profundamente en su interior, llenándola. Y la imagen me hace venir mucho más duro.

Con el tiempo, el agudo placer se desvanece, se suaviza, y se convierte en un zumbido agradable a través de mis extremidades. La conciencia regresa y levanto la cabeza del hueco de su cuello, mi nuevo lugar favorito, para verla sonreír soñolientamente.

Y en todo lo que puedo hacer es en devolverle la sonrisa.

Paso la mano por su cabello húmedo, siento el sudor deslizarse por nuestros cuerpos juntos, mientras salgo de su interior con un gruñido, y luego me muevo a un costado, arrastrándola contra mí. Envuelvo los brazos a su alrededor y la beso en la frente con más ternura de la que nunca supe que era capaz.

Continuará...