¡Sostente!


El dia D


Por la mañana, recuesto a Hinata suavemente sobre la cama, luego me dirijo hacia la cocina. Pongo a preparar una taza de café, suelto al perro, y lleno su plato con comida. Contempla el recipiente con ojos tristes, entonces lo rechaza, acurrucándose en una bola en el sillón con un profundo suspiro. Le acaricio sus orejas planas.

—Sé cómo te sientes, amigo.

Le llevo una taza de café a Hinata, lo coloco en la mesita de noche, y me siento en la cama. Cuando pongo mi mano en su cadera, sus ojos se abren de golpe con una inhalación rápida de aliento, como si hubiera sido despertada de una pesadilla. Ella mira a su alrededor, y su cara se oscurece cuando se da cuenta de que su pesadilla es la realidad. Se recuesta de nuevo sobre la almohada, observándome.

—Gracias por lo de anoche. Por estar conmigo.

—No hay de qué. —Empujo un mechón de cabello detrás de su oreja—.Tengo que ir a la oficina, a prepararme para la audiencia del lunes.

—De acuerdo. Gracias. —Su voz se apaga. Y el silencio antinatural de la casa se cierra en nuestro alrededor—. ¿Puedo ir contigo?

—Claro que puedes.

Mientras que Hinata se viste, llamo a Sasuke y Sakura, luego a Sai. Los actualizo con los acontecimientos de ayer y les digo que me encuentren en la oficina. Los procedimientos de la corte de familia son ligeramente diferentes, así que voy a tener que familiarizarme con ellos, pero en esencia, la audiencia de custodia no es tan diferente que la de un juicio. Necesitaré pruebas y un montón de jurisprudencia para sostener mi argumento de que los niños pertenecen con Hinata y que el CFSA(Agencia de servicios a niños y familias) estaba fuera de lugar para llevárselos en primer lugar.

Hinata entra en la habitación, bebiendo su café, con vaqueros y una camisa de franela roja suelta. Su cabello recogido en una coleta alta, brilla de color negro azulado que resalta por la luz del sol de la ventana.

Ella luce... mejor, pero no bien.

De la forma en que un plato de porcelana luce cuando se rompió en pedazos y fue pegado para juntar las piezas. Pero sabes que la más mínima vibración podría hacer añicos todo de nuevo.

Nos detenemos para comprar panecillos en el camino a mi apartamento, donde me cambio de ropa, y luego nos dirigimos a las oficinas de Adams & Shimura. Trabajar el sábado es bastante común allí, así que hay algunos abogados moviéndose alrededor en ropa casual de fin de semana. Dirijo a Hinata hacia mi oficina, donde Sasuke, Sakura, y Sai ya están esperando. Después de una ronda de abrazos de simpatía para Hinata y unos golpecitos en el brazo para mí, nos sentamos alrededor de mi escritorio.

—Ellos tienen condenadamente todo —maldigo, hojeando el informe de servicios sociales que acompañaba a la orden de la corte. Y en el papel, no se ve bien—. El arresto de Log y su brazo roto, Chõchõ siendo detenida después de la fiesta, las cosas con Mitsuki y Kawaki Sheridan. Incluso mencionan el acto de desaparición de Namida. ¿Es que pusieron micrófonos escondidos en toda la maldita casa?

—Probablemente entrevistaron a los vecinos —sugiere Sakura—. Los padres de los amigos. Hinata, el informe menciona el retraso en el habla de Hima, ¿el cual la CFSA afirma que no has abordado adecuadamente?

Hinata niega.

—Ella no tiene un retraso en el habla, todos los niños fueron habladores tardíos. Alteró a Karui al comienzo, pero el pediatra siempre dijo que era totalmente normal.

Me dirijo a Sakura.

—Tenemos que conseguir una declaración del pediatra. Y del terapeuta de Log. Y de sus profesores, son niños inteligentes, les va bien en la escuela; va a funcionar a nuestro favor.

Sasuke asiente.

—Y voy a investigar a Suigetsu Hõzuki y la CFSA. Ver cuál ha sido su trayectoria últimamente.

Nos dividimos hacia nuestras respectivas tareas. Antes de que Sai comience a ayudar a Sakura con esas declaraciones, instala a Hinata cómodamente en el sofá de cuero junto a la ventana. Le da una taza de té caliente, entonces saca su licorera y vierte un poco en su taza.

—Un pequeño trago en la mañana es algo bueno. Pone en marcha la sangre.

—Gracias, Sai.

—No te preocupes por nada. Han despertado a un gigante dormido. Y Naruto es el gigante más espantoso por estos alrededores.

Unas horas más tarde estoy en la biblioteca de la firma, buscando varios volúmenes entre las largas y llenas filas. Siento a Sasuke observándome mientras saca su propio libro de la estantería.

—¿Cómo estás, hombre?

—¿Cómo crees que estoy? —respondo sin levantar la vista.

—Creo que estás todo enredado en tu interior. No puedes decidir a quién quieres matar primero. Así es como yo estaría, si fuera Sarada. —Hace una pausa, esperando mi respuesta.

Saco un libro de la estantería y escaneo sus páginas

—Sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti, Naruto. Lo que sea que necesites.

Cierro el libro de golpe con una explosión, y lo miro, no porque haya hecho algo malo, sino porque simplemente está allí.

—La casa de un niño es como su fortaleza. Los protege del coco, o de quién rayos los niños le tengan miedo hoy en día. —Mis dientes rechinan—. Y entraron a su casa y se los llevaron, Sasuke. ¿Sabes lo que eso le hace a un niño?

Asiente.

—Sí, lo sé.

No quiero hablar de esto. Yo solo... no puedo... ir allí ahora mismo.

— ¿Quieres que me sienta mejor? —Empujo el libro en mis manos contra su pecho—. Encuéntrame algo que pueda usar para entrar allí el lunes y clavar a este hijo de puta contra la pared.

Unas horas después de eso, estoy en mi escritorio, trabajando en nuestra respuesta a la moción de CFSA por la custodia. Hinata se movió a una silla más cerca de mí. Se queda sentada, acurrucada como un gatito, observándome.

—¿Qué es eso? —pregunta, señalando un gran libro de texto abierto en mi escritorio.

—Esos son los estatutos. Las leyes sobre la custodia de los hijos.

Apoya la cabeza sobre su mano.

—¿Por qué están escritos de esa manera?

—Bueno, la respuesta clásica es que no hay espacio para la interpretación. Para que así nadie pueda argumentar que significa otra cosa que no sea lo que dice exactamente. Pero creo que están escritos de esa manera sólo para que los abogados puedan ganar montones de dinero al decirles a todos lo que significan.

Mi respuesta le saca una suave sonrisa.

—¿Y qué es eso? —Apunta a otro volumen en mi escritorio.

—Esa es la jurisprudencia pertinente. Decisiones que otros jueces han tomado en casos similares al tuyo. Lo utilizo para sustentar mi argumento. A los jueces les gusta seguir a la multitud, son realmente el tipo de personas de hago-todo-lo-que-los-niños-geniales-están-haciendo.

Sonríe otra vez, parpadeando lentamente, pareciendo totalmente desgastada. Aparto su cabello.

—Cierra los ojos, Hinata. Descansa un poco.

Y ni siquiera discute conmigo.

Es de noche cuando Hinata y yo nos metemos en mi coche. Traigo algunos archivos a casa conmigo, las cosas en las que voy a trabajar más adelante, pero parecía que ella estaba acabada. No podía soportar estar encerrada en la oficina por un minuto más. En contraste con su actitud agotada de antes, parece estar conectada ahora. Prácticamente vibrando con energía no utilizada. Desesperada.

Su pie patea el suelo del coche.

—¿Podemos recoger al perro y quedarme en tu casa esta noche?

No tengo que preguntar por qué me está pidiendo eso. Sin los niños, la casa se siente como una tumba

—Por supuesto.

Asiente.

—Oye... detente aquí muy rápido. —Apunta a una tienda de licores más adelante, su letrero verde de neón brillando contra la oscuridad. Me estaciono en la acera y Hinata sale. Regresa unos minutos después, una gran bolsa de papel marrón en mano. Cuando llegamos a su casa, se queda en el coche mientras agarro a Cosa, entonces nos dirigimos a mi casa. Hinata coloca al perro en el suelo en el salón de mi casa y se va directamente a la cocina.

Me paro en la puerta, mirándola mientras toma dos vasos de chupito del armario y los llena con la botella de vodka que sacó de la bolsa. Sus movimientos son exactos, enojados. Se bebe un trago como una profesional y va por un segundo. Exhala con fuerza después del segundo chupito, y luego fija su mirada en mí.

Coge uno de los vasos y camina hacia mí; un poco del líquido claro chapoteando en el suelo mientras se mueve. Su rostro es serio, duro, y esos ojos de cristal brillan con una luz casi depredadora. Y jódeme si mi polla no responde a la energía frenética que emana de ella.

Tomo el vaso de su mano tendida, y mantengo mis ojos fijos en los de ella, tragándome el líquido. Hinata se lame los labios y retrocede un paso. Luego se desabrocha la camisa lentamente como un desafío. La camisa golpea el suelo y sus vaqueros le siguen después.

—No puedo dejar de pensar. —Su usualmente voz dulce es más baja, más áspera, casi como un gruñido—. No puedo apagar mi cerebro, ¿sabes? — Sus ojos caen al vaso de chupito mientras se sirve otro, pero no lo bebe todavía—. Me está volviendo jodidamente loca. No quiero pensar en absoluto, en nada de esto. —Entonces me mira a través de sus largas pestañas—. ¿Crees que me puedes ayudar con eso?

Me muevo rápido, sorprendiéndola. Mi mano arremete, agarrando la parte posterior de su cuello. Es un agarre duro y contundente, y la jalo más cerca hasta que siento su piel desnuda justo contra mí. Levanto el vaso de chupito.

—Abre.

Hinata separa sus labios y llevo el vaso hasta ellos, vertiendo el líquido. Tan pronto como lo traga, mi boca esta sobre la de ella, chocando y colisionando, saboreando el aguijón de vodka y su dolor.

Me retiro y ella está jadeando. Mi otra mano roza su estómago, cubriendo su pecho. El pezón se endurece bajo mi palma y me aclaro la garganta. —Sí. Sé justamente cómo ayudarte con eso.

Y ninguno de los dos tiene la oportunidad de pensar en otra cosa el resto de la noche.

Domingo por la mañana, Hinata se despierta antes que yo. Siento su movimiento alrededor de la habitación, recogiendo su ropa, vistiéndose, cuidando al perro. Regresa a la habitación y se sienta en el borde de la cama, esperando a que abra mis ojos. Cuando lo hago, hay más vida en sus rasgos. Mas determinación. Y el nudo que ha estado en mi estómago durante los últimos dos días se afloja un poco.

—Me gustaría ir a la iglesia hoy. —La esquina de su boca se curva un poco—. Karui y Neji solían llevar a los niños a la iglesia cada semana, pero no lo he hecho todavía. Lograr que todos estén vestidos y en la puerta es una larga tarea. —Hace una pausa, probablemente imaginando a los niños y toda su entretenida dificultad en su mente—. Pero me gustaría ir hoy. ¿Quieres venir conmigo?

Soy un cínico puro cuando se trata de religión. Además de los funerales, las bodas ocasionales, o servicios con mi madre cuando era un niño, no voy a la iglesia. Pero me oigo diciendo—: Sí, voy a ir contigo.

Dejamos a Cosa en la casa de Hinata, donde se cambia de ropa a un vestido amarillo de manga corta con tacones a juego. Sigo a la multitud en la misa, me arrodillo y me levanto, pero en su mayoría, simplemente la miro. La forma en que sus labios se tocan las manos cuando inclina su cabeza en la oración, la expresión serena en su rostro mientras el sacerdote da su bendición final.

Nos detenemos junto a mi coche en el estacionamiento de la iglesia.

—No sé qué hacer conmigo misma. —Se ríe Hinata sin humor—. Todos estos meses parecía que nunca había suficiente tiempo, y ahora que lo hay... no lo quiero. — Mira en mi dirección—. Tienes eso que haces en las tardes todos los domingos, ¿verdad?

Se dio cuenta que desaparezco todos los domingos, pero nunca me preguntó sobre ello. Me pregunto si esperaba que se lo dijera yo mismo.

—Sí, lo tengo.

Asiente y justo cuando empieza a verse resignada por pasar una tarde solitaria, digo—: ¿Quieres venir conmigo?

Su cabeza se levanta de golpe.

—Sólo... solo si quieres que lo haga.

—Hay alguien que quiero que conozcas.

Sostengo la mano de Hinata mientras caminamos por los pasillos de la Casa de Retiro Brookside. Marietta está justo saliendo de la habitación del Juez cuando llegamos a su puerta.

—Hola, Naruto. —Me saluda con una amplia sonrisa.

—Hola, Marietta. ¿Cómo está hoy?

—Oh, cariño, está teniendo un muy buen día.

Suelto un jodido respiro en alivio. La última cosa que quería, era poner a Hinata más deprimida de lo que ya está; y el Juez en un mal día no es un espectáculo feliz.

Asiento mientras paso por delante de ella y entro en la habitación con Hinata justo detrás de mí.

Él está leyendo en su silla de cuero junto a la ventana, vestido con un suéter azul oscuro y pantalones marrones, esos feos mocasines marrones en sus pies.

—Hola, viejo.

Su rostro se ilumina, sus ojos confiados y maravillosamente conscientes.

—¡Naruto! —Cierra su libro y se levanta, envolviéndome en un abrazo fuerte—.Es bueno verte, hijo. ¿Cómo estás?

—Estoy bien, Juez.

Sus ojos caen en Hinata y me lanza una sonrisa arrugada.

—Puedo ver la razón. —Le ofrece su mano—. Hola, querida, soy Jiraya Sannin.

Hinata le da la mano con una sonrisa enorme.

—Soy Hinata Hyûga... es maravilloso conocerlo. Naruto me ha dicho todo sobre usted.

—Lascivas mentiras, estoy seguro. —Guiña—. Siéntate, siéntate. Deja que te traiga un poco de té, Marietta acaba de traerme una olla.

Una vez que estamos sentados, con nuestros vasos en frente de nosotros, Juez le dice Hinata—: Eres hermosa, querida.

Y se sonroja.

—Gracias.

—Ahora, debo pedir disculpas por adelantado, Hinata, si digo o hago cualquier cosa que te haga sentir incómoda. Yo... olvido las cosas... muy rápidamente y, a menudo últimamente.

Hinata sonríe; luciendo más bonita que cualquiera de los santos en los vitrales de la iglesia.

—No se preocupe. Si olvida algo, estaremos aquí para ayudarlo a recordar.

Y por mi jodida vida, no sé cómo ella lo ha logrado hasta ahora sin tener un montón de órdenes de restricción, o sin regalos o tarjetas, y flores obstruyendo su buzón todos los días. Debido a que mientras la veo con el Juez, no sé cómo alguien podría conocerla y no estar ridícula y perdidamente enamorado de ella.

Más tarde esa noche, Hinata y yo estamos de vuelta en su casa... bañándonos juntos en la bañera de gran tamaño fuera de su dormitorio. Se encuentra sentada frente a mí, su espalda contra mi pecho, su cabello recogido, unos mechones húmedos colgando, haciéndole cosquillas en la cara. Ha estado en silencio durante un buen rato; sólo los sonidos del agua ondulante contra el lado de la bañera perturbando el silencio.

—¿Qué pasa si perdemos mañana?

Mis labios permanecen en su hombro.

—No lo haremos.

—Pero, ¿y si lo hacemos? ¿Van a... —Su voz se quiebra— ...¿Van a dejarme verlos? ¿Tener visitas?

Se da la vuelta para mirarme y elijo mis palabras cuidadosamente.

— Conozco gente que... puede saber dónde están los niños. Y conozco otras personas que hacen identificaciones, pasaportes y esas cosas. Pero de los buenos. —Paso mi dedo a lo largo de su mandíbula—. Así que... si perdemos, voy a llamar a esa gente. Vas a sacar todo el dinero que puedas... y simplemente te vas.

—¿Cómo... a México?

Me río.

—No. La brillante y blanca piel Hyûga se quemaría bajo el sol

mexicano. Puede ser... ¿Canada? Me pregunto si Hima aprendería más rápido el francés.

Hinata me mira fijamente, y sus ojos lucen un tono más oscuro. Más profundos.

—¿Harías eso por nosotros?

Mis dedos recorren su suave mejilla.

—No puedo pensar en algo que no haría por ustedes.

Y ese hecho me asusta a mas no poder.

Las gotas de agua se derraman sobre el borde de la bañera mientras se levanta sobre sus rodillas, a horcajadas sobre mis caderas. Nos besamos por minuto que se siente como horas. Su mano se sumerge debajo del agua, acariciándome a pesar de que ya estoy duro y caliente en su palma. Y cuando nos acomoda, se hunde, lento y suave. Mis brazos se envuelven a su alrededor, atrayéndola, más cerca, y beso sus pechos, jugando con sus pezones con mi lengua.

Sus caderas suben y bajan; me muevo dentro de ella a un ritmo pausado y constante. Y cuando espasmos recorren su cuerpo, provocándole un suave gemido, cuando me hundo profundamente dentro de ella con un gruñido áspero, se siente como más. Como todo. Como nada que haya probado antes y algo que no podré encontrar con nadie más.

La cabeza de Hinata todavía descansa en mi hombro un tiempo después de que el agua se vuelva fría. Finalmente, salimos de la bañera, nos secamos, y nos quedamos dormidos en su cama, envueltos alrededor del otro.

A las diez de la mañana del día siguiente, Hinata y yo caminamos dentro de la sala 7-A en el Tribunal de Familia del Distrito. Tomamos nuestro lugar en nuestra mesa designada; y Sasuke, Sakura, y Sai se sientan en la primera fila detrás de nosotros. Hinata está nerviosa pero serena. ¿Y yo? Estoy listo y estoy hambriento por una victoria. Es la sensación que siempre tengo. Nada de nervios, sólo afán.

La abogada que representa a la Agencia de Servicios de Infancia y Familia tiene su propio lugar en la mesa a través del pasillo principal a mi izquierda, y está alisándose la falda de su conservador traje negro, de buena confección.

Es una pelirroja de unos cuarenta años que se ve casi tan segura como me siento. El alguacil anuncia que la corte está en sesión y todos nos levantamos cuando una juez mujer con cabello gris, entra en la habitación. Pasa a través de las formalidades, y entonces me pide que comience.

—Hago un llamado al director de la Agencia, Suigetsu Hõzuki, Su Señoría.

Suigetsu entra. Juró y se sentó en el banquillo de los testigos.

—Sr. Hõzuki, ¿Ha visto a Hinata Hyûga antes de hoy?

—No.

—¿Alguna vez la conoció, visitó su casa?

—No.

—¿Le envió un correo electrónico?

Hõzuki se aclara la garganta.

—No.

Asiento, en acuerdo.

—¿Alguna vez ha entrevistado a alguno de los niños Hyûga?

—No.

Salgo de detrás de la mesa y me reclino contra ella.

—¿Y sin embargo se sintió capacitado para ignorar la recomendación de la trabajadora social del caso, Anko Mitarashi, quien ha visto, ha visitado y entrevistado la señorita Hyûga y los niños para pedir que se le quitara la custodia?

—Lo hice, sí.

—¿Y cómo hizo esa determinación, Sr. Hõzuki?

—Reviso periódicamente los archivos de todos los casos llevados en mi agencia. El archivo contenía toda la información que necesitaba. Es mi trabajo ser crítico. Para determinar quién es adecuado para la custodia — Sus ojos observan a Hinata y realiza una pausa—, y quién no.

Idiota. Este hijo de puta es un idiota tan grande que ni siquiera el perro lo querría.

Me muevo a la derecha, bloqueando a Hinata de su vista.

—Su esposa es una mujer afortunada. —Niego con la cabeza—. Tiene un conjunto de pelotas...

—Su Señoría. —El abogado de la agencia se pone de pie.

El juez asiente con la barbilla, bajando la vista.

—Ese comentario le costará quinientos dólares, Sr. Uzumaki. Va a mantener el decoro apropiado en mi sala de audiencias o su cliente buscará un nuevo representante. No habrá otra advertencia. ¿He sido clara?

La mayoría de los jueces tienen poco sentido del humor.

—Clara como el cristal. Mis disculpas.

Entonces pongo mi mirada de nuevo sobre el señor Hõzuki.

—Dejemos eso para más adelante. Por el momento, ¿puede decirme si el nombre de Carrie Morgan es familiar para usted?

Piensa por un momento, y luego niega con la cabeza.

—No.

Tomo un archivo de la mesa y echo un vistazo a su contenido.

—Hace tres años, Carrie, de siete años de edad, fue puesta bajo la custodia de la Agencia, cuando su madre fue declarada culpable de cargos federales por drogas. Fue colocada con una familia de acogida, bajo la supervisión de su agencia. Seis meses más tarde, se encontraba muerta, por un trauma con un objeto contundente en la cabeza. La autopsia encontró signos compatibles con abuso. —Clavo una mirada, los ojos tan fríos como mi voz—. ¿Le suena?

—No estoy familiarizado con los detalles de ese caso, no.

—Hmm. Está bien. —Agarro otro archivo de la mesa—. ¿Qué hay de Michael Tillings, trece años? ¿Está familiarizado con su caso?

Hõzuki se mueve incómodamente en su asiento.

—Sí, lo estoy.

—Bien. Informe a la corte, Sr. Hõzuki, ¿qué le pasó a Michael Tillings?

—Falleció.

Responde, clavando sus talones en el suelo, como si fuera empujado a un acantilado al que no quiere acercarse. Y soy el hombre que lo empujará más cerca.

—¿Falleció? Esa es una forma muy delicada de decirlo. Fue asesinado, ¿no es eso correcto? ¿En un hogar, dirigido por la Asociación, fue golpeado por otros niños en la instalación?

A regañadientes, responde—: Sí, sospechamos que estaba vinculado con una pandilla.

—Pandilla vinculado o no, el niño murió. Mientras se encontraba bajo la custodia de su Agencia.

Hõzuki asiente, su mirada plana.

—Eso es correcto.

Tomo un tercer archivo.

—Matilda Weiss, cuatro años.

El abogado de la oposición aparece como un roedor.

—¿Qué tiene que ver esto con la competencia de Hinata Hyûga como tutora?

—Estoy llegando, Su Señoría.

—Llegue rápidamente, Sr. Uzumaki —responde.

—Cuénteme sobre el caso Weiss, Sr. Hõzuki, su firma está en su expediente. Se frota las manos en los pantalones, inhala, y luego responde—: Hubo una denuncia de abuso infantil contra la familia Weiss.

—¿Investigó? ¿Visitó el hogar, realizó las entrevistas?

—Sí.

—¿Cuáles fueron sus conclusiones?

Hace una pausa, como si realmente no quisiera contestar. Pero realmente no tiene otra opción.

—Determiné que no había pruebas suficientes de abusos para justificarlo. Mis dedos cosquillean por la energía no utilizada.

—¿Así que cerró el expediente del caso?

—Sí.

—Y dos meses más tarde, ¿qué pasó?

—Un vecino encontró a Matilda, hurgando en la basura. Buscando comida. —Porque sus padres la mataban de hambre —declaro, con el estómago revuelto.

—Sí.

—¿Abusada, pese a que determinó que no existía tal abuso?

Por primera vez, me mira a los ojos, su expresión tensa y culpable. Atormentado por los fantasmas de niños perdidos y nombres sin rostro.

—¿Cuál es exactamente el punto, el Sr. Uzumaki?

Camino más cerca. —Dijo que su trabajo es era ser crítico para determinar quién es un tutor adecuado y quién no. Por lo tanto, mi punto, Suigetsu, es que a veces usted y su agencia se equivocan.

Dejo que las palabras cuelguen.

Caminando de regreso a la mesa, agrego—: ¿No le parece?

—No, no lo hace.

—Ah, ¿no? —Levanto una caja del suelo y la coloco sobre la mesa—.Tengo una caja llena de ejemplos trágicos que dicen lo contrario. Podemos hacer esto todo el día.

Tartamudea.

—Cada... cada caso es diferente. Simplemente porque las circunstancias pueden haber sido pasadas por alto en un caso no significa que habrá errores en el próximo. —Toma un respiro, componiéndose—. Habla de niños, Sr. Uzumaki, recita sus nombres y edades, porque son sólo nombres para usted. Para mi... son importantes.

No podía ser más hijo de puta. No son sólo nombres, son caras. Chõchõ, Log, Namida, las vi a todas en las páginas de esos informes horribles.

—Haré todo lo que esté a mi alcance para no fallar con otro niño bajo nuestro cuidado. —Hõzuki da golpecitos con el dedo en la cornisa del estrado de los testigos—. Lo cuál es precisamente la razón por la que los niños Hyûga deben permanecer bajo nuestra custodia. Las banderas rojas...

Golpeé mi mano sobre la mesa.

—Banderas rojas... estoy muy contento de que trajera ese tema. Vamos a hablar de ellas. —Mis movimientos son rápidos y seguros, cuando acecho de un lado a otro frente a él—. ¿Dijo que una combinación de eventos fueron los que lo empujaron a quitarle la custodia de los chicos Hyûga a Hinata?

—Correcto.

—Uno de esos eventos fue que Chõchõ Hyûga fuera detenida en una fiesta donde el alcohol estuvo presente.

—Sí —contesta y empieza a dar un sermón—. Consumir alcohol es una señal de la falta de supervisión de los padres.

Levanto mis cejas.

—¿Es consciente de que el cincuenta y un por ciento de los adolescentes experimentan con alcohol antes de su decimoquinto cumpleaños?

—No puedo decir si eso es cierto o no, no sé la estadística exacta.

Una vez más me muevo hacia adelante, más cerca de él.

—Pero si fuera cierto ...el cincuenta y un por ciento, sería el promedio, ¿no?

—Eso no significa que sea permisible...

—No, Suigetsu, no lo es. Simplemente hace que sea normal.

Doy la vuelta a la página del archivo con un chasquido y coloco mi dedo en el centro.

—¿Su siguiente evento? ¿Log quebrándose el brazo?

—Eso es correcto. Las lesiones graves, y fracturas, son siempre motivo de preocupación.

—¿A pesar de que más de siete millones de personas se quebraron un hueso en el país el año pasado? —le informo—. ¿A pesar de que el adulto promedio habrá sufrido dos fracturas de huesos en su vida? Log es un niño sano y activo de nueve años de edad, por lo que una vez más, según estas estadísticas sería más sorprendente si no se hubiera roto el brazo en algún momento.

Suspira. Y se frota los ojos. Porque estoy agotándolo. Estresándolo.

Bien.

—¿Qué más le llamó la atención en el desfile de banderas rojas? — pregunto.

—El arresto de Log Hyûga, así como el altercado físico entre uno de los otros menores de edad y un compañero de clase en la escuela.

—El nombre del otro menor es Mitsuki. Y de nuevo, una pelea en el patio de la escuela no es realmente atípico para un chico de su edad.

—No. —Hõzuki ajusta su gafas—. Pero cuando se agrega a los otros asuntos...

—¿Es consciente de que estos niños perdieron a ambos padres de manera violenta? ¿Inesperadamente?

—Sí, pero...

—¿Se le ocurrió que actuaban emocionalmente? ¿Luchando para lidiar con el trauma emocional que tuvieron que soportar?

—Sin embargo...

Doy un paso más cerca, y mi voz se elevaba con mi ira. Debido a que no se tomó el tiempo, no se molestó en ver a ninguno de ellos. Todo porque pensaba que sabía que era lo mejor.

—¿Durante un segundo se le ocurrió que la razón de que las banderas eran tan numerosas es porque son muchos niños? Niños perfectamente normales que experimentan todos los días situaciones... ¡simplemente todos al mismo tiempo!

—No. No sabes...

—Le diré lo que sí sé, Suigetsu —escupo—. Sé que alejaste a estos niños de la única familia que les queda. Que los tomaste del único hogar que conocen, donde se querían, y eran amados, y sobre todo, ¡se encontraban a salvo!

—¡Ellos no estaban a salvo! —grita de regreso, apuntando en la dirección de Hinata—. No está capaci...

—No sabría si está capacitada si llegara y se tomara la...

El juez golpea el mazo y llama al orden.

Tomo una respiración profunda y retrocedo.

Levanto una mano suplicante ante la juez.

—Tan sólo una o dos preguntas más, señoría.

Ella no se ve feliz.

—Continua.

Mi voz es uniforme cuando pregunto—: Si Neji y Karui Hyûga hubiesen sobrevivido, y si todas las "banderas rojas" se hubiesen desarrollado de la misma manera, ¿hubiera tratado de poner fin a la patria potestad?.

Esta es la grande. Más importante que las estadísticas que he citado o los contra-argumentos que he dado.

—Trato con los hechos, Sr. Uzumaki. Verdades. No voy a responder a sus hipotéticos —se burla.

Hasta que el juez habla.

—En realidad, esa es una respuesta que me gustaría oír, Sr. Hõzuki. Si los niños hubiesen estado bajo la custodia de los padres biológicos, ¿la situación hubiera sido lo suficientemente grave, dada la información que tiene, para justificar su salida de casa?

Parpadea y traga. Mira y analiza. Pero no es tan tonto como para mentirle a un juez.

—En la medida en que puedo predecir una cosa así, señoría, si hubiera sido un hogar con dos padres, padres biológicos presentes... no. Probablemente no habríamos tomado la custodia de los niños.

—¿Incluso habrían estado en el radar de la Agencia? —pregunto—. ¿Un brazo quebrado, una pelea en el patio de recreo, una fiesta con alcohol? ¿Incluso habría oído hablar de los Hyûga?

Baja la vista, se mueve de nuevo, y luego dice—: Lo más probable... es que no.

Chasqueo. Nada para decir.

—He terminado con él, su señoría.

Después de que la abogada de la agencia cuestiona a Hõzuki, y refuerza sus afirmaciones sobre graves consecuencias y el medio ambiente potencialmente inseguro de la tutela de Hinata, se excusa. Aprieto la rodilla de Hinata debajo de la mesa, y luego me pongo de pie y la llamo como testigo. Ella jura y se sienta en el banquillo de los testigos, pareciendo pequeña, tímida. Atrapo su mirada y le doy una sonrisa, entonces me recuesto casualmente contra la mesa.

—¿Estás nerviosa, Hinata?

Mira a la juez, luego de vuelta a mí.

—Un poco, sí.

—No lo estés. Somos sólo tú y yo, teniendo una conversación.

Asiente y empiezo.

—Háblame de los chicos.

Hinata prácticamente brilla cuando habla de la mujer de carácter fuerte en

la que Chõchõ se está convirtiendo, en la energía precoz de Log, que un día lo llevará a hacer grandes cosas. Sonríe mientras habla de la naturaleza de Mitsuki, y como nadie puede estar en una habitación con Namida y no sonreír. Se atraganta cuando menciona a Hima y cómo aprende de sus hermanos y hermanas, y lo buen bebé que es Ronan, y lo mucho que quiere estar allí para verlo crecer en el niño increíble que sabe que será.

—Tienes veintiséis años —le digo—. Tenías toda una vida en Suna, amigos, un apartamento, la universidad. Y dejaste todo de lado y viniste aquí para ser la tutora de tus sobrinas y sobrinos. ¿Has pensado alguna vez en no criarlos? ¿En dejar que Servicios Infantiles encuentre nuevos hogares para ellos?

Levanta la barbilla.

—Nunca. Ni por un segundo.

—¿Por qué? —pregunto en voz baja.

—Porque los amo. Ellos son míos. Criarlos es la cosa más importante que alguna vez voy a hacer. —Sus ojos están húmedos, cuando se vuelve a la juez—. Y algunos días es difícil, su Señoría, pero incluso en esos días, hay tanta alegría. Son todo para mí.

Le doy a Hinata un asentimiento, haciéndole saber que lo hizo muy bien. Entonces me siento y el abogado de la agencia tiene su turno.

Ella está de pie.

—Señorita Hyûga, ¿cuál es la naturaleza de su relación con su abogado, Naruto Uzumaki?

Y me pongo de pie.

—Su Señoría, a menos que la abogada contraria esté sugiriendo que planteo algún tipo de peligro para los niños Hyûga, este tipo de cuestionamiento está completamente fuera de lugar.

—Estoy de acuerdo. Al lugar, abogada.

Ella continúa. Intentando hacer girar los incidentes con los niños en algún tipo de negligencia por parte de Hinata. Pero no hay daño. Donde no hay humo, no hay fuego.

Después de que Hinata es excusada, sigo con las declaraciones del pediatra, que da fe de la salud de los niños y cómo todos están al día en sus visitas. También tomo declaraciones de Sakura, Sasuke, y Sai, corroborando la competencia de Hinata como una tutora y para demostrar que tiene un sistema de apoyo.

La Agencia destaca el argumento de que en un principio ellos ganaron la custodia y ambos descansamos nuestros casos. La juez dice que va a deliberar y regresará con el veredicto tan pronto como sea posible, entonces la corte levanta sesión.

Después de que el juez sale de la sala de audiencias, Hinata se vuelve hacia mí.

—¿Y ahora qué?

—Ahora... esperamos.

Continuará...