¡Sostente!


Hombre de Familia


Al día siguiente, en el trabajo, estoy en la cima de la lista negra de Sakura. Esto queda más que evidente cuando viene descontroladamente a mi oficina y cierra de golpe la puerta detrás de ella. Ojos centellantes, cabello volando, coloca sus brazos en mi escritorio, inclinándose sobre mí.

Y tengo un nuevo respeto por Sasuke. Sakura puede ser malditamente muy intimidante cuando pone su mente en ello.

—¿Qué demonios está mal contigo?

—Si quieres una respuesta real, tendrás que ser más específica.

—Estás jugando con Hinata. Y tiene que parar.

Obviamente, Hinata la puso al corriente de nuestra interacción en el jardín. Me pregunto qué dijo, cómo lo describió. Y en realidad no me importa que Sakura esté poniéndose de su lado, Hinata merece tener a alguien cubriéndola.

—No era mi intención. —Débil. Tan jodidamente débil.

—La estás destrozando, Naruto. Ella no sabe cómo va a acabar.

Me estremezco.

—Así que o actúas o te largas. O eres su amigo, o eres más que su amigo, no puedes tener las dos cosas.

—¡Jodidamente sé eso! —espeto—. Soy su amigo.

Sakura se endereza, cruzando sus brazos.

—Entonces te sugiero que empieces a actuar como tal.

Los ataques verbales de Sakura me cabrearon el resto del día. Mi atención es una mierda debido a ello, así que me voy temprano y conduzco directamente a la casa de Hinata. Para hablar con ella. Para asegurarme de que estamos bien.

Porque jodidamente necesito que estemos bien.

Hay un coche extraño en el camino de entrada cuando paro, un blanco Chevy Suburban. La puerta principal está desbloqueada, así que entro. La casa está tranquila, por lo que hago mi camino hacia la cocina y miro por el cristal de la puerta trasera. Hinata está vistiendo un overol y una diminuta camiseta blanca.

Su cabello está recogido en un moño brillante. Ronan está gateando alrededor en una manta a su lado. Ella está en la huerta, golpeando el suelo con una pala, tal vez una azada.

Y no está sola.

A su lado, hablando con facilidad, balanceando su propia herramienta, está Gaara No Sabaku.

Y él... encaja. Parece como si perteneciera aquí, en una casa con jardín, una alfombra de perro, y una cochera para tres coches. El tipo de persona que va a las reuniones de la Asociación de Padres y Maestros y a los congresos de los Boy Scouts.

Ellos encajan —él y Hinata— tan jodidamente nauseabundo como me hace admitirlo. Pienso en el retrato de boda de Karui y Neji Hyûga en su habitación del segundo piso y así puedo imaginar fácilmente los rostros de Hinata y Gaara en su lugar.

Dejo caer mi mano del vidrio y me doy la vuelta. Lo hago hasta el vestíbulo antes que cinco de ellos se encuentran conmigo. Ellos parecen salir de la nada, como zombis chupadores de cerebro en una película de terror antigua. Solo que mucho más adorable.

—¿Solo vas a irte? —pregunta Chõchõ.

Los miro por un minuto, absorbiéndolos. Entonces sacudo mi cabeza.

— Gaara está aquí.

—Te queremos a ti —declara Mitsuki en voz baja. Sin cuestionar o dudar.

—Gaara es un tipo agradable, Mitsuki.

—Él no es tú —dice Log—. Te queremos a ti.

Todos asienten.

Luego Namida me pone de rodillas.

—¿No te gustamos más, Naruto?

¿Qué dices a eso? Quiero decir, realmente ¿cuáles son las jodidas palabras?.

—Ven aquí —le digo. Y ella camina hacia mis brazos. Me aclaro la garganta para desalojar el bulto que de repente ha surgido—. Por supuesto que me gustan. De todas las cosas en el mundo, ustedes seis son mis favoritas. Pero estoy tratando de hacer lo correcto aquí, chicos.

—¿Abandonándonos? —Log frunce el ceño.

Mi voz se vuelve aguda.

—No los estoy abandonando. Nunca. Pase lo que pase entre su tía y yo, siempre voy a ser su amigo. Por el resto de sus vidas. No me voy a ninguna parte.

Voces vienen desde la cocina y escucho el sonido de la puerta trasera cerrándose. Me pongo de pie mientras Hinata y Gaara entran al vestíbulo.

—Naruto. No sabías que estabas aquí.

Hay una adorable raya de suciedad en su mejilla que quiero quitar por ella. Justo antes de besarla.

—Sí, acabo de llegar. Es un buen día, pensé en llevar a los niños al parque. Si eso está bien contigo.

Ella sonríe apretadamente.

—Por supuesto que está bien. Solo traeré la chaqueta de Hima.

Otra semana pasa. No voy a más estúpidas citas dobles con Sai, no salgo a cualquier cita en absoluto. Incluso paro de masturbarme. Bueno tal vez parar es una palabra muy fuerte. Pero hay una disminución drástica.

Soy una terrible jodida compañía, incluso para mi propia polla.

Todo parece llevarme al camino equivocado. Y lo que es peor, las cosas que solía esperar, que me daban verdadera alegría una absolución, una solicitud concedida, ver un maldito partido de baloncesto simplemente parecen sin sentido. Huecas. Vacías.

Iwabe es arrestado de nuevo. Por vandalismo, destrucción de la propiedad. Y apenas me atrevo a gritarle. Él me pregunta si mi perro murió. Entonces, antes de que abandone mi oficina, me dice que mantenga mi cabeza en alto. Cuando Iwabe Bradley tiene lástima por ti, eso es jodidamente tocar fondo, justo ahí.

Pero ni siquiera me importa.

Apenas puedo soportarme a mí mismo, y después que la segunda semana pasa, al parecer, todo el mundo también ha tenido suficiente de mí. Porque una tarde, Sai, Sakura, y Sasuke se precipitan a mi oficina, y Sasuke cierra la puerta detrás de ellos. Sai cierra el portátil en mi escritorio y lo aleja, como si estuviera castigado o algo así.

—¿Qué diablos es esto?

—Esto es una intervención —dice el bastardo.

—No necesito una intervención.

—Bueno, es esto o Sasuke va a llevarte atrás e ir de Fiel Amigo sobre tu trasero.

Suspiro y miro a cada uno de ellos mientras se sientan frente a mí.

—Estoy bien.

—Nooo —Sakura sacude su cabeza—, eres lo contrario a lo que bien se parece.

—Eres miserable —dice Sasuke.

Gracias amigo.

—Hinata en cierta forma también es miserable —agrega Sakura, pero no me hace sentir mejor.

—Y ustedes dos nos están haciendo miserables —dice Sai—. Es como la ósmosis, está esparciéndose de ti. Está afectando mi encanto, y jodidamente tiene que parar.

—Naruto —Sasuke se para, sus ojos más serios—, es obvio que quieres estar con Hinata. ¿Por qué demonios no te sacas de tu miseria y estás con ella?.

Finalmente, un poco de fuego estalla en mi voz.

—Porque no quiero hacerle daño.

—Ella está herida ahora —argumenta Sakura.

—Pero de esta manera, ¡todavía consigo mantenerla! —Mi mirada se desplaza a cada uno de ellos, retándolos a decir que estoy equivocado—. Sé cómo luchar, y cómo ser un abogado, cómo ser un amigo —Ya estoy respirando con dificultad—. No sé cómo ser un hombre de familia.

—Creímos que podrías decir eso —asiente Sasuke, luego gesticula hacia Sakura—. Mujeres primero.

Sakura se levanta y se pasea como si fuera a interrogarme.

—¿Cuántas cucharadas de fórmula bebe Ronan?

—¿Qué tiene eso que ver...

—Solo responde la maldita pregunta.

—Seis —Suspiro—. Excepto a la hora de dormir, entonces tienes que rematarlo con dos extra.

Ella asiente.

—¿Y cuántas palabras sabe Hima?

—Tres. Hola, no y Naruto —No puedo detener una sonrisa—. Ella es brillante.

Sakura se sienta y Sai se para.

—¿Cuál es el color favorito de Namida? — pregunta.

—Arco iris. Lo que infiernos eso signifique.

Él asiente.

—¿A qué le teme Mitsuki?

Ni siquiera tengo que pensar en ello.

—Rocas espaciales. Meteoros. Cualquier cosa que no puede predecir o controlar.

Sai toma asiento. Sasuke se inclina en la parte posterior de la silla de Sakura, mirándome a los ojos.

—¿Qué es lo que quiere ser Log cuando sea grande?

—Un juez del Tribunal Supremo. Que Dios nos ayude a todos.

Sasuke sonríe.

—¿Cuál es el nombre del chico del que Chõchõ se siente atraída en estos días?

Frunzo el ceño.

—Preston Drabblesmith.

Y él es un chico real. No un personaje de Harry Potter.

Sasuke viene y golpea mi brazo.

—Felicidades, Naruto. Ya eres un hombre de familia.

Pienso en sus palabras, sus preguntas, mientras que Sai y Sakura sonríen como idiotas, y entiendo lo que está diciendo.

—No sé qué demonios estoy haciendo.

Sasuke frota su barbilla.

—Déjame decirte un pequeño secreto. Ninguno de nosotros sabe qué demonios estamos haciendo. ¿Crees que sabía lo que estaba haciendo cuando pusieron a una niña en mis brazos? Mierda, hombre, no paré de sacudirme durante tres días.

—¿Crees que Hinata sabía lo que hacía cuando corrió aquí desde Suna para criar a esos niños? —agrega Sakura.

—Todo lo que tienes que hacer es amarlos —dice Sasuke—. Eso es lo más importante. Después de eso, el resto simplemente cae en su lugar.

—Además —dice Sai—, ¿realmente crees que hay alguien por ahí que va a romperse el culo tan duro como tú para hacerlos felices?

Y esa es la pregunta más fácil de todas.

Joder, no.

Entonces, ¿qué diablos estoy haciendo todavía sentado aquí?

Me paro. Dejo el maletín, el papeleo. Que se joda todo.

—Tengo que irme. Pero mientras todos están sonriendo, golpeando mi espalda, y apresurándome hacia la puerta, mi jefe, Danzo Shimura, camina a través de esta.

—Buenas noches a todos.

Hay saludos por todas partes. Y no un poco de conmoción. Porque Danzo Shimura, socio fundador, no va a las oficinas de sus asociados. Nunca.

Se aclara la garganta.

—Ha habido un incidente, Sr. Uzumaki. La Sra. Holten, por desgracia, se ha caído por las escaleras.

La emoción y la anticipación que estuvo saliendo de mí hace unos segundos desaparecen. Mis ojos se cierran y trago fuerte, y no hay un sonido en la habitación, a excepción de mi pregunta.

—¿Está viva?

Danzo se quita sus gafas y las limpia con un pañuelo con iniciales.

—Oh, sí, Delta está viva, solo un poco golpeada. La policía ha detenido al senador Holten, así que necesitaré que te dirijas a la comisaría, ayudarlo con cualquier interrogatorio que pueden intentar, hacer arreglos para la fianza...

—No.

La única sílaba es tan clara y suena tan bien en mis labios. Casi tan bien como el nombre de Hinata. Sé la clase de hombre que soy. Y sé qué puedo hacer. Y más importante, lo que jodidamente no haré. Nunca más.

—No voy a hacer eso, Sr. Shimura.

Sus ojos se entrecierran, como si no pudiera verme con claridad.

—¿Puedo preguntar por qué no?

—Porque él es culpable.

—¿Le ha confesado eso a usted?

—No. Pero sé que lastima a su esposa.

Las mejillas de Danzo resplandecen rojas de furia y su pecho se infla. Me he preguntado si mi socio es realmente tan ciego o simplemente intencionadamente ignorante. De cualquier manera, no importa.

—Orochimaru Holten es un cliente de esta firma, y más que eso, ha sido mi amigo durante más de cuarenta años. Se merece una defensa.

—No de mí parte. —Sacudo mi cabeza, bajando la mirada a él.

Los labios de Danzo se tensan en una pequeña curva desagradable.

—Sr. Uzumaki, debe pensar muy cuidadosamente sus próximas palabras, porque van a determinar su futu...

—Renuncio.

—Naruto. —Mi nombre corre de la boca de Sasuke en un aviso silencioso.

Pero no necesito uno.

—Mi renuncia se encontrará en su escritorio en la mañana, Sr. Shimura. Él es su amigo. Defienda al pedazo de mierda.

Danzo levanta su nariz.

—Considere su renuncia aceptada. —Se va.

Y un peso desaparece de mis hombros. La autoridad realmente nunca fue lo mío.

—Naruto, ¿qué hiciste? —pregunta Sakura, entrecerrando sus ojos con preocupación.

La beso en la mejilla.

—Lo correcto.

Golpeo el brazo de Sai y estrecho la mano de Sasuke, sonriendo como Ebenezer jodido Scrooge en la mañana de Navidad.

—Y fue muy fácil. Me dirijo a la puerta. —Hablaré con ustedes más tarde. Gracias. No sé cuánto tiempo me habría tomado sacar mi cabeza de mi culo sin ustedes tres.

—Hay una imagen que realmente no necesito —dice Sakura, y me río.

Sasuke dice—: Bueno, ve por ella, hombre.

Y eso es justo lo que planeo hacer.

Antes de conducir donde Hinata, hago una parada rápida en la oficina de la fiscalía. Tomo el ascensor hasta la oficina de Gaara No Sabaku, está en su escritorio como me imaginé que estaría. Me apoyo en su puerta, escaneando la habitación.

—Esta es una muy pequeña oficina. Sabía que eran pequeñas, pero esto es como, será-acusadodecrueldad-animal-si-pone-a-un-perro-aquí de pequeño.

—¿Hay alguna razón por la que estás aquí, que no sea para comparar los tamaños de oficina, Uzumaki?

Asiento.

—¿Has oído acerca de Holten?

—Por supuesto que he escuchado. Seré el que enjuicie al hijo de puta. ¿Por qué no estás en la estación de policía, protegiendo sus delicados sentimientos de preguntas invasivas? —Tendría que estar sordo para no oír el sarcasmo mordaz.

—Dejé el caso.

Sus ojos se abren totalmente.

—¿En serio? Shimura debe haber amado eso.

—Renuncié. —Me encojo de hombros.

—Uh. —Gaara me mira—. ¿Supongo que no estarías interesado en venir al lado luminoso de la fuerza? Nosotros podríamos usarte en una de estas pequeñas oficinas de mierda.

Me río.

—No, encerrar a la gente simplemente no es mi estilo. Una mujer hermosa una vez me dijo que soy más que un... defensor. —Doy un paso hacia delante, sacando una tarjeta de negocios de mi bolsillo—. Solo quería dejar esto para Delta Holten. Mi número de casa y celular están en la parte de atrás. Dile que me gustaría ayudar.

Gaara mira a la tarjeta.

—¿Ayuda con qué?

Deslizo mis manos en mis bolsillos.

—Cualquier cosa que ella necesite.

Me giro para irme.

—Naruto.

Me vuelvo a girar.

—¿Sí?

Gaara parece reacio sobre algo, pero luego se decide.

—Hinata tuvo la charla conmigo el otro día. Ya sabes, donde me dice que no se siente "de esa manera" sobre mí —Dibuja un cuadrado con sus dedos—. Estoy en la zona de los amigos — entonces se encoge de hombros—. Pensé que probablemente estarías interesado en saber eso.

Y mi estado de ánimo es mucho mejor.

—Lo estoy. Gracias, Gaara.

—Nos vemos, Naruto.

Mira eso. Gaara no es un cabrón después de todo.

Cuando llego, los niños se encuentran en el jardín delantero. Chõchõ cerca de Hima, Log persigue a una gritona Namida, y Mitsuki se esfuerza en andar en su patineta.

—Mantén tu maldito casco puesto, Mitsuki. —Rueda los ojos, pero lo hace.

—¡Naruto! —grita Namida y mis oídos sangran—. ¡Ayuda! —Se lanza hacia mí, con Log en sus talones, con una oruga en sus dedos—. Log dijo que pondrá la oruga en mi oído, y que va a comer mi cerebro y poner huevos, y cuando todas las orugas bebés nazcan mi cráneo va a explotar.

Le doy al niño una mirada dura.

—¿Qué pasa contigo?

Log se encoge de hombros, acariciando al bicho.

—Tiene que aprender a no creer todo lo que se dice.

Antes de decir una palabra más, desde el otro lado de la casa Chõchõ grita—:¡Te salvaré, Namida! —Luego dispara dos pistolas de agua automáticas al aire.

—¡Sí! ¡Pistolas de agua! —gritan Namida y Log, casi al mismo tiempo, antes de que todos se dirijan, gritando, en dirección de Chõchõ.

Ahueco las manos alrededor de mi boca y les recuerdo—: ¡Aléjense de la piscina!

Los miro por un minuto, disfrutando de la sonrisa que se crea con facilidad en mis labios. Y entonces, entro en la casa. Hinata se encuentra en la cocina, limpiando la encimera; su cabello en mechas suaves y sedosas, logra que unos pantalones vaqueros y una camiseta sean más atractivo que cualquier vestido de cóctel.

Levanta la vista cuando entro en la habitación.

—Hola. No sabía que hoy pasarías.

No pierdo un segundo, no me detengo a pensar en nada. Y, de verdad, he esperado tanto tiempo como sea humanamente posible.

Me acerco a ella, tomo su rostro en mis manos y la beso. La beso suave y dulce, duro y exigente. La beso hasta que gime y tiene que agarrarse de mis brazos porque sus rodillas se encuentran débiles. Luego le paso los dedos por las mejillas y miro esos magníficos ojos grises.

Mi voz sale estrangulada y áspera—: Te amo.

Hinata me mira, su sonrisa rosa y llena de esperanza.

Al principio.

Pero entonces, recuerda, y la sonrisa se desvanece. Se aleja de mí, dando un paso atrás. Se cruza de brazos, y una máscara de indiferencia cubre su rostro.

—¿Cuándo lo decidiste?

Puede dudar todo lo que quiera; no me iré a ninguna parte.

—Lo sé desde hace un tiempo. Simplemente, decidí dejar de ser un idiota. Dejar de luchar contra eso. —Inclino la cabeza hacia la ventana, desde donde se filtran los gritos de cinco voces—. En caso que no fuera claro, también los amo. Son horribles y perfectos y los amo como si fueran míos. Como si fueran nuestros.

Se muerde el labio y sus ojos se ven húmedos y brillantes. Me acerco.

— Por favor, no llores. Te amo... —Me ahogo en las palabras, con ardor en la garganta, picazón en los ojos—. Te amo.

Hinata estornuda y vuelve a cruzar los brazos, esforzándose por mantenerse firme.

—¿Se supone que debo olvidar las últimas semanas? ¿Las cosas que has dicho? ¿Lo frío que has sido?

Me froto la nuca.

—Esperaba que hubieras... Sí.

Baja la mirada hacia el suelo.

Me aproximo, levantando su barbilla con los dedos.

—Intentaba protegerte. Quería lo mejor para ti, Hinata. Para ellos. Un buen hombre. No pensé que fuera capaz. No creía que pudiera ser lo que necesitabas.

Busca mis ojos.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que puedo. Porque... porque nadie podrá amarte, necesitarte, tanto como yo lo hago. Eres todo para mí; lo único que importa.

Una lágrima cae por su mejilla. Ella se acerca más.

—No me hagas daño de nuevo.

—No lo haré.

—No te alejes de mí otra vez.

—No puedo.

Salta a mis brazos, aferrándose tan fuerte que exhalo con intensidad. Joder, es la mejor sensación del mundo. En segundo lugar, la sensación de sus labios contra los míos. Como si no se encontrara lo bastante cerca, envuelve las piernas alrededor de mi cintura. Como si no pudiera probar lo suficientemente profundo, mueve su cabeza con la mía. Mis dedos se clavan en su espalda y nuestros corazones palpitan.

La pongo sobre el mostrador, presionándome contra ella, empujo su camiseta, necesitando sentir su piel contra mi piel.

—Los niños —jadea.

Le beso el cuello, la oreja, su bello rostro.

—Vamos a escucharlos. Mientras griten sabremos que se encuentran bien.

Y podemos oírlos, alto y claro, a través de la ventana. Todavía gritando y jugando; la mejor clase de gritos.

Su lengua se desliza contra la mía y gimo. Entonces Hinata jadea—: Pero podrían venir en cualquier momento. Podrían vernos.

Tiene razón. Maldición.

Miro alrededor de la habitación, mis ojos buscan frenéticos. ¡La despensa!

La llevo adentro, cerrando la puerta detrás de mí con el pie, y sosteniéndola con la mano para bloquearla.

Hinata muerde mis labios, lame el lóbulo de mi oreja.

—Siempre me pregunté por qué la despensa tenía una cerradura.

Todo lo que soy capaz de decir es—: Las cerraduras son asombrosas.

Se ríe contra mi boca. Sus pies tocan el suelo lo suficiente como para quitar nuestra ropa. Entonces la tomo en brazos, sus piernas abrazándome, y su espalda contra la pared.

Tomo mi polla en la mano y compruebo su humedad; es maravillosamente caliente y resbaladiza. Empujo suave y lento, porque ha pasado un tiempo. Cuando me encuentro por completo en su interior, cuando no existe nada de espacio entre nosotros, Hinata susurra—: Te extrañé tanto.

Y empiezo a moverme, entrando y saliendo a un ritmo suave. Y es tan jodidamente perfecto y real. Y correcto. Nunca en mi vida nada me ha hecho sentir tan bien.

Su cabeza se inclina hacia atrás y cierro los ojos. Adoro su cuello con mi boca. Prometo y susurro lo hermosa que es. Todas las cosas que quiero hacer con ella. Todas las cosas que ella significa para mí.

Me abraza con más fuerza, me acerca con sus piernas, sus dedos enterrados en mi pelo. El aliento de Hinata entrecortado.

—Te... te amo. Oh Dios, Naruto... tanto. Te amo demasiado.

Y es demasiado. Abrumadora. Y, sin embargo, no es suficiente.

La presión aumenta; tensa, profunda y fantástica. El más puro placer se despliega en mi estómago, por lo que mis empujes se aceleran, persiguiendo el éxtasis con Hinata. Lo encontramos juntos, vibrando y retorciéndonos, entrelazando las manos y gimiendo.

Jadeo contra su mejilla, hasta ahora mi corazón no entiende el mensaje de que es el momento de frenar. Aparto el cabello de su frente y miro su cara angelical.

—Así que... me amas, ¿eh?

Hinata sonríe, incluso mientras las lágrimas inundan sus ojos.

—Sí. Te he amado desde que me llevaste a la cama, enferma como un perro, y me dije que todo iba a estar bien. Amo cada parte de ti, incluso las partes que tenías miedo de mostrarme. Y a pesar de que a veces eres una especie de idiota, te amaré por siempre.

Me río y la beso dulcemente.

—Es bueno saberlo.

Paso la noche con Hinata. Nos aseguramos que todos los niños se bañen y vayan a la cama. Luego pasamos la mitad de la noche hablando. Planeando. La otra mitad se gasta en no hablar. Nada coherente de todos modos. Al día siguiente, entrego mi renuncia, empiezo a hacer los arreglos necesarios para mi salida de Adams & Shimura. Y no me siento mal.

Hinata y yo esperamos a los niños cuando llegan de la escuela. Nosotros nos reunimos en el estudio, para contarles qué planeamos.

—Sé que parece rápido —les dice Hinata mientras hago rebotar a Ronan en mi pierna—, pero había una película en los años ochenta; que a sus padres les encantaba llamada Cuando Harry encontró a Sally.

—Suena lamentable —interrumpe Log.

—Fue un poco lamentable —le digo por la comisura de mis labios.

Pero Hinata me escucha.

—¡No fue lamentable! Fue perfecta. De todos modos, hay una línea en ella que dice que cuando encuentras la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, deseas que el resto de tu vida empiece de inmediato. —Me mira—. Así es como Naruto y yo sentimos el uno por el otro.

La interrumpo—: Pero si ustedes no están de acuerdo, quiero que lo digan. No pasa nada si dicen que no; no van a herir mis sentimientos. Solo quiero estar aquí si todos en verdad quieren que lo haga.

Se miran entre ellos. Y piensan. Es jodidamente extraño lo tranquilo que se comportan.

—¿Se mudarán a la habitación de mamá y papá? —pregunta Chõchõ.

Le guiño un ojo a Hinata, porque ya hablamos de esto.

—En realidad —les dice Hinata—, pensamos que nos gustaría agrandar mi habitación. Qué sea lo bastante grande para dos personas, ampliar el baño y los armarios. Y la habitación de sus padres... Naruto y yo pensamos que sería muy interesante si la hacemos una habitación para la familia. El lugar donde todos podemos estar juntos. Podríamos conseguir una mesa de billar, un gran sofá, un televisor nuevo...

—¡Y un juego de arcade! Log obviamente a bordo.

Hinata asiente.

—Y podría dibujar lo que quieran en las paredes. Y podríamos pintarla juntos.

—Oh, oh... ¡quiero mariposas! —grita Namida—. Y unicornios y arco iris.

—Y los camiones monstruo —dice Log.

—Y patinetas —añade Mitsuki, golpeando el puño con el de su hermano.

—Y —finaliza Chõchõ—, toda una pared con One Direction y 5 Seconds of Summer Fatheads.

—Sí, podemos hacer todo eso —les dice Hinata.

—Va a ser como la habitación de un esquizofrénico —murmuro, y ella se ríe.

—Entonces acerca de que Naruto se mude con nosotros, ¿qué dicen, chicos?

—¿Puedo vivir con mi novio algún día? —pregunta Chõchõ, porque ella es inteligente.

—Claro —le respondo—, cuando tengas veintiséis años y cuides de seis hijos, por supuesto que puedes irte a vivir con tu novio, y no diré una mierda al respecto. Hasta entonces, de ninguna manera. —Porque soy más inteligente.

Rueda los ojos.

—Lo que sea... voto sí, Naruto puede mudarse.

—Definitivamente —acuerda Log.

La sonrisa de Namida es enorme mientras corre y me abraza.

—¡Sí, sí, sí!

—Claro —dice Mitsuki.

Todos nos dirigimos a Hima, quien sonríe con su pequeña sonrisa de bebé y cierra el trato con la palabra número cuatro.

—Sí.

Esa noche, después de que los niños terminan la tarea y todo el mundo está en pijama en la sala viendo televisión. Mi teléfono celular suena en la mesa; es Sai.

—Hola.

—Hola, ¿cómo te va?

Mis ojos se posan en Hinata.

—Si quieres la verdad, increíble.

Se ríe.

—Es bueno saberlo. Escucha, ¿te encuentras libre para el almuerzo de mañana? Hay algo que quiero hablar contigo. También, Sasuke y Sakura.

—Sí, estoy libre. ¿Qué pasa?

—Bueno, el asunto es que soy dueño de este edificio...

—¿Eres dueño de un edificio?

—Sí. Es un bonito edificio...

FIN