¡Sostente!
JULIO
Todavía no utilizo un reloj despertador.
Mi reloj interno es tan fiable como siempre, pero no me levanto a las cinco de la mañana como antes, me levanto incluso antes. Debido a que estos días no es una carrera o el pensamiento de café fresco lo que me mantiene despierto.
Es ella.
Siento a Hinata antes de abrir los ojos. La presión de su cadera contra mi pierna, la sensación de su largo y delicado brazo colgando a través de mi pecho desnudo, el cosquilleo de su aliento sobre mi clavícula, el aroma a lilas en su pelo. La promesa de besos lentos, suaves gemidos y apretado calor húmedo.
Hemos estado casados por cerca de dos años, y no ha habido una sola mañana en que no me haya despertado con una sonrisa en los labios. Ni una puta vez. Porque ella está a mi lado, la mitad encima de mí, y las seis pequeñas mierdas que amamos más que nada están a salvo arriba. Son todos muy buenos durmientes. Esa es la clave.
Follar con seis niños despiertos en la casa puede ser un desafío. Se necesita planificación, sigilo. Cuando los momentos de oportunidad espontáneos se dan, siempre hay riesgo de ser descubiertos.
Se requieren campañas de sintonía con los movimientos y los sonidos más allá de la puerta cerrada. Lo que los niños hacen, dónde están, si es que nos van a interrumpir con cualquiera de las mil preguntas ridículas pero urgentes.
Puede ser un dolor en el culo, aunque no lo cambiaría por nada del mundo, no cambiaría una sola cosa acerca de la vida que hemos hecho juntos.
Pero aquí, ahora, en esta cama, en la oscuridad de la mañana, es diferente. Podemos movernos de la forma en que deseemos, decir lo que queramos, follar en cualquier posición o en cualquier superficie que podamos imaginar.
Porque este es nuestro tiempo.
En esos momentos no somos un abogado defensor y un curador de museo a tiempo parcial, no somos padres, simplemente somos Naruto y Hinata. Un hombre y una mujer que están locos el uno por el otro.
Sin abrir los ojos, me deslizo por debajo de su brazo y salgo de la cama, tomando las mantas conmigo mientras me voy. De vez en cuando, me sorprende y se despierta antes que yo. Esas son mañanas divertidas.
No hay mejor despertar en la historia del mundo, que la visión del espeso cabello negro azulado de Hinata Uzumaki cubriendo mi entrepierna y sus carnosos labios sensuales y ávidos envueltos alrededor de mi polla.
Pero hoy, tengo la delantera y eso también es divertido. Le doy la vuelta y empujo su fino camisón a lo largo de sus caderas, exponiéndola a mis ojos ahora abiertos. No usa ropa interior en la cama, en realidad no hay ningún motivo para hacerlo; estaría en el suelo la mañana siguiente de todos modos.
Su coño es de color rosa y perfecto, liso y desnudo a excepción de una pequeña franja de vello oscuro que nunca deja de llevarme al infierno. Froto mi nariz contra el parche de vello e inhalo. Y su olor, mierda, también me excita. Limpio y cálido, como la madreselva.
Su pierna se desplaza cerca de mi hombro y deja escapar un pequeño suspiro.
Entonces la lamo.
Lenta, firme y profundamente entre esos labios, antes de circundar con suavidad su clítoris con la punta de la lengua. Su pie se desliza hacia arriba, apoyándose contra la cama, su pierna doblada en la rodilla, y ese pequeño suspiro se convierte en un gemido largo. Abro la boca y la beso, mi lengua sigue arrastrándose hacia arriba y abajo, saboreando su creciente suavidad.
Malditamente amo eso. La facilidad con que se moja. A veces está empapada antes de que la toque. Una vez le pregunté si soñó conmigo dándole sexo oral, si por eso siempre estaba tan lista. Pero se sonrojó y no respondió.
Ahora muevo más mi lengua, deslizándola dentro y fuera, chupando con gentileza sobre ese nudo de nervios.
Su voz es ronca por el sueño y la excitación cuando gime.
—Jódeme.
No puedo decir si es un insulto o una orden. Cualquiera de las dos funciona para mí.
Me arrastro de vuelta hacia arriba, girando a Hinata a su lado y sentándome detrás de su espalda. Mi mano se desliza por su estómago para tirar de la parte superior de su camisón delgado atado para que pueda cubrir su pecho y frotar mi palma contra su pezón.
La mano de Hinata se acerca por detrás de mi cabeza, me guía a su boca para un beso lento y profundo. Libero su pecho, levanto su pierna, y empujo las caderas hacia delante, mi pelvis empujando contra su culo y deslizando mi polla entre sus piernas, duro, caliente y buscando.
Hinata rompe el beso, vuelve su rostro hacia la almohada, y empuja las caderas hacia mí, diciéndome sin palabras que lo quiere y lo quiere ahora. Me agarro a la base y arrastro la cabeza de mi polla a través de sus pliegues húmedos, rozando contra su clítoris, burlándome de su agujero. Mi pequeña esposa gime, entonces clava sus uñas en mi muslo.
—Naruto..
Una risa retumba detrás de mis labios. Parece que las burlas no forman parte del menú de hoy. Esto también funciona para mí. Me alineo y empujo con fuerza dentro de ella profundamente hasta la empuñadura.
Maldita sea, eso es bueno. Muy, muy bueno.
Hinata se arquea y exhala un gemido de bienvenida. Levanto su pierna y comienzo a bombear dentro y fuera, suaves golpes de poca profundidad. Sus músculos internos me exprimen fantásticamente, mientras que el resto de su cuerpo se afloja con el placer, su espalda relajada contra mi pecho.
Le beso el hombro, lamo su cuello y entierro mi cara en las mechas de su pelo sedoso. Los sonidos de nuestros jadeos y piel golpeando llenan el aire, nuestros cuerpos se vuelven resbaladizos por el esfuerzo, empuja contra mí mientras me retiro y golpeo contra ella. Y el tiempo se detiene. O más, pierde significado. Todo lo que sabemos, todo lo que importa, es el creciente placer eléctrico corre a través de nosotros, echa chispas entre nosotros.
Hacer el amor con dulzura tiene su lugar; las largas horas de juego previo sin fin también son geniales. Infierno, incluso puedo entrar en el romance: velas, pétalos de rosa y baños calientes. Pero el rápido y duro sexo nunca debería ser subestimado, porque es impresionante.
Incluso para las personas casadas, incluso para parejas con niños.
Tal vez especialmente para ellos.
Hay algo primario en esta base de necesidad de ser áspero, sucio y rápido. Hay algo tan íntimo, confortable y honesto acerca de solo querer llegar, y llegar con fuerza, con la persona que amas. Es una sensación que solo he conocido con esta mujer en mis brazos, algo que solo voy a compartir con ella.
Hasta que la muerte nos separe.
—Por favor, Naruto, por favor, por favor, por favor... —susurra Hinata sin pensar, y sé que se encuentra justo en el borde. Suelto su pierna y llevo la mano a la unión de sus muslos, frotando su clítoris en círculos para proporcionarle la presión que necesita.
Levanta la cabeza y se queda sin aliento cuando se corre, cada músculo contrayéndose y exprimiéndome. Mi respiración es dura y mis caderas empujan sin ritmo, hasta que ruedo, por lo que Hinata queda sobre su estómago y cubro su espalda. Empujo una vez, dos veces, luego mi visión se vuelve borrosa mientras me vengo, la sensación tan intensa, todo lo que puedo oír es el latido de la sangre en mis oídos.
Maldita sea.
Segundos, minutos después recuperamos el aliento. Ruedo sobre mi espalda y me seco el sudor de la frente con el brazo. Hinata se eleva sobre los codos y me mira con los ojos gris malva brillantes.
—Buenos días.
Beso sus labios con suavidad, porque es tan malditamente bonita. Porque me hace tan estúpidamente feliz.
—Buenos es un eufemismo.
Abro los brazos y se envuelve contra mí, riendo. Nos quedamos así por unos pocos minutos porque ahora son un poco más de las cinco, tiempo para iniciar oficialmente mi día. Como de costumbre, Hinata se acomoda de nuevo para dormir mientras beso su frente, me deslizo fácilmente fuera de la cama, y me visto para mi carrera matutina.
.
.
.
—No voy a hacerlo.
—Sí, lo harás.
—Me voy a morir.
—No, no lo harás.
Ella empieza a cantar—: Si muero...
—Deja de cantar malditas canciones country, Namida. No estás muriendo.
Maldita es típicamente parte de mi vocabulario, pero después de una conversación con Hinata, varias conversaciones, y algunas repeticiones desafortunadas en el preescolar por Ronan, hago un esfuerzo por bajar el tono de mi lenguaje.
Mi pareja para correr desde hace dos semanas, Namida, intenta recuperar su aliento mientras trota junto a mí, coletas castañas rizadas rebotando en el viento. Ahora tiene once. No puedo creer lo rápido que ha cambiado, desde la pequeña castaña que conocí como una loca de los labiales, que pensaba que treinta era muy viejo.
Bien, es probable todavía piense que treinta es viejo, treinta y cuatro, debe ser malditamente ancestral.
De todos modos, todavía es pequeña, todavía tiene esos tirabuzones y grandes e inocentes ojos marrones. Pero ha crecido, madurado, cambiado. Hace unos meses empezó a preocuparse por su peso, ya que subió un poco.
También comenzó a usar un sujetador deportivo.
Para nada que iré allí.
Hinata le explicó que es la edad, que llegó a la "edad difícil" y en pocos meses se dará cuenta de que se encuentra en una etapa de crecimiento y ese peso extra se dispersará de la forma en que se supone. Pero Namida no quería esperar. Así que después de que corrí once kilómetros por mi cuenta, volví e hice una vuelta adicional con ella. Ha mejorado su forma de correr y resistencia. Aunque no lo sabrías por escucharla.
—Después de que muera dale a Hima mi iPad.
No puedo dejar de reír cuando giramos la esquina de nuestra calle.
—Vamos, ahí está la casa —digo—. Profundiza y llega allí.
Respiración dificultosa es la única respuesta que obtengo.
No soy el tipo de persona que canta. Como nunca.
Casi nunca.
La excepción se produce cuando la chica a mi lado sacó mi tarjeta de hombre de mi agarre a muerte hace años, y patéticamente rogó por una canción de cuna mientras sufría un virus estomacal.
Y cedí. Espectacularmente. Con una balada de One Direction. ¿Humillante? Por supuesto. Pero dado que el daño ya está hecho...
—Da na nanana na na na nanana. Da na nanana na na na nanana. Da na nanana.. nananana.
Es el tema musical de Rocky en caso de que no lo sepas. ¿Si alguna vez necesitas un impulso de inspiración cuando te esfuerzas por algo? El sonido de Rocky patea culos.
—¡Da na naaaa, da na naaaaa!
Se ríe.
Pero vaya si no coge el ritmo.
—¡Da na naaaaaa, da na naaaaa! Voy a volar ahora.
Namida cruza el umbral de la casa, los brazos en alto como una mini-Rocky Balboa en la parte superior de los escalones de Filadelfia.
¿Y ver el orgullo en su cara?
La humillación no se compara con eso.
Una vez dentro, Namida se desploma inmediatamente en el suelo de la sala en estado de coma. Y se queda allí.
Agarro dos botellas de agua de la cocina, bebo de una, y pongo otra en su mano.
—¿Quieres venir abajo y levantar pesas conmigo?
—No.
Palmeo la parte trasera de su cabeza.
—La próxima semana, entonces.
Tras levantar pesas en el sótano y una ducha rápida, me dirijo a la cocina, donde soy recibido por el caos. Ruidoso, vibrante, peleado, caos de risa.
La causa; la pandilla está toda levantada, tomando el desayuno en la mesa de la cocina.
—¿Puedo tener un poco más de tocino? —pregunta Log con la boca llena de huevos revueltos, su cabello celeste ondulado cayéndole sobre la frente mientras se agacha sobre su plato.
Cuando conocí a Log, era un pequeño vándalo cabreado y terco que robaba carteras y coches para hacer frente a la ira y la devastación sobre la súbita muerte de sus padres. Es mejor ahora. Más feliz. Todavía arrogante, todavía disfruta de torturar a sus hermanos demasiado, pero evita el contacto con actividades que lo llevarían a aterrizar en detención juvenil.
—Dios, esa es como tu tercera porción —se queja Chõchõ, de diecisiete años—. Solo devórate todo el kilo, ¿por qué no?.
Log y su hermano gemelo, Mitsuki, tienen trece años, chicos en crecimiento, énfasis en crecimiento. Cualquiera de los dos despertando un centímetro más alto, y la mitad de una talla de zapato más grande de lo que eran la noche anterior es bastante común. Y al igual que los murciélagos, comen más o menos su peso en alimentos. Log abre mucho la boca, mostrando a su hermana el horror a medio masticar en su lengua.
—¡Eres tan asqueroso!
—¡Prefiero ser asqueroso a fastidioso!
Chõchõ arroja un trozo de pan como una estrella ninja.
Antes de que Log pueda tomar represalias, Hinata les da La Mirada, luego, entrega a Log tres piezas más de tocino. Vierto una taza de café negro en el mostrador, me doy la vuelta, y casi tropiezo con la pequeña Hima, de pie junto a mí con un cepillo para el cabello y la liga elástica en la mano.
—¿Puedes hacerme mi trenza, papá?
Hima y Ronan son los dos únicos chicos que nos llaman a Hinata y a mí "mamá" y "papá", demasiado jóvenes para tener algún recuerdo real de sus padres, Neji y Karui. Para algunos, podría parecer extraño que los niños nos llamen de diferente forma, pero para nosotros funciona.
Paso el cepillo por el cabello que se está haciendo muy largo y tejo los mechones de color oscuro en una trenza francesa en un tiempo récord. Ella sonríe, sus dos dientes superiores adorablemente perdidos, entonces se sienta a la mesa para terminar sus huevos. A mi derecha, capto a Hinata dándome una mirada diferente a la que le lanzó a los niños. Es la variedad de "quiero tanto dejarme caer de rodillas y chuparte".
—¿Qué?
Niega con la cabeza y se acerca unos pasos. Sus pechos perfectos se sacuden un poco por debajo de las letras de su suéter negro y lamo mis labios. Debería haberle dado a sus tetas más atención esta mañana. Mentalmente prometo hacerlo mañana.
La voz de Hinata es baja, por lo que los niños no pueden oír.
— Nunca habrá nada más atractivo que mirarte, con tus músculos y tatuajes, trenzar el cabello de una niña de seis años.
Me encojo de hombros.
—Mis trenzas son impresionantes.
—Lo son. —Se ríe—. Y te amo.
—También te amo. —Me inclino y la beso.
Hasta que Log se queja.
—Ya es suficiente de chupar cara. Están casados por amor de Dios, actúen como tal.
Hinata se ríe contra mis labios. Pero entonces susurra—:Deberíamos hablar más tarde.
¿Eh? Quiere hablar. Estupendo. Genial.
No lo dice ningún chico nunca.
—¿Todo bien?
—Sí. Creo que sí. Solo... más tarde. —Le da un apretón a mi antebrazo derecho, justo sobre el tatuaje con su nombre y todos los de los niños en él, y camina hacia la mesa para reponer los huevos.
Me siento en la cabecera de la mesa, agarro un trozo entero de pan de trigo, y pregunto—: ¿Cuáles son los planes para el día de hoy, equipo?
Chõchõ salta primero.
—Voy a la casa de Peter.
Peter Wentworth es el novio de los últimos seis meses de Chõchõ.
Parece un buen chico, no orina sus pantalones en mi presencia, al igual que algunos de sus pretendientes anteriores. Así que le doy puntos por su valor. Pero es solo un jodido idiota. Un jugador de videos, obsesionado con World of Warcraft, podría-ser-un-suplente-para-el idiota de La Teoría del Big Bang. Incluso para amor adolescente, no creo que Peter sea lo suficientemente bueno para ella.
Mitsuki levanta la mano.
—Tengo que ir a la biblioteca para reunirme con mi grupo para terminar un proyecto de verano para astronomía.
Namida va después.
—Tengo piano.
Entonces Log.
—Tengo práctica de béisbol.
Y Hima.
—Tengo ballet y tap hoy.
Entonces, finalmente, Ronan, su cabello castaño arenoso, levantado porque nadie ha tenido tiempo de cepillarlo por él.
—No tengo nada.
Señalo con mi dedo.
—Entonces estás conmigo hoy, chico.
Hinata se sienta en el otro extremo de la mesa.
—¿Vas a ver al juez?
Asiento.
—Voy a llevar a Ronan conmigo, dejar a Log en la práctica en el camino, y recogerlo en el camino de vuelta.
—Namida puede venir conmigo a la clase de baile de Hima — dice Hinata—. Llegaremos de vuelta a casa a tiempo para su clase de piano. —Se vuelve a Chõchõ—. Y tú puedes dejar a Mitsuki en la biblioteca cuando vas a lo de Peter.
Es un plan sólido. Excepto que Chõchõ es una adolescente, así que se queja—: Vamos, la biblioteca se encuentra al otro lado de la ciudad.
—Eso es lo que pasa con los coches —le digo—. Pueden viajar largas distancias. Es asombroso.
Pone los ojos.
—¿Por qué tengo que hacerlo?
—Debido a que accediste a ayudar a llevar a los niños cuando accedimos a comprarte un Camry nuevo en lugar de uno usado. Ese era el trato, Chõchõ —responde Hinata.
Neji y Karui tenían un seguro de vida considerable cuando murieron, por lo que incluso con seis niños que cuidar, el dinero no es realmente un problema para nosotros. La casa está libre de hipoteca, cada uno de los niños tiene un fondo para la universidad considerable, y siendo socio fundador de mi propio bufete de abogados, lo hago malditamente bien.
Sin embargo, gracias a los consejos de mi amigo y socio, Sai Anbu, que heredó más dinero de lo que nunca será capaz de gastar, ocultamos esa información a los niños. Es importante para que ellos tengan ambición, para que establezcan metas para sí mismos, no quiero que siempre piensen que pueden desperdiciar sus vidas viviendo de dinero que otra persona ganó para ellos.
—Está bien. —Suspira Chõchõ. Mira a su hermano—. ¿Cuánto tiempo vas a estar en la biblioteca?
Mitsuki limpia sus gafas como las de Harry Potter.
—Tres o cuatro horas.
—Me envías un mensaje de texto cuando estés listo para ser recogido.
Mitsuki asiente.
Y justo así, el viejo y simple caos se convierte en un caos organizado.
Esta es mi vida ahora. Y es jodidamente genial.
.
.
.
Me agacho y saco las hierbas alrededor del mármol blanco, después recorto la paja que se aferra al nombre grabado.
—¡Hola, Juez! —dice la dulce voz de bebé de Ronan. Coloca una maceta de No-me-olvides en la base de la lápida con orgullo—. Te trajimos estos. Son del color del que el cielo se pone a veces.
Sus redondos ojos me miran.
—¿Puedo ir a ver las estatuas?
Asiento con la cabeza, sonriendo.
—Quédate donde pueda verte. Y no brinques en las tumbas, es falta de respeto.
—¡Lo tengo! —Él corretea lejos, hacia la gran cripta antigua en el centro del cementerio.
El Juez falleció hace seis meses, pero se siente como mucho tiempo más. Su último año fue duro. La enfermedad del Alzheimer en una etapa avanzada es una perra. Dejó de hablar, comer, caminar. Fue casi... un alivio cuando se fue. Porque el verdadero Jiraya Sannin, el hombre que me salvó de la cárcel y de mí mismo, nunca habría querido vivir de la manera en que vivía entonces.
Solía visitarlo en el asilo cada semana. En estos días paso por aquí una vez al mes, para hacerle saber que todavía pienso en él, que le agradezco todas las cosas que me enseñó. Y... porque simplemente lo extraño.
—Oye, viejo. ¿Qué hay de nuevo?
No, en realidad no espero una respuesta. Hinata es católica, y también lo son los niños, pero yo... nada. Nuestra boda se celebró en una puesta de sol, nuestra recepción en el jardín afuera de nuestro lugar. Me habría convertido por ella, pero Hinata no quiso esperar tanto tiempo como lo hubiéramos hecho al realizarlo en la iglesia. No sé si incluso creo en Dios. ¿pero el Juez?
Yo creía en él.
—La beca ha estado funcionando durante el último mes. Ya estamos recibiendo solicitudes. Muchos chicos inteligentes que han hecho algunas cosas estúpidas en sus vidas.
El juez no tiene familia, por lo que me dejó todo su patrimonio, con una nota:
«Sabrás qué hacer con él.»
Al principio, no lo hice, y maldije al hijo de puta por no ser más específico. Lo imaginé soltando una buena carcajada por eso; nunca le gustó ponerme las cosas demasiado fáciles. Pero entonces, lo capté: La Beca Jiraya Sannin. Está abierta a estudiantes de secundaria, con antecedentes difíciles, que puedan demostrar que son inteligentes y estén dispuestos a trabajar duro. La beca pagará por su educación.
—Un montón de chicos me recuerdan a mí, tú les sacarías partido.
Salgo del cementerio un poco después de hablar con Juez un rato más y viendo a Ronan corriendo en círculos, como nuestro perro, Primo, cuando persigue su cola. Antes de irnos, toco la parte superior de la lápida.
—Hasta pronto, Juez.
.
.
.
Esa misma tarde, estoy en el estudio viendo el juego de béisbol. A excepción de Chõchõ y Mitsuki, los niños se encuentran dispersos por toda la casa, pero es silencioso, lo que es muy raro por aquí. Hinata llega y me entrega un té helado.
—Gracias.
—Seguro.
Se sienta a mi lado en el sofá, encarándome, con las piernas dobladas, sus bonitos pies arqueados debajo de ella. Sí, Hinata tiene unos jodidos pies bastante bonitos, ¿de acuerdo? No sabía que los pies podrían ser bonitos, hasta que vi los suyos.
—Así que... ¿esa charla que mencioné antes? Probablemente deberíamos tenerla ahora, mientras podamos.
Tomo un sorbo de mi bebida y asiento.
—Sí, para nada esperaba que olvidaras eso o algo.
Una sonrisa se desliza en su cara.
—Gracioso.
La miro de regreso, con cara seria.
—Soy un tipo divertido. — Cuando no dice nada durante unos momentos, pregunto—: ¿Qué pasa?
Porque ahora estoy en verdad preocupándome. Mi estómago se tensa mientras se prepara para lo que sea que a ella le preocupe; y antes de siquiera saber a lo que me enfrento, en mi cabeza ya planeo todas las maneras de lidiar con eso. Porque eso es lo que hago, y soy bueno haciéndolo.
Pero lo que me dice a continuación explota mi maldita mente.
—Tengo un retraso.
Dos palabras, diez mil pensamientos que estallan en mi cabeza a la vez. Soy un tipo grande, casi dos metros de altura, cien kilos de músculo. Las voces de personas como yo no chirrían. Pero en este momento, la mía sale terriblemente cerca.
—¿Cómo... para una cita?
La hermosa cara de Hinata se tensa y sus ojos gris malva cristalino están congelados con preocupación. Toma el mayor aliento y dice —: No
—Guau.
—Sí.
—Jodidamente, guau.
—Lo sé.
Supongo que las parejas suelen hablar de tener hijos antes de casarse, pero Hinata y yo no lo hicimos. Sobre todo porque nuestro plato ya se hallaba jodidamente lleno.
—¿Cómo... ? —comienzo, luego me detengo. Obviamente sé cómo— . Quiero decir, ¿todavía estás usando el parche?
Hinata asiente con la cabeza.
—Sí. Pero no es cien por ciento efectivo, y ¿recuerdas que hace unas semanas se despegaba constantemente?
Tengo suerte de recordar mi propio nombre en este momento. Mis pensamientos todavía están agrupados. Imágenes de un pequeño recién nacido mezclado con las seis caras que ya tenemos.
Ronan tenía solo unos meses de edad cuando Hinata y yo nos conocimos en primer lugar, así que sé lo que viene. Comidas a media noche, la dentición, llorar sin motivo alguno. Y los pañales, joder, tantos pañales. Durante años.
Por otro lado, he oído que el embarazo hace que las tetas de una mujer se pongan enormes. Mis ojos se dirigen al ya impresionante par de senos de Hinata. Esa ventaja podría superar todos los inconvenientes.
Me paso una mano por la cara.
—¿Ya te hiciste la prueba?
—Aún no.
En los años previos a Hinata, follé con muchas mujeres. Pero nunca tuve un susto de embarazo porque era fiel a los condones.
Hubo una alarma de enfermedad de transmisión sexual una vez, porque te puedes contagiar aun cuando usas preservativos, pero este es un territorio completamente nuevo para mí.
—Está bien. —Me levanto del sofá—. Iré a comprar una prueba.
—Ya he comprado una. —Sonríe con timidez—. Compré tres, en realidad.
—Oh. —Mis cejas se juntan—. Bueno, vayamos a hacerlas.
Le extiendo mi mano y tiro de ella hacia arriba desde el sofá. Mientras me doy la vuelta hacia el pasillo, me detiene con su mano en mi brazo.
—Naruto ¿dónde estás con esto? —Me mira, tratando de leer mi cara—. Es decir, si estoy embarazada... ¿Estaremos bien?
Me derriba que incluso tenga que preguntar.
—Por supuesto que estaremos bien. —Levanto su mandíbula, sosteniendo su mirada—. La primera impresión es un infierno, seguro, pero no es como que no sepamos lo que estamos haciendo. La suma de uno más a la mezcla. Solo hará que sea mejor. Tal vez.
Cuando sonríe, es una sonrisa completa y de alivio.
La beso en la frente.
—Ve a hacer pis en algunos palos.
.
.
.
—No lo podía creer cuando no tuve mi periodo. Seguí esperando los cólicos para empezar, verifiqué mi calendario, y cuando al fin acepté la situación, estaba como, ¡guau! ¿Sabes?
Hinata está hablando a mil por hora. Habló mientras se hacía cargo de las tres pruebas y no ha parado para tomar aire mientras esperamos los resultados. Revolotea alrededor de la habitación, como un precioso pájaro cantarín, apartando la ropa la sucia, cambiando las cosas de lugar en el armario, no puede permanecer quieta.
—Estaba pensando que me gustaría tener al bebé aquí con nosotros durante al menos el primer año. Son tan pequeños cuando recién nacen, no quiero estar demasiado lejos. No sé si tendremos que hacer alguna reforma, para que nuestra habitación sea más grande, lo que apestará, pero tenemos nueve meses todavía. Ya habrá tiempo.
Mi boca se levanta en una sonrisa mientras sus ruedas giran.
—Un montón de tiempo. —Compruebo mi reloj—. Hablando de tiempo. —Inclino mi cabeza hacia el baño.
Hinata prácticamente tiembla junto a mí.
—¡No puedo mirar!
Debes hacerlo, tú mira.
—Bien, bien. Yo miro. —Me río mientras camino al cuarto de baño contiguo para obtener las pruebas.
La voz de Hinata me sigue—: Los niños se volverán locos. Hima y Ronan estarán contentos, Chõchõ probablemente se alegrará...
Doy un paso de vuelta al dormitorio lentamente, algo pesado presionando mi estómago.
—Hinata...
—... que tenga que irse a la universidad en un año. Tendré que hablar con mi jefe en el museo. Me pregunto...
—Hinata. —Mi voz es más firme esta vez, atrayendo su sonrisa a mi cara—. Es negativo.
Su sonrisa se congela.
—¿Qué?
—Son negativos. Todos ellos.
Rosa se eleva en sus mejillas y la comprensión lava su expresión, llevándose su hermosa sonrisa.
—Oh.
Mira a las pruebas en mi mano y el peso mi estómago es reemplazado con una sensación de vacío, un sentimiento de hundimiento.
Hinata se aclara la garganta y levanta su hombro.
—Bueno, supongo que es una buena noticia entonces.
—Supongo.
Pero no parece ser una buena noticia.
Exhala un gran aliento y me quita las pruebas, tirándolas a la basura. Luego se mueve alrededor de la habitación rápidamente, reorganizando las cosas, que acaba de arreglar, nuevamente en la cómoda.
—Por supuesto que lo es. Es decir, la última cosa que Necesitamos... —Niega con la cabeza. Me da la espalda, así que no puedo leer su expresión—. Debo de haber calculado mal las fechas. Estúpida. Seré más cuidadosa.
—Hinata.
Se da la vuelta, mirando hacia abajo, moviéndose hacia la puerta.
—Tengo ropa que lavar. Log necesita su uniforme para mañana y... Antes de que llegue a la puerta, la halo con mi brazo y la abrazo.
Presiona la cara contra mi pecho y un segundo más tarde deja escapar un profundo sollozo ahogado.
Hinata no suele llorar. O sollozar. Es parcial, dura en ese tipo de manera femenina, perdurable, siempre haciendo las cosas de la mejor manera posible. Y hago hasta lo imposible para asegurarme de que no tenga motivos para llorar. Porque yo soy duro también. Arduo. Algunos incluso dirán que insensible. Excepto cuando se trata de sus lágrimas.
Jodidamente me destrozan, cada vez.
Después de un minuto, hipa—: Ni siquiera sé por qué lloro. Acaricio la parte posterior de su cabeza.
—Lloras porque te sientes decepcionada. Porque, aunque haya sido solo por un rato, pensaste que tendríamos un bebé, y estabas contenta por eso. Quieres tener un bebé. —Mi propia realización se produce tan solo un segundo antes de decir las palabras—: Y yo también.
Sacude la cabeza, con los ojos como dardos sobre mi cara.
—¿Tú quieres?
Le seco las lágrimas con el pulgar.
—Bueno, no lo hacía, hasta hace unos pocos minutos. Pero ahora. Sí, la idea de tener un niño con tus ojos y mi personalidad burbujeante... Eso la hace reír porque me han llamado de muchas maneras, pero "burbujeante" no figura en la lista. —... sería increíble, Hinata.
Frunce el ceño.
—Entonces, ¿qué estamos diciendo? ¿Trataremos de tener un bebé? Como, ¿seriamente?
Algunos chicos dirían que estoy loco, por añadir más responsabilidades absorbentes de tiempo, más estrés a nuestra situación familiar. En especial ahora, cuando al fin parece que tenemos las cosas bajo control.
Pero... a la mierda.
—Sí, eso es lo que estoy diciendo. Vamos a hacerlo. —Pienso y añado—: Quiero decir, si estás segura de que en realidad lo quieres. Esto te afectará a ti mucho más que a mí. Debes considerar eso.
Hinata terminó su Licenciatura en Historia del Arte justo antes de nuestra boda. Le gusta mucho su trabajo en una pequeña rama del Smithsonian, pero incluso con una niñera ayudando unos pocos días a la semana, debido a la falta de flexibilidad de mis horas, ella nunca ha sido capaz de tomar más que medio turno. Un nuevo bebé significaría que ni siquiera sería capaz de hacer eso, al menos no por un tiempo.
Hinata envuelve sus largos brazos alrededor de mi cuello, se pone de puntillas, y me besa. Es dulce y caliente al mismo tiempo. Necesitada, pero también tierna. Cuando retrocede, todavía hay lágrimas en sus ojos, pero de las felices.
—Hagamos un bebé, Naruto.
