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SEPTIEMBRE
Quien fuera que dijo que tratar de tener un bebé era trabajo arduo, está loco. Nuestra vida sexual era caliente antes, pero una vez que la efectividad del control de natalidad de Hinata desapareció, fue a toda marcha. Mi esposa es creativa es una artista del bosquejo tanto como conservadora, pero las formas creativas que encontraba para que folláramos, no eran nada más que extraordinarias.
En la cima de nuestra normalidad, la follada antes del amanecer, había sexo en la ducha, sexo en el escritorio de mi oficina, en el receso del almuerzo, sexo encima de la lavadora en la lavandería, sexo en la despensa poniendo a un lado los víveres. Incluso profanamos el armario del pasillo, lo que fue algo apretado, y aun así, fantástico a la vez.
Después estuvo la noche que tuvimos la cena con Sasuke y Sakura, mis mejores amigos y compañeros en la firma, también los padres de Sarada y Samuel, de diecisiete y dos años. Los cuatro arrasamos con cuatro botellas de vino y cuando llegamos a casa los niños ya se encontraban dormidos. Así que clavé a Hinata, rudo y sucio, sobre el espaldar del sillón en el estudio. No había necesidad de decir que, durante el transcurso de las semanas, fui un hijo de perra feliz.
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Mientras Hinata y yo intentábamos hacer un bebé, el resto de la pandilla permanecía en negación sobre la llegada del Mejor. Mes. Del Año.
Durante la mayor parte de mi vida adulta, mi calendario se revolvió alrededor de mi carrera como abogado de defensa criminal; audiencias de fianzas, arreglos, mociones, tratos. Era indiferente sobre en qué mes me encontraba, porque cada mes era básicamente igual.
Eso cambió cuando me enamoré de Hinata y los Hyûga. Ahora, después de un largo y caliente verano con una casa llena de niños necesitados, espero la llegada de septiembre, de la misma manera que los pequeños de todo el mundo esperan la llegada de la Navidad. El regreso a la escuela se encuentra en todas partes, y la desesperación de los niños está en el aire. Septiembre es un buen momento.
Excepto... por las compras de suministros para la escuela.
Eso apesta.
—Es la equivocada —me dice Namida, arrugando la nariz hacia la carpeta en mi mano.
Reviso la lista; tapas propuestas.
—Es verde. ¿Cómo puede ser la equivocada?
Apunta hacia el inventario tan largo como mi brazo.
—Dice verde lima. Ese es verde kelly.
¿Esta escuela va malditamente en serio?
Molesto, inserto la carpeta de vuelta en el desastre que es la estantería de la tienda y empujo el carrito por el pasillo.
—Esta caja tiene diez pinturas, mami. La lista dice que necesito la caja de ocho —le explica Hima a Hinata, quien se ve tan frustrada como me siento.
—No hay ninguna caja con ocho pinturas, Hima.
La enana se encoge de hombros.
—Entonces tenemos que ir a una tienda diferente.
No hay manera de que la persona que hace estas listas tenga hijos. Deberían ser baleados. Y en este momento, defendería a la persona que les disparara, sin cobrar. Solo digo.
Log me pasa un diccionario.
—Este solo tiene diecinueve mil palabras, necesito la edición de veintiún mil palabras. —Luego sonríe—.No quiero empezar el año con mal pie. Necesito todo el buen pie que pueda conseguir.
Tiene un punto allí.
—¡Naruto! —Mitsuki corre hacia mí desde el final del pasillo—. ¿Puedo tener esta calculadora científica? ¡Es asombrosa!
Miro la calculadora en su mano... tiene más botones de los que he visto en mi vida. Solo Mitsuki se emocionaría por una calculadora.
—Seguro, niño.
—¡Genial!
Empujo mi carrito al lado del de mi esposa.
—¿Cómo vamos?
Suspira.
—Veinte cosas listas; solo faltan como cien. Y eso sin contar la saga épica de la selección de mochilas.
No recuerdo haber necesitado tanta mierda cuando iba a la escuela. Era un buen día si tenía un lápiz en mi bolsillo. Hinata eleva su bolso y gesticula hacia una caja adentro. Una prueba de embarazo.
—Recogí esto para nosotros. Dice que puede mostrar resultados cinco días después de la fecha de mi período, así que como no lo he tenido todavía, podemos hacer la prueba mañana en la mañana. Cruza los dedos.
Sus ojos bailan con esperanza. Con emoción. Cuando Sakura estaba embarazada de Samuel, experimentó náuseas matutinas. Mucho. Así que aprieto el hombro de Hinata.
—No te preocupes. Por la forma en que hemos estado en ello, estarás vomitando tus entrañas en nada de tiempo.
Ella sonríe.
Luego su adorable rostro se tensa cuando recuerda algo.
—Hablando de eso, deberías hablar con Chõchõ hoy. No lo olvidaste, ¿o sí?
—No, no lo olvidé. Por desgracia.
Con sexo y embarazo en el frente de nuestros pensamientos últimamente, Hinata cree que es importante que hablemos con Chõchõ sobre el sexo seguro. Y por "nosotros", se refiere malditamente a mí.
Leyó en alguna parte sobre el efecto positivo de una relación masculina tiene con chicas jóvenes y piensa, que viniendo de un hombre, la información tendrá más que un impacto. Lo entiendo. Es solo que va a ser la conversación más extraña e incómoda que he tenido. Y tengo algunas ganadoras, créeme.
Hinata pasa su mano sobre mi pecho.
—¿Cuál es el problema? ¿Un tipo grande y rudo como tú tiene miedo de hablar con una adolescente?
Elevo una ceja.
—¿Miedo? No. Simplemente nunca pensé como buenos tiempos la vez que la llevé al concierto de One Direction. Hinata se ríe. Después se aleja cuando Hima la llama para ver cuadernos con cubiertas de cachorros.
—Estoy aburidooo —se queja Ronan desde su asiento en mi carrito.
—Casi terminamos.
—Esto apesta. —Frunce el ceño.
—No digas "apestar" —le digo con mi mejor voz "paternal"—. No es una palabra amable.
Sus lindos y malvados ojos dorados encuentran los míos.
—Pero sí apesta.
Contengo una sonrisa. Porque tengo una debilidad por la pura honestidad que tienen los niños a su edad; antes de aprender a sopesar sus palabras u ocultar sus opiniones.
Froto su cabeza, alborotando su grueso cabello castaño.
—Sí, lo hace.
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Esa tarde, me armo de valor y asomo la cabeza a través de la puerta de la habitación de Chõchõ... se encuentra sobre su cama, teléfono en mano.
—Hola.
Se saca un audífono de su oreja.
—Hola. ¿Qué pasa?
—¿Tienes un segundo?
Sus ojos dorados de largas pestañas se entornan.
—Yo no lo hice.
Negación preventiva; siempre sospechoso.
—¿Hacer qué?
—Lo que sea de lo que quieras hablarme. No fui yo.
—Anotado. —Muevo la cabeza hacia el dormitorio de invitados—.Vamos.
Se levanta y me sigue, lanzando su ondulado cabello marrón en un nudo desordenado. Caminamos hacia el dormitorio de invitados de paredes amarillas a unas puertas en el pasillo, y cierro la puerta detrás de nosotros.
Chõchõ se sienta en la cama con un suspiro medio molesto; como si estuviera haciéndole perder su precioso tiempo. Como si no hubiera otras cientos de cosas que preferiría hacer; como conseguir una endodoncia sin anestesia.
Cruzo los brazos, la miro, e imagino que me encuentro en la corte, hablándole a un testigo. Calmado, freso, y firme... ese es mi trabajo. Y soy jodidamente bueno en eso.
—Entonces... el novio y tu... ¿cómo va eso?
Su ceño se arruga.
—Eh, ¿bien?
—Seis meses es un largo tiempo en años de secundaria.
—Supongo.
—¿Es como un aniversario de caramelo?
Y ahora me mira aún más extrañada.
—¿De qué estás hablando, Naruto?
—De acuerdo, aquí está la cosa... tu tía y yo hemos notado que tú y Peter parecen... bastante serios. Y... queremos asegurarnos de que están siendo seguros.
La última palabra cuelga pesadamente en el aire. Como uno de los pedos rancios de Primo.
El rostro de Chõchõ toma una sorprendente sombra de rojo ardiente, que a pesar de su lindo tono moreno se nota a kilómetros de distancia.
—Oh, por Dios. ¿Realmente está pasando?
Pellizco el puente de mi nariz.
—Lo sé, lo sé, es jodidamente horrible. —Luego abro los ojos y le digo la pura verdad—. Pero esto es importante, Chõchõ.
Sus ojos golpean el piso mientras jadea un amortiguado—: Está bien. Pero ya tuve la charla de sexo. Como, hace años, con mi mamá. Sé sobre estar seguro.
Y ahí va la rodada de ojos, era solo cuestión de tiempo.
Asiento.
—Saberlo no es lo mismo que hacerlo. En especial cuando estás en la secundaria. —Abro la gaveta de la mesita de noche y saco la caja de condones que hay adentro—. Entonces, esto siempre va a estar ahí. Para que los uses. Sin hacer preguntas. Tu tía o yo reemplazaremos la caja cuando sea necesario; de nuevo, sin hacer preguntas, Chõchõ.
Créeme, esas son preguntas que no quiero oír.
—Solo para ser claros, eso no somos nosotros diciéndote que está bien tener sexo. Es nosotros siendo realistas y queriendo que te protejas... cuando lo hagas.
Coloco los condones de nuevo en la gaveta y me apoyo contra la pared, cruzando los brazos de nuevo, mientras Chõchõ me observa.
—Algunos chicos pueden tratar y darte un mal rato sobre usar condones. Y como hombre, te digo que te mantengas firme... jódelos.
El eco de mis propias palabras penetra.
—¡Quiero decir, no! No los jodas. Nunca.
Mierda, soy malo en esto.
Una rápida risa incómoda se escapa de la boca de Chõchõ. Me froto la incipiente barba en mi barbilla, escogiendo mis palabras con cuidado.
—No voy a ser hipócrita y decirte que esperes hasta que estés casada... Aunque es bastante tentador. —Solo quiero que recuerdes... que las personas pueden salir lastimadas cuando tienen sexo antes de que estén listas. Nadie nunca ha salido lastimado por esperar.
No dice nada y en verdad no espero que lo haga, pero la mirada contemplativa que tiene me dice todo lo que ella no. Me está oyendo.
—Y si alguien alguna vez te presiona o te lastima...
Los voy a atar a un árbol y quemarlos vivos.
—... Si tienes alguna pregunta o te cuestionas sobre algo...
—puedes hablar con nosotros. Conmigo o tu tía; no hay nada que no puedas decirnos. ¿Entiendes?
Asiente.
—Lo entiendo.
Inclino mi barbilla.
—Bien.
Chõchõ se levanta y caminamos hacia la puerta. A medio camino, se detiene.
—Esto realmente fue de mente abierta de tu parte, Naruto. Y aprecio que tú y la tía Hinata, ya sabes, cambiaran de roles en esta situación.
¿Fue eso lo que hicimos?
—Pero... no volvamos a tener esta conversación. ¿Suena bien?
Todo el aire sale de mis pulmones.
—Jesucristo, sí. Suena bien.
Me da un pulgar arriba y una sonrisa. Es pequeña y todavía avergonzada, pero es una sonrisa.
—Genial.
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A la mañana siguiente, Hinata y yo estamos justo donde nos hallábamos hace algunas semanas, secuestrados en nuestra habitación, contando los tres minutos de espera para leer la prueba de orina. Hinata se encuentra más calma esta vez, manteniendo una tensa cadena en su anticipación.
Me siento en la cama, tocando con los dedos "Iron Man" en mis piernas. La ansiedad es una sensación poco común en mí, pero la siento ahora. Porque, quiero esto. Por ella. Porque va a hacerla tan feliz.
Y también lo quiero por mí.
Hinata empuja una hebra negra azulada detrás de su oreja y se para delante de mí.
—Es la hora. ¿Quieres que mire?
Agarro sus caderas y la jalo entre mis piernas, plantando un beso contra su esternón.
—Yo lo haré.
Esta vez, cuando salgo del baño, lo hago sonriendo. Grande y orgulloso. En realidad jodidamente mareado.
Hinata no espera a que diga las palabras. Le da una mirada a mi sonrisa y se lanza directo hacia mis brazos.
Porque estamos bien y verdaderamente embarazados.
