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NOVIEMBRE


Es algo bueno que el sexo fuera tan abundante antes de que Hinata se embarazara. Hizo que las semanas que siguieron, cuando la fiesta de coño llegó a un triste y doloroso final, fueran más fáciles de soportar. Fue el cansancio lo que le llego primero. La golpeó como un maldito tren, ni siquiera mi boca entre sus piernas podía despertarla.

No lo tomé como algo personal.

Después los vómitos empezaron. Las náuseas matutinas la atacaban en las tardes, lo cual, viendo el panorama general, era lo mejor. Porque la mayoría de las tardes se hallaba en el museo, lo que hizo que ocultarlo de los niños fuera mucho más fácil.

No decirles hasta que estuviéramos seguros de que todo estaba bien fue una decisión que tomamos juntos. Uno de cada cinco embarazos termina en aborto durante el primer trimestre, y si esa tragedia llegaba a pasarnos y los niños sabían, abriría una lata de gusanos a la que no queríamos ni siquiera acercarnos.

Así que, durante los primeros meses, no le dijimos a nadie. Fui con ella a su primera consulta con el doctor. Hinata lloró cuando escucho el latido del corazón y lloró aún más fuerte en el ultrasonido. Yo no. Ver un punto gris en la pantalla y escuchar el sonido de agua no me hizo sentir nada. No hizo que se sintiera real.

Mantuve eso para mí, claro. Porque no soy un jodido idiota.

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—Entonces... tengo grandes noticias.

Es una templada y soleada tarde de jueves y Sai, Sasuke, Sakura y yo estamos almorzando en un bar a unas cuadras de nuestro edificio.

Sai se inclina sobre sus codos y hace esa proclamación, sus traviesos ojos oscuros mirándonos a cada uno para asegurarse de que le estamos prestando atención.

Si Peter Pan alguna vez decidiera crecer, imagino que se vería como Sai. Siempre ha tenido un aire descuidado y una actitud espontánea, y el que se casara hace un año solo hizo que eso fuera más evidente. Porque ahora tiene una compañera para sus crímenes. Sai e Ino viajan muchos los fines de semana: canotaje, paracaidismo, caza de antigüedades, lo han hecho todo. Con una sonrisa que no puede contener, anuncia—: Ino está embarazada.

Sakura chilla, su largo cabello rosa moviéndose mientras se levanta y le da a Sai un abrazo de oso. Sasuke levanta su copa y yo me estiro a través de la mesa y le doy una palmada a Sai en la espalda.

—Felicidades.

—Es grandioso, hombre.

Me recuesto en mi silla con una sonrisa.

—¿Cómo tomó la noticia tu madre? ¿Sufrió una combustión espontánea?

La señora Anbu ha estado buscando un nieto desde que Sai llegó a la pubertad.

—Aún no le hemos dicho a nuestros padres. Estoy tratando de evitar el acoso nivel Atracción Fatal lo más que pueda. Pero tendremos que decirles pronto. Sabes lo pequeña que es Ino, ya está empezando a notarse. Si su madre hace un comentario sobre su peso, hay una gran posibilidad de que le diga que se joda.

—Toma un sorbo de su limonada—. Podría volver incómoda la cena de Acción de Gracias. Generalmente no soy fan de la palabra perra, pero si hay una mujer que merece esa etiqueta, es la madre de Ino.

—¿En qué mes está? —pregunta Sakura.

—Tres meses y medio. —Y hay una luz en los ojos de Sai que hace que me sienta cálido y feliz por dentro.

Tan feliz y cálido que, aunque a Hinata aún le faltan unos días para terminar su primer trimestre, me escucho diciendo—: Bueno, ya que estamos compartiendo, supongo que debería decirles... Hinata también está embarazada.

Sakura chilla más, y Sasuke deja salir una profunda risa de felicitación.

Lo que obtengo de Sai es—: Amigo, estás tan jodido.

—Oye —le digo—, piensa rápido.

Y le enseño el dedo medio con ambas manos.

Se ríe, porque si no puedes mostrarle a tus amigos el dedo medio...

—¿Por qué el embarazo de tu esposa es la segunda venida de Jesucristo y el de Hinata va a joderme?

No es que en realidad me importe, pero sus procesos de pensamiento por lo general son entretenidos.

—Porque no tengo seis niños sentados ya en la banca. Digo, maldición, Chõchõ está en último año así que tiene un pie fuera de la puerta, y ya la estás remplazando. —Alza una mano abierta—. Diciendo esto, si alguien debería tener docenas y docenas de hijos...

—Creo que nos quedaremos con siete —interrumpo.

—... son tú y Hinata. Felicidades, grandote.

—Gracias.

—¿Para cuándo es la fecha de Hinata? —pregunta Sakura.

—Tendrá doce semanas el domingo. Está programado para junio.

—Tal vez terminen compartiendo un cumpleaños —dice Sai—. Quizás después de que nazcan, deberíamos comprometerlos. Si se casan seremos parientes.

—Tal vez sean del mismo sexo, genio.

Se encoge de hombros.

—Eso es legal ahora.

—Sí —resoplo—, y no hay nada espeluznante sobre un matrimonio arreglado.

Sai alza ambas manos.

—Solo digo que si hubiéramos escuchado a nuestros padres, Ino y yo habríamos disfrutado nuestra relación desde mucho antes.

—Si alguno de ustedes necesita niñera, Sarada siempre está buscando ganar dinero extra —ofrece Sasuke.

—¡Oh, estoy tan emocionada! —Sakura aplaude. Y luego le dice a su esposo—: Está sucediendo tal y cómo lo hablamos.

—¿Lo hablaron? —pregunto.

Sasuke asiente.

—Seguro. Samuel ya no está en la etapa de bebé y no vamos a tener más...

Sakura termina su oración, porque es así como funcionan.

—... así que hemos estado esperando a que ustedes lo hagan, por lo que podremos satisfacer nuestras ansias de bebé...

—... Y después devolverlos —termina Sasuke.

Ambos asienten.

Sakura alza su copa.

—Por nuestra próxima generación, que sean inteligentes, talentosos y hermosos, como sus padres.

Todos bebemos por eso.

Ahora que el gato esta fuera de la bolsa, es tiempo de que Hinata y yo les digamos a los niños. Eso debería ser interesante.

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Los seis están sentados alrededor de la mesa luciendo culpables. ¿Por qué? Me recuerdan a los presos alineados en el bloque B de las celdas, esperando que los guardias no encuentren el contrabando escondido debajo del inodoro. Mis ojos se centran en cada uno y me pregunto qué es lo que no sé.

—Entonces, queríamos hablar con ustedes esta noche porque tenemos noticias emocionantes —dice Hinata, tomando mi mano encima de la mesa.

Los interrogatorios tendrán que esperar para otro momento.

—¿Iremos de vacaciones a Aruba? —pregunta Chõchõ con los ojos bien abiertos.

—No —le digo.

—¿Florida? —intenta Log.

—No son vacaciones, chicos —dice Hinata, para su decepción.

—¿Tendremos otro perro? —se une Hima.

— No —decimos Hinata y yo al mismo tiempo.

—Chicos, cállense y escuchen. —Mitsuki siempre era el más útil.

Los ojos de Hinata se mueven de niño a niño, y casi puedes sentir su anticipación.

—¡Naruto y yo tendremos un bebé!

Al principio nadie habla. Ni se mueve.

Luego Mitsuki se aventura.

—¿Van a adoptar?

—No cariño —responde Hinata—. Estoy embarazada.

Chõchõ es la primera en dejar su silla y abrazarnos.

—Felicidades chicos, es asombroso.

—En verdad quería otro perro —dice Hima, en serio decepcionada.

Namida se inclina hacia adelante.

—¿Fueron al doctor para quedar embarazados? ¿Cómo las dos mamás de Jackie Barbacoa?

—No...

Lo piensa un poco. Mientras que Log quiere más explicaciones.

—Entonces ¿cómo sucedió esto?

Hinata me mira luego se encoge de hombros hacia los niños.

— De la forma tradicional.

La mano de Log va hacia su estómago.

—Voy a vomitar.

Es entonces que todos empiezan a hablar al mismo tiempo, excepto por Mitsuki, quien se sienta en silencio. Asombrado.

—¿Cuál es la manera tradicional? —pregunta Hima.

—Guau —comenta Namida.

—No, de verdad, voy a vomitar.

—¿Qué significa tradicional?

Ronan se para en su silla.

—¿Ya no voy a ser el más pequeño?¿Seré el jefe de alguien?

—Es correcto —le digo.

Agita su puño en el aire.

—¡Sí! —Luego empieza a marchar alrededor de la mesa cantando—: Voy a ser un jefe, voy a ser un jefe...

Mientras, Log corre hacia la porta sombrillas en la esquina, fingiendo arcadas.

— Argh, argh...

—¡Alguien que me diga la manera tradicional! —grita Hima.

Y Namida se adelanta.

—Es cuando un hombre y una mujer se enamoran y el hombre pone su pene en la vagina de la mujer y nueve meses después un bebé sale de ella.

Hima me mira como si fuera un monstruo.

—¿Pusiste tu pene en la vagina de mami?

Cristo, esto se fue colina abajo demasiado pronto.

—¿Por qué harías eso?

— ... Voy a ser un jefe...

—Hablaremos de eso cuando seas mayor.

— Argh, puaj...

—¡¿Y ahora un bebé va a arrastrarse fuera de ti?!

—No exactamente.

—Eres tan inmadura, Hima.

—Cállate, Namida.

— Arrrrghh...

Ronan pone la cereza del pastel cuando dice—: ¿Qué tan grande es tu vagina, mami?

Y yo trato de ayudar.

—No es tan grande.

Tan pronto como las palabras salen de mi boca, la cabeza de Hinata se gira hacia mí. Y ambos soltamos una carcajada. Se cubre los ojos con una mano, señalando hacia los niños.

— Están locos. Todos ustedes están locos.

Pero ellos ni siquiera la escuchan.

Mientras el caos continúa haciendo erupción, pongo mi brazo alrededor de los hombros de Hinata y la halo hacia mí, besando su frente.

—Creo que eso salió bien.