¡Sostente!
FEBRERO
De nuevo, ayer, Hinata llegó a casa del trabajo después de las nueve. No me importa encargarme de los niños, pero con cinco meses de embarazo debería tomarlo con más calma. Así que temprano, a la mañana siguiente, me dirijo al museo para charlar con el idiota de su jefe. Sé que Hinata no estará ahí hasta la tarde.
He visto al tipo una vez, pero le estoy dando el beneficio de la duda de que solo es un idiota, no un completo imbécil, que no se da cuenta que necesita terminar tanto con los nuevos proyectos como el permanecer más tarde para "ayudar". A Hinata le encanta este trabajo, así que seré amable.
Al menos, ser amable es el plan.
Ese plan se evapora cuando estoy de pie junto a la puerta abierta de la oficina de Hidan Debralty; fuera de vista, pero al alcance del oído de los dos hombres en el interior.
—Que Hinata esté embarazada apesta para ti, Hidan, sé lo mucho que deseas metérsela.
Escucho un resoplido de sonido baboso en respuesta, y luego—:Oh, todavía voy a metérsela, cuenta con ello. Solo debo acelerar las cosas antes de que se ponga demasiado gorda. —Se ríen, y mi sangre se convierte en hielo—. Aunque supongo que no habrá diferencia si tiene cuarenta y cinco o cien kilos, esos labios se sentirán muy bien alrededor de mi pene.
Algunas personas hablan de su ira como una explosión de lava hirviendo, formando burbujas de furia. Pero no funciono de esa manera. Mi rabia es fría. Objetiva, insensible, brutalmente inflexible.
¿Sabes la diferencia entre hirviendo y congelado?
Se cura una quemadura en la piel. El congelado te arrancará toda tu puta extremidad. Entro, con los puños apretados como dos martillos a los costados.
El pedazo de mierda de Hidan hablaba con un compañero de trabajo de Hinata, al cual conocí en la fiesta de Navidad, quien se pone pálido de un blanco enfermizo cuando me ve.
—Mierda.
Hidan se da la vuelta y se encuentra con mi mirada. Por un segundo se ve sorprendido, tal vez incluso asustado, luego su expresión se torna indiferente. Del tipo que dice que cree que puede hacer algo, decir algo, y fastidiar a cualquier persona que no le gusta.
Debería disfrutar de esa sensación. No durará mucho tiempo.
Su compañero murmura una excusa y elegantemente me rodea con rapidez hacia la puerta. Hidan se da la vuelta hacia mí mientras entro en la habitación, rodando su cabeza oscura sobre su cuello, levantando los hombros de tamaño promedio, como si estuviera aflojándolos para una pelea.
Menudo imbécil.
Demasiado estúpido para darse cuenta de que nunca tendrá la oportunidad de dar un golpe.
—Escucha —comienza—, lamento que tuvieras que oír eso; pero, de hermano a hermano, tengo que decirte que tu mujercita ha estado sobre mi polla desde el primer día. La forma en que...
Sus palabras fueron interrumpidas al igual que su respiración, cuando mi mano arremete y se envuelve alrededor de su garganta. Lo empujo contra la pared más cercana. Apretando.
—Otra palabra —le digo en voz baja—, y te arranco la garganta. Antes de que el juez me tomara bajo su ala, tenía un
temperamento desagradable. Con su ayuda, aprendí a controlarlo. Pero eso es lo que pasa con la rabia; nunca desaparece, solo duerme. La mía está completamente despierta en este momento, golpeando contra los barrotes de su jaula fría, pidiendo ser liberada.
Solo por unos minutos. Eso es todo lo que necesita.
La cara de Hidan comienza a ponerse roja y sus dedos agarran patéticamente mi mano mientras me acerco aún más y le digo—: Voy a hacerte algunas preguntas, vas a asentir o negar con la cabeza para responder. Si mientes, lo sabré, y te haré sufrir.
Su lucha disminuye y tomo eso como que entiende.
—¿Alguna vez has tocado a Hinata?
Niega con la cabeza frenéticamente.
—¿Alguna vez le has asustado?
Otra sacudida como negativa.
—¿Alguna vez la hiciste sentirse incómoda?
Hay una pausa infinitesimal, entonces niega de nuevo con la cabeza. Libero su garganta, pero antes que pueda tomar aliento, mi puño golpea profundamente su diafragma. Debido a que la última respuesta fue una puta mentira.
Se dobla, jadeando por aire y teniendo arcadas. Lo levanto de un tirón, mirándolo a los ojos.
—Esto es lo que va a pasar, Hidan. Hinata no va a volver aquí; renuncia, considera esto su dimisión. A partir de ahora, no piensas en ella, y por supuesto no hablas de ella. Si la ves en la calle, corres al otro lado y te aseguras de que no te vea.
»Vas a escribirle una carta de referencia, así puede conseguir otro trabajo que no incluya una escoria llorona como tú. Y más vale que esa referencia sea brillante, Hidan... cada palabra un brillante elogio que ambos sabemos se ha ganado. Ponlo en un sobre, con cinta adhesiva en la parte exterior de la puerta de su oficina, y no estés aquí cuando ella lo recoja.
Asiente, todavía jadeando.
Mi voz es baja, mortal.
—Jodes a mi esposa, me jodes a mí. Y en caso de que aún no te hayas dado cuenta, te lo explicaré: no quieres joder conmigo.
La rabia en mi interior, la que tiene la voz de mi padre, clama por al menos una fractura de hueso... en su brazo, mandíbula, en su puta columna vertebral.
Pero la imagen de seis dulces rostros sonriendo, que me necesitan, me detiene; me dan la fuerza para salir por la puerta y dejar a Hidan Debralty golpeado, pero no roto.
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Utilizo la caminata del museo al bufete de abogados para calmarme. En el momento en que entro en la sala de conferencias para nuestra reunión semanal, asumo que me veo normal de nuevo. Y me equivoqué sobre ello.
Sasuke, Sakura y Sai me miran fijamente con los ojos abiertos ampliamente mientras me siento. Durante varios segundos, no hablan.
Luego Sasuke se arriesga a decir—: ¿Estás bien, hombre?
Fulmino con la mirada el archivo sobre la mesa frente a mí.
— ¿Por qué no lo estaría?
Sakura coloca su largo cabello rosa detrás de una oreja.
—No me lo tomes a mal, pero te ves un poco... asesino, Naruto.
—Eso tiene sentido. —Tenso mi mandíbula—. Casi acabo de matar a un tipo. No lo hice, pero podría haberlo hecho.
Sai arquea sus cejas.
—Bueno, eso es algo que no escuchas todos los días, incluso en este negocio.
Sasuke se inclina.
—Quizá deberías darnos más detalles, por si acaso.
Esa, probablemente, es una buena idea.
Después de que les cuento toda la historia, Sai y Sasuke están firmemente de mi lado. Lo entienden.
¿Sakura? No tanto.
—Espera un segundo. ¿Renunciaste por ella? ¿Y crees que Hinata va a estar bien con eso?
En retrospectiva, probablemente no. Y, sin embargo, no puedo hacer que me importe. Debido a que estoy enojado ya que no me contó que el hijo de puta para quien trabaja la hizo sentir incómoda. Probablemente ha estado lidiando con sus miradas y sugerencias y Cristo, más vale que eso sea todo con lo que ha estado lidiando.
—¿Qué otra opción tenía, Sakura? —le pregunta Sasuke—. Estoy seguro que no querrías trabajar para un idiota como ese.
Los ojos de Sakura se entrecierran porque ella es mujer, y nunca ha sido tímida para despotricar al respecto.
—¿Por qué Hinata tiene que dejar un trabajo que ama y el idiota quedarse?
Sai añade su granito de arena.
—Ella tiene razón, Naruto. Aprendí de la manera difícil a no meterme con la carrera de mi chica ¿lo recuerdas? Por otra parte, Hinata pronto tendrá permiso de maternidad.
—Y tenía la opción de regresar después de que naciera el bebé — argumenta Sakura—. Pero ahora esa opción desapareció.
Hablando al respecto, mi teléfono emite un sonido de alarma. Ya que mi culo tiene que estar en la corte dentro de veinte minutos. En el camino, comienzo a asimilar los comentarios de Sakura y decido al menos avisarle a Hinata lo que he hecho. Trato de llamarla, pero no me atiende. Si Hidan tiene media neurona, hará lo que le dije, y Hinata y yo discutiremos las consecuencias cara a cara.
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La corte levanta sesión temprano, de manera que llego a casa a las cuatro. Lo suficientemente temprano para enviar a casa a la niñera, quien en general se halla allí cuando los niños se bajan del autobús.
Hinata normalmente trabaja hasta las seis los miércoles, pero mentiría si dijera que no me sorprendió que hoy no estuviera temprano en casa. Hay un estruendo de charla alrededor de la mesa del comedor mientras los niños desempacan mochilas bulliciosa y simultáneamente, hablan de las tareas, piden permiso para ir a la casa de sus amigos, preguntan qué hay de cenar, y piden permiso para comer un aperitivo.
Me siento en el extremo de la mesa, con las piernas estiradas, brazos cruzados y la mirada fija en la puerta. Hasta que escucho la puerta delantera abriéndose de golpe con un explosivo bam. Y aparece mi magnífica esposa embarazada, inmovilizándome con el jodido fuego grisáceo en sus ojos.
Exhala con fuerza por la nariz.
—Necesitamos hablar. Afuera. Ahora.
Todos los niños se quedan congelados en medio de lo que hacían.
En cualquier otro caso, sería divertido, la manera en que atrapa su atención al instante.
—Con seguridad lo necesitamos —es mi respuesta sencilla. Mitsuki comienza a silbar el tema de "Darth Vader" de Star Wars.
Mientras me levanto y sigo a Hinata hacia la cocina, Namida canta—: Alguien está en problemas.
—Y por una vez, no soy yo —señala Log—. Que conste, gente.
Vamos a través de la cocina y salimos por la puerta trasera hacia el patio. Tan pronto como la puerta se cierra, Hinata se voltea, moviendo un sobre abierto hacia mí.
—¿Qué demonios es esto? ¿Y por qué Hidan me informó, podría añadir que a través de la puerta cerrada de su oficina, que le habías dado mi renuncia?
Cruzo los brazos.
—Me interesa más oír sobre el acoso sexual que has estado sufriendo en silencio por Dios sabe cuánto tiempo y por qué diablos no me pusiste al tanto.
Ahora se cruza de brazos y levanta una cadera.
—Me gusta mi trabajo, Naruto, no era tan malo, y sabía que harías de eso un gran problema.
Mantengo un control firme en mi voz, y mi temperamento, sin embargo lo que voy a decir, es una batalla.
—Oír a ese cabrón decirle a un compañero de trabajo cómo no podía esperar para metértela en la boca sonaba como un gran maldito problema para mí. Supongo que soy así de divertido.
Parpadea.
—¿Eso dijo?
Mi asentimiento es rápido y afilado.
—Y esa elección de palabras no fueron ni de cerca tan agradables. —Señalo con mi dedo—. Debiste haberme dicho que lidiabas con eso.
—¡Lo estaba manejando bien!
Esas cuatro palabras me llevan justo al límite.
—Obviamente no, ya que esa basura aún tiraba mierda sobre ti. Eso ya no será un problema.
Su mandíbula se aprieta y levanta la barbilla, y si no estuviera tan furioso, en realidad estaría excitado en este momento.
—No renunciaré a mi trabajo, Naruto.
—Ya lo hiciste.
— No voy a renunciar a mi trabajo, Naruto.
Mi voz se suaviza, disminuyéndola a un susurro letal.
—Vamos a dejar esto claro como el cristal. Si ese malnacido consigue estar de nuevo a menos de seis metros de ti, lo mataré. No regresarás a ese lugar. Punto.
Los brazos de Hinata caen a sus lados mientras grita—: ¿Quién eres?
—Soy tu esposo.
—¿En serio? ¡No recuerdo intercambiar anillos con un maldito cavernícola!
Me inclino sobre ella, casi nariz con nariz.
—Entonces no prestaste ni de cerca la suficiente atención.
Me mira por unos segundos, luego cierra los ojos y respira profundo, dando un paso atrás. Cuando se enfoca en mí de nuevo, la furia se ha desvanecido, reemplazada por algo más peligroso.
Resentimiento.
—No puedo hablar contigo cuando estás así.
—Estoy completamente calmado. Tú eres quien hace el berrinche. Y al parecer no puedes hablar conmigo para nada, maldición.
Parece que tengo algunos problemas de resentimiento por mi cuenta. Sai diría que es saludable, sacar todo esto. Esa teoría puede irse a la mierda.
La mano de Hinata va a su estómago, a su vientre, frotando círculos. Toma otra profunda y liberadora respiración.
—Los niños tienen tarea, tenemos que comenzar con la cena, el profesor de Namida estará aquí en cualquier minuto. Terminaremos después. Se mueve a mi alrededor hacia la puerta pero se detiene cuando digo su nombre.
—Hinata. Esto ya se terminó.
Ella me sisea a través de sus dientes apretados.
—¡Dios, algunas veces eres un idiota!
—Lo que sea.
Después de eso, hacemos lo mejor que podemos para ignorarnos toda la maldita noche.
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¿Cena? Terminada.
¿Platos? Limpios.
¿Niños? Dormidos. O al menos, fingen estarlo, lo que funciona para mí.
Hinata y yo compartimos el espacio del lavabo del baño, cepillándonos los dientes, nuestros brazos se mueven a juego, en sacudidas violentas. Ambos evitamos el espejo y en cambio miramos fijamente el grifo como si hubiera insultado a nuestra madre.
Termino primero, entro a la habitación, me quito el bóxer, y me deslizo dentro de la cama. Un minuto después la luz del baño se apaga, y observo, a través de la habitación en sombras y bajo la luz de la luna, mientras Hinata camina hacia el otro lado de la cama. Se sube, quedando tan lejos de mí como le es posible sin realmente caerse del colchón.
Miro el techo, un brazo colgando sobre mi cabeza, escuchando el sonido de su tensa y rigurosa respiración. Y Dios, sé que me hace sonar como un débil, pero quiero sostenerla. Tan frustrado como estoy con su ridícula terquedad, tan exasperado como me siento por todo el maldito fiasco... la amo.
Es una necesidad constante y viva dentro de mí. Mis brazos se sacuden con la urgencia de acercarla, de sentirla, cálida y flexible contra mí.
Mi voz sale en un susurro suave y abrupto.
—Hinata...
Lentamente, se voltea en su lado, enfrentándome. Nos observamos el uno al otro en la oscuridad por unos segundos, entonces con suavidad insiste—: Nuestra discusión no ha terminado.
—De acuerdo.
—Y en la mañana estaré muy molesta contigo de nuevo. Mi mano encuentra su mandíbula, acariciando, antes de moverla a su cabello.
—Puedo vivir con eso.
Me da un pequeño asentimiento, y luego se acerca, descansando su cabeza en mi pecho. Envuelvo mi brazo a su alrededor, sosteniéndola fuerte. Y hay un pequeño consuelo con la idea de que ella necesita esto tanto como yo.
—Te amo, Hinata.
Su suspiro es largo pero no malagradecido.
—Lo sé. Yo también te amo.
Hay una pausa pesada, y luego agrega—: Incluso cuando te comportas como un idiota.
Sí. Puedo vivir totalmente con eso.
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A la mañana siguiente, nuestra tregua de medianoche en su mayoría definitivamente se acaba. Nuestras mañanas son ocupadas, locas, y eso nunca es más cierto que en un día de escuela. Levanto a los niños. Están vestidos y alimentados para cuando Hinata entra al comedor.
Usando un lindo vestido verde oscuro apretado y una chaqueta a juego. Vestida para el trabajo. Desde la silla en la mesa, mis ojos la examinan.
—Lindo atuendo.
Sonríe. Determinada.
—Gracias. Es nuevo. La ropa de maternidad ha evolucionado mucho desde que Karui estuvo embarazada.
Levanto una ceja cuestionando.
—¿Ya tienes una entrevista de trabajo programada?
Y sus fosas nasales se abren.
—No. Tengo un trabajo. Estoy vestida para ir allí.
En algún momento durante la noche, decidí que ya no iba a pelear con ella. Está jodidamente embarazada, solo un estúpido desalmado con palabra de honor molestaría a su esposa embarazada, y me he esforzado mucho a través de los años para no ser eso. Así que asiento. Saco mi teléfono y marco el número de Sai. Y mientras hablo con él, mi mirada no titubea ante el rostro tenaz de mi esposa.
—Oye, escucha, se supone que hoy tengo que estar en la corte a las diez y no voy a llegar. ¿Puedes reemplazarme? ¿Solicita una prolongación?
Hinata se encoge ante la pregunta.
Después de que Sai responde en mi oído, le digo―: Sí, exacto. Gracias... Te la debo.
Golpeo el botón de colgar y deslizo el teléfono en mi bolsillo. Y todos los ojos, los míos y los de los chicos, están en Hinata.
—¿Por qué harías eso?
Abro mis palmas, señalando como si la respuesta fuera obvia.
— Vamos a ir a trabajar al museo. Soy jodidamente talentoso pero ni siquiera yo puedo estar en dos lugares al mismo tiempo.
Sus ojos se entrecierran.
—¿Vas a venir a trabajar conmigo?
Sonrío con malicia.
—No hay ningún otro lugar en el que preferiría estar.
—¿Ese es tu plan? Vas a seguirme. ¿Para siempre?
Me inclino hacia adelante, los codos en mis rodillas.
—Haré lo que tenga que hacer, cariño, no importa durante cuánto tiempo tenga que hacerlo.
Su rostro se tensa y aleja su mirada de mí. Luego saca su teléfono del bolsillo de la chaqueta y unos segundos después habla a través de él, dejando un mensaje de voz.
—Hidan, es Hinata. Parece que lo que me dijiste ayer es acertado. Voy a renunciar. Yo... adiós. —Me fija a la silla con el ceño fruncido―. Ahí está, ganaste. ¿Feliz, Naruto?
—Esto no era acerca de ganar.
—¿Estás seguro? Porque es como se siente.
Se aleja, dirigiéndose a la cocina, pero no antes de ver sus lágrimas con claridad en esos ojos grises como el cristal. Y, mierda, si eso no me hace sentir como la polla más pequeña que alguna vez ha existido. Justo cuando creo que no me puedo sentir más bajo, Hima se las arregla para ayudarme.
—¿Mamá y tú se van a divorciar?
Log levanta la mano.
—Yo reclamo a Naruto.
Chõchõ golpea su mano y le dice que se calle.
Toco la manito de Hima.
—No, no vamos a divorciarnos.
—Eso es lo que dijeron los padres de Abigail Stillwater. Justo antes de divorciarse. Luego el día de visitas, el señor Stillwater llamó al amigo de la señora Stillwater prostituto menor de edad y la señora Stillwater dijo que el señor Stillwater era un bastardo holgazán que no era su dueño. Tuvieron que ser escoltados a la salida del edificio.
Jesucristo.
Ronan da un paso al lado de su hermana.
—¿Estás seguro de que no van a divorciarse? —Mueve su dedo—. Di la verdad.
—Sí, estoy seguro. —Paso una mano por mi cara—. Miren, chicos, algunas veces los adultos no están de acuerdo. Así como ustedes dos... ustedes pelean todo el tiempo, pero aún se aman el uno al otro.
Ellos se miran, confundidos, y algo disgustados.
—¿Nos amamos?
—Jódeme.
—De acuerdo, mal ejemplo. Les prometo que mamá y yo no nos vamos a divorciar. —Hago un gesto hacia sus mochilas y abrigos—. Ahora alístense, el bus estará aquí pronto. Namida, ayúdale a Ronan con sus zapatos.
Namida frunce sus labios, más callada que lo que alguna vez la he visto.
—De acuerdo.
Con un gran suspiro entro a la cocina, para arreglar el mierdero que es esta situación. Ella se encuentra en el fregadero, lavando los platos... y conteniendo las lágrimas.
He visto algunas cosas en mis días que rompen el corazón, pero no hay nada en la tierra más devastador que ver a Hinata Uzumaki tratando lo más que puede de no llorar.
Y fallo.
Me acerco por detrás de ella, envuelvo mis brazos alrededor de su cintura, y entierro mi cara en su cuello.
—Odio esto.
Se pone rígida, y sorbe, pero sigue en silencio.
—Maldición, odio esto. Quiero que seas feliz, pero necesito saber que estás segura. —Mis brazos aprietan fuerte—. Yo... no seré capaz de funcionar si no sé eso. Intenta entenderme. Por favor.
Ella me da más de su peso, recostándose, suavizándose solo un poco.
—Entiendo. Probablemente me sentiría de la misma forma si las cosas fueran al contrario. Pero... duele cuando tomas decisiones sin mí—dice hipando, y aterriza como un cuchillo en mi estómago—. Cuando no piensas en mí.
La volteo, levantando mis manos para limpiar sus lágrimas con mis pulgares.
—Pienso en ti. Siempre.
Hinata me observa con ojos húmedos y lastimados, y labios hinchados.
—Primero debiste haber hablado de ello conmigo, Naruto. Así era algo que decidíamos juntos. Somos un equipo... ¿recuerdas?
Sus palabras me llevan de regreso a otra época, hace años, otra discusión, y las palabras severas y estúpidas que le lancé. Cuando me aterrorizaba arruinar esto. Cuando no tenía ni una maldita idea de lo que estaba haciendo.
Algunas veces... se siente como si no la tuviera.
—Tienes razón. Lo siento. No lo haré de nuevo, Hinata. —La beso suavemente. Su boca es cálida, suave y complaciente—. Pero no puedes guardarte las cosas porque no te gusta cómo voy a reaccionar. Necesito saber que serás honesta conmigo.
Asiente.
—Lo siento. Estuve mal, debí haberte dicho lo que pasaba. No me guardaré nada como esto de nuevo. Lo prometo.
Lo que Sakura dijo ayer realmente dio en el clavo. Y aunque no quiero a Hinata en ningún lugar cerca de ese idiota, ¿por qué demonios debió haber sido ella la que se fuera?
—Hoy vamos a ir a tu departamento de recursos humanos. Juntos. No tienes que renunciar. Puedes poner una queja sobre Hidan, pedir que sea trasladado a otro departamento hasta que tu licencia de maternidad comience. Luego podemos trabajar en lograr que a ese hijo de puta lo despidan antes de que regreses después del nacimiento del bebé.
Mira mi pecho pensativamente.
—De acuerdo. Quiero poner una queja, pero no voy a pedir que lo trasladen. Quizá sería mejor si me voy ahora... He estado demasiado cansada y allí hay mucho que hacer. Y luego... Creo que quiero quedarme en casa con el bebé por un tiempo. No regresar a trabajar de inmediato. Durante el primer año... ¿Quizá más?
Asiento.
—Suena como un plan.
Cuando me sonríe, arrepentida y perdonando al mismo tiempo, la tensión que ha estado apretando con lentitud mi pecho desde ayer por fin se afloja. Con los brazos de Hinata a mi alrededor, sosteniéndome fuerte, y después de algunos momentos, todo comienza a sentirse normal de nuevo.
Nuestra normalidad es demasiado increíble.
La voz de Mitsuki desde la puerta, hablándoles a sus hermanos, hace que giremos nuestras cabezas.
―Sí... se arreglaron. Divorcio evitado.
Y entonces... nos reímos.
