La voz lejana del señor de cabello grisáceo que se dedicaba a explicarle la situación a sus padres era un eco en su cabeza. No podía apartar la mirada del techo blanco que los cubría en aquel consultorio del hospital, podía oír los pequeños sollozos de su madre y podía sentir la mirada confundidas de su padre.
Quizás debía sentirse mal, peor que eso.
Pero se sentía vacía, el olor a caramelo quemado aún estaba impregnada en su garganta y eso era nada más un recordatorio de lo que había ocurrido el día anterior.
Desde ayer los medicamentos la tenían aturdida, siendo su único escape de todo aquello. Embriagando su sistema de calmantes para poder dormir, para poder sumergirse en aquella espesa oscuridad.
Sus ojos empezaron a arder pero las lágrimas se negaban a salir de sus ojos, miro a sus padres y sintió como su corazón se retorcía en su lugar, podía ver como su madre era abrazada por su padre siendo su pilar antes de que se derrumbara.
Su boca estaba seca.
Su garganta dolía.
El nudo en su estómago la asfixiaba.
-Todo saldrá bien, mamá y papá no deben preocuparse por esto- su voz tintineo en sus oídos y adorno aquellas palabras con una sonrisa reconfortante para sus padres.
Porque ella quería caer sola.
No quería arrastrar a nadie
Ella tendría que pretender que todo estaría bien.
Ella tendría que pretender que las semillas dentro de ella no la matarían.
Tendría que pretender que no estaba muriendo.
Tendría que pretender que su corazón no se embriagaba de caramelo.
Los días eran una tortura, el insomnio la acompañaba cada noche mientras las flores en su interior le invadian todo el paladar a ese invasivo dulce sabor, recordandole que ellas seguían allí.
Recordandole la existencia de aquellos ojos rubíes sofocantes.
Los calmantes le ayudaban a no sentir su cuerpo tan pesado y aún mejor para ella retrasaban el crecimiento de aquellas semillas.
Agredecia que los medicamentos a segar el dolor que la cubría en las mañanas y las noches.
Su sistema embriagado de drogas para poder aferrarse a la vaga idea de vivir.
Vivir con flores en ella.
Vivir con su corazón siendo aplastado por raíces.
Vivir colgando de un hilo
Había procurado asfixiarse en estudios y practicas para evitar ser tragada por aquello pétalos alojados en su interior, evitando cualquier contacto con sus amigos.
Evitando a Midorya que la recibía en las mañanas junto a Todoroki e Iida con sus cálidos saludos y pequeñas compañías que de cierta forma la podían tranquilizar, evitando a Mina y las demás chicas que trataban de animarla en sus pijamada, reconfortando la con su apoyo.
"No estás sola"
Era increíble cuántas veces sus amigos les decían eso, sin embargo, aquel vacío de sabor dulce la asfixiaba le calaba los huesos.
Su insomnio la hacía recurrir a escaparse de la residencia y caminar silenciosamente hacia el campo de entrenamiento dónde ella practicaba hasta que su cuerpo temblará, hasta que su piel estuviera cubierta de moretones y suciedad, hasta que su vista estuviera borrosa, hasta que simplemente todo saliera de ella.
Luego de eso flotaba hasta la ventana de su habitación y se dedicaba a tratar de dormir. Sintiendo esa vaga sensación como aquellas flores recorrían todo su pecho, haciéndola vomitar con frecuencia en el baño hasta que por el cansancio su pobre cuerpo cayera rendido a un lado del retrete.
Y así había sido su rutina.
En las clases hundida en los temas que la voz perezosa de su tutor les explicaba, tratando de evitar reconocer aquel olor a caramelo quemado que le quemaba la piel.
En los almuerzos sentía que no podría respirar por tantos estudiantes en la cafeteria y por ello, se escabuia hacia el último piso de las instalaciones, dónde el cielo le saludaba con aquel brillante azul y la brisa le revolvía sus hebras olor café.
Se recostó en el suelo observando las espesas nubes y la nostalgia la azotó, recordando las veces que luego de sus pesados entrenamientos con katsuki ellos dolían observar el cielo en silencio recargando sus fuerzas.
Su pecho se agitó
Sus oídos empezaron a pitar.
Y su estómago se revolvió dolorosamente.
Y antes de que si quiera pudiera correr al baño, vacío todo lo que estaba en su estómago sintiendo como por su garganta se deslizaban pétalos de sabor dulce.
Abrumada y desorientada se tumbó lejos de aquel líquido que había salido de su exterior con manos temblorosas abrio su mochila buscando con lágrimas que ardían en sus ojos aquel pequeño contenedor con lo que podría calmarla.
Pero en un arrebato su cuerpo tembló fuertemente haciendo que todo cayera de sus manos.
Jadeo mientras sentía que el oxígeno pesaba en sus pulmones, su pecho dolía y su cabeza daba vueltas. Podía sentir como las raíces se movían de forma tortuosa en su pecho, el roce aterciopelado de los pétalos en su garganta le causaban espasmos en busca de oxígeno.
¿Como podría siquiera pensar ser especial cuando ella era más brillante que un cielo azul?
Ella podía ver como Camie hipnotizaba a aquellos ojos rubíes siendo tan brillante.
Ella podía ver la mirada de anheló que Katsuki le dedicaba a Camie.
¿Como podría pensar que ella sería diferente para el?
¿Porque él la anhelaría?
¿Porque la amaría?
¿Porque la vería con aquel brillo?
¿Porque la besaría?
Podía sentir como el frío calaba su cuerpo mientras recordaba la forma en que el cuerpo de Katsuki era abrazado por la chica de cabello crema.
Porque no era ella
Porque no era un ángel.
Porque no era Camie.
Aquel pensamiento la hizo estremecerse mientras las lágrimas ardían en sus mejillas.
Ellos se amaban mientras ella moria.
Porque si, ella iba a morir.
Porque Katsuki no podría verla de la manera que lo hacía con Camie.
-¡Uraraka!- escucho como la llamaban desde lejos y quizo responder pero su voz solo fue un pequeño sollozo.
El olor a canela fue un bálsamo para todo su dolor, el calor tan amable que Eijirou posee fue tan conmovedor que sollozo mientras sus brazos la rodeaban y le daba aquellos fármacos que la mantenían viva.
Escucho con un eco como la campana avisaba el regreso a clases, sin embargo, el pelirojo se quedó a su lado en silencio brindándole calor mientras sentía como las raíces retocedian su paso y el sabor cítrico de aquellas flores desaparecía de su boca.
Apoyo su cabeza del hombro de Eijirou mientras trataba de regular su respiración quien solo se dedicaba a observar el cielo lleno de nubes espesas entendiendo que lo mejor que podria hacer era estar allí, en silencio.
Porque él, sin que Uraraka articular alguna palabra podía entenderla.
Podía comprender que ella estába completamente rota.
Y que lo único que necesitaba era tener alguien a su lado.
-Voy a morir, Eiji- Susurro temblorosa mientras hundía su cabeza en su pecho inundandose en aquel picante aroma tan característico del pelirojo.
El pecho del pelirojo se retorció mientras observaba a su amiga en aquel estado.
Tan ajena a lo que era antes.
Su voz siendo tan diferente a lo que era.
Sus sonrisas tan vacías.
Su mirada tan apagada.
El no era un idiota.
Sabía que ella se estaba ahogando.
Sabía que se estaba derrumbando
Sabía que estaba ardiendo.
-Eso no me impide a quedarme aquí contigo, Chako-
Sabía que era tragada por sus sentimientos pero el quería verla volver a brillar porque como su amigo no podía imaginar un mundo sin aquella castaña de olor a café y chocolate.
YO CREO EN LA SUPREMACIA DE KIRIBEBE
TE AMAMOS, MI SOL, MI REI, DUEÑO DE MIS SUEÑOS, METAS, ANHELOS Y DE MI VIDAAAA.
No me maten, yo también sufrí con este capítulo.
Wow es mi primera nota de autora así que quiero agradecerles a todos ustedes por apoyarme en Love-ly, me emociona mucho que lo disfruten así que para agradecerles haré un especial para ustedes
Este capítulo se lo dedico a mi querida GabbiTwoRed Muchas gracias linda, de verdad, haz Sido un gran apoyo para Lovely además que me encanta que me animes con todo esto, te mereces todo el amor del mundo
Quiero aclarar unas cuantas cosas, Kirishima y Katsuki son los únicos que saben sobre la condición de Ochako por lo tanto se les pidió discreción en la AU al ser conocedores del estado de Chako
