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MAYO


Marzo y abril pasaron rápido, en una mancha borrosa de acuerdos de declaraciones de culpabilidad, citas con el médico, recitales, tareas, juegos de béisbol... y de Hinata, cada vez con la panza más grande.

Es salvaje.

Se hallaba dormida la primera vez que sentí al bebé patear. Fue un poco antes de las cinco de la mañana y mis ojos acababan de abrirse. Pensaba que el techo necesitaba ser repintado, cuando sentí un pequeño pinchazo contra mis costillas, donde la protuberancia se presionaba contra mí.

Fue la primera vez que en realidad entendí que había un bebé ahí. Una nueva pequeña persona, verdadera y única que Hinata y yo hicimos juntos. Como he dicho, jodidamente salvaje. Fue entonces cuando al fin entendí lo que sintió Hinata en la cita con ese primer médico. La emoción. Asombro total. E incluso cierta impaciencia.

Decidimos hace meses no saber el sexo, ante la profunda decepción de los chicos. Log representó a sus hermanos y debatió con nosotros durante semanas. Citó el delicado equilibrio chico-chica en nuestro hogar y cómo los machos, en particular, tendrían que prepararse mentalmente si, como él mismo dijo, no había "un pene allí."

Le dije que había pocas sorpresas en la vida, por lo que tenía suerte de tener una.

Hinata trató de consolarlo diciendo que iba a hacer todo lo posible con la cosa del pene.

Pero sea lo que sea que haya allí, un niño de pelo rubio o una niña tan bella como su madre de cualquier manera, no puedo esperar para conocerlo.

.

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Un sábado temprano por la noche, Hinata y yo veíamos una película con tres de los niños en la sala de estar, cuando la puerta delantera se cierra y el sonido de sollozos y pisadas vuelan por las escaleras delanteras.

—¿Chõchõ? —llama Hinata, pero no hay respuesta. Ambos nos dirigimos a la habitación de Chõchõ. La puerta que quitamos ahora se encuentra de nuevo en su lugar y su tía golpea.

Cuando todo lo que oímos es llanto desde el otro lado, entramos.

Chõchõ se encuentra en el suelo, con la espalda contra la cama, con la frente en las rodillas. Sus mejillas están mojadas y manchadas, y los sollozos sacuden sus hombros.

Hinata se sienta torpemente en el suelo.

—¿Dulzura?.

Chõchõ mira hacia arriba.

—Peter rompió conmigo. —Hace una pausa para llorar en su mano, entonces continúa—: Dijo que no quería una novia durante el verano antes de la universidad.

—Oh, cariño. —Hinata envuelve a Chõchõ en sus brazos—. Lo siento mucho.

Yo no. Estoy eufórico. Es la mejor noticia que he escuchado durante todo el día.

Por supuesto, no puedo decirle eso a Chõchõ. No lo entendería. Así que ofrezco mi apoyo de la única manera que un chico en esta situación puede.

—¿Quieres que lo golpee por ti? Sería muy fácil.

Chõchõ cierra con fuerza sus ojos y niega con la cabeza.

—Lo quería tanto. ¿Por qué no me quiere?

Hinata quita el cabello de su sobrina de los ojos. Y veo una mirada determinada, resuelta en su cara.

—Escúchame, Chõchõ. Millones de mujeres han estado donde estás ahora. Sé que es duro y sé que duele pero te lo prometo, vas a salir de esto más fuerte de lo que eras antes. Hay una razón; hay algo mejor esperándote, a la vuelta de la esquina. Y no va a doler así para siempre. Un día vas a despertar, tomar un respiro, y darte cuenta que lo superaste. Estás por encima de él.

Unos quince minutos después, Chõchõ pide estar sola, para poder escuchar canciones deprimentes repetidamente y ver montajes de YouTube sobre los personajes favoritos de sus libros en películas.

Mientras caminamos por el pasillo, digo—: Pareces bastante experimentada en la pequeña charla sobre la ruptura.

Sus ojos se posan en mí, con curiosidad.

—También me ha sucedido.

—¿Eso es lo que pensabas de mí? Antes. ¿Esperabas el momento en que te dieras cuenta que me habías superado?

Chico, era terrible. Recuerdo con una mezcla de náuseas y vergüenza las semanas que pasamos Hinata y yo como amigos platónicos, civilizados, educados, ante mi insistencia. Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y descansa su mejilla sobre mi pecho.

—No. Me resigné a una vida fingiendo. Porque sabía que no había manera que jamás te superaría.

—Sí. Más o menos también me arruinaste, Hinata.

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Ese martes, estoy en la oficina repasando mis mensajes con Sai, cuando su muy redonda y muy embarazada esposa entra. Ino viste pantalones de chándal de terciopelo de color rosa, una de las camisetas de Batman de Sai, y un par de botas de color beige que probablemente cuestan una cantidad obscena de dinero. Parece una persona sin hogar que atacó un contenedor de basura en el distrito de la moda.

—Hola, Ino.

—Hola, Naruto.

—¿Cómo te sientes?

Se frota su vientre protuberante.

—Como una garrapata a punto de explotar. Hoy es mi primer día de licencia de maternidad.

Su fecha de parto es la próxima semana.

—Felicitaciones. ¿Qué haces aquí?

Suspira, empujando hacia atrás un mechón de pelo rubio claro.

—Planeé poner mis pies hinchados hacia arriba, abrazar a los gatos, y volver a leer una novela de Stephanie Meyer, pero...

Sus ojos se deslizan a su marido.

Sai levanta la mano con aire de culpabilidad.

—Tuve un sueño anoche de que Ino empezaba el trabajo de parto y me perdía todo el asunto.

—Así que me arrastró con él hoy.

—Puedes poner los pies en el sofá de la oficina. Vamos a pasar el rato, va a ser genial.

—Sai chasquea los dedos y rebota su pierna, vibrando con más energía de lo habitual.

Ino también se da cuenta.

—¿Por qué no vas a correr?.

Sai está conmocionado por la sugerencia. —No puedo hacer eso. ¿Qué pasa si rompes aguas mientras no estoy? No quiero perderme nada.

Los ojos azules de Ino ruedan hasta el techo.

—¡Es imposible que te pierdas nada, Sai! Si no te detengo estarías directamente sobre mi culo.

Sai sonríe.

—No sería tan malo: es mi segundo lugar favorito.

Ino tira de su pelo y me mira.

—Ayuda.

Me encojo de hombros.

—Tú te casaste con él.

—Parecía una buena idea en ese momento.

—Ya basta, ustedes dos. Van a herir mis sentimientos. Estoy sensible.

Dice esto mientras camina hacia la puerta cerrada de la oficina de Sasuke. La abre, se encuentra dentro dos segundos, y murmura—:Bien.

A continuación, se da la vuelta y vuelve a salir a la zona común. Cuando trato de pasarlo con un archivo que Sasuke buscaba ayer, levanta una mano.

—No quieres ir allí, confía en mí.

Fui compañero de cuarto de Sasuke durante cuatro años. Lo conozco bien.

—¿Qué? ¿Están follando ahí?

—Sí. En la silla del escritorio. —Entonces sonríe—. ¿Sabías que Sakura se hizo un tatuaje?

Una hora más tarde, Sasuke y Sakura emergen de la cueva del amor solo ligeramente con la cara roja.

Lo que Sai intenta rectificar.

—Ustedes perros sucios ¿y si la pobre señora Higgens entrara?

Sakura toma una botella de agua de la nevera pequeña.

—Lo siento.

—El trabajo da sed, ¿verdad? —bromeo.

Sasuke desliza la corbata alrededor de su cuello y la ata.

— Samuel ha estado viniendo a nuestra cama por la noche. Cada noche. Ha hecho las cosas... difíciles.

Sakura guiña.

Sasuke nos señala a Sai, Ino, y a mí.

—¿Ven lo que tienen que esperar?

—Espera un minuto —interviene Sai—. ¿Es como una regla? ¿Se supone que no debemos tener relaciones sexuales en nuestras oficinas a menos que haya una razón?

Sus ojos se encuentran con Ino. Ella se encoge de hombros.

—Upss.

.

.

Llego a casa tarde, después de la medianoche. La casa está oscura y tranquila; solo Primo viene a saludarme. Se sienta conmigo en el sofá hasta que termino el plato de comida que Hinata me dejó en la cocina.

Cuando entro en la habitación, la encuentro estirada en la cama despierta, pero cansada. Tiene una mano en su estómago, asomándose desde la parte inferior de su camiseta, y la otra mano sostiene un libro grueso.

—Hola. —Me sonríe.

—Hola. —Aflojo la corbata y empiezo a desabrocharme la camisa—. ¿Cómo te fue hoy?

—Todo el mundo está bien.

Me arrastro hasta la cama y beso su estómago, antes de poner la mejilla contra su piel caliente, tensa.

—¿Qué lees? Baja el libro y pasa los dedos por mi pelo, frotando el cuero cabelludo.

—Un libro sobre nombres del bebé.

—Ahh. ¿Encontraste alguno bueno?

Sus dedos se mueven y cierro los ojos bajo sus cuidados.

—Yo estaba pensando, si tenemos un niño deberíamos nombrarlo Jiraya, como el juez.

Mis ojos se abren encontrando su suave y tierna mirada.

—Ese es un buen nombre.

Hinata susurra su acuerdo.

Levanto la cabeza y presiono mis labios contra su estómago de nuevo, justo al lado del ombligo que protruye.

—Pero, ¿qué piensas acerca de llamarlo Neji?.

Como su hermano. Sé que significaría mucho para ella, y si no fuera por él, Hinata y yo no nos habríamos conocido. Sus ojos parecen más brillantes, húmedos y asombrados.

— También es un buen nombre.

Asiento.

—Bueno aún hay tiempo para pensarlo.

Nunca me acostumbraré a la belleza de la sonrisa de Hinata. Un beso más tarde, me arrastro fuera de la cama y voy a la ducha.

De regreso a la habitación, soy recibido por la vista de mi mujer desnuda de pie delante del espejo de cuerpo entero en la esquina, girando a la izquierda a la derecha.

Y vaya si mi pene no aprecia la vista.

—¿Comenzaste sin mí? —bromeo.

Se muerde el labio, sonriéndome a través de su reflejo en el espejo.

—No. Solo estoy mirando. —Ladea la cabeza pensativamente, pasando las manos por encima del montículo de su estómago, a sus llenos y pesados pechos—. Es una forma tan extraña. Estoy bien con ello, es temporal, pero es tan raro. Su vulnerable mirada grisácea se encuentra con la mía—. ¿Todavía crees que soy bonita?

No puedo detener el resoplido que se me escapa. Mis pasos son decididos cuando me acerco por detrás y ejerzo presión contra ella, mi pecho con fuerza contra su delicada columna vertebral, deslizando mi polla entre los globos de su culo.

Un suspiro se filtra hacia fuera de sus labios, como si estuviera pensando. Corro el cabello de su hombro y raspo los dientes contra la piel de su cuello.

—Nunca has sido solo bonita, Hinata. Definitivamente una impresionante rompe corazones. Una obra increíblemente preciosa. Mis palmas se deslizan desde sus caderas sobre su estómago, ahuecando sus pechos en un apretón suave, a continuación, a través de su clavícula y por sus largos brazos.

Su respiración se entrecorta y el corazón le golpea en el pecho. Jodidamente me encanta la forma en que se ve conmigo apretada contra mí. El contraste de los tatuajes de colores que cubren mis brazos contra toda su piel pálida, suave y sin imperfecciones. Mi mano se desliza hacia abajo, llegando delante de ella, quedándose quieta, y a continuación, frotando entre sus piernas.

Me quejo cuando la siento ya resbaladiza y caliente. Joder, esta mujer. Debería aterrorizarme la forma en que me posee. Pero hay demasiada alegría en esto para que pueda sentir miedo. La beso formando un rastro desde su cuello a su oído, chupando, mordisqueando el lóbulo.

—Naruto... —suspira.

Retrocedo unos pocos pasos, llevándola conmigo, hasta que estoy sentado en el borde de la cama. Acuno un pecho en mi mano y llevo a mis labios a su pezón rosado, soplando con suavidad. Entonces mis ojos se cierran cuando lamo la protuberancia. Cierro mi boca sobre ella succionando profundamente. Podría hacer esto durante horas, chuparla, succionarla.

Un pensamiento atraviesa mi mente; cómo serán después de que nazca el bebé. La leche que llevarán, cómo se sentirá, el sabor. Parece retorcido. Nunca he estado interesado en las cosas retorcidas. Pero, maldita sea, podría aprender.

Libero su pezón con un sonoro ruido. Y miro hacia sus ojos lujuriosos.

—Quiero chuparte hasta que pierdas la razón. Entonces quiero que me montes.

Y me paso toda la noche mostrándole a Hinata cuán hermosa pienso que es.