Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Reto día 3: Viñera de romance.


A la Misma Estrella

Todos los caminos me conducen a ti.


Universo 6

Suspiró por quinta vez en menos de dos minutos. La verdad es que ya había perdido la cuenta de cuantas veces respiró con nostalgia y exhaló con el peso de los recuerdos que llegaban a su fin. Quiso hablar, abrir la boca y decir algo inolvidable, pero el cansancio superaba cualquier deseo. Estaba bien, estaba cómoda y relajada; abrigada por el sol y por sus fuertes brazos varoniles que siempre admiró. No había nada más que pudiese pedir en ese momento; quizás más tiempo para estar con él, pero ya se había hecho a la idea y no perdería lo que le quedaba deseando algo que no llegaría, después de todo, ella lo tuvo todo y en este momento hermoso, era la mujer más feliz del mundo.

En un instante así era imposible no recordar las esferas del dragón. La razón de todo, de tantas aventuras y todo porque como la jovencita malcriada que era, quería todo con rapidez, por lo tanto el novio perfecto, el príncipe azul debía llegar sí o sí. Y aunque tardó, llegó, y con él buenos y malos momentos; en un comienzo más tormentosos, pero el resultado final era el importante, de lo contrario ahora no estaría con ella, sentados en el pasto, bajo la sombra de un gran árbol; no la abrazaría por la cintura ni le susurraría confortables palabras al oído. Definitivamente había valido la espera.

Recargaba su débil espalda en su pecho de acero, ese pecho que literalmente la dejaba boba cuando se paseaba casi sin ropa por la casa luego de entrenar; le hubiera gustado mencionarle que a propósito siempre le entregó ropa ajustada que se marcara a su perfecto cuerpo, ya que si él era descarado para observarla, ella tenía el mismo derecho de hacerlo con él, pero se limitó a sonreír, al fin y al cabo, ya lo sabía.

Suspiró una vez más cuando él separó una mano de su cintura para tomar su mano y apretarla. Entrelazaron los dedos y ella continuó observando cómo el viento jugaba a mover las flores y ramas de los arboles, al sol filtrarse por las hojas y a pequeños pajaritos buscando alimento en el pasto, mientras que él continuaba hablándole al oído, totalmente pendiente en ella y su respiración. Nada más en el mundo existía para él, solo ella.

—…Y a ti que no te gustaba este lugar —logró decir, pero es que no podía quedarse con eso. Cuando jóvenes, unos años antes que naciera su hija, ella tomó la costumbre de tomar sol y aire puro en la quietud y tranquilidad del jardín de su padre. Era tan grande que se podía estar en cualquier lugar y a solas, justo lo que ella necesitaba para descansar su cerebro y cuerpo del trabajo y responsabilidades. Tardó poco en incluir a la fuerza a Vegeta en su rutina y pese a las negativas y reclamos durante el momento de descanso, poco a poco lo incorporó en él; después ya no tenía que decirle nada para tomarse esa necesaria media hora semanal de paz. Como ahora.

—En realidad nunca me gustó. —Corrió su cabello junto con otra caricia en su rostro—. Solo accedí para que no gritaras.

—¿Y luego poder llevarme a la cama relajada y de buen humor?

—Tú sí sabes. —La apretó más contra su cuerpo, siempre controlándose. Ya no tenía la fuerza de antes, pero de todas formas podía lastimarla.

Luego de ese corto intercambio de palabras Bulma no habló más. Su infinita inteligencia había sido capaz de mantenerla con vida más de lo que vive un humano normal, pero su hora ya había llegado y aunque su espíritu continuara fuerte, su cuerpo necesitaba descansar. Observó las manos entrelazadas, las dos arrugadas, aunque la suya mucho más, y pese a tratarse de una mujer siempre preocupada de la apariencia, le encantó verlas y saber que no estaba sola; lo tenía a él, al príncipe despiadado que en un comienzo le advirtió era imposible soñar algo con él, pero estuvo con ella hasta el día de hoy, y también su familia que esperaba no muy lejos a que ocurriera el desenlace.

Volvió a suspirar, le encantaba oír la voz de su compañero y definitivamente era mejor estar al aire libre, en un hermoso lugar que acostada y llena de cables. Bulma Brief no seguía las reglas y no comenzaría a hacerlo ahora. Su vida de aventurera, madre, mujer, científica, esposa y amante, no podía terminar en una aburrida cama.

Cerró los ojos y suspiró por última vez, pero su sonrisa no se esfumó.

Vegeta continuó hablando un rato pese a sentir el ki de su mujer desaparecer. Terminó de decir lo que quería, besó su cabeza y la estrechó una vez más. Le fue imposible no suspirar.


Fin.


Me dio pena escribir esto. La muerte siempre es un tema sensible y toca a cualquiera. Todos hemos tenido alguna experiencia con la muerte y creo que la mejor forma de irse es en paz y junto a la persona que uno ama.

Espero que les haya gustado. Muchas gracias por pasar a leer y sus comentarios.

Con cariño,

Dev.

18/11/15