Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Reto día 7: One shot basado en uno de los cinco sentidos.


A la Misma Estrella

Todos los caminos me conducen a ti.


Aroma

Universo 1

¿Qué se supone que vas hacer? —preguntó sin quitarle la vista de encima. Estaba sentado a los pies de la cama que oficialmente compartían hace dos meses, ella frente a él, de pie y con un sugerente camisón de seda, pero no era suficiente para relajar al rey de los saiyajin.

No preguntes, déjate llevar. —Se inclinó sobre él con el pañuelo de tela en las manos, pero el hombre se hizo hacia atrás.

Estaba en su esencia ser desconfiado y por mucho que hubiera demostrado lo que significaba la humana para él, al ir contra todas las reglas de su planeta al convertirla en la reina, no cambiaría toda su forma de ser.

Dime qué vas hacer.

Eres agotador —reclamó poniendo las manos en las caderas. Ya es hora que comiences a relajarte un poco, de lo contrario morirás joven. Estamos en nuestra habitación, solos, muy pronto vamos a estar desnudos y yo tengo un pañuelo en mi mano. ¿Qué crees que voy hacer con esto? ¿Matarte? —Terminó con una sonrisa que él respondió con otra similar—. ¿Y bien? ¿El rey más poderoso del universo va a cooperar conmigo o prefiere seguir perdiendo el tiempo? Mañana te vas en misión y quiero que te lleves un agradable recuerdo.

No le dijo nada. Simplemente se sentó recto y esperó a que hiciese lo que tenía planeado.

Así me gusta. —Se inclinó para mirarlo a los ojos y besarlo en la boca. Inmediatamente después, cubrió sus ojos con el pañuelo de seda.

Todo se volvió negro para Vegeta, pero continuaba escuchando la voz y movimientos de su mujer y respirando su aroma. Era como si pudiera verla entre tanta oscuridad. Tomó sus piernas cuando la sintió sentarse sobre él y no dudó en responderle los besos. Él ya quería apresurar las cosas, pero ella tenía otros planes.

No tan rápido —susurró divertida al ver que él ya estaba listo para lo que seguía—. Tenemos toda la noche para eso. —Se separó de él y alejó para ir al otro lado de la habitación. Notó que pese a no ver nada, Vegeta podía seguirla perfectamente por todo el cuarto. Salió a flote su lado infantil y comenzó a correr y a cambiar de dirección una y otra vez y él siempre movía la cabeza hacia donde se dirigía.

¿Qué demonios haces ahora?

No estás relajado. Quiero que te relajes.

¿Y corriendo de un lado a otro como loca me voy a relajar?

No me refiero a eso —Se detuvo cansada—. No dejas de estar alerta.

No lo estoy. Simplemente me guio por tu aroma.

¿Mi aroma?

Los saiyajin tenemos el olfato más desarrollado que otras razas.

Bulma sonrió y caminó hacía él, pensando en otra cosa para hacer.

En ese caso… ¿Cuál es mi aroma?

Vegeta estiró una mano para recibirla, notando, en cuanto hubo más contacto, que esta vez estaba desnuda. Él solo vestía un pantalón, así que fue agradable sentir su torso desnudo sobre el suyo cuando se sentó sobre él. Bulma se hizo hacia atrás cuando cargó el rostro contra su cuello para respirarla, todo acompañado por besos que estaban cercanos a sacarle la piel. Continuó en su pecho, donde su aroma se mezclaba con los perfumes que le gustaba usar; era como esa fruta roja que siempre insistía en darle de comer en lugar de la carne que era su alimento favorito, ahora podría comerla a mascadas, pero jamás se sentiría saciado. Continuó con sus pechos, y debió controlarse para no lastimarla. Sin el sentido de la visión, los otros y en especial el olfato se potenciaban al punto de no poder controlar lo que experimentaba y ella no ayudó cuando comenzó a gemir. Era como respirar las tierras húmedas de algún planeta salvaje que visitó y no prestó atención en ese momento, pero ahora con ella los recuerdos afloraban.

Antes de continuar, la tomó de las caderas y levantó para acostarla en el centro de la cama y ponerse sobre ella. No se sacó la venda, siguió bajando por su ombligo y más allá. Todo ella, su cuerpo, su sudor emanaban un perfume embriagante de sexo que se colaba en su nariz y lo ahogaba al punto de hacerlo olvidar quién era y el peso enorme sobre sus hombros. Si pudiera viviría en ella para siempre y moriría las veces que fuese necesario.

Tiempo después descansaban acostados y cubiertos por las cobijas. Vegeta la abrazaba por la espalda y de vez en cuando bajaba o subía la mano para acariciarla. El pañuelo lo había perdido hace rato.

Te voy a extrañar. ¿Por cuánto te irás?

No lo sé aún.

Prometo gobernar con puño de hierro en tu ausencia —susurró riendo, pero a él no le hizo gracia el comentario—. No seas gruñón, no me va a pasar nada mientras no estés. Tienes soldados de confianza custodiándome las veinticuatro horas del día, pese a que me negué, me siguen a todos lados aunque les ordene que no lo hagan, es más; no me extrañaría que estén en nuestra habitación en este momento.

El monarca la soltó para sentarse. La expresión de relajo de hace un segundo se había esfumado por completo. Bulma se volteó para mirarlo.

No iré de misión.

¿No? Pero si la habías planeado hace tanto tiempo.

Tengo muchos temas pendientes que arreglar aquí primero.

¿Y por qué la cara entonces? No te vas, vamos a estar más tiempo juntos —comentó contenta, pero cuando él la miró a los ojos, pudo notar que había algo más—. Hay algo que no me has dicho.

Mañana los dos saldremos del planeta.

¿Cómo es eso? —Se sentó para poder mirarlo mejor. Lo único que iluminaba el cuarto era el fuego de la chimenea, pero aun así podía ver su rostro—. No me habías dicho nada.

Es por tu seguridad, yo mismo te escoltaré a un lugar seguro para…

¡No! Yo no quiero esconderme, no he hecho nada. Ahora soy la reina de este lugar. —Cada vez levantaba más la voz. Ya habían hablado antes del tema y había sido clara.

Hay un grupo grande de saiyajin que se opone a que seas la reina y debo solucionar eso antes de poder dejarte acá sola. Sin mi corres peligro.

Entonces me quedo contigo, pero no tengo por qué esconderme.

No podré estar tranquilo si sigues aquí.

¡No! ¡Ya te dije que no! No voy a ir a ningún lugar. —Se levantó en dirección al baño—. Te lo dije antes y te lo vuelvo a repetir, yo me quedo, mi lugar es contigo y en el laboratorio, no voy a detener mi vida porque no le agrado a un grupo de salvajes.

La decisión ya está tomada, Bulma.

¡Exactamente! ¡La decisión ya está tomada! —Se encerró en el baño dándole un portazo la puerta.


Después de la discusión, Bulma regresó a la cama, con pijama, y no le habló en toda la noche. Hubiera ido a otro cuarto para no dormir con él, pero estaba harta de encontrarse con los guardaespaldas en cada momento. A la mañana siguiente continuó muda, incluso en la nave rumbo al planeta donde debería quedarse con sus soldados a la espera que Vegeta diera la orden para regresar. Al llegar, unos nativos amistosos la recibieron con los brazos abiertos junto con más guardaespaldas que habían preparado todo para que se sintiera cómoda y no le faltase nada a su reina. Finalmente se decidió a hablar, justo en el momento que Vegeta ya se marchaba, aburrido de su comportamiento infantil, pero sabiendo que hacía lo correcto.

—Espera, Vegeta. —Fue directo hacia él y pese a todos los saiyajin y nativos, lo besó en la boca como si se encontraran solos.

Vegeta no la apartó, pero sí se notó incomodo. Mientras la besaba no cerró los ojos para ver si había alguien mirando, pero los hombres y nativos que apreciaban su vida fijaron su atención en el suelo o en cualquier otra cosa que no fuera el monarca y su mujer.

—Esto fue por dejarme aquí sin mi consentimiento —dijo en cuanto terminaron el beso, pero no se soltó de su cuello.

—Cuando venga por ti, te haré pagar por esto.

—Estaré esperándote. —Otro beso de despedida antes de separarse.

Bulma lo observó desde el momento en que la soltó hasta que su nave se perdió de vista.

De eso ya era un mes. El tiempo que Vegeta estimó necesitaría para solucionar todo y poner en su lugar a los subversivos, pero nada resultó como lo esperaba. Los traidores aprovecharon el pretexto para unirse con otros guerreros para intentar derrocar al emperador. Por supuesto no lo lograron, pero hubo muchas bajas, por ambos bandos y el problema creció en lugar de solucionarse.

Ahora Vegeta se dirigía en su nave personal al planeta donde Bulma continuaba refugiada. Estaba desesperado, ni siquiera había curado sus heridas o cambiado de armadura. En cuanto pudo tomó su nave y fue en su búsqueda. Había hablado con ella hace tres días por el comunicador y todo estaba en aparente calma, pero encontró entre las armaduras de los cadáveres de los rebeldes un papel con las coordenadas del planeta donde estaba su mujer. Intentó contactarse con ella y sus soldados, mas nadie contestó, por eso no lo pensó y partió en su búsqueda. Uno de sus hombres lo había traicionado, era la única explicación, nadie conocía ese pequeño planeta, era tan insignificante que siempre había sido pasado por alto. Trató comunicarse una vez más, pero el resultado fue el mismo.

Antes que la nave tocara tierra, ya había salido de ella para volar en dirección a la aldea. Aumentó la velocidad cuando vio humo en el lugar. No podía ser, había llegado demasiado tarde; había dejado a los mejores hombres con ella, debían protegerla, dar su vida por ella.

Aterrizó en el mismo lugar donde se habían despedido hace un mes y nada era como lo recordaba. Había rastros de combate por todo el lugar, las casas estaban destruidas y quemadas al igual que los arboles y tierra. Su scouter no registró ninguna presencia en el área ni alrededores.

Respiró agitado, su corazón latía más violento que cuando debía pelear, su cuerpo tiritaba y no era capaz de tomarse el tiempo para pensar en el próximo paso.

La llamó sin dejar de buscarla entre los escombros, esperando que hubiera logrado esconderse. Ella era inteligente, la persona más inteligente de la galaxia como solía alardear, debía haber tenido tiempo para huir y resguardarse mientras sus hombres peleaban por ella y ahora estaba escondida, tiritando de miedo, pero a salvo y esperando por él. Ya había llegado, era tiempo de salir y regresar a su planeta o irse a otro lugar, pero juntos.

Volvió a gritar su nombre y se detuvo. Cerró los ojos se concentró en ella. Si con el scouter no era capaz de hallarla, lo haría con su olfato. La sabía de memoria y era capaz de encontrarla sin importar la situación. ¡Bulma estaba viva, maldita sea!

Reconoció a la perfección el aroma de batalla, cadáveres y carne quemada. Era a lo que estaba acostumbrado toda su vida. El hedor de los cuerpos en descomposición se metió en su nariz y casi pudo ver lo que sucedió, incluso los gritos, llantos, suplicas desesperadas, pero no la encontró a ella.

Abrió los ojos y se adentró en la única casa que quedaba en pie. Solo una parte de la construcción había sido destruida. Corrió cuando creyó sentir su aroma, debía ser ella, nadie más tenía ese olor que lograba exaltarlo y calmarlo al mismo tiempo. Removió las rocas y tablas, llamándola sin parar; tal vez había perdido el conocimiento y se encontraba atrapada, pero él había llegado para salvarla.

Se detuvo por completo y fue a negro cuando levantó un mueble y encontró uno de los pañuelos que tanto le gustaba usar en su cuello, especialmente cuando a él se le pasaba la mano y le dejaba marcas en la piel. Un solitario pañuelo amarillo sobre un charco abundante de sangre. No podía saber si la sangre era de ella u otra persona, pero fue suficiente para desquiciarlo por completo. No fue necesario vendarlo para sumirse en la oscuridad total.

Lo que quedaba de la casa estalló en mil pedazos cuando hizo estallar su ki junto con un grito desesperado que desgarró su garganta. En su mano enguantada el pañuelo con sangre, lo único que pudo encontrar de ella en ese planeta y quizás para siempre.


Fin.

Tal vez fue raptada para usarla contra el rey o simplemente la mataron para debilitarlo. Eso queda a su imaginación.

Dedico este one shot a mi querida Dika. Amo nuestras conversaciones sobre Vegeta, Bulma, posibles fics, dignidades perdidas, photoshop y demases XD ¡Te quiero mucho!

¡Muchas gracias a todos lo que leen y ahora me voy porque debo seguir estudiando!

Con cariño,

Dev.

22/11/15