Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Reto día 8: Invierno


A la Misma Estrella

Todos los caminos me conducen a ti.


Freezer


Universo 4

Él había nacido para ser el mejor, gobernar todo el universo, ser temido por todos. No habría enemigo que no temblara ante su imponente presencia y quien osara a levantarse contra él, no viviría para contarlo. Así habían dicho que sería su futuro como próximo rey de los saiyajin, la raza más poderosa del universo y con un porvenir prospero, y así es como lo habían criado.

Pero nada de eso ocurrió. La raza que se supone gobernaría el universo, terminó extinta por un simple meteorito que golpeó el planeta, terminando con cualquier posibilidad de cumplir los ambiciosos planes. Muy pocos guerreros sobrevivieron, entre ellos ninguna mujer para intentar poblar un nuevo Vegetasei, y el príncipe, quien contaba con todo para convertirse en el mejor, se vio limitado a trabajar como soldado de Freezer, menoscabado por él y por sus hombres. El tirano espacial parecía disfrutar humillarlo y al mismo tiempo mantenerlo a su lado como una mascota; lo cuidó y protegió de los más poderosos mientras fue un niño, pero con el paso de los años al darse cuenta que el príncipe continuaba con su actitud altanera, los malos tratos aumentaron.

Vegeta siempre soportó todo en silencio. No era estúpido, sabía que no podía vencer a Freezer si ni siquiera era capaz de acabar con sus hombres de confianza, por eso se quedaba y aceptaba las misiones más peligrosas, esperando algún día tener el poder suficiente para plantarle cara y vengarse por todas las humillaciones.

La gota que rebalsó el vaso fue la última insolencia del príncipe hacia el monarca espacial: lo dejó hablando solo mientras éste le conversaba lo estúpidos que fueron los saiyajin al no percatarse del meteorito que se dirigía a su planeta. Freezer le dio una oportunidad para que regresara y terminara de escuchar lo que tenía que decir al respecto, pero Vegeta harto, le dio la espalda y continuó caminando, y si había algo que nadie podía hacer, era darle la espalda a Freezer. Vegeta ni siquiera se dio cuenta cuando lo golpearon por atrás, de todos modos sabía que vendría algo así.

Al despertar se encontró en una celda pequeña de tres paredes. No era necesaria una cuarta, ya que si intentaba escapar caería por un acantilado y nadie volvería a saber de su cadáver. No podía volar, ni hacer estallar su ki. En su cuello había un collar de metal que inhibía por completo sus poderes, lo que hacía imposible cualquier intento de fuga. Debería permanecer en ese lugar hasta que decidieran sacarlo, ya que si intentaba sacarse el collar, este más apretaba a la piel y se dificultaba respirar.

Vegeta ya conocía las formas de castigo de Freezer, pero jamás había aplicado una tan fuerte contra él además de golpes terribles. La celda era tan pequeña que para dormir debía apoyar la espalda contra una pared, de lo contrario corría el riesgo de caer durante el sueño. De día el calor era abrasador y de noche el frío calaba sus huesos, pero era el único momento en que podía beber agua de las lluvias que azotaban la zona, ya que rara vez le llevaban algo para comer o beber. No sabía dónde estaba, ya que estas temperaturas extremas no eran del planeta donde vivía. Lo que sí sabía era el tiempo transcurrido; el dedicarse a viajar por largos periodos de tiempo acostumbró a su cuerpo a llevar la cuenta sin problemas. Era mucho encerrado, pero no lo suficiente para domarlo cuando Freezer fue a visitarlo a su celda.

—Freezer, qué sorpresa, de haber sabido que vendrías hubiera preparado algo para recibirte. —Terminó con una reverencia y con esa sonrisa altanera que tanto le desagradaba al tirano espacial.

—Veo que sigas igual, Vegeta. No has escarmentado ni un poco en tu encierro —dijo en cuanto entró al reducido espacio. Zarbon se encontraba en la entrada observando todo.

El saiyajin solo vestía los pantalones de su traje de combate y las botas. Los guantes y armaduras las había perdido. Se notaba que había perdido algo de masa muscular por la casi nula alimentación y movilidad, pero no lucía como debía ser después de tanto tiempo encerrado. Seguramente se trataba a su sangre de guerrero de elite, ya que otros castigados se habían desquiciados con mucho menos.

—¿Acaso esperabas que te suplicara por mi vida? ¿Qué llorara por mi libertad? —rió mostrando los dientes, como si él fuera quien tuviera dominio absoluto de la situación.

Freezer que había ido a verlo porque se encontraba de muy buen humor y quería ver a su mascota, no tardó en perder la paciencia con aquel insolente.

—No eres más que un mono que juega a ser príncipe. —Lo tomó del cuello y levantó. Caminó hasta la orilla de la cárcel y dejó colgando a la nada. Si lo soltaba significaba la muerte de Vegeta.

Freezer gozaba con el sufrimiento y la suplica de sus víctimas. Era una droga que consumía a diario y mientras más dura su presa, mejor era la recompensa cuando lograba romperlos. No había nadie como él en toda la galaxia y eso Vegeta lo sabía, por eso aunque estuviera a puertas de la muerte no le daría en el gusto de verlo suplicar.

—¿Qué estás esperando? —susurró con el poco aire que pasaba por su garganta—. Lánzame de una vez y termina con esto, poderoso Freezer. —Sonrió con ironía al pronunciar eso último.

Freezer también sonrió. No le daría en el gusto, no le daría el descanso de la muerte a este saiyajin. No lo merecía, tenía pensado para él un futuro mucho peor, pero le tomaría tiempo, y eso sería lo mejor. Disfrutaría verlo romperse y sabía que al final pediría clemencia, solo entonces, acabaría con él.

—Al parecer no me conoces, Vegeta. —Lo hizo apoyar los pies en el suelo de piedra, pero no lo liberó—. No sabes lo que puedo llegar a hacer para lograr lo que quiero.

—Te conozco muy bien, lagartija asquerosa.

—Tú y tu lengua, pero no volverás a decir una palabra más. —Le alteraba demasiado. Nadie jamás se había atrevido a hablarle así, pero no ganaría.

—Hazlo de una vez y vete, Freezer.

—Pensaba que serías un soldado útil para mi tropa, pero me equivoqué, debí haber esperado que te encontraras en Vegetasei cuando le lancé esa bola de energía.

Consiguió lo que quería. Rió con satisfacción cuando vio los ojos de Vegeta al escuchar tal noticia, pero no le dio el gusto de responderle, antes que abriera la boca, la mano que sujetaba su cuello emanó energía que traspasó el collar supresor para ir directo a su cuello y cuerdas vocales. Lo soltó y retrocedió unos pasos para ver como se revolcaba en el suelo de dolor, escupía sangre y tosía ahogado, incluso creyó ver humo salir de la boca del saiyajin. Estaba decidido a no matarlo aún, pero literalmente lo destrozaría por dentro.

—¡Tantos años trabajando para mí y jamás sospechaste que yo eliminé tu planeta! —Rió histérico. Era maravilloso verlo así—. ¡Y ni siquiera tuve que esforzarme mucho!

—Todos los saiyajin son iguales —comentó Zarbon—. Se creen superiores, pero en realidad no son más que unos simios estúpidos.

—Fue mi culpa al dejar que viviera, pero no importa, tengo tiempo de sobra. Yo mismo me encargaré de domar a esta bestia. —Se limpió las manos antes de hablar—. Te dejo solo, Vegeta, me imagino que tienes mucho que pensar. —Caminó a la puerta. Zarbon se hizo a un lado enseguida para dejarlo pasar—. Soldado Zarbon, dile al carcelero que no lo alimente más, ni siquiera agua. Nadie puede atravesar esta puerta si no doy la orden.

—Como usted diga.

Freezer se marchó con una enorme sonrisa de satisfacción de sus labios, pero Zarbon se quedó mirando a Vegeta, quien intentaba por todos los medios gritar y decir algo, pero sangre era lo único que salía de su boca. Desesperado se puso de pie e intentó ir tras Freezer pese a no tener poder alguno.

—¿Dónde crees que vas? —Con un simple golpe en el abdomen lo lanzó al suelo, justo al borde de lugar, dejándolo con los pies colgando, a punto de caer.

El saiyajin se afirmó justo a tiempo con los brazos, ignorando el corte en éstos por la piedra áspera. El dolor en la garganta era un infierno, pero él orgullo le gritaba salir de la cárcel para atrapar a Freezer. Cuando se puso de pie, el soldado ya había cerrado la puerta y retirado, también disfrutando del espectáculo, tanto que su risa podía oírse desde lejos. Vegeta corrió a la puerta, la pateó y golpeó con los puños hasta que se rompió la piel; gritó desde su interior con una cólera enceguecida e intentó quitarse el collar, lo cual empeoró todo. El dolor y la falta de aire hicieron que terminara inconsciente.

Un año después…

Golpearon la puerta de la habitación antes de hablar desde afuera.

—Su majestad, el invitado ha llegado.

—Aún no termino de arreglarme, que espere —respondió la mujer mientras cepillaba su cabello celeste y se observaba en su espejo.

—Su majestad, no quiero insistir, pero a su invitado no le gusta que lo hagan esperar —dijo el sirviente con voz temblorosa. No quería para nada regresar al salón de recepción y tener que informarle sobre el retraso de su señora. Tenía mucho miedo.

—Bueno, eso le pasó por no avisarme con anticipación de su visita. Tengo que estar presentable. Llévale vino, con eso estará contento.

—Sí, como usted diga.

La mujer no tardó mucho en terminar de ponerse bella, después de todo no era difícil, simplemente debía ponerse un vestido, joyas, peinarse, agregar algo de perfume y listo. Lo que le había dado la naturaleza debía cuidarlo y no podía aceptar que la vieran descuidada.

Casi veinte minutos ya estaba lista y sentada en su trono para recibir a la visita inesperada. De haberse tratado de otra persona lo hubiera rechazado y dicho que volviese otro día, ella tenía muchas cosas importantes que hacer para interrumpir su agenda, pero como se trataba de alguien tan importante, no pudo decir que no, considerando que todas las reuniones realizadas con su invitado, era ella quien viajaba a su planeta. Esta era la primera vez, por lo tanto debía ser algo muy importante.

Sonrió y saludó como correspondía, aunque aún no lograba acostumbrarse a caras tan feas y poco amigables, por lo menos, uno de sus hombres era atractivo y siempre era un gusto verlo, con ese porte de guerrero, rostro bello y cabello casi tan lindo como el de ella.

—Lamento la tardanza. Si me hubiera avisado su visita con anticipación, hubiera preparado a toda una comitiva para recibirlo como se debe.

—Eso no importa —respondió Freezer, sentado en su trono volador—. Voy rumbo a otro planeta y ya que pasaba por aquí, decidí hacerle una visita.

—Es muy amable de su parte. Ya di la orden para que preparen la cena en su honor. Cocinaran sus platos favoritos.

—No es necesario, Bulma. No me quedaré mucho, estoy acá para asegurarme que nuestro trato siga en pie. —A su lado estaban Dodoria y Zarbon, junto con otros soldados de diferentes razas.

Bulma también estaba rodeada de soldados humanos y de otros planetas. Todos en silencio y atentos a cualquier imprevisto. Pese a las sonrisas de ambos gobernantes, se ocultaba un dejo de tensión.

—Por supuesto que sigue en pie, Freezer. La flota de naves que pidió llegara a su destino el día pactado. Me ofende el que haya venido hasta aquí para recordármelo.

—No, para nada, no me mal interprete. Simplemente estoy de paso y ya que la Tierra quedaba tan cerca decidí venir para dejarle un obsequio.

—¿Un obsequio? —Ocultó la cara de miedo. Estos extraterrestres eran tan sádicos para todo que le daba miedo imaginarse qué podría ser, pero como todo se trataba de apariencias y cinismo, continuó con su tono amable y sonrisa cálida—. No es necesario ningún regalo, Freezer. Me basta y sobra continuar con nuestro pacto. Yo lo proveo con la tecnología que desee y usted se mantiene alejado de mis dominios. Es lo justo.

—Espero que no rechace el obsequio, me sentiría altamente agraviado.

—No ha sido mi intensión. Por supuesto que aceptaré su presente.

Con un simple movimiento de cabeza de Freezer, Zarbon dio la orden a los soldados para que procedieran. Cuatro hombres se acercaron al trono de Bulma, dos de ellos con un cofre grande y pesado, lleno de joyas brillantes y los otros dos traían a un hombre que se le dificultaba caminar. Bulma quedó tan embelesada con las joyas que no le prestó atención a nada más, incluso se bajó de su asiento para verlo de cerca.

—¡Son realmente hermosas! —exclamó honesta, metiendo las manos hasta el fondo para ver todo el contenido del baúl. Muchas de las joyas no las reconocía y eso las hacía más valiosas y hermosas. Eso la puso feliz, ella que pensaba que el tirano saldría con alguna excentricidad horrenda, pero solo se trataba de bellas joyas para la bella reina—. No debió haberse molestado, pero por educación las aceptaré todas, y le agregaré dos de mis mejores naves a su pedido.

—Me alegra oír eso. Pero no ha dicho nada sobre el otro regalo.

—¿Otro? —Miró para todos lados esperando encontrar otro cofre con piedras preciosas, pero todo lo que vio fue a sus soldados, los de Freezer y ese sujeto de pésimo aspecto que era llevado por dos hombres.

Inmediatamente se dio cuenta que ese era el otro presente. Un hombre con los brazos atrás, inmovilizado por esposas reforzadas que cubrían por completo sus manos. Reconoció el collar de control de energía y encontró de muy mal gusto que llevase puesto un bozal metálico que dejaba a la vista de la nariz para arriba, aunque la mirada desquiciada del hombre la hizo cambiar de opinión enseguida. Era como un toro enjaulado esperando el mínimo estimulo para atacar y matar. En verdad daba miedo y por su cuerpo bien formado y torso lleno de cicatrices, podía deducir que se trataba de un guerrero.

—Muchas gracias por los regalos… —Tardó unos segundos en continuar con la oración, pero es que no sabía cómo seguir y tenía miedo de dejar de mirar al hombre, sentía que en cualquier momento se abalanzaría sobre ella—. Pero me causa curiosidad este hombre. ¿Por qué está así? ¿Y qué se supone que haré con él?

—No se asuste. Está bien domado, solo tiene que acostumbrarse a su entorno y le será de mucha utilidad. Puede emplearlo para resguardar su palacio o cualquier gusto personal, le aseguro que es un muy buen guerrero, pero no intente liberarlo, ha pasado tanto tiempo así que no sabría qué hacer si lo suelta. Cuando crea prudente puede sacarle las esposas.

Bulma examinó al guerrero. Sus ojos negros y cabello en punta, su cuerpo y como los soldados lo afirmaban para que no cayera o tal vez no atacara a alguien. Era un espectáculo triste y lo peor de todo es que no podía rechazarlo.

—Muchas gracias por los regalos, Freezer. Se lo agradezco mucho.

Y tal como había dicho el tirano, la visita no duró más de veinte minutos. Pronto él y toda su comitiva abandonarían el planeta para continuar su viaje.

—Disculpe que se lo diga, pero pese a todo, el saiyajin es un buen guerrero. Es un desperdicio que lo haya regalado a esa mujer.

—Eso no me preocupa. En algún momento tengo planeado eliminarla y quedarme con sus planetas, pero mientras tanto me sirve el pacto. Su tecnología es la mejor que he conocido y al hacerla creer que la protejo es beneficioso, así trabaja para complacerme.

—¿No sería más fácil tenerla de rehén y ya?

—Hay gente que simplemente no nació para el cautiverio. Esa mujer no dudaría ni un día como esclava, por eso es mejor jugar su juego. A Vegeta lo recuperaré cuando quiera.

—Sí señor.


Aún le dolía los ojos. Había pasado tanto tiempo en un cuarto oscuro que sus ojos no lograban acostumbrarse a la luz natural, especialmente a la de este planeta nuevo. Sí se sentía más ligero, seguramente la gravedad era menor a la que estaba acostumbrado.

Respiraba agitado, estaba alterado y alerta a quien entrara a su nueva celda. Su instinto y reflejos se reducían a prepararse para defenderse de las torturas y a mantener cierta parte de su cerebro cuerdo para jamás olvidar a Freezer, aunque esa parte a veces fallaba. Había sido tanto el tiempo en cautiverio y sometido a todo tipo de vejámenes que poco quedaba del saiyajin guerrero. Es cierto que debido a su sangre y condición debía sanar rápido cualquier tipo de herida, pero había transcurrido tanto con ese collar supresor de energía, que su cuerpo había perdido esa habilidad, y ocurría lo mismo con su mente.

El príncipe saiyajin había sido regalado como si se tratara de una insignificante mascota, como el simio inmundo que le decían era, ahora pertenecía a otra persona, lo tenían encerrado en otra celda con una cadena unida a las esposas para evitar que tratase de escapar. Podría haberse sentado, ya que a diferencia de su anterior carcel, acá contaba con una cama, un lavado e incluso baño, pero él estaba de pie con la vista en la puerta; como el animal salvaje que se había convertido, esperaba que se abriera esa puerta y entrara su presa. Sí, su presa, porque ya estaba cansado serlo y no descansaría hasta escapar y cobrar venganza.

—No creo que sea buena idea que entre sola, puede ser peligroso.

Voces desde el exterior alertaron a la bestia. Dos personas se acercaban y por el olor, reconoció a un hombre y la mujer a quien lo obsequiaron.

—No me va a pasar nada, está lo suficientemente inmovilizado.

—Pero señora, soy su soldado, mi deber es protegerla.

—Y también obedecerme, así que espérame afuera y entra si yo te lo pido.

—Como usted diga.

Finalmente la puerta se abrió. Bulma entró y no dudó en cerrarla detrás de ella. No avanzó, ya que notó que aún le quedaba cadena para moverse y tampoco quería arriesgarse. Se inclinó un poco para comprobar algo que había visto en la sala de recepción y calló. Lo que llevaba el hombre alrededor de su cintura no era un cinturón, sino que una cola, y eso la hizo sonreír. Antes de venir a verlo, investigó al respecto y se puso feliz; su regalo era útil después de todo.

—Así que eres un saiyajin.

La mirada de Vegeta se clavó directo en los ojos de ella. Bulma no supo si le entendía o no, pero era claro que quería atacarla.

—Me imagino lo incomodo que debe sentirse tener todo eso puesto, pero… —Calló y pegó su espalda en la puerta cuando lo vio acercarse. La cadena quedó tirante y ella a salvo, ya que no podía tocarla—. Pero si te comportas y prometes trabajar para mi, te prometo que te liberaré de todo eso, ¿Qué dices? Solo tienes que mover la cabeza para darme a entender que comprendiste lo que dije. —Frunció el ceño. Sentía que estaba hablando con un león enjaulado.

La mujer se acercó un poco, hasta un punto donde estaba segura no podría lastimarla. Acercó la mano y puso en su frente. Estaba congelado, pese al calor que se sentía en todo el lugar por la estación del año, su piel estaba fría, al igual que su mirada. Llevó la mano hacia atrás de su cabeza, justo en la parte derecha para liberarlo del bozal, siempre atenta al tenso hombre que no dejaba de mirarla a los ojos.

—Freezer es un maldito asesino y sé que me mantiene viva y no toca mis dominios por la tecnología que tengo, pero tarde o temprano querrá eliminarme y le será fácil, por eso necesito un guerrero poderoso para matarlo primero. Alguien como un saiyajin.

El bozal cayó al suelo. Pensó que encontraría una cara deforme, pero salvo un par de cicatrices, no había nada malo. Es más, hasta podía llegar a considerarse guapo de no ser por esa expresión de locura en los ojos.

—Imagino que tienes muchas razones para vengarte de él. Entonces, si decides comportarte y cooperar, puedo darte los medios para matarlo.

—Free…zer… —susurró el hombre con voz débil y herida. Era difícil entenderlo.

—Exactamente. —Sonrió. Sabía que sería difícil, pero era lo único que tenía por el momento.


Continuará.


Ya era hora de que a Bulma le tocara ser reina y Vegeta el esclavo. Doy gracias a Dika, ya que la idea principal fue de ella. Somos buena dupla cuando se trata de crear algo con Bulma y Vegeta XD

Sé que debía actualizar ayer, ya que es un fic por día, pero esta historia se me hizo más larga y no era justo subirla sin revisarla ni arreglarla.

Como pueden ver esta historia no ha terminado, continuará próximamente. Espero que les haya gustado esta y otras más de este reto, ya que pienso en verano escribir como historias independientes más de una.

Muchas gracias por leerme y dejar rw. Ahora me tengo que levantar para irme corriendo a clases XD

Cariños,

Dev.