No tengo perdón de Dios, probablemente de ustedes tampoco...

Pero... ¡Hey! Aquí sigo y aquí seguiré hasta acabar esto. Lo prometo.

NO voy a prometer que actualizaré pronto, porque todos sabemos que soy un desastre para eso, así que... ¡Nos vemos luego!


El último año había pasado lento para Guren. Había sido relativamente aburrido, sobre todo porque había temporadas en las que Shinya ni siquiera volteaba a verlo cuando le hablaba directamente. Al principio aprovechaba que tenía tiempo para si mismo, para Mahiru... pero después de unos dos meses, ya no se sentía como él mismo. Sin Shinya irrumpiendo en su vida continuamente, no era él.

Mahiru dejó de ser interesante, sobre todo porque los temas de conversación se le acabaron. Una vez más, por la lejanía del albino. Sin él, solo se centraba en la escuela, nadie lo obligaba a salir, ni a ver películas ridículas los sábados en la tarde.

La relación de Guren con la Hiiragi, pasó al plano meramente sexual. El amor que había sentido por ella, ya no estaba. Sabía que había sido real, lo que había sentido no era, ni había sido inventado, solo... Ahora se había disuelto. Había un vacío inexplicable en su interior, uno que ella no podía llenar.

Sentía que había perdido a su mejor amigo. Aunque nunca lo diría en voz alta... una parte de él ya no estaba.

Pero se lo merecía. Por aquello que le hizo en navidad. Aunque intentó enmendarlo, no pudo. Después de aquel 24 de diciembre, no había vuelto a tocar a su novia. Ella ni siquiera se quejó, parecía estar ocupada en otras cosas, como gritarle y decirle que era un insensible y que había cambiado. Después de un par de meses más, ella cambió también. De repente era tan cariñosa y comprensiva, que Guren se refugió en eso para no sentirse tan solo.

—Shinya me odia —dijo una vez Guren frente a su novia. Ella estaba sentada sobre su regazo. La televisión estaba encendida, pero ninguno de los dos le prestaba atención. Él tenía la mirada perdida; ella, jugaba con algunos mechones del cabello del Ichinose.

—Ah, no te odia, está ocupado —respondió ella con voz melosa.

—No me habla ya.

—¡Es 27 de enero! Dale tiempo, empezó sus clases hace poco —intentó calmarlo.

—¡Él habla todo el tiempo, incluso cuando está en finales!

—Dale tiempo, amor —ella se acercó a dejar un beso sobre sus labios, luego suspiró con una sonrisa—. Además, ahora ayuda a Shinoa con sus tareas.

—Solías hacerlo tú —fue casi como una queja. Mahiru lo dejó pasar, a pesar de que en su cabeza se encendió una pequeña llama de molestia—. Solo está en kinder, ¿qué tan difícil puede ser?

—También la ayuda con sus lecciones de piano.

—¡Shinya no sabe tocar el piano! —recriminó él.

—¿Y así te proclamas su mejor amigo? Shinya toca el piano desde los 4 años. Es mejor que yo —últimamente nunca hablaban de Shinya, Mahiru intentaba nunca tocar algo que lo trajera a la conversación... pero esta vez, Guren lo había traído y algo dentro de ella, a pesar de que era su rival, quería proteger la imagen que su novio tenía de él. ¿Por qué? Quizá porque eso la dejaría a ella bien parada cuando una verdadera batalla entre ellos iniciara... o quizá porque, a pesar de todo... era su hermano, su prometido, habían estado cubriéndose las espaldas desde niños.

—Soy un asco.

Mahiru no lo negó, a Guren no le importó.

• • •

Era 1 de febrero cuando Guren decidió que Mahiru tenía razón. Estaba exagerando, Shinya estaba bien, solo ocupado.

Ok, no había sido por lo que Mahiru dijo, de hecho, había estado yendo a ver a Shinya a su trabajo. Krul, la dueña, le había informado que el peliplata había recortado su horario porque la escuela, este semestre, lo absorbería casi por completo.

De cualquier manera, ahora al menos tenía el horario de trabajo de su amigo, así que sería relativamente más sencillo verlo. Decidió que iría a visitarlo al día siguiente.

Pero el 2 de febrero, cuando estaba afuera del restaurante, Shinya parecía estar demasiado ocupado como para salir a descansar. El lugar estaba demasiado concurrido, podía ver a Mika ayudando a limpiar las pocas mesas vacías para los clientes nuevos y su amigo... solo repartía los pedidos. Podría jurar que veía el sudor perlando su frente desde la acera de enfrente.

No se iría sin hablar con él, no le importaba quedarse hasta que su turno terminara.

Así lo hizo. El lugar se vació y vio a Krul cargando a su hijo, que estaba exhausto por la gente y probablemente estaba quedándose dormido entre sus brazos. Shinya se ofreció a cargarlo, el niño se entregó a sus brazos mientras Krul buscaba su bolso y se encargaba de cerrar.

Una idea fugaz cruzó su mente.

Krul... Krul no era muy mayor, era una mujer valiente, trabajadora, agradable y además era la maravillosa madre de un pequeño encantador. Shinya fácilmente podría caer por ella. A pesar de ser demasiado joven para encargarse de un niño, ellos dos eran los únicos que manejaban el restaurante... y Krul aparentemente vivía bien. Muy bien. Shinya no representaría ningún gasto, realmente.

Además, él mejor que nadie conocía las virtudes de su mejor amigo. No solo era capaz de poner una sonrisa en el rostro de todos, su sola sonrisa iluminaba incluso el más lúgubre lugar. Tenía un rostro precioso, unos ojos que lo eran aún más, piel suave... Su cabello siempre olía bien, era limpio, responsable y amaba a los niños. Su personalidad era encantadora, todo él era adorable. Si fuera una chica, Guren no dudaría en...

Incluso si no...

Sacudió la cabeza.

Krul fácilmente podía enamorarse de él perdidamente. Le confiaba a su hijo, también su restaurante... ¿Quién dice que ella no estaba enamorada ya? ¡Era posible! Es más, con todo lo que Shinya ya hacía por ella, era casi imposible que no estuviera enamorada ya. Y Shinya... Jamás lo vio con nadie. Ninguna otra chica. Desde la llegada de la pelirrosa, parecía que la mitad de su mundo giraba en torno a ella. La otra mitad giraba alrededor de ser una molestia para Guren.

Su pecho dolió.

Los vio salir a ambos. Se levantó y, por alguna razón, se escondió tras un árbol. Estaba oscuro, caminaban hacia el auto de la chica. Su amigo aseguró a Mika en su asiento en la parte de atrás y estaba seguro de que lo vio besar su frente. El niño le dedicó una sonrisa adormilada. Cerró la puerta y luego se dirigió a su jefa.

Se quedaron hablando por un par de minutos, los vio reír. El estómago de Guren se revolvió: hace mucho que no veía a Shinya tan despreocupado... Tan feliz.

Recordó las últimas veces que estuvieron juntos. El albino se veía tan... cansado. Parecía que su luz se extinguía y que no le preocupaba ese hecho en absoluto. Parecía decepcionado de la vida, del mundo entero. Incluso de él.

El pelinegro no podía soportarlo.

¿La actitud distante de Shinya se debía a su enamoramiento? ¿Sería por todo eso del matrimonio con Mahiru y no poder estar con Krul? Tendría sentido... todas sus noches de insomnio y todas las pesadillas. Recordaba cómo se sentía él mismo cuando pensaba en que Mahiru no podría ser suya jamás... Pero eso estaba ya muy lejos, hace tiempo que dejó de amarla con la intensidad de antes.

Sintió un poco de pena por él. Pero luego su corazón dio un vuelco cuando los vio despedirse. Shinya se inclinó para dejar un beso en el cabello de ella. Krul pareció avergonzada, le dio un leve golpe en el brazo, como reclamo, y luego se cruzó de brazos.

Definitivamente coqueteaba con él.

Shinya soltó una carcajada y luego se pasó la mano por el cabello.

Él también coqueteaba.

Debía ser.

¿Lo hacía, no?

Decidió interrumpirlos. Se sentía algo avergonzado y molesto. Salió de su escondite improvisado y se acercó. Sin cruzar la calle, vio a Krul subir a su auto y encenderlo. Shinya se despidió de ella con una mano y el auto arrancó.

—¡Idiota! —le gritó a su amigo— ¡Si tienes tiempo de coquetear, haz tiempo para contestar mis llamadas!—no había planeado decir eso, pero algo dentro de si lo había deseado tanto, que solo lo dijo. Salió desde lo profundo de su alma.

El albino volteó, forzó una sonrisa y alzó el brazo para saludarlo. Lo vio cruzar la calle y acercarse.

—Ah, Guren... Pensé que sabías cómo se coquetea —acusó. Algo en su tono le hizo sentir irritado. Usualmente ese tipo de comentarios venía con una risa burlona que nunca llegó—, sobre todo porque solías hacerlo mucho con mi hermana—añadió.

—La besaste.

—Eso no fue un beso—se cruzó de brazos—. Guren, ¿qué se supone que haces con Mahiru? ¿Realmente sabes cómo funcionan esas cosas?

¿Por qué tenía que hablar de ella? ¡Estaba aquí para hablar de él, no de su odiosa prometida! Si, justo ahora le parecía odiosa... quizá porque Shinya seguía hablando de ella.

—Eso no viene al caso.

—¿Qué haces aquí, de todos modos?—preguntó, luego sonrió con burla—. ¡Ah! Venías a verme, ¿eh? —le molestó como de costumbre.

—¡Por supuesto que vine a verte! Estas desaparecido, Shinya—gruñó.

—¿Ahora si me extrañaste?—su tono comenzaba a normalizarse, la burla en su rostro era la habitual.

—¡Por supuesto que... no!—dijo irritado el Ichinose— ¿Por qué coqueteabas con tu jefa?

Oh, no. La pregunta salió distinta a lo que había planeado. Shinya no dejaría pasar la oportunidad para abochornarlo.

—¿Celos, Guren?

—¡Solo admite que lo hacías! Y que la besaste.

—Ah, ya te dije que no lo hice. Ni coqueteaba con ella, solo me despedía—ahora el albino parecía algo irritado—. ¿Por qué lo haría?

—Pues no te creo.

—Lo prometo, amor. Es solo una amiga—se burló.

Amor. Las mejillas de Guren se encendieron. Quiso evitarlo, pero fue imposible. Sobre todo porque Shinya lo miraba con los ojos llenos de inocencia, incluso se acercó y pasó los brazos por detrás de su cuello. Sus manos se sentían suave en la piel de su nuca. Le sonrió con cierta ternura y luego su rostro se descompuso en burla.

—Idiota. ¿Por qué no me habías contado que... ella te gustaba?—preguntó con cierto deje de violencia. Alejó a Shinya de su cuerpo.

—¿Por qué te contaría algo que es mentira?

—Si ella te gustara... ¿me lo dirías?—cuestionó esta vez.

—Por supuesto.

Y entonces Guren lo dejó pasar.

O al menos lo intentó. Aunque quiso convencerse de que ya no le interesaba y que confiaba en las palabras de su amigo, se sentía inquieto.

Fue justamente la noche del 13 de febrero en que decidió que iba a descubrir la verdad. Y la verdad, Guren había decidido que era justo lo contrario a lo que Shinya le había asegurado. Y como estaba convencido, iba a ayudarle a obtener el amor de su chica... Ok, en realidad solamente quería insistir hasta que él lo confesara.

Eran las 10:30 cuando tocó el timbre de la casa de los Hiiragi. Sabía que los hermanos de Shinya no estaban, incluyendo a Mahiru. Quizá solo estaba Shinoa, pero, viendo la hora, suponía que ella dormía. Sabía que Shinya estaba en casa porque lo había llamado antes de ponerse en marcha y, como de milagro, le respondió. Supuestamente estaba haciendo algo de un proyecto, pero él iba a interrumpirlo.

Shinya tardó dos minutos enteros en abrir. Llevaba pijama y su cabello estaba algo desordenado. Iba descalzo, también. No pareció sorprendido de ver al pelinegro en su puerta. Lo invitó a pasar mientras bostezaba.

—¿Sabías que venía?—Shinya asintió con media sonrisa perezosa.

Guren frunció el ceño y se acercó a él. Tenía un ligero olor a alcohol; lo miró sorprendido y suspiró con algo de frustración. Bueno; al menos, y con suerte, sería más sencillo hacerlo confesar.

—¿Por qué estás tomando? Pensé que no lo hacías—acusó mientras caminaban a la habitación del menor.

—Hoy si lo hago—murmuró.

—¿Es por... porque mañana es 14?

—No.

Entraron a la habitación de Shinya y de inmediato este se sentó en su cama.

—Pensé que hacías tarea o algo así—dijo Guren, Shinya le sonrió como respuesta y luego se encogió de hombros.

—Terminé... ¿A qué viniste?

—Bueno, como mañana es día de San Valentín... Día del amor y todas esas cursilerías —empezó Guren, una sonrisa tonta se instaló en los labios del rubio—. Bueno, pensé en ayudarte a hacer algo especial para Krul.

Shinya alzó una ceja y se recostó con un bufido.

—Ya te dije que no me gusta.

—No te creo.

—¿Por qué me gustaría ella?

—¿Y por qué no? Deja de negarlo, te vi besarla.

—¡Que no la besé! —dijo frustrado, se sentó de nuevo y Guren se sentó a su lado—. ¿Cuánto más vas a insistir?

—Cuando lo admitas pararé.

—Eso no fue un beso, Guren —volteó a verlo y frunció el ceño.

—Lo fue.

Shinya gruñó. Él realmente gruñó.

—A mi me pareció un beso—insistió el pelinegro.

Y entonces Shinya se levantó, se inclinó sobre él y plantó un beso en sus labios. Fue apenas un par de segundos, pero sucedió.

—¿Y eso qué te parece?—el rubio estaba enojado. Lo podía ver en su rostro. Guren estaba paralizado.

Ahora podía decir que los labios de Shinya eran incluso más suaves que sus manos.

—¿Besaste a Krul? ¿Alguna vez besaste sus labios? —insistió Guren, no pudo evitar añadir la última pregunta. Esa sería la respuesta definitiva.

—No.

—Bien—asintió el pelinegro, luego sacudió la cabeza y miró a su amigo a los ojos.

Debería estar furioso. Acababa de besarle, aunque fue uno de esos besos que dabas en secundaria. Por alguna razón no le había molestado, pero un millón de dudas asaltaron su mente. ¿Por qué...?

Shinya lo miraba ceñudo, su labio inferior sobresalía ligeramente. Se veía completamente adorable, también estaba esa aura de vulnerabilidad que normalmente no tenía.

Entonces hizo algo que probablemente le costaría mucho sacar de su memoria, solo esperaba no arrepentirse.

Besó a Shinya. Pero esta vez de una manera distinta. Sus labios se movían sobre los otros con lentitud, saboreando el sabor a alcohol que guardaba la boca del albino. ¿Por qué se había atrevido? Bueno, porque estaba seguro de que Shinya no recordaría nada por la mañana.

Mientras Guren disfrutaba el momento, Shinya sintió una opresión en su pecho enorme. Se separó de él, lo vio a los ojos y lo miró furioso por unos cuantos segundos antes de explotar. No permitiría que el pelinegro se burlara de él. Estaba harto de tener que aguantarse todo siempre.

—Eres un idiota, Guren—gruñó el albino—. Vete.

—¿Eh?

—¡Qué te vayas!—gritó, sus ojos estaban húmedos, sus mejillas rojas y parecía realmente enojado—. No quiero verte. ¡Deja de burlarte de mi, deja de...

—¿Estás llorando?—interrumpió.

—¡Dije que te vayas, no quiero... no quiero verte!—se sentía humillado—. No quiero.

—¿Qué...? ¡Tú me besaste primero! ¿Estás...?

—¿Qué? ¿Qué, es mi culpa? ¿Es mi culpa sentirme así?—las lágrimas bajaron por su rostro—. ¿Qué pretendías con eso? Yo... yo solo... ¡No necesito tu caridad! No me gusta Krul, ¡besarme no va a cambiar eso! No voy a darme cuenta de sentimientos que no existen, no voy a admitir que ella me gusta porque no es así. Llevo toda la vida enamorado de ti... y tú solo te comportas como un completo idiota.

—¿Qu...?

—Vete.

Sin poder siquiera parpadear, Guren abandonó la habitación. Shinya se hundió en un llanto profundo. Siguió bebiendo, con la esperanza de que así no recordaría nada de esta noche.

• • •

El día siguiente, el albino la pasó encerrado en su habitación, con un dolor de cabeza terrible y un montón de cajas de pañuelos, porque no podía dejar de llorar.

Shinya no pudo olvidar nada a pesar de habérselo pedido como deseo a las latas de cerveza en su bote de basura... y a las estrellas.

Guren decidió... que no merecía un amor como el de Shinya. No sabía lo que sentía por él, estaba seguro de que no era gay, pero sus labios... Es que fue tan distinto que no podía simplemente dejarlo pasar.

El pelinegro decidió que haría que Shinya se desenamorara de él. O que se enamorara de Krul... o algún otro chico, si es que las chicas no le gustaban para nada.

—Shinya, papá dice que bajes a cen... —Mahiru entró a la habitación, se quedó estática cuando vio el desastre que era su prometido—. ¿Qué demonios te pasó?

—Nada—mintió.

—¡Por favor! Estás llorando, te ves terrible y no has comido en todo el día.

—No es nada—gruñó.

—Guren me contó lo de anoche, ¿es por...?

Y la chispa en su pecho se encendió. Guren seguro estaba tratando de humillarlo. Las lágrimas salieron como si fueran grifos abiertos, miró furiosa a su hermana y se levantó. Mahiru dio un paso hacia atrás.

—¿Vienes a burlarte de mi, o...?

—Shinya, si eres honesto con ella, seguro aceptará tus sentimientos. Sé que es dificil, porque ella es mayor y tiene un hijo, pero... ¡Ya te haces cargo de él mucho! Y haces un trabajo genial con Shinoa, eres un buen hermano, serás un buen modelo masculino para ese niño... —la chica se acercó y puso una mano en su hombro—. Todo va a salir bien, y si ella te rechazó ya... entonces... ¡No vale la pena! Nadie debe hacer sentir mal a mi hermanito... y prometido.

Ok, esto era incómodo. Era aún más bochornoso que si le hubiera dicho la verdad.

Hacía semanas que Mahiru no le dirigía palabras que no fueran hostiles. Todo enero fue su peor pesadilla. Como cómplices, tenían millones de tratos, uno de ellos era sobre Guren. Además, pronto ese artículo había sido renovado. Desde aquella vez que Mahiru se dio cuenta de lo que su hermano sentía por su novio. Pero... ahora que había alguien más, la chica parecía tranquila y, sobre todo, aliviada.

—Yo te apoyo... como tú me apoyas con Guren—sonrió ella. Shinya tragó con dificultad.

No quería abrir la boca, sabía que podría insultarla si lo hacía. Solo asintió, con labios temblorosos y un dolor de cabeza punzante.

• • •

Luego del desastroso día de San Valentín, mientras Shinya limpiaba las mesas del restaurante después de su turno (y cuando era hora de cerrar), Krul se acercó a él y tomó su brazo, para detenerlo.

—Shinya, has estado muy raro desde hace días, pero a pesar de que intento no sobrecargarte... —ella suspiró y pasó una mano por su rosado cabello. Volteó a ver a su hijo, que descansaba en sillas juntas, con una mantita para que la superficie se sintiera más uniforme—. Hay algo que quiero decirte.

—¿Qué es?

—Mika y yo nos vamos de la ciudad.

—¿Si? ¿Por cuánto tiempo? —preguntó el chico.

—Permanentemente. Es dificil de explicar y te ves cansado, te lo contaré luego.

Shinya asintió.

—Parece... parece que necesitas nuevos aires... Estaba... Pensaba que quizá querrías irte con nosotros. Una ciudad nueva y lejos de... de él... —la joven mujer parecía estar algo nerviosa.

—¿De quién?—intentó fingir demencia.

Krul solo le sonrió de manera compasiva.

Era obvio para ambos.