—Lo que pasó el 2 de febrero con Krul—
Queen's dinner [Restaurante de Krul]
Abrimos de 7:30 a.m. – 9:30 p.m.
El reloj marcaba las 10:46 p.m. y Shinya seguía limpiando la cocina. Krul se sentía apenada; había pedido a su único empleado que se quedara un poco de tiempo extra porque habían rentado el servicio del restaurante hasta las 10 en punto, aunque terminó de arreglar el pago con el cliente a las 10:20 p.m. y aunque Mika era de mucha ayuda al momento de limpiar las mesas, era tarde y el niño estaba cansado y fastidiado, sobre todo después de tener que quedarse en la oficina por tanto tiempo (usualmente estaba en una de las mesas dibujando o haciendo alguna otra cosa).
No hubiese aceptado la renta si no hubieran ofrecido una buena cantidad de dinero. Dinero que necesitaba para poder seguir moviéndose. No podía quedarse más en esa ciudad, tenía la sensación de que solo prosperaría en una más grande. Quizá se equivocaba, pero se sentía estancada y quería demostrarse a si misma —y quizá también a su ex, aunque no iba a volver a verlo jamás— que podía crecer económicamente, quizá también a nivel personal.
Se nada encargaba del corte de caja cuando escuchó a su hijo suspirar después de un bostezo. Conocía eso, él estaba demasiado cansado y esperaba poder terminar antes de caerse dormido. Nunca le había exigido nada, solo guardar sus juguetes y encontrar los pares de sus calcetines en la ropa limpia; sin embargo, el niño ponía toda su energía al final del día para ayudar a du madre a limpiar mesas. Debía agradecerle pronto, de alguna manera. Quizá llevarle de vacaciones podría ser bueno, quizá también podría hablar con él sobre lo buen hijo que era y que no era necesario que se esforzara tanto. A veces a Krul se le olvidaba decirle que intentara dormir mientras terminaba de cerrar.
—Mika, recuéstate en el sillón —le dijo sin levantar la vista de la caja—. Es tarde, ve a descansar.
No hubo respuesta, así que alzó la vista. Había olvidado que ya no tenían ese sillón; el niño estaba juntando un par de sillas para acostarse sobre ellas. Sonrió la madre con cansancio.
Shinya terminó de limpiar la cocina y continuó con las mesas que habían faltado. Suspiró con una sonrisa al ver al pequeño rubio, se quitó el suéter y lo cubrió con él.
En cuanto escuchó a Krul cerrar caja y suspirar con alivio, volteó a verla. La pelirrosa lo observaba cansada.
—Hora de irse —dijo él.
—Lamento haberte hecho quedar tanto tiempo y de sorpresa. Son más de las once —se disculpó Krul.
—No es nada. No puedo dejártelo todo a ti, sé que es...
—Aún así, el lugar es mío —interrumpió—, debería haber...
—Tranquila, tranquila —fue el turno de Shinya de interrumpir—. Amo estar aquí... amo estar contigo y Mika. Son muy especiales, me siento afortunado de poder estar cerca de ustedes. Hacen que me olvide de todo.
—Gracias, Shinya —la sonrisa de la chica era cansada, sus ojos estaban algo enrojecidos y el peliplata no estaba seguro de que dejarla conducir fuera una buena idea.
—No es nada, jefa —le guiñó un ojo y ella se rió negando con la cabeza. Se acercó a su hijo y antes de poder levantarlo, Shinya ya lo estaba sosteniendo—. Mejor cierra todo, te ves muy cansada y... los cuatro años de Mikaela ya pesan.
—Lo he cargado la vida entera —murmuró con diversión, pero se encargó de cerrar y apagar cosas.
—Yo creo que tienes más de 4 años. Quizá unos quince —alegó él.
—La vida de él, no la mía.
—Hace rato lo vi caminar perfectamente...
—¡Sabes a lo que me refiero! —se quejó la pelirrosa. Lejos de estar irritada, estaba agradecida por el esfuerzo de su único empleado (y también único amigo) para hacer el cierre un poco más agradable. Aunque sus bromas se veían muy afectadas por la hora, usualmente eran más elaboradas y mejores, no solo esa especie de sarcasmo mal empleado del que estaba abusando en este momento; no importaba, estaba exhausta y eso le hacía escuchar todo divertido.
Cuando estuvieron afuera y cerca del auto, abrió la puerta trasera para que Shinya acomodara a Mika. El niño se despertó, aunque en realidad no había estado completamente dormido antes. Krul vio al chico besar el cabello de su hijo y no pudo evitar sonreír. Él sería un gran padre en el futuro.
—Te gustan los niños, ¿eh? —preguntó ella, Shinya cerró la puerta del auto, el niño cerró sus ojos.
—Solo el tuyo —murmuró—. Bueno, mi hermanita también me agrada, pero... los demás suelen ser muy... ruidosos.
—También tú eres ruidoso.
—Es distinto, yo me amo —se encogió de hombros mientras ella alzaba una ceja y reía.
—Es difícil no amarte, ¿eh?
—Lo es —asintió él—. ¿También me amas?
—Claro, pero solo cuando estás callado y me obedeces.
—Soy como tu perro, ¿no?
—No dejaría a mi perro cuidar de mi bebé —volteó a ver a Mikaela. Suspiró y empezó a jugar con un par de largos mechones rosas—. Eres más que mi perro, Shinya.
—Ay, ¿soy el amor de tu vida? —su sonrisa era burlona. ¿Qué nunca dejaba de sonreír?
—No exageres —rodó los ojos, ella solía rodar mucho los ojos cuando se trataba del rubio—. Eres mi mejor amigo —murmuró. Quiso tomar la mano de él, pero no quería que las cosas se malinterpretaran—. Gracias por todo.
—Gracias a ti. Dejarme entrar en su vida... Es casi como tener una familia. Una real —el pecho de Krul tembló un poco, su corazón se había parado por un momento. Sabía que Shinya ansiaba tener una familia; no sabía cómo decirle que se irían, que lo poco que había podido ofrecerle, tendría que serle arrebatado.
—Todavía tenemos que hablar sobre eso, ¿no? Mencionaste a tu padre la otra vez.
Shinya ignoró eso último. No tenía ganas de hablar de aquello.
—Gracias por todo —no se le ocurrió una cosa mejor que besar su cabello, como lo había hecho con Mikaela—. Nos vemos mañana.
—Puedes tomarte el día —ofreció ella.
—Nos vemos mañana —repitió Shinya.
Krul entró al auto. Antes de encenderlo, le sonrió a su amigo, después lo encendió y volteó a ver a su hijo. Quería verlos a ambos felices. Quería seguir viéndolos sonreír. Siempre. Tenía que hablar pronto con Shinya sobre su próxima partida.
• • •
—Lo que pasó el día que Krul y Shinya hablaron sobre aquello—
Aproximadamente el 10 de febrero.
—Bien, ya no lo soporto —dijo Krul mientras se acercaba a la mesa de su cocina. A veces Shinya iba en busca de paz para hacer alguna que otra tarea, pero hoy buscaba artículos en periódicos viejos—. No has dormido anoche por leer todos esos papeles... Me dices que no es tarea, que no se trata de una investigación académica y...
—Lo encontré —interrumpió Shinya—. Krul, lo encontré, mira.
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15 de Octubre de 2003
Terrible incendio arrasa con mansión y familia.
Esta mañana al norte de la ciudad, un incendio acabó con el hogar de la familia Bathory y dos integrantes de la familia (madre e hijo) que la habitaba. Asegura Ferid Bathory, hermano del padre de familia, que el fuego probablemente haya iniciado por el que fue su único sobrino, de 5 años de edad.
"Shinya siempre estaba intentando iniciar una fogata; había intentado de todo, no me sorprendería que lo haya logrado", fueron las palabras del devastado tío. "Yo estaba llegando del aeropuerto para visitar a mi hermano y su encantadora familia, pero en su lugar, solo encontré llamaradas envolviendo el hogar de mi hermano y el cuerpo de bomberos intentando acabar con el fuego".
El cuerpo de policías y bomberos han declarado que el incendio fue originado en la sala, donde encontraron sábanas quemadas y un par de coches de juguete. No queremos apresurarnos a sacar conclusiones, pero todo apunta a que fue un mero accidente causado por un niño sin supervisión de sus padres.
El padre de familia está actualmente hospitalizado y en estado de coma, pues...
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Krul estaba leyendo sobre el hombro de su amigo. No quiso dejar que terminara de leer, así que le arrebató el periódico; últimamente Shinya estaba algo obsesionado con lo que había pasado en su familia. Quería encontrar a un padre que estaba más que muerto, uno que había desaparecido cuando era apenas un niño.
—Es una coincidencia, no eres el único Shinya en el mundo —informó ella.
—Pero tiene sentido, mis padres murieron cuando yo tenía cinco años, en un incendio y...
—Y el pequeño Shinya Bathory murió junto a su madre y aún si no lo hizo, tendría el cuerpo lleno de cicatrices —interrumpió—. Shinya, esto no... Tu padre ha muerto, por eso la familia Hiiragi te adoptó...
—Mi padre me sacó de ahí, ya te lo dije —gruñó el peliplata—. Luego se desvaneció o algo, yo... yo no sufrí ningún daño. Debe estar buscándome... En el lugar equivocado. Eso o cree que estoy muerto, créeme que...
—Shin, es imposible. Lamento mucho lo de tus padres, pero...
—Mi padre está vivo. Y voy a encontrarlo.
• • •
Luego pasó lo del beso con Guren, la propuesta de Krul y Shinya ya no quería pensar más. Su cabeza estaba llena de bolitas de papel. No quería seguir su investigación ya, o al menos no por el momento. Había dejado un par de notas y el nombre de "Ferid Bathory" en su pizarra de corcho, una idea que le pareció adecuada. Si alguien en su casa le conocía, seguramente le preguntarían de dónde había sacado el nombre y eso significaría algo, ¿verdad? Él apostaba a que si.
Suspiró. Eso lo hacía mucho últimamente. Dejó su mente vagar y sus pensamientos lo llevaron a Krul yéndose. Eso lo guió a su propuesta.
No quiere irse. No quería que Krul, la única que parecía entenderlo últimamente, se fuera; pero, no quería irse con ella, a pesar de que estar ahí lo matara cada segundo; a pesar de que no podía volver a ver a Guren a los ojos sin tener unas infinitas ganas de llorar; sin importar que, al respirar, pareciera que el aire en sus pulmones llegara con ácido que los corroía en segundos. Sería peor si se marchaba.
¿Que si estaba molesto con Guren? Por supuesto, pero no por eso quería dejar de verlo. No iban a dejar de ser amigos, solo necesitaba un espacio, no toda una nueva vida. O quizá si. Dependía mucho del día, a veces quería correr y decirle a Krul que se marcharan de una vez; otras veces, prefería pensar que entre él y Guren las cosas iban a volver a ser las de antes. Fantaseaba con no haberse dado cuenta jamás de lo que sentía por él.
Las noches ardían en su pecho; su cabeza le atormentaba, a veces recordándole el sabor de los labios de su mejor amigo, a veces con la cara del mismo al insistirle sobre él y Krul. Dolían ambas. No podía alejarlas nunca de su pensamiento y era como si un peso enorme le cayera de repente en los hombros. Despertaba agitado, con ganas de llorar y, una vez, con las sábanas mojadas.
Entre el peso de no volver a ver a Krul y Mika, y el de quedarse a tener la oportunidad de toparse con Guren en cualquier momento pronto, pesaba más la segunda. Podría escribir y llamarles a ellos, pero, si se topaba con Guren mientras siguiera molesto, no podía hacerse invisible.
Habían pasado a penas un par de semanas desde aquella noche (¿o fue día?) del fatídico beso; sin embargo, Shinya sentía como si hubiera pasado cada día, una y otra vez; cada noche sus deseos de dormir se hacían menos, pero el cansancio lo tumbaba por completo. Era divertido cómo el insomnio que antes lo atormentaba, parecía haberse esfumado ahora.
"Es porque estás cerca de esa persona", decía Krul a veces. Estuvo hablándole sobre todo lo que había estado haciendo y sintiendo. Y algunas otras cosas más.
Pero no. Ni eso le convencía de marcharse. Nada lo haría... O al menos eso le gustaba pensar, incluso lo hubiera jurado.
• • •
Mahiru estaba teniendo una semana difícil. Había pasado que Guren ni siquiera volteó a verla el 14 de febrero, incluso no le había reclamado, ni nada. Shinya actuaba raro; sabía que él y Guren se habían peleado, no sabía por qué, pero ellos no se hablaban desde hace días, aunque... Shinya había pasado un par de noches fuera. Le preocuparía de no ser porque la idea de que Shinya ahora tenía a Krul estaba bien plantada en la cabeza de la mayor de las Hiiragi.
Su hermano adoptivo aún no llegaba, cuando ella fue llamada al estudio de su padre. Atendió de inmediato y pronto estaba bajo la mirada de la cabeza de la familia.
—¿Me llamabas, padre?
—Si. Me he dado cuenta de que tu prometido ha pasado un par de noches fuera —empezó él—. Estoy preocupado, sería una pena que él... Mahiru, él es tu prometido, es más que oficial y mucha gente lo sabe. Si él está con otra mujer, entonces nuestro apellido...
—Él está pasando unos días en casa de Guren, padre —mintió ella—. Sabes que ellos dos...
—¿Ichinose? ¿Está con ese...?
—Si, padre. Con Ichinose —asintió. Estaba algo nerviosa. No por Shinya, sino por si misma.
—En cuanto llegue, quiero que le digas que venga a verme —ordenó el hombre. La chica solo asintió y dejó el estudio.
En cuanto estuvo en su habitación, tomó su celular y marcó el número de su hermano adoptivo; él no respondió. Lo intentó otras 6 veces con el mismo resultado, así que decidió dejarle un mensaje de texto.
"Shinya, mi padre piensa que estás saliendo con otra mujer. Le dije que estabas en casa de Guren, por favor, no lo arruines. Si estabas en casa de tu jefa, no lo menciones", escribió. Dudó, no sabía si esa última oración estaba de más o no. Lo envió sin editar y se desplomó sobre su cama.
—Mahiiiiiruuuuu~ —cantó una voz infantil detrás de su puerta. Escuchaba la perilla ser forzada, aunque era insuficiente la fuerza que la niña de 5 años ejercía, además debían sumar que su cuerpo especialmente pequeño—. Abre, abre, abreeee~ —cantó una vez más.
—Ahora no, Shinoa —dijo la mayor en respuesta.
—¡Tengo algo para ti!
—No, no lo tienes. No caeré en ese truco de nuevo —gruñó Mahiru.
—Esta vez es real —prometió la pequeña. Mahiru se levantó a abrirle.
—¿Dónde está?
—Aquí —se señaló a si misma—. Soy para ti, estoy aburrida y tú también. Vine a divertirte.
"No tengo tiempo para esto" pensó Mahiru, pero no alcanzó a decirlo. Suspiró y tomó a la niña en brazos, la dejó sobre su cama y se acostó a su lado.
—Mejor duerme un rato. Estoy exhausta y debes tomar tu siesta.
—¿Eh? No, de eso no se trata divertirse —se quejó la menor—. Vamos, vamos, juega conmigo.
—Shinoa, estoy cansada y...
—Y no quieres jugar, siempre dices eso —lejos de estar a punto de llorar, la niña simplemente sonaba como si recitara un manual de instrucciones.
—Lo que pasa es que...
—No tienes tiempo, la escuela te cansa y tienes que hacer mucha tarea y te duele la cabeza y el estómago —interrumpió, recitando todas las excusas que su hermana mayor le había dicho alguna vez—. Un día vas a querer jugar conmigo y a mi también me va a doler el estómago, voy a querer dormir la siesta y no voy a querer estar contigo.
La niña salió del lugar y fue a su habitación. Se sentía sola, aunque no muy triste. Sus pocos años de vida siempre habían sido similares. El único que podía hacer algo de tiempo para ella era Shinya y él actuaba muy raro últimamente, así que no quería ser una molestia para él.
Se sentó en la pequeña mesa que tenía al fondo de su habitación y comenzó a dibujar en una hoja en blanco. Un par de animales y a ella misma, jugando entre ellos. Terminó ese y luego siguió en otra hoja, esta vez solo dibujó una sirena. Abultó sus labios, como si eso le ayudara a concentrarse para elegir el color del cabello.
Y entonces se cansó. No quería estar sola, dibujar era aburrido si no había a nadie con quien compartir los colores. Se levantó y decidió que iba a encontrar a alguien con quién jugar. Puso un montón de hojas en blanco en una pequeña mochila, igual que colores y marcadores, y salió de su habitación. Entró a la cocina y tomó dos manzanas verdes, luego un par de jugos de naranja y los metió también en su mochila. Sabía que cerca había un parque, ahí se dirigía.
• • •
Shinya leyó el mensaje de su falsa prometida y suspiró. Había escapado un rato de casa por las noches, pues estaba ayudando a Krul con Mika y... bueno, solo quería estar fuera de casa. Además siempre era bien recibido con la pelirrosa y el pequeño rubio.
Tendría que ir a dormir esta noche, también debía hacerlo temprano. Suspiró una vez más y se levantó de la alfombra, donde jugaba con el menor.
—¿Te vas? —cuestionó el niño, sus ojos eran grandes, lo miraban fijamente y no pudo evitar sentir una ternura infinita—. Quiero jugar más...
—Lo siento, vendré otro día —prometió Shinya—. Tengo que ir a jugar con mi hermanita —le dijo después. Sabía que los niños podían entender ese tipo de cosas mejor que un "mi padre piensa que estoy siendo infiel a mi futura esposa y tengo que ir a rendir cuentas".
Después de una larga despedida y de recoger todas sus pertenencias, emprendió su camino a casa. Eran aproximadamente las 4 de la tarde y la casa se veía bastante tranquila. No fue directamente a hablar con su padre, fue a su habitación y se cambió de ropa. Luego fue a la habitación de Mahiru.
—Mahi... —la puerta estaba abierta y la habitación vacía, así que no terminó.
La buscó por todos lados y fue cuando se dio cuenta: Shinoa no estaba. Debían haber salido juntas, aunque era raro cuando Mahiru decidía sacar a la pequeña a pasear.
"No encuentro a Shinoa por ninguna parte, en la casa no está y ya llamamos a la policía", decía un mensaje en la pantalla de su celular. No lo leyó hasta que tenía ya 15 minutos de haber sido recibido.
Shinya dejó todo a un lado y salió corriendo. No sabía a dónde ir, pero solo se puso a decir el nombre de su hermanita por la calle; en realidad gritaba. Bah, como si no hubieran hecho eso ya.
Por su parte, Mahiru había traído a su tropa de búsqueda a Guren. El pelinegro estaba preocupado, pero prefería mantener un rostro sereno, pars tranquilizar un poco a su histérica novia.
—¡Debí haber jugado con ella! —decía la chica, con culpa en la voz—. Ahora no está y...
—Vamos a encontrarla, linda —aseguraba el Ichinose—. Cueste lo que cueste.
Pero el tiempo pasaba y no había ningún tipo de mejoría, la policía se había puesto a revisar el área y nada. Mahiru parecía estar lista para ir a casa y descansar, cuando Shinya dio con ellos.
—¿Saben algo? —la pregunta iba para ambos, sin embargo, no había volteado a ver a Guren.
—Ella no está en ninguna parte y...
—Es mi culpa, Shinya —lloró Mahiru, mientras iba a buscar un abrazo de consuelo de su hermano, quien la recibió casi sin pensarlo. El pecho de Guren ardió al verlos juntos, pero no dijo nada.
¿Qué no se llevaban algo mal? ¿Estaban actuado así porque su hermanita estaba perdida? No le interesaba, no quería ver a Shinya abrazando a Mahiru. Ellos no se veían bien juntos. Y ahora Shinya acariciaba el cabello de Mahiru y quiso estallar, gritar y quizá incluso golpear a alguien.
—No, tranquila... —acarició el cabello de Mahiru y cerró los ojos—. La vamos a encontrar, ¿si?
—Estoy muy cansada ya —lloriqueó—. La policía va a encargarse ahora. Vamos a casa, Shinya, por favor.
—Quiero ayudar y... ve a casa —volteó a ver a Guren y luego hizo un gesto con la cabeza, señalando a Mahiru—. Acompáñala, por favor.
—Yo me quedo —susurró el pelinegro, luego añadió un poco más bajito— contigo.
—Es mejor que la acompañes —no lo veía a los ojos, estaba evadiendo su mirada y esos Guren lo disgustaba mucho—. Ve con...
—Al menos veme cuando hablas —gruñó—. Maldita sea, Shin...
—Hago lo que quiero, y no quiero ver... —comenzó el rubio, ante la atónita mirada de la chica que los acompañaba.
—Es hora de hablarlo, no puedes solo huir de las explicaciones.
—No tengo por qué explicar nada, Guren.
—Pero yo si —atacó. Se retractó de inmediato, en realidad no tenía nada que decir, solo no le gustaba estar peleado con su mejor amigo. Igual, en un acto de impulsividad, tomó al peliplata por la muñeca y lo arrastró consigo—. Nos vemos, Mahiru —fue lo único que dijo antes de alejarse.
Shinya quiso zafarse de la mano del pelinegro, pero no pudo, sus fuerzas se vieron atacadas por un terrible cansancio, producto de la tristeza, que cayó de repente en sus hombros. Quería llorar, golpear a Guren en la cara y quizá en otros lugares. Aún así, no le quedó de otra mas que ir con el mayor.
Guren buscó con la mirada un árbol lo suficientemente grueso, para poder acorralar a Shinya y que no se alejara de él. Estaba molesto. No, quizá estaba furioso, más que enojado y con ganas de prohibirle a Shinya que se alejara de su novia. Llegó al árbol y lo hizo recargarse en él, luego lo obligó a mirarlo.
—No puedes decir que estás enamorado de alguien y luego marcharte.
—No me fui, tú lo hiciste —la voz de Shinya estaba temblando, y parece que sus manos también. Sus palmas cosquilleaban por las ansias de cerrarlas en un puño y estamparlo en el lindo rostro de Guren.
—Me corriste —lo acusó.
—Olvidé lo poco insistente que eras, lo lamento —quiso sonar algo sarcástico, pero no pudo.
—Estaba en shock, maldita sea —Guren golpeó el tronco del árbol con la mano, la mantuvo ahí, acorralando a su amigo—. No puedes besarme, luego hacerme sentir con ganas de besarte y hacer que me vaya cuando lo hago. No puedes decir que estás enamorado y luego...
Cerró los ojos. Si seguía mirando los enfurecidos ojos de su mejor amigo, terminaría llorando o algo peor; era tarde, había un par de lágrimas dispuestas a salir.
—No puede ser. Tu y yo... no podemos ser, Shinya —susurró. Su corazón dolía, su cabeza también y Mahiru los estaba viendo. Mahiru, la mujer a la que supuestamente iba a amar toda la vida.
—Vete —susurró Shinya. Aunque el pelinegro no estaba viendo, sabía que él lloraba—. No quiero verte. No hoy. No mañana. Nunca —quizá sus palabras fueron algo impulsivas, sabía que se arrepentiría, pero siempre podía tomar todos los errores que habían cometido las últimas semanas y hacerlos bolita, esconderlos o quemarlos, y luego hacer como si nada hubiera pasado.
—No lo entiendes.
—Si lo entiendo. Lo entiendo, maldita sea... Deja de lastimarme de una vez —gritó—. No asumas que sabes cómo me siento, deja de fingir que me entiendes, deja de decir cosas que...
Guren podría besarlo en ese mismo momento, solo para que dejara de hablar. Solo para probarlo una vez más, solo para ver si el sabor de sus labios se vería afectado por sus lágrimas. Solo porque era tan hermoso, incluso si seguía con los ojos cerrados, podía imaginar sus mejillas empapadas, su ceño fruncido y las mejillas empapadas.
A lo lejos, Mahiru se iba alejando cada vez más. Algo pasaba con esos dos, pero estaban teniendo una pelea y no quería ser testigo si comenzaban a golpearse. No parecía que fuera algo tan importante, o al menos, nada que la afectara a ella directamente.
—Shinya —insistió el pelinegro en voz baja—. Por favor escucha lo que tengo que decir...
—Eres el que decía que lo mirara al hablar —escupió el Hiiragi—. Hazte a un lado, tengo que encontrar a mi hermanita.
—Shin, por fav...
—Nada importa más que Shinoa ahora mismo. Ahora, hazte a un lado.
• • •
"No vuelvas a hacer eso", era lo que todos los adultos le decían. La pequeña Shinoa estaba algo mareada, bebía de su caja de jugo con una pajilla. Sus grandes ojos marrones miraban a todos con atención.
Mahiru le había pedido perdón, incluso la había abrazado. Shinya parecía haber estado llorando, él la llenó de besos y le pidió con dulzura, pero preocupado, que la próxima vez le llamara si quería salir. Su padre había besado su frente y Guren estaba atrás, abrazando a su hermana mayor y con una mano en el hombro de su hermano. Kureto y Seishirou le habían pedido que no volviera a causar tanto revuelo en casa... ella no entendía la palabra, tampoco el motivo de su preocupación. Ella solo había ido a jugar.
Shinoa tenía ganas de llorar. No es que quisiera hacerlo en ese momento, en realidad solo quería ser capaz de tener ganas de llorar, porque Mahiru y Shinya lo estaban haciendo y porque Guren parecía querer protegerlos a ambos, a pesar de que percibía cierto rechazo por parte de su hermano hacia el pelinegro.
Shinya parecía haber envejecido desde la última vez que lo vio. Ella no lo sabía, pero era fruto de su investigación, de haber dormido demasiado sin descansar realmente y de la preocupación, por ella y porque tenía una decisión que tomar.
El hijo adoptado de los Hiiragi estaba pensando seriamente en la propuesta de su jefa.
*Le quita las telarañas a la cuenta*
Mil años después, esta mujer se pone las pilas y se pone a escribir antes de que la inspiración se desvanezca.
¡Siempre me disculpo, pero es que nunca es mi intención!
Tenía planeado algo distinto para este capítulo, pero es que mis puntos de borrador se extendieron y solo los mezclé un poco. La cronología sigue siendo la misma, pero la moldeé a lo que quería llegar justo ahora.
Espero que sigan por ahí~.
