La vi, vine y perdí


4#: Aoba


Todos queríamos tener esa magia que tenía Genma con las chicas. Usualmente íbamos a la taberna y en lo que yo demoraba en ir y volver por la cerveza, Shiranui ya había ligado. Fuese la camarera, una chica que pasaba por ahí o una ANBU. No era como si él fuese a buscarlas, era como si lo vieran y ellas perdieran la cabeza y quisieran tenerlo.

Ese día vi que Shizune salía del Hospital cansada, se veía triste. Su sonrisa era comparable con la salida del sol en un día nublado, invitaba a sonreír con ella. Así que verla así me sentó mal. Me aproximé a ella con una sonrisa y la saludé.

—¿Cómo estás, Aoba?

—Bien ahora que te vi —dije, ni siquiera lo pensé. No quería que pensara que estaba coqueteando abiertamente con ella, me ponía nervioso si no sabía si le gustaba o no a la chica en cuestión. No tenía la magia de Genma. Sin embargo, ella no pareció afectarse por el comentario, sonrió.

—Me alegra mucho.

—¿Harás algo ahora? —me aventuré, iba a salir de todas formas con los tipos de siempre. Podía invitarla para celebrar que llegó a buen tiempo y salvó a nuestros camaradas. Ella se encogió de hombros y dijo algo de Gai. No oí bien porque justamente unos niños comenzaron a jugar en un parque cercano y me distraje. De todas formas, si dijo algo de Gai no era importante, nadie en su sano juicio sale con él en una cita romántica. Ciertamente, Shizune podía hacerlo mejor. Quién sabe, como ignora a Genma, el resto de la villa tiene una oportunidad con ella. Yo, incluido. Incluso Gai—. ¿Quieres venir conmigo a la taberna? Te invito una copa.

—Está bien —me dijo, suspiré aliviado, aunque sabía que no tenía nada importante con Gai, una negativa de ella habría nublado mi día.

Nos juntamos en un punto medio entre su casa y la taberna, y la acompañé de cerca. Podía olerla, incluso. Mmm, olía bien. Podía decir que verla era como un día de primavera que se despejaba cuando ella sonreía, haciendo que el sol calentara las mejillas. Le abrí la puerta como un caballero de eso que ya no existen y la dejé pasar. Se tensó cuando llegó a la mesa con Genma, Iwashi y Ebisu. Seguramente porque era la única mujer.

—No te preocupes, Suzume seguramente viene con Raido en un rato —le dije al oído, antes de ir por las bebidas prometidas. Esta noche podría ser el cimiento de un futuro para follar. Sonreí, me fui a la barra a pedir, busqué entre mis pertenencias el dinero en efectivo en mis bolsillos de la chaqueta, además de un paquete de condones fluorescentes abandonados ahí hace tiempo, de cuando la chica del ramen se arrepintió de salir conmigo.

—Ebisu, ¿cómo estás? —escuché que le dijo Shizune al hombre, mientras que Iwashi corría su silla para sentarse a su lado.

Sentí que debía preocuparme. Siempre le hablaba a ese tipo, incluso cuando éramos todos niños.

Cuando volví, Iwashi no estaba, Ebisu tampoco y finalmente Shizune miraba a los ojos a Genma. La ley del hielo terminó, sentí que debía irme y dejar la magia actuar, todos parecíamos imbéciles al lado de Shiranui. Me tomé los dos litros de cerveza que tenía en las manos solo.

Recuerdo que me encontré a Inoichi y le pregunté si había visto algo. Nadie sabe cómo actúa esa magia, es un secreto que todos queremos saber pero que nos da miedo poseer ese conocimiento. Quizás es simple, quizás tonto, quizás yo no era digno.

No volví a ver a Iwashi o a Ebisu en toda la noche. Ellos debían saber algo.

Seguramente es una técnica prohibida.


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