Este capítulo va para JessieMidnight46 en wattpad. Me ha hecho reír mucho con sus miles de comentarios y... La aprecio bastante por eso.
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Un beso a todos :*
• ~ • ~ •
Estaban ambos en el sillón en casa de Guren; ella recostada en su regazo y él jugando con su cabello. Mahiru se sentía acompañada por primera vez en meses, quizá hoy podría volver a estar con Guren. Bueno, estar en un sentido sexual; hace tiempo que él no la tocaba y se preguntaba si había dejado de desearla o si solo había tenido otras cosas en la cabeza.
Shinya, por ejemplo, pensó. Sacudió la cabeza, no podía compararse con él. Lo que Guren sentía por ella y lo que sentía por él, eran cosas diferentes. Guren no amaba a Shinya, al menos no de una manera romántica, porque la amaba a ella de esa manera; incluso si su prometido siguiera enamorado, ellos no podían ser, porque Guren definitivamente no era gay.
—Pero Shinya siempre es la excepción...—susurró la chica. Al toparse con la mirada confundida de su novio, se percató de que lo había dicho en voz alta. Es que estaba tan distraída, que no sabía lo que hacía—. ¿Qué?
—¿La excepción de qué?—se atrevió a preguntar él.
—De todo—explicó Mahiru con torpeza —. Su existencia no tiene sentido... Es un desastre. Ni siquiera es capaz de hablar con ella sobre sus sentimientos.
Guren se tragó el gruñido que había trepado por su garganta. No quería hablar de él, ni siquiera quería pensar en él o recordar lo cerca de besarlo nuevamente. No quería admitir, ni siquiera para si mismo, que prefería que Mahiru ni siquiera se atreviera a pronunciar su nombre. La imagen de los hermanos abrazándose llegó a su cabeza, asaltando el lugar, llevándose todo lo que pudiera estar en su mente en ese momento.
—No lo quiero cerca de ti—murmuró el pelinegro. El corazón de la chica dio un vuelco, ¿sería que ya volvería a ser el mismo? ¿Sería que podrían...?
—Es mi hermano—quería probar sus límites.
—No me interesa—él se las ingenió para quedar sobre ella—. No lo menciones más... Y mejor mantente alejada de él o...—no terminó la frase, sus palabras habían sido interrumpidas por los labios de la chica sobre los suyos. Correspondió el beso, porque era lo que se suponía que debía hacer, porque si no lo hacía ahora y sin pensar, su mente iría directamente a los labios de su amigo.
La chica quedó satisfecha incluso si él se rehusó a tocarla mas que por sobre la ropa. Guren quiso llorar, pero no lo hizo. Todo se sentía mal, forzado e incorrecto. Después de aquella sesión, se disculpó porque debía ir a terminar una investigación a la biblioteca. La chica se ofreció a acompañarlo, pero él se negó: no quería aburrirla. O al menos eso fue lo que le dijo.
•••
—¡No quiero!—gritó el niño.
—Amor, allá hay miles de lugares divertidos. Hay un acuario y también un zoológico—explicó su madre—. Además, el restaurante será más grande, tendremos un cuarto de juegos solo para ti junto a mi oficina y...
—No quiero —repitió Mikaela—. Me gusta aquí. Shinya está aquí, él va a ir a mi día de padre y su trabajo, me lo prometió.
—Mika, Shinya no es...
—Ya lo sé, pero es... yo solo lo tengo a él—susurró con el ceño fruncido—. Es mi amigo y va a hacerlo para mi.
—Por mi, se dice por mi —corrigió la mujer—. Y eso está bien, pero... Eso será después de ese día—explicó.
—Yo quiero quedarme aquí.
—Eso no es posible.
—Tengo mi escuela aquí, no podemos llevárnosla.
—Habrá una escuela más grande, con más juegos y...
—¡No! Aquí me gusta. Mi escuela me gusta, este restaurante me gusta, la casa me gusta y tengo amigos aquí —interrumpió el pequeño.
—Lo siento, pero irnos no es una propuesta. Es lo que vamos a hacer y solo quería que lo supieras.
—¡Mamá!
—No está en discusión.
• • •
—¿Cómo lo tomó? —Shinya estaba una vez más en casa de Krul. Cuando llegó, el niño estaba dormido en la alfombra de la sala, su naríz estaba roja y sus pestañas mojadas. Probablemente había estado llorando por la noticia—. Parece haber llorado.
—¿Cómo crees?—suspiró la madre preocupada—. Él quiere quedarse aquí... Pero tiene 4 años, se le va a olvidar cuando estemos allá y vea que hay un parque justo frente a nuestra nueva casa y que hay un montón de niños para jugar.
—Si, supongo —sonrió el Hiiragi, acercándose al pequeño para tomarlo en brazos y ponerlo en el sillón, un lugar que definitivamente era más cómodo—. Los voy a extrañar mucho, Krul—murmuró después.
—Puedes no hacerlo... Si vienes con nosotros—volvió a ofrecer ella. Shinya suspiró, miró hacia el techo y dejó que su corazón se alterara. No quería apresurarse, no quería arrepentirse después, pero tampoco quería arriesgarse a arrepentirse de haberse quedado.
—Estoy considerándolo de verdad...—asintió él—. Pero... mi familia y Guren...
—Esa gente te trata como si fueras la sobra de su cena—gruñó la pelirrosa—. Y sabes que es así, Mahiru es la que menos lo hace, pero...
—Mi hermanita escapó hace unos días, no puedo... solo dejarla. Soy el único que cuida de ella—aclaró—. Y ellos me han... aceptado en su casa desde...
—Y yo te aceptaré en la mía cuanto tiempo desees, toda la vida, si quieres—suplicó ella—. Shinya, no quiero... Te han hecho sufrir tanto durante estos últimos cuatro años...
—Son los únicos que pueden ayudarme a encontrar a mi padre, Krul.
—¡Yo te ayudaré!—ofreció ella—. Yo... Yo puedo ayudarte. Lo haré. Te ayudaré a encontrarlo y...
—Voy a seguir pensándolo.
—Odio decirlo, pero... Shinya, si es por Guren que te quedas, él...—Krul suspiró y cerró los ojos, para no ver la expresión en el rostro de su amigo—. Él te quiere, mucho... Pero no de la manera en la que esperas. No puede hacerlo, porque es un idiota.
—No espero nada de él... Nada de eso.
—Shinya, te conozco. Me atrevería a decir que más que él—suspiró la mujer—. Si yo me di cuenta de lo que sientes, sin que me lo hayas dicho y él ni siquiera encontró una sola pista, entonces...
—No espero nada de él.
—No me mientas.
—Maldita sea —bajó la voz todo lo que pudo—. Lo besé. Y luego él me besó. Solo para burlarse de mi, ahora sabe que estoy enamorado porque se lo grité antes de correrlo de casa y... Guren me odia ahora, lo sé. Estuvo a punto de golpearme hace unos días y... Krul, yo le doy asco.
—¿Eh? —era demasiada información. Hechos mezclados con todas las estupideces que se creaban como garabatos en la mente de su amigo.
Sabía que algo no andaba bien con el chico frente a ella, pero no se atrevía a decirle nada, pues no quería alterarlo más de lo que ya estaba, sobre todo después de tantos días de estrés. Sabía qué días y después de qué tipo de situación Shinya no dormía. Sabía cómo se ponía cuando algo que concerniera a Guren sucedía. Sabía cuándo había llorado tanto, que terminaba por dormirse por cansancio. Sabía un millón de cosas sobre él, casi tantas como las que sabía de su hijo.
—Oh, Shinya—terminó diciendo, para después suspirar—. Él es incapaz de odiarte, él te adora, ¿no lo ves?
—Y entonces, ¿por qué me hace llorar?
—Por idiota. Solo termina por hacerte daño porque no sabe ser un buen amigo, porque nunca podrá serlo para ti... pero también es culpa tuya, por ilusionarte con cosas falsas—dijo.
—Yo no...
—Han hecho cosas últimamente que te hacen querer quedarte, ¿no?—preguntó, era más como una acusación. Ya no sabía por qué insistía con esto, estaba segura de que estaba contradiciendo, pero... es que de verdad pensaba que Shinya estaba siendo herido sin razón. Además era egoísta y lo quería cerca de ella, si no, perdería de nuevo la cabeza, como unos meses antes de enterarse de que Mika venía en camino—. Dense tiempo, Shin. Ven conmigo, al menos un par de meses y...
—De acuerdo.
• • •
—Shinya quiere mucho a Guren, ¿verdad? —nada más que una pregunta inocente de una niña de preescolar. Shinoa estaba sentada en su cama, Mahiru estaba cepillando su cabello. Estaba decidida a pasar más tiempo con ella, y no solo para ayudarla con su tarea.
—Son mejores amigos, así que yo supongo que si —respondió la mayor.
Hablar de aquello le dejaba un mal sabor de boca, ya que hace no mucho Shinya había aceptado (con un pesado silencio) que sentía algo más por Guren. Aún si ahora estaba convencida, gracias a Guren, de que su hermano adoptivo estaba viendose con Krul, no le gustaba recordar lo celosa que se había sentido.
—Y Guren quiere mucho a... —Mahiru sonrió de manera forzada y amarró el cabello de la niña en una coleta alta.
—Si, Shinoa. Los mejores amigos son así —interrumpió.
—Yo quiero tener un mejor amigo —murmuró la niña. Mahiru se sintió aliviada, no tendría que forzar la conversación hacia otro tema, la pequeña se había encargado—. Pero uno con el que no me enoje nunca. Shinya y Guren no quieren verse más... ¿También es por...?
—A veces los mejores amigos se pelean, no te preocupes —dijo la mayor entre dientes—. Ellos estarán bien.
Shinya estaría bien. Unos tres metros bajo tierra. No quería seguir cuidando de él, a pesar de que tenían un pacto sobre aquello. Quería que se fuera de una vez, que se alejara de sus vidas y... tenía la mejor idea para lograrlo.
—¿Tú tienes un mejor amigo? —preguntó la niña.
—No.
—Por eso te molesta verlos felices juntos, ¿no? Tienen lo que tú no —la reflexión de la niña terminó con su paciencia. Mahiru se levantó de la cama y sacudió su ropa, solo para distraerse—. Eso se llama envidia, me lo dijeron en mi clase de sentimientos.
—No tienes ninguna clase que se llame así.
—La maestra del jardín, si. Ella nos está explicando los sentimientos y desear las cosas de otros se llama envidia. Ella lo dijo, ¿está mal?
—No; la envidia es eso —respondió Mahiru, luego se dio la vuelta y caminó hacia la puerta—. Tengo tarea, nos vemos más tarde.
—¡Tengo otra pregunta!—gritó Shinoa. Mahiru suspiró exasperada y volteó a ver a su hermanita con un fastidio que pasó desapercibido por la menor—. ¿Los mejores amigos pueden besarse?
—Pues...
—Y me refiero... en la boca—aclara Shinoa.
—No.
Después de la plática con su hermanita, después de escuchar sus estúpidas preguntas y acusaciones sin sentido, se quedó con camino de pólvora en la cabeza. Shinoa solo hablaba de Guren y Shinya, ella siempre se escondía en la habitación del peliplata y... ¿Habría pasado en su habitación, si quiera? Tenía que ser, porque, si no, ¿cómo hubiera podido Shinoa saberlo?
¿Sería por eso que Guren y Shinya estaban enojados uno con el otro? ¿O solo era Guren el que estaba molesto? Tendría sentido si Shinya lo hubiera besado... Entonces, eso significaría que seguía enamorado de su novio.
Una pequeña chispa encendió la pólvora y su mente se llenó de fuego. Tenía que confrontar a Guren, hacerle que le dijera qué había pasado. Tenía que descubrir si sus suposiciones eran ciertas.
• • •
—Si te dijera que debes elegir entre Mahiru y yo, ¿me elegirías a mi? —preguntó Shinya mirando hacia el cielo, como si no hubiera estado pensando la pregunta en cuanto la formuló.
Guren rió de inmediato, como una burla.
—Por supuesto que no —dijo con una mueca fingida.
—¡Al menos finje que lo piensas! -se quejó el rubio con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Hay que ser claros, ¿quién en su sano juicio te escogería? —lo molestó el pelinegro, dandole un suave golpe en el hombro.
—Tú lo harías —insistió Shinya—, pero eres demasiado orgulloso como para admitirlo. No soportas estar sin mi.
—Ya para.
—¿Realmente no me escogerías?
—No lo haría. ¿Por qué estar con alguien tan molesto? —bufó el pelinegro.
—Haha —rió ligeramente—, tienes razón.
Un flashback había atacado a Guren Ichinose de repente. Estaba en su habitación, recostado en su cama, mientras pensaba en todo y nada; en Shinya y en Mahiru. Era casi lo mismo... estar con Shinya lo llenaba y Mahiru le dejaba un vacío enorme.
Recordar aquello le hizo estremecer. Ojalá le hubiera dicho que, incluso antes de saber que Shinya estaba enamorado de él, incluso antes de besarle y hacerle perder la cabeza, lo hubiera escogido a él. Pero entonces quería mantener su personalidad con Shinya.
—Maldita sea, Shinya... —gruñó—. Maldita sea, eres... Te necesito —se sorprendió de haberlo dicho en voz alta, pero no se arrepintió y no lo haría.
Era su mejor amigo, incluso si no sabía si le correspondía o solo estaba desesperado por traerlo de vuelta a su lado y restaurar su amistad. Gruñó y se levantó furioso para darle un golpe a la pared. Tomó todo el aire que pudo y tomó su celular. Tenía que llamarle. Tenía que... rebobinar y hacer las cosas bien.
"Lo siento mucho, Shinya. Sé que te lastimé, pero... no quiero que nuestra amistad se acabe, te necesito cerca", envió.
Como si fuera una invocación, inmediatamente el timbre fue tocado. El pelinegro se levantó para abrir la puerta y encontrarse con Shinya.
Vio el cielo tras el rubio y luego sus ojos enrojecidos. Parecía que había llorado mucho. Parecía cansado, que se caería en cualquier momento. Lo dejó entrar y lo vio llorar una vez más.
—¿Shin...?
—No... no digas nada, por favor. Tengo que dormir, no puedo hacerlo y... cuando lo hago... —hipó y se pasó las temblorosas manos por el rostro—. Guren, déjame dormir contigo esta noche. Quiero... no quiero pesadillas.
El pelinegro estaba confundido. Estaba seguro de que debería estar molesto, después de todo el problema entre ellos y que Shinya solo apareciera a pedir un favor... no era justo. Pero era Shinya. Y era su Shinya pidiendo ayuda, una que podía brindarle.
—¿Por qué yo? —preguntó con un nudo en la garganta.
—Dormir junto a ti aleja mis pesadillas —explicó el rubio.
Guren asintió.
La habitación estaba muy oscura, tanto, que parecía que aquel escenario negro iba a consumir cualquier luz que se atreviera a comenzar a nacer. Era temprano, usualmente Guren se acostaba tarde, pero eran más de las 10 p.m. y ahí estaba, ya recostado. No había más razón que el rubio que estaba a su lado. No tenía el coraje suficiente para dejarlo solo. No después de que le dijera "Dormir junto a tí aleja mis pesadillas".
Si Shinya jugaba sucio o no, no le importaba, tampoco interesaba si le mentía o era honesto. Es que sentir a su mejor amigo dormir era suficiente. Era casi como si estuviera procurando que descansara adecuadamente.
Un suspiro abandonó sus labios, buscó con su mano el hombro de Shinya y la dejó descansar ahí. Hace mucho que no lo tenía así de cerca. Si bien podía escuchar su respiración, le hacía sentir más seguro comprobar también cómo el cuerpo del rubio se movía con cada inhalación.
Guren cerró los ojos y alejó su mano de Shinya. Él estaba ahí, a su lado, sin gritar... estaba durmiendo y se encargaría de que descansara por toda la noche.
Sabía que el insomnio de Shinya no solo se debía al miedo de que las pesadillas aparecieran. Había algo más, pero no sabía qué, en realidad... Y si tomaba en cuenta todo el caos de las últimas semanas, esto era lo más cercano a "bien" que estarían durante, al menos, otro par de semanas.
Dormir con alguien traía calidez a la cama. Dormir con Shinya usualmente era algo desastroso, cuando el rubio estaba completamente bien y su insomnio no lo molestaba, entonces solía moverse mucho. Aunque Guren no acostumbraba moverse tanto, cuando estaba con Shinya, le gustaba tirarlo al suelo.
A pesar de que lo inentó evitar, terminó riendo levemente ante el recuerdo de un Shinya completamente confundido al despertar en el suelo. Guren no diría nada, solo lo vería por un par de segundos y luego se marcharía de la habitación, para ir al baño o cualquier otro lugar de la casa.
Parecían haber pasado décadas desde la última vez que había visto a Shinya sin ojeras; en realidad, parecían siglos desde que lo había visto tan tranquilo, simplemente durmiendo. Incluso cuando hacía apenas un par de días. Pero es que últimamente sus problemas para dormir eran por lapsos d semanas y el inter entre cada "crisis" era menos que antes. Si antes podían pasar meses enteros, ahora era mucho si Shinya no tenía problema por 1 mes y medio. O bueno, de eso había podido darse cuenta desde la lejanía que ambos habían puesto en medio.
El silencio era absoluto, así que cuando el timbre sonó en la planta baja, el pelinegro fue capaz de escucharlo. Lo ignoró, pero el sonido volvió un par de veces hasta que se decidió a atender.
Maldijo a quien fuera que le interrumpiera. Apostaría lo que fuese a que era Mahiru. Y no se equivocó. Estaba histérica.
—Tú lo besaste —acusó—. Lo hiciste, maldita sea.
—Ma–
—No. no digas nada. Nada. Eres un imbécil, Ichinose Guren —gritó—. Engañarme así... con mi prometido. Mi hermano...
—Hey, baja la voz —pidió el pelinegro—. Amor, las cosas no son... —no pudo terminar la frase. Llamarla así se sentía erróneo.
—¿Entonces qué es? Explícamelo porque no lo entiendo —lloró la chica. Guren quería poder decir algo que no fuera una mentira.
—No es nada. Lo besé y fue un error, ¿si? —susurró para ella. Solo esperaba que Shinya no escuchara aquello—. Es mi mejor amigo, solo eso y... Mahiru, no quiero verlo triste.
—Pues es bueno saberlo —sollozó furiosa—. No tendrás que verlo más.
Y dicho aquello, se dio la vuelta, para marcharse de una vez. ¿Qué demonios acababa de pasar? ¿Sería una pesadilla?
Y lo era. Se despertó perlado en sudor y buscó a Shinya con la mirada. Él estaba dormido, con sus brazos alrededor de su torso. El peliplata lo abrazaba y, por primera vez, no quería alejarlo para molestarle. Acarició su cabello y suspiró.
Pasó los dedos por su rostro. Acarició sus párpados, bajó por el puente de su nariz y luego sus labios. Los acarició un poco más y quiso llorar.
Quizá lo hizo, aunque quizá sus mejillas estaban se habían mojado de alguna otra manera. No quería alejarse ya. Eran las 4:36 a.m. cuando Shinya despertó por las caricias en su rostro.
—¿Qué pasa? —preguntó adormilado.
—Nada, solo... desperté de repente —explicó el Ichinose—. Vigilaba tu sueño.
—Qué raro eres a veces —susurró el peliplata.
—Tú lo eres también, Shin.
—Guren, no quiero pelear contigo —susurró—. Es muy cansado estar molesto con alguien a quien quieres... Y eres mi mejor amigo.
—¿Por qué todo esto tan de repente?
—Porque voy a extrañarte mucho y... —suspiró—. Soy un cobarde —se levantó aún adormilado y se puso a horcajadas sobre su amigo—. ¿Puedo besarte? No... no significa nada, solo... necesito...
No lo dejó terminar. Guren lo guió hacia si mismo, lo besó con cuidado. Acarició su cabello. ¿Estaría aprovechándose del adormecimiento de Shinya? No estaba seguro, pero podría acostumbrarse a... No. Mañana en la mañana iban a olvidarlo todo, quería pensar que esto solo era salir de aquel pozo de incomodidades en el que se habían sumergido. Inició con un beso y terminaría con uno.
—Voy a irme en la mañana —dijo Shinya con dificultad contra sus labios—. No dejes que olvide esto.
—No lo haré —prometió Guren—. No lo haré, Shin.
—Y yo no dejaré que tú te olvides de mi, amor —murmuró. La última palabra quemó el beso de ambos, Guren tomó a su amigo por la cintura y mordisqueó los labios ajenos—. No me olvides, ¿me lo prometes?
—Lo prometo.
—No importa si no puedes corresponder mis sentimientos...
—Lo siento por eso.
—Pero al menos estás de acuerdo en besarme —sonrió Shinya. Ambos estaban jadeando por el beso que aún no terminaban. Era algo incómodo besar y hablar al mismo tiempo, pero no podían detenerse a hablar y tampoco olvidar las cosas que tenían para decirse.
—Me gustan tus labios.
—Me gustas tú. Y no podía irme sin... sin besarte una última vez.
—Me usaste.
—Y pareces disfrutarlo —soltó una ligera risa y al fin dejó de besarle—. Guren, llámame de vez en cuando, ¿si?
—¿Es en serio eso de... marcharte?
Shinya solo asintió. El pecho de Guren dio una vuelta y luego se encendió en llamas. No quería verlo marcharse. No quería extrañarlo.
—¿A dónde...?
—Me voy con Krul —explicó el Hiiragi. Ahora se veía más despierto, sus labios estaban hinchados y lucía terriblemente adorable—. Nos mudaremos...
—¿Juntos?
—Pensé que era lo que querías... —suspiró el albino, intentó hacer una broma, pero salió muy mal—. Qué difícil eres. Nunca puedo complacerte.
—Esta noche me siento complacido. Y decepcionado... Dijiste que estabas enamorado de mi y te vas con una mujer con un hijo —acusó Guren.
—Bueno, eso no...
—Que te vaya bien —dijo el pelinegro con cierta molestia en la voz—. Espero que no me extrañes demasiado. Espero que puedas olvidarme de una vez y que olvides cualquier cosa que sientas por mi.
—¿Gu...?
—Calla. No entiendo por qué pensé que esta noche podría salir bien, si estamos peor que nunca —gruñó—. Es mi turno de pedirte que te vayas.
—Acababas de...
—No digas más. Ya sabes que no voy a corresponderte, que incluso si me ha gustado besarte y... No significa nada. No somos nada, ni siquiera amigos. Lo arruinamos, debemos aceptarlo —interrumpió el mayor—, debes aceptarlo: no me gustas y nunca...
—Perfecto, adiós —sentenció Shinya—. Cuando te arrepientas y descubras que el deseo de besarme no viene de la nada, no me busques. Así empezó lo que yo sentía por ti.
Que hablara en pasado hizo a Guren enfurecer. Lo hizo levantarse y lo guió a la puerta. No quería seguir escuchándolo.
Nada tenía sentido. Debía ser porque era de madrugada y se habían entregado a ilusiones falsas. Debía ser por eso y por el veneno que habían dejado entrar en sus corazones. Quizá su amistad nunca había sido tan sólida como pensaban.
Quizá ni siquiera debieron haberse conocido.
Y entonces los meses comenzaron a correr.
