Shinya había dicho que se iría la mañana siguiente a su visita nocturna; sin embargo, habían pasado ya un mes y algo desde eso y él seguía ahí. Guren podía saberlo por las cosas que decía Mahiru en sus visitas, además, lo había visto un par de veces mientras paseaba por el parque que había frente a su lugar de trabajo. —No era que lo extrañara, simplemente comprobaba que Shinya le había mentido—.
"Eres un mentiroso, Shinya Hiiragi", le hubiera dicho, si no estuvieran enojados uno con el otro. O bueno, si él no hubiera estado enojado con el albino. Mira que entrar a su vida de esa manera, luego soltarle una gran bomba y después, de una pequeña riña por un beso que quizá no debió ser, llegar a su casa a seducirlo y luego soltar otra bomba; la última fue como una bomba nuclear. Había encendido el interior de Guren como si fuera pólvora.
—¿Qué haces aquí?—preguntó alguien en uno de sus paseos cerca de Queen's dinner. Era la dueña, la madre de Mika; era Krul Tepes.
—Solo pasaba por aquí—respondió Guren, mientras se encogía de hombros.
—No. Quizá esa pobre excusa se la traga Shinya, pero yo no—atacó con las cejas tan juntas, que parecían una sola. Se veía graciosa, pero no se atrevería a reír si quería seguir con su cuerpo íntegro—. Deja de atormentarlo, supera todo lo que tengas que superar y no vuelvas a llamarle. Lo arruinaste por completo.
—No sé de qué me hablas—respondió hostil, se cruzó de brazos y vio a la pelirrosa desde arriba—. Él es que debió dejar de atormentarme; debió aceptar lo suyo contigo y...
—¿Perdona?
"Debió dejar de aparecer en mis sueños y dejarme seguir amando a mi novia", sugirió su cabeza, pero no lo dijo.
—Que debió ser honesto conmigo—susurró el pelinegro—. No quiero nada ya, no quiero verlo, no quiero tener ganas de hacer las paces
"No debió ir a mi casa tan noche, solo para besarme y reiniciar todo; no debió... No debió hacerme volar si me iba a dejar caer en el mismo segundo", pensó algo confundido. No iba a poner eso en palabras. Ni siquiera le gustaba el tono de aquello.
—Eres un idiota —Krul suspiró, cerró los ojos en una clara expresión de cansancio y exasperación—. No hay nada entre él y yo, pero seguro eso ya te lo dijo. No creo que el que yo lo diga cambie algo. ¿Sabes qué? No mereces un amor tan puro como el de Shinya.
—Fue culpa suya—soltó.
Fue suficiente para que Krul definitivamente se pusiera furiosa. No tenía la altura suficiente como para darle una bofetada, pero si para darle una patada en la espinilla, haciendo que el más alto se inclinara un poco hacia adelante ante el dolor repentino.
—No lo fue. Y si te atreves a repetir eso, voy a partirte a la mitad —amenazó ella—. La única culpa aquí, es la tuya. Lo has tratado como basura todo el tiempo, y aún así él... Su único error fue...
—No digas "amarte", suena asquerosamente cursi—gruñó él.
—Confiar en ti... Sus días, sus noches... Y yo he cuidado cada herida que has dejado y aún así no me ha dado ni la mitad de lo que te ha dado a ti —susurró—. Cada una de sus lágrimas, una tras otra; incluso antes de que él se diera cuenta de su enamoramiento. Vas a arrepentirte muy pronto. Arruinaste su amistad.
—Él me usó esa noche y... Es cosa de nosotros
—Si, es cosa nuestra—era Shinya, quien apenas acababa de llegar. Ver a Guren ahí le sorprendió de algún modo, pero, ante el Ichinose, el rostro del peliplata se veía completamente serio—. Por favor retírate.
—Sigues aquí —acusó Guren.
—Tú igual. Vete.
Con esto dicho, puso la mano en el hombro de Krul y la guió de vuelta al restaurante. Se sentía débil; por suerte, en dos semanas partirían. Inglaterra les esperaba. Con suerte, su nueva vida estaría vacía de falsos mejores amigos.
• • •
Desde que Shinoa dejó salir las inocentes, pero molestas preguntas sobre los mejores amigos, Mahiru no podía pensar en nada más. Incluso si había pasado un mes completo, era totalmente imposible dejarlo pasar. No estaba segura de qué sentía al respecto, no sabía si estaba celosa o si solo le molestaba la idea de haber sido engañada por su novio con su prometido. Sonaba enfermo.
—Pero es la única explicación...—susurró para si misma.
—¿De qué hablas?—una infantil voz cantarina llegó por detrás. Mahiru dio un pequeño respingo por la sorpresa, volteó a ver a su hermanita. Ella siempre la asustaba de esa manera—. ¿Qué es la explicación que dices?
—Cosas de adultos—explicó la mayor.
—No eres tan adulta—dijo la niña, con una mirada acusatoria—. Yo quiero saber, ¿no puedo ayudar?
—Mmm... bueno, quizá puedas ayudar—asintió Mahiru. Sabía que esto sería abusar de su poder sobre Shinoa, era como si estuviera comprando información a cambio de sonrisas inocentes—. De hecho, ya habíamos hablado sobre esto, sobre los mejores amigos—ya no había vuelta atras.
—¡Cierto!—al parecer a la pequeña se le había olvidado que había amenazado con no darle ni un poco de su tiempo a Mahiru; ella dio gracias al cielo por eso—. ¿Ves que soy de mucha ayuda?
Su pregunta no tenía sentido, pero aún así Mahiru asintió con una sonrisa que tuvo que disfrazar con inocencia, evitando la malicia saliera a flote. Se sentía algo mal por hacerle esto a Shinoa, pero no lo iba a recordar después. No importaría, además esto era de vida o muerte. (Bueno, de vida o muerte social; de perder o mantener dignidad).
—Tú me preguntaste si los mejores amigos pueden besarse—fue directo al punto. Los ojos de Shinoa brillaron, estaba siendo tomada en cuenta por primera vez; se sentía útil por primera vez en su corta vida.
—Si, si, yo lo pregunté—asintió entusiasmada.
—Bueno, quiero... quiero saber de dónde salió esa pregunta—explicó la mayor. La pequeña ladeó la cabeza, buscando la información que su hermana mayor le pedía; también quería palabras que estuvieran a un nivel casi de adulto; pues, eso, según las películas, le daría credibilidad. Aunque no sabía lo que eso significaba.
—Es que Shinya y Guren son mejores amigos—inició Shinoa.
Los ojos de Mahiru brillaron por el triunfo casi obtenido. Su estómago se revolvió, además; su corazón latía desbocado y sentía unas inmensas ganas de gritarle a alguien. De preferencia a Shinya, a quien culparía de todo... luego a Guren, por haber sido infiel.
—Bueno, ellos también son hombres—quiso no ser demasiado obvia, aunque, ¿eso importaba con una niña tan pequeña?
—Son personas—murmuró su hermanita, confundida.
—Bueno, continúa.
—La otra vez estaba jugando a las escondidas con Jabón—siguió. Jabón era su amigo imaginario, había aparecido después de su escape; irónicamente era algo parecido a un cerdito—. Lo vi entrar a la habitación de Mahiru—Shinoa tenía la costumbre de mencionar de vez en cuando los nombres de las personas con las que estaba hablando directamente—, luego él me dijo que le tocaba contar. Se quedó en tu habitación, yo corrí a la de Shinya.
—¿Y bien?
—Bueno, Shinya estaba mal, olía mal, como cuando Kureto está con papá y sus copas—a Mahiru la historia le parecía demasiado enredada, ¿no podía ir directo al punto?
—¿Después que pasó?—alentó.
—Bueno, él trataba de dormir en el suelo. Lo vi tirado en el suelo, sosteniendo una botella marrón—siguió—. Luego vio su celular, se levantó y comenzó a ponerse zapatos, arregló su cabello y vi a Jabón escabullirse por la puerta.
—¿Shinya seguía ahí? —preguntó Mahiru.
—No, él estaba saliendo. Luego llegó Guren con él a la habitación. Guren decía cosas que molestaban a Shinya, hablaban de la mamá de Mika, ¿recuerdas a Mika? Ojalá viniera más seguido—se desvió, dejando que sus cinco añitos explotaran por todos lados.
—Si, pero, ¿qué más pasó con Guren y Shinya?
—Shinya estaba muy enojado, se acercó a Guren y luego le habló de ti, se burlaba, como cuando bromean sobre otras cosas. Luego Shinya hizo algo, Jabón me encontró y confirmó que era un beso, aunque luego Guren se enojó mucho. Él dijo "¿Alguna vez has besado a Krul en los labios?"—intentó hacer una voz más grave, incluso frunció el ceño, como solía hacerlo el pelinegro.
La sangre de la mayor hervía. Suspiró y estuvo a punto de cortar la conversación con Shinoa. Suprimió un gruñido, quiso gritarle a la niña que dejara de escabullirse a la habitación de la gente.
—Shinya le dijo que no, y entonces Guren lo besó. Pero diferente. Esta vez Shinya estaba muy enojado, su rostro estaba muy rojo y comenzó a llorar—susurró la pequeña, mientras contaba los dedos de su mano derecha, como si hubiera entendido que algo malo estaba diciendo—. Mahiru, ¿es malo besar? En las películas parece algo bonito y... ¿por qué Shinya le dijo a Guren que se fu...?
—No sé, Shinoa. No sé, pero esa es la razón por la que ellos ya no son amigos—gruñó la mayor—. Y fue por eso, porque... Shinoa, sabes que yo voy a casarme con Shinya, ¿cierto?
—¿Por eso no pueden ser amigos? ¿A Guren le gusta tu novio? Pero nunca has besado a Shinya, ¿es porque no son mejores amigos? No llores, no llores—las lágrimas de la mayor eran de pura rabia, pero hicieron a su hermanita preocuparse y asustarse.
La niña estaba confundida y tenía miedo; ahora solo había incoherencias en su mente y no podía hacer otra cosa mas que decirlas. Volteó hacia un lado, por suerte Jabón había aparecido.
—Voy a jugar con Jabón—dijo la niña justo antes de correr fuera de la habitación en la que se dio la plática.
—Shinoa, sabes que lo que me hizo Shinya está mal, ¿cierto? Solo puedes besar a quien es tu novio, solo puedes besar a quien se casará contigo.
La niña apenas estaba por salir e intentó ignorar lo que dijo su hermana: Shinya no era malo, él era bueno, pero Mahiru terminó dejando una pequeña semilla en su cabeza. Una que crecería sin darse cuenta.
Mahiru estaba más que enojada. Tenía que hablar muy seriamente con su novio... y el estúpido de su falso prometido. Lo haría pronto, no tenía planeado dejarlos salirse con la suya; sobre todo a Shinya. Esa pequeña mierda iba a pagar por todo y por nada, ya se sacaría algo de la manga.
• • •
El día de los trabajos de papá habían llegado. Mika se sentía ansioso, Shinya no llegaba aún y quedaban pocos padres. ¿Sería que no iba a ir? No lo culparía, su madre a veces tampoco podía hacer o llegar a ciertas cosas. Suspiró, él había hablado ya con sus compañeros, de cómo tendría a alguien en aquella ceremonia —aunque no lo era realmente, Mika pensaba que era algo de vital importancia— y que él era completamente asombroso. Quería que Shinya llegara y poder presumir que él tenía a la mejor persona como casi-papá.
Quería llorar. Estaba diciéndose que no era para tanto, pero su tierna mente no podía entenderlo todo. Pensaba casi como un niño de al menos el doble de su edad, gracias a que solo convivía con adultos, pero seguía teniendo solo 5 añitos. Tenía que dejar a sus ojos sacar ese sentimiento. Tenía que dejar que la lluvia en su cabeza saliera, para poder encontrar la paz.
Pero le daba vergüenza. Si lo veían llorar, ya nadie iba a hablarle, porque sería llamado "llorón" por todos. Eso le había pasado a Kyouya, porque eso hacían los crueles niños d años. En su garganta nacía un suave sollozo, sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas cuando el último padre pasó a hablar de su trabajo como dentista. Tenía regalos para todos, paquetes pequeños con un cepillo de dientes, crema dental y un instructivo de cómo era correcto cepillar los dientes y muelas.
Nada lo haría feliz ahora. Shinya había fallado, lo había abandonado.
—Lo siento mucho, ¿aún puedo pasar?—esa voz la conocía. Alzó la vista y ahí estaba Shinya, con el rostro enrojecido, dos bolsas llenas de las galletas que vendían en el restaurante de su madre y una sonrisa apenada.
—Por supuesto—dijo su maestra. Le ofreció uno de los asientos vacíos, Shinya se acomodó en uno y arregló su cabello.
Mika se acercó a él y subió a su regazo. El mayor lo abrazó con cariño y acarició su espalda. El pequeño sollozó escondiendo su rostro, el albino besó su cabello y le susurró que todo estaba bien, que por favor le perdonara. Mikaela solo asintió sin descubrir su rostro humedecido.
Cuando Shinya se levantó a hablar, Mika se fue a sentar con sus amigos. Los niños comenzaron a hablar entre ellos, susurrando cosas que Mika no alcanzaba a escuchar. Al final, una niña, Eika, pareció tomar valor y se acercó a un confundido Mika. Le ofreció una sonrisa y, mientras Shinya preguntaba a la profesora qué era lo que debía decir como mínimo, se sentó junto a él.
—¿Es él tu padre? —la voz de su compañera era dulce, siempre pensó eso; sin embargo, casi nunca hablaban. A Mika no le iba bien jugar con niñas, lloraban por todo, sobre todo si se caían, incluso si no tenían ni un raspón.
—Él es Shinya —explicó el niño, no tenía un nombre para su relación con el mayor.
—¿Tu hermano? —preguntó Eika.
Mika se quedó pensando, después de un rato, se alzó de hombros, le sugirió que voltearan a ver y la niña no insistió más.
—Hola, niños —Shinya estaba tan impecable como siempre, ningún cabello fuera de su lugar, ojos cansados, pero Mika pensaba que era porque se quedaban hasta tarde en el restaurante—. Yo soy Shinya Hiiragi y...
—¡Es un Hiiragi! —gritó un niño, lo apuntó viendo a su padre con emoción—. Como Mahiru, ella... ¿es su hermana?
—Hay que poner atención, hijo —el padre volteó a ver a Shinya con una disculpa en la mirada. El albino forzó una sonrisa que logró esconder la incomodidad que sentía, asintió. No tenía que responder a esa pregunta.
—Bueno, yo tengo 19 años —ante este acto, los padres, e incluso la maestra, mostraron cierta sorpresa—. Trabajo en Queen's dinner —añadió—. Es el restaurante de Krul, la madre de Mikaela. Ahí hacemos comida típica de aquí, aunque hay una gran variedad de comida de Rusia.
—¡Yo nací en Rusia! —Mika alzó la mano, con una gran sonrisa.
—Si, lo hiciste —el albino le sonrió.
—En el restaurante ayudo en todo tipo de cosas. La cocina es lo que más disfruto; los sabores se mezclan de una manera deliciosa —explicó a los niños—. También ayudo a limpiar y llevar la comida, aunque Mika ayuda muchísimo cuando limpia las mesas. Krul y yo somos los únicos que atendemos el lugar y nos turnamos las actividades, porque, saben que uno debe estar muy limpio cuando entra a la cocina, ¿verdad?
Los niños gritaron un "si" al unísono, parecía que estaban realmente interesados. Mika se sentía orgulloso de que Shinya hubiera ido.
—Muy bien, niños, ¿tienen preguntas para el... para Shinya? —la profesora no sabía cómo referirse al albino. Sabía que no era el padre de Mika: el niño no era un Hiiragi, pero... ¿qué tanto podía llegar con sus especulaciones?
Uno de los niños que antes susurraban con Eika, alzo la mano. Tenía una sonrisa algo torcida y travesuras en los ojos.
—Adelante, adelante —lo alentó la mujer.
—¿Sabes hacer sopa de miso? —preguntó. Shinya sonrió y asintió, nombró algunos platillos más y el niño quedó complacido.
—¿Se estudia para cocinar? —preguntó Eika.
—Bueno, si. Yo tomé algunos cursos para poder ser de ayuda para el restaurante —explicó—. La comida es importante en un día normal, su sabor también importa y a mi me gusta hacer comida divertida para los niños, una que sepa bien y sea suficientemente saludable, sin acentuar el sabor a vegetales.
—¿Qué significa acentuar? —otra niña se apresuró a preguntar—. Porque a mi no me gusta el sabor a zanahoria.
Unos cuantos niños rieron.
—Significa que su sabor esté escondido, que casi no sepa a lo que es —respondió la maestra—. Y eso es bueno, ¿no, niños? Porque a veces los brócolis cocidos saben raro, aunque con pollo saben muy bien...
Finalmente anunciaron la última pregunta.
—Mi hermano tiene 19 también, ¿eres hermano de Mika? —preguntó.
Shinya sonrió, mientras negaba con la cabeza. ¿Se trataba de una indiscreción? La maestra no lo sabía, pero justo cuando iba a intervenir, Shinya decidió responder.
—No, no lo soy. Soy solo un muy buen amigo de la familia, ¿cierto, Mika?
—Cierto, Shinya —el niño estaba aún entusiasmado—. Pero se va a mudar con nosotros a...
—Mika, ¿me quieres ayudar a repartir las galletas que tu madre horneó especialmente para tus compañeros? —interrumpió el Hiiragi.
No quería especulaciones de los hombres que estaban a su alrededor, sabía que al menos uno de ellos le conocía y que sabía, muy probablemente, de su futuro matrimonio con Mahiru.
Al final del día, ambos, Shinya y Mika, se sentían muy felices de haber estado ahí juntos. El mayor entendía que Mikaela necesitaba a alguien en su vida, una figura masculina que su padre biológico no quiso proporcionarle. Sería esa figura, tanto como le fuera posible acercarse a Mika, tanto como Krul le permitiera sin confundir al niño.
—Fue divertido, ¿verdad? A ellos les gustaron las galletas e incluso dijeron que querían tener un trabajo como el tuyo —dijo el menor.
—Muy divertido —asintió Shinya—. Podría hacerlo de nuevo.
—Puedes venir al próximo, cuando estemos en Inglaterra —sugirió el pequeño.
—Lo haré tantas veces como me lo pidas —prometió el mayor—. Voy a estar viviendo contigo por un tiempo, ¿no? Pídelo y lo tendrás.
• • •
"Separarnos fue lo mejor", pensaron ambos, en distintos lugares, horarios diferentes, aunque al mismo tiempo; Guren estaba en su habitación y con los ojos cerrados, Shinya estaba llegando a la habitación que tendría de ahora en adelante. Había sido un largo viaje, había gastando mucho de sus ahorros, aunque no era más de la tercera parte.
Inglaterra estaba algo retirada de Japón, de donde nunca había salido. Krul dijo que había tiempo para disfrutar de unas pequeñas vacaciones, a que Mika no entraría a la escuela hasta el próximo mes. Ventajas de haber esperado a que termnara el ciclo escolar.
Habían estado en Alemania, Italia y también en Francia. Shinya era malo para ubicarse, así que no tenía ni idea de si se alejaban o se acercaban a su destino final; sin embargo, le daba igual. Estaba disfrutando, no tenía a Guren cruzando su mente cada dos segundos. Al llegar a Inglaterra, lo primero que hizo, fue revisar su buzón de voz. Se descubrió algo decepcionado al no tener ninguno de nadie, aunque no esperaba nada de alguien distinto a Guren.
Después de mes y medio, el pelinegro estaba seguro de que no ver al albino era algo que necesitaba para aclarar su mente. Aún tenía cosas en mente que resolver, no podía simplemente aceptar que Shinya le gustaba, porque esas cosas a veces no eran tan fáciles de entender, sobre todo después de que habías amado con tanta fuerza, que tu corazón se había hecho cenizas. Así amó a Mahiru, aunque ya no. No sabía si sería capaz de volver a amar así, si su corazón podría resurgir de las cenizas como el ave fénix.
No. No, no era a la única a quien había amado. Había alguien por quien hubiera dado la vida, a quien le agradecía haberlo sacado de su miseria cuando sus días parecían ser tan negros, que dudaba de seguir vivo. Shinya había sido parte fundamental de su existencia y no podía simplemente olvidarse de él.
Pero deseaba que si. Porque, como dijo Krul, él no merecía un amor tan puro como el de Shinya, aunque dudaba que fuera tan puro, eso era demasiado cursi; pero ahora no lo sabría, porque habían sido, ambos, unos idiotas. Porque Shinya no empezó de la manera correcta, porque se alteró en lugar de preguntar lo que sucedía; pero él tampoco había insistido, no había intentado preguntarle a Shinya por nada y tampoco quiso confrontarlo. Luego, su última noche juntos, simplemente se aceptaron el uno al otro, se refugiaron en los brazos ajenos como siempre lo habían hecho.
Debieron hablar. Debió preguntar por qué se mudaba. Debió preguntar si en serio le mentía sobre lo que eran Krul y él; se sentía usado, no de la manera en que se lo dijo mientras se besaban, aquella acusación había estado bañada en tintes de burla... Él ahora sentía que incluso su declaración había sido falsa. Ya no sabía qué sería peor. No sabía nada. Y su cabeza daba vueltas y vueltas.
—Si frunces el ceño así, te vas a llenar de arrugas —comentó Mahiru. Se acercó a sentarse en el regazo de su novio, con una odiosa melodía en la voz—. ¿Qué te tiene tan preocupado?
—Nada importante —mintió, todo lo que concernía a Shinya era importante. Aunque intentara que no fuera así—. Es solo que el recibo de la luz subió más de lo que imaginé y... Solo hacía cuentas en mi mente.
—Yo puedo...
—No te atrevas a ofrecerme dinero.
—Solo quería ayudar —dijo ella con cierto fastidio. Revisó su celular, aún sentada sobre Guren, quien la abrazaba por la cintura y miraba hacia un lugar distante.
—¡Mira! —gritó ella de repente—. Shinya me envió esta fotografía.
Guren regresó en si cuando escuchó el nombre de su ex amigo. Intentó disfrazarlo con algo más, pero Mahiru notó aquello. Después de todo, a pesar de todas las peleas, parecía que a Guren le interesaba todo lo que tuviera que ver con él. Incluso después de tanto daño que se hicieron uno al otro por estupideces, por sentimientos a los que ninguno había querido ceder del todo, uno seguía pensando en el otro. Eso Mahiru había descubierto en todo el tiempo en el que su hermano y prometido estuvo lejos. Y aún quería aplastarlo como a un bicho por hacerle esto, por quitarle el amor de Guren.
—Es Mika, le ayuda a acomodar su habitación —dijo la chica.
—Oh, ese es un buen color en su pared —fingió interés, ya que no podía ver una foto reciente de Shinya—. Salúdame al niño.
—¿Y a Shin?
—Eh... claro.
—¿No quieres?
—Dije que sí.
Mahiru comenzó a escribir en respuesta a su hermano. La única razón por la que Shinya le escribía era porque, fuera de ella, no tenía familia. Fuera de su futuro falso matrimonio, no tenía ningún lazo. Guren ya no estaba y, aunque Mahiru no era muy amable, aún era lo único que le quedaba.
—Ah, me alegra que Shin haya encontrado a Krul, ¿no te alegra, amor?
Aquella palabra la había escuchado antes, con una voz más suave y llena de afecto; una caricia que no supo apreciar. Cerró los ojos, imaginando aquella última noche con Shinya, la última en que pudieron estar en paz.
—Ella es una mujer divorciada, con un niño y muchas responsabilidades, ¿crees que...?
—Antes querías que te ayudara a que ellos empezaran una relación —le recordó ella. Había cierto veneno en su voz, estaba molesta porque Guren peleaba y se dejaba vencer, porque estaba tambaleando entre amar y odiar a Shinya Hiiragi.
—Pues ya no.
—Jódete y háblame cuando aprendas a mantener relaciones sanas con alguien además de Shinya. Que ni siquiera te salió bien al final —explotó—. Eres un idiota. Y me alegro de que Shin se alejara, rendirse ante mi fue lo mejor que pudo hacer en su maldita vida.
Salió como si un demonio hubiera poseído su cuerpo. Guren se quedó perplejo. No sabía cómo sentirse, no sabía si llamarle a Shinya, contarle y reírse juntos, o llamarlo y decirle debían arreglarlo todo.
• • •
Mahiru quería venganza. Mahiru quería que Shinya sufriera con toda su alma, quemar cada uno de sus sentidos y verlo quemarse en lágrimas —aunque sonara irreal— hasta que su llanto se convirtiera en una desesperada llamarada que lo consumiera y transformara en cenizas.
Había pocas formas de herir tanto a Shinya, que se quedara completamente vulnerable, din armas cerca y con ganas de morir. Una de sus debilidades era Guren, ya lo había visto derretir su cuerpo en alcohol por él, seguramente seguía sufriendo, porque era tan estúpido que seguramente aún no superaba al Ichinose.
Otra era su padre, ese que le odiaba con todas sus fuerzas y que pagaba a los Hiiragi por dejarlo seguir pensando que estaba muerto.
Admito que hay un poco de relleno en este capítulo, sobre todo en lo de la escuela de Mika, pero es que las promesas que hace Shinya son necesarias. Además necesitaba más interacción Mika-Shinya para prepararme para lo que sigue.
Tengo la playlist de este fic, la hice con las canciones que inspiraron cada capítulo. De algunas solo tomé un parde lineas y de otras intenté tomas la esencia, aunque dudo haberla plasmado lo suficiente.
Si alguien quiere, puedo publicar una parte en el siguiente capítulo, solo pídanlo.
PD: Lamento los espacios, no puedo editarlo bien en este momento.
