Juro que es el cap más imbécil que pude conjurar.


La vi, vine y vencí.


#6: Gai


Alguien dijo que Shizune estaba enamorada de mí. En realidad, fue ella misma quien lo hizo. Fue cuando iba al Hospital a ver a mis estudiantes y la vi hablando de mí con Aoba. Sonreí con galantería y me aproximé. Había dicho que saldría conmigo esa noche, aunque yo no tenía idea. Fue entonces que Aoba, a pesar de haber oído que esta hermosa doncella saldría conmigo, se rehusó al destino que compartía con la médico y la invitó galantemente a salir.

Pobre de ella, tiene el corazón puro como el mío, así que no fue capaz de romperle el corazón ahí mismo y tuvo que decirle que sí. Escuché atentamente el lugar y la hora del encuentro, y planeé mi estrategia amorosa con mucho entusiasmo. Después de todo, era otra prueba que la vida había puesto en mi camino.

Llegué tres horas antes del encuentro a la taberna y estudié el campo de batalla. Hablé con el buen señor que atendía, no quiso responder mis preguntas de forma detallada, solo lo hacía con monosílabos o vagamente.

—Escucha, no sé quién eres tú, ni Shizune ni Aoba. Aquí vienen miles de personas diariamente.

—Muchas gracias, has sido de gran ayuda —dije optimista—. Esta será la primera velada romántica entre ella y yo, la primera de muchas. Buen señor, ¿puede decirme cómo puedo dar una atmósfera romántica en este bonito lugar?

—No.

—Gracias, buen señor.

Nada iba a derrotarme en mi misión.

—Oye, Gai —dijo alguien, me di vuelta y encontré al equipo de Shikaku compartiendo unas cuantas copas a las siete de la tarde. Parecía que llevaban mucho rato allá, contando el contenido de botellas en la mesa. Sonreí, no soy quien para juzgar. Me acerqué hiperactivo—. ¿De qué estás hablando?

—Tendré una cita hoy en exactamente dos horas y siete minutos.

—¿Quién es la afortunada? —rió Inoichi. Qué buenas vibras recibía. Fui a sentarme con ellos, Shikaku gruñó enojado, seguramente porque tuve que buscar otra silla.

—Shizune.

—¿La asistente de Tsunade?

—La misma —le respondí. Los demás rieron, me quedé con ellos sin objeción por parte de los comensales y les conté todas las proezas que he hecho durante la semana sin parar.

—Oye, Gai, parece que tu cita se equivocó de hombre —indicó Inoichi. Sabía que venía con Aoba, lo que no sabía era que la cita se extendía a mis antiguos compañeros de equipo Genma y Ebisu, y un chico que jamás había visto en mi vida. Estaba bien, desaparecería a mi competencia uno a uno.

Ebisu fue al baño, lo asalté por sorpresa cuando estaba saliendo de los inodoros. Esperé a que se lavara las manos y lo reté a un duelo.

—No, Gai. —Lo vencí, fui donde el chiquillo; le toqué el hombro tan rápido como un ratón y me lo llevé al callejón. Lo vencí. Volví a la taberna, le hice un giño a Shikaku para que pusiera unas monedas en el antiguo aparato musical en un rincón de la taberna e Inoichi entre risas hizo que todos se adormecieran. Choza atenuó las luces. Era el turno de desaparecer a Genma en singular batalla.

Todo terminó cuando me volteé y Genma besaba a mi doncella prometida.


Me declaro fan de esta historia