"¿Por qué lloras? Si jamás abriste el corazón. ¿Por qué lloras? Si tú nunca diste lo mejor de ti... Fui estúpido al pensar que ibas a cambiar por mi..."

¿Por qué lloras?Madison ft. Matisse

Este capítulo va dedicado a , que es nueva por aquí~, y a ... perdona por hacerlos esperar tanto~ (Ambas en Wattpad). También a Cleoru Misumi, en Fanfiction net, te amo, nena~.

El celular de Shinya timbró unas seis veces antes de contestar. El aparato sonaba casi desesperado ante la mirada desganada de su dueño. Finalmente vibró un par de veces más antes de que la voz de Mahiru llegara a sus oídos.

—Hey, Shinya —fue el saludo de su prometida. Shinya solo podía pensar en que ella debía estar definitivamente loca si creía que todo estaba bien entre ellos.

Llevaba tiempo pensándolo así. Mahiru sabía que estaba lastimándolo cada que enviaba mensajes y fotografías sobre Guren; lo sabía, porque ella supo que estaba enamorado del pelinegro incluso antes de que Shinya lo admitiera para si mismo. Ella disfrutaba viéndolos destruirse por su culpa. A ella le gustaba hacerse la desentendida y luego quemar a Shinya con sus palabras. Seguro le había hecho algo similar a Guren, aunque el albino dudaba un poco de que él causara alguna especie de problema para la cordura de su ex mejor amigo; al menos no en la que él lo era para Shinya.

—Verás, Shin... —la voz de Mahiru estaba cubierta de dulce, de caramelo pegajoso—. Me encuentro con alguien que quiere hablar contigo...

"No me digas Shin", quiso escupirle. Fue llamado así por Guren en más de una ocasión. Le gustaba cómo sonaba con su voz, no con la de ella. No quería que la hipocresía manchara una palabra que le había causado millones de emociones la primera vez que él se lo dijo.

—Hey, Shinya~ —esa voz le hizo regresar a un mundo donde la paz reinaba y no estaba asesinando a su prometida a través de ondas de celular—. Amor, vuelve a la cama... —ronroneó Mito, desde la comodidad de su cama.

Las mejillas de Shinya se volvieron completamente rojas; Krul, sentada justo al lado de la pelirroja, se retorcía en una carcajada silenciosa. Mito lo miró con una ceja arqueada, con una sonrisa sugerente.

—Verás, Mahiru —dijo él, imitando el tono en que ella le había hablado—. Justo ahora estoy algo... ocupado. Mi secretaria tomará tu recado.

—Mmm... Shin~, no nos hagas esperar más —dijo Krul en la voz más sensual que le había escuchado alguna vez. De poder sentir deseo sexual, quizá eso le hubiera encendido—. Quien sea, puede esperar, ¿no? —su voz era suave como seda y viajaba acariciando el aire.

—¿Qué pasa si te digo que es Shinoa? —gruñó Mahiru. Empezaba a enfurecer, ¿por qué él tenía una mejor vida sexual que ella? No era justo. Shinya era un cualquiera, ¿no era obvio?

—Sabría que estás mintiendo, porque hablé con ella hace un rato y...

—Shin, por favor... —era la voz de Mito, con un leve acento que se acababa de sacar de la manga. Ella había viajado hasta poder susurrarlo cerca del micrófono.

Mahiru, en Japón, se sonrojó hasta las orejas. Guren la miraba inquieto, casi desesperado. La noche anterior, ella lo había engañado para no comunicarle con Shinya, pero ahora, de nuevo con 39 grados de temperatura, se había puesto difícil para conseguir al menos la voz de su amigo por un segundo.

—Shinya, caya a tus...

—¿Perdona? ¿Seguirás mintiendo? —interrumpió a Mahiru.

—Eres un idiota —dijo ella. Le pasó el aparato a su novio y lo vio atender la llamada. Que Shinya se jodiera solito.

—¿No vas a seguir insultándome? Esto es nuevo, nunca te quedas con algo guardado, hermanita —dijo con cierto deje de desprecio.

El corazón de Guren se detuvo por un segundo. Era él, era su voz. Su Shinya.

—Ah, Shinya... ¿No vas a seguir jugando con nosotras? —dijo Krul.

—Dame un momento, linda —respondió frunciendo la nariz. No sabía cómo detenerlas. No era como las bromas en la secundaria, cuando sus amigos se ponían a gemir en plan exagerado para incomodar. Era algo más, un juego al que Shinya cedió sin darse cuenta.

Guren no dijo nada, solo dejó que las chicas, una que identificó como Krul y una a la que no conocía, siguieran con tratando de seducir a su Shinya para volver a Dios-sabrá-qué-clase de juegos promiscuos. No estaba nada feliz.

—¿Cuál era el punto de negarlo y mentirme, Shinya? —dijo Guren, con un mareo y un mal sabor de boca—. Ni siquiera fuiste capaz de hablar claro después de destruir lo que teníamos...

El albino lo identificó de inmediato. Nunca podría olvidar su voz, nunca podría confundirlo... no mientras estuviera tan enamorado de él.

—Nosotros no tuvimos nada nunca.

—Yo te amaba, Shinya.

Y su garganta se hizo nudo. Sus ojos estaban nublados ante la idea del delicado cuerpo de su ex mejor amigo siendo profanado por una mujer divorciada y una cualquiera que tenía algún tipo de poder o derecho sobre él solo porque –seguramente– era hermosa. Claro, podía imaginarla, una chica completamente perfecta, como una modelo; una excéntrica belleza de algún país lejano, con facciones tiernas y cada curva en su lugar.

—Tenemos conceptos distintos del amor, Guren —susurró Shinya.

—Debiste quedarte. Siempre lo haces, vas a cualquier lado a imponer tu voluntad... debiste quedarte conmigo esa noche —para esas alturas, Mahiru ya tenía varias alarmas internas encendidas.

Guren la miró con tanto odio, que solo le quedó estremecerse. El odio no era para ella, no en su totalidad, pero ella sabía que merecía esa mirada más que nadie. Sobre todo ahora, que escuchaba a su novio hablar con Shinya de cosas que ella no podría entender. Cosas que solo ellos dos eran capaces de descifrar y sentir. Ella se los había quitado, consciente o inconscientemente, era su culpa. Y a una parte de ella le encantaba, a otra, le dolía.

No por el dolor que ambos chicos pasaban, sino porque... porque no era capaz de establecer un lazo con Guren que pudiera llevarlo a sentirse así de mal cuando no estaban juntos.

Shinya, en Inglaterra, había sacado a las chicas de su habitación. No fue muy difícil, Mikaela había despertado por pesadillas, así que Krul corrió a su rescate. Mito, entendió perfectamente cuando Krul la miró de cierta manera.

—¿No vas a decirme nada? ¿Vas a dejarme así y ya? ¿Otra vez? —era difícil hablar cuando quería gritar.

—Me corriste. Me dijiste que no me necesitabas, que teniendo a Mahiru, nada más era impor...

—Tú no eres "nada", Shinya. Tú siempre lo fuiste todo. Siempre —susurró el pelinegro, olvidando que lo podía escuchar—. Maldita sea, no... Te mentí. Todo eso es mentira. Todo, porque te necesito.

—¿No crees que ya es algo tarde?

—No. No lo es...

—Adiós, Guren...

—¡No! No, no te vas a ir, no ahora. No de nuevo... ¿dónde estás?

—Adiós.

—¿¡Dónde demonios estás!? Voy a ir por ti, ahora...

—Guren, ¿por qué quieres ver a alguien que desea no volver a verte jamás? —dijo Shinya. Sus ojos estaban húmedos, la ira le corroía el cuerpo y su corazón estaba a mil por hora—. Ten un poco de amor propio y deja de pensar que correré a ti cada que me lo pidas. Eso se acabó. Nosotros ya no somos amigos. Ni siquiera sé si lo fuimos alguna vez.

—Eres un imbécil, Shinya Hiiragi —le gritó—. Siempre hiciste conmigo lo que quisiste, yo nunca tuve nada de ti, ¡tienes que venir ahora! Es una orden.

—¿Crees que tienes poder sobre mi? —rió sin ganas—. Hasta nunca, Guren Ichinose.

Finalmente colgó.

Las manos de Guren temblaban, estaba muy enojado. ¿Quién se creía? Shinya... no podía seguir escondiéndole cosas. No cuando ya no tenían nada que perder, según él.

La fiebre seguía haciéndolo sentir pesado y pensar cosas sin sentido. Mahiru preparaba un baño con agua fresca y reponía las compresas en el congelador. Ella lo miraba cada tanto, sintiéndose ligeramente culpable por todo lo que sucedía.

Claro. Ella no era de piedra. No podía controlarse bien, era impulsiva algunas veces y otras, hacía cosas que sabía que eran malas solo por cubrir sus intereses, pero aún así el amor hacia ambos chicos, le hacía sentir una pizca de culpabilidad. No lo suficiente como para ir a pedir perdón, pero tampoco lo podía simplemente dejar pasar.

Entonces aquello se convertía en frustración y enojo, se traducía como la necesidad de hacer que ambos se alejaran por "su cuenta" y "propia decisión", interviniendo cada cierto tiempo. Pero eso no duraría para siempre. Y ella lo sabía.

Cuando las chicas salieron del cuarto de Shinya, se dispersaron por la casa. Krul fue a atender a Mika, Mito bajó a la sala y se sentó frente a la televisión, que estaba prendida. Había una película en pausa y no se molestó en darle a play. Krul bajó unos minutos después, se sentó junto a ella y, al ver que la pelirroja no se movía ni decía ni pío, movió la mano frente a su cara.

Mito volteó a verla y le ofreció una sonrisa avergonzada.

—¿En qué piensas? —dijo la más bajita. Mito mordió su labio inferior, con las mejillas sonrosadas—. ¿Tiene que ver con Shin?

—Y-yo... No —mintió la otra, esta vez su rostro entero estaba iluminado con un furioso sonrojo—. Es un idiota —dijo finalmente, como un susurro, al tiempo que se deshacía de sus zapatos y subía sus piernas dobladas para abrazar sus rodillas contra su pecho.

—Solo está herido —dijo Krul—. No está preparado para algo...

—Solo quiero que esté bien —interrumpió Mito.

—Pero sigues dejando indirectas por todos lados —susurró la mujer—, él no está preparado para darse cuenta de esas cosas.

—Solo... me gustaría que hablara conmigo. Ya sabes, para... —se detuvo un momento, mientras cerraba los ojos con fuerza— Quiero conocerlo más.

—No me malinterpretes, pero me gustaría que no intentaras acercarte a él en plan romántico... al menos no por el momento —dijo Krul. Su voz era firme, sus facciones duras y su mirada seria—. Estoy cuidándolo tanto como me es posible. Ese chico... es de lo mejor que tengo y...

—¿Tú y él...?

—No. Somos amigos —dijo la pelirrosa, volteando a otro lugar. No quería dar explicaciones, no quería decirle a Mito que ella realmente no lo conocía. Guren era una gran parte de Shinya y, si no conocía a ese imbécil, no podía decir que conocía ni siquiera la mitad de la persona que Shinya era.

Lamentablemente esos dos chicos habían construido una relación algo insana, dependiente y... Shinya tenía que sanar. Había mucho que trabajar ahí.

—Bien —dijo finalmente Mito, luego se levantó y la miró fijo por un rato—. Voy a dormir. Gracias por dejarme quedar esta noche.

Krul le sonrió algo incómoda. Quizá había sido demasiado dura con ella, pero solo quería que su amigo estuviera bien. Su relación con él había trascendido hacía un par de noches antes, no podía decepcionarle, no podía dejar que alguien le hiriera intentando ser amable.

El día siguiente, Shinya buscaba vuelos accesibles para comprar los boletos de sus hermanas. Claramente la idea de tener que aceptar a Mahiru en su nueva vida le daba un poco de escalofríos, pero aún así, no tenía otra opción. Su celular estaba quedándose sin batería, tuvo que levantarse y conectarlo. Se sentó después con su laptop en las piernas, para seguir con su búsqueda.

Aproximadamente al mediodía, dio con lo que buscaba y se apresuró a apartarlos. Le haría un depósito a Mahiru. O haría el depósito a la aerolínea, pero debía hacer un par de cosas antes de dejar que alguien tuviera acceso a su tarjeta de débito o a la de crédito. No sabía por qué se preocupaba tanto, no era nada del otro mundo, ¿cierto? Bueno, quizá solo estaba reticente a que Mahiru fuera la que acompañara a su hermanita.

"Guren podría haberlo hecho, de no ser un idiota", se dijo, después de mandar todo al demonio y hacer la compra completa.

—¿Hola?—era Shinoa respondiendo a su celular.

Shinya había tenido que hablar primero con Kureto, para que le diera permiso de usar el aparato temprano por ser una ocasión especial. Su hermano mayor ni siquiera preguntó, solo le dijo que esperara unos 5 minutos y eso hizo. Hacía mucho tiempo que no escuchaba a la niña, podía decir que ya no le faltaba ningún diente, por su nueva pronunciación.

—¿Hola? ¿Puede comunicarme con mi hermanita, por favor?—dijo el albino, conteniendo su risa.

—Soy yo—dijo la niña. Shinya podía saber que ella sonreía solo con escucharla.

—¿Usted? No juegue conmigo, señorita. Mi hermana tiene una voz de niñita a la que le faltan dientes. Quizá como una anciana bebé.

—¡Shinya! Soy yo, de verdad—exclamó ella. El mayor se echó a reír.

—Wow, Shinoa, ¡te escuchas mayor!

—Es que ya tengo todos mis dientes de nuevo, te lo dije la otra vez...

—Es cierto, qué olvidadizo soy—él sonrió de lado, mientras se acomodaba en su cama, reclinado levemente—. Eso significa que ¿ya sabes multiplicar? Las niñas con todos sus dientes ya saben hacerlo.

—¡Pregunta! Yo lo sé todo.

—Bien, dime la tabla del siete—le propuso.

—¡Esa es la más difícil! Tramposo—se quejó ella.

—Si me la dices toda, te daré un premio.

—Siete por uno es siete —empezó ella. Siguió, dando las respuestas sin titubear. Correcta una tras otra.

Shinya no dijo nada por unos segundos. No podía pensar en nada mas que... su hermanita tenía una inteligencia que él hubiera envidiado a su edad. Quizá también le envidiaba un poco ahora, aunque también sabía que quizá eso hacía que los niños en su grupo se alejaran de ella, por su espíritu competitivo.

—Muy bien, Shinoa—le dijo. Tomó un poco de aire antes de continuar—. Estuve hablando con papá la otra noche. Sabe que quiero hacerte un regalo y... Aceptó que vinieras estas vacaciones a pasarlas conmigo y Mika.

—¿Qué?—la pequeña no podía creerlo.

Shinya le habló sobre las fechas, las cosas que debía empacar y de toda la diversión que tendrían juntos en Inglaterra. Ella estaba muy emocionada, no dejaba de hacer planes en su cabeza, como armar un fuerte en la nueva habitación de Shinya o hacer una pijamada en la que ella y Mika se quedarían despiertos hasta las 11 viendo una película de superheroes. Incluso le dijo algunas de sus ideas a su hermano y él estuvo de acuerdo.

Pero llegó el momento de hablar del transporte, de cómo no era posible que ella viajara por su cuenta, a pesar de haber estado en aviones en muchas ocasiones antes. Shinya tuvo que tratar el tema con cuidado dentro de su cabeza, para poder ser cuidadoso con su tono y no hacer obvio que no quería que Mahiru fuera su acompañante.

—Entonces, ¿quién va venir conmigo?—ella, muy dentro de si misma, sabía la respuesta.

—Mahiru.

Shinoa había terminado de hablar con su hermano ya. Le había dado una buena noticia y una mala que acompañaba a la buena de la mano y eso la hacía mucho peor. La buena era que finalmente vería a Shinya de nuevo; su hermano le había comprado un boleto para ir a Inglaterra con él, Mika y Krul. La mala era que había un boleto para Mahiru también, eso no le gustaba.

La niña recordaba aquello que su hermana le había dicho sobre Shinya y que había estado mal que besara a Guren cuando se supone que se casaría con ella. Ella sabía que eso no se hacía, pero también había espiado mucho a su familia y se había dado cuenta de que Shinya y Mahiru estaban siendo obligados, además, uno no se casa con sus hermanos, ni siquiera si no tenían los mismos padres. Al menos, en su mente de 6 años así funcionaba el mundo.

Bueno, el punto en todo esto era que se había dado cuenta de que Mahiru había querido que Shinoa se enojara con Shinya por cosas que ella no entendía del todo. Es decir, tampoco tenía nada que ver con ella, Mahiru solo quería dejar a Shinya solo y desarmado. Ya le había quitado a Guren, pero ella no iba a dejarlo solo, sobre todo con un alma tan malvada como la de su hermana en su contra.

Sabía que no estaba bien odiar, que era malo pelearse con sus hermanos, pero, ¿por qué no podía sentir mas que cierto mal humor por Mahiru? Quizá eso significaba que la odiaba. La amaba, porque era su hermana, pero también la odiaba, porque era mala y quería destruir a Shinya.

—¿Por qué debo decirle yo a Mahiru que va a ir conmigo? —se quejó en voz alta, mientras buscaba su maleta verde con brillitos.

—Él se lo dirá también... quizá se dio cuenta de que estás enojada con ella —dijo Jabón.

La niña volteó a todos lados y encontró a su amigo imaginario ahí, ayudándole a buscar la maleta. Se puso tan feliz, que fue a abrazarlo. Lo había extrañado muchísimo, también le había hecho mucha falta.

Estuvieron platicando sobre millones de cosas. Shinoa encontró la maleta y luego se puso a buscar ropa para llevarse. Ropa interior, vestidos, jeans, blusas y suéteres. Terminaron antes de las 6 de la tarde y luego se tumbaron en la cama de la niña, mirando al techo y poniéndose al día. Resulta que Jabón tenía mucha tarea que hacer y no había podido salir a jugar.

Shinoa quería recuperar el tiempo perdido, entonces decidieron jugar a las escondidas y a las traes al mismo tiempo. Era una combinación que les gustaba mucho a ambos.

La pequeña iba corriendo por los pasillos de abajo, hasta que chocó con alguien en el recibidor.

—¡Lo siento! —dijo ella aún sin levantar la vista. Su padre estaba ahí, seguro la regañaba.

—¡Shinoa! ¿Qué te he dicho de...?

—Vamos, Tenri, solo es una pequeña —dijo una voz suave. Era un hombre, más o menos de la edad de su padre. La niña alzó la vista—. Está bien que juegue.

El hombre llevaba el cabello hasta los hombros, de un rubio platinado que le recordaba al de Shinya. Sus ojos eran azules y su sonrisa era bonita, como si pudiera confiar en él. De verdad se parecía a su hermano.

—¿Eres el Shinya del futuro? —preguntó sin querer, regañándose mentalmente por semejante tontería. Ella sabía que los viajes en el tiempo no eran posibles aún, lo leyó en una revista.

—No —dijo él con una risa jovial. Unas pocas arrugas se formaron alrededor de sus ojos—. Soy socio de tu padre.

—¿Conoces a...?

—Shinoa, vete a jugar a otro lado —ordenó su padre. Ella no hizo ningún otro ruido, solo se marchó.

"¿Y si jugamos a los detectives, Jabón?", le dijo a su amigo telepáticamente. Ellos habían formado ese lazo casi desde el inicio.

Él le dijo que si. Así que iban a descubrir si ese hombre conocía o no a Shinya y por qué se parecían tanto.

—Solo quiero saber si ya se fue... —dijo Mahiru. Hablaba al teléfono, sentada en la sala de la casa de Guren. Él seguía enfermo y ella seguía cuidando de él.

La fiebre del Ichinose ya se había ido, aparentemente, después de hablar con Shinya, había tenido una especie de mejora rápida, sin embargo, le seguía doliendo el cuerpo entero y aún requería mucho descanso. En ese momento, Guren estaba durmiendo en su habitación. Acababa de tomar un baño, así que estaba fresco.

Mahiru comenzaba a frustrarse. No tenía nada que ver con su novio, era mejor dicho, un problema con su padre. Ella estaba acostumbrada a que él le diera cualquier cosa que pidiera, y justo ahora, él se negaba a responder una simple pregunta.

¿Estaba Riku Bathory en Japón?

—Ya dime, papá —dijo molesta.

—Ni siquiera deberías saber quién es —respondió Tenri. Estaba ocupado arreglando algunos papeles. Su hija mayor estaba siendo intransigente y un poco insoportable—. Olvídalo de una vez, no tienes nada que ver con él.

—Pero si con Shinya, y eso me interesa. Lo preguntaré una vez más —dijo Mahiru, con molestia en la voz—. ¿Está o no Riku Bathory en Japón?

—Si, si está —dijo el hombre, desesperado por colgar. Solo dijo aquello y terminó la llamada, dejando a Mahiru molesta, aunque satisfecha con la respuesta.

La chica guardó su celular y se cruzó de piernas. Con una mano en el mentón, comenzó a hacer planes, a hacer cuentas y armar posibles diálogos.

—Ahora solo tengo que interceptarlo... —pensó en voz alta.

—¿A quién? —la voz de Guren la hizo sobresaltarse. ¿Cuánto había escuchado? ¿Identificaría el apellido Bathory? Hasta donde ella sabía, Shinya había dado con aquel apellido, Guren podría saber algo al respecto.

Su mente trabajó rápido, discriminó ideas y posibles mentiras. Decidió al final que, si Guren sabía algo, sería mejor que lo supiera todo. Incluso con eso, se mantendría a linea de Shinya, quizá podía ponerlo de su parte, quizá podía ayudarle a destruir a Shinya. El método lo decidiría después, cuando supiera si Guren estaba a favor o en contra de una reunión familiar forzada.

—Al padre de Shinya.

Hola, pequeñines. Espero que les haya gustado este capítulo. Es ligeramente más corto que los anteriores, pero... así es. Si le hubiera agregado algo más, se perdería la esencia(?)... jejejeje~

Quiero decirles que estoy muy agradecida con ustedes, que siempre me tienen mucha paciencia. También quiero anunciar que estoy en proceso de escribir algo nuevo, con personajes originales y que estoy segura de que a algunos aquí le gustará.

¡Espero que me den una pequeña oportunidad con aquello! Lo publicaré en el transcurso de este mes, supongo que al mismo tiempo que el próximo capítulo de Si aún no es muy tarde, que ya está horneándose... jejeje... ¡Los amo! Un beso~.