¿Qué te digo, corazón? Me perdí el amor para decir adiós... pude haberte amado, pero ahora no, ¿qué te digo? ¿Qué te digo, corazón? No puede dar nada el que todo lo dio. Hubo un tiempo para hablar y ya pasó, ¿qué te digo?

Qué te digo – Kika Edgar

Hijos míos, escuchen esa canción y entenderán por qué mi vida es tan miserable. Les comparto que mi ex-nada le anda coqueteando (coquetear es poco) a mi primo y TODOS DICEN QUE ES PARA LLAMAR MI ATENCIÓN, pero han pasado años desde aquello y creo que solo le gusta andar de... "tangafacil". [Me bloqueó en fb hace unas semanas, justo cuando mi primo me vino con el chisme...] ¿qué opinan? Tendré que hacer "Las crónicas del corazón enfermo del/de la ex de KiwiSonata", con "¿qué te digo?" Como soundtrack original. Pero... volviendo a lo de la canción... Yo moriría por esa mujer, amo la voz de la señorita Kika Edgar.

Este capítulo va dedicado al amor de mi vida... Si alguien le conoce, háganle comentar, por favor.

Krul le había sugerido unas vacaciones. Shinya estaba nervioso por aquello, pues usualmente la chica entendía la urgencia por trabajar que el albino sentía últimamente. Es que ella había pasado por algo similar al alejarse del padre de Mikaela. Shinya no podía concentrarse ya, porque no lograba entender el porqué de la sugerencia. ¿Sería que ya no estaba trabajando bien? ¿Ya no era útil?

"Las tomaré cuando Shinoa venga", pero aún así, su amiga lo había obligado a tomarlas inmediatamente. Y esa era la razón de que estuviera pasando la aspiradora por los sillones por quinta vez consecutiva.

Con ansiedad en la mirada, pasó la vista por la sala por enésima vez. Había algo que lo ponía incómodo, a pesar de que todo estaba en su lugar. Sus manos picaban, sus ojos ardían levemente cada que parpadeaba y su respiración temblaba. Quería gritar.

Lo había arruinado todo. Todo era culpa suya. Guren y él seguirían siendo los mejores amigos, inseparables y completamente normales de no ser por la estupidez que lo invadió aquella vez que le besó. De no haberse dejado llevar, Guren seguiría aquí. Él no se hubiera tenido que ir. Hubieran podido seguir con sus planes originales: compartir a Mahiru; Shinya sin amarla y Guren entregándose completamente a ella. Shinya se hubiera quemado por dentro, pero... ahora que había probado esta parte en la que Guren ya no estaba con él, en la que decidió arriesgarse y perderlo todo... perderlo a él...

Debió haberse quedado callado. Debió detenerse la primera vez que fantaseó con besarlo. Debió detenerse desde el inicio. No debió hablarle. No debió conocerlo. No debió haber sido parte de la familia de Mahiru. Debió haber muerto en el incendio. No debía seguir vivo, porque la vida ya no sabía a nada.

Sus ojos estaban completamente abiertos, fijos en la nada. Su cuerpo estaba levemente más rígido de lo normal, comenzó a caminar. Su mente y cuerpo se confabularon en su propia contra.

El cajón de la cocina estaba semi abierto, podía ver el brillo de los cubiertos. Era peligroso, Mika podría hacerse daño... él podría hacerse daño. Siempre temió eso, pero en ese momento parecía ser lo correcto.

De repente el cajón había sido completamente abierto por una de sus manos, mientras la otra buscaba frenéticamente algo ahí dentro. El mango de madera del cuchillo se encontró con la punta de sus dedos y lo sujetó en alto, se perdió en el brillo de los dientes de la pequeña sierra en el utensilio.

Los dedos de su otra mano fueron a acariciar el filo del cubierto y entonces escuchó un agudo "No" detrás de él. Soltó el cuchillo asustado, regresando al mundo real, al lugar en el que tan mal se sentía. Se dio la vuelta aturdido.

—¡Esa parte no se toca! —dijo Mikaela corriendo hasta él, tomó su mano y la examinó preocupado.

—Estaba sucio —mintió Shinya—, solo lo limpiaba, Mikaela...

El niño se veía tan asustado, que el albino solo pudo abrazarlo. Su pequeño salvador...

—No debemos tocarlos —sollozó el niño—. Mamá se enoja...

—Estaba teniendo cuidado, Mika —le susurró el adulto—. Mamá dejó un pastel en el refrigerador, solo iba por un pedazo —lo calmó—. Perdón por asustarte, no lo volveré a hacer.

—Nunca, nunca.

Si. No. Si. Si. Si... Mejor no.

Guren solo le daba vueltas al asunto. No podía dejar de pensar en aquello desde que Mahiru le habló de Ritsu. El padre de Shinya. Su mejor amigo, el que se había pasado miles de noches en vela por pensar en cómo encontrar a aquel hombre, el que todos los demás decían y aseguraban que había muerto en un incendio. Uno que, según Mahiru, Shinya había ocasionado. Su Shinya.

Por noches, el Ichinose había tenido miles de pesadillas donde un Shinya de cinco años era consumido por el fuego.

«En una historia distinta a esta, Shinya estaría muerto y yo... sin conocerlo, sin haber conocido lo único que me hace sentir vivo cuando...», Guren sacudió la cabeza.

Mahiru. Tenía que pensar en ella... pero es que ahora la idea de haberla amado alguna vez, le asqueaba. Es que ni siquiera podía recordar un momento en el que ella le hubiera hecho sentir como Shinya. Es que si algún momento pensó que la amaba, entonces e ese momento no tenía ni la menor o la más miserable idea de lo que era el amor, de lo que significaba amar.

Y aunque siempre había sido consciente del amor que sentía por Shinya, siempre pensó que era algo distinto. Las ganas de estar con él, de abrazarle, tenerle cerca y verle sonreír... no era igual que cuando estaba con Mahiru, no era lo mismo que sentía con sus amigos, ni con Mika, Krul o cualquier otra persona. Es que había estado tan ciego, que lo había arruinado por completo.

Le tomó tiempo enamorarse, pero también le tomó tiempo entenderlo, incluso después de haberlo perdido. Quería llamarle, pedirle perdón, rogarle que volviera... Pedirle la oportunidad de amarlo de verdad, a la buena, hablar y arreglar las cosas...

Tenía que dejar todo de lado, el pasado al que le temía, la chica que los separaba y cada cosa que se habían dicho antes de irse. Ahora entendía por qué Shinya se había marchado, por qué se perdonarían todo, por qué...

Quería llamarlo. Tenía qué, pero ¿qué iba a decirle?

¿Lo de Ritsu? No era una opción, no después de la historia que Mahiru le había contado.

La verdad destruiría a Shinya, aunque él estuviera para protegerle, nadie le aseguraba que el albino le perdonaría, para nada. Tampoco sabía si sería capaz de perdonarse a si mismo, si Shinya, su insomnio y lo que lo rodeaba empeoraba.

Krul lo salvaría de hundirse, eso estaba claro. Quizá tenía que hacerlo, quizá... quizá tenía que hablar con ella primero. Ella era la única familia real de du amigo, y a pesar de que Guren se sentía irremediablemente celoso de ella, aunque también la admiraba y estaba feliz de que estuviera con Shinya.

No sabía qué hacer y no tenía con quien consultarlo.

Realmente su única opción era Krul.

Faltaban menos de 5 días para ir a ver a Shinya y la última vez que habían hablado, él le insistió en que ella fuera la que invitara a Mahiru; sin embargo, había escuchado a su hermana y Shinya hablar sobre el viaje.

Shinoa no quería hablar con Mahiru.

La única manera de pedirle a alguien más que la acompañara, sin ser ignorada completamente (como le pasó con Kureto, Tenri y Seijirou), era llamar a Guren. Él siempre tenía grandes ideas, incluso Shinya lo dijo alguna vez y Mika siempre decía que era inteligente y siempre construía los mejores fuertes con almohadas y sábanas.

Pero ella no tenía el número de Guren y sus hermanos tampoco, solo quizá...

—Mahiru debe tenerlo —le dijo Jabón.

—Me leíste la mente —respondió ella con una sonrisa, antes de ir con su amigo imaginario a buscar en la habitación de su hermana.

"¿Por qué Mahiru sigue viendo a Guren si Shinya ya no está?", pensaba la pequeña, mientras revolvía cosas en el tocador de su hermana, en los cajones y en donde sus manitas alcanzaran.

—Son amigos —respondió Jabón. Shinoa volteó a verlo y le sonrió; a veces olvidaba que él de verdad leía su mente. Debía ser eso, que Mahiru era amiga de Guren.

¡Bingo!

Dio con un papel en el que se leía claramente el número del chico de ojos violeta. Bueno, estaba dentro de una agenda telefónica, en una de las hojas que marcaban con la letra "G".

—Es nuestro momento —cantó la niña, mientras anotaba el número en la parte interna de su antebrazo con un marcador.

Unos momentos después, y luego de arreglar un poco del desastre que había creado, Shinoa se encontraba en su habitación. Había tomado un par de labiales de su hermana, también un delineador... solo para que no sospechara de su verdadera misión.

Ya había marcado el número de Guren, mas no había obtenido respuesta. Hasta que finalmente lo hizo, él contestó.

—¿Diga? —su voz sonaba adormilada, también algo rasposa y apagada.

—Adivina quién soy~ —canturreó la niña.

Ella usaba el mismo tono que Shinya al hablar de esa manera, al cantar las cosas cuando quería ser extra-molesto. Guren sonrió ante el recuerdo, había pasado mucho desde que la había visto, pero igual la recordaba perfectamente.

—¿Shinoa Hiiragi? —él le respondió alzando una ceja, aunque ella no lo veía—. ¿Qué hace una niña de tres años llamando tan tarde?

—¡Tengo seis y algo! Además, son las ocho, es buena hora porque no he cenado —dijo ella—. Además —repitió la palabra—, es para ofrecerte un buen trato.

—¿Qué? —al principio el Ichinose solo sentía cierta ternura, al final solo se sentía confundido—. Shinoa, ve al grano.

—Me regalaron boletos para ir a ver a Shinya —dijo ella—, pero no quiero ir con Mahiru y nadie quiere llevarme.

—Estarán ocupados —explicó él—, ¿por qué no ir con tu hermana?

—Ella... No quiero.

Hubo un rato de silencio.

—Dile a Mahiru que no vaya —susurró finalmente la niña—. A ella no le agrada Shinya, solo va a arruinar mis vacaciones. Ven conmigo...

Mika se había quedado dormido en brazos del albino, que tarareaba una canción de cuna. A partir de que el niño se había dormido, la cancioncilla se había tornado sombría. Abrazó el cálido cuerpo del menor y enterró su rostro en los rubios cabellos de Mikaela, olía a fresas.

Cerró los ojos. Se perdió en el olor del pequeño. Su corazón se agitó muchísimo, antes de poder perder la razón, se levantó para dejar al niño acostado en el sillón. Volteó a ver el reloj, faltaban menos de cinco minutos para que Krul llegara.

Por su parte, la mujer estaba en su auto, atrapada en el tráfico de la hora pico de la ciudad inglesa. De haber salido diez minutos antes, ya estaría por llegar a casa con su hijo y su amigo...

Suspiró pesadamente, con la vista en el camino constipado por los autos de los demás. Su celular comenzó a timbrar. Sin ver el número entrante, respondió.

—Gracias al cielo, Krul —escuchó decir del otro lado del teléfono—. Pensé que no podría encontrarte.

—¿Quién eres? —dijo ella, a pesar de que reconocía la voz.

—Guren... soy Guren. Tengo algo que...

—Jódete, Ichinose.

—¡Escúchame! Es importante, sobre Shinya...

—Él no tiene nada que ver contigo ya —dijo la mujer—, es mío. Resígnate y déjanos en paz.

—Krul, escucha, es sobre su...

—No voy a dejar que le hagas más daño. Si no puedes ofrecerle un amor como el que te da él a ti, entonces yo me encargaré de llenar los espacios que tú...

—No es importante ahora —le interrumpió—. Él no contesta mis llamadas, esto es urgente, necesito... ¿puedes...?

—Nada. No puedo nada —gruñó ella—, y voy a colgar. Por algo no responderá.

Ella colgó.

Por algo no responderá, había dicho. Ella estaba segura de que la razón por la que Shinya no respondía era que había cambiado el número. ¿Debía informarle a su mejor amigo sobre la llamada de Guren? No estaba segura, quizá tendría qué... no estaba segura y eso la ponía muy nerviosa.

Llegó a la casa, abrió y encontró a su hijo dormido en la sala y escuchó los pasos apresurados de Shinya por la cocina. Se acercó sin decir nada y lo vio limpiar una mesa completamente impecable, sus dedos temblaban mientras aseaba y casi podía escuchar su corazón latir dentro de su pecho a mil por hora.

—Shinya, ya basta —le dijo con cierta irritación—. Deja de limpiar, trabajar, acomodar... para eso te di vacaciones. Ve al cine, juega con Mika, consigue a alguien con quién divertirte. Llama a Mito.

—No sabes lo que dices. Horneé seis pasteles y cuarenta y dos galletas... hice lasagna y puse a marinar el pollo que comeremos el viernes y... —sus palabras chocaban unas contra otras. Krul no pudo encontrar la mirada del albino, solo lo veía tropezar con sus ideas y sabía que pronto explotaría.

—Shinya, ya cállate y mírame —le ordenó, lo tomó por los brazos y lo vio fijamente, hasta que encontró su mirada—. Tranquilízate. Todo está bien, tenemos una vida nueva...

—Extraño mucho a Guren —dijo él. Sus palabras eran planas, sus ojos estaban bien abiertos y veía hacia la nada—. Estuve a punto de llamarlo. Estuve a punto de muchas cosas hoy, yo... Lo necesito, no puedo seguir así...

—Shinya, escúchate. No eres tú, ¿te sientes bien?

—Siempre tengo que quedarme en silencio porque no está bien, no puedo amarlo, ni seguir esperando a que venga por mi y me diga que me ama, que... —su voz se rompió—. Krul, ya no sé qué hacer. Ya no... quiero... quiero verlo y no tengo cara para enfrentarlo. Arruiné todo, Krul, es todo culpa mía y...

—Estás siendo ridículo —dijo ella con un nudo en la garganta, no reconocía esta parte de su mejor amigo. Pareciera que estaba desesperado, pero también como si hubiera perdido su escencia—. Shinya, ven a descansar, te prepararé un chocolate y...

—Él me odia —y por primera vez desde que Krul había llegado, su rostro mostró una suave emoción al fondo. Estaba triste, se estaba quemando—. Krul, él me odia y tiene razones para hacerlo... —volteó a verla y sus ojos chocaron. Las lágrimas comenzaron a amontonarse contra la linea de agua en sus ojos—. Krul, vendí lo mejor que yo tenía... por un beso que ni siquiera disfrutamos... vendí al amor de mi vida por una ilusión sin trasfondo, sin alguna base en la que pudiera... Ya no quiero seguir, ya me harté...

—Amor —le susurró ella, buscando sus manos—, mi amor, por favor escúchate... ya pasamos por esto. Nosotros podemos... tú... Te necesito. Lo sabes. Y Mika, él necesita de ti, también. Y tú no necesitas a nadie que te haya dejado por haber expuesto tus sentimientos...

—Ya no quiero esta vida —sollozó. Se puso en cuclillas y escondió su rostro entre sus manos—. Ya no quiero, Krul... Ya no puedo.

—Shin, por favor... Un poco más... solo un poco —le hizo retirar las manos de su cara, para acunar sus mejillas—. Sé que quieres rendirte, porque te duele...

—Mucho...

—Mucho —asintió la mujer—. Y va a doler un rato más, quizá años, porque lo que tuvieron fue muy largo y profundo, porque era especial —fue bajando la voz, con una sonrisa triste—. Se acabó, pero... amor, nos tenemos nosotros. Y somos una familia. Y no importa qué pase, somos para siempre.

—Quería que Guren fuera parte de esto... —quedó hincado en el suelo, abrazando a la chica—. Lo amo, Krul...

—Y yo quería que fuera siempre parte de tu vida. Que fuera parte de esto... —le susurró—. Shinya, quería que ustedes dos fueran felices, pero él... decidió qué era lo que quería. Y si no quiere ser parte de esto, nosotros no podemos obligarlo...

—Lo extraño...

—Y yo también —murmuró ella. No era mentira, pero eso no significaba que lo traería de vuelta para que le hiciera daño a Shinya.

—¡Shinoa! —Mikaela había corrido al verla, la abrazó con fuerza y la niña hizo lo mismo, aunque su mirada buscaba a su hermano entre la multitud. Solo encontró a Krul.

—¿Y Shin...?

—Está en la casa preparándote algo especial —dijo él con emoción. La verdad era que los días posteriores al incidente con el cuchillo, habían sido muy cansados. Shinya estaba exhausto todo el tiempo, dormía mucho y comía poco, además, la gente lo irritaba. La verdadera razón de que no haya ido por sus hermanas, era esa: no soportaba la multitud.

—¡Qué grande estás, Mikaela! —era la voz de Mahiru. Mikaela siempre le había tenido cierto temor a la chica, pero lo disfrazaba con grandes e infantiles sonrisas, como la que le mostraba ahora.

—Tengo seis años —explicó con orgullo—. ¿Viene Guren? —el pequeño rubio buscó detrás de las chicas Hiiragi. No encontró a nadie.

Mahiru tensó la mandíbula y decidió que estaba algo molesta con el niño. Krul, desde algunos metros y caminando despacio, decidió que Mahiru, a pesar de ser hermana de su amigo, no le agradaba del todo.

Las mujeres se saludaron por cortesía, puesto que ninguna de las dos se sentía cómoda. La pelirrosa habló con Shinoa sobre el viaje y algunos asuntos relativos a la escuela y sus juegos, y luego llegaron a casa, donde Shinya abrazó a su hermanita en cuanto la vio.

Krul lo notó. La tensión entre los hermanos mayores era bastante notoria, incluso la podía palpar. La mujer lo supo de inmediato, la ansiedad que enfermaba a Shinya desde hace tiempo, era por ella. Debió haber recordado todo aquello que hablaron, debió relacionarlo, pero a veces dejaba las cosas pasar.

No conocía la historia de esa chica con lo del compromiso y todas esas cosas, pero sabía que algo malo había ahí. Por alguna razón no recordaba nada de ella, no recordaba a Shinya diciendo algo especial de ella, ni nada. Sabía que no la amaba, que lo suyo con Guren era tan poderoso, como para cegarlo ante la belleza de su prometida, seguro también habían discutido sobre algo de eso.

Las noches de Shinya eran largas y ella terminaba obligándolo a ir a dormir después de recostar a su hermanita. La prometida del Hiiragi se la pasaba encerrada en su habitación, no se comportaba mal, pero se sentía extraña. Krul iba a encontrar lo que estaba pasando entre ellos dos.

—Krul —eran las 3:40 de la madrugada cuando escuchó la voz de Shinoa junto a su cama. La aludida abrió los ojos con pereza y encontró los de la pequeña; le sonrió.

—¿Pesadillas?

Shinoa asintió. La mujer le hizo espacio en su cama.

—¿Por qué no fuiste con Mahiru o Shinya?

—No duermo con Mahiru... y Shinya está... —bajó la voz— llorando.

—¿Quieres dormir con Mika? Tiene una lamparita de noche que espanta las pesadillas —dijo la mujer—. O puedes dormir conmigo, pero voy a ver si Shinya también tiene pesadillas...

—Con Mika —decidió la pequeña con una sonrisa—. Cuida a Shinya... Cuando tiene pesadillas, suele escapar a casa de Guren... pero le llamé y no me responde.

—No lo llames a esta hora, corazón —le sugirió. La tomó en brazos y la llevó a la habitación de su hijo—. Duerme, ya no tendrás pesadillas —le prometió con un beso en su frente—. Si necesitas algo, me buscas. Iré a hacerle a Shinya un té.

—Cuídalo, yo seré valiente —susurró Shinoa.

Quizá la presencia de la niña y Mahiru eran demasiado para Shinya. Ellas de seguro tenían más que ver con Guren, porque él frecuentaba su casa y seguro se llevaban bien. Krul no quería ser cruel con sus pensamientos, pero hubiera sido mejor si las chicas no hubieran ido en ese momento. Shinoa mencionaba al pelinegro bastante y algo en eso molestaba a Mahiru, que siempre la interrumpía y la hacía cambiar de tema.

Algo raro andaba por ahí y no sabía exactamente qué.

Guren... maldito seas.

Había una canción perfumando el ambiente, los colores de las palabras flotaban alrededor de su cabeza y Shinya ya no podía soportarlo. La ausencia de Guren nunca le había lastimado de esta manera. Sus noches se hacían cada vez más largas y pesadas, el sueño lo aplastaba contra la cama, pero estaba consciente en todo momento. Si su amigo estuviera con él...

Intentó sacudir la cabeza, pero el peso sobre su cuerpo apenas y lo dejaba respirar. En su pecho comenzó a juntar los gritos ahogados que quería sacar y no podía. Montones de imágenes revoloteaban por su cabeza y quiso llorar, porque se había vuelto un completo inútil, era muy débil y a pesar del dolor que Guren le había causado, solo quería tenerlo a su lado en ese momento.

—Shin —era la voz de Krul, en su habitación oscura no la lograba localizar, pero sus pasos se oían cada vez más cerca—, Shin, estás llorando.

Entonces escuchó sus propios sollozos. La mujer acarició su rostro, secando las lágrimas que debían estar saliendo descontroladas y bañando sus mejillas. No las sentía, pero sabía que estaban ahí.

—Todo está bien, mi amor —susurró ella con cariño, aunque había cierta tristeza en su voz también. La sintió meterse en su cama y abrazarlo con fuerza, él por fin fue capaz de moverse y corresponder el abrazo—. El dolor se irá pronto, lo prometo... —su voz estaba apagada, era un lamento entre caricias en su cabello—. Lo haré desaparecer...

Ella sentía un nudo en la garganta, muchas ganas de llorar y un vuelvo en el estómago cada que lo veía. La información que ella tenía en ese momento la aturdía, le hacía sentir atrapada y con miedo. Cuidar de alguien que amaba nunca había sido tan doloroso...

El corazón de Shinya lloraba.

Los labios de la mujer llegaron a su mejilla, a su frente y logró entonces dejar un casto, ligero y cálido beso en su corazón. La sintió llorar con él, se aferraron el uno al otro repartiendo caricias en el alma de cada uno. Así, con sus cuerpos enredados bajo las sábanas, se quedaron dormidos.

«Nadie te lastimará», fue lo último que ella recuerda haber pensado.