Capítulo 13 14 FULL

Me di la vuelta y escruté mi reflejo con escepticismo. El vestido era blanco, con la espalda al aire y peligrosamente corto; la parte superior se sujetaba con un tirante corto de piedras de bisutería alrededor del cuello.

— ¡Vaya! Fate-chan se va a mear encima cuando te vea así — dijo Hayate puse los ojos en blanco.

— ¡Qué romántica!

—Ya está, te quedas con ese no te pruebes ninguno más, ese es el mejor —dijo ella, aplaudiendo emocionada.

— ¿No te parece demasiado corto? Mariah Carey enseña menos carne — Hayate sacudió la cabeza.

—Insisto.

Di otra vuelta, mientras Hayate se probaba un modelo tras otro; le costaba más decidirse cuando el vestido era para ella, acabó eligiendo uno extremadamente corto, ajustado y color café que dejaba un hombro al aire.

Fuimos en su Honda hasta el apartamento, donde descubrimos que se habían llevado el Charger y que Arf estaba sola, Hayate sacó su teléfono y marcó cuando Carim descolgó, sonrió.

— ¿Dónde están, cariño? —Asintió con la cabeza y entonces me miró—. ¿Por qué iba a enfadarme? ¿Qué tipo de sorpresa? —dijo con cautela.

Volvió a mirarme, se metió en el dormitorio de Carim y cerró la puerta.

Rasqué las pequeñas orejas puntiagudas de Arf, mientras Hayate murmuraba en el dormitorio. Cuando volvió a salir, intentó reprimir una sonrisa.

—¿Qué están tramando? —pregunté.

—Vienen de camino, dejaré que sea Fate-chan quien te lo cuente —dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja.

—Oh, Dios mío…, ¿qué? —pregunté.

—Acabo de decir que no puedo decírtelo, es una sorpresa.

Me puse a juguetear con el pelo y a morderme las uñas, incapaz de quedarme quieta mientras esperaba a que Fate-chan me desvelara su última sorpresa. Una fiesta de cumpleaños, un cachorro… No conseguía imaginarme qué podía venir después.

El poderoso motor del Charger de Carim-chan anunció su llegada. Los chicos se reían mientras subían las escaleras.

—Están de buen humor —dije—. Es buena señal — Carim entró el primero.

—Es que quería que pensaras que había una razón para que ella se hiciera uno, y yo

no.

Hayate se levantó para recibir a su novia y lo rodeó con sus brazos.

—Qué tonta eres, Carim-chan Si quisiera una novia loca, saldría con Fate-chan

—No tiene nada que ver con lo que siento por ti —añadió Carim-chan.

Fate entró por la puerta con una gasa cuadrada en la muñeca. Me sonrió y

después se dejó caer en el sofá, apoyando la cabeza en mi regazo.

No podía apartar la mirada del vendaje.

—A ver…, ¿qué has hecho?

Fate-chan sonrió y me hizo agacharme para besara notaba su nerviosismo en apariencia sonreía, pero tenía el claro convencimiento de que no estaba segura de cómo iba a reaccionar yo a lo que había hecho.

—He hecho unas cuantas cosas hoy.

—¿Como qué? —pregunté suspicaz. Fate-chan se rio.

—Tranquila, Paloma. Nada malo.

—¿Qué te ha pasado en la muñeca? —dije, mientras le levantaba la mano por los dedos un estruendoso motor diésel se detuvo fuera y Fate-chan se levantó de un salto del sofá para abrir la puerta.

—¡Ya iba siendo hora! ¡Llevo en casa al menos cinco minutos! —dijo con una sonrisa.

Un hombre entró de espaldas y cargando un sofá gris cubierto de plástico, seguido por otro hombre que sujetaba la parte trasera, Carim-chan y Fate-chan movieron el antiguo sofá (conmigo y Arf todavía encima) con ayuda del hombre hacia delante y los hombres dejaron el nuevo en su lugar. Fate-chan quitó el plástico y después me levantó en brazos, dejándome después sobre los blandos cojines.

—¿Has comprado uno nuevo? —pregunté con una sonrisa de oreja a oreja.

—Sí y he hecho un par de cosas más gracias chicos —dijo, mientras los transportistas levantaban el viejo sofá y se iban por donde habían venido.

—Ahí se van un montón de recuerdos —ironicé.

—Ninguno que quiera recordar. —Se sentó a mi lado y suspiró, observándome durante un momento antes de quitarse el esparadrapo que sujetaba la gasa de su brazo

— Por favor, te pido que no te enojes.

En mi mente se agolparon la conjeturas sobre lo que podía ocultar ese vendaje me imaginé una quemadura, puntos o alguna otra cosa igual de truculenta.

Apartó el vendaje y yo ahogué un grito al ver el simple tatuaje negro sobre la parte interior de su muñeca; la piel de alrededor todavía estaba roja y brillante por el antibiótico que se había untado. Sacudí la cabeza sin poder creer la palabra que estaba leyendo.

Paloma

—¿Te gusta? —me preguntó.

—¿Te has tatuado mi nombre en la muñeca? —dije esas palabras, pero no reconocía mi propia voz. Mi mente se dispersó en múltiples ideas, y aun así conseguí hablar con un tono de voz tranquilo y homogéneo.

—Sí.

Me besó en la muñeca mientras yo no dejaba de mirar la tinta permanente en su piel, sin creer lo que veían mis ojos.

—Intenté disuadirla, Nanoha lleva bastante tiempo sin cometer ninguna locura —dijo Carim-chan, sacudiendo la cabeza.

—¿Qué te parece? —me apremió Fate-chan.

—No sé qué pensar —dije.

—Deberías habérselo preguntado primero, Fate-chan —dijo Hayate, meneando la cabeza y tapándose la boca con los dedos.

—¿Preguntarle qué? ¿Si podía hacerme un tatuaje? —Se volvió hacia mí con el ceño fruncido—. Te amo y quiero que todo el mundo sepa que soy tuya.

Me moví inquieta.

—Eso es permanente, Fate-chan.

—Y también lo nuestro —dijo ella, acariciándome la mejilla.

—Enséñale el resto —dijo Carim-chan.

—¿El resto? —dije, mirándole la otra muñeca.

Fate se levantó y se subió un poco la camiseta enseñando un poco su costado

—¿Qué es eso? —pregunté, entrecerrando los ojos para mirar los símbolos verticales.

—Es hebreo —dijo Fate-chan con una sonrisa nerviosa.

—¿Qué significa?

—Pone: «Pertenezco a mi amada, y mi amada a mí». Mis ojos se clavaron en los suyos.

—¿No te bastaba con un tatuaje, sino que has tenido que hacerte dos?

—Es algo que siempre dije que haría cuando conociera a la Chica adecuada te he conocido…, así que fui a hacerme los tatuajes.

Su sonrisa desapareció cuando vio la expresión de mi cara.

—Estás enojada, ¿no? —dijo ella, mientras se bajaba la camiseta.

—No estoy enfadada. Es que… es un poco abrumador — Carim-chan acercó a Hayate-chan y la estrechó con un brazo.

—Será mejor que te acostumbres ya, Nanoha, Fate es impulsiva y va hasta el final con todo, esto le ayudará a sobrevivir hasta que pueda ponerte un anillo en el dedo —Hayate-chan enarcó las cejas, me miró a mí y luego a Carim-chan.

—Pero ¿qué dices? ¡Si acaban de empezar a salir!

—Me…, me parece que necesito una copa —dije, de camino a la cocina Fate-chan se rio, mientras me observaba rebuscar en los armarios.

—Es broma, Paloma.

—¿Ah, sí? —preguntó Carim-chan

—No hablaba de ningún momento próximo —dijo Fate-chan intentando quitar hierro a la situación. Se volvió hacia Carim-chan y farfulló—: Muchas gracias, chismosa.

—Quizá ahora dejes de hablar de eso —dijo burlón Carim-chan

Me serví un vaso de whisky en un vaso, eché la cabeza hacia atrás y me lo bebí de un solo trago. Torcí el gesto cuando el líquido me quemó al bajar por la garganta.

Fate-chan me envolvió dulcemente con sus brazos por la cintura desde atrás.

—No te estoy pidiendo que nos casemos, Paloma solo son tatuajes.

—Lo sé —dije, asintiendo mientras me servía otra copa.

Fate-chan me quitó la botella de la mano y enroscó el tapón antes de volver a guardarla en el armarito. Cuando no me volví, me movió por las caderas para que lo mirara de frente.

—Está bien. Debería habértelo dicho antes, pero decidí comprar el sofá, y una cosa me llevó a la otra me pudo la emoción.

—Esto va muy rápido para mí, Fate-chan has hablado de que vivamos juntas, acabas de tatuarte mi nombre, me estás diciendo que me amas…, todo esto va muy… rápido

Fate torció el gesto.

—Estás alucinando te he pedido que no lo hicieras.

—Es complicado no hacerlo. ¡Has descubierto lo de mi padre, y todo lo que sentías antes se ha magnificado de golpe!

—¿Quién es tu padre? —preguntó Carim-chan claramente disgustada por no seguir la conversación. Cuando ignoré su pregunta, suspiró—. ¿Quién es su padre? —preguntó a Hayate-chan, que dijo que no con la cabeza, displicente.

La expresión de la cara de Fate se retorció con disgusto.

—Lo que siento por ti no tiene nada que ver con tu padre.

—Mañana vamos a ir a esa superfiesta de citas se supone que será el gran momento en el que anunciaremos nuestra relación, o algo así, y ahora vas te tatúas mi nombre en el brazo y ese proverbio sobre cómo nos pertenecemos la una a la otra. Es para alucinar, ¿vale? ¡Así que estoy alucinando!

Fate-chan me cogió la cara y me besó en la boca; después me levantó del suelo y me dejó sobre la encimera. Su lengua pidió entrar en mi boca y, cuando la dejé entrar, gimió.

Clavó los dedos en mis caderas y me acercó más a ella.

—Estás tan increíblemente sexi cuando te enfadas —susurró contra mis labios.

—Okay —dije suspirando—, ya me he calmado.

Sonrió complacida porque su plan de distracción había funcionado.

—Todo sigue igual, Paloma. Solo tú y yo.

—Demasiada miel —dijo Carim, sacudiendo la cabeza. Hayate le dio una palmadita juguetona a Carim en el hombro.

—Nanoha-chan también ha comprado algo para Fate hoy.

—¡Hayate-chan! —la regañé.

—¿Has encontrado un vestido? —preguntó ella sonriendo.

—Sí —la rodeé con las piernas y los brazos—. Mañana será tu turno de alucinar.

—Lo espero con impaciencia —dijo ella, mientras me bajaba de la encimera. Me despedí de Hayate-chan con la mano mientras Fate-chan me llevaba por el pasillo.

El viernes después de clase, Hayate-chan y yo pasamos la tarde en el centro, arreglándonos y mimándonos. Nos hicieron la manicura y la pedicura, nos depilaron con cera el vello que sobraba, nos hicimos mechas. Cuando volvimos al apartamento, todas las superficies estaban cubiertas de ramos de rosas. Rojas, rosas, amarillas y blancas: parecía una floristería.

—¡Oh, Dios mío! —gritó Hayate-chan cuando entró por la puerta — Carim-chan miró a su alrededor, orgullosa.

—Fuimos a compraros flores, pero las dos pensamos que un solo ramo no era suficiente.

Abracé a Fate-chan.

—Chicas son…, son increíbles. Gracias— Me dio una palmadita en la trasero.

—Treinta minutos para irnos a la fiesta, Paloma.

Las chicas se vistieron en la habitación de Fate, no entiendo como siendo ambas mujeres Hayate-chan y yo seamos las únicas que tengan que ir a trasquilarse para verse bonitas y ellas solo se arreglan un poco y se ven fenomenales.

Justo cuando me ponía mis zapatos de tacón plateados, llamaron a la puerta.

—Hora de irse, señoritas —dijo Carim-chan Hayate salió y ella silbó.

—¿Dónde está? —preguntó Fate-chan.

—Nanoha está teniendo algunos problemillas con su zapato. Saldrá en un segundo —explicó Hayate-chan.

—¡El suspenso me está matando, Paloma! —gritó Fate-chan

Salí de la habitación, colocándome bien el vestido, mientras Fate-chan estaba de pie delante de mí, con la cara pálida.

Hayate-chan le dio un codazo y ella parpadeó.

—¡Oh por Dios!

—¿Estás lista para alucinar? —preguntó Hayate-chan.

—No estoy alucinando está genial —dijo Fate-chan.

Sonreí y lentamente me di media vuelta para enseñarle el pronunciado escote de la espalda del vestido.

—Okay, ahora sí estoy alucinando —dijo acercándome y haciéndome girar.

—¿No te gusta? —pregunté.

—Necesitas una chaqueta.

Corrió al perchero y a toda prisa me echó el abrigo por encima de los hombros.

—No puede llevar eso toda la noche, Fate-chan —dijo Hayate-chan riéndose.

—Estás preciosa, Nanoha —dijo Carim-chan como disculpa por el comportamiento de Fate. La expresión de Fate al hablar era de aflicción.

—Desde luego. Estás increíble…, pero no puedes ir así vestida. La falda es… guau… y tus piernas… La falda es demasiado corta y falta la mitad del vestido. ¡Ni siquiera tiene espalda!—No pude contener una sonrisa.

—Está hecho así, Fate-chan.

—Ustedes dos si que son complicadas ¿no? —dijo Carim-chan con el ceño fruncido.

—¿No tienes otro vestido? —preguntó Fate-chan Bajé la mirada.

—Lo cierto es que es bastante normal por delante solo por detrás deja más piel a la vista.

—Paloma —pronunció las siguientes palabras con un gesto de dolor—, no quiero que te enfades, pero no puedo llevarte a la fiesta vestida así me meteré en una pelea a los cinco minutos.

Me puse de puntillas y la besé en los labios.

—Tengo fe en ti.

—Esta noche va a ser un desastre —gruñó ella

—No, va a ser genial —dijo Hayate-chan, ofendida.

—Piensa en lo fácil que será quitarlo después —dije, besándola en el cuello.

—Ese es el problema. Eso mismo pensarán todos los demás chicos.

—Pero tú eres la única que conseguirá comprobarlo. —No respondió y me eché hacia atrás para evaluar la expresión de su cara—. ¿De verdad quieres que me cambie?

Fate-chan escudriñó mi cara, mi vestido, mis piernas y después soltó una exhalación.

—Da igual lo que te pongas. Estás preciosa. Creo que debería empezar a acostumbrarme ya, ¿no? —Me encogí de hombros y él sacudió la cabeza—. Vale, ya se nos ha hecho tarde. Vámonos.

Me acurruqué junto a Fate-chan para entrar en calor mientras íbamos del coche a la fiesta el ambiente estaba cargado de humo, y hacía calor. La música atronaba en el sótano, y Fate-chan movió la cabeza siguiendo el ritmo. Todo el mundo pareció darse la vuelta a la vez. No estaba segura de si nos miraban porque Fate estaba en una fiesta de citas, porque llevaba pantalones de vestir o por mi vestido, pero todos nos miraban.

Hayate-chan se acercó y me susurró al oído:

—Estoy tan contenta de que estés aquí, Nanoha… Me siento como si acabara de entrar en una película de Molly Ringwald.

—Me alegra ser de ayuda —mascullé.

Fate-chan y Carim-chan se llevaron nuestros abrigos y después nos condujeron hasta la cocina. Carim-chan cogió cuatro cervezas del frigorífico, le dio una a Hayate-chan y otra a mí.

Nos quedamos en la cocina, escuchando los demás invitados discutir sobre su última pelea. Las chicas que los acompañaban resultaron ser las mismas rubias tetonas que siguieron a Fate-chan a la cafetería la primera vez que hablamos.

Lexie era fácil de reconocer. No podía olvidar la mirada que puso cuando Fate la echó de su regazo por insultar a Hayate. Me observaba con curiosidad y parecía estudiar cada palabra que decía. Sé que estaba intrigada por saber qué me hacía aparentemente irresistible para Fate, y me descubrí a mí misma esforzándome por demostrárselo. No solté a Fate ni un momento, añadía ocurrencias inteligentes en los momentos precisos de la conversación y bromeaba con ella sobre sus nuevos tatuajes.

—Oye ¿llevas el nombre de tu chica en la muñeca? ¿Qué demonios se te pasó por la cabeza para hacer eso? —dijo Brad.

Fate-chan giró la mano con orgullo para enseñarle mi nombre.

—Estoy loca por ella —dijo ella mirándome con ternura.

—Pero si apenas la conoces —soltó Lexie. No apartó sus ojos de los míos.

—La conozco. —Frunció el entrecejo—. Pensaba que el tatuaje te había asustado.

Me acerqué para besarle en la mejilla y me encogí de hombros.

—Conforme pasa el tiempo, me gusta más.

Carim-chan y Hayate-chan se abrieron paso hacia las escaleras que llevaban al sótano y los seguimos, cogidos de la mano. Habían pegado los muebles a las paredes para hacer sitio a una improvisada pista de baile. Justo cuando bajábamos las escaleras, empezó a sonar una canción lenta.

Mi rubia no dudó en llevarme hasta el centro; se pegó a mí y me llevó la mano a su hombro.

—Estoy contenta de no haber venido a una de estas cosas antes. Es genial haberte traído solo a ti.

Sonreí y apreté la mejilla contra su pecho. Puso la mano sobre la parte inferior de mi espalda, cálida y suave contra mi piel desnuda.

—Este vestido hace que todo el mundo te mire —dijo ella. Levanté la mirada, esperando ver una expresión tensa, pero estaba sonriendo—. Supongo que es bastante genial… estar con la chica a la que todo el mundo desea.

Puse los ojos en blanco.

—No me desean. Sienten curiosidad por saber por qué me deseas tú. Y, en cualquier caso, me da pena quien piense que tiene una oportunidad. Estoy irremediable y completamente enamorada de ti.

Una mirada de angustia oscureció su rostro.

—¿Sabes por qué te quiero? No sabía que estaba perdida hasta que me encontraste. No sabía lo solo que me encontraba hasta la primera noche que pasé sin ti en mi casa. Eres lo único que he hecho bien. Eres todo lo que he estado esperando, Paloma.

Alargué los brazos para tomar su cara entre mis manos y ella me rodeó con sus brazos, levantándome del suelo. Apreté los labios contra los suyos, y ella me besó con la emoción de todo lo que acababa de decir. En ese preciso momento me di cuenta de por qué se había hecho ese tatuaje, por qué me había elegido y por qué yo era diferente. No era solo yo, no era solo ella: la excepción era lo que formábamos juntos.

Un ritmo más rápido hizo vibrar los altavoces, y Fate me dejó en el suelo.

—¿Todavía quieres bailar?

Hayate-chan y Carim-chan aparecieron a nuestro lado y enarqué una ceja.

—Si crees que puedes seguirme el ritmo— Fate sonrió burlóna.

—Ponme a prueba.

Moví mis caderas contra las suyas y subí la mano por su camisa, hasta desabrocharle dos botones, Fate-chan se rio y sacudió la cabeza, y yo me di media vuelta, moviéndome contra ella siguiendo el ritmo. Me cogió por las caderas, mientras yo echaba la mano hacia atrás y le agarraba por el trasero. Me incliné hacia delante y ella me clavó los dedos en la piel. Cuando me enderecé, me tocó la oreja con los labios.

—Sigue así y nos iremos pronto.

Me di media vuelta y sonreí, echándole los brazos alrededor del cuello. Se apretó contra mí y deslicé mis manos por su espalda, apretando los dedos después sonreí ante el ruido que hizo cuando probé su cuello.

—Cielo santo, Paloma, me estás matando —dijo ella, agarrándome el dobladillo de la falda, subiéndola lo justo para rozarme los muslos con las yemas de los dedos.

—Me parece que ya sabemos en qué consiste su atractivo —dijo Lexie en tono despectivo desde detrás de nosotros.

Hayate— se giró y se abalanzó furiosa hacia Lexie con ganas de pelea. Carim la cogió justo a tiempo.

—¡Repite eso! —dijo Hayate—. ¡Atrévete a decírmelo a la cara, zorra!

Lexie se protegió detrás de su novio, conmocionada por la amenaza de Hayate.

—¡Será mejor que le pongas un bozal a tu cita, Brad —le avisó Fate-chan

Dos canciones después, noté el pelo en la nuca pesado y húmedo. Fate me besó justo debajo de la oreja.

—Vamos, Paloma. Necesito salir de aqui.

Me condujo escaleras arriba y cogió mi abrigo antes de guiarme hasta el segundo piso. Salió a la terraza y nos encontramos con Parker y su cita. Era más alta que yo, tenía el pelo corto oscuro, recogido con una sola horquilla. Me fijé inmediatamente en sus tacones de aguja, porque rodeaba la cadera de Parker con la pierna. Ella estaba de pie con la espalda pegada contra la pared de ladrillos; cuando Parker se dio cuenta de que nos íbamos, sacó la mano de debajo de la falda de su acompañante.

—Nanoha —dijo él, sorprendido y sin aliento.

—¿Qué hay, Parker? —dije, ahogando la risa.

—¿Qué tal te van las cosas? — Sonreí educadamente.

—Muy bien, ¿y a ti?

—Eh… —Miró a su cita—. Nanoha, esta es Amber. Amber…, Nanoha.

—¿Nanoha, Nanoha? —preguntó ella.

Parker asintió rápidamente y algo incómodo.

Amber me estrechó la mano con cara de asco, y entonces miró a Fate como si acabara de toparse con su enemigo.

—Encantada de conocerte…, supongo.

—Amber —la avisó Parker.

Fate soltó una carcajada y entonces les sujetó las puertas para que pasaran.

Parker cogió a Amber de la mano y se retiró al interior de la casa.

—Ha sido… raro —dije, sacudiendo la cabeza mientras doblaba los brazos y me apoyaba contra la verja.

Hacía frío, y solo había un par de parejas fuera. Fate-chan era todo sonrisas. Ni siquiera Parker podía arruinarle su buen humor.

—Al menos ha seguido adelante y ha dejado de hacer todo lo posible por recuperarte.

—No creo que intentara tanto recuperarme como alejarme de ti. — Fate arrugó la nariz.

—Llevó a una chica a su casa por mí una vez. Ahora actúa como si siempre tuviera que entrar en escena para salvar a todas las estudiantes novatas que me he ligado.

Le lancé una mirada irónica por el rabillo del ojo.

—¿Te he dicho alguna vez lo mucho que odio esa palabra?

—Lo siento —dijo, acercándome a él.

Volvió la mano y observó durante un buen rato su muñeca.

—¿Te parece muy raro que este tatuaje no solo se haya convertido en mi favorito, sino que además me haga sentir cómodo saber que está ahí?

—Pues sí, es bastante raro— Fate enarcó una ceja y me reí.

—Solo bromeo. No acabo de entenderlo, pero es dulce… ,muy a tu estilo.

—Si es tan genial llevar esto en el brazo, ni me imagino cómo será ponerte un anillo en el dedo.

—Fate…

—Dentro de cuatro o cinco años —continuó.

—Uf… Tenemos que ir más despacio.

—No empieces con eso, Paloma.

—Si seguimos a este ritmo, acabaré de ama de casa y embarazada antes de graduarme. No estoy lista para mudarme contigo, no estoy lista para un anillo y, desde luego, no estoy lista para formar una familia.

Fate me agarró por los hombros y me dio la vuelta para que lo mirara de frente.

—Este no será el discursito de «quiero que veamos a otra gente», ¿no? Porque no estoy dispuesto a compartirte. ¡Joder! De ninguna manera.

—No quiero a nadie más —dije, exasperada.

Se relajó y me soltó los hombros, apoyándose.

—Entonces, ¿qué quieres decir? —me preguntó ella, mirando al horizonte.

—Solo digo que necesito ir más despacio. Nada más— Ella asintió, claramente disgustada. Le toqué el brazo.

—No te enfades.

—Parece que damos un paso hacia delante y dos hacia atrás, Paloma. Cada vez que creo que estamos en la misma sintonía, levantas un muro entre nosotros. No lo pillo…, la mayoría de las chicas acosan a sus parejas para que vayan en serio, para que hablen de sus sentimientos, para que den el siguiente paso…

—Pensaba que ya habíamos dejado claro que no soy como la mayoría de las chicas —

Dejó caer la cabeza frustrada.

—Estoy cansada de conjeturas. ¿Adónde crees que va esto, Nanoha? — Apreté los labios contra su camisa.

—Cuando pienso en mi futuro, te veo a ti en ella.

Fate-chan se relajó y me acercó a ella nos quedamos observando las nubes nocturnas moverse por el cielo. Las luces de la universidad salpicaban el bloque oscuro, y los asistentes a la fiesta se sujetaban los gruesos abrigos y se apresuraban a refugiarse en la calidez del edificio de la hermandad.

En los ojos de Fate descubrí la misma paz que solo había visto un puñado de veces, y me impresionó pensar que igual que las otras noches,su expresión de satisfacción era resultado directo de mi consuelo.

Sin embargoa ella no le asustaba pelear, defender a alguien que le importara o mirar a los ojos humillados y enfadados de una mujer despechada. Podía entrar en una habitación y sostener la mirada de alguien el doble de grande que elal, puesto que creía que nadie lo tocaría, que era capaz de vencer cualquier cosa que intentara hacerlo caer.

No le asustaba nada. Hasta que me conoció a mí.

Yo era la única parte misteriosa de su vida, era su comodín, la variable que no podía controlar. Aparte de los instantes de paz que le había proporcionado, cualquier otro momento de cualquier otro día, la agitación que sentía sin mí era diez veces peor en mi presencia.

Cada vez le costaba más controlar la ira que se apoderaba de ella. Ser la excepción ya no era algo misterioso o especial. Me había convertido en su debilidad. Igual que había pasado con mi padre.

—¡Nanoha-chan! ¡Aquí estás! ¡Te he estado buscando por todas partes! —dijo Hayate-chan, cruzando a toda prisa la puerta. Llevaba el móvil en la mano.

—Acabo de hablar por teléfono con mi padre Shiro los llamó ayer por la noche.

—¿Shiro? —El gesto de mi cara se torció por el disgusto—. ¿Y por qué narices los ha llamado? —Hayate-chan levantó las cejas como si debiera conocer la respuesta.

—Tu madre no dejaba de colgarle el teléfono.

—¿Qué quería? —dije, sintiéndome mareada. Apretó los labios.

—Saber dónde estabas.

—No se les habrá ocurrido decírselo, ¿no? — La cara de Hayate fue todo un poema.

—Es tu padre, Nanoha. Papá pensó que tenía derecho a saberlo.

—Se presentará aquí —dije, sintiendo que me ardían los ojos—. ¡Va a presentarse aquí, Hayate!

—¡Lo sé! ¡Lo siento! —dijo ella, intentando abrazarme. Me aparté de ella y me tapé la cara con las manos.

Un par de familiares manos fuertes y protectoras descansaban sobre mis hombros.

—No te hará daño, Paloma —dijo Fate—. No le dejaré.

—Encontrará una manera de hacerlo —dijo Hayate, mirándome apesadumbrada

—Siempre lo hace.

—Tengo que largarme de aquí.

Me eché el abrigo por encima y tiré de los picaportes de las puertas de la terraza. Estaba demasiado disgustada como para detenerme y bajar los picaportes mientras empujaba las puertas al mismo tiempo. Cuando unas lágrimas de frustración resbalaron por mis mejillas congeladas, la mano de Fate cubrió la mía. Hizo fuerza hacia abajo y me ayudó a empujar los picaportes, y después, con la otra mano, abrió las puertas. Lo miré, consciente de la ridícula escenita que estaba montando, esperando ver una mirada de confusión o desaprobación en su cara, pero solo me miró con comprensión.

Fate me abrazó y juntos atravesamos la casa, bajamos las escaleras y nos abrimos paso entre la multitud hasta la puerta principal. Los tres luchaban por seguirme el paso mientras yo iba directamente hacia el Charger.

Hayate extendió la mano y me agarró del abrigo, forzándome a pararme en seco.

—¡Nanoha! —susurró, mientras señalaba a un pequeño grupo de personas.

Se arremolinaban alrededor de un hombre mayor y despeinado que señalaba frenéticamente hacia la casa, con una foto en la mano. Las parejas asentían y hablaban sobre la foto entre ellas.

Me precipité furiosa hacia el hombre y le quité la foto de las manos.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí?

La multitud se dispersó y entró en la casa; Carim y Hayate me flanqueaban y Fate me agarró por los hombros desde atrás.

Shiro dio un repaso a mi vestido y chasqueó la lengua en señal de desaprobación.

—Vaya, vaya, galletita veo que no consigues dejar atrás el espíritu de aquel lugar…

—Cállate, cállate, date media vuelta. —Señalé detrás de él—. Y vuelve al agujero del que hayas salido. No te quiero aquí.

—No puedo, galletita. Necesito tu ayuda.

—Menuda novedad —dijo Hayate, mordaz.

Shiro miró mal a Hayate y después se volvió hacia mí.

—Estás tremendamente guapa. Has crecido mucho. No te habría reconocido por la calle.

Lancé un suspiro, hastiada de la charla trivial.

—¿Qué quieres?

Levantó las manos y se encogió de hombros.

—Me parece que me he metido en un berenjenal, niña. Papi necesita algo de dinero.

Cerré los ojos.

—¿Cuánto?

—De verdad que me iba bien, en serio. Pero tuve que pedir prestado algo para seguir adelante y… ya sabes.

—Sí, ya, ya —le solté—. ¿Cuánto necesitas?

—Veinticinco billetes.

—Joder, Shiro, ¿Veinticinco billetes de cien? Si te iras de aquí, te los daré ahora mismo —dijo Fate, mientras sacaba su cartera.

—Habla de billetes de mil —dije fulminando a mi padre con la mirada. Shiro escudriñó a Fate.

—¿Quién es esta payas?

Fate levantó la mirada de su cartera y sentí su peso sobre la espalda.

—Ya veo por qué un tipo listo como tú se ha visto reducido a pedir pasta a su hija adolescente.

Antes de que Shiro pudiera hablar, saqué mi móvil.

—¿A quién debes dinero esta vez, Shiro? — Shiro se rascó su pelo grasiento y gris.

—Verás, es una historia graciosa, galletita…

—¿A quién? —grité.

—A Benny.

Se me desencajó la mandíbula y di un paso atrás, para acercarme a Fate.

—¿A Benny? ¿Le debes dinero a Benny? En qué demonios estabas pensan… — Respiré hondo; aquello no tenía sentido—. No tengo tanto dinero, Shiro.

Sonrió.

—Algo me dice que sí.

—¡Que no! ¡Te aseguro que no lo tengo! Esta vez sí que la has cagado, ¿no te das cuenta? ¡Sabía que no pararías hasta que consiguieras que te mataran!

Se movió nervioso; el desdén había desaparecido de su cara.

—¿Cuánto tienes? — Apreté los dientes.

—Once mil. Estaba ahorrando para un coche. — Hayate me lanzó una mirada de sorpresa.

—¿De dónde has sacado once mil dólares, Nanoha?

—De las peleas de Fate —dije, taladrando a Shiro con la mirada. Fate me hizo dar media vuelta para mirarme a los ojos.

—¿Has ganado once de los grandes con mis peleas? ¿Cuándo apostabas?

—Adam y yo teníamos un acuerdo —dije, ignorando la sorpresa de Fate. La mirada de Shiro se animó de repente.

—Puedes doblar esa cantidad en un fin de semana, galletita. Podrías conseguirme los veinticinco para el domingo, y así Benny no enviará a sus matones a buscarme.

Sentí que la garganta se me quedaba seca.

—Me dejarás sin un centavo, Shiro. Tengo que pagar la universidad.

—Oh, puedes recuperarlo en cualquier momento —dijo él, haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia.

—¿Cuándo es la fecha tope? —pregunté.

—El lunes, por la mañana. A medianoche, más bien —dijo, sin remordimiento alguno.

—No tienes porqué darle ni un puñetero centavo, Paloma —dijo Fate, apretándome el brazo.

Shiro me cogió de la muñeca.

—¡Es lo menos que puedes hacer! ¡No estaría en este lío si no fuera por tu culpa! — Hayate le apartó la mano y lo empujó.

—¡No te atrevas a empezar con esa mierda otra vez, Shiro! ¡Ella no ha sido quien le ha pedido dinero prestado a Benny!

Shiro me miró con odio en los ojos.

—Si no fuera por ella, tendría mi propio dinero. Me lo quitaste todo, Nanoha. ¡Y ahora no tengo nada!

Pensé que pasar tiempo alejada de Shiro disminuiría el dolor que conllevaba ser su hija, pero las lágrimas que fluían de mis ojos decían lo contrario.

—Te conseguiré el dinero de Benny para el domingo. Pero, cuando lo haga, quiero que me dejes en paz para siempre. No volveré a hacer esto por ti, Shiro. De ahora en adelante, estarás solo, ¿me oyes? Aléjate de mí.

Apretó los labios y asintió.

—Como tú quieras, galletita.

Me di media vuelta y me dirigí hacia el coche, mientras oía que Hayate decía detrás de mí.

—Hagan las maletas, chicos. Nos vamos a Midchilda.