Disclaimer: todos los personajes del universo Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.


-Hey, supongo que no saliste conmigo pensando en mi padre. Eso sería un fastidio, mujer.

-¡Qué dices! ¡Es un viejo! –le responde la rubia subiendo un todo –él me agrada y lo admiro pero tú me gustas, digo me gustabas. Tú eres sólo un bebé llorón. –rectificó abrazando sus piernas, escondiendo parte de su sonrojado rostro tras su rodillas.

-Está bien, lo soy. –le sonríe ante el sonrojo de su compañera –bueno, gracias a tus malos informes tuve que ir yo mismo a Suna por ellos y ¿recuerdas que pasó ahí?

El sonrojo de Temari subió aún más.

03/ Lo hermoso de Suna

El camino hacia Suna era agotador, tres días de viaje, más los cambios climáticos, el camino con arena y el sol pegando justo sobre su cabeza, sumado a los fuertes vientos del desierto que lo golpeaban fuertemente con granos de arena habían agotado todas sus energías. Era algo que el Nara nunca había experimentado. Ahora admiraba aún más a Temari, quien solía hacer ese viaje frecuentemente y sola. Esta era su primera vez realinzando aquel trayecto y realmente quería morir.

Al llegar frente a las puertas de entrada de Suna se decepcionó al no ver a quién esperaba, sino que a Sabaku No Kankuro, el hermano de en medio de los Sabaku No, como siempre con su traje negro cubierto completamente, además de su maquillaje clásico y una sonrisa burlona.

-Pensé que no sobrevivirías –lo saludo el residente de Suna con una sonrisa.

-Mendokusai. No estoy seguro si realmente sobreviví. –le devuelve el saludo el Nara

-¿Y Temari? Pensé que ella me recibiría.

-Hey ¿por qué tantas ganas de ver a mi hermana? –preguntó sospechosamente Kankuro.

-No es lo que piensas. Es sólo que suelo trabajar con ella.

-Mh… ella te espera en la oficina de Gaara.

Se dirigieron directamente hacia la oficina del Kazekage, no había tiempo que perder. Suna era realmente distinto a Konoha, la falta de verde era notable pero principalmente lo que más le causaba impresión era la falta de nubes. Sin embargo, Suna también tenía sus encantos, la gente se veía agradable los puestos tenían bastante variedad de telas y los edificios se complementaban con las dunas del desierto.

El Kazekage lo recibió tras su escritorio con una leve sonrisa indicándole que pasara a sentarse, en la silla conjunta se encontraba la hermana del Kage sosteniendo documentos en regazo con el ceño fruncido.

-Los informes… no era lo que esperábamos de ustedes junto a la Hokage. Lamento las molestias que Temari pudo causar.

-El trabajo era de ambos y los dos fallamos. No se volverá a repetir. –asumió el Nara.

-Aquí están los informes faltantes y la corrección de los anteriores –interrumpió la kunoichi con seriedad entregándole los documentos a Shikamaru –puedes revisarlos si quieres.

-No es necesario, pero si quieres lo haré –le sonrió Shikamaru a su compañera para relajar el ambiente.

-Ahora que está zanjado el tema de los anteriores informes pueden comenzar con los informes de Suna que irán a Konoha. Espero que trabajen en equipo y los tengan en el tiempo estipulado. –puntualizó el Kazekage mirándolos a ambos. –Pueden retirarse.

Caminaron en silencio por las calles de Suna, Shikamaru siguiendo a la kunoichi de cerca. Se veía muy distinta a como la recordaba en Konoha, estaba en su ambiente natural y se notaba, su piel y su cabello se veían relucir con el sol. Le agradaba verla así: relajada. Al parecer ya todo estaba mejor entre ellos.

-Te dejaré en el hotel para que descanses por hoy. Debes estar cansado, se cómo es el camino y lo agotador que puede llegar a ser. Así que date un baño y duerme, más tarde vendré por ti para llevarte a comer. Nos vemos. –terminó sin siquiera darle tiempo a responder. La rubia giró sobre sus talones y lo dejó pasmado en la entrada del hotel.

Sus gastos estaban pagados por el Kazekage por lo que no tuvo mayores problemas más que decir su nombre. La habitación era amplia y luminosa como todo en Suna, tenía una cama grande al centro y un escritorio junto a la ventana, con la luz ideal para trabajar. Dejó su equipaje en el ropero para dirigir a darse un baño, el sudor y la arena se encontraban impregnados en su cuerpo tras el largo viaje, no entendía como Temari siempre lucía tan aseada al llegar a Konoha, su piel debe tener algo especial.

El baño lo dejó como nuevo y relajó todos sus músculos, podría dormir como su cuerpo demandaba pero a la vez quería terminar el trabajo, ya habían dejado una mala impresión frente a los dos Kages y no quería que se repitiera, no quería que Temari volviera a quedar mal.

Se sentó a revisar los documentos que anteriormente le habían entregado, Temari tenía una letra muy linda pero no sólo eso, los informes estaban muy bien redactados, la kunoichi era muy meticulosa y podía entender el por qué le habían dado esta misión a ella. El Nara sonreía mientras los terminaba de leer, le gustaba saber que no solo era guapa, sino que era inteligente y trabajadora. No había nada que corregir, todo estaba bien, así que ahora le tocaba a él estar a la altura.

Alrededor que las 18:30 Temari pasó en su busca para ir a comer, se vistió con pantalones negros, remera de igual color. Ella también llegó con otra ropa: un yukata burdeo a la altura del muslo, sandalias negras y sus clásicas coletas.

-Vaya, me hubieses dicho que era algo elegante para traer otra ropa mejor. –comentó al ver lo guapa que lucía la kunoichi.

-Tsk, vamos. –indicó la rubia para que lo siga.

Llegaron a un restaurant sencillo y familiar que se encontraba a capacidad media, al ver a Temari los dirigieron a una mesa con dos puestos en un rincón.

-¿No van a venir tus hermanos?

-Tienen trabajo, sólo seremos nosotros. Espero no te moleste.

-Claro que no.

La cena transcurrió con calma, Shikamaru pudo probar comidas típicas de Suna, eran muy distintas a Konoha, a pesar de vivir en un país caluroso sus comidas eran muy calientes y en abundancia de especias, si bien a los primeros bocados lo incomodó terminó acostumbrándose al sabor.

-¿Estás bien? –preguntó la Sabaku No –las especias suelen molestar a los extranjeros.

-Creo que ya estoy bien –le sonrió –es picante pero me gusta. Es como tú.

-¿perdón? –quiso enfadarse la kunoichi –Lo dejaré pasar. Termina de comer que mañana debes revisar mis informes –cambió de tema rápidamente con un sonrojo.

-Ya los revisé en la tarde, está todo bien. Nada que decir, por algo confían tanto en ti. –continuó –pensé en dormir pero era mejor terminar antes, así que puedo darme un tiempo más compartiendo contigo.

-Que eficiente, por algo confían tanto en tí –lo citó sonriendo.

Terminando la cena la fueron a dar un paseo por la calles de Suna para que el pelinegro conociera la aldea, ya que al día siguiente todo sería trabajo.

-Es extraño como cambia el clima, en el día el caluroso como el infierno y ahora cada vez siento más frío. –comenta frotándose los brazos.

-¿Puedes aguantar un poco más el frio?

-Claro ¿por qué?

-Vamos.

La Sabaku No comienza a caminar firmemente hacia la salida de la aldea con el Nara siguiéndole el paso, quien aún no entendía nada.

-Si nos apresuramos verás algo fantástico –se da vuelta para mirarlo con su clásica sonrisa de niña que sin saberlo el Nara extrañaba.

-Mendokusai.

El shinobi de Konoha apresuró el paso para seguirle el ritmo, costaba mucho caminar rápido en la arena pero no se iba a quedar atrás a los poco metros la vió subir a una dunas rápidamente, siguiendo el acto. Ya en la cima la imitó sentándose junto a la kunoichi.

-Llegamos justo a tiempo.

El Nara siguió su mirada hacia el horizonte, estaba atardeciendo. El País del Viento le estaba regalando una carta de colores que él jamás había visto en el cielo, desde el celeste que aún estaba en lo más alto pasando a un violeta, lavanda, rosado, anaranjado y un dorado como los cabellos de Temari. La piel de su compañera relucía frente al brillo de las tonalidades del atardecer, era realmente una hija del desierto.

Una leve brisa los acompañó por lo que instintivamente juntaron sus cuerpos ante un ligero escalofríos.

-Es hermoso –fue lo único que pudo decir.

-Es tu premio por adelantar trabajo –le comentó con la mirada y una sonrisa aun en el horizonte.

-Entonces creo que tendré que terminar todo con rapidez para poder volver.

Al pasar los minutos, estando el sol ya a punto de desparecer, la rubia se recostó sobre su espalda en la arena mirando el cielo.

-Observa, aún no termina –le indica para que el pelinegro se recueste junto a ella.

Shikamaru siguió sus instrucciones tendiéndose a su lado, cuando pensó que el atardecer insuperable, ahora de a poco comenzaban a brillar las estrellas. Primero unas pocas se asomaron tímidamente, luego cada vez más con intensidad hasta llenarse el oscuro cielo del desierto. Definitivamente los cielos de Suna eran superiores, aunque no tuviesen nubes.

-Gracias. En serio, gracias Temari. –susurra.

La noche los había cubierto completamente, no podían ver nada más allá de las estrellas, ni siquiera al otro, ni sus propias manos.

-Temari, esto es problemático pero no puedo ver nada, ni siquiera a ti ¿Cómo volveremos?

-Hombre problemático, se te olvida con quien estas. Conozco este desierto como la palma de mi mano.

Sentía a su compañera cerca pero al no poder verla no sabía cómo reaccionar, ni cómo moverse. La kunoichi sabía esto por lo que lentamente girando su cuerpo se acercó aún más llevando una de sus manos al rostro del shinobi, rozándolo levemente: su frente, su nariz, sus pómulos, mejillas, labios.

-Te…Temari…

-Shh… déjame guiarte.

Temari acunó el rostro de Shikamaru con ambas manos acercándose lentamente. No la veía pero sabía que estaba a centímetros, podía sentir el aliento de su compañera jugar con el propio, sentía su corazón a mil, su mente estaba en blanco, ningún libro de estrategias le decía lo que se hacía en estas situaciones. Por un acto reflejo posó sus manos sobre las de la kunoichi bajando a acariciar suavemente sus brazos desnudos, a pesar del frio de la noche eran cálidos como si su cuerpo almacenara el calor del día, al contrario, el shinobi parecía un témpano.

Sintió la frente de Temari presionarse a la suya, con los cabellos de su flequillo dándole leves cosquillas.

-Estás temblando- le susurró a centímetros.

-Ten… tengo mucho frí… frío. –contestó tartamudeando.

-Volvamos rápido antes de que mueras de hipotermia. –se alejó tomándolo de la mano para volver a Suna. –No me sueltes, estaremos en pocos minutos en la aldea.

-Pero en esa ocasión no nos besamos –recordó la kunoichi dirigiéndole la mirada.

-No, pero moría de ganas y sé que tú también –le entregó una leve sonrisa coqueta.

-Mira –Temari le indicó hacia el cielo nocturno cambiando el tema.

Shikamaru siguió su mirada y ahí estaba, el cielo estrellado del desierto cubriendo el instante de paz entre una guerra. El pelinegro se perdió unos instantes en el brillar de los astros pensando en que puede que sea la última vez que los vea o que sea la última vez en estar junto a su problemática compañera.

-Hey –la kunoichi llamó su atención, sin pensarlo lo tomó del cuello de su chaleco táctico atrayéndolo a su cuerpo sorprendiéndolo con un beso firme y seguro –también moría por besarte. –susurró separándose un milímetros. –al parecer ya no son sólo las nubes las que se roban tu atención.

-No, también te la robas tú –responde tomando esta vez la iniciativa para volver a juntar sus labios.

Fueron pequeños besos, recibidos sin impedimentos por la kunoichi. Uno, dos, tres que comienzan a subir en intensidad ya sin separar los labios, masajeando y saboreando los contrarios. Shikamaru aprovechó de tomarla por la cintura para acercarla más a él introduciendo su lengua en la boca de Temari, siendo recibida con gusto por esta, respondiendo masajeándolo con ternura subiendo las manos a su rostro.

Se separaron levemente por la falta de aire, respirando agitadamente mirando directamente a los ojos con las frentes juntas.

-Tienes los labios fríos. –comentó suavemente la kunoichi.

-Tengo frío –respondió el shinobi –pero tú me haces entrar en calor.

Intentó acercarse nuevamente para continuar besándola pero fue detenido.

-Basta, Shikamaru. Esto no está bien. –lo detuvo manteniéndolo la leve distancia con las manos en el pecho del shinobi. –dijimos que no íbamos a continuar con lo que teníamos.

-Mendokusai, mujer.

Sin soltar el agarre a la cintura de Temari la acomodó a su lado besando su cabeza, sintiendo su calor corporal que tanto le hacía falta en la fría noche des desierto.

-Pero aún no llegamos al comienzo de lo nuestro –puntualizó el pelinegro. -¿o no lo recuerdas?

-Claro que lo recuerdo. –agregó –Eres muy problemático.