Disclaimer: todos los personajes del universo Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.


Sin soltar el agarre a la cintura de Temari la acomodó a su lado besando su cabello, sintiendo su calor corporal que tanto le hacía falta en la fría noche des desierto.

-Pero aún no llegamos al comienzo de lo nuestro –puntualiza el pelinegro. -¿o no lo recuerdas?

-Claro que lo recuerdo. –agregó –Eres muy problemático.

04 / Pareja problemática

Llevaban dos días trabajando sin descanso en Suna, entre reuniones con distintos agentes de la aldea quienes amablemente dispusieron de su tiempo hacia Shikamaru. No habían vuelto a mirar el atardecer a las dunas, ambos se habían determinado a enfocarse en el trabajo luego del fracaso que fueron en Konoha.

Se encontraban en la biblioteca de la aldea terminando el último informe que debían presentar a los Kages antes de comenzar los preparativos de los exámenes Chuunin. Eso también quería decir que era el último día de Shikamaru en el País del Viento.

Las palabras que cruzaban eran limitadas, sólo para lo necesario, alguna duda que tuvieran o si necesitaban que el otro complementara algo. Sin embargo, esto no era algo incómodo, sino que todo lo contrario ese silencio era porque ya estaban completamente cómodos con el otro. Eran un buen equipo y ambos esperaban poder continuar trabajando juntos en un futuro cercano.

Temari dio un sonoro quejido estirando los brazos y piernas, luego de estar toda la tarde en la misma posición escribiendo ya era relajante poder sentir sus músculos en movimiento. El atardecer se vislumbraba a través de la ventana frente a su mesa de trabajo, sentía los últimos rayos de calor en su rostro absorbiéndolos para guardar calor para la fría noche. A su lado Shikamaru la observaba fijamente con una leve sonrisa.

-¿Qué me ves así? Estabas muy silencioso, pensé que te habías quedado dormido ¿Ya terminaste tu parte? –agregó finalmente.

-Me estaba a punto de quedar dormido, hasta que una quejumbrosa problemática estirando su cuerpo llamó mi atención. Y sí, ya terminé todo lo que me correspondía. –le confirmó sin despegarle la vista. –Me gusta cómo te ves, tu piel y cabello brillan con los últimos rayos del sol. –dijo esto último sin pensarlo formando un pequeño sonrojo en ambos.

-Gra… gracias. –le dijo bajando la mirada jugueteando con sus manos.

Aun no dejaba de mirarla fijamente, por un lado la incomodaba pero por otro le gustaba, la hacía sentirse ¿deseada? Quizás o simplemente su mente se fue a otro lugar y es mera coincidencia de que quedara fijo en ella. Una cosa era trabajar cómodamente en silencio y otra muy distinta era tenerlo junto a ella sin despegar su mirada, no sabía que hacer pero al parecer él sí. Al comienzo no lo notó pero su compañero de a poco se acercaba lentamente a ella.

-Shikamaru… -le habló desconcertándolo.

-Lo siento –se irguió el Nara alejándose –se está haciendo de noche. Deberíamos irnos, mañana tengo que entregar los informes a primera hora para volver a Konoha. Vamos. –terminó poniéndose de pie tomando los informes invitándola a hacer lo mismo para abandonar el recinto.

-Claro –asintió la kunoichi siguiendo la acción poniéndose de pie con algo de decepción en su voz. –Shikamaru –volvió a repetir el nombre del shinobi llamando su atención, quien se dió media vuelta quedando frente a ella -¿Ibas a besarme? Porque puedes hacerlo, si quieres.

-Yo…

-¿No quieres?

La kunoichi no obtuvo respuesta verbal, sino que el shinobi dio un paso dejando los documentos en el escritorio detrás de la rubia, acunando su rostro juntando suavemente sus labios. El pelinegro sintió las mejillas de su compañera estirarse bajo sus manos, estaba sonriendo.

-¿Está bien? –Shikamaru pensaba que estaba haciendo el ridículo al ver a Temari reír.

-Dame otro.

Esta vez Temari subió sus manos para aferrarse al cuello de Shikamru, mientras este las bajó para tomarla por la cintura. La besó con la misma suavidad pero con más confianza obteniendo la misma respuesta de la parte contraria, quien masajeando los labios contrarios le entregó pequeños mordiscos provocando un pequeño gruñido en el shinobi.

-Sí, está bien –finalmente respondió la kunoichi con esa sonrisa que tanto le gustaba a Shikamaru, la misma sonrisa traviesa que le dio cuando fue a rescatarlo de Tayuya y que no podía olvidar.

-Para ser nuestro primer beso estuvo bien ¿no crees? –le preguntó de reojo la rubia.

-Más que bien.

-Pensé que nunca lo harías, que nunca me besarías –esta vez afirmó la mirada al shinobi.

-Mendokusei, mujer ¿tan cobarde me veo? –preguntó separándose un poco del cuerpo contrario para mirarla mejor –No respondas. Pero sí, tenía miedo que me mandaras a volar… o de incomodarte, tal como ahora…

Temari se acercó al shinobi nuevamente, quien volvió a presionarla contra su pecho juntando sus cuerpos, por el frio de la noche se encargó de enfatizar.

-Lo pasamos bien –él mismo interrumpió –bueno, lo que duró ¿recuerdas lo que ocurrió en la Torre de la Hokage? En aquella oficina.

Ambos rieron.

La reunión con Tsunade-sama fue breve, sólo más informes enviados por el Kazekage y mensajes que la embajadora debía dar personalmente. Dado el clima entre las naciones ninja, la kunoichi fue enfática en que los ancianos del consejo de Suna le habían exigido regresar el mismo día a su aldea. Por lo que la Hokage no la retuvo más tiempo, le indicó que descansara un par de horas para retomar el viaje de vuelta a su hogar.

-Mendokusei, mujer. Quería pasar más tiempo contigo –le comentó el Nara cerrando la puerta de la oficina de la Hokage tras de sí.

-Yo también. Pero el consejo de ancianos de Suna está alterado, no les gusta que las relaciones con Konoha se estrechen, temen que se los relacione el tema de la fuga de Sasuke y los Akatsuki. –puntualizó la embajadora de Suna. –por lo mismo, no les gusta que yo venga tan seguido y me quede tantos días.

-¿Gaara qué opina al respecto?

-No me lo dice pero sé que no está de acuerdo con ellos pero son su consejo asesor y no es un dictador para hacer sólo lo que él estime. Gaara estima mucho a Konoha… y yo también. –finalizó caminando por los pasillos de la Torre de la Hokage.

-No quiero que te vayas aun –le dijo el pelinegro tomando la mano de la rubia.

-Shikamaru, nos pueden ver.

Entre tantas visitas de Temari a Konoha y de Shikamaru a Suna la relación de ambos se había afianzado, ya no existían las vergüenzas de antes, se tomaban de la mano y besaban sabiendo que era bien recibido por el otro. Aunque aún todo seguía en secreto de sus amigos y conocidos, por lo cual aprovechaban cada minuto a solas que tenían y trataban de alargar las visitas a la aldea del otro lo más que pudiesen. El hecho de que Temari tuviese que partir el mismo día era decepcionante para ambos, pero no les quedaba de otra.

-Vamos –sin escucharla tomó con más fuerza la mano contraria para que la rubia lo siguiera sin oposición.

Caminaron derecho por el pasillo hasta que sin aviso Shikamaru se detuvo frente a una puerta cerrada, Temari casi chocando con él. El shinobi abrió la puerta entrando con determinación jalando a su compañera a quien aprisionó con un beso tras la puerta cerrada. Sin pensarlo Temari le devolvió el beso aferrándose a su cuello con la ansiedad de llevar meses separados. Jugaron con la lengua del otro como si nunca se hubieran saboreado. Rompieron el beso en busca del aire que ya les faltaba, juntando sus frentes tratando de regularizar su respiración.

La ansiedad era mucha y el Nara tomó a la kunoichi por la cintura acercándola más a su cuerpo para comenzar a besar su cuello, luego de que esta se quitara su abanico dejándolo a un costado. El tacto de los labios del shinobi al cuello la hizo dar un pequeño gemido apenas audible a su compañero, quien se sintió instado a continuar con más urgencia.

-Shi… Shikamaru

-Mh…

-Shikamaru, para. Puede entrar alguien. – lo separó la kunoichi empujándolo levemente del pecho.

-No va a entrar nadie, la persona que usa esta oficina tiene libre hoy –le confirmó poniendo llave a la puerta mientras la encaminó de la mano más hacia dentro.

Shikamaru la llevó tan rápido en la oficina que no tuvo tiempo de observarla bien: era grande, no tanto como la de la Hokage pero si lo suficiente para no sentirse agobiado por el encierro del trabajo, tenía dos escritorios: el principal, el cual estaba al centro de la oficina, muy ordenado sólo con un par de carpetas y bolígrafos, una planta y un marco con una fotografía que no alcazaba a ver. El otro escritorio se encontraba pegado a la pared y era todo lo contrario, montañas de papeles, informes, carpetas y pergaminos a punto de caer. Junto a este también pegado a la pared un sofá que debía estar ahí para el descanso pero contenía más pergaminos y papeles. La pared contraria tenía un estante lleno de libros y un mapa del continente, con las demarcaciones de cada país. Al fondo un ventanal que cubría casi toda la pared, por lo que podía tener iluminación natural la mayor parte del día. Por lo observado podría decir que la oficina le pertenecía a alguien importante con mucho trabajo y a la vez muy ordenado.

-Ven –suavemente la acomodó de espaldas al escritorio central –aprovechemos las pocas horas que tenemos –susurró contra la boca contraria para volver a posar sus labios.

Temari en un estado normal se hubiera preocupado de que no era el lugar, de que los pillaran pero mientras Shikamaru la apegaba a su cuerpo en nada comenzaba a perder el control. Mientras la besaba las manos del Nara afirmaban su cintura, recorrían su espalda, volvían a bajar a su cintura para posarse en sus caderas. Así mismo, ella se aferraba más al cuello del shinobi sin dejar que este se separara, le gustaba que la tocara, sentir aquellas manos recorrer su cuerpo. Al sentir las manos detenerse en sus caderas sintió la necesidad de sentirlo más.

-Puedes seguir, no te detengas –lo instó a kunoichi acercándose al oído del Nara.

-Temari, esto es peligroso.

-Tú me trajiste aquí –continuó para acto seguido besarle el cuello.

Shikamaru siguió sus instrucciones bajando sus manos hacia las piernas de la rubia, sólo que esta vez no con la misma confianza de antes, siendo mucho más delicado.

-Hombre problemático –ironizó Temari subiendo la pierna izquierda a la altura de la cadera del shinobi, la cual justo quedaba expuesta por el tajo de su yukata negra, tomando ella misma la mano de Shikamaru para posarla en su pierna así instarlo a que la tocara. –continua, o tengo que hacerlo todo yo.

-Mendokusai.

Tal como se lo indicó Temari, el shinobi alzó le alzó la pierna a la kunoichi masajeando el muslo, mientras con la otra mano se atrevió a tomar el trasero. Por su parte, ella continuaba bajando más besando el cuello de shinobi, emitiendo leves gemidos en su piel de la misma forma que podía sentir suaves gruñidos en la garganta de su compañero.

-Quítate esto –indicó la rubia tomando el chaleco táctico del Nara.

Shikamaru obedeció sin objeciones tirando su prenda al suelo, mientras Temari por su parte se sentaba sobre el escritorio dejando ordenadamente las cosas a un lado.

-Ven –lo llamó.

Obedeciendo todo lo que la Sabaku No decía, el shinobi se acercó más siendo aprisionado por las piernas de la kunoichi. Esta vez con más confianza Shikamaru tomó las piernas de Temari la cuales se encontraban a la vista por la apertura del yukata.

Se fundieron en besos hambrientos tocando el cuerpo del otro por encima de la ropa, la temperatura de ambos cada vez subía más, cada toque era como una descarga eléctrica y sus cuerpos exigían más. Shikamaru continuó los besos bajando por el cuello, con la mano libre se atrevió a abrir levemente la yukata dejando su brasier negro a la vista, continuó besando toda la zona, provocando suspiros y gemidos en la kunoichi quien a su vez reaccionaba acercando aún más el cuerpo contrario con sus piernas. Mientras ella le subía la remera pasando las manos por la espalda del shinobi, esta era firme pero no musculosa, el Nara no se caracterizaba por su fuerza física, sin embargo como todo ninja tenía un cuerpo trabajado.

-Temari…

-Shh… -lo calló la aludida atrapando nuevamente su boca.

-Los documentos deberían estar en la oficina. Shikaku dijo que los iba a dejar para que los recogiéramos. –se escuchó tras la puerta, mientras movían la manilla con intención de abrirla. –al parecer la dejó con llave, vamos a recepción por una copia.

Los shinobis quienes se encontraban fundidos en su mundo se separaron en menos de un segundo mirándose a los ojos con el pánico a la vista.

-¿Shikaku? ¡Esta es la oficina de tu padre! ¡Me trajiste a la oficina de tu padre! –exclamó la kunoichi.

-Shhhh… calla, mujer. Nos pueden oír –la calló tapándole la boca. –claro que es la oficina de mi padre ¿de cuál otra tendría las llaves? No soy alguien tan importante para tener mi propia oficina.

-No es posible, yo conocí su oficina y no era esta.

-Lo cambiaron hace un par de semanas –explicó el shinobi –pero eso no es lo que importa. Hay que salir de aquí antes de que nos descubran, fueron por las llaves de repuesto, no van a demorar. Ven, -la tomó de la mano para dirigirse a la puerta –ya no oigo nada fuera. Puedes salir.

-¿Y tú no vas a salir?

-Sería muy problemático si nos ven salir juntos. Esperaré unos momentos y saldré –le indicó a la rubia.

-Está bien. No creo que nos podamos ver más tarde, así que hasta una próxima visita, Nara –se despidió con un roce de labios.

-¡Espera! –la detuvo del brazo –No te puedes ir así.

Shikamaru ordenó el yukata de Temari, el cual él mismo se había encargado de desbaratar mientras acariciaba y sacaba suspiros en la rubia. Así como también volvió a peinar las coletas que habían perdido toda forma.

-Así estás mejor.

-Gracias –la kunoichi tomó el rostro del pelinegro para besarlo en forma de agradecimiento. Lo único que el shinobi no pudo arreglar fue el rojo de sus mejillas y la agitada respiración.

La embajadora de Suna tomó su abanico retirándose de la oficina rápidamente. Caminó con paso firme por los pasillos de la torre aprovechando que estos se encontraban vacíos. Al girar en una esquina sintió un fuerte choque de algo mucho más grande que ella, casi perdiendo el equilibrio.

-Cuidado, Temari. –le dijo la contraparte afirmándola del brazo.

-Shi…Shikaku-san –se sorprendió nerviosamente –¿No tenía libre hoy?

-Vaya, ¿acaso me extrañaste? –preguntó con una sonrisa sobándose la nuca, tal como lo suele hacer su hijo. –Sí, tengo libre pero olvidé dejar unos documentos importantes, así que los vine a entregar. –dijo señalando unas carpetas que sostenía –Problemático ¿no? –ante aquella frase le fue imposible pensar en lo mucho que padre e hijo se parecían.

-Sí, lo es. Bueno, yo debo irme. Nos vemos –se despidió con nervios intentando salir lo más rápido posible antes de que la situación empeorara.

-Espera, Temari. No te ves bien, estás agitada y roja ¿no tendrás fiebre? –pregunta posando una mano sobre la frente de la kunoichi.

-¡NO! Bueno, quizás. El viaje no me hizo bien por eso quiero descansar.

-¿Y el idiota de mi hijo no está acompañándote?

-¡No lo he visto! No es necesario, ya me voy. Adiós. –sin esperar respuesta salió rápidamente del alcance del jonin.

-Ajajaja no puedo creer que justo chocaras con mi padre. –rio fuertemente escondiéndose en el cabello de la kunoichi para acallar el ruido y no despertar a sus compañero que dormían.

-Shhh… no fue gracioso. Temí que nos pillara.

-Bueno, yo no alcancé a salir cuando llegó a su oficina. Tuve que inventar que estaba ahí por una siesta y por eso me encerré con llave, no traía el chaleco táctico y estaba despeinado. –le explicó el shinobi tomando su nuca.

-Algo bastante creíble para ser tú.

-Sí pero desgraciadamente, estoy seguro de que no me creyó.

-¿Cómo lo sabes?

-Bueno pues… hay algo que no te conté –con nerviosismo se alejó un poco de la kunoichi, pasando la mano por su cuello. –cuando volví a la casa en la noche, sobre mi cama había una caja de preservativos –finalizó con un hilo de voz.

-¡¿QUÉE?! –gritó cubriéndose de inmediato la boca. –no, no, no. ¿por qué no me dijiste? Qué vergüenza –agregó escondiendo su rostro entre sus rodillas, estaba tan roja que podía camuflarse en el fuego -¡Fui a comer a tu casa! ¡y tus padres lo sabían! He tenido reuniones con tu padre ¡y lo sabía! ¡Me dijiste que nadie sabía lo nuestro!

-Mendokusai, mujer. Por eso, es que no te lo dije, sabía cómo ibas a reaccionar. Además, mi padre no se lo dijo a nadie y jamás lo mencionó, es muy reservado ¿Recuerdas cuando fuiste a comer a mi casa?


jeje había olvidado actualizar.

saludos y que este 2021 no sea tan malo como el 2020