Capítulo Uno: Jean
Sabía que su amigo se encontraba en serios problemas cuando en la puerta de su departamento se encontró en medio de decenas de botellas vacías, sabía que se encontraba mal luego de su ruptura con Mikasa, pero no esperaba tal extremo. Pasó días desaparecido, sin responder mensajes y mucho menos sus llamadas, por lo que decidió aquel día aparecerse en su hogar sin más. Aunque aquello estaba muy lejos de considerarse un hogar, con suerte un bar, uno de mala muerte.
Se encaminó hacía la habitación de Jean y lo encontró, durmiendo inconsciente sobre la cama, por lo que con un suspiro Eren cerró la puerta nuevamente y se encaminó hacia la cocina mientras recogía los diversos envases que se encontraban repartidos en el suelo. Agradecía que Levi estuviera con mucho trabajo aquella tarde y no pudiera acompañarlo en su visita, si no, el vejestorio ya hubiera muerto, de la impresión o del asco. Quién sabe.
—Más le vale al caballo recomponerse. —Refunfuñó Eren entre dientes mientras subía sus mangas para prepararle una sopa.
Jean se despertó con un suave aroma picando su nariz, su habitación se encontraba en total oscuridad y no supo determinar qué hora del día era. O si era de día aún. Rodó en su cama con lentitud, el dolor de su cabeza no menguaba hace días, mucho menos con la cantidad de alcohol que estaba tomando... es que, si tan solo pudiera olvidar, pensó con amargura mientras recordaba imágenes vagas de Mikasa, su Mikasa con otro hombre...
No.
Sabía que no podía continuar de aquella manera, pero, aun así, era jodidamente difícil. Una vez puso los pies en el frío suelo, su primer instinto fue tomar una de las botellas cercanas, pero esta se encontraba vacía.
—Mierda. — gruñó cuando sin querer derribo otras botellas, la maldita cabeza le palpitaba y sólo con algo de cerveza podía aliviarlo. Era la única solución que podía silenciar todo a su alrededor.
—¡Oi! — Se levanto de su cama aturdido, las palpitaciones en su cabeza cada vez más fuertes, pero aun así empuñó sus manos por que qué carajo, no sabía quién... Abrió uno de sus ojos, los cuales había cerrado automáticamente por la fuerte luz del pasillo, su mente se tornó borrosa, sólo veía el brillo cegador, un torrente de puntos blancos y una voz lejana que no dejaba de resonar en sus oídos.
—Silencio, idiota. —susurró suave, sacando una exclamación indignada del contrario, pero él no podía mantenerse en pie, sus ojos pesaban, su cabeza pesaba, su mente no paraba, Mikasa no... Y cayó de rodillas al suelo, siendo sostenido por aquel hombre que le acompañaba, inhaló por su nariz, reconocía el aroma, pero las ideas no podían conectarse en su mente. Sabía que se veía incapaz. Miserable.
Era un hombre roto.
—Joder Jean. espérame aquí. —escuchó en la lejanía como los pasos se distanciaban con rapidez, intuía que aquel conocido se encontraba hablando con alguien más, pero ya le daba igual, sólo miraba sus pies descalzos en el suelo, sabía que el frío estaba ahí, pero no podía sentirlo. El hombre volvió a su habitación, lo sabía porque también veía sus pies, no quería levantar la mirada o quizás no podía, estaba demasiado aturdido. Nuevamente el aroma que lo despertó llegó a su nariz, eso lo alentó para alzar la mirada, encontrar un cuenco y unos ojos verdes que destellaban angustia y preocupación, en ese instante lo reconoció.
—Eren. —su voz. Días que no la usaba. Sonó rasposa, débil. —¿Que-
—Come. —le interrumpió el castaño extendiéndole el plato con comida. Extendió sus manos para recibir la comida y con lentitud comenzó a saborear la calidez que le brindaba.
Comenzó a recobrar la sensibilidad nuevamente, sentía el calor de la sopa en su garganta, el gélido suelo en sus pies descalzos, el dolor en su cabeza seguía allí, lacerante, pero, se alegraba no estar solo, a pesar del silencio que los rodeaba. Sabía que estar así era extremo, que podían no entenderlo, pero, no quería contarlo todo. Nadie más que él sabía que Mikasa lo había engañado, el peso de la culpa lo arrolló durante días. Sabía que era su culpa, sabía que trabajaba mucho y descuidó su relación, pero... No esperaba que terminara todo de aquella manera. Nunca imagino que el peso del ansiado anillo, por el que se había esforzado tanto por comprar, para sorprenderla, pesara tanto. No sabía si eran los sueños incumplidos, rotos. La traición o el pesar, quizá todo, quizá nada, ahora, no estaba seguro de nada más que del olor a hogar que inundaba el ambiente y de la rigidez de sus músculos.
—Mikas-
—No. —respondió con rapidez Eren. Estaba siendo cuidadoso, sabía que en el estado en el que se encontraba, desmoronarse era cuestión de horas, quizá minutos. Lo observó mirar su teléfono con rapidez y el ojiverde se levantó. — Llame a Levi. Ya está aquí. —Jean en otro instante hubiera reclamado, encontrarlo innecesario, incluso molestar a Eren de que no podía estar sin su superior en ningún momento del día, acusarlo de dependencia. En fin, la hipocresía. Ahora era él el que estaba en aquellas circunstancias, sufriendo por una mujer que decía amarlo, cuando en realidad no era así. Sufriendo por una traición que, no creía poder superar. Notando lo malditamente dependiente que era hacia la pelinegra. Comprendiendo que, si ella le pedía volver, él estaría satisfecho, a sus pies, como siempre estuvo.
Solamente para ella.
Para Mikasa
Heeey! Espero les haya gustado!
A lo largo de cada capítulo les iré dejando una canción inspirada en la historia, para que vayamos armando la evolución de nuestro Jeanbo, al final, espero dejarles una Playlist del Fic!
Canción del capítulo: Bruises - Lewis Capaldi.
Nos leemos mis ángeles!
Xx.
