Capitulo Dos: Eren

Levi Ackerman entra en el departamento del más alto y una mueca de rechazo invade rápidamente su cara, a pesar del esfuerzo que realizó Eren para que el lugar luciera mejor, al parecer, no fue suficiente.

—Huele a-

—Si, te entiendo. —no le dejó terminar el ojiverde, dándole un beso rápido en los labios al más bajo. —Él está peor.

Eren guio al pelinegro hacía la habitación de Jean, el cual se encontraba absorto en sus pensamientos, mirando nuevamente el suelo, dejando olvidado el plato con casi toda la comida que le había preparado su amigo.

—Ha estado así desde que despertó.

Levi camina a paso lento, corriendo latas y botellas de licor que se encuentran en el cuarto del más alto, se acerca al joven que está sentado en su cama, con la mirada perdida y se agacha; con precaución de no tocar el suelo, para quedar a la altura de su mirada y lo que ve no le agrada para nada.

Ackerman trabaja como médico en jefe de la zona de Urgencias en el Hospital de Trost, por lo que tiende a estar ocupado siempre, atendiendo casos graves que son trasladados al hospital, desde accidentes automovilísticos con personas casi atravesadas por cualquier objeto inimaginable, como casos más cotidianos, por lo que sabe cómo luce en los ojos la perdida de la esperanza, reconoce la ausencia de brillo en los ojos, como se ven sin vida poco a poco y eso, es lo más difícil, por lo complicado que es de afrontar. Recuerda la primera vez en el campo clínico, donde tuvo la responsabilidad de informarle a una familia, cuatro niños y una mujer, la esposa, que su marido había muerto. Aún tiene viva la imagen de los pequeños revoloteando despreocupados, jugando entre ellos con los juguetes de la sala de espera. De los irritados ojos de la mujer que no mostraba ninguna lagrima, siempre fuerte por sus retoños, recuerda cuando se acercó a ella, la esperanza aun deslumbrando sus ojos ámbar y como este brillo se fue opacando poco a poco cuando le comunicó la noticia de la muerte de él. Su esposo. Su amor. Aunque pasaron años desde aquella vez y nunca más los volvió a ver, siempre están presentes en su mente, porque él pudo haber hecho más. Lo sabía, por más que Eren lo renegara. Él pudo entregarle a esa mujer a su pareja de vuelta, a sus hijos su padre. Pero no fue así.

Pestañeo rápidamente, evitando que sus ojos demostraran lo que sentía. No era el momento, ni tampoco el lugar. Ahora tenía que hacerse cargo del amigo de Eren.

No.

Aunque nunca lo diría en voz alta, de su amigo también.

—No creo que sea muy bueno dejarlo solo.

—Opino lo mismo, crees que es necesa-

—Si, tenemos que llevarlo. Eren, ordena algunas de sus cosas, para el fin de semana. —Le ordenó, recordándole vagamente cuando el ojiverde era un practicante bajo su supervisión y sonrió con nostalgia. Habían pasado años de eso. Sacudió su cabeza suavemente, tenían que apresurarse, Jean estaba helado y por lo que alcanzaba a notar, deshidratado, seguramente por todo el alcohol que consumió en los días que estuvo desaparecido, tenían que hidratarlo rápido, antes de que empeorara la situación.

—Vamos.

Jean no podía comprender mucho de lo que pasaba a su alrededor. No pudo terminar su sopa, porque las náuseas eran mayores, porque no tenía energía, ni ganas. Porque no quería más que dormir. Sentía que cada vez que pestañeaba pasaban horas, años, veía como el mundo se movía a una velocidad inimaginable y él no podía hacer nada para pararlo. Para frenarlo, aunque sea un instante.
Se vio caminando, en la calle.
Luego en un auto que le resultaba extrañamente familiar. Escuchaba la voz de Eren de tanto en tanto, preguntándole si estaba bien, pero él solo podía mirarlo como si sus cuencas estuvieran vacías.
No sabía.
Finalmente, se encontró consigo mismo. Miró su entorno, estaba en un elevador, observó a Eren a su lado derecho, a quien reconoció como Levi, a la izquierda observándolo con ojo crítico. Y luego a él.

Maldita sea, aquel sujeto en el reflejo no era él.

Las ojeras moradas bajo sus ojos era lo más notorio, oscuras como si no hubiese dormido en años o como si hubiera estado en una pelea callejera, sus labios estaban secos, partidos, ausente de su color natural. Su piel, pálida, sin vida y finalmente sus ojos, opacos, juzgadores que lo condenaban desde el reflejo, culpable mostrándole el resultado de sus errores constantes. De cómo siempre lograba perder todo lo que amaba.

—¿Jean? —escucho una voz masculina detrás suyo y vio por el espejo, como las puertas del ascensor se encontraban abiertas, con ambos, Levi y Eren esperando que reaccionara, pero, el peso de su culpa era muy grande como para haberlo notado antes. Asintió suavemente con la cabeza y salió lentamente, alejándose, huyendo del reflejo acusador a sus espaldas.
Cuando entraron al departamento de la pareja, todo se sintió diferente. La calidez, el aroma, el lugar. Era un hogar. Como el que tenía antes de perde- Una mano en su hombro detuvo sus pensamientos, era el primer contacto que tenía desde que casi se desmaya en su habitación, para su sorpresa era Levi el que lo estaba tocando.

—Tienes el baño listo. —no supo en qué momento Eren ya no estaba con ellos. — Ve a limpiarte.

Asintió suavemente y trato de regalarle una sonrisa al más bajo, agradeciendo todo lo que han hecho por él en las últimas horas, se movió algo más rápido, comenzaba a sentir los calambres en sus piernas producto del frío constante, pero antes de entrar al baño, Levi lo llamó.

—Jean. Estamos aquí para ti. —No era una pregunta. Era una afirmación y causo que algo dentro de su corazón palpitará suavemente, el calor nuevamente se sentía cercano y el mundo un poco más brillante. Miró al más bajo a los ojos, agradeciendo con una sonrisa suave antes de entrar al baño.

Se sintió, nuevamente, como en casa.

El fin de semana estaba pasando con mucha rapidez para Jean, habían compartido diversas cosas con ambos chicos, nuevamente volvió a reír y no recordaba cuando fue la última vez que estuvo de esta manera que no fuera Mikasa. Meses que no salía con Eren o alguno de sus amigos. Años que no salía de fiesta o compartía una película como lo estaban haciendo ahora. Había tantas cosas que dejo de hacer y lo peor era, es que no lo había notado hasta ahora. Hasta que probó la soledad con sus propios labios, hasta que encontró una compañera traicionera en el licor, hasta que Eren y Levi tuvieron que ir a su rescate, y en ese momento, se dio cuenta que no estaba solo. No más.

Porque los tiene a ellos. Tiene a Levi y a Eren.
Tiene a su familia.


Hola mis ángeles!

Espero que estén bien, acá les traigo el segundo capítulo de este extraño fic.

Espero les haya gustado y que, si se encuentran en alguna situación donde necesiten ayuda, respaldo o unas palabras de apoyo, siempre tendrán alguien con quien contar!

Canción del capítulo: Ghost of you - 5 Second of Summer

Nos leemos en el otro capítulo!

Les quiero,

Xx